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Anclado en la vereda del café
y en medio de La tregua, su novela,
viudo triste que la vida no consuela,
mira a las minas, Martín Santomé.

Observa y clasifica lo que ve:
un par de gambas, tres tetas. La estela
fugaz de un buen culo le revela
su condición de solo con carné.

Una escena feliz es lo que vale
al recordar a un narrador. Les ruego
que elijamos un verso que la iguale.

Esto salvó del mundo viejo y ciego:
“París, el whisky, Claudia Cardinale”
Chau, Benedetti: gracias por el fuego.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/subnotas/125129-40016-2009-05-18.html

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