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CULTURA  FRENTE AL CUESTIONAMIENTO DE QUE MARIO VARGAS LLOSA INAUGURE LA FERIA DEL LIBRO DE BUENOS AIRES

El director de la Biblioteca Nacional disparó la polémica. La presidenta Cristina Fernández le pidió preservar “la vocación de libre expresión de ideas políticas en la Feria del Libro”. Y un grupo de escritores argentinos le agregó ingredientes a la discusión.

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Un debate complejo en torno de los compromisos literarios y políticos con final abierto desató el director de la Biblioteca Nacional (BN), Horacio González, al cuestionar que Mario Vargas Llosa sea el escritor elegido para la apertura de la 37ª edición de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. En una primera carta que le envió al presidente de la Cámara Argentina del Libro (CAL), Carlos de Santos, el sociólogo califica como “sumamente inoportuno” el lugar central concedido al Premio Nobel de Literatura 2010 para inaugurar una Feria que “nunca dejó de ser un termómetro de la política y de las corrientes de ideas que abriga la sociedad argentina”. La presidenta de la Nación, Cristina Fernández, llamó a González para pedirle que retirara esa carta. El director de la BN explica que ha percibido que la discusión “corre el riesgo de ser presentada como una vía para limitar la palabra de un escritor, que siempre leímos como el buen novelista que es, y cuestionamos como especial promotor de interpretaciones sobre la política y la sociedad argentina”. La Presidenta le planteó que esta discusión “no puede dejar la más mínima duda de la vocación de libre expresión de ideas políticas en la Feria del Libro, en las circunstancias que sean y tal como sus autoridades lo hayan definido”. En otra carta que escribió González (ver aparte), revela que Fernández le ha expresado que “no es concebible la vida literaria y el compromiso con la ensayística social sin un absoluto respeto por la palabra de los escritores –o de cualquier ciudadano–, cualquiera sea su significación o intención”.

¿Mario Vargas Llosa inaugurará la 37º edición de la Feria del Libro? La respuesta –por ahora– es que lo hará. Pero el malestar entre muchos escritores y editores crece. Ya hay varias cartas y solicitadas circulando, como el texto que escribió Aurelio Narvaja, de Ediciones Colihue, en el que afirma que es “un grave error” que hable el “extraordinario escritor y muy merecido Nobel”, porque desde hace años es “un propagandista, ostensible y florido, de las ideas y las políticas de la derecha liberal”. En otra carta, José Pablo Feinmann, Ricardo Forster, Diana Bellessi, Mario Goloboff, Vicente Battista, Mauricio Kartun y Juano Villafañe, entre otros, manifiestan un “profundo desagrado y malestar” por la designación del autor de El sueño del Celta para abrir la Feria. “Convertido desde hace años en vocero de los grupos multinacionales editoriales y mediáticos, de un supuesto ‘liberalismo’ de sometimiento y depredación, y de la oposición a lo que ellos denominan ‘gobiernos populistas’ en América latina, Mario Vargas Llosa se ha ensañado de modo muy particular con nuestro país y nuestra sociedad, en declaraciones vastamente difundidas por esos mismos medios.”

“Vargas Llosa no puede inaugurar la Feria porque desde su posición de liberal de derecha ha insultado al gobierno democrático y al país entero al calificarlo de ‘payasesco’ y ‘aquelarre corrupto’ –responde Juan Martini–. Un hombre que agrede de una manera tan salvaje a un país que tanto contribuyó a su consagración no sólo es innoble: es un político torpe, ciego y autoritario. Y que no nos venga ahora con que una cosa son sus ideas fascistas y otra la literatura”. Patriarca de la edición argentina, Daniel Divinsky admite una pequeña discrepancia. “Creo que no hace gran diferencia, si se admite la presencia ‘estelar’ del Nobel en la Feria, que la inaugure o no, siempre que haya un compromiso tácito para que evite incursionar en la política nacional, sobre la que tanto se equivoca. Salvadas las distancias, si hubiera sido posible, sería como oponerse, por las mismas razones, a que Borges inaugurara la Feria. Por el contrario, la presencia del peruano dará mayor relevancia internacional a una Feria que había venido destiñendo un poco cada año en ese plano”, precisa Divinsky.

Osvaldo Bayer sugiere que la Feria la inaugure “un intelectual argentino para que nos hable de nuestra sociedad y sus escritores, sus sueños y el deber de éstos ante la sociedad”. “Ponerlo a Vargas Llosa en ese lugar es burlarse de aquellos intelectuales que cayeron por defender esos principios. ¿Qué nos va a decir a los argentinos? ¿Que hay que agachar el lomo ante las dictaduras con tal de que ellas defiendan la llamada economía liberal? Vayamos a la profundidad del drama latinoamericano y para qué deben servir sus intelectuales”, propone Bayer. Luisa Valenzuela señala que darle la palabra inaugural en un acto de trascendencia nacional “significaría, más allá del obvio cholulismo literario, avalar su posición política”. Elsa Drucaroff coincide. Elegir quién inaugura el encuentro tiene significados claros. “Si un escritor que hace los planteos políticos de Vargas Llosa inaugura la Feria, algo se está diciendo y eso que se está diciendo nos excluye a mí y a un sector del campo literario nacional demasiado amplio. Por supuesto creo que un escritor del tamaño de Vargas Llosa tiene que participar, y que la Feria tiene que tener lugar para muchas voces y discusiones, pero inaugurar es teñir todo el acontecimiento con su voz y su discurso.”

Juan José Becerra subraya que la Feria del Libro es un mercado de abasto. “No pertenece al mundo de las ideas sino al del comercio; por lo tanto es lo más lógico que Vargas Llosa sea convocado para representar a ese mundo. Sus pensamientos enmohecidos, su literatura sobrevalorada y la adquisición del Premio Nobel son buenos elementos para una polémica. Igualmente, habría que tratarlo con educación; o con indiferencia, que es casi lo mismo”, desliza. Liliana Heker recuerda que la Feria siempre la inauguró un escritor argentino. “No veo ninguna razón para que se altere ese hábito. En cuanto al caso particular de que se altere, justamente, invitando como primer escritor no argentino a Vargas Llosa, cuyas opiniones sobre Argentina han sido desubicadas, inexactas y tendenciosas, me parece un hecho por lo menos irritativo –admite la escritora–. Sé que como novelista no le faltan méritos para inaugurar una Feria acá o en cualquier otro país. Pero, ya que una Feria del Libro es no sólo un acontecimiento literario sino también un hecho social y político, preferiría que la inaugurara un intelectual menos reaccionario y con un vínculo real con Argentina.”

Eduardo Sacheri destaca que respeta “profundamente” la posición del director de la BN y sus argumentos. “Entiendo sus reparos con respecto a una utilización ideológica que la derecha pueda hacer de la presencia de Vargas Llosa en el acto inaugural. Sin embargo, no concuerdo con González en cuanto a sentirme ofendido por la invitación. Prefiero pensar que los argentinos somos capaces de ejercer y perfeccionar nuestro espíritu tolerante y pacífico, más allá de nuestro acuerdo o desacuerdo con Vargas Llosa”, pondera Sacheri. Oliverio Coelho plantea analizar el tema con “cuidado”. La Feria del libro no depende de un ente gubernamental y puede tener “una política distinta a la del Estado o a la de un grupo de intelectuales al momento de elegir quién inaugura un evento masivo”. “Así es la democracia que conseguimos, y que Vargas Llosa pueda inaugurar la Feria en Argentina vendría a descalificar la falta de libertad de expresión y el totalitarismo que el mismo Vargas Llosa atribuye a algunas democracias de América latina. Contra lo que supone González, en esta instancia, formulados la invitación y el anuncio, bajar de la inauguración a Vargas Llosa sería un paso en falso, no haría más que fortalecerlo en su postura. Es lo que torpemente Berlusconi haría con Darío Fo; algo que el actual gobierno, más astuto, debería evitar, porque en admitir la disidencia, las protestas, las calumnias, sin censurar ni reprimir, está gran parte de su rédito político.”


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/17-20925-2011-03-02.html

  SIN EMBARGO ESTOY AQUI, RESUCITANDO > A LOS 80 AñOS, MURIO AYER LA ESCRITORA Y COMPOSITORA MARIA ELENA WALSH

Creadora de personajes entrañables, como Manuelita la tortuga, y de canciones inolvidables, fue una de las grandes figuras de la cultura popular del siglo XX. Escribió más de 40 libros y no esquivó nunca –ni siquiera en dictadura– el debate político.

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Verano imperdonable, con la tristeza embotellada en los ojos, en el cuerpo. El país está de riguroso luto. Las niñas y los niños de ayer, las mujeres y los hombres de hoy que siguen cantando a coro a Manuelita que vivía en Pehuajó tienen una pena infinita. Esas voces ahora se quiebran –la congoja siempre desafina– cuando intentan completar lo que hizo la tortuga: un día se marchó. “¡Qué de campanas en la sangre siento/ cada vez que me olvido de la muerte!/ Pero sucede que ella no me olvida”. Estos versos, pletóricos de exquisito dolor adolescente, pertenecen al primer libro que publicó María Elena Walsh, Otoño imperdonable, en 1947. Prologaban, con la energía desmesurada de los primeros pasos, la obra de una artista genial, tan fuera de serie que todo lo que tocaba –poesía, narrativa, música, dramaturgia– devenía inmediatamente en oro. Tan fuera de serie es –en presente, porque su inmenso legado no admite el pretérito– que considerarla un “icono nacional, “prócer cultural”, “blasón de casi todas las infancias”, “un mito o patrimonio de la Argentina”, es recitar –de memoria– una seguidilla de lugares comunes de la lengua contra los que ella luchó hasta pulverizarlos. La muerte no se olvidó de ella. Aunque se deseó que la noticia se hiciera humo, como un mal presagio, ayer murió María Elena o la Walsh –como prefiera cada lector–, a los 80 años, “luego de una prolongada internación y como epílogo de padecimientos crónicos que la aquejaban”, según indicó el parte emitido por el Sanatorio de la Trinidad.

La muchacha que alguna vez se definió como “desabrida, limpia y chúcara” nació en “cuna de oro” el 1º de febrero de 1930, en Ramos Mejía. Su padre, Enrique Walsh, era un alto empleado de los ferrocarriles, “un anglo-argentino enamorado de Dickens y fabuloso músico autodidacto” que tocaba muy bien el piano. Su madre, Lucía Elena Monsalvo, descendía de andaluces. En la tranquila población de la línea del Oeste, la niña trovadora crecía con el abono ideal: infancia de clase media ilustrada, rodeada de libros y de cine. Entre sus fantasías más secretas –confesaría muchos años después, cuando ya era María Elena Walsh y se arrimaba a la orilla de lo que se llama un clásico– se imaginaba cantando y bailando en un escenario, como en las “maravillosas” comedias musicales que admiraba, las de Ginger Rogers y Fred Astaire. En el aula de sus recuerdos brillaba la alumna aplicada, amiga atenta de los árboles y las gallinas, y del pastito que brotaba entre los ladrillos de las antiguas veredas, las mismas que evocó en una de sus canciones, “Fideos finos”. En ese ambiente de libertad, el oído se afinó con las canciones tradiciones inglesas para niños que su padre le cantaba. Ahí comenzó a meter manos a la obra gracias a las construcciones verbales del nonsense británico.

Dueña de un pudor victoriano que se confundía tal vez con timidez, María Elena se plantó, incorregible en su rebeldía, cuando a los 12 años decidió ingresar a la Escuela de Bellas Artes Manuel Belgrano. Allí conoció a la fotógrafa Sara Facio, quien con los años se convertiría en su “gran amor, ese amor que no se desgasta sino que se transforma en compañía perfecta”, como se lee en su última novela autobiográfica, Fantasmas en el parque, publicada en 2008. En 1945, con tan sólo 15 años, apareció su primer poema, titulado “Elegía”, en la revista El Hogar, y también escribió para el diario La Nación. Dos años después, en ese 1947 dolorosamente inolvidable, murió su padre al mismo tiempo que publicaba el poemario Otoño imperdonable, que recibió el segundo Premio Municipal de Poesía. Una lluvia de elogios coronó a la “joven promesa”. Jorge Luis Borges, Pablo Neruda, Silvina Ocampo y Juan Ramón Jiménez celebraron ese primer libro.

Cuando se recibió de profesora de Dibujo y Pintura, enfiló con una beca para la Universidad de Maryland (Estados Unidos), invitada por Jiménez, el autor de Platero y yo. Los seis meses que permaneció junto al poeta fueron una experiencia traumática. Inolvidable, en el peor de los sentidos. “Cada día tenía que inventarme coraje para enfrentarlo, repasar mi insignificancia, cubrirme de una desdicha que hoy me rebela –escribió Walsh en un texto publicado en la revista Sur, en 1957–. Me sentía averiguada y condenada. Suelo evocar con rencor a la gente que, mayor en mundo, tuvo mi verde destino entre sus manos y no hizo más que paralizarlo.”

De regreso en Buenos Aires, consiguió la medicina para superar ese mal trago junto a Jiménez. Volvió a escribir ensayos en diversas publicaciones y frecuentó los círculos literarios e intelectuales. “Como a sus vanas hojas/ el tiempo me perdía./ Clavada a la madera de otro sueño/ volaban sobre mí noches y días.” Otra vez llegó un libro, el segundo poemario, Baladas con Angel, editado en un mismo volumen con Argumento del enamorado, de Angel Bonomini, quien entonces era novio de María Elena. No todo iba viento en popa, aunque pocos lo pudieran percibir. No soportaba las presiones familiares ni de la sociedad. Para ella el peronismo era una “dictadura”. Necesitaba un cambio, respirar otros aires. La aventura arrancó con una carta que sería el principio de una asociación artística y amorosa. La tucumana Leda Valladares, que entonces se encontraba en Costa Rica, la tentó con una propuesta: juntarse en Panamá para rumbear juntas hacia Europa. En el barco Reina del Pacífico, María Elena se probó el traje de cantante. Días y noches su voz se fue fogueando con las zambas de Yupanqui y los hermanos Abalos; cantó chacareras, bagualas y vidalitas anónimas, al son de los instrumentos de la compañera tucumana. Instaladas en París en 1952, en el Hôtel du Grand Balcon, una desvencijada pensión de artistas, la dupla fue eclipsando los escenarios parisienses con su exótico repertorio de canciones folklóricas. El dúo llegó nada menos que al famoso cabaret Crazy Horse. Pablo Picasso, Jacques Prévert y Joan Miró estuvieron entre su fascinado público. Las muchachas compartieron camarín con Charles Aznavour, por entonces un simple debutante.

En la “ruta a la libertad”, en la París donde se codeó con la chilena Violeta Parra y grabó sus primeros álbumes –Chants d’Argentine (1954) y Sous le ciel de l’Argentine (1955), con canciones de tradición oral del folklore andino argentino–, empezó a escribir su primer libro para chicos, Tutú Marambá. Leda & María Elena volvieron a la Argentina en 1956 y pronto salieron de gira por el noroeste argentino. Después grabarían los dos primeros álbumes en el país, Entre valles y quebradas vol 1 y Entre valles y quebradas vol 2, ambos de 1957. Canciones de Tutú Marambá (1960) incluye las primeras canciones que harían famosa a María Elena: “La vaca estudiosa”, “Canción del pescador”, “El Reino del Revés” y “Canción de Titina”. El espectáculo musical-dramático para niños concebido por el dúo, Canciones para mirar, se estrenó en el Teatro San Martín en 1962. A partir de doce canciones, Leda y María irrumpían en el escenario vestidas como juglares mientras los actores –Alberto Fernández de Rosa y Laura Saniez– representaban mímicamente, entre otras, “La Pájara Pinta”, “Canción del estornudo” y “La mona Jacinta”. La sociedad parió un nuevo espectáculo más, Doña Disparate y Bambuco, dirigido por María Herminia Avellaneda, donde aparecieron el Mono Liso y la tortuga Manuelita, el personaje insignia del universo infantil amasado por Walsh.

Antes de la separación de María Elena & Leda, hubo un último disco, Navidad para los chicos (1963). Etapa creativa y amorosa cerrada, publicaría un puñado de libros para chicos –El reino del revés (1964), Zoo loco (1964), Dailan Kifki (1966), Cuentopos de Gulubú (1966) y Aire libre (1967), que consolidó el universo infantil que MEW construyó en la década del ’60. Desde entonces, las infancias de millones de argentinos estarán enlazadas por una liturgia inoxidable.

Narradora del disparate, “milagrera” a la hora de expandir el humor y el absurdo, irreverente hasta lo inconcebible, además de irónica y satírica, no habrá otra igual. La genia MEW, como si fuera una hechicera, tenía una pulsión poética extraordinaria. En la matriz de su escritura está la poesía. En el prólogo de Hecho a mano, su poemario para adultos de 1965, está la clave. “No sé, yo solamente versifico/ pura conversación a mi manera”, decía. Las etapas, del folklore a las canciones para chicos, pasaban. La poesía siempre quedaba. En el ’68 arrancó con sus recitales unipersonales para adultos, Juguemos en el mundo, que fue disco también y en 1971 se transformó en una película en la que actuó, dirigida por Avellaneda. Ese espectáculo-disco incluía la emblemática “Serenata para la tierra de uno”: “Porque me duele si me quedo,/ pero me muero si me voy/ con todo y a pesar de todo/ mi amor yo quiero vivir en vos”.

A la Walsh –opción que suena mejor para repasar sus intervenciones públicas– le encantaba levantar polvareda. La bandera que se enarboló como símbolo de libertad y coraje fue el artículo que publicó en 1979 “Desventuras en el País-Jardín de Infantes”, cansada por la censura y las prohibiciones de películas, programas de televisión y libros. Ya estaba retirada de los escenarios; dictadura, terror y espanto trajeron el parate artístico en 1978. Esa pieza contra la figura del censor merece ser revisada y discutida sin menoscabar la importancia capital que tuvo. Un párrafo de los menos recordados legitima sin artilugios lingüísticos el accionar de la represión y convalida la teoría de los “dos demonios”. “Que las autoridades hayan librado una dura guerra contra la subversión y procuren mantener la paz social son hechos unánimemente reconocidos –señaló en ese texto–. No sería justo erigirnos a nuestra vez en censores de una tarea que sabemos intrincada y de la que somos beneficiarios. Pero eso ya no justifica que a los honrados sobrevivientes del caos se nos encierre en una escuela de monjas preconciliares, amenazados de caer en penitencia en cualquier momento y sin saber bien por qué.” Ante la posibilidad de implementar la pena de muerte en el país, en 1991 escribió un poema demoledor: “Cada vez que se alude a este escarmiento, la Humanidad retrocede en cuatro patas”. La Walsh no sintonizaba con el imperativo de la “corrección política”. Una de sus últimas intervenciones más criticadas fue cuando –en 1996– invitó a la Carpa Blanca docente a retirarse de la plaza “por autoritaria e inofensiva”.

Su primera novela para adultos, Novios de antaño, fue publicada en 1990, el mismo año en que recibió el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Nacional de Córdoba, cuando ya era –desde 1985– Ciudadana Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires. En 1994 se recopilaron las canciones completas para niños y adultos bajo el título Las canciones; toda su obra literaria ha sido reeditada por Alfaguara y sus libros han sido traducidos al inglés, francés, hebreo, italiano, finés, danés y sueco. En una de sus últimas entrevistas con el suplemento Radar habló de su reconciliación con el peronismo. “Al ver los manejos de la Revolución Libertadora recapacité sobre todo lo que había sido la obra del peronismo, aparte de sus manejos, así, represivos, digamos. Me di cuenta de lo que había representado para el pueblo, que es mucho. Años después viajé por el interior y la única escuela que había y el único puente eran restos de esa época del peronismo.” Se burlaba, en esa entrevista, sobre lo que le generaba la palabra “póstumo”. La pensaba como “una especie de chiste”. Y confesaba que le gustaría ser recordada “como alguien que quería dar alegría a los demás”. La vida sin María Elena tiene un gusto amargo. Entre risas y lágrimas, dos sentimientos que no son incompatibles, los argentinos la despedimos, emocionados: “¡Gracias, maestra, por tanta alegría!”.

Producción: Sergio Sánchez y Emanuel Respighi.
Ilustraciones: Alina Cazes.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-160245-2011-01-11.html

  EN UN PANEL EN EL CONGRESO DE LA AMARC, DAMIAN LORETI REPASO LOS OBJETIVOS DE LA NUEVA NORMA SOBRE MEDIOS

El experto reseñó los diversos modelos de comunicación impuestos desde la reinstauración democrática. Y fundamentó el valor de la actual norma sobre comunicación audiovisual. “No hay que pedirle a la ley que resuelva en dos meses 200 años de historia”, advirtió.

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Una semana agitada, a puro intercambio de experiencias, se está viviendo en La Plata. Desde el lunes más de 500 comunicadoras y comunicadores de todo el mundo, estudiantes y representantes de redes y organizaciones aliadas le están aportando ritmo y color a esa gran matriz de ideas que es la 10ª Conferencia y Asamblea Mundial de la Asociación Mundial de Radios Comunitarias (Amarc), que por primera vez se realiza en América del Sur. Damián Loreti, especialista en legislación y derecho a la comunicación; Iván Maidana, el secretario de Cultura y Educación platense, y Lito Borello, del Comedor Los Pibes, debatieron sobre las políticas públicas en la nueva coyuntura argentina. La estrategia de Loreti consistió en hacer un profundo barrido de la historia reciente para analizar si hubo una política comunicacional en los años ’90, “cosa en la que ni dentro de la facultad nos ponemos de acuerdo”, ironizó. “Si uno se mete en los archivos que están colgados en la página web del Comité de Radiodifusión, encontrará la cantidad de artistas, canciones y programas prohibidos por empresarios de los medios, que en más de una oportunidad se han llenado la boca hablando de la libertad de expresión. No es una verdad revelada, pero tampoco es algo demasiado difundido.”

En la primera escala de su análisis, arrancó con el gobierno de Raúl Alfonsín, que intervino el Comité Federal de Radiodifusión. Loreti mencionó algunas reglamentaciones de la época destinadas a flexibilizar la instalación de cables y la adjudicación –por excepción– de licencias de explotación de emisoras a las universidades; pero se detuvo en la Ley de Reforma del Estado de 1989. “O nos enfrentamos a una política de comunicación absolutamente conservadora o a una ‘brochette de casualidades’ –planteó tratando de tomarse el recuerdo de ese período con un poco de humor–. Salvo Canal 7 y Radio Nacional, el resto de los medios serían privatizados, de la mano de otras reformas a la famosa ley de la dictadura que facilitarían no sólo la privatización de los medios, sino también la generación de mecanismos de propiedad cruzada: vale decir que un diario podría ser dueño de un canal de televisión.” A la “brochette de casualidades” hay que agregarle varios condimentos. El especialista recordó la tentativa de cerrar los canales que hasta entonces estaban en manos del Estado y cómo en la entrega de los premios Martín Fierro en 1989 los actores reclamaban que no se cerraran sus fuentes laborales.

En la sumatoria de gruesos detalles del paisaje de los años ’90, no podían faltar las “relaciones carnales” con Estados Unidos que cultivó el menemismo. “Se les reconocieron a los norteamericanos el derecho de invertir en la Argentina como si fueran argentinos”, subrayó Loreti. En 1994 el Comité de Radiodifusión admitió que Canal 2 se trasladara a Buenos Aires, que implicó “poner a funcionar la fábrica de noticias que estaba en el barrio de Palermo con Radio América, Cablevisión y Canal 2”. El especialista destacó que entonces se produjo una caída libre de las calidades técnicas y de programación de Radio Nacional. “Ahí aparece la previsión de que Radio Nacional pueda pasar publicidad, al igual que las radios universitarias, porque no había presupuesto público.” Loreti se despachó con gusto sobre el cambio del régimen de distribución de los diarios, que se reparó recientemente. “¿Cuál es el problema de que se distribuyan diarios si no es a través de los distribuidores habituales, los canillitas? Cuando uno tiene 5000 ejemplares, si eso se produce por los mismos lugares donde distribuyen, el escaparate es para todos igual. Ahora, cuando se amplía la producción de modo exorbitante y se le pone el código de barra al diario para que lo vendan en la estación de servicio y en los supermercados, lo que se hace es ampliar la capacidad de algunos de llegar a la población que otros no tienen. Eso no es una cuestión de libre competencia, es una cuestión de no preservar instancias de pluralismo, porque no hay igualdad de condiciones para los desiguales. Y si algunos hablan de libre mercado de ideas, el problema es que algunos ni siquiera llegan al mercado. No es que no tengan ideas.”

Ocho días después de asumir como presidente, Fernando de la Rúa vetó la ley de Radio de la Nación Argentina, “que es algo así como la abuela de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual”. Loreti explicó que a través de la nueva normativa el país adoptó “claramente el modelo de protección de la diversidad cultural”. Sobre la cuota de pantalla, el especialista planteó que los europeos la han tomado y nadie se queja; “pero en Argentina parece que fuera una decisión horripilante que los medios tengan contenidos propios”. Para que el público comprendiera la importancia que tiene Fútbol para Todos desde agosto de 2009, el especialista se explayó sobre ese pasado que para algunos, ahora, parece lejano. “Es raro que los contenidos relevantes para el público sean objeto de monopolio. En Inglaterra los derechos de la liga inglesa se licitan; hay tres empresas que pasan fútbol. En la Argentina no sólo había que pagar cable, sino que a veces pagábamos para mirar la tribuna, porque para mirar ese partido había que pagar un paquete adicional –comparó lo que sucedía antes–. Además se producía una violación a lo que los españoles tienen desde el año ’95, que es el derecho de acceso a la información deportiva. Hasta que no pasaban dos horas, luego de finalizado el último partido de la jornada, no se podían ver los goles.”

El panorama que se abre con la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual en 2010 –no hay dudas– es diametralmente opuesto al de la década del ’90. Pero sobre lo que falta –ese lápiz que siempre hay que afilar para los pequeños detalles–, Loreti sintetizó: “No hay que pedirle a la ley que resuelva en dos meses 200 años de historia”. Los grandes hermanos de las radios comunitarias son las organizaciones sociales como el Comedor Los Pibes del barrio de La Boca. Lito Borello repasó la incorporación de esa organización a la Coalición por una Radiodifusión Democrática y la aprobación de la nueva ley en el marco de un “claro avance de los sectores populares” y de “plena recuperación de un continente entero que había sido masacrado por las dictaduras, por el discurso único y por la negación de las voces de todos nosotros”. En ese vuelco que está viviendo la región, Borello advirtió sobre la necesidad de las organizaciones sociales de articular voces “que rompan el cerco mediático que nos impusieron durante tanto tiempo”. Borello añadió que están trabajando en la generación de contenidos de una radio propia del Comedor Los Pibes que se llamará FM Riachuelo. “Una de las mentiras que se esgrimen sobre nosotros todo el tiempo es que las organizaciones sociales solamente hacemos lo que el Gobierno nos manda, los que apoyamos; y las otras hacen cortes de ruta en beneficio propio. Para nosotros es fundamental contar con medios propios para poder explicar lo que significa la comunicación y para dialogar con el resto de la sociedad.”


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-156685-2010-11-11.html

  CRISTINA FERNANDEZ EXPRESO A ANGELA MERKEL QUE ARGENTINA ESTA DISPUESTA A PAGAR SU DEUDA, PERO SIN EL MONITOREO DEL FMI

Pasaron revista también a la crisis mundial, al comercio bilateral y a la inauguración de una sede de la fundación Planck en Argentina.

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Desde Berlín

Un diálogo amplio y amistoso en un otoño fresco. En la explanada del moderno edificio de la cancillería, Angela Merkel –con su pinta de dueña de cervecería bávara– estrechó la mano de su par, Cristina Fernández, de gira por Alemania. “La vocación de la Argentina –indicó– es pagar todas sus deudas”, y expresó el interés de su gobierno para iniciar una “amplia renegociación de la deuda”, sin el monitoreo del Fondo Monetario Internacional. Cristina Fernández formuló estas expresiones en una conferencia de prensa breve como un relámpago, posterior al almuerzo que compartieron ambas mandatarias para aceitar las relaciones bilaterales. El intercambio de figuritas de los temas que conforman una zona común de intereses –no exenta de tensiones– fue el plato principal de este encuentro. La renegociación de la deuda argentina con organismos internacionales –especialmente la deuda de 6700 millones con el Club de París–, el tratamiento de las consecuencias del cambio climático, las restricciones de ingreso a la carne argentina y la inauguración de la primera filial latinoamericana del Instituto Max Planck en Buenos Aires, en las ex bodegas Giol, entre otras cuestiones, circularon por la mesa. “Esta es la única gestión que nunca tomó deuda –subrayó la Presidenta–, y que sí está pagando cada una de las deudas de antes de 2003, y eso sin acceder al mercado de capitales, con recursos genuinos que no son dólares financieros sino dólares comerciales, producto de que tenemos una balanza comercial con superávit.”

Ante un puñado de periodistas, Fernández afirmó que la postura del país es “clara” acerca del papel que debe cumplir el Fondo Monetario Internacional (FMI) en la cancelación de la deuda con el Club de París. Más allá de que Merkel le haya dicho a la Presidenta que el FMI “no es el mismo que en 2001”, Fernández rechazó el monitoreo del organismo financiero en la cancelación de esta deuda. La Presidenta aseguró que hay que contemplar la situación de las empresas de los países miembro del Club de París que han sido beneficiadas con promociones fiscales en Argentina y que giran sus ganancias al exterior. Y aunque invitó a su colega alemana a que respondiera sobre su posición acerca del tema, Merkel, en cambio, prefirió no decir ni una palabra.

La Presidenta continuó con el hilo crítico hacia las calificadoras de riesgo que “calificaban mejor a Grecia o a Irlanda” que a Argentina, y reconoció que quiere “replantear definitivamente el tema” de estos organismos, en sintonía fina con lo que postuló en distintos foros internacionales. Merkel la escuchaba y hacía unas morisquetas en broma, fuera del riguroso protocolo alemán, como si simulara estar fastidiada por los planteos de su colega. Si la Presidenta la vio, optó por seguir desplegando su cartilla de exigencias, como un juego entre las dos mujeres. En este sentido, pidió “organismos multilaterales confiables” para todos los países y no dejó de lanzar un palo mayúsculo para los países desarrollados. “La última crisis financiera global se generó en los grandes centros financieros”, sintetizó Fernández. “Hay que buscar el equilibrio y reglas de juego similares para todo; hemos llegado a todos los acuerdos posibles, como lo hicimos con el tema de los bonos”, recordó.

Entre bocados de carne argentina y puré que quedaron en los platos casi intactos, ambas mandatarias se comprometieron a relanzar la comisión mixta para equilibrar el saldo de la balanza comercial, que en estos días beneficia con mucha holgura a Alemania. Hablaron más de lo que comieron. A Merkel le llamó la atención el poco apetito de la presidenta argentina. “Prefiero hablar con usted, carne puedo comer en Buenos Aires”, le dijo Fernández. En la ventanilla de los reclamos que se filtró sobre el mantel, Fernández recordó el tema de las restricciones a las exportaciones de carne argentina en la Unión Europea. Segundo país del mundo consumidor de carne, Alemania hace poco inclinó los tantos al beneficiar con algunas medidas a los Estados Unidos.

Cuando llegó el turno de Merkel, la canciller alemana felicitó a Fernández por el bicentenario del país y dijo que se “alegra” –una emoción que parece ajena a ese rostro– por el hecho de que ambos países tengan iniciativas conjuntas en marcha. Entonces mencionó el caso del instituto científico alemán Max Planck, cuya primera filial latinoamericana estará en la Argentina a mediados del próximo mes de diciembre. “Queremos mantener y profundizar las relaciones”, señaló la canciller, que anticipó que estará de visita en la Argentina recién en 2012. En el almuerzo además se plantearon cuestiones respecto de otro tópico árido: el cambio climático. “Nosotros decimos iguales responsabilidades, distintos grados –resumió la Presidenta–. Europa y Estados Unidos usaron las industrias sucias para su desarrollo económico. Para que no se contamine tiene que haber transferencia tecnológica y créditos. No hay que usar el cambio climático para trabar las exportaciones argentinas con la excusa de que son productos contaminantes.”

Después del encuentro con Merkel, Fernández se reunió con el presidente del gobierno alemán, Cristian Wulff, quien sacó el tema del reciente intento de golpe de Estado a Ecuador. La Presidenta lo interrumpió sólo para contarle del diálogo que tuvo con Rafael Correa y el encuentro que mantuvieron los cancilleres de la región. Wulff expresó sus felicitaciones por el rol de la Unasur y no pudo evitar recordar lo que sucedió en Honduras. “Muchas veces Alemania miró al Este, pero es hora de empezar a mirar al Oeste”, reconoció Wulff. Y acto seguido le preguntó a la Presidenta si estaría dispuesta a cumplir un rol protagónico. “Vamos a estar en todos los temas en que podamos estar, entendiendo nuestro lugar”, fue la respuesta que le dio.

Uno de los comentarios que más se escuchaba entre los miembros de la comitiva y los periodistas alemanes y argentinos sobre el buen clima de este intercambio es que efectivamente Alemania, que pasa por un excelente momento económico, empieza a mirar hacia el Oeste. Alemania estaría buscando nuevos socios en América latina, y allí Argentina sería un jugador imprescindible, aunque históricamente Brasil siempre ha sido una plaza fuerte de las empresas alemanas.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-154492-2010-10-07.html

  CIENTIFICOS ARGENTINOS CON LA PRESIDENTA


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Desde Berlín

Las puertas están abiertas. El bullicio que se escuchó en el hotel The Regent –una versión germana del Alvear de Buenos Aires–, en el centro de Berlín, tuvo como protagonista a un grupo de jóvenes científicos argentinos y estudiantes radicados en Alemania que se encontraron con Cristina Fernández. Acompañada por el ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, Lino Barañao, la Presidenta cuestionó las políticas migratorias de la Unión Europea. “Nuestro país es el más abierto y el que más integra”, subrayó al promediar la intensa jornada en su segundo día de gira por este país. Hay cifras que hablan de un cambio radical en un tema peliagudo como el presupuestario. El gobierno argentino –contó Fernández– destina el 6,47 por ciento del PBI a educación. El ministerio que dirige Barañao tenía 30 millones de dólares allá por 2003, cuando hoy supera los 300 millones. No es frecuente la multiplicación en diez en un tiempo tan acotado, apenas unos siete años.

La Presidenta eligió recordar el estereotipo del científico “anteojito”, aislado del mundo, para reflexionar. “Muchas veces los estereotipos nos han llevado a tomar decisiones equivocadas”, señaló. “No hay nada más anticientífico que los estereotipos, los prejuicios y los preconceptos”, enumeró en este orden. “Lo que más me encanta del mundo de los científicos –agregó sabiendo que ya tenía a todos en el bolsillo– es que nada es cierto hasta que se comprueba y demuestra. Debemos aplaudir esto.” El humor se filtró al evocar un episodio reciente de su gestión. “Imaginen que Obama le propone la renuncia al presidente de la Reserva Federal. Y renuncia. ¿Lo ven atrincherado? A mí me pasó. Tuve atrincherado al ex presidente del Banco Central, con el apoyo de parte de la Justicia”, recordó la Presidenta.

Fernández aprovechó este encuentro cara a cara para invitar a estos jóvenes a regresar a la Argentina. “Las puertas están abiertas”, aseguró la Presidenta y agregó que “es posible incrementar el presupuesto educativo y el de ciencia y tecnología porque existe un proyecto de país”. El presupuesto universitario quintuplicado de un tiempo a esta parte y con una inyección de 1200 millones de pesos en obras para edificios de altas casas de estudios se tradujo en la cifra móvil de un “volver a casa” que continúa: ya regresaron al país más de 800 científicos gracias al “Proyecto Raíces”, una iniciativa que apuesta a fortalecer el vínculo con investigadores argentinos en el exterior para promover su retorno. “En el mundo de las ideas siempre hay racionalidad; en el mundo de la fe nadie tiene que explicar nada porque las cosas se hacen porque las dice Dios”, añadió la Presidenta.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/subnotas/154492-49648-2010-10-07.html

CULTURA  COMIENZA LA 36A FERIA INTERNACIONAL DEL LIBRO DE BUENOS AIRES

El menú de visitas garantiza una variedad de platos fuertes; como cada año, habrá una inabarcable multitud de mesas redondas, presentaciones de libros, conferencias, debates y ciclos culturales. Víctor Heredia y Teresa Parodi hablarán en la inauguración.

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Se viene una Feria “movidita”, “muy política”, dice Horacio García, presidente de la Fundación El Libro. En el predio de La Rural la mesa está servida: el menú de libros, por ahora prolijamente exhibidos en los estantes, espera esa inmensa ola de público que se encargará de husmear, revisar y desordenar, como corresponde. Las visitas internacionales, el italiano Alessandro Baricco, el colombiano Fernando Vallejo, los españoles Enrique Vila-Matas, Almudena Grandes, Luis García Montero y el poeta Antonio Gamoneda, entre otros, garantizan la variedad en los platos fuertes. La 36a Feria Internacional del Libro de Buenos Aires propone “Festejar con libros 200 años de historias”. Imposible soslayar el Bicentenario, un tópico complejo con narraciones tan divergentes que elegir un historiador, sociólogo, antropólogo, politólogo –alguien del ámbito de las ciencias sociales– podría “embarrar” la cancha de la inauguración, hoy a las 18.30. ¿Y por qué no embarrarla? La pretensión de “conflicto cero” es una falacia persuasiva; conformar a todos, misión imposible. Y absurda, más allá de las buenas intenciones de los organizadores. En el ritual de esta ceremonia otoñal hay un conjunto de prácticas establecidas que regulan el culto ferial, un culto donde buena parte de los creyentes se pavonea de cierta “neutralidad política”. De un tiempo a esta parte, desde 2000, un reglamento consuetudinario establece que sea un escritor el responsable de hablar ante la tribu. Lo curioso es que esta pauta no se ha modificado radicalmente al elegir a Víctor Heredia –cantautor y escritor con tres novelas publicadas– y a Teresa Parodi, quienes leerán textos de Mariano Moreno, Joaquín V. González, Ricardo Rojas y Manuel Ugarte. Esta vuelta de tuerca amplía la ceremonia al entrecruzar literatura y música. Pero también revela con mayor énfasis que los elegidos son dos figuras fuertemente comprometidas con la política de derechos humanos del gobierno nacional.

Heredia cuenta que es “un honor enorme” que lo hayan convocado, sobre todo por los textos que leerá, como “Fundación de la biblioteca pública”, de Moreno. “No puedo dejar de pensar que ese texto hace referencia a algo que está sucediendo hoy, cuando algunos medios de comunicación pretenden instaurar un manto de olvido y son incapaces de reflejar lo que es necesario”, subraya el músico y escritor. “Me siento muy orgulloso por la convocatoria, aunque quizá sea inmerecida, porque hay otros escritores que tienen más méritos. Creo que desde el canto popular es un mimo que se me hace y lo agradezco.” A propósito de los medios de comunicación, Heredia, autor de las novelas Alguien aquí conmigo, Rincón del diablo y Mera vida, se explaya sobre un “furcio” informativo generalizado: que la Feria no la inaugura un escritor. “Me sonó peyorativo”, confiesa. “Sé que la carrera de músico en alguna medida tapa al escritor; pero Clarín y La Nación no pueden ignorar que soy escritor. Me han hecho reportajes y han comentado mis libros. Yo sé que el Víctor Heredia cantor es más importante y más conocido entre el público que el otro, pero no pueden decir que no soy escritor.” Más allá de la lectura de los textos de Moreno y Ugarte, ¿hablará Heredia? “Después de estos textos, sobran las palabras”, responde. “La Feria propone un marco de convivencia entre las distintas corrientes ideológicas y está bien que así sea. Pero no se puede ignorar lo que sucede en el entorno inmediato”, subraya. “Tal vez las aperturas debieran tener como protagonistas a figuras más comprometidas. Me parece saludable que tanto Teresa como yo hayamos sido elegidos porque somos manifestantes de este tiempo que corre.”

Festejar con debates

“La Feria es una caja de resonancia que refleja lo que pasa en el afuera en un momento de discusión política y periodística muy fuerte. Vamos a tener una Feria muy movidita. Acá están todos: los opositores, los oficialistas, los neutrales (sic). Y está bien que así sea”, señala García. El presidente de la Fundación encargada de la organización recuerda “la mala experiencia” de la inauguración del año pasado, cuando la escritora Angélica Gorodischer a duras penas se hizo oír por la protesta de un puñado de jóvenes docentes del CEIP (Cooperativa de Educadores e Investigadores Populares) contra el jefe de Gobierno de la ciudad, Mauricio Macri. “Los debates se van a dar dentro de la Feria, pero en la inauguración sería un disparate”, plantea García, que define a Parodi y Heredia como “dos artistas muy respetados, con mucha trayectoria, que permiten entrecruzar la música popular con la literatura”. El reclamo más fuerte de la industria editorial que expresará García en su discurso es por el Instituto Nacional del Libro (INLA), un proyecto de ley que cuenta con media sanción de Diputados y que debería ser tratado por el Senado. “El INLA está consensuado, no presenta conflictividad y redunda en beneficios para el sector; los senadores podrían reunirse y aprobarlo”.

Cuenteros, poetas y artistas

Hasta el 10 de mayo, la Feria ofrecerá un repertorio de actividades, presentaciones de libros, conferencias, mesas redondas y encuentros imposibles de consignar en una nota. Para confirmar que la Feria es “la misma de siempre”, la programación se sustenta en un puñado de clásicos, como el Encuentro Internacional de Narración Oral “Cuenteros y Cuentacuentos”, que se realizará del 30 de abril al 2 de mayo, con una conferencia inaugural a cargo de María Rosa Lojo y la participación del italiano Ma-tteo Belli, los españoles Pep Duran, Virginia Imaz Quijera y el grupo El Silbo Vulnerado; y un homenaje al poeta Miguel Hernández, con motivo de cumplirse el centenario de su nacimiento. Otro clásico es el Festival Internacional de Poesía (del 25 al 29 de abril), que inaugura el premio Cervantes Antonio Gamoneda y contará con la presencia de la poeta japonesa Yutaka Hosono y la canadiense Hèlène Dorion, entre otros. El tradicional maratón de lectura estará dedicado al Bicentenario. El 3 de mayo, Mirta Busnelli, Betiana Blum, Eduardo Blanco, Alejandro Awada, Canela y Mex Urtizberea leerán textos de autores argentinos que fueron construyendo la imagen de la Nación. Por la cuarta edición de La Noche de la Ciudad en la Feria, el sábado 1º de mayo habrá entrada gratuita a partir de las 21. En la Avenida Sarmiento arrancará una seguidilla de recitales: Sandra Mihanovich homenajeará a Eladia Blázquez y Tania Libertad a Mario Benedetti. Caetano Veloso será la frutilla del postre de la noche.

Novedades a la carta

Era una deuda pendiente con un género popular de enorme repercusión entre jóvenes y adolescentes. Por primera vez en el predio de La Rural se montará Espacio Cómic: De la historieta al manga en la Argentina, que funcionará el sábado 8 y domingo 9 de mayo en la Sala Julio Cortázar. Dedicado a la exposición y venta, habrá además charlas, cursos, mesas redondas y una clínica de historieta. El humorista Gustavo Sala (colaborador del Suplemento NO de este diario) improvisará una historieta en vivo con sugerencias de los participantes. Francisco Solano López, co-creador de El Eternauta, entregará por primera vez el premio que lleva su nombre a una obra del género. La Feria también será el escenario de la II Bienal Borges-Kafka/Buenos Aires-Praga con una muestra fotográfica del artista checo Jan Lukas sobre “La Praga de Franz Kafka”; una mesa redonda en la que participarán Arnost Lusting, Josef Cermak, Marketa Pilátová y Marketa Malisova; un curso sobre ambos escritores, a cargo de Marcelo Abadi y Germán García. El cierre a todo trapo será el 30 de abril con la Orquesta Sinfónica Nacional, que ejecutará piezas de Sergei Prokofiev. La soprano Susana Caligaris interpretará la “Cantata Milena”, de Alberto Ginastera, inspirada en las cartas de Kafka a Milena Jesenska. Por segundo año consecutivo, la Feria incluirá un espacio para la microficción el 3 de mayo, con la presentación de Jaime Muñoz Vargas (México) y Gabriel Jiménez Emán (Venezuela); lecturas de Raúl Brasca y Gloria Pampillo y una entrevista pública a David Lagmanovich, eminente investigador que ha dedicado dos libros teóricos al género.

El genoma cultural

En el Pabellón Azul los organismos del Estado nacional tendrán un stand único de 2000 metros cuadrados, donde la Secretaría de Cultura de la Nación ofrecerá una nutrida agenda de actividades con homenajes a José Hernández, Juan Gelman, Horacio Quiroga, Arturo Jauretche, Roberto Arlt, Héctor Oesterheld, Leopoldo Marechal, Alejandra Pizarnik, Julio Cortázar, Rodolfo Walsh, Homero Manzi, Roberto Fontanarrosa, Raúl Scalabrini Ortiz, Haroldo Conti, Oliverio Girondo, Enrique Santos Discépolo, Borges y Raúl González Tuñón. “Aun siendo un corpus complejo, tienen algo en común. Absolutamente todos estos escritores gestaron con su vida un posible espejo para los que vinieron después. Una hendija por donde acecha el genoma cultural de nuestra historia. Y en la mayoría de los casos tienen otros puntos de contacto: fueron capaces de pasar de lo inminentemente político a lo eminentemente poético”, explica Jorge Coscia. Mañana a las 18, Juan Palomino participará del homenaje a Gelman, con música de Carlos Boccardo y proyecciones de Carlos Alonso; el sábado, Ana Padovani con las narraciones de “La pluma en la selva” recordará a Quiroga. Y habrá “Café Cultura”, con Juan Sasturain, Liliana Heker, Osvaldo Bayer, Francisco Solano López, Ricardo Forster, Horacio González, Miguel Vitagliano, Mauricio Kartún, Lilia Ferreira, Norberto Galasso, Eduardo Anguita, Hernán Brienza y Miguel Rep, entre otros. Y un debate imperdible el miércoles 5 de mayo a las 18: La construcción de la realidad a través de los medios de comunicación, con Luciano Galende, Orlando Barone, Sandra Russo y Carlos Barragán, del programa 6 7 8.

Editores del mundo

A pesar de “fenómenos de la naturaleza” como nubes volcánicas y otras yerbas –el año pasado fue la pandemia de gripe porcina– que conspiran contra las visitas internacionales, por séptima edición consecutiva se está desarrollando la Semana de Editores en Buenos Aires, organizada por la Fundación TyPA, con la participación de Caroline Chang (Brasil), Uriel Kon (Israel) y Boyd Tonkin (Gran Bretaña), entre otros. Los ojos de los alemanes Frank Wegner y Ann-Catherine Geuder están puestos en la Argentina, invitada de honor a la Feria del Libro de Frankfurt, la vidriera mundial para la industria del libro, donde las editoriales ponen toda la carne en el asador con sus tanques de novedades, rescates, ensayos y novelas. Wegner confiesa que hace tiempo que el país está en “la mira del interés europeo” (ver aparte).

Cuando comenzaron a planificar esta edición, en agosto del año pasado, los organizadores calcularon que por la crisis financiera internacional la demanda de espacios se vería afectada. Sin el Pabellón Ocre, esta Feria reducida en dimensiones ocupará 37 mil metros cuadrados –contra los 45 mil de 2009–, pero con 50 expositores más. Los pronósticos apocalípticos no se cumplieron o la situación mejoró –según cómo se lo mire– y para paliar el ajuste físico se instalarán tres carpas en espacios exteriores. “Esperamos una Feria muy buena, con más ventas”, anticipa García. “La gente tiene más ánimo y gasta en libros.” Apretadita y movidita, la Feria es un culto que congrega a fieles con ánimo de comprar libros y escuchar a los escritores, a escépticos y agnósticos (que en el fondo “creen por si las moscas”) y ateos curiosos, que reniegan del rito pero no pueden evitar caminar con un poco de culpa por la alfombra roja de La Rural.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/17-17695-2010-04-22.html

  RENUNCIA A SU BANCA EN DIPUTADOS PARA ASUMIR EN LUGAR DE PEPE NUN


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La renovación del gabinete llegó también hasta la Secretaría de Cultura de la Nación. El politólogo y sociólogo José “Pepe” Nun presentó ayer su renuncia. Será reemplazado por el cineasta Jorge Coscia, quien dejará su banca como diputado por el Frente para la Victoria (FPV), con mandato hasta diciembre, para asumir hoy el cargo.

Con la elegante ironía que lo caracteriza, Nun admitía que no tuvo una gestión “espectacular”, como le achacaba su par de la ciudad, Hernán Lombardi. “No estoy dedicado al espectáculo”, le dijo el saliente secretario a Página/12. El camino más fácil desde que asumió a fines de noviembre de 2004 –después del escándalo que había generado la salida de Torcuato Di Tella– hubiera sido especular con el armado de una agenda de conciertos masivos, tan gratos al paladar porteño, y sumar cómodamente buenos quilates en rédito político. Cero riesgos, costos mínimos, ganancias altísimas. Nun optó por destinar sus fondos a diseñar políticas federales que intentaran reducir la brecha cultural, como Café Cultura Nación o Libros y Casas, que entregó más de 50 mil bibliotecas (900.000 libros) a las familias beneficiarias del Plan de Viviendas en 250 localidades de todo el país. Un programa que fue adoptado por Cuba, Estados Unidos, México y Chile.

Sería apresurado trazar un balance de la gestión de Nun, uno de los pocos intelectuales que podía mostrar el kirchnerismo. Dicen que fue uno de los que más resistió integrarse al gabinete, por sus compromisos académicos como director del Instituto de Altos Estudios Sociales de la Universidad Nacional de General San Martín (Unsam) y como investigador principal del Conicet. Al propio Néstor Kirchner le costó convencerlo para que aceptara ser secretario de Cultura. Durante su gestión se incrementó el presupuesto destinado a la Secretaría, que arrancó con el 0,17 por ciento del PBI y se duplicó hasta aproximadamente el 0,35 del PBI, y se creó el Sistema de Información Cultural de la Argentina (Sinca), el mayor compendio de información especializada en formato electrónico del país, de acceso libre y en permanente actualización. Este año se inauguró un proyecto de largo aliento, la Casa del Bicentenario, destinada a albergar muestras transitorias y permanentes que serán una suerte de “historia viva” de nuestro país, dirigida por Liliana Piñeiro. Actualmente estaban en discusión los borradores de la Ley Federal de Cultura, que ahora quedarán en manos de la nueva gestión.

El cineasta y diputado Jorge Coscia es un confeso “peronista de izquierda”. Egresado de la Escuela Nacional de Experimentación Cinematográfica (Enerc), dictó clases de guión en esa institución y en la Universidad de Bellas Artes de La Plata. Durante cuatro años fue director del Instituto Nacional de Cinematografía y Artes Audiovisuales (Incaa), organismo que depende de la secretaría que ocupará tras los cambios en el gabinete. Bajo su administración, el Instituto logró la autarquía administrativa y financiera, además de un aumento progresivo del presupuesto, que pasó de 40 millones de pesos al momento de asumir a 86 millones cuando fue elegido diputado del Frente para la Victoria en octubre de 2005 –y luego presidente de la Comisión de Cultura de la Cámara de Diputados–.

Aunque su gestión al frente del Incaa es considerada una de las más exitosas en términos de producción y visibilidad, algunos sectores lo han acusado de auspiciar un perfil conservador para el cine argentino. Como cineasta dirigió Luca vive (2002), en homenaje a Luca Prodan, el fallecido líder de Sumo; Canción desesperada (1996), Cómix, cuentos de amor, de video y de muerte (1995), 17 de Octubre, una tarde de sol (1995), Rosas, 200 años (1993), El general y la fiebre (1992), Cipayos (1992), Chorros (1987) y Sentimientos: Mirta de Liniers a Estambul (1987).

Fuerte figura K para ventilar el gabinete, Coscia asumirá a pocos menos de un año de celebrarse el Bicentenario, una de las apuestas culturales de su antecesor en el cargo y de este gobierno.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-127917-2009-07-08.html

  EN URUGUAY DECRETARON DUELO NACIONAL. SUS RESTOS SERAN VELADOS HOY EN EL PALACIO LEGISLATIVO DE MONTEVIDEO

El poeta uruguayo falleció en la tarde de ayer en Montevideo a los 88 años. Fue uno de los poetas más leídos y cantados en el mundo de habla hispana. Sufrió persecución y exilio por sus convicciones. En Argentina fue amenazado de muerte por la Triple A.

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“Cuando me entierren / por favor no se olviden / de mi bolígrafo.” El poema pertenece a Rincón de haikus, publicado cuando el gran poeta uruguayo promediaba los 80 y la muerte era una sombra cercana con la que empezaba a dialogar para que no lo sorprendiera, para que no lo aplastara con el peso de su evidencia. Mario Benedetti murió ayer a los 88 años en su casa. Será velado hoy a partir de las 9 de la mañana en el Salón de los Pasos Perdidos del Palacio Legislativo en Montevideo. En Uruguay se ha decretado duelo nacional. No sólo el Río de la Plata se despide con una infinita congoja de este hombre triste y cordial como un legítimo uruguayo, que supo conjurar el dolor de la finitud y escribió que había que vivir como si fuéramos inmortales. En cientos, miles y millones de almas, sin exagerar, garúa finito. Pocos poetas han sido tan saludablemente plagiados como Benedetti. Sus poemas de amor fueron copiados “clandestinamente” por miles de jóvenes que se atribuyeron la autoría para sorprender a esas muchachas esquivas o para acortar las distancias e iniciar un romance. No le molestaba saber de estos plagios y menos le importaba que sonara cursi. Al contrario: él mismo contaba anécdotas de parejas que le confesaban que se habían conocido, por ejemplo, gracias a Inventario. Quién no habrá repetido o cantado alguna que otra estrofa de “Te quiero”, “Por qué cantamos”, “Una mujer desnuda y en lo oscuro” y tantos otros poemas que popularizaron más de cuarenta intérpretes. Su apellido se ha convertido en sinónimo de la poesía hecha canción. La muerte del autor de La tregua se prolongó durante tres años. Comenzó en 2006, cuando murió su mujer Luz, con la que vivió toda la vida. Desde entonces, el impulso vital del autor de más de 80 libros de poemas, novelas, relatos, ensayos y teatro, así como de guiones de cine y crónicas de humor, se fue apagando. La voz del fiel compañero se apagó, finalmente, pero quedan sus poemas de amor y de resistencia.

Sería arriesgado y tal vez apresurado afirmar que su obra será inmortal, pero seguramente muchos de sus poemas ya han adquirido ese estatus porque supo anclar sus versos y textos en los puertos que inquietan a la condición humana: el amor, la muerte, el tiempo, la miseria, la injusticia, la soledad, la esperanza. Sencillamente, fue el cómplice de varias generaciones de lectores y de militantes políticos que, como él, fueron amenazados y tuvieron que escapar, como pudieron, de la muerte. Desde comienzos del 2008 la salud de Benedetti se resintió debido a sus problemas intestinales y a una enfermedad respiratoria crónica de larga evolución. Este año estuvo tres veces internado: en enero, durante casi un mes; luego en marzo, y finalmente en mayo. El ganador de tan preciados premios como el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, nació el 14 de septiembre de 1920 como Mario Orlando Hamlet Hardy Brenno Benedetti en Paso de los Toros, departamento de Tacuarembó. La costumbre italiana disparatada de adosar tantos nombres –el poeta siempre recordaba que tuvo un tío que tenía los nombres de todos los reyes que reinaban el día en que nació– fue la primera batalla que libró el escritor hasta que logró suprimir los cuatro nombres restantes en todos sus documentos. Después de una quiebra de la farmacia que tuvo su padre, los Benedetti se trasladaron a Montevideo cuando Mario tenía cuatro años. El niño que se entretenía de la mano de Emilio Salgari y Julio Verne comenzó sus estudios primarios en el colegio Alemán, de donde fue retirado por su padre en 1933.

Tuvo una infancia y adolescencia poco amable y llena de privaciones por los problemas económicos. Vivían en un ranchito con techo de chapas de zinc; su madre tuvo que vender la vajilla, los cubiertos y los regalos del casamiento. A los catorce años Mario empezó a trabajar vendiendo repuestos para automóviles en la empresa Will L. Smith. Se ganó la vida de muchas formas –fue vendedor, taquígrafo de una editorial, cadete, oficinista, gerente de una inmobiliaria y periodista, entre otros oficios que ejerció– hasta que pudo vivir de la literatura. A los 18, en 1938, se vino a Buenos Aires a ver si podía torcer la mala racha familiar, mientras su vocación literaria se afirmaba durante sus lecturas en un banco de la plaza San Martín. Siempre recordaba que sus dos primeros libros, ediciones que las había pagado Benedetti, no vendieron ni un ejemplar. Su primer módico éxito –módico porque la tirada era muy limitada– fue Poemas de oficina (1956), aunque antes había publicado los poemarios La víspera indeleble (1945) y Sólo mientras tanto (1950) y los relatos de Esta mañana y otros cuentos (1949). Le gustaba definirse como un poeta que además escribía cuentos y novelas. Tenía la mano más habituada al poema, pero los cuentos lo hacían sudar. Montevideanos (1959) le llevó dieciocho años terminarlo. “El cuento no admite fallas, se construye palabra por palabra, cada una tiene que tener su rol, y los finales son muy importantes”, decía el escritor que en 1945 se integró al equipo del semanario Marcha, hasta 1974, cuando fue clausurado por la dictadura de Juan María Bordaberry.

Hacia fines de los años cuarenta fue miembro del consejo de redacción de Número, una de las revistas literarias más destacadas de la época, y participó en el movimiento contra el Tratado Militar con los Estados Unidos, su primera acción como militante. Sus viajes a Cuba fueron consolidando el despertar de su conciencia política. En 1968 creó y dirigió el Centro de Investigaciones Literarias de Casa de las Américas, cargo en el cual se mantendría hasta 1971. Junto a miembros del Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros, fundó en 1971 el Movimiento de Independientes 26 de Marzo, una agrupación que pasó a formar parte de la coalición de izquierdas Frente Amplio desde sus orígenes. Ese año publicó Crónica del 71, compuesto de editoriales políticos publicados en el semanario Marcha en su mayoría, un poema inédito y tres discursos pronunciados durante la campaña del Frente Amplio. Después del golpe de Estado del 27 de junio de 1973 renunció a su cargo de director del Departamento de Literatura Hispanoamericana en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Universidad de la República.

Y llegó el exilio; lo arrancaron de cuajo de su ciudad. Primero cruzó el charco y trató de instalarse en Buenos Aires, en 1973. Fue aquí donde inauguró el “llavero de la solidaridad”: cuando las cosas comenzaron a ponerse oscuras acudía a ese manojo que le abría la puerta de las casas de cinco o seis amigos. Pero la Triple A le “concedió” un plazo de 48 horas para que se fuera y se dirigió a Perú. La peste del terrorismo de Estado y las amenazas parecían seguirlo. En Lima fue detenido y deportado. Los brazos de Cuba lo acogieron en 1976, pero finalmente, Benedetti recalaría en Madrid, donde estuvo exiliado hasta 1983. Fueron diez largos años los que vivió alejado de su patria y su esposa, quien tuvo que permanecer en Uruguay cuidando de las madres de ambos. En esa década que lo vio luchar contra el terror de los años ’70, la versión cinematográfica de su novela La tregua, dirigida por Sergio Renán, fue nominada al Oscar en 1974, a la mejor película extranjera (aunque el premio, finalmente, lo obtuvo la película italiana Amarcord).

Benedetti escribía, lo ha dicho, para esclarecer la mente de un individuo, del ciudadano de a pie. “Las causas en las que creo y que son derrotadas son las que me impulsan, porque gracias a que las defiendo puedo dormir tranquilo. No me siento derrotado en cuanto a mis creencias ideológicas y voy a seguir luchando por ellas. Sin éxito, eso sí”, aclaraba el escritor con los pies en la tierra, pero con la mirada siempre enfocada hacia ese horizonte de utopías que abrazó desde joven. “Siempre digo que los tres grandes utópicos que ha dado este mundo son Jesús, Freud y Marx; gracias a ellos la humanidad ha dado pasos positivos. Aunque de cada utopía se realice un diez por ciento, gracias a ese diez por ciento la humanidad ha mejorado un poco. Yo soy un optimista incorregible.” Regresó a Uruguay, en marzo de 1983, un poco mejor de lo que se había ido, “más ecuánime, más tolerante, menos radical, pero sin perder mis obsesiones”. Fue nombrado miembro del Consejo Editor de la nueva revista Brecha, que sería la continuidad del proyecto de Marcha, interrumpido en 1974. En 1985 Joan Manuel Serrat grabó el disco El Sur también existe sobre poemas de Benedetti, contando con su colaboración personal. Con el “desexilio” llegan los reconocimientos en todo el mundo.

Las líneas no alcanzan para repasar la cantidad de títulos que ha publicado, son más de ochenta en todos los géneros que frecuentó. Se destacan, por mencionar un par, las novelas Gracias por el fuego (1965), La borra del café (1992) y Andamios (1996); los poemarios Inventario uno (1963), Cuando éramos niños (1964), Quemar las naves (1969), Letras de emergencia (1973), Viento del exilio (1981), El amor, las mujeres y la vida (1995), La vida ese paréntesis (1998) y Adioses y bienvenidas (2005) y Testigo de uno mismo (2008); los cuentos de La muerte y otras sorpresas (1968), Con y sin nostalgia (1971), Recuerdos olvidados (1988), Buzón de tiempo (1999) y El porvenir de mi pasado (2003); los ensayos Peripecia y novela (1946), El escritor latinoamericano y la revolución posible (1974), La realidad y la palabra (1991) y Vivir adrede (2007); y la obra de teatro Pedro y el capitán (1979). En 1999 fue galardonado con el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana; en 2001 recibió el I Premio Iberoamericano José Martí; en 2002 fue nombrado Ciudadano Ilustre por la Intendencia de Montevideo; en 2005 obtuvo el Premio Internacional Menéndez Pelayo.

Mario, ese Cupido involuntario que no merece quedar libre de culpa y cargo por la cantidad de parejas que unió, sabía que la vida es un paréntesis entre dos nadas. “Yo soy ateo, no creo en Dios ni nada por el estilo. Hay gente que tiene sus creencias religiosas y tiende a sentir que después de la muerte está el Paraíso, o el Infierno, porque muchos han hecho mérito para ir al Infierno. Yo creo en un dios personal, que es la conciencia”, afirmaba el poeta, que trabajaba en un nuevo libro de poesía cuyo título provisional es Biografía para encontrarme. “Muchos de mis poemas son producto de ser hombre de pueblo, y estar cerca del pueblo siempre ha sido una máxima para mí. Lo mejor que me pudo haber pasado en la vida es que lo que escribo le haya tocado el corazón a esa gente, a ese pueblo, a ese hombre de a pie.” Las lágrimas, esta vez, no tienen tregua posible. Y por favor, pensarán muchos ahora que hay que despedirse del compañero, no se olviden del bolígrafo de Mario.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-125129-2009-05-18.html