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  OPINION


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Jean Montrevil fue esposado, encarcelado y estuvo a punto de ser enviado a Haití. Era 6 de enero, apenas días antes del terremoto que devastaría Haití, la nación más pobre del hemisferio occidental. Montrevil llegó a Estados Unidos con un permiso de residencia en 1986, cuando tenía 17 años. Hace 20 años, cuando aún era adolescente, fue procesado por posesión de cocaína y enviado a prisión por 11 años. Tras ser liberado se casó con una ciudadana estadounidense y tiene cuatro hijos, que también son ciudadanos estadounidenses; es dueño de una empresa, paga impuestos y es residente legal y permanente. Además es un activista muy respetado de la comunidad haitiana de Nueva York. Pero debido a su procesamiento previo estaba en un programa de supervisión de inmigración que le exigía presentarse ante un funcionario de inmigración cada dos semanas. El 30 de diciembre, durante su visita de supervisión habitual, fue detenido y se le dijo que sería deportado a Haití. Un hombre detenido que sería enviado a Haití junto a él tenía fiebre. La enfermedad del hombre impidió el vuelo, y luego sucedió el terremoto.

El escalofriante número de muertes a raíz del terremoto del 12 de enero en Haití continúa en aumento. La mayoría de los esfuerzos por rescatar personas de los escombros ha finalizado. Más de 150 mil personas fueron enterradas, algunas en tumbas improvisadas cerca de las ruinas de las casas donde murieron, pero muchas en tumbas sin marcar, fosas comunes en Titanyen, el lugar donde ocurrieron varias masacres durante dictaduras y golpes de Estado previos. Más de un millón de personas están sin hogar, de una población total de 9 millones de habitantes en Haití. El hedor de los cuerpos en descomposición aún es penetrante en la capital del país, Puerto Príncipe, al igual que en las localidades periféricas, que a dos semanas del terremoto vieron llegar poca ayuda del exterior. Fue doloroso ver la ayuda amontonada en el aeropuerto. Los haitianos la necesitan ahora.

Repasemos la escena en el aeropuerto, donde vi contenedores con miles de botellas de agua Aquafina.

Amy Goodman: –¿Hacia dónde llevan el agua?

Trabajador haitiano: –A la Embajada de Estados Unidos.

A. G.: –¿A la Embajada de Estados Unidos?

T. H.: –Sí, señora.

A. G.: –Mucha gente ha estado preguntando dónde está el agua para el pueblo. Hay miles y miles de botellas.

T. H.: –No sé.

Así es, el trabajador me dijo que llevaba el agua a la Embajada de Estados Unidos. Una de las principales fuentes del ingreso nacional en Haití es el flujo de remesas de la diáspora haitiana, cuyo efectivo, enviado mediante transferencias a familiares en Haití, equivale a un tercio del producto nacional bruto del país. Durante años, luego de haber sufrido cuatro grandes huracanes e inundaciones, la comunidad haitiana simplemente ha pedido ser tratada igual que los nicaragüenses, los hondureños y los salvadoreños en circunstancias similares, recibir el status de protección temporal (TPS, por sus siglas en inglés). El TPS permite a la gente permanecer en Estados Unidos y trabajar legalmente en épocas de conflicto armado o desastre natural, y es parte muy importante de cualquier política humanitaria. Finalmente, luego de la fuerte presión popular que hubo tras el terremoto, el gobierno de Estados Unidos extendió el beneficio del TPS a los haitianos.

Pero el TPS no es suficiente. Se debe permitir el ingreso de los haitianos a Estados Unidos de manera legal, compasiva e inmediata. Visité hospitales y clínicas en Puerto Príncipe, donde miles de personas esperaban asistencia y se realizaban amputaciones, utilizando Ibuprofeno o Motrin como anestesia, en el mejor de los casos. La anestesia escasea. Ira Kurzban, un abogado de Miami que representó a Haití durante años, dice que Estados Unidos debe permitir el ingreso inmediato de quienes necesitan asistencia médica, que muy pocos heridos han sido llevados a Estados Unidos. Además, me dijo, Estados Unidos debería traer muchas más personas de Haití, entre ellas a quienes tienen solicitudes aprobadas por sus familiares. Se trata de alrededor de 70 mil personas. Las solicitudes de estas personas han sido aprobadas, pero están en una lista de espera de varios años para mudarse a Estados Unidos. Kurzban comparó la voluntad y capacidad históricas de Estados Unidos de aceptar refugiados cubanos con lo que denomina una política de “contención” con Haití, que bloquea las costas a través de la Guardia Costera e impide que la gente salga de ese país hacia Estados Unidos. Lo primero que vi cuando viajé a Puerto Príncipe días después del terremoto fueron los patrulleros de la Guardia Costera. No llevaban ayuda, ni trasladaban personas. Impedían que los haitianos salieran de su país.

National Nurses United (NNU, por sus siglas en inglés), el mayor sindicato de enfermeras y enfermeros de Estados Unidos, tiene 12 mil miembros registrados dispuestos a viajar a Haití para ayudar, pero dicen que no pueden obtener ayuda del gobierno de Obama. Entonces llamaron al cineasta Michael Moore, quien me describió la situación de la siguiente manera: “Bueno, es bastante patético si tienen que llamarme a mí. Me refiero a que son el sindicato de enfermeras más grande del país. ¿Ustedes tienen, tengo entendido, uno de los vicepresidentes de la Federación Estadounidense del Trabajo-Congreso de Organizaciones Industriales (AFL-CIO, por sus siglas en inglés), de la directiva de AFL-CIO, y no pueden ingresar un pedido en la Casa Blanca para lograr que 12 mil enfermeros vayan allá?”. NNU busca conseguir patrocinadores individuales a través de su sitio web.

Grupos de base y eclesiásticos de la ciudad de Nueva York exigieron la libertad de Jean Montrevil, y fue liberado. Ese es el tipo de solidaridad que millones de haitianos que sufren la mayor catástrofe de su historia necesitan ahora, tanto en Haití como en Estados Unidos.

De La Jornada, de México. Especial para Página/12.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/subnotas/139447-45046-2010-02-02.html

  SEGUN PAUL KRUGMAN, NOBEL DE ECONOMIA, OBAMA PROPONE “UNA IDEA ZOMBIE”, CON EL MISMO ERROR DE DIAGNOSTICO QUE BUSH

En una entrevista, opina que la propuesta anticrisis de Obama repite defectos de las de su antecesor: cree que no hay nada mal en el sistema bancario y sólo es una crisis de confianza. Advierte que no tendrá otra oportunidad si fracasa.

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Usted sostiene que “ganaron las ideas zombie”, ¿por qué llama de esta forma al plan presentado por el secretario del Tesoro, Timothy Geithner, el lunes?

–Una idea zombie es una que matás muchas veces, porque es una mala idea, pero sigue apareciendo. Y eso es lo que es este plan. Estamos con la misma idea para solucionar todos nuestros problemas financieros desde que Henry Paulson (ex secretario del Tesoro de Bush) presentó su plan hace seis meses: nos dicen que el verdadero problema es que el mercado está subvaluando todos los activos tóxicos y que lo que necesitamos hacer es que los contribuyentes entren y los compren a un precio justo. El plan de Geithner es complicado, una variante disfrazada de la misma idea. Es el zombie que matás una y otra vez pero sigue volviendo.

–¿Llamado “dinero por basura”?

–Sí, ésa es la frase que estuvo rondando por ahí hace seis meses y que yo retomé. Básicamente es eso. Es como decir que no hay nada que esté fundamentalmente mal en nuestro sistema bancario, está sólo esta crisis de confianza y por eso nadie quiere comprar cosas que estén respaldadas en última instancia por hipotecas. Si sólo pudiéramos conseguir que la gente vea que éstos son activos lo suficientemente decentes, entonces los bancos estarían en buena forma. Ese es el problema. Algunos sostienen que los activos están tal vez algo subvaluados, pero hacer de este argumento la pieza central de tu plan de rescate me deja con un sentimiento de desesperación.

–Importantes asesores del gobierno de Obama salieron a apoyar el plan “público-privado” para comprar hasta un billón de activos tóxicos y le respondieron sus críticas a los riesgos del proyecto, ¿qué tiene para decir?

–Lo importante no son los activos compartidos. Perdón, pero es difícil no utilizar la jerga en este caso. De acuerdo con los primeros datos, el 85 por ciento del dinero va a ser un préstamo del gobierno, que va a ser respaldado sólo por los activos que estos tipos compren. Esto significa que si pierde más del 15 por ciento de su valor, algo altamente probable dada la incertidumbre sobre el precio de estas cosas, entonces los inversores privados simplemente se van. Es exactamente lo que yo digo, es una invitación a jugar cara y ceca: cara gano yo, ceca perdés vos. Si el activo que compraste a 100 dólares sube hasta los 150, te hiciste 50 dólares. Pero si lo comprás a 100 y cae hasta 50, sólo perdés 15, porque los otros 35 recaen sobre los contribuyentes. Es lo mismo que antes. Es básicamente lo que pasó con las entidades de Ahorro y Préstamos (S&L) en los ochenta. Estaban desreguladas y los depósitos estaban garantizados, pero los dueños de los bancos podían hacer cualquier cosa que quisieran, entonces tomaron muchas posiciones riesgosas y en su mayoría resultaron malas. Y cuando esto sucedió era problema de los contribuyentes, no de los propietarios de las entidades. Lo mismo pasa ahora. Están preparándolo deliberadamente, básicamente la parte de arriba pertenece a los inversores privados, pero la mayor porción de abajo nos pertenece a nosotros.

–Entonces se socializan las deudas y se privatizan las ganancias, ¿por qué?

–Sí, es eso. Los que pierden son los contribuyentes y ganan los inversores privados.

–¿Por qué el gobierno no compra todos los activos tóxicos entonces, como hace la Corporación Federal de Seguros de Depósitos (FDIC)?

–Bueno, la verdad es que la FDIC no está haciendo eso. Lo que hace es garantizar la deuda de los bancos para que los depósitos estén seguros. Así, si un banco está en quiebra la FDIC interviene, agarra los activos y vende las cosas tóxicas al mejor precio que se pueda. Eso es lo que yo apoyo, eso es lo que deberíamos estar haciendo. Yo creo que están intimidados por la escala de esto. Normalmente, la FDIC hace eso con 2 o 3 bancos por semana pero son pequeños. Acá estamos hablando muy posiblemente del Citigroup, que equivale a dos billones de activos. Esto es algo muy grande. Yo pienso que la razón por la cual ideas zombies no se quedan muertas es la atracción de una solución fácil, piensan que se puede tener una varita mágica y el problema desaparece. Todavía están buscando la magia.

–¿Cree que el secretario del Tesoro, Timothy Gaithner, debería dar un paso al costado?

–Sabés, no tengo una visión firme sobre eso. Se está convirtiendo en un problema y tiene que pulir sus acciones si se quiere quedar ahí. Pero básicamente éste no es Geithner. Ultimamente, la responsabilidad recae en el Salón Oval (oficina presidencial). La pregunta es por qué el presidente está yendo por el lado débil en este tema. De todos modos, no tengo un fuerte compromiso con Geithner.

–¿Por qué no existen regulaciones estrictas sobre cómo usar el dinero de los rescates? ¿Por qué no hay controles para el pago de bonus?

–Bueno, si fuera a tomar la posición del gobierno diría que es difícil escribir esas regulaciones de forma tal que no tengan consecuencias inesperadas. Hubo una época en la que se intentó limitar el pago de los ejecutivos más altos (CEO), que terminó llevando a una explosión en el mercado de acciones, algo que no es bueno. Pero para mí se reduce a que perdura la visión dominante, aun con este gobierno, de que no hay nada fundamentalmente malo con el sistema. Hubo algunos errores y algo de mala suerte, pero no queremos sacudir mucho al sistema. No queremos reconstruirlo. No queremos romper las relaciones con esas personas que pensamos que eran tan inteligentes y ahora parecen tan tontos, queremos que se queden en su trabajo. Es un problema. En cierto sentido el gobierno de Obama está de fiesta como si todavía estuviéramos en 2006.

–¿Cómo sería un nuevo sistema? ¿Cuáles son sus propuestas?

–Al final, vamos a tener que volver a un sistema parecido al que emergió del New Deal, con ajustadas regulaciones para las instituciones financieras y bancos, límites en la toma de riesgos, altos impuestos para aquellos que ganan mucho. Tasas más bajas crean incentivos, pero son incentivos para arriesgar el dinero de otras personas en juegos peligrosos. Hay que actualizar muchas cosas para este siglo, pero básicamente nuestros abuelos lo habían hecho bien. Ellos entendieron que las finanzas sirven, pero que son peligrosas y que deben estar cercadas y ajustadas con regulaciones.

–Usted escribió que el gobierno de Obama considera que habrá un fuerte enojo si anuncia un plan para comprar los activos en problemas. Y por eso disfrazó con bombos y platillos el hecho de que terminemos pagando más por activos basura.

–Sí. Una vez que se dejan de lado las complejidades, sólo una forma rebuscada de hacer que el gobierno pague, que vos y yo paguemos, por comprar esos activos a un precio mayor al que cualquier inversor privado está dispuesto a hacerlo.

–¿Por qué cree que este es un momento crítico?

–Pienso que esto es una especie de juicio político. Es discutible. Pero me parece que Obama no tiene muchas oportunidades en esto, tal vez una sola. Ya existe una ira pública que no distingue entre las cosas que tenemos que hacer y las que han sido un error. Para Obama, elaborar este plan poniendo tanta plata de los contribuyentes y que no funcione, que es lo que estoy casi seguro que va a pasar, le va a hacer muy difícil volver al Congreso para impulsar un plan que pueda ser exitoso. Hay que hacer esto bien rápidamente porque el clima político se está poniendo feo, por una buena razón, y no hay mucha paciencia para los intentos fallidos, especialmente para aquellos en los que el gobierno parece estar tan cerca de Wall Street.

–La aseguradora AIG recibió miles de millones de dólares del gobierno que luego transfirió a sus “contrapartes”, se lo pasó a entidades como Goldman Sachs y a UBS, que tuvo que pagar una multa significativa al gobierno. Es como si le estuviéramos pagando su multa por violar nuestra ley.

–Para entender a las contrapartes hay que pensar al sistema financiero como una red de conexiones. La razón por la que estamos interviniendo para salvar a estas empresas en primer lugar es que tenemos miedo de que si se rompe la red en un punto, se expanda a un rango más grande. Eso no es sólo una teoría. Cuando se permitió que Lehman Brothers quebrara, se abrió un agujero gigante en el sistema financiero. Por eso los estamos rescatando. Ahora lo único que se puede decir es que si vamos a hacer esto, entonces tenemos que mirar a quiénes más estamos rescatando. Debemos decirles: “Miren, muchachos, ustedes tienen que hacer algunos sacrificios”. Lo que estamos viendo ahora es que les estamos entregando la plata de los contribuyentes sin quid pro quo. Y eso llega al centro de la disputa sobre cuál es nuestra política hoy.

–¿Lo ha llevado esta crisis a revisar su apoyo al Nafta (Tratado de Libre Comercio de América del Norte) y toda la presión para una globalización desregulada?

–La respuesta es no. Que continúe el comercio de mercancías, de bienes físicos, es terriblemente importante para los países más pobres. Cuando me preguntan por qué estoy más o menos a favor del libre comercio, mi respuesta es que estoy pensando en países como Bangladesh que sobreviven por su capacidad para vender cosas intensivas en mano de obra gracias a sus bajos salarios. Nunca fui un fan del movimiento desregulado de capitales. Cuando a finales de los noventa algunos dijimos que había que limitar esa situación, otros decían “no, tienen que confiar en los mercados”. El asunto acá es el dinero caliente, no son las autopartes mexicanas. Es el dinero caliente de todo el mundo el que está en crisis ahora.

–¿Qué opina sobre la recomendación que hará un panel de ONU al mundo para que abandone al dólar como su moneda de reserva en favor de una canasta de monedas?

–Han existido muchos planes en ese sentido. Esa no es una decisión que pueda tomar un organismo internacional. El dólar es la moneda de reserva porque la gente cree que es el lugar más seguro para poner su dinero. El euro es su competidor natural, con la excepción de que los europeos están tanto o más conflictuados en sus políticas que Estados Unidos. Pero la forma de tratar el tema no es que un organismo decida que vamos a hacer algo diferente, sino que los competidores naturales al dólar se vuelvan lo suficientemente valiosos como para pelearle el lugar.

* De Democracy Now. Especial para Página/12.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-122071-2009-03-25.html