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  ESCENAS


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"Lo que me atrae es la curva libre y sensual, la curva que encuentro en las montañas de mi país, en el curso sinuoso de sus ríos, en las olas del mar, en el cuerpo de la mujer preferida". (Oscar Niemeyer)

La primera vez que escuché hablar del proyecto que entusiasmaba a Hermes Binner se lo llamaba Palacio de la Música -como el Palau en Barcelona , y estaría ubicado en el viejo edificio de la estación Central Córdoba, en 27 de Febrero y Alem. Pero surgió una alternativa superadora: el Puerto de la Música, la primera obra del célebre arquitecto brasileño Oscar Niemeyer, en Rosario, en Argentina, en terrenos portuarios sobre el río Paraná, desde Pellegrini hasta Cerrito.

Un Puerto de la Música que esconde una maravilla, un teatro cubierto, con capacidad para 2.500 personas sentadas en plateas, con una suerte de gran ventanal para que miren y disfruten cerca de 30.000 personas desde una plaza central en el exterior, cuando se abra una de las paredes traseras del escenario.

Debajo del auditorio se construirá una escuela de música, pública y gratuita, como corresponde a un Estado que entiende a la música como un hecho creativo integrador, pero que además alentará el crecimiento de las industrias culturales de la región; que estimulará la interdisciplina artística. Un segundo edificio contará con auditorios para las muestras de los alumnos, salas de exposiciones y restaurantes. En el recinto, de seis hectáreas, habrá también un pequeño edificio, en la entrada, con oficinas administrativas.

* Dijo el maestro: "Al proyectar este teatro para Rosario, mi preocupación fue mantener dos soluciones arquitectónicas que vengo adoptando cuando se trata de un teatro. Primero, garantizar que el espectáculo no se limite sólo a los que están en la platea, sino que también alcance a los de afuera, veinte o treinta mil personas, pudiendo participar del mismo. Solución que debí haber adoptado mucho antes, garantizando al teatro otra importancia. La otra solución, que no me canso de repetir en todos mis proyectos, consiste en llevar al espectador directamente al foyer y a la sala de espectáculos, lo que evita obligarlo a una circulación más larga e innecesaria. El espectáculo no va a estar limitado a la platea, una multitud de personas podrá verlo desde afuera. Entonces será una función más humana, más inteligente. Más público, más personas van a poder participar. Los que estén afuera, detrás del escenario, verán el espectáculo. La idea es que la arquitectura, dentro de lo posible, llegue al pueblo".

* La primera vez que escuché hablar de él fue en los pasillos de una radio efeéme. Las voces eran laudatorias.

Ese tipo es un peso pesado, es el dueño de Terminal 6 explicó con cierta exageración el operador de turno de la radio, pero que objetivamente daba un dato clave: el hombre era parte clave del pool sojero que ya contaba con su puerto privado en el Gran Rosario.

Pablo Ferrés -el supuesto benefactor de aquella radio que ya no existe fue noticia luego de que una cronista de este diario le arrancara una confesión impactante: aunque llegó al directorio del Enapro como hombre del gobierno socialista, seguía pensando como un empresario de los grandes grupos económicos. Ferrés llegó al ente portuario a través del número dos del gobierno, Antonio Bonfatti, y hasta ahora nada hace suponer que deje el cargo. "El Puerto de la Música para Rosario es el equivalente a los tres hospitales de alta complejidad que estamos haciendo para cada uno de los Nodos, es como una especie de regalo de la provincia a la ciudad", dijo Bonfatti.

La ministra de Innovación y Cultura, Chiqui González suele decir cosas más sensatas: "El lugar está destinado a convertirse en un símbolo: la música es una de las grandes bases de nuestra cultura". Y que el vicepresidente de la Fundación Puerto de la Música, sea el secretario de Cultura de la provincia, Marcelo Romeu -un apasionado de la música con el que da gusto hablar con o sin traje de funcionario-, es una garantía sobre el porvenir del proyecto.

* Otros conceptos de gente que tiene una mirada interesante:

"He tomado conocimiento de la decisión de vuestro Gobierno de construir, en la ciudad de Rosario, el Puerto de la Música. Permítame, con estas breves líneas, expresar mi satisfacción y soporte a tamaña iniciativa que, descuento, engalanará a la ciudad de Rosario, enorgullecerá a la Provincia de Santa Fe y será representativa del acervo cultural de la República Argentina. Conozco esbozos del proyecto del insigne arquitecto Niemeyer. La integración de Auditorio, Plaza y Escuelas expresan por sí una concepción de la Cultura. Incluir la Cultura junto a las demás necesidades que, sin duda, tiene la sociedad, compone el permanente camino de la construcción democrática y la grandeza de los pueblos. Reciba la provincia de Santa Fe, mis mejores augurios para tal trascendente obra". Daniel Barenboim.

"Pensar la música en este país es pensar la historia misma cultural y política. De modo que hacer un edificio público, nada más y nada menos que diseñado por Oscar Niemeyer, que es uno de los arquitectos más importantes de Latinoamérica, sino el más importante, me parece absolutamente auspicioso. Me hace feliz que se llame a este lugar Puerto de la Música, que sea a la vera del gran río Paraná, y que sea un lugar público, que entren muchas personas para ver, escuchar, discutir y estudiar lo que nos merecemos los argentinos, que es nuestra propia historia cultural y en este caso musical". Liliana Herrero.

* En 2012 habrá otro Bicentenario para celebrar: la creación de la Bandera de Manuel Belgrano. Por entonces, Hermes Binner no será gobernador de Santa Fe. Pero su sucesor debería reservarle un lugar de privilegio en el palco oficial, capaz que por entonces el Puerto de la Música, el sueño de muchos, la obra cultural que proyectará nacional e internacionalmente a Rosario, comience a sonar a pesar de los hombres mediocres.

hvargas@pagina12.com.ar


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/22-24293-2010-07-04.html

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Al Alto Rosario dice la mujer, mientras se acomoda en el asiento trasero. Su marido, a su lado, mira por la ventanilla las marquesinas de avenida Pellegrini.

¿Vio eso? ¡El tipo vende banderas argentinas con una camiseta inglesa! señala el taxista al pasajero que acaba de salir de la abstracción urbana para detenerse en la cara del taxista, que lo mira por el retrovisor como esperando cierto consenso. Pero no hay respuesta. El hombre es indiferente. Parece resignado a sobrellevar un viaje largo.

Pellegrini es el santuario de las camisetas truchas argentinas, cuyos precios suben a la medida que la selección de Maradona sigue en el Mundial de Sudáfrica. El taxista vuelve a quejarse: Quise comprar una camisetita de Messi para mi nietita, 40 pesos me querían cobrar, están locos. ¿Sabe una cosa, yo no quiero que la Argentina gane el mundial?

¿Por qué? pregunta el pasajero.

¡Porque van a tapar cosas como en el '78! dispara el tachero.

No es lo mismo dice el hombre perdiendo levemente la compostura.

¿Ah, no? provoca el tachero.

¡En el `78, señor, había una dictadura y hoy estamos en democracia! - dice el hombre levantando la voz. Su esposa, que lo conoce, le toca con la mano su rodilla izquierda; es el pedido gestual de compostura antes de la tempestad.

¿No me va a decir que usted no sabe que este gobierno oculta cosas? pregunta el tachero como si fuera un politólogo de la oposición más berreta. Y da un ejemplo: "El aumento de la nafta".

El pasajero reprime reírse y no sabe si terminará bajándose del taxi antes del final de su recorrido o llamarse a silencio.

Pero el tachero tiene ganas de hablar: Hay que darle palos a los chorros, no se puede vivir más así.

Es el típico pensamiento tachero: mano dura y Radio 10 ironiza en voz alta el hombre dirigiendo su mirada a su mujer.

Yo no soy tachero... soy taxista aclara. ¿Usted sabe qué escucho?

-...

Prende la radio. Lo que suena es FM Cristal.

Usted está equivocado... yo no pido mano dura ¿Con lo que me pasó? Deja el interrogante abierto. El pasajero ya está harto de la conversación. Pero la curiosidad lo lleva a preguntarle: ¿Qué le pasó?

Tengo un hermano desaparecido, era más chico que yo. Estudiaba en la Facultad de Letras, esa que está por calle Entre Ríos, me entregaron el cuerpo hecho un colador, lo mataron en pleno centro, era del ERP, vivíamos en calle Biedma, al oeste, ¿conoce por allí?, sabe lo que era ser el hermano de un "terro" en esa época, ni amigos tenía, solo uno, los otros no se querían juntar conmigo, esa cruz la cargo aún en mi espalda, mire si yo voy a querer la mano dura...

Su monólogo se interrumpe porque el viaje llega a su fin. El taxista estaciona frente al ingreso principal del shopping, por calle Junín. La pareja baja del auto, cruza miradas e ingresa, en silencio, al centro comercial.

hvargas@pagina12.com.ar


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/22-24194-2010-06-27.html