A pocas horas de concluidas las elecciones del 28 de junio, las y los porteños fuimos sorprendidos por un video que circuló a través de Internet.
En él, el jefe de Gobierno porteño vertía opiniones negativas sobre ciertas “ínfulas” que parecía tener su aliado, Francisco de Narváez, a la
hora de gastar el presupuesto del que Unión-Pro disponía para la campaña electoral (abultado ciertamente, según puede presumirse acorde a los
numerosos y largos spots publicitarios en distintos formatos de los medios de comunicación).
Sin saber, aparentemente, que lo estaban filmando, Mauricio Macri siguió explayándose, hasta que finalmente halló la ocurrencia que le regresaría
el buen humor antes de que la cámara volviera a encenderse. Y así “bromeó” con las “bondades” laborales que prostíbulos y tintorerías podían
generar en Constitución. Pero la broma, de chiste tiene poco y de perversión, bastante. Porque es perverso que quien ha insistido hasta el
cansancio con que “va a estar bueno Buenos Aires”, que con su política “se viene el cambio” y que había que votar a Gabriela Michetti para seguir
“haciendo Buenos Aires”, se mofe de una realidad donde la miseria, la trata de personas, el tráfico de drogas y otros delitos están a la orden
del día. No debiera pasarle inadvertido a un hombre versado en los negocios pero que ocupa una función pública, que los prostíbulos, aunque dejen
muy buenas ganancias, son ilegales. Es posible que sepa también que la tintorería no es un rubro despreciable. Al menos, eso puede concluirse si
se tiene en cuenta el interés de la hermana de la ex vicejefa de gobierno quien, según los tintoreros, estaría pretendiendo ampliar los alcances
de la cadena 5 á Sec a expensas de ellos. Y ellos creen que para eso, contaría con cierta colaboración del Gobierno de la Ciudad.
Pero para Macri, las personas más desprotegidas y empobrecidas, las que pueden sucumbir ante las redes de trata que se articulan en los
prostíbulos que él no está dispuesto a cerrar y que tanta gracia le causan, no importan demasiado. Las personas sin techo, sin trabajo, que se
ven obligadas a dormir en las plazas, entre cartones, a la vera de la vía del ferrocarril, no son objeto de otra política que no sea la de la
burla, en el mejor de los casos, o la del feroz atropello, en el peor. Como ejemplo vale recordar que su administración, porque decirle
“gobierno” me parece demasiado, ha implementado una forma de recuperación del espacio público basada en el uso de la fuerza más descarnada. Así,
grupos de choque bajo sus órdenes “liberan” plazas, calles y propiedades de dominio público por medio de la brutalidad más descarnada. Fui
testigo de esa “metodología” en febrero de 2008, cuando ordenó el primer desalojo público de cartoneros que estaban viviendo entre la calle La
Pampa y la vía. La violencia ejercida por las fuerzas de seguridad contra ellos fue atroz y pude ver cómo una mujer, por ejemplo, era arrastrada
de sus cabellos por un policía durante una cuadra y media. En esa ocasión, Macri deslindó su responsabilidad en los acontecimientos diciendo que
la policía actuante, la Federal, no respondía a él sino al gobierno nacional.
Poco tiempo después, en el marco de preservación del espacio y obviamente no de las personas, el jefe de gobierno dictó el Decreto Nº 1232/08,
mediante el cual creaba la UCEP (Unidad de Control del Espacio Público), una fuerza especial cuyas funciones son, según explicita el anexo 2/13
del decreto, “mantener el espacio público libre de usurpadores por vía de la persuasión y la difusión de la normativa vigente y las sanciones
correspondientes; colaborar operativamente en mantener el orden en el espacio público”, entre otras.
Desde su creación, esta unidad operativa, o grupo de tareas del macrismo, o nueva fuerza de choque de la democracia macrista, o como quiera
llamársela, ha sido severamente cuestionada por sus acciones a partir de las denuncias efectuadas ante la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de
Buenos Aires, por personas que fueron violentamente desalojadas de la vía pública y de las plazas (actuaciones: 5946/08, 5955/08 y 6179/08).
Incluso, esto ha motivado la presentación de una denuncia penal radicada en la Fiscalía de Instrucción N 26 y que quedó caratulada “Macri,
Mauricio y otros sobre amenazas con armas o anónimas” (N 3241).
Pero contemporáneamente con la acción de esta brigada de cobardes, cuya metodología copia la ya implementada por los grupos de tareas del
Terrorismo de Estado, el gobierno porteño desactiva programas de asistencia social tales como “Ciudadanía Porteña” y no toma ninguna medida
pertinente para afrontar una de las crisis mundiales más severas que se hayan registrado en la historia del capitalismo.
Claro que entre chiste y chiste, por ahí Macri no cuenta con tiempo para dejar de vulnerar los derechos de las personas que habitan y transitan
por esta ciudad. O quizá existe tanta coherencia entre su imaginación para las bromas y sus decisiones en serio, que sólo así se entienda que
haya nombrado al frente de la nueva policía de la Ciudad a Jorge “El Fino” Palacios, un ex comisario sospechado en la causa de la AMIA por
encubrimiento, acusado en una causa por los asesinatos producidos el 19 y 20 de diciembre de 2001 por la represión policial, y por haber
mantenido una comunicación telefónica con un integrante de la banda que secuestró a Axel Blumberg, entre otras cosas.
Pero todo esto, que no es poco, no es lo más irritante. Esa mezcla de burla y cinismo frente al sufrimiento por parte de alguien que tiene una
responsabilidad como la de ejercer la Jefatura del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires es realmente sobrecogedora. Quienes ocupan cargos
públicos de responsabilidad no deben sólo tener cabeza, que no parece ser la característica de Macri. Nunca deben perder el corazón.
* Diputada nacional de la Coalición Cívica.