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Vaya uno a saber cuál es el criterio –si es que tienen algún criterio que no sea el de sus cuentas bancarias o el de los sillones cercanos a las decisiones– con que se manejan los cráneos burocráticos del fútbol mundial como para elegir a los mejores futbolistas del mundo de una temporada.

Sin embargo, la tríada de mejores de 2010 –Lionel Messi, Andrés Iniesta, Xavi– no puede menos que ser respaldada por quienes de verdad creemos que no todo está perdido, por lo menos si el mensaje futbolero de Barcelona tiene poder residual.

Cuatro años atrás, el elegido fue el olvidable marcador central –que generalmente marca al revés– Fabio Cannavaro, del no menos olvidable seleccionado italiano ganador del Mundial de 2006. Por estas cuestiones uno no puede menos que preguntarse cuáles son los criterios. Si lo que prima es el resultadismo o el paladar, aunque España haya sido el campeón de 2010. Pero Messi no lo fue y tampoco marcó goles en Sudáfrica. Quizás haya llegado el momento en que se valoren otras cosas y no sólo “ganar”.

De todos modos, es tan justo que Messi haya sido elegido como el mejor como injusto que no lo hayan sido Iniesta y Xavi. Igualmente, lo que en 2010 nos entregaron para el disfrute los tres, más sus “cómplices” del mejor equipo que uno recuerda, quedará para siempre.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/deportes/subnotas/160209-51375-2011-01-11.html

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Don Arturo Jauretche “rebautizó” la tropelía como “estatuto legal del coloniaje”. Se trataba del mal llamado pacto –uno supone que pacto es un acuerdo razonablemente favorable para las partes firmantes– Roca-Runciman, que como típico negociado del régimen durante la Década Infame, entregaba a la Argentina como rehén en las cuestiones vinculadas a las exportaciones de carne al Imperio de su muy poco graciosa majestad británica. De paso y aprovechando la volada, el queridísimo Osvaldo Bayer, bien podría gestionar algo respecto del pueblo santafesino llamado Runciman, homónimo de una de las calles de Venado Tuerto que también lleva el nombre del “socio” de Roca (hijo) en el estatuto de marras.

Y no otra cosa que una continuidad del colonialismo cultural son algunas cuestiones vinculadas a la organización del fútbol. Desde el ridículamente denominado Torneo Clausura que se está jugando a principios de temporada y por consiguiente el Apertura que comienza promediando nuestro invierno, hasta la empecinada desnaturalización del juego que se hizo patente el lunes por la noche desde casi el comienzo del segundo tiempo entre Argentinos Juniors y Newell’s.

Si en Europa se juega con nieve es simple y perogrullescamente porque en Europa se juega con nieve, lo que no autoriza a que en nuestro hemisferio, con otros climas, deba disputarse en condiciones absurdamente desnaturalizadoras para el juego, como los por lo menos diez o doce minutos que prolongó innecesariamente el referí Favale la decisión de interrumpir el partido.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/deportes/8-140492-2010-02-18.html

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“Está probado que el presidente de Banfield Florencio Sola aceptó entregar dos mil pesos para sobornar al jugador Sebastián Gualco (arquero de Ferro), decisión que –según su declaración– adoptó para salvar a su club de la difícil situación en que se hallaba. El mencionado dirigente entregó a Mario Fortunato 500 pesos antes del partido Banfield-Ferro para que éstos perdieran. Los jugadores Carrera (Lanús) y Pícaro (Ferro) aceptaron haber cobrado también 500 pesos. El agente sobornador Tarasconi, ex jugador de Boca, y el periodista Oscar Traba reconocieron haber intervenido...”.

Tal la transcripción textual del dictamen del Tribunal de Penas de la AFA que aparece en la página 93 del libro de Alejandro Fabbri Historias negras del fútbol argentino, que paradójicamente –o no– fue presentado en la Feria del Libro, por, entre otros, “el relator del régimen” Marcelo Araujo, conspicuo y entusiasta reivindicador de varias “historias negras del fútbol argentino”, como la del bidón que descompuso al brasileño Branco en el Mundial de 1990, gracias a los “oficios” del cuerpo técnico de la Selección Argentina a cargo de Carlos Salvador Bilardo.

La investigación de Fabbri continúa respecto de Sola. Se decidió suspender a Banfield por quince fechas del campeonato de Primera División. A Florencio Sola se lo inhabilitó de manera definitiva “por falta de ética deportiva para ser socio o dirigente de cualquier club afiliado a la AFA”.

El 2009 fue el año de los títulos para Vélez y Banfield, aunque el mejor fútbol por goleada haya sido el Huracán del primer semestre. El estadio de Vélez se llama José Amalfitani en recuerdo al histórico presidente del primer título. Aquel del escandaloso penal de Gallo en el partido contra River y dirigido por Guillermo Nimo que sospechosamente se vanagloriaba por aquel episodio. El estadio de Banfield se llama Florencio Sola en homenaje a un reconocido sobornador.

Por estos días es habitual que se nombre los estadios bautizados con los nombres de algunos personajes por vaya a saber quién o quiénes. El propio “relator del régimen” fue fugazmente responsable de ponerle a la cancha de San Lorenzo el nombre de un actual imputado por la Justicia por cuestiones vinculadas con el fútbol: Francisco Fernando Miele.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/deportes/8-138460-2010-01-14.html

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Los escándalos generalizados entre futbolistas infantiles y preadolescentes de River, Boca, Vélez e Instituto de Córdoba fueron noticias solamente durante un par de horas. Quizá porque estos episodios sí, y de verdad, se encuadran dentro de lo que es la “violencia en el fútbol”, a diferencia de “otras” violencias, que el reduccionismo de los simplificadores le quieren atribuir al fútbol-juego y que tienen que ver prácticamente siempre con otras cuestiones.

Las causas aparentes de estos dislates tienen que ver con los resultados. De manera directa o indirecta. Y si de esto realmente se trata, los responsables fundamentales del desparramo de disvalores son los de siempre. Aquellos que pregonan desde los púlpitos más diversos la imperiosa obligación de ganar a ultranza. Son los propaladores de los apotegmas bilardianos, emparentados con aquella históricamente obscena letanía respecto del deseo de que se caiga el avión si quedamos afuera en la primera rueda, surgida luego de la derrota ante Camerún en el debut del Mundial Italia ‘90.

Los chiquilines de los escándalos futbolísticos, probablemente, se mofen de la cantidad de “no ganadores” –segundos, terceros y ausentes de los podios también– que durante una semana y hasta el domingo festejaron, aún sin ser los campeones, en el certamen mundial de atletismo de Berlín.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/deportes/8-130541-2009-08-25.html