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  CAZABA AFGANOS POR DEPORTE


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Sonreía inclinado sobre el cuerpo del muchacho y con una mano le torcía la cara ensangrentada hacia la cámara. El cabo Jeremy Morlock se llevaba así su trofeo de cacería, un civil afgano inocente, como solía llevarse los de los alces que cazaba en su pago de Alaska. Las fotos de este militar de 23 años tratando a un ser humano como un animal fueron publicadas la semana pasada por la revista alemana Der Spiegel. Hasta el ejército de Estados Unidos, una institución poco dada a las disculpas, dijo que las imágenes eran “repugnantes”.

Anteanoche, Morlock fue condenado a 24 años de prisión por un tribunal militar en la base Lewis-McChord, cerca de Seattle, en el estado de Washington. El cabo se había declarado culpable de ser el líder de un “pelotón de ejecución” de soldados rasos que mataron a tres civiles al azar, por deporte, durante sus doce meses de servicio en la provincia de Kandahar entre 2009 y 2010. Morlock no fue condenado a muerte o prisión perpetua porque aceptó declarar contra sus camaradas “deportivos”, con lo que tal vez pueda salir bajo palabra pasados los treinta años de edad.

Este caso, que ya es llamado “el Abu Ghraib afgano”, promete dejar muchas preguntas sin responder: ¿sabían sus superiores del deporte que practicaban los soldados? ¿se fijaban siquiera en la salud mental de los hombres a su mando? ¿no serán los acusados apenas la punta de un iceberg mucho mayor? Lo que se sabe de Morlock no ayuda a calmar estas preocupaciones.

Tercero de ocho hijos de una familia de clase obrera de la minoría indígena Athabaska, Morlock nació en Wasilla, Alaska. En la secundaria jugó al hockey sobre hielo con su amigo Track Palin, en el equipo que entrenaba su madre, la ahora famosa ex gobernadora Sarah Palin. En 2006 se graduó y se unió al ejército, que lo envió a la Quinta Brigada de Ataque de la Segunda División de Infantería. Durante su entrenamiento, Morlock reportó episodios de depresión agravados por la inesperada muerte de su padre, que se ahogó en 2007.

A mediados de 2009, Morlock llegó en rotación al sur de Afganistán, por un año, y de inmediato se encontró bajo fuego. Participó en cuatro “contactos” con el enemigo y en tres de ellos sufrió concusiones. En una carta a su madre escribió que “hace apenas tres meses que llegué y ya no creo que alguna vez pueda hablar de las cosas que me están pasando”. En la misma carta, le confesaba que no podía dormir y se sentía “traumatizado”.

Morlock comenzó a fumar la marihuana que se cultiva en Kandahar y le recetaron diez medicaciones diferentes, incluyendo analgésicos, antidepresivos y pastillas para dormir. Tras su arresto, los médicos militares informaron que tenía síndrome post traumático, drogadependencia y desorden de personalidad. Ninguno de estos síntomas hizo que lo enviaran a retaguardia.

En sus interrogatorios, el cabo contó que comenzó a matar civiles desarmados junto a sus colegas después de la Navidad de 2009, según él con el apoyo de su sargento, Calvin Gibbs. Este suboficial, al parecer, tiene el hábito de cortarles los dedos a los enemigos que mata y dijo que había matado por deporte durante su rotación en Irak. “Si Gibbs supiera que les estoy contando esto, seguro que me hace mierda”, les dijo Morlock a los interrogadores en una entrevista que terminó en YouTube. Los abogados del sargento niegan furiosamente que esto sea cierto.

Los tres asesinatos por los que fue condenado Morlock ocurrieron en enero, febrero y mayo del año pasado. No se conocen todos los detalles, pero el acusado dijo que habían acomodado los cuerpos para que pareciera un enfrentamiento.

Lo que está quedando en claro es que la Quinta Brigada de Ataque tiene un problema. Su comandante, el coronel Harry Tunnell, fue súbitamente removido a mediados del año pasado y esta semana fue acusado en la corte marcial de conducir una brigada “disfuncional”. Un psicólogo de la defensa dijo que su cadena de mando “creó un ambiente propicio para estos crímenes”. Varios soldados dijeron que hablaron con sus superiores sobre problemas de abuso de autoridad y de uso de drogas, pero que fueron ignorados y, en un caso, golpeados para que se callen. Los familiares de un soldado que reveló en un mensaje colgado en Facebook que se estaba matando a civiles inocentes, contactó el comando de la brigada en Seattle pero jamás les contestaron.

Morlock fue arrestado en julio pasado y desde entonces está en soledad. Tuvo un hijo que todavía no conoce. En los interrogatorios previos a su juicio llamó la atención que nunca intentara culpar a las drogas o al stress por sus actos. “Perdí mi norte moral”, fue su explicación. Su madre lleva gastados 50.000 dólares en su defensa legal y le dijo a la prensa que su hijo fue condenado para tapar un problema mayor. “Creo que le ordenaron hacer lo que hizo”, dijo la mujer. “Creo que sus superiores están involucrados y ellos lo están pagando. Allá pasa de todo...”.

* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/4-164882-2011-03-25.html

  SOROS DONA CIEN MILLONES DE DOLARES


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Desde Los Angeles

Continuando con un hábito de toda la vida de poner dinero donde está su boca, George Soros anunció una donación de cien millones de dólares a Human Rights Watch, la organización que busca monitorear los abusos de poder y los lobbies de los gobiernos y empresas trasgresores. El millonario financiero –conocido como “el hombre que quebró el Banco de Inglaterra”– dijo que la donación era una de una serie que planeaba dar a los grupos de caridad y campañas liberales.

La donación pondrá al que fuera un pequeño grupo en la misma liga de organizaciones como Amnesty International. Los cien millones permitirán a Human Rights Watch agregar 120 miembros de personal a sus 300 y casi duplicar su presupuesto anual, lo que significa que podrá expandir operaciones en países como Sudáfrica, China e India.

El grupo con sede en Nueva York, fundado en 1978, dedica la mayor parte de sus recursos humanos a las investigaciones forenses sobre abusos de derechos humanos. Luego publica estos duros informes sobre la gente y las organizaciones que podrían ser responsables. Compartió el Premio Nobel de la Paz en 1997 por cofinanciar la campaña para prohibir la minas terrestres y recientemente publicó informes sobre la esclavitud de niños en las escuelas islámicas en Senegal y abuso de trabajadores en las granjas en Kazajstán, donde Philip Morris cultiva gran cantidad de tabaco.

En marzo, Libia liberó a 200 prisioneros políticos en respuesta a un informe de Human Rights Watch sobre su sistema judicial. El gobierno chino también cerró las llamadas “cárceles negras”, que fueron documentadas en una de las publicaciones del grupo anteriormente este año.

Soros, cuya fortuna está estimada en 14 mil millones de dólares, y está considerado el 35º hombre más rico del mundo, dijo que esperaba que la donación ayudara a restaurar lo que él llama la “perdida” reputación de Estados Unidos para exportar libertad y democracia. “Estados Unidos perdió el alto valor moral bajo la administración Bush”, dijo. “Hubo muchas violaciones a los derechos humanos cometidas por los estadounidenses. Y eso ha puesto en peligro la credibilidad, la legitimidad de los estadounidenses de estar en la vanguardia de los derechos humanos. Debemos reconocer los excesos que se cometieron en relación a la guerra contra Irak y corregirlos”, añadió.

Soros, que tiene 80 años, conoce de primera mano los abusos a los derechos humanos. Nació en una familia judía en Budapest y sobrevivió a la ocupación nazi de Hungría antes de emigrar inicialmente a Gran Bretaña y luego a Estados Unidos. Ahí hizo una gran fortuna, a través de inversiones y especulaciones con monedas.

Su donación a Human Rights Watch es de lejos la mayor que haya recibido el grupo y es el segundo aporte más grande de cualquier tipo hecho por un individuo este año. Soros dejó en claro ayer que en los próximos meses habrá anuncios de varias donaciones más.

* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Páginal12.

Traducción: Celita Doyhambéhère.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/4-152776-2010-09-08.html

  EL TERREMOTO DEJO A CIENTOS DE MILES DE NIñOS SIN PADRES NI FAMILIA

Algunas agencias calculan que son 300 mil, más otros tantos que ya había antes. Padecen hambre y todo tipo de padecimientos. Algunos están siendo entregados a extranjeros. Y hay polémica por el descontrol en las adopciones.

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Desde Puerto Príncipe, Haití

Su nombre es Wideline Fils Amie. Tiene nueve años. Sus padres murieron y su única posesión es el vestido escocés rojo sobre su espalda. Durante la semana pasada estuvo viviendo y durmiendo en el patio trasero indescriptiblemente sucio del orfanato Foyer de Sion, en Pétionville. Cuando se le pregunta cómo se siente, Wideline murmura dos palabras a través de sus dientes rotos: “hambrienta” y con “miedo”.

Dieciocho chicos y chicas, de dos a 15 años, están en un edificio ruinoso de dos pisos en las colinas a la salida de Puerto Príncipe. Sus reservas de comida consisten en tres bolsas de arroz, tres bolsas de porotos, unas batatas y media botella de jugo de naranja. Una semana después del terremoto que dejó a su ciudad en ruinas, el orfanato no había recibido asistencia alguna.

“No sé por qué”, dice Pascale Mardy, la gerenta. “No nos queda casi nada. Cuando ocurrió el terremoto, tenía 100 dólares en mi bolsillo para comprar comida. Ahora gasté hasta el último dólar, de manera que estamos reducidos a una comida diaria. Estamos en problemas.”

Es la misma historia en todo Puerto Príncipe, donde la asistencia disfuncional está entrando lentamente en acción. Grandes reservas de suministros están varadas en la pista de aterrizaje del aeropuerto. Los buques de carga están anclados en el mar, incapaces de llegar al dañado puerto. El número de muertos en Haití se estimaba ayer en 200.000. La capital ya no tiene pilas de muertos en las calles. Pero se pueden oler los cadáveres debajo de los escombros. Casi todos los que uno conoce perdieron su hogar y varios parientes. La escala de sufrimiento es tan masiva que los sentimientos se petrifican.

Wideline creció con pérdidas, pero el terremoto convirtió una mala situación en una peor. Nunca conoció a su padre. Su madre murió cuando tenía seis años y vivió en el orfanato desde entonces. Cuando sucedió el terremoto, estaba jugando con amigos en la escuela. Ahora se siente profundamente traumatizada. “Algunos chicos salieron corriendo, pero yo me quedé adentro. Vi cómo se lastimaban mucho”, murmura. “Ahora tengo miedo de quedarme en Haití. Hay mucha, mucha gente muerta; están sucediendo cosas feas. También tengo miedo de morirme.” ¿Perdió muchos amigos? “Muchos”, contesta.

El estado de Foyer de Sion debe verse para creerse. Una mezcla de barro y heces cubren el suelo. No hay electricidad. Los niños, generalmente ocho por habitación, tienen mucho miedo de entrar en el edificio, en caso de nuevos movimientos, de manera que estuvieron durmiendo en colchones en el patio de afuera. Los inodoros no tienen agua desde hace una semana. Su única comida diaria proviene de un caldo de arroz y porotos y una pequeña ración de vegetales. En ausencia de agua potable, se vieron obligados a beber el agua de un río sucio.

Los 28 niños de Mardy sobrevivieron al terremoto. Desde entonces, muchos más niños huérfanos llegaron a su puerta. Haití tenía el asombroso número de 380.000 huérfanos antes del desastre, de una población de 9 millones. Ahora la cifra puede ser el doble o más. Alguna agencias de ayuda reconocen que la isla pronto puede tener hasta un millón de niños de los cuales ocuparse. Pero como muchas otras instituciones, Foyer de Sion no puede recibir a más. Mardy dice que no puede disponer de su reserva de alimentos.

El trauma psicológico es aún más preocupante, dice Mardy. “No quieren entrar en la casa. No quieren ir arriba. Tienen que tener a alguien acostado a su lado para poder dormirse, y me siguen por todos lados y me toman de la mano todo el tiempo. No tienen juguetes aquí, pero para ser honestos tampoco quieren jugar, porque tienen demasiados problemas.”

Una avalancha de agencias de adopción en Puerto Príncipe, esperando alzar a los huérfanos y llevarlos a nuevas vidas, podría ayudar a descomprimir la situación. Un avión lleno se dirigió ayer a Holanda y otro ya salió para Pennsylvania, y provocó temores de que padres sin hijos puedan adoptar sin pasar por la burocracia normal. Ayer a la mañana, un ómnibus de la iglesia mormona de Salt Lake City llegó a las puertas de Foyer de Sion y se llevó un montón de niños. “Diez chicos se fueron a Utah esta mañana”, dice Mardy. “La papelería no estaba en orden pero se les permitió ir y la embajada de Estados Unidos les permitió entrar sin visa.”

“Ya estaban en proceso de ser adoptados antes del terremoto y los padres adoptivos en Estados Unidos los habían elegido por fotos, pero cuando antes hubiéramos tardado dos a tres años para arreglar los papeles de adopción, ahora salen volando.”

Es difícil pensar en cómo esos niños no tendrán una vida mejor que la que soportan ahora. Pero las agencias de protección infantil ya criticaron el apuro para exportar huérfanos, argumentando que la falta de procedimientos adecuados abre la puerta al fraude, al abuso y al tráfico de niños. También es desgarrador ver cómo el proceso de adopción divide a ganadores y perdedores. Wideline no tiene padres adoptivos todavía, pero a la edad de nueve años tiene muchas chances de ser adoptada. Milaine Pomelus, una chica de 15 años a su lado, tiene menos esperanzas. “Mo me quiero quedar aquí porque tengo miedo. No tengo miedo sólo del terremoto. También tengo miedo de la cárcel porque está rota y pienso que alguien vendrá a matarnos. Cosas malas están sucediendo en Haití.”

Niños que recientemente quedaron huérfanos están siendo entregados para adopción en la iglesia mormona de Pétionville. El obispo Harry Mardy Mitchell ya tiene alrededor de 700 personas en su patio trasero y llegan a 1000 a la noche. Entre 20 y 30 son huérfanos. Wyclef y Evry tienen dos años, y deben partir la semana que viene. “No han tomado leche en días, y están viviendo de galletitas. Se irán a Estados Unidos y se convertirán en estadounidenses. Esto es bueno porque podemos encontrarles padres que los alimenten y los cuiden y les den una buena educación que no podrían recibir de otro modo.”

El éxodo de huérfanos también está aumentando la presión en el aeropuerto de Haití. La CNN informó ayer que el gobernador de Pennsylvania, Ed Rendell, pudo aterrizar un jet charteado para llevar a docenas de niños a Estados Unidos. Previamente estaban en el orfanato Bresna, que está dirigido por dos mujeres del área de Pittsburgh. El avión de Rendel aterrizó el lunes, el día que Médicos Sin Fronteras denunció que otro avión de asistencia no pudo aterrizar en Puerto Príncipe.

* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12.

Traducción: Celita Doyhambéhère.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/subnotas/138814-44861-2010-01-21.html

  ESTIMAN QUE SON 140.000 LOS MUERTOS POR EL TERREMOTO EN HAITI. POR EL COLAPSO DEL AEROPUERTO, LA AYUDA NO LLEGA

Los cadáveres se apilan en las calles. Se pudren y el olor flota en el ambiente, como preludio de epidemias. Miles de personas viven en la calle, sin alimentos y sin agua. Apuran la distribución de ayuda para evitar un estallido.

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Desde Puerto Príncipe

Retorcidos, vestidos con trapos sucios o apilados, los muertos están tirados por las calles de la arruinada capital de Haití. Algunos no tienen nada que los cubra, están dejados a que se pudran al sol. Los trabajadores de la ciudad comenzaron ayer la truculenta tarea de levantarlos, usando los camiones de basura. La gente compara a Puerto Príncipe con una escena de Armageddon, pero en realidad eso no le hace justicia a la escala de horror de sus calles. Cuando uno finalmente se acostumbra al olor a carne podrida y aguas servidas, o a las multitudes cubiertas de polvo que deambulan por los pavimentos en busca de agua o comida, otra terrible visión surgirá de los escombros.

El número de muertos del mayor terremoto que asoló la región en 200 años ya es de 40.000 pero, según el gobierno, son al menos 100.000 los desaparecidos, por lo que la cifra de víctimas podría superar las 140.000 personas. Una metrópolis de dos millones de personas se deshizo en pedazos. No funcionan la electricidad ni el agua ni las cloacas y la infraestructura está colapsada.

Frenéticos por conseguir ayuda, los sobrevivientes apilaban los cadáveres para crear vallas en los caminos, esperando shockear al mundo para que apure la reacción. El temor ahora es que la gente se enerve y se llegue a una crisis en la ley y el orden. “La situación en la ciudad es muy difícil y tensa”, dijo Salavat Mingliyev, jefe del equipo de búsqueda y rescate ruso.

Afuera del ahora arruinado palacio presidencial, en el centro de la ciudad, una multitud tensa de unas mil personas estaba reunida. Estaban parados detrás de un cordón de seguridad que los mantenía alejados de los camiones de la Cruz Roja, con los trabajadores con miedo de distribuir los suministros por temor a que se desatara un pandemónium. “Estoy furioso. Hemos estado aquí durante cuatro días y no hemos visto nada: ni comida ni agua ni carpas”, dijo Jean-Claude Hillaire. “Tengo tanta hambre. Y quiero saber por qué esta gente no recibe ayuda. ¿Por qué nada llega? No hemos recibido nada de Estados Unidos, nada de la comunidad internacional. Nos sentimos enojados y abandonados.”

“Veinte mil personas están durmiendo en esta plaza y nadie nos está ayudando. Estamos aullando por ayuda. Lo puedo llevar por este camino, durante el próximo kilómetro y medio al puerto, hay cientos de cuerpos tirados en la calle. El mundo necesita ver este sufrimiento, y ver esta muerte y decirles a sus líderes que algo debe hacerse para ayudar, ya.”

Con un gesto hacia la historia de Haití, como la primera nación esclava que logró la independencia, añadió: “Estoy especialmente enojado con Barack Obama. La gente de este país, Haití, fueron los primeros negros que se liberaron. Ahora necesitamos ayuda del primer presidente negro. No la necesitamos en cuatro, cinco o 20 días. La necesitamos hoy, ahora”.

El puerto de la ciudad, a un kilómetro y medio de distancia, está vacío de los barcos de asistencia prometidos por los líderes del mundo. Los caminos están atascados y en algunos lugares, intransitables. Los suministros de comida y agua están varados en el disfuncional aeropuerto en las afueras de la ciudad. “El aeropuerto es un caos”, dijo Mark Pearson, de la empresa de caridad británica Shelterbox, que ayer estaba esperando que aterrizaran los suministros. “En este momento la prioridad es todavía buscar y rescatar y luego la ayuda, de manera que obviamente hay frustración. La gente anda en busca de agua. Esa es la gran necesidad.”

Cada pedazo de parque, plaza o terreno en la ciudad está lleno de carpas precarias, a veces hechas de bolsas plásticas, donde esperan los sin hogar, con sus muertos y sus heridos, que llegue la ayuda. A pocos metros de ahí está el Champs de Mars. Ahí me encontré con Marie Cayo, una niña de tres años con una venda alrededor de su cabeza, y cuya madre, Souvenir, murió en el terremoto del martes. “Marie tuvo suerte”, dijo su primo Nicolas, quien es uno de los 20 parientes de Marie que duermen debajo de una pequeña lona. “Souvenir murió cuando la casa se desplomó sobre ellos. Porque Marie es pequeña, la gente la pudo sacar de entre los escombros. Llevamos el cuerpo de Souvenir al cementerio y la enterramos nosotros mismos en un cajón. Fue lo mejor que pudimos hacer.”

“Los cuerpos que no son reclamados son dejados en las esquinas o puestos en fila en los costados de las calles. En un callejón que va al centro de la ciudad conté 30 cadáveres en fila cubiertos con tela, pero más cerca del puerto, los muertos simplemente están apilados, montones de ellos. Las moscas les están comenzando a prestar atención, junto con los perros abandonados.”

“Hemos estado durmiendo en una plaza desde el martes”, dice Joseph Marc Antoine, con quien hablé en las calles que rodean el palacio. “No tenemos nada. Todavía puedo oír a la gente gritar en medio de los escombros, pero no podemos hacer nada. El olor a la gente muerta mezclada con la basura está en todos lados. Y no es bueno.”

Además, hay una creciente amenaza de enfermedades infecciosas como tifoidea o disentería. Mucha gente están usando pañuelos alrededor de sus rostros, y hay una creciente sensación de inseguridad. La mayor parte de Puerto Príncipe es un área de peligro después que oscurece, y hay rumores de que bandas armadas establecen bloqueos de calles para exigir dinero y suministros esenciales a cualquiera que intente pasar. El delito y el saqueo son algo común, en parte porque la cárcel de la ciudad colapsó, liberando a varios miles de internos, incluyendo a muchos miembros de bandas, pero también porque muchos sobrevivientes están desesperados por obtener comida o agua. Pequeñas bandas de jóvenes portando machetes fueron vistas en algunas áreas de la ciudad, presumiblemente en búsqueda de comida.

Unos 5000 efectivos estadounidenses llegaron ayer para distribuir ayuda y para evitar una explosión de disturbios entre los sobrevivientes desesperados. Robert Gates, el secretario de Defensa de Estados Unidos, dijo que su primera tarea será distribuir la ayuda tan pronto como sea posible “para que la gente, en su desesperación, no se vuelva violenta”. En medio de los temores por que se desaten disturbios, Barack Obama habló con el presidente haitiano, René Preval, durante 30 minutos ayer. Pero la crisis que confrontan ambos líderes ahora probablemente sea un tema: la pobreza. La secretaria de Estado de EE.UU., Hillary Clinton, llegará hoy al país, y mañana lo hará el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon.

Los suministros de los aviones están atascados en el aeropuerto de Haití. La pista de aterrizaje no tiene luces, de manera que sólo está abierta durante el día, y ahora está tan congestionada que montones de vuelos que llegan no pueden aterrizar.

En los próximos días, una crisis de refugiados puede afligir a Haití. Cuando uno se acerca a la capital por el camino desde la vecina República Dominicana, una gran nube de polvo se hace visible. Pronto resulta claro que proviene de los vehículos atestados, pegados unos a otros, obedeciendo el consejo del gobierno de dirigirse al campo.

Muchos está tratando de llegar al campo, que no fue tocado por el desastre. Muchos más se dirigen a la frontera con la República Dominicana, donde esperan llegar a hospitales que funcionen. Nadie sabe qué sucederá cuando lleguen ahí. O si alguna vez volverán.

* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12

Traducción: Celita Doyhambéhère.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-138587-2010-01-16.html