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  MEDIOS Y COMUNICACION

Carlos De Angelis ofrece su propia perspectiva sobre Bailando por un sueño concebido como un reality show y de qué manera estos programas contribuyen a la formación de la otra agenda de los medios.

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Se debate en la Argentina actual la capacidad de unos pocos medios de comunicación para imponer temas de discusión a la sociedad, en forma independiente de su relevancia política, económica o social. No obstante, las modalidades de construcción y funcionamiento de los mecanismos conocidos como “agenda setting” no suelen ser obvios ni sus resultados directos, dado que dependen de factores particulares en cada momento de la sociedad.

Desde la mirada de la recepción, si no se logra filtrar y decodificar la información producida por los medios masivos de comunicación que motorizan la agenda, quedan dos posibles caminos. Uno es incorporar acríticamente estos contenidos fusionándolo con la “realidad real”. El otro camino posible consiste en “cerrar la mente” como defensa a la sobresaturación de información. Parte de estos sectores finalmente son ganados por la apatía ciudadana y el desinterés por la res publica.

Sin embargo, existe otra agenda mediática, naturalizada e imperceptible que avanza sobre los hogares de millones de televidentes cada día. La referencia es al programa Bailando por un sueño y sus incidencias repetidas por cantidad de otras emisiones. Los datos de rating disponibles verifican que, por lejos, estos programas son los más vistos de la televisión argentina y las franquicias que retransmiten aspectos del concurso (rebote) también se llevan su tajada. En la magnitud de su audiencia encontraría su autolegitimación.

Dos posibles líneas de análisis coexistentes permiten intentar acercarse el fenómeno.

La primera, de superficie, se encuadra dentro de la tradicional “televisión del espectáculo”. Esta remite al rol histórico que se le ha asignado a la “caja boba”: escapismo de la realidad y entretenimiento. Aquí las motivaciones más habituales sobre por qué sintonizar este programa y similares se refieren a la necesidad de diversión para distenderse de las “amarguras de la vida”.

Se puede plantear una segunda lectura dentro del modelo de la “televisión de la realidad”, donde desaparece el modelo de relato anterior, para dar paso “a la realidad misma”. Ya no son actores, políticos o deportistas, sino simplemente gente exponiendo las diversas situaciones de su vida.

Aquí la relación con el espectador tiene mayores matices y se puede acceder a este entramado mediante el concepto de “interacción mediática”, acuñado por el sociólogo norteamericano John. B. Thompson. Lejos de una recepción pasiva, los sujetos forman una relación expresiva con este tipo de programas, a los que le dedican muchas horas de su vida. Esta interacción implica un modo de recepción de valores, y aprendizaje, pudiendo hasta internalizar estrategias de afrontamiento para las situaciones de la vida personal. En síntesis, mirar televisión colabora en la construcción de la realidad que los sujetos perciben.

Uno de los formatos que más claramente han desarrollado esta modalidad de interacción de los televidentes con el medio de comunicación son los llamados reality shows. Estos programas se basan en una idea sencilla: supone la reunión de un grupo de personas comunes sometida a una serie de pruebas de distintas características.

Dentro del mundo de los reality shows pueden identificarse diferentes subgéneros. En los reality shows, a diferencia de la televisión tradicional basada en un relato ficcional, la realidad es trasplantada al televisor. El corazón narrativo de los realities se basa en el esfuerzo, la autosuperación, la competencia despiadada, el triunfo y la fama a cualquier precio. Valores propios de la era de la globalización neoliberal.

De este modo, quienes participan en los realities presentan sin tapujos sus vidas privadas, expresando mediante una guionada emotividad, confesiones, reconciliaciones, rupturas, renuncias, peleas, llantos, etc. “La intimidad como espectáculo” como bien explica la antropóloga argentina Paula Sibilia.

El vernáculo Bailando por un sueño cumple en parte con aquellos requisitos, pues la motivación central del envío pone el foco en los “escándalos” privados de sus protagonistas. El formato original del programa tiene el sello transnacional, dado que fue desarrollado por la BBC, bajo el nombre de Strictly Come Dancing y vendido a más de cincuenta países de todo el mundo. Para América latina fue adaptado por Televisa de México, que lo licencia a la Argentina.

En el caso argentino, se han realizado modificaciones sucesivas a la estructura narrativa del programa conforme la captura de audiencia. Pero no pierde el espíritu del reality, pues, con la bandera del entretenimiento, cumple con la tarea de transmitir valores en forma subrepticia, apuntando a la emotividad de los millones de personas que lo siguen día a día, se identifican, sufren con las peripecias de los participantes y analizan con detalle sus estrategias y discursividades (y gastan dinero votando).

A diferencia de la agenda mediática de raíz informativa que “invita” a los ciudadanos a pensar e interesarse en determinados temas, la “agenda de la realidad” invita “a la gente” a compartir una versión del mundo, discutible desde muchos puntos de vista, pero una versión que tiene cada día más adeptos.

* Sociólogo y docente de la UBA.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/laventana/26-154406-2010-10-06.html

  MEDIOS Y COMUNICACION

Carlos De Angelis reflexiona sobre los medios y su capacidad de instalar temas de agenda, y sostiene que el campo de la información, que ha sido siempre un territorio de batalla, presenta ahora nuevos mecanismos y modalidades.

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Ciertamente se discute el tema del rol de los medios de comunicación y en particular su capacidad de “marcar la agenda”, es decir su potencial para imponer temas a la opinión pública independientemente de su relevancia social, económica o política.

Tradicionalmente, se ha adjudicado y se sigue adjudicando esta “habilidad” a la prensa escrita, particularmente a los llamados “medios de referencia”. En virtud de las propias rutinas de trabajo de muchos medios de comunicación, se suelen capturar los titulares y contenidos de estos diarios papel y de esta forma son replicados por buena parte del resto de los soportes audiovisuales, radio y televisión y aun Internet. Es decir, cualquier titular de portada de estos periódicos resulta multiplicado infinidad de veces por los demás medios, traduciéndose en una presencia ubicua para los receptores, más allá de sus propios lectores.

La cuestión sobre la capacidad de generar agenda por parte de los medios no es novedosa, ni exclusiva de la Argentina. El término “Agenda Setting” fue acuñado en 1972 por los investigadores norteamericanos Maxwell E. McCombs y Donald Shaw, durante una investigación realizada en una pequeña ciudad de los Estados Unidos con motivo de las elecciones presidenciales en 1968, elección que ganara Richard Nixon. En aquel estudio, los académicos analizaron comportamientos y opiniones de cien indecisos, concluyendo que sus preocupaciones sobre los principales problemas del país (issues) coincidían con los planteados por los periódicos. El corolario fue que los medios no imponen cómo pensar, sino en qué pensar.

Desde aquel año se han realizado en todo el mundo cientos de estudios con la finalidad de poner a prueba esta teoría con resultados contradictorios, algunos muy alejados de aquellas proposiciones. Evidentemente, no se puede considerar una relación lineal y mecánica de los medios como constructores de las creencias en la ciudadanía urbi et orbi. Diversos factores, como los valores culturales de la población, los niveles de politización o coyunturas particulares modifican la interpretación por parte de la sociedad de las noticias y opiniones surgidas de los medios.

¿Cuál es la situación en la Argentina? No se puede negar la importancia de la prensa escrita en nuestro país a lo largo de su historia, desde la independencia hasta nuestros días. La propia historia de los medios ha mostrado una variedad de estilos, y pluralidad de posiciones desde la prensa partidista de fines de siglo diecinueve hasta el periodismo de investigación de los noventa, pasando por un sinnúmero de experiencias, algunas exitosas y otras fallidas, que hoy día son objeto de análisis de historiadores y especialistas.

Sin embargo, algo ha cambiado en la actualidad. La mutación de algunos medios en corporaciones empresarias multimedia transforma la lógica intrínseca del periodismo en su rol de productor de información, así como también modifica la profesión periodística, presionada por la creciente necesidad de construir noticias en modalidad “multiplataforma”, es decir que puedan reproducirse para los distintos soportes en forma simultánea. Así, la integración de redacciones implica multiplicar las noticias para también informar en tiempo real, característica fundamental de la prensa on-line. Ya el “rebote” no es inter-medios, sino dentro de los propios multimedios.

También se debe considerar que los modelos corporativos, como se pueden evidenciar tanto en la Argentina como a nivel mundial, implican una lógica de negocios que se asemejan a otras ramas de la industria y servicios. Estos modelos incorporan participaciones en los paquetes accionarios de las corporaciones de medios desde mundos ajenos a la actividad periodística, como, por ejemplo, desde el mundo de las finanzas. Estos cambios sin duda imponen en el mediano plazo modificaciones en las modalidades de cobertura de las noticias. Uno de los efectos que ya parecen evidenciarse y que deben ser objeto de minuciosos análisis es una creciente tendencia a la homogeneización de las visiones dentro de las empresas multimedia y aun entre las diversas empresas mediáticas.

Desde el lado de los receptores, la despolitización creciente y apatía ciudadana parecieran allanar ciertos caminos para lograr una rápida transformación del estado de la opinión pública, para que la agenda mediática sea convertida en genuina agenda pública, es decir, en preocupaciones ciudadanas. Sin embargo, en casos puntuales como la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, estas hipótesis no se han podido sostener.

Por otra parte, sí se ha podido constatar que, por ejemplo, en períodos electorales algunas posturas forzadas por parte de algunos medios han minado su credibilidad ante la misma opinión pública sobre la que se pretende influir, logrando exactamente el efecto contrario al buscado, horadando algunos de sus principales activos intangibles, como les gusta decir a los expertos en marketing.

En contrapartida, el crecimiento de los medios digitales y la transformación del propio teléfono celular en un productor de noticias ofrecen la posibilidad de edificar voces alternativas y redes de información con visiones diferentes. Sin embargo, cabe señalar que estos recursos suelen ser construidos y articulados a partir de sistemas organizados pertenecientes a las megacorporaciones mundiales de redes digitales y software.

El campo de la información y el conocimiento han sido y son campo de batalla desde tiempos inmemoriales, ahora con nuevos mecanismos y modalidades.

* Sociólogo y docente universitario de la UBA


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/laventana/26-151536-2010-08-18.html

  MEDIOS Y COMUNICACION

Carlos De Angelis sostiene que Ricardo Fort es la manifestación del deseo colectivo de la admiración del hedonismo como fin en sí mismo, entronizando el culto a mirarse al espejo y el éxito, convertido en cultura popular, ayuda a comprender algunos aspectos de nuestra sociedad y su tiempo.

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Su imagen tomó por asalto la pantalla televisiva. Sus músculos, tatuajes, cirugías estéticas, piercings y un ostentoso estilo de vida conformaron la irrupción de un personaje poco habitual.

Su presencia, de la mano de uno de los programas más vistos de la televisión argentina, confirmó una vez más la tesis del alcance e impacto de la construcción mediática.

Es claro que este personaje es un producto televisivo y la televisión es una máquina que necesita alimentarse de novedades para lograr impacto en la audiencia. Pero también es cierto que muchas de las propuestas televisivas, aun aquellas de alta calidad, suelen fracasar en un corto tiempo. No es el caso de Ricardo Fort que se constituyó velozmente en alguien “exitoso”.

Esta irrupción genera algunos interrogantes sobre las características y atributos, que le permitieron convertirse en uno de los personajes más comentados para el final del año pasado.

El filósofo francés Gilles Lipovetsky ya planteaba en los tempranos ochenta que la cultura del neonarcisismo impulsaría un nuevo estadio para las sociedades donde el individuo se iría desentendiendo de los lazos y valores sociales que dieron contenido a su rol en comunidad para pasar a estar centrado en sí mismo, en sus logros personales, su cuerpo.

Este planteo, si bien se refería en su momento a los países centrales de Occidente, sin dudas se puede extender hoy día, en plena globalización capitalista, a los confines del planeta.

A la fuerte politización de los años sesenta y setenta donde todo parecía posible, le siguieron la despolitización y el retiro de los sujetos de la “cosa pública” y la falta de interés por los demás. El hombre que desde tiempos remotos se construyó en torno de sus clanes, sus aldeas y sus comunas rompe lanzas y niega su pertenencia a su sociedad, pero no la niega desde un acto emancipador, sino desde un acto individualista.

Este modelo cobra especial intensidad en la Argentina de estos días, donde el hedonismo, los intereses personales y el “mirar el bolsillo propio” parecen ser el pensamiento hegemónico y devienen en una inusual apatía ciudadana y la imposibilidad de desarrollar un proyecto común, no por discrepancia sino por omisión.

El abandono de esos grandes generadores de sentido que fueron el Estado-nación, la idea de un mundo mejor o un hombre nuevo genera un angustioso vacío que se completa con la búsqueda del placer personal e instalan un principio de presente perpetuo que se fusiona con la eternización de la juventud. La dieta permanente, los productos light, la ejercitación constante (que no es el deporte con sus reglas y equipos), las cirugías estéticas, ciertas búsquedas espirituales, la delgadez anoréxica y hasta la dentadura perfecta son los imperativos de la dictadura del bienestar personal.

Los medios, especialmente la televisión, enarbolan este estilo de vida como verdad revelada e imponen los criterios de cómo se debe vivir. Basta con mirar un buen rato las tandas publicitarias de cualquier canal para apreciar estos discursos que diseñan una vida moldeada en este pensamiento unidimensional.

Ricardo Fort condensa ese deseo colectivo (colectivo por simple agregación): la admiración del hedonismo como fin en sí mismo entronizando el culto a mirarse al espejo.

Dos elementos adicionales de su biografía completan esta pintura costumbrista.

Por un lado, la recordación continua de que lo acompañan siempre sus guardaespaldas potencia un virtual halo de intangibilidad.

Por el otro, su remarcado linaje social, por provenir de una familia propietaria de una empresa de origen nacional, recuerdan un fracaso, pues se trata de un sector donde la Argentina depositó en su momento sus sueños y expectativas de un desarrollo industrial autónomo. Sueños que quedaron sepultados en las políticas económicas de la dictadura y de los proyectos neoliberales de la democracia, y muy por detrás de los músculos y tatuajes de su heredero.

La cultura popular marca, como siempre, el ritmo de los cambios sociales, económicos y políticos. Su lectura atenta y desapasionada puede ayudar a comprender algunos aspectos de nuestra sociedad y su tiempo.

* Sociólogo e investigador (UBA).


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/laventana/26-141731-2010-03-10.html

  OPINION


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Luego de un cuarto de siglo, no ausente de crisis y dificultades, la democracia argentina parece dar muestras de fatiga que deben ser analizadas. Este desgaste no es abstracto, sino que puede ser identificado en la vida cotidiana donde crecen signos de intolerancia y expresiones autoritarias.

Las situaciones que jaquearon a la democracia en el pasado fueron visibles: asonadas militares, hiperinflación o los saqueos. Hoy la acechanza proviene de un enemigo silencioso: la creciente pérdida de la valoración del sistema democrático y de sus instituciones.

En el estudio realizado por la consultora Pulso Social Investigación sobre una muestra nacional de 925 casos durante la última semana del mes de noviembre se puede ver que la imagen positiva de la democracia se reduce al 36 por ciento de los argentinos, y que a un número similar les resulta indiferente. Otro dato preocupante surge del estudio: la percepción indiferente se profundiza entre los jóvenes, donde casi menos de la mitad se expresa de esta forma.

Paradójicamente, la estima de la democracia es superior a sus instituciones. Los políticos, los partidos, la Justicia y el Congreso poseen una muy baja valoración positiva. El caso de los políticos es emblemático. Son rechazados por siete de cada diez argentinos. Y los partidos, marchitas organizaciones políticas, poseen una percepción negativa de seis de cada diez.

La perspectiva de una clase política que priorizaría sus intereses particulares por sobre los de la ciudadanía se ha instalado como dogma. Cambiar esta percepción llevará mucho trabajo y varias generaciones. Luego, el reemplazo de las identidades partidarias por modelos que asimilan las candidaturas a marcas de productos, puede ser exitoso en la coyuntura, sin embargo contribuye al descrédito de la dirigencia, sobre todo cuando se evidencia que esas “marcas” no logran transformarse en gestoras eficaces de lo público.

Siguiendo los datos de estudio se destaca que el desprestigio de la política alcanza también a las instituciones de la democracia, como el Congreso, máxime cuando su actuación ha sido cuestionada desde distintos ámbitos de la sociedad. El Congreso tiene la característica de reunir a las diversas expresiones políticas. De aquí que las expectativas sobre este órgano deberían ser altas. Sin embargo, la mitad de los argentinos creen que su desempeño es negativo. Similar situación ocurre en el Poder Judicial cuya percepción negativa alcanza el 60 por ciento.

Resulta difícil imaginar una mejor democracia cuando sus instituciones e integrantes son denostados por la opinión pública. La democracia se vuelve un concepto inocuo y meramente formal, una idea flotante que puede ser reemplazada por otra si parece más atractiva o más operativa.

La democracia no es un monumento ni un recuerdo de mejores épocas, sino un organismo vivo que sólo puede asentarse en una sociedad democrática en términos políticos pero también económicos. Sin una mejor distribución del ingreso, la inclusión social y un futuro sustentable para todos no se vuelven una realidad palpable, el voto pasa a ser un acto vacío de contenido.

Pero, cómo se sale de la trampa, dónde parte de la ciudadanía pide soluciones inmediatas y mágicas a los problemas de la sociedad, y dónde buena parte de la clase política propone soluciones de corto plazo, sin la planificación necesaria o estudios que evalúen sus impactos.

Cómo correrse de la demanda que pide “diálogo” pero que ve toda negociación como una claudicación. Cómo se cambia una sociedad que muestra una creciente apatía y desinterés sobre lo público o común, que rechaza participar, pero a la vez reclama una renovación de la clase dirigente.

Desde ya, existen muchas alternativas para mejorar la calidad institucional, ampliar la participación, extender el derecho a voto en áreas inexploradas, etcétera, pero en este caso, a diferencia que para bailar un tango, hacen falta muchos más que dos.

* Sociólogo y autor de Radiografía del voto porteño: la Argentina que viene. Editorial Atuel.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/subnotas/137707-44369-2009-12-28.html

  MEDIOS Y COMUNICACION

El reciente proceso electoral abrió muchas ventanas para la reflexión. Una de ellas sobre los medios y el papel que juegan en la vida política. Carlos De Angelis aporta hoy nuevos datos sobre la importancia que los electores les asignan a los medios a la hora de decidir su voto.

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El rol que jugaron los medios masivos de comunicación en las últimas elecciones merece un análisis detenido y probablemente alguna autocrítica. Mientras que los políticos, como en toda elección, pusieron en juego su capacidad de convocar a la ciudadanía en torno de sus propuestas y promesas explícitas o implícitas, defender o atacar el accionar de la gestión de gobierno, los medios pusieron en juego su activo más valioso: su credibilidad.

Es sabido que las campañas realzan aspectos parciales de los candidatos y, abandonadas las plataformas políticas, los publicistas ocupan un rol central y se enfocan en su especialidad: la producción de slogans y la generación de imagen. Allí el lugar esperado de los medios era el de desarmar esa estructura, que los viejos manuales de comunicación política llamaban “propaganda”, para reenfocarse en la decodificación y análisis de los personajes y sus discursos o al menos sus trayectorias y posibilidades, cada medio desde su óptica y en la diversidad de voces.

Lejos de esto, se pudo identificar un sistema de mensajes cruzados y a veces contradictorios (en la jerga: “Operaciones políticas”) que globalmente generó un modelo entrópico en el medio de los miles de mensajes generados por las usinas de campaña. En esta maraña de señales pudo observarse con cierta claridad la puesta en juego de los intereses propios de los sectores más prominentes de la industria de la información. El uso intencionado de las encuestas de opinión con información contradictoria es uno de los capítulos más destacados. Allí también las empresas más importantes de gestión de la opinión pública apostaron (y en algunos casos dilapidaron) la credibilidad de una de las herramientas más valiosas de la democracia moderna.

Pero la actuación de ese complejo generador de sentido, que es el sistema de medios, no ha pasado desapercibida por sus propios usuarios, como pudo determinarse en el estudio efectuado por el Observatorio Político y Electoral a partir de 620 casos realizados en las puertas de los colegios donde se cumplió la votación en la ciudad de Buenos Aires.

Por un lado, se pudo comprobar el masivo uso del sistema de medios durante la campaña, considerando sus cuatro componentes: televisión, radio, Internet y diarios y revistas papel. El 98,8 por ciento se informó por al menos uno de los componentes y el 35 empleó un medio. Pero el 38,9 por ciento empleó dos y el 17,1 tres. El 7,5 restante se informó por todos los soportes. Realmente una utilización intensiva.

Pero independientemente de la exposición a un componente u otro del sistema, más del 80 por ciento cree que en esta instancia los medios favorecieron a algún candidato en particular. Asimismo, el 76,8 de los ciudadanos no cree que los medios sean neutrales a la hora de informar. Esto es, ni más ni menos, el epitafio en la tumba de la objetividad.

Hay un dato peculiar entre quienes se informaron para las elecciones mediante diarios y revistas en papel: sólo el 10,3 por ciento creen que los medios son neutrales a la hora de informar, contra el 17,4 que se informan mediante otros medios. El desarrollo de una mirada crítica por parte de los lectores es un hecho auspicioso dentro de la selva mediática. Pero, a pesar de lo expuesto, la ciudadanía asume que los medios poseen un enorme poder al momento de influir a la sociedad, ya que casi el 62 por ciento piensa que la mayoría de la gente vota según lo que sugieren los medios. Poco lugar quedaría para el discernimiento y la vocación ciudadana.

Sin embargo, este poder otorgado a la razón mediática no es omnímodo: sólo una cuarta parte de la ciudadanía cree que los medios les imponen a los políticos su agenda. Esta asumida autonomía de la clase política supondría una suerte de negociación permanente entre el sistema político y el sistema de medios, donde la ciudadanía ocuparía un rol de observador pasivo.

Cada uno de estos tres actores señalados: ciudadanía, el sistema de medios y el sistema político puede recoger una enseñanza del último proceso electoral. La ciudadanía, la importancia de recuperar involucramiento y participación; el sistema de medios, credibilidad y el político, capacidad para escuchar las necesidades de la sociedad.

* Sociólogo, docente e investigador UBA.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/laventana/26-128248-2009-07-15.html

  OPINION


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Los ciudadanos de la ciudad de Buenos Aires han tenido históricamente la característica de votar en forma insular. La clase media, mayoritaria, siempre se autosindicó como independiente y (en voz baja) preferentemente contraria al peronismo, como se ha podido apreciar cada vez que se votó desde los años ’50.

También la ciudad-puerto, construyó tanto formaciones progresistas de centroizquierda, como estructuras de centroderecha (se recordará por ejemplo la UceDé), tomando un modelo europeo de partidos socialdemócratas compitiendo con partidos liberales/conservadores.

Una cualidad peculiar de estos “espacios políticos” es que, a pesar de su ausencia de estructuras nacionales, sí poseen un discurso y una vocación nacional. El proceso electoral que concluyó ayer no marca una tendencia distinta pero sí mostró las dificultades del elenco gobernante de la Capital Federal para tender lazos a otros sectores de la sociedad. La potencia comunicacional de un discurso armado como una marca contrastó con otro radicalmente distinto que es el de Proyecto Sur. La propuesta principal de Pino Solanas de estatizar los recursos naturales fue asumida con gusto, incluso por quienes fueron votantes del gobierno nacional. Evidentemente estos recursos no se encuentran en el territorio desde donde surge tal propuesta.

La decepcionante performance del sector liderado por Elisa Carrió fue el fruto de una enorme sumatoria de errores, pero además el fin de una modalidad discursiva, de una tipología de construcción política basada en abstracciones sin vínculos con lo real. En efecto, los dramáticos llamados al republicanismo épico generaron un significante vacío, que desintegró su base electoral.

Heller predicó en un desierto hostil, con un discurso cerrado de defensa de lo realizado por el gobierno nacional, con más vocación de pasado que de perspectivas futuras. Visto así, logró “salvar la ropa”. Otro es el caso del dos veces jefe de Gobierno Aníbal Ibarra, cuyo derrumbe mostró las dos caras de la construcción política desde los medios.

En este sentido, el rol de los medios y la mediatización de la política en general merecerán más de una reflexión. La confusión entre la realidad y la virtualidad y la organización de una lógica de ridiculización permanente de lo político difícilmente contribuya a la construcción de modelos transformadores.

La sociedad porteña es escéptica y ya no cree en la clase política. Sí cree en la democracia y sus valores. Pero tiene serios reparos para identificar el futuro dentro de la democracia y, en definitiva, la utilidad de su voto. El quince por ciento que eligió su voto en el cuarto oscuro muestra un rostro sombrío, que habla tanto de las dificultades para elegir como del desinterés por analizar las propuestas o al menos las imágenes proyectadas por los medios.

* Sociólogo, director del “Observatorio político y electoral”.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/subnotas/127441-40826-2009-06-29.html

  MEDIOS Y COMUNICACION

Los medios se metieron en la campaña electoral... y la campaña electoral en los medios. ¿Cómo lo hacen? ¿Cómo juegan sus intereses? Luciano Sanguinetti opina sobre la forma como se incluyen los medios en la campaña y acerca de cómo el público genera sus propios recursos de comunicación. Y Carlos De Angelis rescata elementos para reflexionar acerca de la vigencia de la prensa escrita, quiénes la abandonan y quiénes siguen optando por este medio.

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En medio de las tantas veces anunciado fin de los diarios papel, vale la pena hacer algunas reflexiones. Cuando al gran historiador inglés Eric Hobsbawm le preguntaron en una entrevista cómo podía definir al siglo XX, él indicó sólo dos cosas: el abandono del campo por parte de la humanidad y la incorporación de las mujeres al mercado laboral. Para sorpresa de muchos, salteó guerras y grandes acontecimientos.

Siguiendo a Hobsbawn, podríamos definir la evolución reciente del diario papel como el resultado de dos abandonos: el de las clases medias bajas y el de los sectores más jóvenes.

Analizando series de datos durante 2008, se puede observar que casi el 50 por ciento de los sectores altos se informan mediante el periódico, contra el 20 de los sectores medios bajos. Podrían plantearse varias hipótesis de por qué ocurre esto. La explicación más a mano reside en el problema de los recursos, lo económico.

Me atrevo a ir un poco más allá y sospechar que los sectores de menos ingresos, las clases medias bajas, fueron, en los ’90, pauperizadas no sólo en términos económicos, sino en términos culturales. Perdieron la facultad de comprender el “código” que maneja la prensa papel. En palabras simples, perdieron la capacidad de lectura más compleja que implica el seguimiento de los diarios actuales.

Esto explica, en parte, el progresivo declive de los llamados “diarios populares”, que se caracterizaron históricamente por tener grandes tiradas y un lenguaje directo, con prominencia de noticias espectaculares, bajo la lógica de la noticia policial. Un dato peculiar es que algunos medios de gran tirada intentaron e intentan, bajo diversas fórmulas, acercar al histórico lector de aquellos diarios y, por la misma razón, terminan alejando o al menos disgustando a otro tipo de lector, por decirlo de alguna forma, “más sofisticado”, que va al medio en busca de análisis y profundización de las noticias, y no le importa tanto el despliegue gráfico.

Sin embargo, más que un abandono del diario papel por un cambio de soporte informativo, se observa que a gran parte de los jóvenes ya no le importa la “cosa pública”. Los sucesos políticos y económicos que nutren la gran mayoría de los diarios en Argentina, entre noticias y opiniones, con matices y discrepancias, no les interesan a los jóvenes. Por supuesto que se vuelcan a Internet, pero mayormente buscando otro tipo de contenidos. Y si se observa el comportamiento de los más jóvenes, de 12 a 18 años, pleno territorio de los “nativos digitales”, menos de un 10 por ciento busca mediante Internet “saber lo que pasa”. Sus intereses pasan prioritariamente por sus vínculos cercanos y las redes sociales.

Es verdad que el abandono de la práctica de la lectura de diarios por parte de los jóvenes cuestiona en el mediano plazo la supervivencia de los periódicos, al menos como hoy se los conoce. No obstante, ese mismo abandono que preocupa a las empresas periodísticas debe preocupar aún en mayor medida a la sociedad, porque los jóvenes no sólo dejan una práctica puntual, sino que ésta es apenas una marca del desinterés y la apatía por el bien común. Y como dice el viejo refrán cuando la deuda es grande el más preocupado termina siendo el acreedor.

* Sociólogo y docente UBA.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/laventana/26-126779-2009-06-17.html

  MEDIOS Y COMUNICACION

¿Es Internet un espacio realmente democrático como sostienen muchos? ¿Es verdad que la información en Internet desplazará en breve a los medios impresos y a otros medios de comunicación? Son preguntas que intentan responder Carlos De Angelis, a partir de estudios sobre “Internet informativa”, y Morelis Gonzalo, con una puesta al día sobre la realidad de los dominios en Internet y sus consecuencias sobre la soberanía digital.

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Internet como medio de información seduce a millones de argentinos. Se trata de una herramienta de enorme facilidad que ofrece información en tiempo real. De aquí surgen dos preguntas fundamentales: ¿Cuál es el lugar de la “Internet informativa” con respecto a los demás medios?, ¿cuáles son las preferencias del internauta en busca de noticias?

Encuestas realizadas en Capital Federal y Gran Buenos Aires durante 2008 identifican que internet como fuente informativa ya ocupa un lugar de importancia. De sus múltiples fuentes de información, el 80% de los consultados refieren a la televisión, contra el 27,6% de radio, el 26,5% de diarios, mientras que acude a internet el 24,3%.

No obstante, el desarrollo de los medios “on line” durante 2008 da por tierra la idea de un reemplazo arrollador de los diarios papel por internet. Se comienza a comprender que el consumo de información a través de la red presenta un comportamiento variable en el tiempo, en función de momentos del país, o temáticas específicas. Un ejemplo de esto fue el conflicto con el campo durante el 2008, que aumentó la necesidad del análisis del diario papel, sobre la inmediatez de la información vía web. Se trata de soportes que, a veces, están en competencia y a veces funcionan en forma complementaria. Sin embargo, con algunas excepciones, al día de hoy, el diario papel gana la batalla.

Mientras que el mercado de los periódicos tiene una estructura estable y madura, poco permeable a los cambios bruscos, la web informativa presenta un panorama innovador y cambiante donde encuentran espacios otros jugadores.

En este sentido, “Internet informativa” es todavía un barajar y dar de nuevo. Medios con escasa o ninguna presencia en papel, y aun medios locales, asoman su cabeza, buscando lectores con intereses específicos, como deportes y finanzas.

También es curioso que algunas menciones apunten a medios inexistentes pocos años atrás. Los buscadores Yahoo! y Google también surgen como respuesta de quienes dicen informarse por Internet. Son especialmente elegidos por las nuevas generaciones, que se alejan progresivamente de los soportes característicos de década pasadas. Ambos buscadores son hoy difusores globales de noticias, con cierto parecido a las tradicionales agencias de noticias, pero con una llegada global. Al igual que MSN, la página de Microsoft Hotmail, Yahoo! y Google presentan resúmenes informativos personalizables, pero aún basados en los medios tradicionales. La presencia de ambos gigantes de la web mundial como medios abre el debate sobre la difundida teoría de la democratización informativa en internet.

Finalmente surge una mención sorprendente: es el caso de Youtube. A la gravitación de la “gran noticia” tradicional se le agrega el “pequeño testimonio” de quien que “sube” su grabación casera en una página de videos. Allí donde las esferas públicas y privadas se confunden es donde Internet se configura como un medio distinto, donde lo efímero y lo breve tienen su primacía. Esta presencia en la “Internet informativa” tiene aún un rol marginal (el peso de estas respuestas no es significativo), pero ayuda a pensar si la idea misma de la información está mutando de concepto y contenido.

* Sociólogo y docente UBA.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/laventana/26-123655-2009-04-22.html

  OPINION


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El potencial cliente tal vez no encuentre muchas diferencias. Quizá la molestia de tener que cambiar el número del teléfono fijo y alguna leve ventaja por tener todo en una sola factura.

El Triple-Play (en adelante TP) consiste en algo bastante sencillo: la comercialización a través del mismo soporte físico (un cable) de servicios ya existentes: Internet, televisión paga y telefonía fija. La introducción del TP seguramente tendrá un bajo impacto en la vida cotidiana del usuario porque, como sus defensores sostienen, es la utilización integral de la infraestructura existente con su ampliación a datos, voz y aplicaciones audiovisuales.

Sin embargo, TP es mucho más que un nuevo producto: es una de las primeras batallas de una de las dos guerras frías del siglo XXI (la otra es la del agua potable) y tiene como objetivo final el control sobre la esfera global de las comunicaciones.

Un servicio de TP puede ser suministrado por todo tipo de empresa que tenga desarrollados tendidos de fibra óptica. Una vez que el cableado está, el paso siguiente es que la legislación lo permita y que el usuario lo acepte. Pero esta cuestión, lejos de ser un debate sobre tecnología o una noticia sobre novedades empresariales, es una discusión plenamente política porque se trata del poder. El TP es la “cabecera de playa” para el Cuádruple-Play, con la inclusión de la Telefonía Móvil y finalmente la Convergencia Digital.

Hasta hoy conviven sistemas analógicos y digitales como modalidades distintas de generación, transmisión, procesamiento o almacenamiento de datos. La radio y la televisión permanecen aún hoy en gran medida como analógicos. Por el contrario, la mayoría de la tecnología de video y fotografía ha migrado del analógico al digital. La capacidad de compresión y la altísima velocidad de transmisión del sistema digital harán que los sistemas analógicos sean pieza de museo en corto plazo.

Actualmente se encuentra disponible la tecnología para digitalizar todas las comunicaciones, cualquiera sea su soporte físico. Ese es el corazón de la Convergencia Digital: la confluencia de todas las informaciones y comunicaciones en un sistema unificado de ceros y unos, ya sean datos, voz, textos, imágenes o videos, todos transmisibles por un solo canal.

En el marco de la Convergencia Digital, la televisión y la radio serán formatos análogos a Internet, es decir que cada canal o emisora será algo similar a una página web. Puede el lector imaginarse las infinitas posibilidades que dan estas tecnologías y la multiplicación de canales de comunicación e información que pueden generarse.

Con la incorporación de las redes inalámbricas (especialmente Wimax), el sistema pronto podrá transformarse en una señal aérea, prescindiendo del soporte físico del cable. Llevado al extremo, podría manejarse una fábrica entera a través de un teléfono móvil.

A través del mismo proveedor de TP se accederá a los sistemas de Convergencia Digital. Quién provea esta tecnología tendrá un acceso privilegiado a hogares y empresas y al manejo de cuestiones específicas, como sistemas de alarmas o refrigeración. Lo que hace poco tiempo asombraba en la ciencia ficción es una realidad palpable.

Quienes están deseosas de entrar en forma inmediata al negocio del TP, en la Argentina, son las empresas de telecomunicaciones, las operadoras de servicios de Internet y las proveedoras de televisión paga, las últimas unidas en conglomerados cuasi monopólicos. No obstante, tanto unas como otras tienen restricciones por una curiosa combinación de las reglamentaciones y leyes como la de Defensa de la Competencia y la Ley de Radiodifusión, esta última hoy en debate.

Para graficar cómo se manejó hasta el presente el negocio de las telecomunicaciones, vaya un ejemplo: hoy, una de las mayores objeciones de parte de los usuarios para contratar el sistema de TP es no querer cambiar de número de teléfono fijo. Esta restricción fue y es clave para las empresas de celulares para obligar a sus clientes a comprar otra línea con la renovación del aparato. No existe la sencilla ley que exprese que el número de teléfono es de quien lo abona todos los meses. Paradójicamente, este punto para las Telcos es una ventaja competitiva.

Otro ejemplo es la “evolución” del sistema pago de televisión al sistema de pay per view por el cual para ver contenidos específicos (o tan simples como un partido de fútbol) se debe pagar aparte. Al mismo tiempo, los canales de “cable” tienen al día de hoy tanta o más publicidad que los canales de aire: otro de los tantos aspectos que demanda regulación.

Como quede configurado el modelo de negocio de las empresas que suministren el TP en la Argentina será que se avance en un modelo con diferentes jugadores y variantes, o se siga el modelo de cuasi monopolio iniciado en los ’90.

Al poder antojadizo que tienen hoy Telcos, proveedoras de banda ancha y operadoras de cable, obtendrán también el monopolio de toda la información y comunicaciones que hogares y empresas generen y reciban. Es un poder demasiado grande para ser dejadas sin regulación. El tipo de regulación estatal que se alcance es un aspecto clave para llegar a una situación que asegure el derecho a la información, a la privacidad y a la propiedad de la información que el usuario genere.

Esta es una oportunidad para establecer unas reglas de juego que permitan el de-sarrollo tecnológico de la Argentina, así como asegure la diversidad en las comunicaciones y la libertad de expresión, pilares del sistema democrático.

* Sociólogo y docente universitario de la UBA.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-122787-2009-04-07.html