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  OPINION


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El 2010 ha sido trascendente para la consolidación del Mercosur. Durante la presidencia pro-témpore a cargo de Argentina, que finalizó en la cumbre de San Juan en agosto pasado, se resolvieron cuestiones sustanciales que estaban pendientes desde hacía más de seis años. El desafío que comenzamos a transitar a partir de la 40ª Cumbre del Mercosur en Foz do Iguazú es capitalizar las oportunidades que nos ofrece el nuevo escenario internacional, que nos empuja a tener un Mercosur con una integración cada vez más profunda.

Hay un camino recorrido en la consolidación comercial e institucional del bloque. Ahora la integración productiva es el mecanismo para que el Mercosur pueda superar las materias pendientes, como distribuir de manera más equitativa los beneficios de la unión aduanera. Contamos con los recursos naturales y humanos necesarios, y tanto los gobiernos como los empresarios de todos los países asociados debemos buscar la complementariedad y la especialización. Tenemos la misión de avanzar sobre lo mucho que ya hemos hecho y lograr que nuestros aparatos productivos se transformen en verdaderas cadenas de valor regionales con proyección global.

Durante este año, bajo el mandato de Cristina Fernández de Kirchner, el Mercosur alcanzó logros históricos, como la aprobación del código aduanero –que hace a la esencia de una unión aduanera–, la eliminación del doble cobro del arancel externo común, la distribución de la renta aduanera entre los países del bloque y el relanzamiento de las negociaciones con la Unión Europea.

El Mercosur atravesó con solvencia la peor crisis de los últimos 75 años, que castigó con dureza a los países desarrollados: nuestros países gozan de una excelente salud y estamos cada vez más integrados en busca del objetivo común, que es crecimiento y desarrollo para todos nuestros ciudadanos.

El nivel de acuerdos y de entendimiento entre todos los países asociados convierte al Mercosur en algo más que un espacio comercial o aduanero, en un enclave político, un bloque regional con economías absolutamente complementarias que deben cada vez agregar más valor a sus recursos para poder generar mayor trabajo y, por lo tanto, mayor equidad.

Y no se trata solamente de impulsar el intercambio comercial hacia el interior del Mercosur, sino de salir como bloque a competir en otros mercados del mundo, articulando las fortalezas de cada uno de los miembros. No queremos volver a la primarización en nuestras exportaciones, sino que el desafío es seguir agregando valor a nuestra producción.

La integración productiva con Brasil, nuestro mayor socio comercial, ya cuenta con proyectos concretos de complementariedad y asociatividad entre empresas de ambos países de variados sectores productivos, como por ejemplo madera y muebles, vinos, lácteos y automotor, entre otros.

Hemos avanzado también en la integración entre empresas argentinas y uruguayas de los sectores metalúrgico, autopartista, naval, textil, vitivinícola y tecnología, las que acordaron estrategias conjuntas de asociatividad y complementación productiva.

Debemos focalizarnos para multiplicar la cantidad de pymes, porque son las que van a hacer más denso el tejido productivo bilateral y mejorar las ganancias y la distribución del ingreso. Además, la integración productiva nos permite completar la cadena regional para competir en el nuevo escenario internacional, y para eso todos los países miembros del Mercosur son socios estratégicos.

* Ministra de Industria de la Nación.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/subnotas/158743-50943-2010-12-16.html

EL AVANCE DE LAS EXPORTACIONES DE MANUFACTURAS DE ORIGEN INDUSTRIAL

La ministra Débora Giorgi se sumó al debate sobre la calidad del crecimiento de las exportaciones industriales a partir de un artículo publicado en el Cash. Afirma que el avance exportador de las MOI muestra que el sendero de la industrialización está dando resultados positivos.

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Argentina viene transformando su inserción internacional. Por primera vez en su historia económica las MOI (Manufacturas de Origen Industrial) han superado en participación a las MOA (Manufacturas de Origen Agropecuario), 34 por ciento vs 33 por ciento. Este de-sempeño requiere algunos comentarios. En primer lugar debe destacarse que de las exportaciones argentinas, el 67 por ciento corresponde a manufacturas de todo origen, y eso por sí mismo es un valor no alcanzado en etapas anteriores. Esto quiere decir que, crecientemente, nuestras exportaciones se están industrializando.

El segundo aspecto es que el aumento de la participación de las MOI se ha dado sobre la base de un aumento de los volúmenes exportados y no como resultado de un aumento de precios. Las cantidades reflejan el esfuerzo productivo y no sólo la evolución azarosa de los precios internacionales.

¿Por qué tanta insistencia con el desempeño de las MOI? En primer lugar, porque representa la exportación de productos más complejos desde el punto de vista productivo y con mayor valor agregado industrial, pero principalmente porque es el reflejo de la competitividad de la industria, que logra colocar productos en un mercado mundial cada vez más competitivo. Mientras que en esta etapa los mercados agropecuarios son mercados donde “nos compran” en los productos industriales son mercados donde “tenemos que vender”. En síntesis, el esfuerzo de mejorar la industrialización desde 2003 está dando resultados.

No podemos dejar de recordar que desde el golpe militar hasta 2003 la industria sufrió un proceso de desarticulación, pérdida de densidad industrial, concentración productiva y pérdida de valor agregado industrial en los productos exportados. Ese proceso dio como resultado una industria demandante de divisas y un sector agropecuario estructuralmente excedentario, pero sometido recurrentemente a la variabilidad de volúmenes, en general por efectos climáticos, y a las oscilaciones de los precios internacionales fijados exógenamente, lo que sometía a la economía argentina a periódicas crisis de sector externo y un crecimiento caracterizados por una dinámica stop-and-go.

Desde el 2003 la industria se ha desarrollado y ha crecido fuertemente (más de un 80 por ciento), abasteciendo tanto al mercado interno, que se ha ido expandiendo año tras año, como al externo. Y simultáneamente ha ido mejorando la generación de divisas de manera creciente con niveles record en valores, en volumen, y en participación en el total exportado y en el PBI.

Desde el punto de vista de la composición, los sectores con mayor participación son el automotriz, la industria metalmecánica y la industria química, con alta participación de la farmacéutica. Todos estos sectores son fuertes generadoras de valor agregado y empleo calificado, y de elevada complejidad tecnológica. La alta participación de estas industrias demuestra a su vez que son competitivas a nivel internacional en mercados altamente competitivos. Debe destacarse que ese mayor sesgo exportador se ha logrado en todos los sectores industriales. Comparado con los ’90, todos los sectores aumentan la participación de sus exportaciones en el total de ventas, más que duplicándolas en sectores como instrumentos médicos, autopartes, embarcaciones, textiles, maquinarias, productos y aparatos eléctricos. Tenemos un nuevo sector entre los más dinámicos como el software, que era inexistente en los ’90 y que desde el 2003 más que cuadruplicó sus exportaciones.

Se exportan más productos de mediana-alta tecnología, ganando participación en el total. Mientras en 1996-1998 éstas explicaban el 20,7 por ciento del total, en los últimos cuatro años explicaron más del 23. Entre otros avances indiscutibles de nuestra industria en materia exportadora, están la mayor diversificación en materia de mercados y productos, y ampliamos la base de empresas exportadoras con unas 1800 nuevas pymes que se volcaron al mercado internacional. Todo ello demuestra que la industria ha crecido, se ha desarrollado, ha generado capacidades específicas para insertarse en el mercado internacional de manera creciente y sostenida, lo que implica que se han mejorado productos, procesos, gestión, y se ha incorporado y desarrollado tecnología.

En definitiva, los procesos de transformación son progresivos y lo importante es identificar las tendencias y los senderos de crecimiento y esto nos muestra que la industria se ha vuelto más competitiva. Todavía falta mucho por hacer y avanzar en la transformación productiva, pero hemos logrado mucho en poco tiempo. El camino es el correcto, seguiremos profundizándolo

* Ministra de Industria de la Nación.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/cash/17-4828-2010-12-12.html

  OPINION


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El crecimiento económico que está viviendo el país no nos sorprende. Ya en los últimos meses del año pasado, tras haber dado sobradas muestras de la solvencia con la que atravesamos la gravísima crisis financiera internacional, advertimos que 2010 sería un año muy positivo para la Argentina. Los datos hablan por sí solos: en mayo las tasas de crecimiento llegan al 8 por ciento en el nivel de actividad total y en la industria de alrededor del 10,2 por ciento. Se registró una baja en la tasa de desempleo, y estamos con un superávit fiscal y externo importante, manteniendo niveles record de recaudación.

Hoy, en el contexto de la crisis europea, quieren volver a imponer la receta del ajuste, que lo único que hace es desalentar el crecimiento. La salida de una crisis, tal como lo venimos demostrando desde 2003, impone crecer para volver a producir y consolidar realmente un superávit fiscal en base a una recaudación genuina, un superávit externo basado en las exportaciones. Ningún ajuste –y nosotros lo sabemos bien– podrá eliminar las diferencias de competitividad que existen entre los países, con lo cual se resalta la importancia de tener un tipo de cambio competitivo y adecuado al grado de desarrollo de cada una de las economías.

Claro que el crecimiento debe ser traducido en desarrollo. Desarrollo que significa implementar un modelo de acumulación de capital, tecnología, conocimiento, capacitación de los recursos humanos, mejoramiento de los procesos de desarrollo de gestión, articulación público-privada. Ese es justamente el modelo que impulsa el Estado nacional desde 2003: un paradigma basado en el concepto de desarrollo y transformación, en un tipo de cambio competitivo, en superávit gemelos, en un aliento a la demanda agregada, al consumo, a la inversión y a las exportaciones; en preservar al mercado interno de la competencia desleal y en una revalorización del rol del Estado en la inversión pública productiva y social, con una participación fuerte en la articulación público-privada.

Está cada vez más generalizado el consenso de la necesidad de un Estado presente. Estuvo presente en Estados Unidos, en Alemania, en España. Un Estado presente vuelve a ser hoy un mandato, quizás aprendido un poco a los golpes en los países desarrollados, y aprendido por nosotros en base a historias que nos costaron mucho. Un Estado presente que articule acciones con el sector privado para favorecer el proceso de desarrollo económico. Y para eso debemos mejorar la competitividad y la productividad, y la clave es la inversión. Una materia pendiente era tener un financiamiento competitivo y hoy lo estamos alcanzando.

El Programa de Financiamiento Productivo del Bicentenario, presentado por Cristina Fernández de Kirchner, cuenta con fondos para inversión por 8000 millones de pesos con destino a todos los sectores y todo tipo de empresas, que estarán disponibles a una tasa de interés del 9,9 por ciento anual fija en pesos y un plazo de hasta cinco años.

Pusimos en marcha, junto con la Anses, un programa de financiamiento de 400 millones de pesos para el sector automotor. Así, están dadas las condiciones para dar el salto en la capacidad instalada requerida para que el sector autopartista pueda acompañar el crecimiento de la producción automotriz, sustituyendo importaciones y generando las condiciones para avanzar cada vez más hacia una mayor integración local.

El Programa Parques Industriales del Bicentenario destina 30 millones de pesos al año en aportes no reintegrables para obras dentro de los parques (calles internas, cercos perimetrales, plantas de tratamiento de efluentes, etc.) y otros 22 millones para subsidiar tasas para la radicación o ampliación de pymes en esos predios, los que generarán 300 millones de pesos en créditos. Además, con una visión estratégica, el Estado ejecutará obras de infraestructura con una impronta productiva.

Las medidas que estamos instrumentando nos permitirán alcanzar productos terminados de clase mundial, para lo que es necesario mejorar la competitividad articulando acciones al interior de todos los eslabones de la cadena. Eso es posible, por ejemplo, mediante la vinculación de la ciencia y tecnología con la producción de materias primas, impulsando una industria de bienes de capital que permita industrializar eficientemente los granos y carnes, invirtiendo en infraestructura y servicios de logística para que las empresas lleguen a todos los rincones del mundo, la transformación del papel, cartón y plástico para envasar esos alimentos elaborados. Enfrentamos grandes desafíos, se derrumban viejos paradigmas y es necesario reconstruir los nuevos para seguir caminando, produciendo y, en definitiva, seguir construyendo una sociedad con mayor bienestar y crecientemente inclusiva.

* Ministra de Industria y Turismo de la Nación.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-147679-2010-06-16.html