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  MEDIOS Y COMUNICACION

A la luz de los recientes acontecimientos climáticos, Sandra Massoni plantea la necesidad de vincular, en lo académico y lo profesional, el ambiente, las tecnologías y la comunicación.

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Llueve en Buenos Aires. Un tren levanta –con forma de ola– el agua acumulada y entonces sí, la problemática del cambio climático asciende al primer lugar en el podio de los famosos y concita la atención de los medios locales. “Tsunami en Buenos Aires”, titulan los noticieros de la tele y estalla la polémica en torno del tema en los portales de Internet; en paralelo, se reaviva el debate en las universidades. Hablar de comunicación ambiental hoy es como estar en la cresta de una buena ola y a punto de protagonizar algún excitante desplazamiento. No somos surfers ni otros deportistas en el mar, sino académicos, pero quienes trabajamos en el campo de estudios de la comunicación ambiental navegamos como investigadores en un territorio extremo, en el cual ya no es tan fácil manejarse con viejas coordenadas para poner buen rumbo. Lo ambiental es un sitio de frontera que expone los límites y los efectos indeseados del reduccionismo de seguir pensándonos como seres humanos separados de la naturaleza, ya sea dominándola o siendo víctimas de su poderío. Estamos empezando a entender que naturaleza y sociedad son un continuo que se expresa a través del concepto de ambiente, en un momento dado del tiempo y del espacio.

Ambiente, tecnologías y comunicación son espacios nodales de nuestro quehacer como profesionales y también como estudiosos de la comunicación social contemporánea. Suelo decir que, en última instancia, nuestro trabajo como comunicadores no es más que una búsqueda en torno de reconocer puntos de contacto, espacios de encuentro y conexión entre aquello que se halla disociado. En este sentido aportar soluciones a la problemática ambiental requiere un abordaje comunicacional que valore los componentes, pero también, muy especialmente, sus relaciones y sus sinergias sin escindirlas de su contexto.

Trabajando desde los paradigmas clásicos, las acciones comunicacionales dirigidas a la solución de los problemas ambientales se mueven típicamente en el ámbito de la difusión de ciertos mensajes, que suelen reducirse a tres tipos: como contenidos tecnológicos; en torno de la generación de normas para impedir la degradación de los recursos naturales; o acerca de incentivos de distinto tipo para promover conductas deseables en los ciudadanos. Por el contrario, desde las nuevas teorías de la comunicación estratégica, nuestro campo de estudio requiere ahondar en las vinculaciones, simbólicas y materiales y aun en las percepciones que hicieron posible que emerjan esas problemáticas. Requiere identificar las causas y los componentes de aquello que aparece como problema para identificar acciones de transformación deseables y posibles con distintos actores. No se ofrecen soluciones curativas, se va al meollo de la cuestión.

Existe un movimiento que está empezando a crecer en las universidades y que es el interés por una ciencia social que nos permita explorar nuestra experiencia del mundo como seres corpóreos. Necesitamos repensar la cuestión de la corporalidad y el conocimiento tomando en cuenta que somos partes indisociables del universo entendido como un infinito entramado vital. Como ya lo planteaba Spinoza, una red de intercambios en la que nada está aislado y en la que toda entidad singular precisa de las demás para existir. Si consideramos el universo como vivo y no escindido, lo que nos toca como comunicadores ambientales es aprender a trabajar en este mundo fluido, aprender a investigar y a actuar en redes y en sistemas complejos evolutivos.

Los trabajos de investigación en comunicación desde esta nueva perspectiva aportan a desplazamientos en las modalidades de pensar y hacer comunicación, a partir de las TIC y teniendo en cuenta que la multidimensionalidad de los fenómenos requiere concebir la actuación de la comunicación desde la estrategia y desde lo fluido, superando la tradicional comunicación prescriptiva.

* Doctora en comunicación UBA. Directora de la carrera de Posgrado en Comunicación Ambiental, Universidad Nacional de Rosario.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/laventana/26-141286-2010-03-03.html

  MEDIOS Y COMUNICACION

Sandra Massoni invita a repensar la comunicación estratégica como un espacio de encuentro que permita emerger a nuevas realidades.

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Jorge Luis Borges afirma que quizá la historia universal sea sólo la historia de la diversa entonación de algunas metáforas. En Otras inquisiciones, nos muestra una frase que puede verse en distintos textos y épocas con diferentes sujetos: “la naturaleza”, “el universo”, “dios”, “el vacío”... Considero que esa frase reseñada en nuestro tiempo quedaría así: el conocimiento es “una esfera cuyo centro está en todas partes y cuya circunferencia en ninguna”.

El enigma principal del siglo XXI es el del conocimiento y nuestra tarea como comunicadores sociales está alineada a este asunto por una cuestión de época. Resultan interesantes ciertas redefiniciones derivadas de la incógnita acerca del conocer como actividad humana, en especial aquellas que surgen de considerar los vínculos entre comunicación, estrategia y conocimiento como procesos de expansión no lineal. He planteado este tema en varios de mis artículos, en mis clases, también en mi último libro: Hacia una teoría general de la estrategia, escrito en coautoría con Rafael Pérez. Vinculada con la redefinición del conocimiento, la pretensión principal de esta obra es la de acompañar a profesionales, funcionarios y directivos para que incorporen algunos componentes de la revolución científica del siglo XXI a sus formas de pensar y hacer estrategias de comunicación. El enfoque que desarrollamos habla de los nuevos paradigmas, de las teorías de la complejidad, la física cuántica, las teorías del caos, las teorías de la autoorganización y propone un recorrido que interpela al lector no académico desde algunas de las paradojas que todos enfrentamos en nuestra vida cotidiana, en los lugares de trabajo, en nuestras casas, en las organizaciones.

El texto incluye la figura de la luna en un eclipse y esta es la metáfora que quiero compartir. Un eclipse no es un espectáculo simple, ya que no se consigue apreciarlo si no es también reconociendo la particular relación que consiguen entablar la luz y la oscuridad por un fugaz momento. La cuestión requiere entonces atender a un cierto ritmo: se necesita oscuridad para ver la luz y luz para ver la oscuridad, tal como ocurre con todos los opuestos. Pero –y aquí está la figura que quiero enfatizar– es el movimiento, en este caso el de los astros, el que nos permite “ver” la existencia de otro registro: el del sistema solar. Esa relación inusual, ese vínculo especial de la luz y la oscuridad sobre la luna, lo trastoca todo, porque hace evidente a nuestra vista la existencia de dimensiones que no vemos habitualmente. Hay un planeta que hace sombra sobre la luna. Y al correrse la tiniebla en el eclipse, este movimiento nos ilumina, nos ayuda, nos acompaña, nos empuja a asomarnos a otro espacio. Lo hace porque a su manera ese movimiento logra hablarnos de algo más allá que no era evidente; esa acción pone en contacto planos distintos y nos plantea un misterio, un enigma. Una inteligibilidad, algo que resolver.

El fenómeno de la comunicación junta, como en un eclipse, dimensiones que habitualmente no se tocan, por eso mismo suele ser fecunda en alumbrar nuevas relaciones entre algunos aparentes opuestos y ciertamente ayuda a habilitar nuevas miradas.

En medio de esta crisis resulta evidente que para abordar los problemas actuales no necesitamos más de lo mismo; no necesitamos crecer en lo que ya tenemos. Necesitamos innovar, también en comunicación: comunicación estratégica como un espacio de encuentro que implica tanto acciones como sentidos compartidos; estrategias de comunicación en tanto dispositivos de inteligibilidad que buscan hacernos ver nuevos planos, y que a partir de indagar esos puntos de contacto, hacen emerger nuevas realidades.

Comunicación estratégica, entonces, como un cambio social conversacional que aporta horizontes de mayor complejidad. Un mundo comunicado, en expansión, un mundo que crece.

* Doctora en Ciencias Sociales. Universidad Nacional de Rosario.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/laventana/26-129001-2009-07-29.html