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Para eludir las responsabilidades políticas que surgen de la interpelación requerida por la mayoría de los legisladores de la Ciudad, el doctor Montenegro sacó de la manga la carta de presentarse de repente a “informar” a los legisladores sobre los temas que a él se le ocurran encarar.

Debemos reconocer que se trató de una hábil picardía propia de quienes se sienten contra las cuerdas por tener mala conciencia, con el objetivo de confundir a la opinión pública. Como los “espontáneos” de la plaza de toros, que aparecen cuando quieren y fuera de las reglas de juego, Montenegro razonó de la siguiente manera: “Antes que me preguntes tú, prefiero contártela yo”.

Es por esta razón que la oposición al PRO entendió que no debía permitirle el éxito de esa jugada y resolvió insistir en que Montenegro se presente no como “espontáneo sin reglas” cuando quiere, sino como “ministro interpelado” cuando lo convoca la Legislatura.

En la jugada del ministro se advierte que fue peor el remedio que la enfermedad. Al rostro del funcionario acosado por la grave sospecha que surge del artículo 294 del Código Procesal Penal de la Nación le agregó ahora el signo inequívoco de la picardía que puede desconcertar, pero que no remedia, que puede permitirle decir “aquí estuve, cuando no se me esperaba”, pero que lo descalifica como persona seria, que puede generarle algún titular favorable en su prensa amiga, pero que le hizo perder la confianza y el respeto necesarios que, más allá de las diferencias ideologías, deben tener los funcionarios políticos por parte de los ciudadanos en general y de la Legislatura en particular.

Montenegro llegó a este episodio sospechado por haber sido citado a indagatoria en un proceso penal en el cual se investigan graves delitos, y salió de él habiendo generado la certeza de que –a juicio de este legislador– no reúne los requisitos de idoneidad para continuar siendo ministro en nuestra Ciudad.

No obstante, Montenegro todavía tiene a su alcance un último gesto de grandeza: el de advertir su grave error y renunciar.

* Legislador de la Ciudad-Partido Proyecto Sur.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-145333-2010-05-08.html

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El 10 de diciembre comenzará el mandato de los legisladores electos el 28 de junio pasado; entre ellos los ocho de la Alianza Proyecto Sur. El mandato que hemos recibido, como consecuencia de propuestas nacionales y locales claras, respaldadas por la trayectoria y la ética de todos, pero encarnadas en la figura de Pino Solanas, generó una gran responsabilidad y desafío, por cuanto confiamos –como muchos otros– en que el espacio popular, emancipador y progresista derrotará al macrismo en el 2011.

Mientras tanto, la tarea legislativa que nos espera debe armonizarse con el espacio político dispuesto a enfrentar el proyecto mercantilista y autoritario del macrismo, que administra la ciudad como a una empresa, trata a la cultura como a una mercancía, al habitante como a un consumidor, a la seguridad como una cuestión meramente policial, al espacio público como un negocio y destinado al bienestar de los sectores privilegiados, a los barrios carenciados como a guetos a la vez que degrada la educación pública –maltratando a sus docentes y dejando a sus edificios en estado de abandono–, desobedece al Poder Judicial y atropella las formalidades institucionales.

La acción en la ciudad no puede estar disociada de la propuesta política nacional que debe orientarla. Por ello no nos prestaremos, en ningún ámbito, al silencio cómplice frente a la degradación de lo público, la entrega o malversación de los recursos de todos, una corrupción impúdica (que se evidencia hasta en las declaraciones juradas de algunos funcionarios o funcionarias); la prepotencia que agravia las instituciones y, fundamentalmente, un régimen que tanto en lo nacional como en lo local profundiza las grandes definiciones económicas y prácticas políticas del menemismo.

En la ciudad debemos impulsar la reestructuración del uso del espacio urbano para revertir el proceso de su privatización y la recuperación del hospital público, impedir la destrucción del patrimonio histórico y cultural (de lo cual el caso del Colón es el ejemplo más notorio), y promover la cultura como identidad, como dimensión existencial y como práctica de la libertad, separándola netamente de la industria del entretenimiento revirtiendo la mercantilización del hecho cultural; formular una política de vivienda y ocupación del suelo que no esté subordinada a las reglas del consumo, la rentabilidad y el marketing urbano; defender la independencia del Poder Judicial frente al Ejecutivo, especialmente en su política de criminalizar la pobreza y la protesta social.

Es necesario replantear el proceso de focalización, descentralización y privatización que subordinó las políticas sociales a los criterios del liberalismo de los ’90 y reinstalar los principios de solidaridad y de participación en las políticas urbanas, para lo cual el rápido y eficaz funcionamiento de las comunas constituye una urgencia impostergable.

Es urgente la evaluación del gasto público, para poner en evidencia el criterio que lo orienta en cada área, y evitar el despilfarro o los negocios de familia. Para ello, la ciudad debe contar con un “presupuesto-programa” que tenga metas físicas, posibilitándose así la permanente evaluación “costo-beneficio” de cada asignación de recursos, entendiendo por “beneficio” el atendimiento de las urgencias los más necesitados; la real mejoría en la calidad de vida de todos, el más humano uso del espacio público y la preservación del ambiente.

Sabemos que la norma que expresa intereses populares y que aspira no sólo a ser votada, sino a una real vigencia, nunca es el resultado de la labor ilustrada del gabinete del legislador, sino que debe ser una respuesta concreta y adecuada a los problemas de la gente que se moviliza para reclamarla e imponerla.

La tarea no es simple ni fácil pero, con la gente, podemos y debemos realizarla.

* Legislador electo, Proyecto Sur.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-134958-2009-11-09.html

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El escenario surgido de las elecciones del 28 puso sobre el tapete una derechización que no es causa, sino consecuencia de una política del Gobierno que gradualmente fue adquiriendo el rostro de las concesiones petroleras, la ley antiterrorista, la prórroga de las licencias de televisión, la minería a cielo abierto, el “tren bala”, el veto a la ley de los glaciares, el no reconocimiento a la CTA, la promesa de pago “a libro cerrado” al Club de París, la proliferación de los casinos, los negocios de los amigos y la omisión ante el trabajo en negro, la pobreza, el hambre y el desamparo infantil, entre muchas otras cosas. Cada una de esas acciones operó sobre la imagen del Gobierno como la conducta de Dorian Grey operaba sobre su retrato: mostrando la verdadera naturaleza de su alma y la degradación del “alma bella” que alguna vez supo tener con la renovación de la Corte, la política de Derechos Humanos y sus lazos con los gobiernos de la América emancipadora. Sólo no lo vieron quienes no querían verlo y, contra eso, no hay nada que hacer.

En ese proceso el “modelo” terminó incomprensible, desnudo y agotado, tal como magistralmente lo señala Eduardo Grüner en su artículo en Página/12 (7/7/09), el cual, además, tiene la rara virtud de ser claro y de no incurrir en metáforas gongorianas.

Ante el desafío político de hoy no podemos permitirnos el sectarismo ni la mezquindad. No podremos estar a la altura de la expectativa creada si somos incapaces de sumar a todos aquellos que son nuestros compañeros de ideales, más allá de si nos votaron o no. Pino no se cansa de repetir que aquí no se le pide análisis de saliva a nadie que, compartiendo la concepción política y la propuesta programática, venga con vocación de trabajo a sumarse a la construcción colectiva indispensable para afrontar el 2011.

Frente al Gobierno hemos sido claros. Se apoyará todo proyecto y toda medida que atienda los intereses populares y a la causa de los intereses de la Nación y contribuiremos a su perfeccionamiento, como lo estamos haciendo con la propuesta para superar la Ley de Radiodifusión. Pero ello no debe inducir a confusión alguna: no integramos el confuso espacio del kirchnerisno ni del incipiente pankirchnerismo transversal.

Por ello no nos agrada la mezcolanza que se generó durante las elecciones: Víctor De Gennaro nos apoyó, y ese apoyo fue muy valioso y muy bien recibido, pero también apoyó a Martín Sabbatella, y estaba en su derecho de hacerlo. Por su parte, Sabbatella, también en el ejercicio de sus derechos, apoyó en Santa Fe a Agustín Rossi (el “palo para todo servicio” de los Kirchner), y si a esta secuencia le aplicamos el carácter transitivo de los apoyos políticos terminamos arribando a una promiscuidad inaceptable con un modelo y una práctica respecto de los cuales somos oposición. Las mañas de Arlequino en la construcción política sólo pueden conducirnos a perder uno de nuestros más importantes capitales: la credibilidad.

El confusionismo señalado se agravó con la proliferación de afiches y volantes truchos con el rostro de Pino, sea para tratar de perjudicarlo, sea para aprovecharse de lo que las encuestas ya anunciaban. En Proyecto Sur pensamos que entre aquel que fragua una factura para llevarse dinero de Skanska y aquel que fragua un volante para arrimarse algunos votos hay sólo una diferencia de oportunidad. En ambos casos se comparte una misma matriz ética y un mismo criterio de acumulación, que no son los nuestros.

* Legislador electo de Proyecto Sur.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/subnotas/128265-41193-2009-07-15.html