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  OPINION


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¡Estoy fascinado!

¡Realmente fascinado! Escuchar hablar de “pro-vida” es algo que me subyuga y conmueve hasta lo más hondo. Es cierto que nunca pude imaginar que alguien defendiera grupos “pro-muerte”, pero gobernadores, diputados, senadores, políticos y hasta algún obispo se convocan “en defensa de la vida”. ¡Maravilloso! (aunque debo manifestar una nueva pregunta: uno de los obispos convocados fue “castrense”, y no me parece que sea la característica principal de las Fuerzas Armadas la “defensa de la vida”, ¿o sí?).

Sin embargo, mi fascinación no logra salir de cierta confusión: los defensores del peor genocidio económico que ha vivido América latina (el neoliberalismo), con desocupación, desnutrición, hambre, es decir, “muerte”, ¿son pro-vida?; los defensores del genocidio dictatorial con desapariciones, violaciones, negación de las identidades de niños, secuestros, asesinatos, y personas vivas tiradas al río o al mar, ¿son pro-vida?; los defensores de guerras como la de Irak (y tantas otras, como sostenedores de egipcios dictadores, por ejemplo), los aliados de los saqueadores de recursos y provocadores de muerte por petróleo, diamantes, ¿son pro-vida?

Quisiera tener esto claro, porque me confunden un poco estos sabios...

Y debo decir que mi confusión aumenta cuando veo que muchas veces, ¡casi siempre!, son los mismos. Los que han defendido guerras, dictaduras y modelos económicos de muerte, son los mismos, y salen a proclamar la defensa de la “vida”. ¿Qué es la vida para estos personajes? ¿De sólo nueve meses se trata “la vida”? La vida digna, con justicia, ¿no la defienden?; ¿la vida de los jubilados?, ¿los torturados?, ¿las violadas en los campos de concentración?, ¿los esclavos contemporáneos que utilizan sus amigos?; ¿los pobres que aprenderá a torturar la Policía Metropolitana?

¡Vida! ¿Estaban allí cuando se votó para que los jubilados tengan dos aumentos anuales?, ¿o que se anulara el perverso sistema de AFJP?, ¿y la Asignación Universal por Hijo?, ¿y el plan Conectar Igualdad?; ¿dónde estaban cuando se consideraron de “lesa humanidad” las violaciones de derechos humanos? ¿No es “vida” eso?

Pero cuando veo que a eso se suma una crítica al matrimonio igualitario (¿cuál sería el atentado contra “la vida” en este caso?), y la crítica a “la ideología de género”, me confunden más todavía. ¿Será que realmente estos señores y señoras (perdonen el lenguaje inclusivo, pero los que miramos desde una perspectiva de género solemos usarlo) son realmente defensores de “la vida” o son más bien defensores de una ideología que usa la vida –unos pocos meses de la vida, debemos decirlo– como excusa para sostener sistemas de muerte? Es bueno que tengan ideología; ¿quién no la tiene?, pero me permitirán que desde una irrestricta defensa de la vida, y vida digna, y de los derechos conculcados, manifieste mi más profundo de-

sagrado y rechazo a una simple cosa, quizás menor: no acepto que los que yo tengo por adalides de la muerte nos quieran hablar de “vida”, y que utilicen un lugar de la democracia –palabra que la mayoría de ellos y ellas desconoce– para levantar sus negras banderas de cruzada.

* Coordinador del Movimiento de Sacerdotes en Opción por los Pobres.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/subnotas/161775-51830-2011-02-05.html

  OPINION


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Tuve ocasión en Internet de ver el momento en que el “padre Pato”, criollo en su vestimenta, poncho al hombro, interrumpe al Coral Lutheriense, y tuve ocasión de escuchar y leer sus posteriores declaraciones.

Es verdad que todo esto “no afecta la vida de los pobres”, como dijo algún cura amigo, pero no podemos ignorar que el tema esconde aristas muy sensibles y graves.

Dejo de lado la trascendencia del tema en diferentes medios y el ocultamiento en otros, más propios de algún oligopolio mediático, y sus circunstanciales aliados políticos, provinciales y nacionales de lo que se han ocupado correctamente sectores de derechos humanos de San Rafael.

Dejo de lado también la pena que me da la falta de sentido del humor del personaje en cuestión. He escuchado decenas de chistes sobre judíos contados por amigos judíos y no podría recordar la cantidad de chistes de curas que se cuentan en ambientes clericales.

Me quisiera detener en dos aspectos que fueron juntos en la perversa afirmación “violar la fe es diez mil veces peor que violar a una hija”.

En momentos en que el mundo está conmovido por los escandalosos casos de pederastia en el clero –cosa no siempre acompañada en nuestro país donde “el gran pederasta” sigue suelto– resulta una bofetada arrojada al aire y al público. Podría haber dicho “peor que violar las leyes”, o hasta “peor que violar la Constitución”, ¡pero no!: dijo “diez mil veces peor que ¡violar a una hija!”.

Es sabido que la enorme mayoría de los casos de violencia familiar contra mujeres y niños/as ocurren en el seno de la familia, pero eso no exime al clero. El padre Pato parece haberse burlado, o –peor aún– menospreciado a las víctimas de abusos por parte del clero. Y eso es escándalo y es violencia.

Pero, por otro lado, el sketch en cuestión se reía del celibato, no de la fe. El celibato no es cuestión de fe, es una disciplina eclesiástica que bien podría anularse (¡y sería bueno que el tema pudiera debatirse en el seno de la Iglesia!) y, si se anulara, la fe no se vería afectada en lo más mínimo.

Es posible que el cura en cuestión sea un perfecto ignorante, y la lectura no figure entre sus hábitos, pero lo que sí parece figurar entre sus pasiones es el autoritarismo: autoritarismo que se cree con derecho de interrumpir un espectáculo público, autoritarismo que se cree con derecho de burlarse de las víctimas de la pederastia, y autoritarismo que cree que la Iglesia debe decir a la sociedad qué debe ver, escuchar, pensar y hasta sentir. Y eso sí es cuestión de fe. Y en eso, el padre Pato ha sabido violar la fe. Porque un tal Jesús de Nazareth, que sabía de estas cosas, dejó bastante claro cómo entendió la autoridad, donde ni siquiera Dios se impone. Claro que para saber esto, el padre Pato debería haber leído el Evangelio.

* Coordinador del movimiento de sacerdotes en opción por los pobres Carlos Mugica.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-160974-2011-01-23.html

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El matrimonio igualitario es ley en Argentina. Obvio que un grupo ganó, y tocará a ellos y ellas festejar y analizar ese triunfo. Y la historia y la vida mostrará cuánto afecta a nuestra sociedad la nueva ley.

Pero como miembro de la Iglesia, y más allá de la opinión que cada uno tenga, creo que la Iglesia Católica romana (y otras comunidades religiosas) han perdido una batalla. Una batalla en la que habían puesto “toda la carne al asador”. ¿Por qué perdió “la Iglesia” esta batalla? (al hablar de “Iglesia” en este párrafo me refiero a la jerarquía episcopal, concretamente).

Brevemente me parece haber visto diferentes actitudes en los obispos: no me parece que fuera la misma (aunque todos compartieran el rechazo a la ley) la opinión de Casaretto que la de Marino, la de Arancedo que la de Aguer. Creo que en el interno de la Iglesia jerárquica, en esto –seguramente movido en muchos casos por el miedo– ganó la línea más dura, la que habló de “guerra”, de “kulturkampf” (lucha de culturas), la que lo planteó como una suerte de cruzada. Y esta posición no supo o no quiso argumentar, lo suyo era el fundamentalismo bíblico, la tradición, la “naturaleza”. Argumentos que pueden servir o debatirse en terrenos teológicos, para un debate teológico (o no, según el caso), pero no era teológica la cuestión que se discutía.

Si la jerarquía pretendía que su posición tuviera un eco, que fuera recibida, ¿por qué no puso a sus mejores “cabezas” a expresar argumentos y razones, en lugar de repartir condenas y amenazas? Creo que gran parte de la “derrota” de la jerarquía estuvo en sus propias filas, en haber elegido la vía de la confrontación y no la del diálogo.

Como curas, un grupo nos manifestamos formulándonos preguntas, en la jerarquía parecían abundar certezas. Creo que muy otra hubiera sido –no sé la votación, pero sí la sensación de “derrota”– si la Iglesia hubiera actuado mostrando otra cara, una cara de respeto, de escucha, de tolerancia. En algunos casos, los discursos de los senadores contra la Iglesia mostraron una polarización curiosa. Permítaseme una analogía: en algunos casos, ante la aparición de películas que algunos dicen que hieren la sensibilidad eclesiástica, muchas veces hay obispos que empiezan verdaderas campañas contra la película que sólo logran que la gente que concurre sea mucho mayor; el caso de la mala película El Código Da Vinci es evidente, una pésima película que seguramente hubiera estado una semana en cartel tuvo gran repercusión por la oposición cerrada de los obispos. ¿No hubiera pasado algo semejante en el tratamiento de la ley de haber habido otra actitud?

En lo personal no escuché argumentos fuera de lo estrictamente “eclesiástico” en contra de la ley, no hubo elementos jurídicos, sociológicos, psicológicos, culturales, antropológicos, etc. Creo que la Iglesia jerárquica sólo gritó más fuerte, ¡y perdió!

Si se hubiera aprendido de la historia, lejana y presente, a lo mejor los obispos hubieran elegido otro camino, y/u otros voceros. Creo que ellos eligieron perder.

* Coordinador del Movimiento de Sacerdotes en Opción por los Pobres.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-149626-2010-07-16.html

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Hace varios años, con su histrionismo habitual y no menor superficialidad, Bernardo Neustadt proponía casi como ejemplo social a un ingeniero que había matado a un chorrito que había querido robarle el pasacassette de su auto. Interesante proporción: un pasacassette de un ingeniero vale más o menos lo mismo que la vida de un “negro”.

Claro que estamos habituados a esto: los muertos por la guerra del coltán en el Africa son cientos de miles al año, pero para los medios de comunicación valen menos que los pocos muertos gringos en las guerras por ellos provocadas. A eso se lo podría llamar “racismo”, pero como queda mal, “lo dejamos ahí”.

Hace poco más de un año mataron a Kitti y a su amigo. Los balearon por la espalda en la Monteverde y el arroyo Las Piedras. Dicen –y nunca lo probaron– que habían querido robar a uno que resultó policía: ¿conclusión? Ambos muertos, con muchos balazos. La causa nunca avanzó, según me dijeron los familiares. Los vecinos cortaron el puente; cuando fui a hablar con ellos la policía me amenazó, y algunos vecinos los llamaron “negros”. Es evidente que la vida de dos pibes vale menos que “mi derecho a transitar libremente”.

Tres adultos honorables de General Villegas tuvieron sexo con una menor. Filmaron todo y –además– lo subieron masturbatoriamente a Internet. ¡Divertidísimo! Cuando alguien habló de abuso “y esas cosas”, un grupo de gente salió a las calles a defenderlos. Pasaron a ser “víctimas”, porque “¡acá todos sabemos quién es esa chica!”. Claro que si la chica era lo que ellos dicen que era, nadie habló de ayudarla. Al fin y al cabo, no vale gran cosa.

En Bariloche parece que un policía tuvo tanta mala suerte que se le escapó un tiro justo hacia un chico que corría. Justo en la nuca. Y cuando la gente protestó, parece que se le escaparon dos tiros más. Además de que parece que se le escaparon algunas trompadas, patadas y otras cosas. Y un grupo de bajos barilochenses (son bajos, ¡qué le vamos a hacer!) marchó apoyando a la policía. “Es que queremos a los policías y no a los chorros, mi amor”, dijo un señor bien puesto. Debo decir que nunca imaginé una manifestación “a favor de los chorros”, no podría suponer quiénes irían a semejante acto. Parece que para los comerciantes vale más una vidriera que una vida. Claro que –además– queda por aclarar si no estamos ante una “represión preventiva”, porque nadie había hablado de vidrieras rotas antes del tiro fugado.

Interesante contraste con la multitud que igualaba a todos en los actos del Bicentenario, donde todos compartían mate y abrazos, bailes y cantos porque “algo” nos hermanaba. ¿Será que cada vez que aparecen estas cosas debe haber una “contrarreacción”? Recuerdo cuando una multitud fue a la ESMA y al poco tiempo apareció un ingeniero trucho con carpetas y velas, y marchas alentadas especialmente por varios medios a favor de una “cruzada”.

Esto del “nosotros” y “ellos” –que ya vivimos con un crimen en un country–, del alto y el bajo, los negros y los blancos, el norte y el sur, debo decirlo, me resulta repugnante.

Algunos creemos que un tal Jesús de Nazareth vino a proclamar que todos somos hermanos y hermanas, y que nadie es más que nadie porque el Padre Dios nos hace iguales. Y para predicar eso comía con los que “no valían”, tocaba leprosos, hablaba en público con mujeres –algo terrible en su tiempo–, abrazaba niños –una verdadera zoncera en aquella época– y decía que Dios reina cuando los pobres tienen buenas noticias. “Negros”, mujeres, gays y lesbianas, del alto o del sur, sin duda serían del grupo con los que se juntaría Aquel que era acusado de ser “amigo de publicanos y pecadores”.

Muchos creen que la Iglesia es el sustrato de la argentinidad. Las marchas, las actitudes y las muertes parecen desdecirlo, o al menos nos hacen preguntarnos por lo que hemos sembrado, ya que “el árbol se conoce por sus frutos”. Y también desafiarnos en qué es lo que estamos sembrando ahora, o vamos a sembrar.

* Coordinador del Movimiento de sacerdotes en opción por los pobres.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-148178-2010-06-24.html

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Si algo queda claro en la enorme gravedad de los casos de abusos es que, más seriamente que un problema sexual, estamos ante un tema de poder. Se trata de un abuso de poder. Una figura (o más de una) ante la que se experimenta debilidad, ejerce abusivamente poder sobre ella. De allí que se diferencie de una violación, aunque a veces la incluyan. El violador suele ser un desconocido que irrumpe, un abusador es un conocido que con su poder no sólo abusa sino que ve, de una manera u otra, garantizada su impunidad.

Una de las cosas que más escandalizan ante los casos de abusos sexuales de menores por parte de curas no es la cantidad, ya que no parece que sea proporcionalmente más numeroso que los casos de docentes, enfermeros, y –sobre todo– personas cercanas en la familia a la víctima. Lo escandaloso es el silencio, “barrer bajo la alfombra”.

Es verdad que muchas veces el mejor escudo que tienen los abusadores es la conspiración de silencio del entorno familiar. “¿Por qué mamá no me cree?”, me decía hace tiempo una niña ante el abuso por parte de la nueva pareja de la madre. El logro es hacer sentir a la víctima como “sucia”, o como “provocadora”. “Vos lo provocás”, me contaba que suele decirle la mamá a otra víctima del abuso por parte de la nueva pareja. “Hace 20 años que me siento sucia”, me dijo una vez una mujer ya adulta, después de mucho tiempo de ser abusada por un amigo del padre. He allí el gran triunfo de los abusadores, y allí está su “poder”. Es una “transferencia de la culpa”.

Siendo que el tema de los abusos por parte de curas está –afortunadamente– en el candelero, y los culpables empiezan a tener nombre y rostro (algunos ya conocidos, pero libres por tener carísimos abogados), me surge desde mi más honda indignación: ¿Qué pasa en General Villegas? ¿Quién puede creer que tres adultos filmados manteniendo relaciones sexuales con una menor son ellos las víctimas? Que la niña es “sucia”. Que es provocadora... Escuchando voces de la gente que participó en la marcha ¡en defensa de los abusadores! no puedo resistir la indignación. ¿Es un pueblo enfermo? No sé si fue o no violación, cosa que espero dirima la Justicia, pero tres adultos con una menor, ¿y la niña es la victimaria y ellos tres las víctimas? Me parece gravísimo el tema. No sé si es un pueblo abusado, no sé si es un pueblo enfermo, no sé si es un pueblo perverso, lo que sí creo es que en General Villegas –¿sólo allí?– haría falta sensatez. Y que alguien les enseñe que entre victimario y víctima hay un “ríio”. Un río de dolor, de violencia, de perversión y de vida. Y no parece muy humano no darse cuenta.

* Coordinador del Movimiento de Sacerdotes en Opción por los Pobres.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/subnotas/145820-46803-2010-05-17.html

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1 Pelusa, el Padrenuestro y la “hermana creación”

El otro día celebré misa en uno de los barrios de la parroquia. La capilla, como es lógico, es pequeña. En el momento del Padrenuestro, como es habitual, todos se dieron la mano, y en ese momento Pelusa se estiró y tocó las manos de Mirta y Jesica que se la estaban dando entre ellas. Pelusa tiene un año, y es de raza “callejero”, “perro de la calle”, que le dicen. Viendo el gesto, también ella quiso participar y no soltó sus patas hasta que ambas “humanas” se soltaron a su vez. Yo había visto perros que se acercan a la comunión detrás de toda la fila, y hasta perros que saludan en “la paz”, pero nunca un perro que diera “la mano en el padrenuestro”.

Darse las manos pretende ser un signo de fraternidad frente a Dios al que reconocemos como “Padre” que nos hace hermanos y hermanas. ¿Y un perro podría serlo? Obvio que no, parece la respuesta fácil y rápida. Pero recordé en seguida la insistencia en el título “hermano/a” que pone Francisco de Asís en su oración a la creación, celebrando al hermano aire, y al fuego, y la hermana agua o “hermana madre tierra”.

Cuento una anécdota de Aparecida: cuando se empezó a redactar el capítulo sobre ecología, yo propuse la cita de Francisco que alaba a la “hermana, madre tierra”, y en seguida fue aceptada pero en cada redacción eliminaban “madre”, y yo reincidía. Finalmente, cuando el texto es llevado para pulir definitivamente –y adulterar, como es el caso– tuvieron que poner “madre tierra”, porque así lo dice el santo. Parece que los obispos, no sólo no conocían a Francisco, sino que el miedo a la religiosidad indígena y a aparecer “pegados a la Pachamama” los hacia negar incluso lo evidente.

Lo cierto es que la “hermana madre tierra” nos urge. ¿Tratamos como hermana” a la “madre tierra”’? Pelusa me recordó que somos hermanos de la creación. A la que somos incapaces de “dar la mano”. Mientras tanto, no sólo la “embasuramos”, sino que, además, la llenamos de glifosato, transgénicos y demás cosas que nos exige el dios dinero, pero matamos, envenenamos y “profanamos” a la “madre-hermana”, aunque nos dé la mano en la oración. Quizá muchas “Pelusa” nos harían bien para refrescar la fraternidad con la “madre tierra”, y aunque desde Roma nos hablen de liturgias solemnes, casi inmaculadas y divinas, una perrita nos enseñe “humanidad”.

2 Los casos de abuso y la jerarquía

Las denuncias por casos de abusos de curas a menores no son nuevos. Y tengo claro que “denuncia” no quiere decir “abuso”, sino sólo sospecha. Pero como ahora le toca el turno a la “perfecta” y “superior” Alemania, me parece interesante comentar algo. En realidad, tengo presente el caso de un cura argentino –religioso él– al que –ante el caso Grassi, condenado por abuso– un superior le dijo que “no podía juzgarlo y debía recordar que todos somos pecadores”. Cuando me lo contó, herví. Claro que soy pecador. Pero nunca abusé de un menor, nunca cometí un crimen aberrante. ¿Que merece misericordia? Claro. Como todos. ¿Que debe hacer tratamiento? Claro, como todos los enfermos. Pero siendo un criminal, debe tratarse desde la cárcel, no desde un “traslado pastoral”, que disimule o “tape” lo aberrante. Hoy sabemos que Juan Pablo II no era tan firme en estos temas, como el silencio ante los abusos de Marcial Maciel lo evidencian (Maciel es el fundador de los Legionarios de Cristo, importante congregación derechista de origen mexicano... “la obra” debe trascender, parece decirse, y conviene “silenciar” los “deslices” del fundador). Pareciera que J. Ratzinger es más rígido como la condena a Maciel lo revelaría, aunque habrá que esperar que se aclaren con justicia las últimas denuncias sobre el silencio del actual Papa en un caso cuando era obispo de Munich. Lo cierto es que en la estructura eclesiástica parece que muchos no lo ven como un hecho aberrante sino como “caída”, “debilidad”. Es más, creo –y sería espantoso– que varios en la jerarquía miran con peores ojos que un cura esté en pareja heterosexual –clandestina, obvio– que el hecho de que un cura abuse de menores. ¿Será que muchos en la Iglesia no consideran realmente “delito”, “criminal” la pederastia? Sería gravísimo que no lo hicieran, sería complicidad. Barrer bajo la alfombra no es meritorio ni prudente ni diplomático. Es sucio.

3 Platón y Aristóteles

Es bastante conocida la famosa pintura de Rafael Sanzio, “La escuela de Atenas” (pueden verla en http://agaudi.files.wordpress.com/2007/11/laescueladeatenasgr.jpg). En ella, caminando entre la gente, se ve a uno –Platón– señalando hacia arriba, mientras otro, Aristóteles, tiene la mano abierta con la palma hacia el piso (se puede ver el detalle en http://www.biografiasyvidas.com/monografia/aristoteles/fotos/aristoteles_5.jpg). Se suele decir que Platón señala el mundo de las ideas, mientras Aristóteles marca “la realidad” (queda para otro análisis la pregunta por qué “las ideas” están arriba y “la realidad” está abajo). Lo cierto es que pareciera que la política de ayer y de hoy se mueve en un “eterno conflicto” entre lo ideal y lo real. No pretendo aclarar nada sobre este tema tan fascinante, pero sí señalo que creo que “realidad” e “ideal” deben ir y venir continuamente del uno al otro en una tensión dialéctica para evitar “pragmatismos” o “idealismos” que no den respuestas sabias al momento presente. Mientras escucho algunos políticos hablando de “pragmatismo” y otros defendiendo “ideas”, me llama la atención y recuerdo a Rafael. Algunos proponen cosas maravillosas, o –al menos atractivas–, pero es evidente que les falta “la realidad”, mientras que otros pretenden mirar la realidad sin moverse hacia un idealismo... Veo discursos más o menos razonables de algunos sectores, pero a su vez veo que son “impermeables” a la realidad y terminan o bien aislados (es obvia la izquierda que se divide una y otra vez en “diluciones homeopáticas”), o bien “pegados” a sujetos detestables. ¿Cómo explicar, si no, a Pino Solanas al lado de Morales-Carrió-Menem? Me niego –por otro lado– al discurso aparentemente “único” de sectores políticos (recuerdo a Carlos Saúl con su “las ideologías y las utopías han muerto”), el discurso único de los economistas (no hacen falta ejemplos, pero no quisiera despegar de esto a la Asociación [pseudo] Cristiana de Dirigentes de Empresa, de la que lo único que me queda claro es que de “cristiana” no tiene nada), y también al “discurso único” en la Iglesia, que contradice la tradición –como si fuera lo mismo Tomás que Buenaventura, e incluso la Biblia, ya que no es lo mismo Mateo que Pablo). Escuchar a supuestos dirigentes inmaculados (y no me refiero a Carrió ya que el circo está de receso y retoma sus funciones en vacaciones de invierno) hablar de “transparencia”, de “proyectos” y notar que la realidad parece ausente de sus discursos, me parece grave y preocupante, por más agradable que aquellos sean. Y si miro la realidad, mirar ciertas caras o apellidos me invitan o al Alzheimer o a la militancia. Y, la verdad, creo que lo primero es enfermedad y lo segundo esperanza.

Coordinador del movimiento de sacerdotes en opción por los pobres Carlos Mugica.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-142090-2010-03-16.html


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A raíz de declaraciones habituales del Papa, relacionadas en este caso con la colecta anual Más por Menos, algunos retomaron en nuestro país el tema de la pobreza: “escándalo” la llamó Benito 16. “Escándalo” repitió el cardenal Bergoglio. La pobreza nos duele, remarcó con su habitual glamour el presidente de la Sociedad Rural, la pobreza es el tema principal en el diálogo, destacó monseñor Alcides Casaretto, la pobreza es el tema que ocupa lugar principal en los medios de comunicación social en nuestros días. Demasiada insistencia en tan poco tiempo para ser casual. ¿Qué ocurrió? ¿De golpe descubrieron a los pobres aquellos que ayer los ignoraban? ¿Será que “ayer” no había pobres y los hay desde poco después de las elecciones? ¿Será que algo ocurrió puntualmente para que el tema se desencadenara? Demasiadas casualidades, que nunca son inocentes en política.

Que en Argentina haya pobres es realmente un escándalo. Que haya uno solo, lo es. Pero miremos un poco más. “El hambre es un crimen”, afirmaban los siempre castigados “chicos del pueblo”, a lo que obviamente adherimos. Personalmente ya me llamó la atención que un diario destacara, semanas atrás, que los chicos pobres comían cuises, algo que es remedo de lo que decían los diarios en el 2002 (“caballos, ratas y sapos”, decían entonces). Insistencia en el diálogo, escándalo de la pobreza, gravedad de la situación de los pobres, temas remanidos... ¿será que “alguien” nos quiere decir que estamos como en el 2001-2002?; ¿será que ese/esos “alguien” quiere/n alentar el imaginario para que no nos “escandalice” sino que deseemos que un gobierno constitucional “no termine”?

Una reflexión

Cuando escucho a ciertos sectores progresistas decir que “no hay que judicializar la pobreza”, realmente me molesta mucho. Personalmente creo que DEBE judicializarse. La pobreza es un crimen, y debe ser penado todo lo que sea responsable y “ejecutor” de que los pobres sean más (más pobres y más los pobres). Creo que el Poder Ejecutivo no puede ser indiferente a la “escandalosa” distribución injusta del ingreso; creo que el Poder Judicial debe considerar un crimen que no se subsane el delito y sancione a los responsables, y creo que el poder legislativo debe sancionar todas las leyes necesarias para que los pobres sean cada vez menos (menos pobres y menos los pobres).

Ahora bien, ¿por qué hay pobres? Esa es la pregunta fundamental. Por eso me parece totalmente empobrecedora la palabra “excluidos”, lo he dicho en otras ocasiones: porque “excluidos” no implica “excluidores”, porque nunca hay “responsables”. Porque los pobres en Argentina no son pobres por vivir en un país pobre (¿hay en el mundo muchos países más ricos que la Argentina?). Entonces, preguntarse “por qué hay pobres” es el paso fundamental para enfrentar el escándalo. Sin una seria respuesta a esa pregunta, todo es teatro. O burla. ¿Cuáles son las causas de la pobreza? ¿No tiene nada que ver en la razón de que haya tantos muy pobres, el hecho de que haya pocos tan ricos? Y para que nadie me acuse de “neo-marxista” recuerdo que la frase “los ricos son cada vez más ricos a costa de pobres cada vez más pobres” pertenece a Juan Pablo II. ¡Ah!, y la frase “imperialismo internacional del dinero” fue dicha por Pio XI.

¿Qué es el escándalo?

La palabra “escándalo” es una palabra usada con mucha frecuencia por la Iglesia. Aunque a veces, de un modo extraño. En la Biblia el escándalo es la trampa en el camino, la piedra que hace tropezar. Es decir, es lo que impide avanzar, lo que no deja caminar. Pero uno puede “escandalizarse” de cosas positivas, y en ese caso ¡pobre del que se escandaliza!, o escandalizarse por malos ejemplos, y en ese caso ¡ay del que escandaliza!... En nombre del “escándalo” muchas veces en la Iglesia se “esconden” curas pederastas, para que no haya “escándalo”, o se cuestiona al periodista que muestra aquello que escandaliza, como un torturador “relocalizado” en Chile. En realidad, fijando el ojo, el escándalo no lo provocan los que muestran lo que escandaliza, sino quienes lo obran: los pedófilos, los torturadores, los miembros de la institución eclesiástica que se muestran con “relaciones carnales” con el poder económico o político.

Ahora bien, si miramos así, en lo personal, la pobreza no me escandaliza. La pobreza me compromete, me impulsa a hacer lo más que sé y puedo para enfrentar la injusticia que la provoca. En lo personal, lo que me impide caminar, lo que me parece que es una trampa en el camino es la riqueza. La ostentación, pornográfica con frecuencia, es lo que escandaliza. Los injustos, los victimarios me escandalizan. Y quienes son cómplices, aduladores, o difusores. Lo que es un escándalo es la riqueza, ¡no la pobreza!

La propiedad privada

Como no podía ser de otra manera, en plena fidelidad a su historia, la Sociedad Rural insistió en el tema de la propiedad privada. Es absolutamente coherente. Nunca se preocuparon de los “privados de propiedad”. Pero en lo personal, y con el sustento que me dan el Evangelio y el Magisterio de la Iglesia, no la escuela de Frankfurt, creo que mientras la propiedad privada sea vista como un “absoluto”, o un “dios”, la pobreza seguirá creciendo. Y doliendo. Aunque nunca olvido aquello que repetía Carlos Mugica: “primero se apropiaron de todas las tierras y después hicieron el Código Civil”. Todo lo expoliado ayer y hoy a América latina parece que no “era” propiedad privada, y la “deuda externa” parece que empieza cuando ellos deciden, y no cuando Bolivia fue saqueada, Paraguay masacrado, Colombia devastada... Y los indígenas “simplemente” aplastados, robados, y víctimas de un genocidio que algunos llaman “el mayor genocidio de la historia”. Difícilmente algunos hubieran podido fundar la Sociedad rural o entidades afines si antes no saqueaban a mapuches, tehuelches y tantas otras etnias “dueños de la tierra”, para después ser “terratenientes”, “gente de campo”. Pero aunque desmemoriadamente olvidáramos esto, la insistencia en la propiedad privada, y el olvido del fin social de la propiedad sin ninguna duda es “la madre de todas las causas” de la pobreza.

Los nombres

En realidad, creo que un elemento que nos permite entender el momento que vivimos es el tema de “los nombres”. Precisamente los pobres son los que nunca tienen nombre: son “los negros”, “los paraguayos/bolivianos”, los cabecitas”, o simplemente “los pobres”, pero nunca tienen rostro, nunca tienen nombre. Los ricos, en cambio, tienen nombre propio. Tan propio como su propiedad. Se llaman Maurizio, Francisco, Ernestina, Amalita. Y mientras los pobres sigan siendo “anónimos”, o sean simplemente “números”, no se tocará el corazón del problema. Basta pensar la movilización que ocurrió cuando el pobre una vez tuvo nombre y se llamó “Barbarita”. Que los pobres dejen de ser número y tengan rostro y nombre se vuelve intolerable. Y duele. Porque la pobreza y los pobres no escandalizan. ¡Duelen! Por eso que se hable de “estadísticas”, “número de pobres”, no es un tema importante. Es serio, pero no habrá movilización hacia las causas. Pero el problema que provoca reconocer el nombre y el rostro es que duele, huele, se palpa. Una cosa es hablar de “un/los pobre/s” y otra abrazar su cuero curtido y reseco, sentir su olor a humo en invierno, su cara fácilmente imaginable distinta si hubiera nacido en otro lugar con otra alimentación, y otro cuidado.

Pero lamentablemente creo que hay que decir que no sólo los pobres no tienen nombre. También los culpables nunca lo tienen. Ver discursos y documentos eclesiásticos cargados de buenas palabras o ideas interesantes, pero donde nunca hay un nombre, nunca un rostro, hace difícil darle crédito. Escuchar hablar del escándalo de la pobreza, sin que se nos diga por qué hay pobres y por responsabilidad de quiénes hay pobres, puede terminar siendo un discurso retórico y vacío. Hay pobres porque hay ricos. Especialmente en Argentina. Y si los ricos tienen nombre, no está mal recordarlo. Con alguna exageración, pero parte de verdad, San Jerónimo decía que “todo rico es ladrón o hijo de ladrón”. Y es doctor de la Iglesia. Y si alguien es ladrón, es “empobrecedor”.

Una mirada a la situación actual

Hay pobreza. Es evidente y grave. Creo que la pobreza ha aumentado en los últimos tiempos, al menos es lo que vemos en nuestros barrios los curas amigos. No es fácil decir cuánto, pero insisto: no me escandaliza compartir momentos con los pobres, me escandaliza ver a la mesa de enlace tirando leche; no me escandaliza –sí me compromete y moviliza– que aumenten los pobres, me escandaliza que los ricos sean diputados, o jefes de gobierno, o manejen medios y la opinión pública; no me escandaliza ver al pobre a la cara y llamarlo por su nombre, me escandaliza ver a sectores de la Iglesia de Jesús, el Mesías de los pobres, e Iglesia de los pobres, cercana de los responsables de la pobreza.

Pero –por otro lado– sí creo que hay un clima enrarecido. La trascendencia del telegrama del Papa (infinitamente mayor comparada con la poca trascendencia que tuvo su reciente encíclica toda ella dedicada a cuestiones sociales), los discursos en la Sociedad Rural diciendo “por ahora” no cortamos puentes, defendiendo a Martínez de Hoz, y creando evidente clima destituyente, sí es preocupante.

Es curioso: los obispos argentinos nunca pusieron al arzobispo de La Plata, Héctor Aguer en ninguna comisión episcopal, y justo en estos momentos difíciles, lo eligen presidente de la comisión episcopal de Educación, como queriendo “marcarle la cancha” al Gobierno en un campo tan específico y sensible a antiguas conferencias episcopales. No hace falta recordar que durante las dictaduras el Ministro de Educación era consensuado con el Episcopado, y lo mismo se hizo en los gobiernos democráticos sucesivos. Elegir para ese cargo episcopal a un obispo con evidente vocación de cruzado, es obviamente para “cruzar” al gobierno en este tema. Su referencia en sus dos declaraciones de hace un mes y la semana pasada aludiendo al “neo-marxismo” no hizo sino recordarnos otros duros momentos episcopales y dictatoriales.

Una última cosa: hace tiempo yo decía que no parecía que hubiera posibilidad de golpe militar en Argentina fundamentalmente por dos motivos: la embajada de los Estados Unidos no parecía alentarlos, y la Iglesia hizo una clara defensa de la democracia. Por tanto si dos de los grandes apoyos de los golpistas no los alentaban, la cosa se les haría difícil a quienes los propugnaran. El presidente de la UCR en el Senado dijo que hay quienes no quieren que el gobierno llegue al 2011, pero nadie le pidió nombres. La embajada no parece ajena al golpe militar en Honduras, y –allí– la Iglesia jerárquica, en voz del cardenal Rodríguez Maradiaga, tomó clara postura por el régimen de facto. Algo semejante se ve en la postura del Cardenal de Bolivia, Julio Terrazas. Algunas declaraciones episcopales parecen sumamente preocupantes en este marco.

Por todo esto, no creo que todo este cúmulo presentado al comienzo sea “casual” ni creo que algunas voces episcopales lo sean. Personalmente, no creo que a muchos de ellos les importen los pobres; es más, muchos parecen festejar cada muerto de fiebre “A” o cada caso de dengue, o cada aumento de un dígito en la pobreza. Personalmente creo que mientras no tengan nombre los pobres, no tengan nombre los empobrecedores, y mientras se siga sacrificando la sangre de las víctimas en el altar de la propiedad privada y el dios dinero, seguramente la situación se agravará, aunque los victimarios nos miren con cara de compungidos en los espacios pagados. Pero mientras eso ocurra, el Evangelio de Jesús, la búsqueda de ser “Iglesia de los pobres” no nos dejará tranquilos hasta que los pobres tengan casa, pan y trabajo. Hasta que los pobres sean vistos como hermanas y hermanos, o mejor aun, hasta que ya no haya pobres porque tampoco habrá ricos y habrá mesa compartida y vida celebrada para todos.

* Coordinador del movimiento de sacerdotes en opción por los pobres Carlos Mugica.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/subnotas/129743-41749-2009-08-10.html

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Hoy pude escuchar un fragmento de un reportaje a Raúl Portal. Dijo: “Ganamos 2 a 1”, aludiendo a que de los tres acusadores de su amigo Grassi, sólo se había reconocido el abuso, pederastia, pedofilia en uno.

Me hizo recordar cuando un hincha de Boca, después de que River nos ganara 2 a 0, dijo “empatamos 2 a 2” porque “les matamos dos”. Los medios levantaron insistentemente y amplificaron la voz del apologista de la violencia. Y nadie pensó que había una campaña contra Boca de parte de los medios al divulgar la insensatez.

No hace falta señalar lo que todos han señalado... que el fallo diga que Grassi puede quedar en libertad porque no hay peligro procesal me parece gravísimo. No hay peligro de que se fugue, quieren decir. Ahora, si hay peligro de reincidencia en aquello por lo que se lo ha condenado, no parece el problema. Los menores no importan, sólo el proceso.

Por no mencionar los titulares de sus amigos de Infobae... los mismos que condenan a jueces que liberan acusados, los mismos que reclaman mano dura, parece que eso vale sólo para “los otros” y, en este caso, se trata de una campaña, o algo así.

Por no mencionar los silencios de cierta jerarquía, que habla públicamente contra curas que reclaman celibato optativo, acusándolos de infieles a la Iglesia, o de “idiotas útiles” de los medios que están en una campaña contra la Iglesia. Parece que la existencia de curas pederastas no es algo que perjudica a la Iglesia, sólo lo es que se haga público.

¿Pediremos a voz en cuello pena de muerte para los mensajeros?

* Sacerdote en la opción de los pobres.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-126586-2009-06-13.html

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Efesios 2:13-16 Pero ahora en Cristo Jesús, ustedes que en otro tiempo estaban lejos, han sido acercados por la sangre de Cristo. Porque El mismo es nuestra paz, quien de ambos pueblos hizo uno, derribando el muro divisorio de separación, aboliendo en su carne la enemistad, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un hombre nuevo, haciendo la paz, y para reconciliar con Dios a los dos en un cuerpo por medio de la cruz, habiendo dado muerte en ella a la enemistad.

Con estas palabras reflexiona el discípulo de San Pablo el gran don de la paz alcanzada por la cruz de Jesús. Es el misterio que celebramos en la Pascua, celebramos el encuentro y acercamiento con Dios y entre los hermanos/as. Jesús derribó el muro que separaba a puros de impuros, a “buenos” de “malos”, a cercanos a Dios de alejados.

Hoy hay cientos de muros, aunque afortunadamente se han derribado otros. Se construye un muro en la frontera entre Estados Unidos y México, un muro para aislar una favela en Río, muros para creerse seguros en los barrios privados (¿de qué están privados?). Y un nuevo muro de la vergüenza se levanta en San Isidro. Quizá se pretenda aislar a muchos habitantes humildes de San Fernando de algunos delincuentes que viven en countries sanisidrenses (nadie pensará que los grandes proveedores de armas, droga, desocupación y corrupción viven en villas; los que no están en Miami o Punta del Este, probablemente estén protegidos por muros). De todos modos, a simple nivel simbólico ¿qué dice el muro? Dice que todos los de un lado son honestos, víctimas y los del otro lado son delincuentes, violentos y victimarios. Eso no parece verdad (¡no lo es!), no parece justo, no parece cristiano.

El muro derribado por Jesús en la cruz debería servir de guía a los responsables de la conducción religiosa, política, judicial y legislativa para encontrar el camino para ser artesanos de la paz. Y responsabilizar a los pobres de la grave crisis que se vive en tantos ámbitos, no sólo es mentira. ¡Es pecado!

* Miembro del grupo de sacerdotes en la opción por los pobres.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-122988-2009-04-10.html

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Hoy me llamó Alejandra. Cordial como buena “telemarketer”. “Buenos días, Eduardo... Mi nombre es Alejandra. Hablo del banco X” (allí tengo una “cuenta sueldo”. ¡Sueldo docente!). “Usted tiene con nosotros una supercuenta”, me endulzó. Y queremos informarle de los beneficios que el banco le ofrece ante todo lo que está pasando”, continuó. Me estaba ofreciendo un seguro. “Claro –seguía–, la inseguridad es terrible.” “¡Sí! –le reafirmé–. Es terrible todo lo que está pasando: esta crisis mundial provocada por los bancos”... No sé por qué, pero me parece que no me entendió, porque siguió insistiendo en lo importante que era para mi seguridad que le dé dinero al banco para que me proteja. “Lo que pasa es que no quiero saber nada con los bancos –continué–. Desde Cavallo que somos sus rehenes y nos obligan a tener una cuenta para cobrar nuestros sueldos.” Debo haber perdido mi capacidad de convencer porque tampoco esto le resultó convincente y retrucó con el tema de la seguridad y “lo que está pasando”. Creo entender que para ella “lo que está pasando” –cosa que repitió insistentemente– tiene que ver con la seguridad entendida en clave Blumberg, Tinelli, Susana y otros. Será por eso que recibí también invitaciones electrónicas a participar en una marcha por la seguridad. Parece que “lo que está pasando” es solamente “eso”, y no pasa el tráfico de droga, no pasa el gatillo fácil, no pasa la corrupción, no pasa la crisis internacional, no pasa que “el campo” convoca su enésima marcha del año y los medios sólo nos muestran fotos de los “cuatro jinetes” y no de la “gente convocada” –como sí nos mostraron decenas de fotos del acto en Rosario–, será que no pasa que durante el Carnaval de Gualeguaychú no hubo cortes de ruta, ni protesta del campo. Sólo la seguridad pasa, aunque después “rascando” veamos que muchos de esos casos tienen su origen en aquellos que deberían proteger la seguridad de la sociedad. Sólo eso pasa, ¡y Maradona-Riquelme, claro! Realmente debemos vivir en un país maravilloso donde sólo eso pasa. Y también un país tan desmemoriado que no quiere recordar el rol de los bancos en el derrumbe de 2001 y ahora en la mayor crisis mundial desde 1930.

Quiero dejar claro que estoy absolutamente en contra de la pena de muerte, por lo que –ya que perdí mi capacidad de otrora de explicarme– espero que esto no se entienda con que propongo fusilar a la pobre Alejandra, rehén de los bancos también ella. Como rehenes de las telefónicas somos nosotros (así como hay programas anti-spam en la computadora, ¿no podría haber algo semejante en los teléfonos?). Que tampoco esto se entienda como que sospecho que los bancos “aprovechan” –¡ni menos aún “provocan”!– “lo que está pasando”. No creo en teorías conspirativas como esos que dicen que en el mundo el dinero provoca conflictos y hasta guerras. ¡Válgame Bush! (perdón, quise decir ¡válgame Dios!). De todos modos, como creo que “lo que está pasando” es mucho más que todo eso –¡y más grave!–, aunque sea serio lo de la seguridad, esperamos poder dedicar nuestro tiempo –no interrumpido por telemarketers– a aportar algún grano de arena para ayudar a edificar un mundo más humano. Al fin y al cabo, creo que eso es lo que Dios quiere. Al fin y al cabo, la Biblia nos recuerda que “la raíz de todos los males es el amor al dinero”. Amén.

* Sacerdote.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-121605-2009-03-16.html