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  OPINION


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“El poder muestra y esconde, y se revela a sí mismo tanto en lo que exhibe como en lo que oculta.” Postulado categórico de Pilar Calveiro que apura a pensar lo que sigue sobre Macri, Mauricio. El jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires sitúa el espionaje en el lugar de la política. En vez de apelar al diálogo erístico (éris: contienda) como forma político-estilística, recurre a prácticas ilegales propias de las tareas de inteligencia. Y con los espías y sus escuchas, que controlan ilícitamente las vidas privadas de funcionarios, empresarios, legisladores opositores, dirigentes gremiales, integrantes de la AMIA y de la colectividad judía, vuelve a ensayar en este país un ademán de tintes horrorosos, enquistando la institución policial (militar, por ende) en la realidad política argentina. De esta manera se perfila como continuador –mediación más o menos ostentosa y sin atenuantes– de la actitud y el carácter violentos de esa política concretada sin ir más lejos en la última dictadura. Palmaria amenaza a la vida política argentina del tiempo presente y por extensión al conjunto de la sociedad. Amenaza criminal que su apellido casi (de)vela si recurrimos a las estrategias lingüísticas propias del habla de los argentinos vía una forma anagramática. De hecho, vesre mediante, Mauricio es Macri y también Crima, cuya sonoridad se codea con la de crimen. El apellido define la función del personaje y por extensión su política. Criminal/crimanal. Tal como los mecanismos y las tecnologías de las escuchas revelan la índole misma de un poder que pretende conocer aquello que se le escapa de las manos. O que se define, respecto de él, de manera opositiva.

Lo que estamos leyendo por estos días –desde las críticas más o menos enfáticas de Página/12 hasta las crónicas pretendidamente descriptivas de La Nación, aunque allí incluso Laborda reseña el “estado de desgracia en que ha caído el gobierno de Macri” y con un categórico liviano le exige que “debería brindar explicaciones mucho más pormenorizadas”– muestra lo que se esconde (y no tanto) detrás de la fachada PRO: limpia, pretendidamente recta y chillonamente amarilla. Evidencia la concepción del poder que tiene Macri. Que se entronca con la concepción del poder ejercitado en gobiernos civiles y militares desde la fundación de la Nación Argentina. Un poder cuya expresión molecular es la institución policial y/o militar (que desde ya comprende a otros sectores de la sociedad). En este marco cobra sentido cabal la función represiva –que se despliega para controlar y que se inscribe dentro de los procedimientos del poder criminalmente entendido– de ese grupo de choque PRO conocido como UCEP, que en ejercicio “legítimo” de la violencia llevó a cabo numerosos operativos de desalojo de ciudadanos sin techo en el espacio público; no siempre en situación de calle, ya que desalojó también varios edificios tomados y centros culturales. Y de la Policía Metropolitana, que al parecer saldrá a la calle “antes de fin de año” (vaya manera festiva de despedir 2009). Los espías y sus escuchas exhiben realmente (en su sentido real) lo que esconde el barniz con el cual se presenta el por ahora jefe de gobierno, quien elige mostrarse como soldado del orden, la (in)seguridad y la civilización. Barniz que recubre un discurso rígido con prácticas autoritarias y francas aristas criminales.

Ante este escenario crispado provocado por Macri –crispaciones de las que no se hace cargo– es insoslayable, hoy como siempre, una nítida alternativa de izquierda con experiencia de gobierno y vocación de mayorías, dispuesta a resistir enfáticamente el corrimiento del sistema político hacia un neoliberalismo excluyente. Y por demás conocido.

* Ensayista, docente Univ. Nac. de General Sarmiento.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/subnotas/135789-43760-2009-11-23.html

  OPINION


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Berlusconi, Silvio: en 1986 relevó un Milan que atravesaba una fase crítica, consecuencia del escándalo de corrupción que le costó la vertiginosa precipitación del cielo de la A. Y lo transformó en un equipo moderno que en 1989 ganó la Coppa dei campioni. Sus ambiciones, sin embargo, no se circunscribían a ese ámbito. 1994: el magnate obtiene su primera victoria electoral llegando a la política procedente del fútbol. Con Forza Italia, su entonces joven partido posideológico italiano, nos quita a los tanos del PCI la alegría de gritar “forza Italia” en cualquier mundial. Solapada –hasta ahí nomás– la estrategia que Berlusconi proponía a la sociedad era la transformación exitosa de Italia, tal como había hecho con el Milan. Ecuación perversa –la que establece una equivalencia de esta índole–, pero ecuación al fin. La del ’94 era la Italia de las indagaciones judiciales a nivel nacional: Tangentopoli. La situación del país era “parecida” a la del Milan en el ’86. Y como el equipo de fútbol, Italia deseaba ser organizada y modernizada con vistas a volverse opulenta e importante en el marco de Europa. Berlusconi largó su partido líquido y se transformó en primer ministro.

Plutarquiando. Macri, Mauricio: versión, por ahora a escala porteña, de ese Berlusconi que en Italia funciona en tamaño nacional. Sus itinerarios se pisan, en lo ideológico y en lo deportivo. En ambos, el fútbol se transforma en poder: político, esto es, público, social, emotivo. Boca Juniors, entre el ’83 y el ’86, tuvo un período “milanista”: una crisis que lo puso al borde de la quiebra. Macri gana las elecciones a presidente en 1995 y, en tanto club popular, Boca le otorga –al hasta ese entonces hijo más o menos díscolo del Franco ricachón y famoso, farandulero y exitista– el aura de un hombre “del pueblo”. Se trata de una receta exitosa ya probada que lo ayuda a perfilarse como líder por afuera de un partido tradicional y le abre las perspectivas necesarias para fundar un partido propio. Estrategia con la que Macri logra fama gracias al crédito adquirido con el fútbol. En 2003 se lanza a la campaña para jefe de Gobierno porteño, cargo que gana en 2007.

El empecinamiento comparatista lleva a buscar más puntos de contacto. Entonces: las rondas “populares” para mejorar la seguridad de las ciudades italianas y evitar los casos de violencia de los “calibanes” que asaltan el bel paese, encuentran un reflejo adecuadamente siniestro en la UCEP que con sus prácticas propone un “apartheid”. Un gueto para aquellos que según el jefe de Gobierno atentan contra las buenas costumbres de la Buenos Aires que estaría buena. En ambos casos, se trata de propuestas de sanciones (aggiornate) contra “vagos, ociosos y malentretenidos”, seres omnipresentes que representan el correlato, como infractores, de la “ciudad ilustrada”: puertomaderizada o vaticanizada.

Pero las convergencias propias de las vidas paralelas siempre presentan alguna asimetría. Mientras Berlusconi, desde la extrema derecha de su Popolo della Libertà, agita la bandera del (inexistente) peligro comunista –concretado en la prensa que, según él, se encarniza en tergiversar sus declaraciones, actos, festicholas–, Macri apela al travestismo político. Contorneado por la “mesa de la civilización” se yergue en contra de la populistada bárbara. Aparente digresión: en otro momento histórico, acá, en nombre de la civilización, se abogó por el exterminio de quienes desde la Colonia habían sido convertidos en parias de la estructura societaria latinoamericana por encarnar el bárbaro: los indígenas. Macri: él y su mesa civilizatoria hasta superan el pensamiento de Rozitchner Jr. –“la derecha en la Argentina no existe”, es un “invento de la izquierda”–, ya que niegan la existencia de la derecha en su propio cuerpo para corporizarla en el gobierno nacional: “El más fascista que hemos tenido en años”, dijo.

Palabras que revelan la estrategia de esta nueva “noderecha”: polarizar falazmente, sin controversias, negando la historia, corporizando su propia identidad en el otro para demonizar el intervencionismo del Estado, el “dirigismo”, con vistas al nítido aplauso de la economía de mercado noventista y sus implicancias. Ante eso, categóricamente, hay que ubicarse. Pese a los problemas, a las contradicciones y las deficiencias. Manteniendo un realismo crítico.

* Ensayista, profesor de la Universidad Nacional de General Sarmiento.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-132568-2009-09-29.html

  DOS REFLEXIONES SOBRE LAS FORMAS QUE ASUME LA POLITICA EN LOS MEDIOS


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La tinellización de la política

Por Marcelo Koenig *

Tinelli ridiculiza la política. Una y otra vez la pone frente a sus miserias con el recurso de la caricaturización y el grotesco. Eso que parece ser tan sólo una sátira humorística simpática, se enmarca perfectamente en una estrategia. Los grandes medios de comunicación masiva, concentrados monopólicamente (o debiéramos decir “gorilopólicamente”), tienen una posición definida respecto de la política. Ellos demonizan la política. Esta es la manera de aumentar la capacidad de los grupos económicos de influencia y condicionamiento en las democracias procedimentales y restringidas al mero hecho del sufragio que nacieron en nuestra América en las últimas décadas del siglo XX. Es que la política es, sin duda, la herramienta fundamental que tienen los pueblos para conquistar sus derechos. Por eso es que convertir a la política en chivo expiatorio de todos los males del país es funcional al poder económico concentrado.

Este es el motivo por el cual, en ciertos momentos, la necesidad de deslegitimar a la política se recrudece porque ésta está en el centro de la escena.

También para nosotros, militantes peronistas, este momento es fundamental en nuestra tarea. Cuando la disputa política se transforma del mero hecho de la confrontación electoral en una disputa de proyectos en pugna, la formación política deja de ser un derecho de cada compañero y pasa a ser una obligación.

Es que la política es, en última instancia, disputa de intereses y sólo puede defender sus intereses quien los conoce. El proyecto de la desmemoria quiere hacer volver al país a los tiempos en donde los privilegios de la oligarquía no tenían ningún tipo de cuestionamiento.

Ellos, desde los medios de comunicación o desde la cátedra, bombardean permanentemente contra los intereses nacionales y populares. Nosotros tenemos que ir casa por casa, barrio por barrio, colegio por colegio, universidad por universidad dando la batalla ideológica con los que quieren hacernos volver a los tiempos del neoliberalismo, la exclusión y la injusticia. Tenemos que ser capaces de convertirnos en predicadores de la Argentina que soñamos. No de la que tenemos, de la que soñamos. Porque sin profundización de este proceso no hay continuidad posible.

Sólo recuperando la política como herramienta de liberación podremos construir esa Argentina, la de la dignidad de los trabajadores. Una Patria económicamente libre, políticamente soberana y socialmente justa.

La disputa se hace dura. Ellos entran todos los días en nuestras casas por el televisor, la radio y el diario. Gastan enormes cantidades de dinero en machacarnos con su palabra.

Por eso, la disputa real no es la que se da en el marco del marketing político, sino en la construcción de la fuerza política que dote de sentido al proyecto de país que tenemos.

Eso explica por qué, parados en la tradición del peronismo revolucionario y en plena campaña electoral, hemos lanzado un seminario virtual de formación política apuntando fundamentalmente a los jóvenes (www.seminarioperonismo revolucionario.blogspot.com) en el que ya se inscribió más de un millar de personas de todos los puntos del país, desde Jujuy hasta Tierra del Fuego. Existe una necesidad real de discutir política en Argentina. La verdadera formación política no es producto de laboratorio, sino de la reflexión crítica sobre la práctica a partir de nuestros valores, nuestra doctrina, nuestra ideología. Por eso nos vamos formando mientras damos pelea a los enemigos de la Patria. Pues, como decía John William Cooke, “es mucho más importante que la figuración, la formación de cuadros peronistas con ideas claras y métodos de trabajo serios”.

Eso explica también por qué en plena campaña abrimos (la inauguración es el viernes 29 de mayo a las 19) una Casa Cultural del Peronismo Revolucionario (Rodríguez Peña 58, a una cuadra del Congreso, Ciudad de Buenos Aires), un espacio donde encontrarnos, donde debatir, donde formarnos, donde pensar la disputa con los grupos económicos y sus sirvientes políticos, donde recuperar el sentido revolucionario del peronismo. Estamos forjando una nueva trinchera popular contra la dependencia y contra la colonización cultural –parafraseando a don Arturo Jauretche–.

Estamos con el proyecto nacional y contra la tinellización de la política. Pero la política que nosotros queremos, la que profundice este modelo político-económico en la distribución de la riqueza y del poder, no se puede hacer en ningún caso desde el candidato sonriente que conteste con sus mismas armas a la sonrisa falsa de los reaccionarios.

* Director de la Casa Cultural del Peronismo Revolucionario. Profesor en la UBA Derecho y la Univ. Popular Madres de Plaza de Mayo.


Yo sólo quiero divertir

Por Rocco Carbone *

En la década del ’20, el diario Crítica. En 2009, “Gran Cuñado”. Medios de circulación masiva y de perfil sensacionalista. Tinelli, como Botana, diseña una estrategia electoral y se define en tanto actor político decisivo y eficaz con vistas a las elecciones. “Gran Cuñado” opera fuera de la órbita de los partidos políticos como factor de presión (social y política) e incide en las tomas de posición del electorado.

1920. Años en los que a pesar de definirse como diario “independiente”, a partir de su falta de relación formal con un partido, Crítica busca el apoyo –imponiéndole sus preferencias políticas– de esa parte de la opinión pública sin bando. Se propone como voz de un “enorme partido sin partido” que con su voto es capaz de definir una elección. Desde las elecciones presidenciales del ’22, Crítica diseña una estrategia electoral (similar a la que puede verse por estos días en la mediática casa de “Gran Cuñado”): fragmentar el electorado de Buenos Aires llamándolo a votar por la fórmula del Partido Socialista, presentido como fuerza capaz de contrarrestar el radicalismo. 1926. La alianza se quiebra por un problema entre el diario y el PS a causa de una protesta sindical. Ese mismo año, Crítica se confirma como un actor político decisivo y eficaz en las votaciones comunales. Y su falta de apoyo a los socialistas determina el fracaso electoral del partido. Cuando en 1927 se forma el Partido Socialista Independiente, el diario lo apoya. Llegamos a las elecciones generales del ’28: “el diario del pueblo” se muestra refractario al antipersonalismo y apoya a Yrigoyen “por representar la voluntad popular” (de paso, promueve también la votación del PSI). El apoyo al “Peludo” es breve y el diario empieza a manifestar su malestar. Grita contra la “dictadura yrigoyenista” y lanza una agresiva campaña de desprestigio hacia el viejo líder. Esta se intensifica hasta desembocar en una activa participación en la preparación del golpe del ’30. En las columnas del diario aparece un llamado al golpe de Estado, maquillado de “acto material de echar” a Yrigoyen. En todo caso, el franeleo entre Uriburu y Crítica también dura poco: en 1931 el diario es clausurado. En definitiva, Crítica orienta la opinión pública de su tiempo.

Como “Gran Cuñado”. Tinelli –risa simiesca que recibe con una parecida inflexión, enlatada, a cada uno de los personajes que parodia el escenario político de 2009– nos hace reír de los políticos. “Yo sólo quiero divertir”, podría hacerle decir a Tinelli. Humor, pretendidamente candoroso, que apela al universo de los sentimientos. Humor sobre políticos, vaciado de política. Humor para divertirse. Y con esto digo algo nada insólito. Señalo una primera inflexión. Trasparente. La segunda, que pretendo reseñar, es un tanto más insidiosa. Tinelli (más staff: libretistas mitristras, producción, actores) no padece ningún quietismo. Es patético y a la vez sagaz. Y su programa, a primera vista farandulesco –vaciado de política a la mejor manera del menemato–, en realidad es un producto mistificador. Se proyecta en el doble sentido de proyectar y proyección en tanto actor político decisivo y eficaz. “Gran Cuñado” opera a manera de propaganda. No circunscribe su accionar a la esfera del entretenimiento, sino que se propone imprimir en sus televidentes valores y creencias. Sostiene una causa política. Y los intereses de un grupo de poder integrado por Tinelli conductor-productor, Canal 13 y el Grupo Clarín que retumba a manera de eco. Propaganda: ya que formula un tipo de mensaje que apunta a influenciar las opiniones o el comportamiento de las personas.

Pero si ideologizo “influenciar” y “personas”, entonces es preciso agregar que Tinelli busca impactar, con vistas a orientarlo electoralmente, sobre un sector social: el medio y el mediobajo, sin conciencia de clase. Franja que se define por la serie: banalidad (humus para el sensacionalismo), apatía y conservadurismo políticos. Y sobre el primero de esos factores quiere incidir Tinelli. Con la banalidad de su programa apela y rescata la banalidad de esos sectores sociales y la orienta electoralmente con vistas a las urnas. Trivializa la política, la pauperiza, pero paradójicamente y no tanto incide prepotente sobre ella. Electoralmente. Y sobre nuestros cuerpos. Incidencia a la que hay que resistirse, no con premeditada distracción, sino apelando, exigentes, a un pensamiento en sospecha. Para que nuestras acciones respondan menos a una forma de control (fábrica de consenso relativa al contorno político en el cual actuamos) que a una real comprensión de nuestro contexto político.

* Ensayista, profesor de la Universidad Nacional de General Sarmiento.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-125636-2009-05-27.html