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  MEDIOS Y COMUNICACION

Para María Graciela Rodríguez, tanto lo que se tiene en común como la diferencia son la base de la comunicación. Y el diálogo entre iguales y diferentes hace posible el ejercicio político que construye lo común.

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“Una ciudad está compuesta por diferentes hombres: personas similares no pueden crear una ciudad”, dice Aristóteles. Y el sociólogo Richard Sennet coloca esta frase, a modo de epígrafe, en su espléndido Carne y piedra.

La ciudad, entendida aquí como polis, no remite simplemente al lugar donde se dirimen los conflictos, aunque abarca esta idea. La ciudad de Aristóteles que retoma Sennet es más bien el espacio donde la diferencia misma es motor de la política, donde se ponen en juego las opiniones que una sociedad posee sobre sí misma y sobre sus “otros” y donde estas opiniones dialogan para elaborar lo común.

La experiencia básica, compartida, de la humanidad habilita a relacionarse con un otro que vive su experiencia en el marco de situaciones y valores distintos sesgados por la clase, el género, la etnia, la residencia geográfica, las credenciales educativas, etcétera. Comunicar implica poner en común, y en el mismo proceso, dialogar sobre lo diverso de eso en común. Como una moneda de dos caras, no hay posibilidad de comunicación si no hay algo en común; pero tampoco habría nada que comunicar si no hubiera diferencias. Y sólo se produce sentido al reconocer la diferencia de una experiencia común. Por ende, si la “mismidad” permite la comunicación, la alteridad interroga la relatividad de la propia experiencia, y, como resultado de esa interrogación, se visibiliza la diferencia. Por eso, alteridad, mismidad y diferencia son categorías que permiten discernir y re-elaborar la diversidad constitutiva de la experiencia humana y social.

En las sociedades mediatizadas contemporáneas resulta ingenuo pensar a los medios de comunicación como simples “apéndices” de lo social cuando, actualmente, son uno de sus componentes fundamentales. Gran parte de los sentidos comunes que intervienen en el diálogo se ponen en juego en situaciones cotidianas, tanto informales como institucionales. Y otra buena parte de ellos circula a través de los medios de comunicación. Ambas instancias permiten la comunicabilidad y la puesta en común de la diversidad de la experiencia humana. Y aun cuando es innegable que el espacio público no puede reducirse a los medios, tampoco es posible ignorar la coparticipación que éstos sostienen en su construcción.

De hecho, espacio mediático y vida cotidiana confluyen poderosamente en esa zona rutinaria, gris y poco visible del día a día. Allí los medios inscriben ininterrumpidamente la diferencia, la alteridad y la mismidad, y de ese modo proveen marcos que encuadran la producción cotidiana de significados, los que a su vez orientan la regulación de las relaciones sociales. Los medios proporcionan recursos para formular juicios en el mundo cotidiano de los sujetos, poniendo en circulación tópicos y narrativas peculiares, aportando discursos, textos e imágenes, y alimentando entonces el diálogo que necesariamente se requiere para la comunicación pública.

Y aquí se dimensiona un punto central sobre el modo en que se negocia la relación entre los grupos, porque la comunicación no sólo permite el diálogo, sino que además expresa públicamente, pone blanco sobre negro, las relaciones entre las fuerzas desiguales de las que cada grupo dispone para hacer prevalecer su posición. El propio diálogo representa el límite de una frontera móvil entre sujetos con diversos grados de poder y señala por eso un concepto relativo al lugar desde el cual cada grupo puede acreditarse como legítimo, como interlocutor válido, como portador de una voz pública con peso pleno. O no. Y por qué.

Decíamos al comienzo que no hay posibilidad de política en la mismidad, que no hay “ciudad” posible sin diferencia y que sí la hay entre sujetos diferentes. La cuestión crucial aquí es que estos sujetos diferentes comparten (o deberían hacerlo) un estatuto similar: el de la igualdad en la ciudadanía. Ser iguales no equivale a ser lo mismo. Porque mientras lo primero implica una base igualitaria de derechos y deberes, lo segundo sólo expresa in-diferenciación. Por eso, escuchar voces diferentes entre iguales ayuda a pensar, corrige errores, señala caminos hacia lo común, moviliza certezas, desestabiliza “verdades” adquiridas, previene contra los totalitarismos de cualquier signo. Alguna vez Aldo Rico dijo que “la duda es la jactancia de los intelectuales”. Pues bien, dudemos. O mejor: dejemos que la diferencia en igualdad nos haga dudar. Sólo el diálogo de iguales entre personas diferentes permitirá que la sociedad encuentre la polifonía necesaria para elaborar lo común. Ese es el camino de la política.

* Doctora en Ciencias Sociales. Docente Idaes-Unsam y UBA.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/laventana/26-166605-2011-04-20.html

  MEDIOS Y COMUNICACION

Luciano Sanguinetti asegura que los medios de comunicación, desde la televisión hasta Internet, constituyen hoy la llamada “cuarta plataforma” educativa y se pregunta cuáles serán sus consecuencias en el futuro cercano.

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La “primera plataforma” de aprendizaje y difusión de la cultura la constituyeron las escuelas filosóficas fundadas por los grandes maestros durante la Grecia clásica, como lo atestiguan las academias filosóficas de Elea o de Mileto, en el siglo IV a. C. Allí nacieron la mayéutica, el diálogo socrático, método por el cual el maestro trata de que el alumno tome conciencia de lo que ya sabe. Platón lo desarrolló magistralmente en el Teeteto, donde un Sócrates ingenioso y algo cínico busca saber qué es el conocimiento.

Lo “segunda plataforma”, en el siglo V, la constituyó la Iglesia, a través de abadías, monasterios y bibliotecas, sobre la base de una escritura con funciones de resguardo y clasificación, como bien lo reflejó Umberto Eco en El nombre de la Rosa, texto que relata cómo, en el siglo XIV, diversas órdenes religiosas se obsesionan por un conocimiento subordinado a la fe, como lo aconsejaba la escolástica.

La “tercera gran plataforma” la constituyó el Estado moderno, según la concepción napoleónica en la que abrevó Sarmiento para imaginar el normalismo que, a partir del siglo XIX, desarrolló sobre la base del libro impreso un sistema orgánico de enseñanza desde la infancia hasta la edad adulta. Una escuela que desde su invención se encarga de transmitir los saberes legitimados, constructora de una cultura común y de formación ciudadana.

Hoy vivimos el desarrollo de una “cuarta plataforma”: los medios de comunicación e información, desde la televisión hasta Internet. Si en la primera de las plataformas se inauguró el diálogo socrático como modelo de investigación, en la segunda la clasificación de lo ortodoxo y de lo heterodoxo sobre la base del principio de autoridad y, en la tercera, prevaleció la sistematización de saberes universales y la ciudadanía nacional... ¿cuál es el desafío de la cuarta plataforma?

Lo que acaban de leer es un borrador de una clase que estoy preparando para un seminario virtual que desarrolla el Instituto Nacional de Formación Docente a través de su Campus Virtual. El seminario se llama “Comunicación y ciudadanía, cómo transformar la información en conocimiento”. Ahora, mientras leen esta nota, hay diez mil docentes conectados recibiendo cursos sobre el uso de las TIC (tecnologías de información y comunicación) en la escuela para el programa “Conectar igualdad”, la enseñanza de la biología, la matemática, la química. Todos los cursos son gratuitos y los toman los docentes desde El Bolsón a La Quiaca sin moverse de su casa, en un cíber o en el mismo instituto si éste cuenta con conexión de banda ancha. Ninguno de esos cursos otorga puntaje, pero ya están completos, contradiciendo la práctica instalada en los noventa que permitía decir que los docentes nos movíamos sólo detrás del puntaje como los caballos al palenque. Este hecho, sumado al dato de que la inscripción para formación docente subió un promedio de 15 por ciento en todo el país, marca una tendencia nueva que va contra todas las teorías catastrofistas sobre la calidad educativa que se lanzaron al ruedo en los últimos días.

Por supuesto, es difícil emprender una evaluación objetiva y real sobre la calidad educativa si no partimos del supuesto básico de que los logros en esta materia son necesariamente de largo plazo. Lo que conocemos cómo la prestigiosa universidad de los años ’60 fue producto de la reforma universitaria que en 1918 liberó los claustros del control religioso y los paternalismos de las cátedras hereditarias; que la democracia política que en la Argentina inaugura la ley Sáenz Peña fue consecuencia de la ley 1420 que hizo obligatoria y común la enseñanza primaria en 1884; que la politización de los jóvenes de los años ’70 no fue más que una de las derivaciones de la gratuidad de la enseñanza universitaria impulsada por el peronismo de los años ’50.

Me pregunto cuáles serán los efectos de la Asignación Universal por Hijo, que aumentó la matrícula escolar y obliga a muchas madres a vacunar a sus hijos; de la secundaria obligatoria, que recupera en la escuela a jóvenes de los sectores populares; del otorgamiento de netbooks a todos los chicos; de la enseñanza intercultural bilingüe, que incorpora con plenos derechos culturales a los pueblos indígenas; de las políticas antidiscriminatorias por raza, religión o género; del portal Educ.ar, que produce contenidos online; de la señal de televisión educativa Encuentro y Paka Paka, que ponen a nuestra disposición un mundo de cultura y conocimientos donde antes no había más que frivolidad y competencias de baile; de la recomposición paulatina y constante del salario docente, que permite soñar a miles de jóvenes con una profesión dignificada.

* Docente-investigador de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la UNLP.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/laventana/26-166604-2011-04-20.html

  MEDIOS Y COMUNICACION

Para Martín Becerra, el uso de la cámara oculta expresa la modificación de las rutinas productivas audiovisuales, resignando profundidad analítica y genera un efecto disciplinador también entre las audiencias.

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La propagación de un video grabado con cámara oculta al delegado gremial de la empresa Artes Gráficas Rioplatenses (AGR, Grupo Clarín) reactiva el debate sobre el uso y difusión de grabaciones realizadas sin el consentimiento de sus protagonistas. El caso no es aislado. Otros medios, estatales y privados, emiten cámaras ocultas, lo que suscita interrogantes sobre su legitimidad en el periodismo.

Hace tres décadas, planificar una cámara oculta requería de instalaciones y equipos pesados, de una gran logística. La miniaturización de las cámaras de video, al punto de incorporarse a los teléfonos móviles (la tecnología informacional con mayor presencia en la Argentina), su ubicuidad y disminución de costos permiten que hoy grabar (y ser grabados) sea accesible. La tecnología, una vez más, evolucionó con mayor velocidad que la reflexión sobre sus usos sociales.

Un rasgo ineludible de la cámara oculta es el engaño: se necesita engañar a quien se captura para descubrir un comportamiento antagónico del que esa persona, convertida en personaje, sostiene públicamente. En la sociedad que consume la cámara oculta habita una certeza sobre la disociación entre el discurso y la práctica.

Ahora bien, el engaño se justifica cuando es el único método para denunciar violaciones a derechos básicos. Es el caso del cura Julio Grassi, condenado por la Justicia por abuso sexual y corrupción de menores, quien fue investigado por un equipo de Telenoche conducido por Miriam Lewin, que empleó, entre otras técnicas, la cámara oculta en 2002.

Otros fines necesitan otros medios: a diferencia del caso Grassi, en el paisaje audiovisual abundan las cámaras ocultas ya no como técnica sino como estrategia delatora. Fuera de una investigación periodística (cuyos tiempos son largos), la cámara oculta aspira al efecto inmediato. La cámara oculta es, en este sentido, económica. Expresa la modificación de las rutinas productivas audiovisuales en las que se resigna profundidad analítica, obviamente más costosa.

El inmediatismo de la cámara oculta está generalmente ligado al escarnio del personaje escrachado. La ambición de la cámara oculta es escandalizar. Para ello, el material suele ser editado para su amplificación. La edición es, en muchos casos, extorsiva: si determinadas condiciones planteadas por quien ocultó la cámara no se cumplen, éste puede entonces dar a conocer el resto del video, que podría comprometer (aún más) al personaje capturado. Alterar, a través de la edición, el contenido completo del material grabado impide a la audiencia conocer el contexto en que se realizaron las tomas.

La cámara oculta urdida por empleadores del principal multimedios del país contra un delegado gremial y presentada, paradójicamente, como una extorsión de este último, tiene elementos en común con otro famoso video que propagó el programa 6, 7, 8 en el Canal 7, de gestión estatal, contra un columnista del diario La Nación en octubre de 2009. A pesar de sus antagónicos posicionamientos políticos, tanto el principal grupo multimedios como la televisión oficial les negaron a los escrachados (también ellos, ideológicamente refractarios) el derecho a su elemental defensa.

En ambos casos, la divulgación de la cámara oculta resultó contradictoria. Para la audiencia más identificada con el sesgo editorial del emisor, y dispuesta a la condena sumaria del “enemigo”, la cámara oculta confirma el supuesto sobre la maldad ajena, funcionando como refuerzo ideológico. Pero para quienes albergan dudas sobre el mensaje emitido por los medios, el video es un boomerang que activa sospechas de manipulación contra el medio que difunde la cámara oculta, erosionando su credibilidad.

Entre ambas cámaras ocultas hay, también, importantes diferencias. Mientras que varios conductores de 6, 7, 8 aclararon que su productor, Diego Gvirtz, incluyó el video sin darles aviso (agravando la responsabilidad de la emisora), no existieron voces disonantes entre los periodistas del Grupo Clarín frente a la cámara oculta difundida por el multimedios. A la vez, corresponde destacar que el video de Clarín tiene autoría en la propia conducción corporativa del grupo, en tanto que el de 6, 7, 8 era anónimo.

La cámara oculta revela facetas recónditas del escrachado, pero también del escrachador: es muy elocuente acerca de sus métodos y sus escrúpulos. Pero la cámara oculta no es sólo un mensaje entre dos polos. Posee, además, un efecto disciplinador entre quienes consumen el video, interiorizando en ellos pautas de comportamiento “correcto” ante la sospecha latente de poder convertirse en próximas víctimas. Eso incrementa, en la audiencia, la represión del albedrío al saberse vigilada. Y generaliza el estado de recelo y desconfianza. Diríase, si el término no estuviera sobrecargado, de “inseguridad”.

* Doctor en comunicación. Universidad Nacional de Quilmes, Conicet.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/laventana/26-166148-2011-04-13.html

  MEDIOS Y COMUNICACION

Desde España, Natalia Díaz nos invita a pensar sobre la creación artística y la verdad a partir del cine.

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* Desde Cifuentes, España

Harold Pinter, el autor teatral, dijo una vez que no hay una auténtica distinción entre lo que es real y lo que no lo es, ni entre lo que es cierto o falso. “Uno no puede decir de algo que es necesariamente cierto o falso, puede ser ambas cosas a la vez.” Sin embargo, en su discurso de recepción del Premio Nobel de Literatura, añadió que esta premisa puede aplicarse a la exploración de la realidad a través del arte, pero él sólo la acepta como escritor. Como ciudadano no puede, como ciudadano debe preguntarse: “¿Qué es cierto? ¿Qué es falso?”. Y nuestra tarea (¿nuestra obligación?) consiste en la búsqueda de una respuesta válida. Pinter subrayaba que todo poder político busca el poder, nunca la verdad. Y para conservarlo, es esencial que la gente permanezca en la ignorancia de la verdad, incluso en la ignorancia de la verdad sobre sus propias vidas, si fuera necesario. Por tanto, “nuestra búsqueda de la verdad nunca debe parar. No puede posponerse o dejarse para otro día: tiene que buscar la confrontación, aquí, ahora”.

Si esto es así, la cuestión que surge es entonces si debemos separar nuestra condición de ciudadanos de nuestra potencial condición de creadores. Si es posible un juego a dos bandas y, en última instancia, si es honesto.

Si uno de los efectos de la obra de arte sobre el receptor es que es capaz de golpear en el centro mismo de su capacidad de percepción y conciencia del mundo, entonces podemos decir que, por su propia naturaleza, una obra de arte nunca llegará –o debería llegar– a satisfacer a ningún sistema político. No hay nada más ficticio que una puesta en escena del sistema imperante, para el que uno de sus objetivos prioritarios es preservar sus privilegios durante el mayor tiempo posible.

Tomemos el séptimo arte como ejemplo. Hoy en día, la mayor parte del cine que se produce no se hace con un propósito político, si exceptuamos a directores todavía vivos con un claro grado de compromiso sociopolítico: Ken Loach, Costa Gavras, Peter Watkins... Sin embargo, cualquier director de cine tiene el deber de saber que, desde el momento en que mira al mundo a través de la lente de una cámara, está asumiendo un punto de vista específico; está incorporando un propósito. Este posicionamiento de cámara y autor tiene consecuencias. La belleza que refleja la lente al otro lado de la cámara no es inocente. En realidad, no existe una cosa llamada “la mirada inocente”. Al elegir “A”, descartamos “B”; al incluir una cosa en el encuadre, dejamos otra de lado. En resumen, tanto como importa lo que elegimos, importa lo que no elegimos. La cuestión entonces es: “¿Qué sé? ¿Qué decido que debe saber el otro?”.

El buen cine puede llegar a representar una amenaza si fuerza a su audiencia a pensar activamente. Puede ofrecernos la imagen que queremos o puede también forzarnos a buscar la imagen que se nos oculta. Perturba y agita la mente, y ésta sería una de esas raras ocasiones en que una amenaza acarrease tanto efecto positivo. Por eso, podemos encontrar películas que aunque no tengan una intención política abierta, llevan a cabo una tarea revolucionaria por lo que se refiere al espectador. El cine se convierte en un arma política porque nos fuerza a pensar, a interpretar. Nos hace querer reaccionar, cuestionar nuestras propias vidas y actitudes así como el espacio y la sociedad en que nos movemos.

El cineasta francés Abel Gance, maestro del cine mudo de las primeras décadas del siglo pasado, decía que “no existe algo llamado cine neutro o no comprometido. Una película posee una realidad propia y representa, de una manera viva para el espectador, una cierta actitud hacia esa realidad de la que el filme es un documento”.

Ocurren demasiadas cosas a nuestro alrededor. Hambre, guerra, miseria, crímenes. Otras tienen nombre más sencillo, aunque más largo. El vecino de enfrente, el país de al lado, la persona como yo. Podemos esconder la cabeza y jugar a cambiar la etiqueta. “Esto es válido, esto no; esto es cierto, esto no; depende de, es relativo...” Un juego seudo intelectual que mientras se ejerce justifica la inacción. Pero ser ingeniosos o los más listos no nos acerca necesariamente a la verdad. Es cuando paramos la ruleta y dejamos que la flecha se detenga marcando una posición, cuando realmente encaramos el momento. Es todo un desafío. Por eso muchos sistemas de poder prefieren que andemos entretenidos con mil y un estímulos diferentes. Que giremos y giremos, al ritmo que se decida, pero que no nos detengamos a... decidir. Decidir la imagen que quedará dentro de cuadro y la que pondremos fuera. Decidir dónde usaremos nuestra fuerza y cuándo diremos basta.

* Cineasta: directora y guionista de cine y documental.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/laventana/26-166147-2011-04-13.html

  MEDIOS Y COMUNICACION

Diego Jaimes hace un repaso de avances concretados y desafíos que se presentan a los medios comunitarios y populares en el proceso de aplicación de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual.

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Superados los principales escollos judiciales impuestos por las corporaciones multimediáticas, han comenzado a darse los primeros pasos para la aplicación de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. La norma está vigente, y para los medios gestionados por organizaciones sociales se vislumbra una serie de desafíos en el horizonte a mediano y largo plazo. Este y otros temas serán parte de la asamblea anual del Foro Argentino de Radios Comunitarias (Farco), que se desarrollará en Santiago del Estero los días 8, 9 y 10 de abril.

- Institucionalidad. Uno de los pasos ya dados es la creación de la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual (Afsca) como ente de aplicación de la ley, reemplazando al viejo –y no tan querido– Comfer. Fue creado también el Consejo Federal de la Comunicación Audiovisual, en el cual están representados todos los sectores de la comunicación y los gobiernos provinciales.

- Contenidos. Se avanzó en generar un acceso amplio a los acontecimientos considerados de interés general, en especial espectáculos deportivos restringidos en años anteriores a quienes podían pagarlos (Deportes para Todos es el caso emblemático). Se están ordenando –no sin conflictos con los grandes grupos– las grillas de los canales de cable. Es cada vez más visible el desarrollo tecnológico que se está realizando a través de la Televisión Digital. Además de ampliarse la cobertura y el acceso, se promueve la creación de nuevas señales –públicas, privadas y comunitarias–, así como la producción de contenidos a nivel local, regional y federal, en alta definición.

- La clave. En este contexto de claros avances –impensados años atrás–, las organizaciones sociales que gestionan medios comunitarios y populares vienen creciendo y fortaleciéndose, orientando sus estrategias para incidir políticamente en el ámbito de lo público. Estos medios son espacios de participación popular y ciudadana en el escenario mediático y ponen en escena las voces, los temas, los conflictos, las miradas del mundo y los enfoques silenciados por las corporaciones. Los desafíos hoy son básicamente cualitativos, aunque hay una cifra que los sintetiza: el 33 por ciento del espectro radioeléctrico, reservado para los medios comunitarios. La clave: cómo se ocupa ese lugar con participación popular, responsabilidad y calidad comunicacional.

- Formación y capacitación. Es indispensable fortalecer las capacidades de las y los comunicadores sociales en todos los roles a cubrir en un medio de comunicación: locutores, conductores, productores, operadores técnicos, etc. Y no sólo en las cuestiones técnicas, sino fundamentalmente en aquellas vinculadas con el tipo de proyecto político-comunicacional que está en juego. Mucho se ha aprendido en los últimos veinte años y mucho queda por aprender. En este sentido, es para resaltar la alianza del Farco con el Ministerio de Trabajo y la Dirección de Industrias Culturales de la Nación para abrir cinco centros de formación profesional en distintos puntos del país que incluirán a cien futuros trabajadores de la radio. También la iniciativa “Todas las Voces Todos”, que ha fortalecido a cien radios escolares en zonas rurales y de frontera en convenio con el Ministerio de Desarrollo Social y la Afsca.

- Redes y recursos. Los medios comunitarios necesitan sostenerse en términos económicos y financieros, y para eso deben propiciar tanto el desarrollo de fondos provenientes del Estado –fondos de fomento, publicidad– como estrategias de “mercadeo” en pequeña y mediana escala. Pero lo que realmente “sostiene” a los medios populares es su capacidad de articulación con otros actores sociales, en el marco de proyectos político-culturales mucho más amplios.

- Incidencia pública. Las radios comunitarias son reconocidas y valoradas por sus comunidades, aunque no siempre elegidas como medio de información primordial. Su capacidad para instalar temas en agenda y ser fuente de opinión legítima es otro gran desafío de esta etapa. Hay experiencias a destacar en este sentido, como el Informativo Diario que el Farco realiza en su Centro de Producción desde hace ya cinco años, producido en las mismas radios y difundido vía satélite e Internet a más de 170 emisoras en todo el país. La Agencia Télam está replicando estas noticias cada vez con mayor frecuencia a partir de un convenio conjunto.

La Asamblea de Farco a realizarse en Santiago del Estero –donde estarán presentes las organizaciones que luchan por el derecho a la tierra en esa provincia– será una buena oportunidad para avanzar en esos y otros debates. En este encuentro, además, se agregarán nuevas emisoras a las 65 ya existentes, para seguir ampliando y fortaleciendo la red.

* Licenciado en Comunicación UBA.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/laventana/26-165642-2011-04-06.html

  MEDIOS Y COMUNICACION

Roberto Samar discute acerca de la oferta de los medios de comunicación destinada al público infantil, el aporte que hace PakaPaka y la necesidad de que esa señal esté efectivamente al alcance de todos.

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Los discursos consumistas de los medios masivos de comunicación inciden en la imagen de la realidad social. Los mensajes, a largo plazo, van construyendo el soporte de los futuros deseos y fantasías.

El estudio de la relación entre los productos de entretenimiento para chicos y el consumo no es nuevo. En el libro Para leer al Pato Donald, de Ariel Dorfman y Armand Mattelart (1972), se analizaban los discursos que circulaban en las historietas de las revistas de Disney; y se señalaba que en el mundo de Walt “cada palabra es publicidad de una cosa o un personaje, se vive la compulsión del consumo intenso”.

En el mismo sentido, los autores sostenían que “no podemos entender cómo esta obsesión por la compra puede hacerle bien a un niño, a quien subrepticiamente se le inyecta el decreto de consumir y seguir consumiendo sin que los artefactos hagan falta. Este es el único código ético de Disney: comprar para que el sistema se mantenga, botar los objetos y comprar el mismo objeto, levemente diferenciado, mañana”.

Esta situación se graficaba en las viejas revistas del Pato Donald, donde el lugar común de las historias era la acumulación de dinero, la idealización del terrateniente o del banquero, llegando hasta la fantasía de comprar una isla.

En la actualidad, los programas de entretenimiento para chicos no tienen la cultura consumista explícita que denunciaban Dorfman y Mattelart, pero sí contienen una saturación de publicidad que los atraviesan. Mientras los chicos miran un tierno dibujito, asocian la felicidad al consumo de objetos. Ven niños contentos y felices a partir de que tienen un Playmobil, una Barbie, una computadora, un juego para hacerse trenzas o una película.

Como señalan Santiago González Bienes y Gustavo Gaccetta, licenciados en psicología y especializados en infancia, los “niños se van haciendo cada vez más ‘dependientes’ de los objetos. La falta de éstos se vuelve terrible, insoportable e intolerable. Pero detrás de estas demandas concretas, lo que el niño pide es amor, y lo que el paradigma actual le ofrece son cosas”.

Este paradigma de estímulos permanentes para la obtención de objetos se puede ejemplificar en la programación de Play House Disney, en la cual en una hora un chico llega a recibir el estimulo de comprar 16 productos mediante publicidades y recibe 21 promociones de los programas de la señal. Es decir que si un niño ve dos horas diarias de dibujitos en este canal puede llegar a recibir en un mes más de 960 estímulos de compra de productos y de 1260 promociones de programas.

Esta problemática se complejiza en los niños de entre dos y siete años, a los cuales van dirigidos muchos de los productos de Disney, ya que son más permeables a las influencias televisivas, encontrándose en el estadio preoperacional, donde aprenden cómo interactuar con su ambiente mientras desarrollan aspectos esenciales de su personalidad.

Cabe aclarar que esta situación no se da sólo en las producciones de Disney, sino que es una constante en la mayoría de la oferta televisiva de los niños, lo cual complejiza aún más el panorama, ya que hace prácticamente de la publicidad un lugar común.

En ese contexto de hiperestimulación consumista y como si fuera un contrapunto, el Ministerio de Educación de la Nación desarrolló el primer canal educativo y público para todos los chicos y chicas de Argentina y de América latina: la señal Paka Paka, el poder de la imaginación. La propuesta, que tiene fines pedagógicos y no comerciales, consiste en una nueva señal infantil con contenidos orientados a educar y a entretener, abierto a la cultura de todos los sectores de nuestro país y a distintas expresiones del globo.

En ese sentido, Paka Paka contempla producciones de alta calidad que respetan los derechos humanos, estimulan la creatividad e imaginación, promueven la diversidad, la inclusión y fundamentalmente no contienen publicidades; por lo cual no promueven la asociación de la felicidad con la posesión de objetos.

Esta señal es de todos, la financiamos entre todos. Sin embargo, no es accesible plenamente, ya que algunas empresas, como Cablevisión y DirecTV, no permiten que se incorpore en su grilla, admitiendo sólo el acceso a las señales que persiguen fines comerciales.

A partir de lo analizado: como ciudadanos, como padres y como profesionales de la comunicación debemos exigir que se garantice el derecho de nuestros hijos e hijas de acceder a esta señal infantil educativa y pública, ya que en esos consumos audiovisuales también se está construyendo nuestro futuro y las formas que tendremos de ver el mundo.

* Licenciado en Comunicación Social. Docente UNLZ.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/laventana/26-165643-2011-04-06.html

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Luis Buero analiza dos estereotipos de médico presentados por las series televisivas y las posibles actitudes de los televidentes.

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Si te agarra un patatús y te desmayás en la calle –Dios no lo permita–, la gente llamará al SAME y te llevarán en ambulancia al primer hospital público... Entonces, ¿qué tipo de médico te gustaría que te reciba en el hospital? ¿El Dr. Gregory House o el Dr. Hunter “Patch” Adams?

Sí, ya sé que son personajes de ficción y que los americanos nos han provisto de tantos héroes médicos de historieta como para curar todos los males del mundo. La pantalla chica yanqui, no sólo el cine, también nos mandó, a partir la década del ’50, docenas de héroes de delantal blanco, desde los legendarios Dr. Kildare y Ben Casey, Centro Médico, Marcus Welby, Quincy, pasando por las burlonas M.A.S.H. o Scrubs o Royal Pains, y arribando a las melodramáticas E.R. y Grey’s Anatomy. Y hay más. Ahora, con tantas opciones que nos dan el cine y la TV, nos preguntamos: ¿qué es un médico para los guionistas? ¿Qué mensaje nos brindan los medios de tal profesión?

Dr. Kildare era uno de los estereotipos más opuestos a la imagen que podemos apreciar en la serie Dr. House. Siempre acertaba en todo y curaba. Su temática no estaba basada en la búsqueda del diagnóstico, sino que hacía hincapié en el aspecto humano y social del paciente, representando la versión del antiguo médico de cabecera de familia. La confianza y el trato que daba a los enfermos eran irreemplazables. El trato era personalizado y profundo, no descartaba el aspecto emocional y no lo reducía en términos químicos, lo que sería una versión opuesta de House, quien es insensible con sus pacientes, siente rechazo y desconfianza hacia ellos y se maneja de manera indiferente, con soberbia e ironía.

Dr. House (la serie más vista del mundo) nos muestra un personaje que busca romper con el modelo de la bioética instaurado en la medicina de sus oponentes. Este héroe, genio sin delantal, procura llegar al diagnóstico de las formas más extremas y utilizando todas las herramientas que estén a su alcance. Su personalidad y carácter lo colocan en un peldaño de autoridad suprema, de poder de decisión extremo y absoluta manipulación del cuerpo del paciente. Como su personalidad se vale del sarcasmo, la ironía y la brutal honestidad, debe recurrir, como única alternativa para disfrazar y conseguir sus fines, a las autoridades del hospital escuela para lograr concretar sus poco convencionales prácticas, o a los integrantes de su equipo y a la voluble Dra. Cuddy que, para su buena suerte, lo ama.

Principalmente, en la medicina bioética, el paciente participa activamente en los procesos de diagnóstico y tratamiento. En cambio, uno de los rasgos fundamentales de la medicina hegemónica es el uso del cuerpo del enfermo como objeto de experimento. En la serie puede observarse cómo el Dr. House utiliza al paciente como objeto de prueba, y se apropia del cuerpo ajeno, en algunas ocasiones sin su previa aprobación. Otras veces sospecha y medica antes de llegar al diagnóstico para aplacar síntomas o extender su tiempo de deducción. Pero todo esto culmina (a veces) en importantes repercusiones legales, de las que tiene que hacerse cargo el hospital, y en la exposición de su profesión, todo a causa de sus métodos para intentar descubrir de qué sufre el enfermo. Al diagnóstico llega siempre por su capacidad para asociar ideas sueltas, dichos de otros, que nada tienen que ver con lo que sucede en el consultorio.

Para muchos televidentes, su accionar es seductor y se justifica porque House vive cada episodio como un juego detectivesco, en donde, cueste lo que cueste y utilizando todas las herramientas que tenga a su alcance, intentará ser el ganador, por lo que su único límite es la muerte, representada por el game over que dicta el organismo del paciente.

Patch Adams es su contrario. Cuando el director del hospital lo juzga negativamente por su forma de relacionarse afectivamente con los pacientes, Adams exige que se le defina el significado de la frase “dar tratamiento” a los enfermos. Con sus palabras, él expresa que la ciencia es un intento de hallar la verdad. Pero ocurre que la verdad, para él, tiene estructura de ficción.

Patch Adams despliega entonces un discurso distinto cuando le quieren impedir ejercer la medicina; acusado de realizar prácticas no tradicionales, plantea la clínica de la escucha, dispositivo que incluye un tipo de relación paciente/médico, bajo (según sus palabras) el efecto de la freudiana transferencia, que se aprovecha para la cura o bienestar del paciente. Sólo ocupando un lugar fundamental en la transferencia podrán escuchar los profesionales y entender el dialecto oculto del síntoma, les expresa a los decanos que lo interpelan.

Ver series de médicos nos ponen en una extraña disyuntiva, que va más allá de nuestra voluntad: ¿nos identificamos con el doctor protagonista o con el enfermo, que es tratado como un objeto?

La serie Dr. House puede generar cierto grado de angustia en aquellos televidentes que se identifiquen con el paciente tratado. Porque en cada episodio ha quedado evidente que médicos importantes, elegidos por su altísima capacidad, de pronto no tienen ni la más pálida idea de qué caramba sufre el paciente, y sus diagnósticos van desde calificar una ampolla en la lengua como infección, cáncer, sida, lupus o el efecto de una gastritis. Pero, por otro lado, la pasará bien el espectador que tiende a identificarse con el personaje principal, al cual idealiza, y ama esa figura que es mostrada por el producto como omnipotente. El Dr. House resulta ser divertido, nos hace reír en ocasiones y sufre de un dolor crónico en la pierna que lo vuelve querible. Esa es su kriptonita. Esta identificación es positiva, ya que resalta la búsqueda de caminos antes no transitados por otros estereotipos.

En los antípodas, Patch Adams, a las ideas de seriedad, eficiencia y objetividad, él las intenta cambiar por espontaneidad, creatividad, subjetividad, humor e imaginación, y ubica la posición inicial del profesional en el lugar de la docta ignorancia, pues, para él, el paciente tiene las claves de su problema y sólo hay que escucharlo para encontrarlas. Al revés de House, para el que “todos mienten”.

En síntesis, son dos visiones las que nos presentaron dos actores impresionantes, y sólo nos queda escuchar tu respuesta a la pregunta del título y al párrafo inicial. Claro que siempre hay una tercera opción: la de no mirar más series, películas y publicidades donde aparezcan doctores. Y, si es posible, mejor no enfermarse.

* Periodista, psicólogo social, docente.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/laventana/26-165161-2011-03-30.html

  MEDIOS Y COMUNICACION

María Soledad Balsas cuestiona la exacerbación del conflicto en la televisión, usando como protagonista a una migrante latinoamericana.

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Que los conflictos en vivo y en directo dan rédito en audiencia no es nada nuevo en la televisión argentina. Pero sí lo es –en cierto sentido– que éstos no tengan al empresario Fort como protagonista ni sean desencadenados por despechos sentimentales o rivalidades entre vedettes, sino por cuestiones de identidad.

Impregnada de un elocuente discurso xenófobo contra los migrantes latinoamericanos residentes en la Argentina, la discusión se desa-tó entre los ignotos participantes de un reality show para bajar de peso. Según Ibope, el programa de la discordia (8,1) superó por una diferencia de casi cuatro puntos a Intrusos (4,7), conducido por el autoproclamado rey del chisme. Todo comenzó cuando dos participantes fueron convocados por la conductora del cuestionado reality para dar sus versiones sobre su enfrentamiento. El conflicto se extendió al resto del grupo, que mediante uno de sus líderes respondió al supuesto “argentinos de m...” de la pareja de una participante colombiana en el medio de un entredicho fuera de cámara, con el repudio público de la presencia de migrantes latinoamericanos en la Argentina.

En una tajante distinción discursiva entre “ellos” y “nosotros”, varios de los participantes recordaron a su par colombiana que “esto es Argentina” y que debía “estar agradecida de estar aquí”. En respuesta, la paciente oriunda de Barranquilla puso de manifiesto que el líder del grupo, que en emisiones anteriores se había mostrado afectado por los sucesos de Villa Soldati, había expresado en una reunión su acuerdo con la sanción de leyes que impidieran el ingreso de extranjeros en el país.

La tensión alcanzó su punto máximo cuando uno de los protagonistas de la pelea, herido por supuestas agresiones sobre su condición sexual, reveló al aire las confesiones que la concursante hizo al grupo sobre la necesidad de prostituirse en su país para sostener a su familia. Minutos antes, ella se había quejado de soportar reiterados comentarios sobre su nacionalidad, que la vinculaban con el narcotráfico y la prostitución.

Ante la virulencia de la situación, a la que no le faltaron toques de dramatismo (lágrimas en los ojos de la conductora, salida con asistencia médica de uno de los participantes tras la emotiva intervención de su madre) y suspenso (la expulsión de ambos concursantes quedó pendiente para el siguiente encuentro), el rechazo expresado por la conductora –también de origen caribeño– y el panel de especialistas que la acompaña quedó, por lo menos, corto. Sobre todo si se tiene en cuenta que no es la primera vez que se producen controversias por estas cuestiones en este programa.

Algunas semanas atrás, la misma conductora había comentado en público las discriminaciones sufridas en sus primeros tiempos en la Argentina. Hizo referencia a desagradables situaciones personales que le habría tocado vivir, producto del difundido estereotipo que asocia a la mujer caribeña con la prostitución.

Más allá del evidente “gancho” que provoca la espectacularización de la otredad –no sólo en la televisión argentina–, poco después de los hechos de Soldati, no parece azaroso que la exacerbación de la conflictividad tenga como protagonista a una migrante latinoamericana.

* Candidata al Doctorado en Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires, y becaria del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet).


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/laventana/26-165162-2011-03-30.html

  MEDIOS Y COMUNICACION

A partir de la experiencia de Radios por la Educación, Silvia Bacher describe cómo desde la comunicación se pueden generar cambios, producir procesos sociales y promover derechos.

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En las radios de la localidad misionera de Aristóbulo del Valle una voz fresca, risueña, señala con inconfundible tonada guaraní: “Hola se dice mbé pa. Lluvia se dice oké. Gracias se dice aveté. Sol se dice ñamandú. Chico se dice avá. Chica se dice cuñá. Nuestro se dice ñandé. Hombre se dice karay. Derecho se dice...”. El recitado se interrumpe abruptamente por un murmullo incomprensible. La traducción de la palabra derecho no aparece y el murmullo se acalla. Entonces la voz del locutor interpela: “Para ejercer los derechos, primero hay que saber que existen”.

Quienes produjeron este alerta ciudadano son chicos y chicas de la comunidad aborigen Mbya Guaraní Flor del Monte que asisten al programa Radios por la Educación –impulsado por la asociación civil Las Otras Voces. Comunicación para la democracia–, componente que hace foco en el derecho a la comunicación como una estrategia de transformación social dentro del Programa Ciudades por la Educación que Unicef desarrolla en las ciudades de Fontana (Chaco), Clorinda (Formosa), Tigre (Buenos Aires) y en la mencionada ciudad misionera.

En los últimos dos años, Radios por la Educación trabaja en el desarrollo e implementación de estrategias para acompañar y fortalecer el entramado social en dichas localidades, promoviendo los derechos a la comunicación, a la participación y la educación. El desafío consiste en desarrollar condiciones y oportunidades para que niños, niñas y jóvenes ejerzan su derecho a la libertad de pensamiento y de expresión, profundicen su capacidad de producción y de análisis crítico y fortalezcan su rol protagónico en el desarrollo de sus comunidades. El proceso es arduo, muchas veces el camino se vuelve inhóspito. Pero al comenzar a desarticular las dificultades que las lógicas imperantes instalan como barreras –las del no se puede, salvarse solo, no hay salida– y fundamentalmente al ver los frutos del trabajo realizado, la transformación se pone en movimiento. Más de dos mil chicas y chicos de universos diversos participan de las iniciativas que involucran a las familias, las autoridades locales, los medios de comunicación que abren sus micrófonos para dar a conocer qué piensan, qué sienten, qué sueñan los jóvenes. Todos tienen lugar. Participan jóvenes escolarizados y los que la escuela dejó en el camino, los que viven en zonas urbanas, quienes residen en parajes alejados o en comunidades indígenas, aquellos que están en situaciones de conflicto con la ley y también los que requieren educación especial. El desafío está en que de la mano de los jóvenes lleguen las familias.

En muchos casos son mujeres indígenas, en otros organizaciones sociales territoriales, docentes o equipos técnicos quienes buscan el taller de radio, para pensar cómo comunicar sus necesidades, transmitir claves vinculadas, por ejemplo, a nutrición o prevención de abuso. Talleres semanales o itinerantes, radios abiertas, radios escolares, visitas a radios, jornadas de movilización social, capacitaciones, cuadernillos, cuñas radiales, blogs, todo suma y nada parece ser suficiente para lograr el objetivo.

Niños, niñas y jóvenes buscan priorizar los temas que les preocupan e inciden directamente en el desarrollo de sus vidas cotidianas, identifican a los actores que tienen responsabilidad en la toma de decisiones sobre estas preocupaciones y realizan producciones para comunicarlas a sus comunidades. El trabajo apunta a que se vean como actores con capacidad de incidencia y transformación, que reconozcan lo fundamental que resulta el ejercicio del derecho a la comunicación como puerta de acceso a otros derechos y vean en la radio una herramienta para promover cambios en los entornos donde viven.

Para que el proyecto no sea sólo una buena práctica se busca incidir en la agenda pública, para lo cual los referentes locales establecen acuerdos institucionales con actores estratégicos. Así lo pone en evidencia Silvina, la referente local en Fontana, al participar activamente de las audiencias públicas convocadas por el intendente, quien ha comprendido la trascendencia de la iniciativa y la suma en los diferentes barrios.

Radios por la Educación nos enseña que la transformación es difícil, pero no imposible; que es necesario proponerse indicadores altos (aunque a veces se perciban inalcanzables), porque la comunicación es un derecho que trae de la mano muchas llaves que sacan del silencio otros derechos. Y, sobre todo, que la transformación a través de la comunicación no es sólo individual, sino social. Hay voces juveniles que comienzan a circular, a tener sonido, que proponen miradas originales, capaces de aportar a una ciudadanía más plena y justa. Voces indispensables para construir el país que soñamos; en el cual desde el albor de la vida, la palabra derechos no precise traducción porque no queda un solo ser humano sin ejercerlos.

* Directora de Las Otras Voces. Comunicación para la democracia. www.lasotrasvoces.org.ar


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/laventana/26-164745-2011-03-23.html

  MEDIOS Y COMUNICACION

Teresita Vargas discute la posición de “técnicos” que asumen algunos comunicadores y llama a hacerse cargo de las responsabilidades dejando de lado una falsa objetividad.

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Durante la década de los noventa, la flexibilización laboral y la desregulación del mercado de trabajo trajo consigo situaciones de precariedad para muchos trabajadores y una idea de profesionales técnicos que se deslindaban de las decisiones políticas. El técnico dejó de verse como un trabajador para convertirse en gerente o consultor, dejando de lado algo insoslayable: independientemente de las intenciones, cada decisión está siempre atravesada por una concepción, por una idea de país. En apariencia, los cuadros técnicos sólo diseñaban herramientas o aplicaban resoluciones en base a decisiones políticas que otros tomaban. Eduardo Basualdo sostiene que para consolidar el modelo de acumulación económica basado en lo financiero que iniciaran las dictaduras militares fue vital “la incorporación al bloque de poder de los intelectuales supuestamente independientes, desligados del sistema político, que percibieron ingresos relativamente elevados a partir de la proliferación de contratos y consultorías que acompañó el proceso de destrucción y transferencia del aparato estatal al privado”.

A pesar de las profundas transformaciones que se han gestado desde entonces en el escenario nacional y regional, principalmente en esta última década, este imaginario de técnico o consultor político despolitizado persiste aún en el discurso de algunos profesionales que forman parte de equipos estratégicos para la gestión, tanto del Estado como de empresas privadas. Todavía resulta confuso el rol de muchos de los que están en esos puestos, siendo “leales servidores” de los intereses de las corporaciones o de políticos con propuestas poco claras. Los comunicadores no escapan de esta consideración. En este contexto, el comunicador se convierte en aquel “técnico” que diseña estrategias para difundir determinados intereses, pero no se percibe como co-responsable de los contenidos ni de las determinaciones que adoptan los decisores.

Resulta fundamental reflexionar acerca de este modelo de profesional y, sobre todo, es sustancial redefinir el rol de los y las comunicadores/as en la sociedad actual. Para precisar: cuando decimos “comunicador” o “comunicadora” pensamos tanto en los periodistas como en los gestores de la comunicación en ámbitos públicos y privados en todo su espectro.

La filósofa española Adela Cortina afirma que toda actividad humana produce “bienes internos” y se ejecuta para un fin determinado. Ninguna actividad se realiza sin objetivos o intereses que concretar, y el “fin de esa actividad es lo que le da sentido y es lo que le da legitimidad social. No sólo necesita legitimidad la política, cualquier actividad necesita legitimidad”. ¿Cuál es el fin de la actividad de las y los comunicadores/as, cuál es la meta de su trabajo, lo que le da sentido a su actividad?

Si creemos realmente que la comunicación es el espacio donde se disputa la producción de sentidos, y que cada acto está per se impregnado de connotación política, es imposible deslindar el trabajo del comunicador y los fines que persigue del sentido político que en definitiva “apoya”. Nadie mejor que el comunicador entiende y sabe que toda acción es comunicativa, implica una elección y provoca determinados impactos. Tiene la habilidad (y la responsabilidad) de saber cuáles pueden ser los “posibles” campos de efectos y sentidos de un discurso o práctica social. Se ha preparado para eso.

Acompañar la gestión de un candidato demagógico no puede comparase con la promoción de acciones para la democratización de la comunicación. Es un contrasentido. Hacer prensa institucional de una empresa que contamina resaltando las propiedades y valores de la misma no resulta igual que trabajar en una campaña para una organización que se preocupa por el cuidado del medio ambiente.

Afortunadamente, también podemos decir que muchísimos colegas trabajan desde un sentido ético y social profundo para fortalecer la ciudadanía en el marco de los derechos. Existen ya muchas experiencias de esta índole y se están multiplicando día a día.

Esta es nuestra responsabilidad: aportar a la visibilidad de las posiciones y las posturas que atraviesan los discursos y las prácticas sociales, asumiendo todo lo que implica apoyar con nuestro rol unos u otros sentidos. Ello supone hacernos cargo de que cuando decidimos trabajar en un lugar inevitablemente estamos acordando (al menos en alguna medida) con los sentidos y valores que allí se construyen y circulan; y, desde esta misma ética profesional, dejar de pregonar la tan mentada como falsa “objetividad” de nuestra labor.

* Licenciada en Comunicación Social. Docente-investigadora UNLP/UBA.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/laventana/26-164746-2011-03-23.html


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Ya no es nuevo. Las modernas tecnologías aplicadas al campo de la comunicación y la información determinan un paisaje mediático caracterizado por la convergencia de soportes. Sin embargo, este escenario está dando lugar al surgimiento de novedosos proyectos de narrativa transmedial, una estrategia que utiliza varias plataformas para alcanzar al público con su relato y que trasciende el concepto de multimedia. Este último término suele aplicarse a la adaptación de un mismo contenido a diversos soportes, tales como libros, películas, series de televisión o videojuegos, a los que cualquier persona se puede asomar en forma independiente.

El transmedia, en cambio, procura construir una experiencia inmersiva que se ve favorecida porque el motivo central del relato alcanza extensiones en plataformas diferentes a la original, las cuales se ofrecen como múltiples puntos de entrada, añaden algo más a la historia y generan un ámbito narrativo envolvente.

Matrix y tantísimas otras películas de presupuestos fastuosos se ramifican en juegos de video, series animadas, historietas, páginas web, blogs y episodios concebidos para las pantallas de TV, ordenadores o teléfonos móviles que, además, obtienen amplia repercusión en foros y redes sociales.

El aspecto interesante es que el usuario puede decidir hasta dónde quiere llegar en la “lectura” del texto, expandiendo o limitando sus movimientos entre medios diversos. Los exegetas del modelo también remarcan la posibilidad que se abre al público para “participar” en la creación, aunque esa alternativa resulta difícil de verificar.

Además de los aportes sistemáticos que formulan el estadounidense Henry Jenkins o nuestro compatriota Carlos Scolari, la red ofrece numerosas entradas que informan sobre la evolución de un fenómeno en el que la historia está en todas partes y no aparece limitada por la hora y media de duración de una película o las 24 páginas de una historieta.

Dado que no se trata de reiterar contenidos en cada soporte, la narrativa transmedia pretende poner las mejores posibilidades de cada uno de ellos al servicio del crecimiento de la historia. De este modo, las diferentes plataformas pueden servir para captar la atención de distintas comunidades de fans.

En algunos de los medios partícipes pueden aparecer nuevos personajes; otros ofrecerán historias secundarias y otros más presentarán mundos paralelos. La planeación del proyecto narrativo transmedia puede graduar niveles de complejidad en función de los públicos que acceden a una u otra ventana.

Muchos guionistas y fabuladores diversos deben estar de parabienes, ya que la emergencia de este escenario de complementariedades mediáticas habilita nuevas alternativas laborales. Por otra parte, el modelo demanda una construcción coral de los relatos, algo que sin dudas puede contribuir a enriquecerlos.

Queda por ver si el hegemónico cariz comercial con que el transmedia se presenta es capaz de habilitar espacios en términos de su aplicación educativa y si puede contribuir al desarrollo humano de quienes, hasta aquí, por lo general elige definir como “consumidores”.

Las nuevas tecnologías ya llevan varios años actuando para transformar nuestros modos de trabajar, divertirnos, aprender y hasta pensar, con un impacto aún no debidamente mensurado sobre nuestra capacidad de concentración o dispersión y la constancia o volatilidad de nuestra atención.

Nunca como hoy la humanidad tuvo tantas posibilidades de acceso a la ficción. El dato se vuelve relevante pues el discurso narrativo ofrece una forma de conocimiento y comprensión distinta a la puramente teórico-discursiva. Las historias son territorio fértil para el desarrollo de concepciones e interpretaciones menos dogmáticas acerca del mundo y de la humanidad. El relato es imprescindible porque convoca a la imaginación y agudiza nuestra sensibilidad.

En el flanco académico aparece el desafío de aportar al conocimiento de un público que busca acceder a experiencias mediante la navegación e interacción entre medios. Comprender el comportamiento de las personas que conviven bajo la égida cada vez más manifiesta de un ecosistema convergente de medios resulta fundamental en un momento en que sus hábitos están siendo reformateados por ese complejo entramado de soportes que no sólo multiplica el número de mensajes, sino que también modifica los modos en que éstos son recibidos.

* Docente e investigador de la Universidad Nacional del Comahue.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/laventana/26-164253-2011-03-16.html


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Año 2000, bastantes meses después del Y2K. La profecía del colapso garantido era psicosis pasada y conclusa; esa que machacaba con que una cuestión de software (el cambio de fecha) iba a generar un caos en el hardware (los objetos que nos rodean). Sobredeterminación en estado puro. En un aula de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, un estudioso extranjero hablaba sobre las bondades de la globalización, cuya verdadera dinámica, afirmaba, residía en el hecho de que todas las computadoras del mundo se interconectaban en red. Un fenómeno muy pero no tan soft. Aníbal Ford, para muchos en pecado de pesimismo –o hasta anacronismo–, pidió la palabra y preguntó hard. ¿Cuán importante es, en este contexto, la propiedad de la estructura, la posesión de los “fierros” de la globalización?

Existen un antes y un después de Egipto 2011 para discusiones de este tipo. En unas horas, un puñado de llamados telefónicos y/o un par de visitas armadas apagaron la web e hicieron desaparecer a un país. En el mundo de la globalización triunfante, escribió Ford en 1994, el símbolo parecía reemplazar a los fierros, en gran medida porque esos fierros estaban en manos de estructuras de propiedad con carácter oligopólico y transnacional. Era como si nos hubiese mandado a releer aquel párrafo de Marx: si la estructura es una variable dada, la discusión muere en lo superestructural. En las últimas dos décadas, la discusión comunicacional-mediática se nutrió de alimento light y balanceado: libertad de expresión y prensa, independencia del periodismo, Google, Twitter o Facebook o el que venga luego, y yerbas de similar tenor.

No se trata de la decadencia, desesperación o desaparición del régimen de Hosni Mubarak o cualquiera de sus parientes cercanos. El punto es que la Red es una nueva forma de territorio y, como tal, objeto de una disputa colonizadora. Hasta aquí, el gran triunfante ha sido el capital privado, que ha expandido su capacidad de brindar acceso pago al nuevo espacio.

Internet, dicen tanto un lector aficionado de Jürgen Habermas como la secretaria de Estado Hillary Clinton (http://www.state.gov/secretary/rm/2011/02/156619.htm), es el espacio público del Siglo XXI. Lo de espacio es incuestionable. Lo de público, declamatorio pero no necesariamente verdad. Internet es hoy más un parque de diversiones donde hay que pagar entrada para jugar que una plaza pública donde se transita y habla libremente. Un country (gated community) más que un barrio. La diferencia no es la cantidad de gente conectada (dos mil de los siete mil millones de habitantes de la Tierra), sino las lógicas de participación y propiedad del terreno. Para que sea calle, deberá ser de libre acceso y su dueño toda la comunidad, representada de manera sintética por el Estado como expresión máxima de la voluntad popular. No está claro que Mubarak haya leído a Max Weber, pero su intento de apagar la web es un resabio algo anacrónico del intento de recuperar el monopolio del uso de la fuerza en el espacio público.

La web crece a partir de nuevas lógicas globales que se insertan en los viejos esquemas nacionales. Su gobierno es reflejo distorsionado del esquema geopolítico de la época. No es de sorprender que uno de los pilares de la gobernabilidad de la web, la Icann (Internet Corporation for Assigned Names and Numbers) haya nacido y crecido bajo el paraguas del gobierno de los Estados Unidos. Como tampoco que dos conferencias mundiales sobre la Sociedad de Información en el seno de Naciones Unidas en 2003 y 2005 se hayan focalizado sobre los objetivos (comerciales) realizables de disminuir la brecha digital y no sobre el establecimiento de un gobierno global y público de la red. Naciones Unidas, por caso, hace tiempo clama por una reforma. Hasta que no sea así y el monopolio de la fuerza digital esté en manos legítimas, habrá más Mubaraks pero también más googles, facebooks o twitters, cuya rendición de cuentas es, “en última instancia”, a sus inversores más que al público.

Volver al 2000. Imaginar a Aníbal Ford viendo por TV la reunión de Sui Generis tras veinticinco años de hiato. Mestre y García cantan que ya llegó el día en que estando juntos harán todo para este mundo, paralizando la tierra el día que apagaron la luz. Ford piensa que alguna vez alguien la va efectivamente a apagar. Once años después, Mubarak la apaga y los dueños de los “fierros” acatan el anacronismo del futuro, nuestro hoy. Llegará el día, decían Charly y Nito. También Aníbal.

* Licenciados en Ciencias de la Comunicación (UBA) y coordinadores del Departamento de Comunicación y Cultura de la SID (www.sidbaires.org.ar).


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/laventana/26-164254-2011-03-16.html


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Desde Milán

Diarios, canales de televisión, productoras de cine y espectáculos de un país concentrados en una sola empresa que es además propiedad del primer ministro desplegaron todo su arsenal:

“Son un grupo de izquierdistas chic”. Y ellas iban a las plazas, algunas citaban a la Madre Teresa.

“Es una bolsa de gatas que se empezarán a pelear en cualquier momento.” Seguían llegando, con sus diferencias, bailando en las plazas, con bufandas blancas que me recordaban el blanco de otras plazas. También clamaban por la vida, cada una la suya: las precarias, su trabajo; las obreras, paridad; las desempleadas, oportunidad; las migrantes, trabajo reconocido; las madres, jardines de infantes; las que aún no pueden serlo, fecundación asistida; otras, no tocar la ley del aborto.

Los hombres venían también. Algunos atónitos arrastrados por sus esposas, otros orgullosos de sus compañeras se ponían la bufanda blanca, otros enamorados se la enrollaban en el mismo cuello que su novia. Otros venían a ver mujeres lindas y terminaban con una cinta rosa atada en la muñeca, transformados en hombres feministas, no mujeriegos. Y llegaban los gay, las trans, las travestis. Algunos acompañando amigas, otros porque sentían que debían estar.

“Dividen entre mujeres honestas y putas.” Y llegaban las columnas de las prostitutas que decían en sus carteles: “Cobramos el sexo, el amor es gratis”.

“Son unas moralistas.” Y se besaban las lesbianas mientras las heteros las aplaudían.

“Están siendo instrumenalizadas.” Y continuaban llegando mujeres, sin banderas, sin partidos. La mayor parte no sabía o no les interesaba quién las había convocado. Llegaban con sus hijos e hijas, con sus perros, con sus viejos en sillas de rueda.

Fue la concentración más grande en Italia en los últimos 25 años, en más de doscientas plazas desde Roma hasta Arcore, la pequeña ciudad donde nació Berlusconi y donde tenían lugar las fiestas del “bunga bunga”. Se calcula que se movilizaron más de un millón de mujeres.

Ahora, en los días siguientes, en todos los gabinetes de políticos, sindicalistas, periodistas intentan entender qué y cómo pasó.

Reponiendo mi garganta de los adesso, adesso (ahora, ahora), que era el grito que unificaba y que respondía a Se non ora, quando? (Si no es ahora, cuándo) de la convocatoria, juzgada por algunos demasiado abstracta para ser captada, también me dedico a hacer mis averiguaciones.

Intenté una forma de ingeniería inversa que se resume en la simple pregunta: “y vos, ¿cómo te enteraste?”.

He aquí mis oficiosos resultados: el “cómo” más difundido no fue Facebook, ni los blog, tampoco obviamente los medios masivos. Fue fundamentalmente el instrumento histórico de la comunicación entre mujeres: la información de boca en boca, el encuentro con amigas complementado con el teléfono celular, algo de Twitter, también mucho a través de programas de radio. Mucho de viejos medios, con algo de nuevos.

Esta combustión espontánea presentó otro fenómeno en las plazas mismas: la organización fue superada por el número de asistentes. Especialmente en Milán bajo una lluvia que no las desanimó, la oradoras importaban poco, lo que importaba era estar ahí, sin protagonismos, sin grandes personajes.

Tampoco estaban presentes los cartelones o banderas al estilo de las canchas de fútbol o del aparato de los partidos políticos. En lugar de eso había una selva de carteles. Eran en el papel A4 de los escritorios, de las oficinas, impresos o escritos a mano, caían al piso, se los levantaba, se lucían, se prestaban, se les sacaba fotos con el celular, como quien muestra un nuevo par de zapatos, de la frivolidad a la crítica.

La creatividad era explosiva, con muchísimo humor con juegos de palabras de doble sentido que no me atrevo a traducir. Estos “cartelli” expresión variadísima, descontrolada, individual, se transformaron en uno de los grandes protagonistas de la manifestación. Al punto de que el diario La Repubblica dedicó una galería fotográfica en línea para mostrarlos.

Aquí tendría que ofrecer una conclusión, sólo que no la tengo. No es Egipto, no es Túnez, países en dictadura con un pueblo que resiste, o que está migrando desesperadamente a Europa por oportunidades.

Aquí se trata de un grupo transversal a los partidos políticos y a las organizaciones. Muchas de las que estaban en las plazas eran mujeres de derecha. Es el caso de una de las oradoras Giulia Bongiorno. Y hubo sindicalistas como Susanna Camusso. También, más obvio, feministas, militantes de izquierda, y cantantes, artistas, estudiantes, inmigrantes, así como monjas católicas y mujeres musulmanas.

El objetivo va mucho más allá que exigir la dimisión de un primer ministro acusado de tener sexo pago con menores de edad. Hay un sector de una sociedad que necesita mirarse unas a otras y unos a otros, reírse, indignarse, escribirse mensajes individuales, tomar la palabra y estar presente sin mediaciones ni mediadores.

* Consultora lingüística. Docente on line de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la UNLP.


Para comunicarse con esta sección escribir a:
laventana@pagina12.com.ar

Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/laventana/26-163725-2011-03-09.html


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Las últimas revueltas pusieron en el eje del debate la utilización de Internet para diferentes fines interrelacionados. De inmediato, los especialistas realizaron sus análisis del fenómeno. Sin embargo, permanece la sensación de que no se consigue aprehender en su amplitud el suceso, que se inscribe en un contexto marcado tanto por nuevas formas de militar como por causas de diverso orden. Por esto, tal vez, en lugar de hilvanar una serie de afirmaciones, conviene interrogar a esas mismas preguntas que nacen de las afirmaciones, sin la pretensión de agotarlas.

Una de las características entre quienes usan Internet para seguir una problemática –lo cual muchas veces significa expresarse y realizar una convocatoria– es la reticularidad en oposición a la información que circula sólo de manera cerrada entre los involucrados. ¿Esto es bueno en sí mismo? ¿Que la información se dirija hacia receptores inciertos garantiza algo? ¿Qué cambios sufrió el mensaje de una situación a la otra? ¿Cuáles son los perjuicios y los beneficios de esta transformación? ¿En qué se favorece la circulación y la recepción por el hecho de que se difumine el emisor original? ¿El emisor pierde su identidad? ¿Surge una nueva? ¿La circulación en red opaca la imagen del emisor? ¿O directamente la condena a un segundo plano?

Otro elemento que se acostumbra a enfocar es la inmediatez para difundir hechos que los medios “tradicionales” no cubren, ya sea por estar desinformados, porque no los consideran noticiables o porque afectan sus intereses. ¿La inmediatez pasó a convertirse en una virtud? ¿Las propiedades de la circulación inciden en la potencia simbólica del mensaje? ¿La inmediatez sólo pone la nota en la transformación del tiempo y del espacio en el nuevo ethos militante? ¿Tan distinto sería el desarrollo de los hechos sin ella? ¿Es apenas un grado mayor a la espontaneidad tan debatida otrora? ¿Significa un revés para la burocracia de muchas organizaciones sectoriales?

Existe consenso sobre la idea de que está emergiendo una contraparte de los medios de comunicación, entendidos éstos como eminentes factores de poder. Esta vía “ciudadana” parecería erigirse con un aura menos contaminada por intereses político económicos. ¿Comienza a gestarse un nuevo estándar de la información? ¿La red se convirtió en una sólida forma de circulación alternativa de información? En este proceso, ¿el riesgo es la proliferación de mensajes alarmistas y de sospechosa verosimilitud? ¿Nuestros periodistas se adaptarán con facilidad? ¿Representa una forma de presión sobre las empresas periodísticas que muchas veces están digitadas, ante todo, por la rentabilidad económica? ¿Se les impone buscar la forma de amoldarse a los tiempos que corren, desechando dudosos intentos al estilo de TN y la gente?

Por último, algunas preguntas sobre el mensaje, el acceso y la democracia directa: ¿la eficacia del mensaje varía de acuerdo con la etapa de la protesta? ¿Lo hace según la magnitud de la opresión, que no tiene por qué ser nada más que gubernamental sino que también puede ser cultural, por ejemplo a través de la concentración de la propiedad de los medios o de la producción de contenidos? ¿Es un tímido paso hacia la democracia directa, que, por otra parte, tiene expresiones claras en las asambleas de autoconvocados que se están manifestando a raíz de los efectos de las fumigaciones o la minería a cielo abierto? ¿Se modifica en algo la compleja matriz de los conflictos sociales del presente? ¿Es una forma de intervención política que surge –al igual que el escrache y el piquete– en un contexto en el que no hay una reacción institucional satisfactoria? A la vista de los últimos sucesos, ¿el acceso se ha convertido en un derecho fundamental para ejercer en plenitud la ciudadanía? A la hora de organizarse y difundir su demanda, ¿existe una división abismal entre quienes acceden y quienes no pueden hacerlo? ¿La imposibilidad de acceder es una nueva forma de dominación?

* Periodista.


Para comunicarse con esta sección escribir a:
laventana@pagina12.com.ar

Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/laventana/26-163724-2011-03-09.html

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Para Horacio Ghilini la competencia desigual que encara la escuela frente a los desarrollos de Internet 2.0 pone a maestros y profesores en un estado de insatisfacción que demanda la resignificación del papel del docente.

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Una metamorfosis se cultiva en el aula. La vida diaria de los docentes se reformula a diario, a cada instante y con un simple click. La tecnología en la educación y la cultura altera la vida de los educadores tanto dentro como fuera de las cátedras. La trastorna desde un aspecto central, casi imposible de recompensar salarialmente, como es la satisfacción del trabajo. Es así como las Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) están planteando un desafío y un profundo debate que no puede ser desoído.

En los últimos tiempos, la insatisfacción docente está ligada a una transformación estructural, en especial debido a que la relación educador-educando conlleva mucho contenido de violencia y la escuela refleja (como el tráfico automotor) el clima social. ¿Qué pasa si dejamos de tener alumnos porque son espectadores? Etimológicamente, alumno significa sed de nutrirse. Entonces, se supone que cuando alguien asiste a clase es porque existe una sed de alimentarse, escuchar y, si se quiere, robar los conocimientos. Sin embargo, si el educando está en una actitud pasiva, como un espectador mirando un reality show o escaneando en Internet, está esperando que nosotros seamos un blog, una pestaña más de las ventanas que acumulan en sus pantallas. De esta manera, las expectativas sobre el maestro son muy distintas a las que existían antes. Como consecuencia de esto último, el docente tiene un alto grado de frustración al no ver satisfacciones, esa gratitud de depositar una semillita en un pibe y que con el tiempo se desarrolle. No hay que despotricar contra las computadoras ni desatar una caza de brujas hacia la tecnología, sino que la actualidad exige detenerse a reflexionar a fondo sobre estas cuestiones que nos afectan a diario.

Están cambiando el aula y el alumno, lo que transforma al docente y sus condiciones de trabajo. Como consecuencia se avizora un cambio en los sindicatos docentes. Por estos motivos, hay que adecuarse y tener apertura. ¿Existe una ruptura de la relación docente-alumno? Los chicos hablan y leen un lenguaje multimedial asociado a lo afectivo, aunque siguen siendo analfabetos en el sentido abstractoracional, el cual se obtiene por la estructura del saber. Por estos motivos, el primer objetivo es convertirlos en alumnos para que, entre otros temas, sepan comprender los insumos culturales, mensajes mediáticos y, como consecuencia, no sean fácilmente maleables. No sólo es conocer las reglas del juego para su uso didáctico, sino que significa fomentar el espíritu crítico para abordar el manejo simbólico que engloban las TIC.

Tanto los alumnos como los maestros deben tirar a la papelera de reciclaje las culpas, ya que ambos son víctimas de una transformación cultural que los excede. Día a día la tecnología avanza y las aplicaciones cambian. Inmiscuirse, investigar y desechar el miedo escénico de meter la pata frente a la PC debe ser la punta de lanza para comprender los cambios subjetivos de las comunicaciones en la era digital, los cuales son dominados casi desde la cuna por los denominados nativos digitales.

Ante la competencia desigual que encara la escuela frente a Internet 2.0 y la tevé es necesario resignificar el papel del docente para que no terminen siendo la pestaña desechada por un click.

Arturo Jauretche decía que somos colonizados pedagógicamente cuando estamos colonizados mentalmente. Entonces, apropiarnos de las nuevas tecnologías es “hacerlas propias” y así colaboraremos en nuestra lucha por la liberación cultural.

* Secretario general del Sindicato Argentino de Docentes Privados (Sadop). Miembro del Consejo Directivo de CGT.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/laventana/26-163305-2011-03-02.html

  MEDIOS Y COMUNICACION

Emmanuel Gall y Eva Fontdevila relatan la experiencia del Colectivo Abrojos en la formación de radios comunitarias en la provincia de Tucumán.

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Desde Tucumán

La sanción de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual ha traído, como se ha dicho en innumerables textos publicados por comunicadores, intelectuales, funcionarios, militantes y demás, una innovación fundamental al panorama mediático y político. Por un lado ha incluido a la comunicación entre los derechos de las personas, alejándola de su tradicional papel de mercancía. Y por otro lado ha plasmado un “modo de hacer leyes” coherente con su propia letra. Esta ley promueve la participación y a su vez es producto de la convergencia de organizaciones de la sociedad civil, universidades, investigadores y ciudadanos en general, preocupados por de-sarrollar iniciativas con fuerza de política pública.

Sin dudas, las leyes no cambian de inmediato las culturas políticas, ni las culturas a secas. Sin embargo, los marcos normativos obligan al Estado –al Poder Ejecutivo en particular– a crear los mecanismos necesarios para que la sociedad pueda ejercer los derechos plasmados en la ley y a reclamar ante su incumplimiento. Básicamente de eso se trata la ampliación de derechos y ciudadanía; y la comunicación, ahora, es parte de ese concierto de articulaciones entre poderes.

En este nuevo marco, la Secretaría de Articulación Territorial y Desarrollo Local del Ministerio de Desarrollo Social de Tucumán ha apoyado con recursos económicos y de capacitación la creación de 13 nuevas emisoras comunitarias en el interior de la provincia de Tucumán mediante, el concurso “Propuestas Comunitarias 2009”, otorgado a 60 proyectos impulsados por las Mesas de Gestión Local que funcionan en todo el territorio provincial.

Con el premio inicial, de 20.000 pesos por proyecto, ciudadanos en general, directores de escuelas y de centros de salud, integrantes de centros de jubilados, centros culturales y demás actores sociales, han desarrollado la primera parte de su sueño: equiparse para tener una emisora de FM local.

Durante 2010, Abrojos. Colectivo de Educación Popular tuvo a su cargo la capacitación a los grupos promotores de las radios en los mismos territorios. Con un esquema básico de ocho encuentros por radio, el ciclo incluyó aprendizajes sobre el lenguaje de la radio, géneros y formatos de ficción y no ficción, programación de la emisora, guionado de programas, principios de periodismo y comunicación comunitaria y criterios de gestión y sostenibilidad en el trabajo cotidiano. Además, un taller específico sobre derecho a la libertad de expresión y los alcances de la nueva Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual ayudaron a comprender el contexto y a vislumbrar posibilidades de intervención concreta en el espacio comunicacional “legal”.

El capítulo relacionado con la gestión y sostenibilidad atrajo mucho el interés de los destinatarios de los talleres. Sin dudas, un aspecto de difícil resolución que el movimiento de radios comunitarias ha ido abordando y sistematizando en los últimos veinte años para construir herramientas que colaboren en la construcción de condiciones reales de autonomía.

Una radio comunitaria siempre refiere a una complejidad de factores componentes que permite superar la idea abstracta y pensar en los obstáculos y fortalezas particulares de cada proyecto en sí mismo. Porque son ante todo deseos de expresión colectivos puestos en práctica que para permanecer y recrearse deben concebirse en sus dimensiones comunicacionales, organizacionales, económicas y como una propuesta político-cultural que se imagina y que deriva en distintos niveles y modos de incidencia social real en las comunidades donde se anclan. No hay radio posible sin un desafío de asimilación (en el corto, mediano y largo plazos) por parte de la comunidad. Desafío concreto y formulado por sus miembros promotores que dibuja imaginariamente un proceso de transformación que debe dejar en el territorio huellas significativas. Marcas que con el tiempo se aprenderán a medir en hábitos de consumos culturales novedosos por parte de los pobladores, en prácticas comunicacionales innovadoras de los vecinos (y del mismo grupo promotor) o en espacios de contención, recreación y encuentro ciudadano que no existían previamente en el barrio o comuna.

Abrojos, como colectivo que acompaña este proceso (muy incipiente en algunos territorios), cree que el espíritu de la ley de SCA no sólo debe interpretar el derecho de los ciudadanos a expresar sus pensamientos y deseos por nuevas vías, sino, también, el derecho a construir las mejores armas, profesionalizarlas, comprometerlas y ayudarlas a concebir herramientas de autoevaluación, que den con buen tino una idea de la calidad del aporte con que cada nueva iniciativa consigue marcar el mapa comunicacional de las comunidades que las sostienen.

* Miembros de Abrojos. Colectivo de Educación Popular, www.abrojos.org

* Docente e investigadora de la comunicación de la Universidad Nacional de Córdoba.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/laventana/26-163306-2011-03-02.html


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El 10,2 por ciento de los habitantes de la República Argentina usan Internet de alta velocidad fija, lo que posiciona al país como el de mayor cantidad de usuarios de banda ancha en América latina, según un informe de la firma internacional Cisco, que está llevando a cabo un relevamiento en el primer semestre del corriente año. La proyección final estipula un número mayor, ya que cada cuenta de Internet de banda ancha es utilizada por un promedio de cuatro personas.

Fuente: LIC - Secretaría de Cultura de la Nación.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/laventana/26-163307-2011-03-02.html

  MEDIOS Y COMUNICACION

Las recientes rebeliones populares en el norte de Africa alimentaron la idea de la influencia de los nuevos desarrollos tecnológicos y de las llamadas redes sociales en los procesos políticos. Pascual Calicchio aborda el tema para hacerse nuevas preguntas y ponderar los sentidos de la “participación” digital.

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A nadie se le hubiera ocurrido llamar al Che Guevara “radialista” porque se comunicaba con el pueblo cubano a través de Radio Rebelde. Pero si la revolución fuera en la actualidad y el Che tuviera una cuenta de Twitter, los medios no dudarían en llamarlo “El líder twittero”.

Las recientes rebeliones populares en el norte de Africa volvieron a revivir el mito de la “revolución Twitter” como había sucedido en Irán.

Página/12 publicó en octubre pasado un artículo del periodista y sociólogo canadiense Malcom Gladwell, aparecido originalmente en The New Yorker, titulado “La revolución no será twitteada” (Radar, 3/10/2010) quien de alguna manera intenta desarticular este mito planteando la existencia de “lazos fuertes” dados por la relaciones cercanas, de amistad, compañeros de trabajo o universidad, etc. y que en el caso de las rebeliones implican “poner el cuerpo” y “lazos débiles” como los que se generan en Facebook o Twitter, donde basta apretar “me gusta” sobre una buena causa para sentir que se está participando. No viene mal releerla a la luz de los nuevos hechos.

¿Hay participación cuando se escribe un comentario en Facebook, cuando se deja un mensaje en el contestador de una radio o cuando se manda un sms para que vuelva Cristian U a Gran Hermano? ¿Se puede considerar militancia el envío de micromensajes de 140 caracteres sin salir de tu casa?

David D. Kirkpatrick, en The New York Times, relata cómo es la nueva generación de activistas egipcios denominada “generación Facebook”, cuyo exponente más visible quizás haya sido el ejecutivo de Google Wael Ghonim. Si bien puede llegar a decirse que hasta fue fundamental el uso que hicieron de las herramientas informáticas, la organización y el conocimiento entre ellos fue previo, en las universidades, en los puestos de trabajo, en el territorio. Muchos ya estaban organizados en grupos pequeños o no tanto, como la Hermandad Musulmana.

Kirkpatrik relata una acción que demuestra la importancia de los “lazos fuertes” para que una acción comunicativa repercuta: “La noche anterior a la manifestación del Viernes de Furia, el grupo se reunió en casa de El Elaimy, mientras Lofti llevaba a cabo lo que él llama ‘un estudio de campo’. Entre las 18 y las 20, él y un pequeño grupo de amigos caminaron por los estrechos callejones de los barrios de la clase obrera y alentaron a gritos a la gente para que saliera a protestar, con el objetivo de medir el nivel de participación y evaluar el ritmo de marcha de una eventual manifestación por las calles. “Lo gracioso es que cuando terminamos, la gente no se quería ir”, comentó. “Eran 7000 y habían quemado dos patrulleros.” (1) De hecho, la rebelión continuó a pesar de que se cortaron los teléfonos e Internet.

Con la misma lógica muchos se preguntan: ¿por qué en Cuba no pasa lo mismo que en Egipto si también el gobierno lleva 30 años en el poder? En lo que parece ser una gran simplificación en la que ha caído, por ejemplo, la “famosa” bloguera cubana Yoani Sanchez, desconociendo las redes “reales” que se tejen al interior de la isla, al parecer mucho más fuertes que las “virtuales”. De hecho, Yoani es mucho más conocida fuera de Cuba por los detractores de la Revolución que al interior de la misma. Algo similar quizás a lo ocurrido en Irán, donde hay menos de 10.000 usuarios de Twitter y menos de 100 de ellos parecen activos (2), donde la mayoría de los mensajes sobre el tema están en inglés y no en persa, lo que hace suponer que la mayoría de los tweets se hizo desde el exterior.

Las réplicas a estas críticas no se han hecho esperar, sobre todo de los gurúes tech o de activistas (más validas a mi entender) como los de Greenpeace, quienes señalaron: “los lazos débiles” pueden convertirse en “lazos fuertes”. No podemos darnos el lujo de rechazar estos recursos solamente por generar “lazos débiles”. Sería tan estúpido, como rehusar al dinero de un niño que quiere donar sus ahorros por considerarlos “escasos”. Sería insultante, insensible e “irresponsable”.(3)

El debate en torno de estas herramientas de comunicación recién empieza como para ser tajantes en las apreciaciones. Pero quizás, como dice Gladwell en un nuevo artículo referido esta vez a Egipto y que recuerda lo relatado anteriormente por Kirkpatrik: “en la Revolución Francesa la multitud en las calles se hablaba, uno a otro, con ese extraño, todavía hoy largamente desconocido instrumento conocido como voz humana. La gente con un reclamo siempre encontrará formas de comunicarse una con otra. Cómo eligen hacerlo es menos interesante, al final, que por qué fueron impulsados a hacerlo” (4).

* Docente de Políticas y Planificación de la Comunicación UBA - UCES.–

(1) La Nación 11/2/2011

(2) http://bit.ly/cJHHja

(3) Laura Colombo http://bit.ly/eSsPDW

(4) ¿Egipto necesita Twitter? Malcom Gladwell http://bit.ly/gmrjG9


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/laventana/26-162919-2011-02-23.html

  MEDIOS Y COMUNICACION

Para Ernesto Martinchuk los progresos tecnológicos, unidos a los acontecimientos políticos que implican un cambio cultural, demandan una revisión de los planes de estudio en periodismo.

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La “aldea global” fue un término, acuñado por el sociólogo canadiense Marshall McLuhan (1911-1980), para expresar que, debido a la velocidad de las comunicaciones, toda la sociedad humana comenzaría a transformarse y su estilo de vida se volvería similar al de una aldea. Debido al progreso tecnológico, todos los habitantes del planeta empezarían a conocerse unos a otros y a comunicarse de manera instantánea y directa.

Desde el 2003 en nuestro país se está combatiendo la conciencia pastoril y dependiente de la oligarquía terrateniente. Por primera vez en muchos años, la política está por encima de la economía. Están cayendo los valores neoliberales y se debilitan sus instituciones de transmisión de la cultura.

La Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (SCA) y el apoyo del Gobierno a los medios públicos y no comerciales están construyendo una pluralidad de voces, frente a la tiranía mediática imperante desde los monopolios comerciales. Los grupos mediáticos, los factores de poder concentrado, junto al aparato de prensa del extranjero, ya no están solos. El renacer de una nueva cultura es producto de la reconstrucción de la conciencia nacional, que surge tras el letargo político producido desde la dictadura de 1976. La revolución cultural en marcha se encarna en acciones del Gobierno como son la Ley SCA, el programa científico y universitario estatal, la promoción del matrimonio igualitario o en la recuperación de la conciencia histórica a partir de la política de derechos humanos, la galería de los Patriotas Latinoamericanos, el contenido de los actos del Bicentenario o en la sanción del feriado recordatorio de la Vuelta de Obligado. A partir de éstas y otras medidas, la revolución cultural va desarmando el programa neoliberal y el contenido de sus instituciones.

Debemos ver a la globalización, más que como una jerarquización de desigualdades, como una verdadera oportunidad para que tenga cabida la sociedad del conocimiento a través del desarrollo de las posibilidades competitivas con lo cual, la educación pasa a tener un protagonismo especial.

La competitividad depende cada vez más del conocimiento y es necesario empezar a definir el papel que puede jugar la globalización educativa, y la integración universitaria a través de la formación, con un nuevo esquema de contenidos, para los futuros periodistas, que desde hace más de 30 años siguen manteniendo los perfiles de formación de universidades norteamericanas.

El temor de hoy es el retorno al neoliberalismo. Es necesario que Cristina Fernández profundice el modelo para no volver atrás en la historia. Por tal motivo, es necesario considerar a la educación como factor principal de integración y cambio en los países del bloque Unasur. Surge la pregunta: ¿Qué necesita aprender el estudiante para lograr su formación y cómo debe aprehenderlo? Necesita transferir lo aprendido, tiene que enfrentar nuevas situaciones y resolverlas. No le sirve una respuesta mecanizada, tiene que crear la respuesta apropiada. Esta conducta no podrá lograrse si no ha sido preparado para percibir la situación en los variados marcos en que puede presentarse, si no ha sido nutrido conforme a sus características específicas y a las de la sociedad a la que pertenece. Hay que superar paradigmas obsoletos, para que el estudiante sea una persona con sólidos principios morales y colabore activamente en la búsqueda de soluciones a los conflictos individuales y sociales existentes. Para generar soluciones para la región y para su país.

No existen tecnologías ni sistemas superiores a las aptitudes de los que las utilizan y las posibilidades de aplicación de las tecnologías digitales de información no dependen de variables tecnológicas, sino humanas y culturales. En el periodismo, las tecnologías digitales se manifiestan en la dinámica de la construcción de la noticia, donde la mayor necesidad en términos de formación es aprender a contar historias en video, donde la narrativa está dominada por el texto, y la fotografía.

Muchas universidades siguen preparando a los futuros periodistas para los medios analógicos. Para abordar el tema han creado una asignatura con el nombre de “periodismo digital”, cuyos contenidos no ocultan su baja calidad. Hasta el momento, no existe un replanteamiento total de los programas, a la luz de esta nueva realidad, que contemple los ejes periodísticos, digitales y de gestión, teniendo en cuenta que Internet representará la opción laboral para miles de egresados que no han sido capacitados para crear emprendimientos. Difícilmente haya otra actividad en la que la palabra globalización tenga tanto significado como en el periodismo digital. Ante la nueva Ley de SCA, es necesario redefinir el perfil del nuevo periodista y de quienes quieran generar contenidos para la web.

* Periodista. Docente de la Escuela de Periodismo Círculo de la Prensa.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/laventana/26-162918-2011-02-23.html