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  MEDIOS Y COMUNICACION

La pregunta de Marcelo Arias es si tiene vencimiento la historia. Se formula desde la perspectiva de lo que se considera la actualidad informativa y los criterios de selección de la noticia.

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La preeminencia otorgada a la actualidad es inherente al discurso periodístico. Sin embargo, muchas veces, la vocación indeclinable de honrar este mandamiento del oficio parece que habilita la precipitación al informar, autoriza la liviandad en el tratamiento o el análisis, desestima la irrefutable validez de lo ocurrido para comprender lo que ocurre. Mientras tanto, la historia se presenta cada mañana a las puertas de nuestro día.

Semejante a esa articulación del pasado con el presente, la vida de este país se entrelaza de modo inextricable con la del continente que integra. Un continente en el cual, recién insinuado el nuevo milenio, las repúblicas de Venezuela y de Bolivia sufrieron sendos intentos de golpes de Estado. Pero esto ya es parte de la “historia”, podrá decirse; información no actual de la que, en consecuencia, la prensa bien puede prescindir.

Hace poco más de un año (¿”historia” más reciente, menos “histórica”?), en la República de Honduras se produjo un golpe militar que logró superar el estatuto de intento.

Hace sólo algunos días (¡actualidad en estado puro!), se atentó contra la vida del presidente constitucional de la República de Ecuador, en un accionar que tuvo la visible motivación política de producir un golpe de Estado.

No obstante, aun ante dicho escenario, algunos referentes del periodismo argentino cuestionan, a veces con crispado énfasis, la evocación de lo ocurrido en este país, puntualizan “hace 34 años”. Objeción frente a la cual no podemos sino preguntarnos: ¿cuándo caduca el pasado? ¿Qué determina que un hecho histórico ya no merezca lugar en “la agenda”? ¿Por qué se apela, una y otra vez, al burdo e indefendible tópico según el cual evocar el pasado implica desatender el presente?

Lejos de promover tal descuido, la memoria de los pasos dados ayer despeja hoy la mirada, permitiendo a los pueblos discernir con nitidez entre los caminos que quiere transitar y los pérfidos atajos a los que mejor ni acercarse.

Muy elocuentemente, la historia no tiene fecha de vencimiento.

* Licenciado en Letras (UBA), docente de la Facultad de Ciencias Sociales (UNLZ).


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/laventana/26-155358-2010-10-20.html

  OPINION


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Esta vez el agua no baja. El ambiguo privilegio que me brinda mi ventana en el séptimo piso me permite comprobarlo. Hace más de una hora que dejó de llover, pero los setenta centímetros de agua acumulados sobre mi calle, en el barrio de la Paternal, permanecen imperturbables. Es inédito. Vivo aquí desde 1999. He visto inundada esta cuadra varias decenas de veces. Pero siempre, cuando para de llover, el agua empieza a bajar. Lentamente, pero baja. Nunca, como en este verano de 2010, exhibió rostro tan hostil el agua que hoy gobierna mi calle.

Prendo la televisión, aprovechando que la empresa que me vende la luz todavía sigue prestando servicio. Canal 26 me muestra postales escalofriantes del barrio de Palermo. Crónica TV me informa sobre los cortes de luz e inundaciones que, por segunda vez en cuatro días, deterioran seriamente la vida en la ciudad. Canal 9 me ofrece imágenes de hogares porteños a partir de las cuales concluyo que mi situación no es tan grave. C5N me recuerda que no funcionan las líneas de subte y recalca el pedido de no sacar la basura. Canal 13, por lo general, tan solícito a la hora de reseñar el espanto, ha decidido poner en pantalla una película.

Curioso. Cae la tarde de un día laboral, en una jornada muy especialmente noticiable (de ésas que imponen permanentes flashes informativos incluso en los canales no destinados a noticias), y “La Tele” entiende que es buen momento para homenajear el humor del viejo cine argentino. De tal modo que ya no veo gente desesperada, automóviles apilados, ciudadanos iracundos, vecinos peleando a baldazos los estragos de una Buenos Aires que “iba a estar buena”, sino las desopilantes peripecias del Negro Olmedo y el Gordo Porcel intentando, con escaso éxito y desafortunadas consecuencias, jugar un partido de básquet. Dentro del film, las imágenes del juego son alternadas con planos de la tribuna, en donde las protagonistas femeninas (Luisa Albinoni y la muy bella Susana Traverso), testigos sonrientes del desbarajuste, observan impasibles el modo en que se despliega, en la cancha, la probada inoperancia de sus pretendidos.

* Licenciado en Letras (UBA), docente de la Facultad de Ciencias Sociales (UNLZ).


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/subnotas/140769-45334-2010-02-22.html

  OPINION


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La entrevista va terminando. El periodista se dispone a realizar sus últimas preguntas. El flamante diputado electo sonríe, habituado a la vocación de seducir. Yo creo entender que el periodista desperdicia el tramo final de la nota cuando, por toda pregunta y a la espera de una opinión, sencillamente pronuncia: “Honduras”. Es para mí obvio que, más allá de su pensamiento, cualquier personalidad pública con actuales o inminentes responsabilidades institucionales, ante esa consulta no hará –no podrá hacer– otra cosa que condenar la forzada interrupción del orden democrático sufrida en ese país.

Pero, evidentemente, la “pregunta” del periodista Ernesto Tenembaum no es ociosa si quien está enfrente es Francisco de Narváez. Porque, arrojada esa palabra sobre la mesa, el compañero de filas de Mauricio Macri inicialmente chapotea en el lodazal de una respuesta en la que alude a “una situación compleja”, que se resolverá “yendo a una elección”, para luego dirigirse con menos ambigüedad hacia su posicionamiento, al señalar que “desde la presidencia de Honduras se intentó la re-reelección indefinida (...) y hubo una rebelión frente a eso”.

Desde mi casa, sentado frente al televisor, me cuesta dar crédito a lo que veo y escucho. En todo caso me gratifica comprobar que a Marcelo Zlotogwiazda evidentemente lo invade una sensación semejante, dado que acto seguido pregunta: “¿Eso es lo primero para decir sobre Honduras? ¿Y no que hubo un golpe de Estado?”.

Y allí se activa esa mutabilidad gestual que caracteriza el rostro del diputado con aspiraciones –confesadas– a gobernador (¿habrá también aspiraciones no confesadas?), quien puede pasar en una fracción de segundo de la afable sonrisa pintada de dientes parejos a la mueca ácida que destila bilis. Tengamos en cuenta que quien acaba de cuestionar su respuesta es el mismo periodista que, hace un par de minutos, ante la referencia a la “eficacia” contable del multimillonario patrimonio del entrevistado, no se esmeró en que su tono ocultara desprecio al momento de manifestar: “Es un escándalo lo poco que paga en impuestos gente como vos”.

Pero en este punto, llamado a ponderar prioridades a propósito de la situación en Honduras (esto es: qué es lo primero “que hay que decir” al respecto), De Narváez informa, categórico, concluyente: “En Honduras, lo primero que hay que decir es que tiene un 82 por ciento de pobreza”. El breve pero tenso y palpable silencio que sucede a estas palabras será interrumpido cuando un Zlotogwiazda más bien azorado, en tono muy bajo, sencillamente pregunte: “¿Y lo segundo?”.

“Y lo segundo es que ese golpe de Estado tiene un argumento (que yo no lo comparto), pero cuando vos mirás la secuencia de las cosas, el gobierno que fue afectado por esa condición estaba una vez más tratando de modificar la Constitución.”

Caramba...

Coincidirá el lector en que, de movida, no resulta muy evidente que De Narváez no comparta el argumento del golpe. ¿Cómo es posible que, a la hora de pronunciarse sobre un episodio universalmente condenable, señale una vez y luego insista en enfatizar las políticas presuntamente inapropiadas que, a su entender, condujeron a ese desenlace? Las políticas –aclaremos no tan de paso– de un gobierno constitucional que fue desalojado por la fuerza de su país.

De todos modos, para que no “lo malinterpreten”, hacia el cierre de la nota el entrevistado se encarga de “dejar las cosas en claro”: “No estoy de acuerdo con lo que pasó en Honduras. Pero también estoy viendo que, en el proceso de Honduras”.

Suficiente. Gracias. En esa declaración, luego del coordinante adversativo “pero”, lo que siga es detalle. Por si aún hacía falta, ha quedado definitivamente despejada toda ambigüedad: “No estoy de acuerdo pero...”.

¿Pero qué, De Narváez? Y sobre todo: ¿cómo pero?

* Licenciado en Letras (UBA), docente de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/subnotas/128598-41334-2009-07-21.html