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  DEBATE SOBRE LA REINSERCION A PARTIR DE LA LIBERTAD DE RICARDO BARREDA

Más allá de lo moral y lo jurídico, la pregunta se orienta a la ética en juego, al juicio íntimo. ¿Puede un sujeto que cometió semejante crimen y se hizo cargo de las consecuencias ordenar y reorientar su vida hacia el lazo social?

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En estas horas Ricardo Barreda obtuvo la libertad condicional. Se trata de un hombre que asesinó a los cuatro miembros de su familia, con los que además convivía, entre ellos sus dos hijas. Imaginar el episodio causa tanto estupor que el exigente ejercicio de suspender el juicio para entregarse a la reflexión y el análisis se impone por sí solo.

Pero hubo un juicio, Barreda fue condenado a prisión, purgó su pena porque la acumulación de buenos antecedentes durante su estadía carcelaria lo puso en situación de acariciar, después de diecinueve años, la libertad. Para aquellos que trabajamos con el sufrimiento psíquico, en especial con todo lo que atañe al ámbito familiar, el episodio concita un interés relevante.

Los datos de la historia, nunca rechazados, hablan de una convivencia enferma protagonizada por este grupo en el que Barreda ocupaba el lugar de deshecho, basura, ignominia (1). Para ser fiel a la etimología de esta última palabra, allí donde se pierde el nombre: "el objeto a liberado" (2) que Lacan menciona cuando, al abordar el costado perverso del drama familiar ubica un elemento que por sí solo habla de toda la estructura parental.

Ese elemento, en este caso, es un hombre humillado durante años a expensas de un funcionamiento mórbido, sádico, desquiciado. Se hace difícil concebir que esta truculenta y cotidiana comedia no contara con la aquiescencia de quien, por fin, resultara el ulterior victimario: allí están los diecinueve años en prisión para atestiguarlo, sanción frente a la cual, según dicen, el penado nunca se rebeló.

¿Por qué habrá permitido este hombre que las cosas llegaran tan lejos? Si atravesó el abismo que supone adoptar la decisión de terminar con la vida de otras personas: ¿Cómo entender la larga pasividad que lo llevó al asesinato?

Dar por sentado que estas preguntas tienen una respuesta única y certera testimonia una soberbia que se lleva muy mal con las impredecibles encrucijadas del alma. La materia humana exige una actitud tanto más prudente, humilde, responsable. No en vano, Jacques Lacan habla de la "insondable decisión del ser" (3) para los casos en que la razón, la teoría o la práctica clínica deben inclinarse frente a la gota de contingencia en que anida la singularidad de un sujeto.

Sólo para señalar que hay muchas maneras de pensar las cosas: Baruch Spinosa dedicó ingentes esfuerzos en pos de discernir la calidad de los actos humanos más allá de su envoltura imaginaria. Por ejemplo, en Las Cartas del Mal se sirve de la comparación entre dos asesinatos para ilustrar la diferencia entre vicio y virtud. Dice: "El matricidio de Nerón, por ejemplo, no fue un crimen si nos atenemos a lo efectivo de su consumación. Porque la misma acción exterior y con la misma intención de matar a la madre la tuvo también Orestes, y sin embargo no se le culpa, al menos no como a Nerón. Y ahora me pregunto: ¿cuál fue entonces el crimen de Nerón? Ninguno sino haber demostrado, al actuar así, ser desagradecido, despiadado, desobediente" (4).

Bien, para terminar, más allá de toda consideración moral, nuestra pregunta se orienta por la ética en juego, es decir: nos interesa otro trámite procesal: el juicio íntimo. En otros términos ¿puede un sujeto que, tras perpetrar semejante crimen, se hace cargo de las consecuencias de tamaña y brutal venganza, ordenar y reorientar su vida hacia el lazo social?

Por mi parte, no encuentro argumentos para objetar tal posibilidad.

1) Ver http://etimologias.dechile.net/?ignominia "Lo que ha hecho es una ignominia", etimológicamente (y creo que aún hoy, de manera no plenamente explícita) no significa que el hecho no tiene nombre, sino que quien lo hizo perdió el nombre

2) Jacques Lacan, El Seminario: Libro 16, De un Otro al otro, clase del 30 de abril de 1969, Buenos Aires, Paidós, 2008, página 268.

3) Jacques Lacan, Acerca de la causalidad psíquica en Escritos 1, Argentina, Siglo XXI, 1988, página 168.

4) Baruch de Spinosa, Las Cartas del Mal, Correspondencia Spinoza Blijenbergh, Buenos Aires, Caja Negra, 2006, página 73.

*Psicoanalista.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/21-26970-2011-01-13.html

  PARA LACAN, LO PROPIAMENTE MASCULINO ES UN ASUNTO QUE ESTA POR VERSE

Los cuerpos no terminan en el borde de las uñas o en el contorno que dibuja la piel. Una parte de cada humanidad reposa en esa amada presencia que alberga sus más preciados objetos, aunque con distintos alcances según el portador.

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Más de una vez, Lacan deslizó que lo propiamente masculino es un asunto que aún está por verse. ¿Por qué no apelar a los poetas para ubicar los rasgos del macho en el siempre conflictivo encuentro entre los sexos?

Me duele una mujer en todo el cuerpo es el verso de un hombre. A menos que la frase connotara otro campo de significaciones, sería difícil imaginar una formulación similar para el caso de una dama. El clima de encierro y temor que Borges plasmó en "El amenazado"(2) delata la especial vulnerabilidad del macho en las vicisitudes del amor.

Por el contrario, en lo que a ellas compete, suele suceder que el dolor en el cuerpo también advenga como resultado de la felicidad, ese gozo -que no es masoquismo ni está exento de ternura a la que muchas se entregan gustosas, como si la plenitud de saberse deseadas les bastara para ofrecerse como un campo pronto a ser surcado por su compañero. (Así, por ejemplo, lo testimoniaba el personaje de Anita Perichon la abuela de Camila en el homónimo y célebre film de María Luisa Bemberg , al relatarle a su nieta los rastros que la pasión de su amante, Santiago de Liniers, dejaba en su cuerpo).

En uno y otro caso pareciera que nuestros cuerpos no terminan en el borde de las uñas o en el contorno que dibuja la piel. Una parte de nuestra humanidad reposa en esa amada presencia que alberga nuestros más preciados objetos, aunque con muy distintos alcances según quien sea el portador.

Los datos de la clínica suelen ser implacables en este punto: "Mi mujer dice que..."; o "Mi señora no está de acuerdo porque...", son -por ejemplo frases paradigmáticas a partir de las cuales muchos varones confían sus más íntimas tribulaciones.

Así, la mujer es la referencia a partir de la cual el hombre piensa y se piensa, compone la realidad, escribe, trabaja o se pavonea ufano sin anoticiarse del punto de apoyo que sostiene toda su impostura. "¿No viste dónde dejé...?", suelen preguntar cuando buscan el portafolio, los zapatos o los documentos. Para el hombre, el cuerpo de su compañera es un lugar, una patria. Bien ¿pero dónde termina el cuerpo de ella? Una respuesta tradicional diría: en los hijos. La evidencia clínica -y el devenir de la cultura indica que no bastan los hijos para dar cuenta del enigma que encierra la singularidad del cuerpo femenino. El cuerpo de una mujer no termina, no acepta medidas: te duele en todo el cuerpo. Quizás por eso los hombres se afanan por dominarlo, domesticarlo o retratarlo infinitamente.

Esta cuestión dislocada e imprevisible del cuerpo de ella, bien puede expresarse por una insatisfacción permanente o, por el contrario, en ese saber hacer con el enigma que más allá de los estereotipos estéticos abre el horizonte del goce propiamente femenino.

*Psicoanalista. Fragmento de "El porvenir de la diferencia", enviado por el autor. Fundamentos Seminario virtual en Comunidad Russell.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/21-26530-2010-12-09.html

  RECURSOS PARA ABORDAR LA CLINICA


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Con el objetivo de brindar recursos para la clínica y a partir de revisar los actuales determinantes de las condiciones de producción de subjetividad se intentará examinar, explorar y cuestionar la autoridad que el padre encarna como orientador y responsable del advenimiento de un sujeto adulto en el mundo.

Trabajaremos con la noción de padre síntoma. Desde esta perspectiva, el padre -antes que nada es un lugar, un intervalo, una pausa, una síncopa, un desvío, un quiebre, una escansión, una hiancia, un corte, un no que propicia el deseo y encauza el erotismo: un saber hacer en los bordes, una formación de compromiso allí donde -tal como con la detumescencia porque algo no fue, el amor es convocado.

Y por eso, como se trata de indagar el desvío -la excepción que el efectivo ejercicio de la función paterna impone respecto al marco social que ampara y rige su desempeño, tan indispensables nos resultarán los testimonios de la práctica clínica como los avatares que la polis anima en su incesante trajinar.

De allí que se pondrá especial acento en la invención que la pere versión -en el sentido lacaniano propicia, al hacer de la particularidad el lugar que la contingencia alberga a partir del hallazgo de recursos ya presentes, aunque quizás soslayados por la gastada repetición con que el sentido común suele bloquear la emergencia subjetiva y el advenimiento del acto.Las preguntas eje del Curso, que dará comienzo el próximo 8 de marzo de 2010, son: Un padre no merece el respeto si no el amor. ¿Qué es la transmisión de un deseo? ¿Lo quiera o no? ¿Qué es un cuidado paternal? ¿Qué es el límite? ¿Hay goce en el límite? Dirigido a: psicoanalistas, psicólogos, médicos, terapeutas ocupacionales, musicoterapeutas, docentes, juristas, profesionales de la salud mental, estudiantes avanzados. Informes en www.comunidadrussel.com.ar

*Licenciado en Psicología. Psicoanalista. sergiozabalza@fibertel.com.ar


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/subnotas/22089-2603-2010-01-28.html