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  LA POLICIA MATO POR LA ESPALDA A UN CHICO DE 19 AÑOS SOBRE SU CICLOMOTOR

A un año del asesinato de una pareja, un policía mató de un escopetazo a un chico que se alejaba después de mostrar sus documentos. El agente está preso y hay movilizaciones en la ciudad contra la impunidad.

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Desde Baradero

El asesinato de un joven de 19 años por un agente de la Bonaerense, según la reconstrucción de los hechos de un balazo por la espalda, sacude a la ciudad de Baradero. El caso volvió a poner en tela de juicio la actuación de una fuerza cuyo jefe máximo, Juan Carlos Paggi, se hizo presente ayer para prometer investigaciones del caso. Los baraderenses se dividen entre la indiferencia de algunos, las justificaciones veladas con argumentos difusos sobre la inseguridad de otros, y la impotencia y la bronca de muchos que denuncian ésta como “una muerte anunciada”. Los familiares y amigos de Lucas Rotela, el joven asesinado, organizaron ayer diversas marchas frente a la municipalidad, el hospital donde fue atendido el chico y la comisaría, donde se registraron algunos incidentes.

Lucas había cumplido el jueves 19 años, trabajaba como peón de albañil y vivía en el barrio Bernabé de San Martín. Ayer a las 4.30 de la mañana se encontraba con dos amigos en la Plaza Colón, cuando un móvil de la policía se acercó y les pidió la documentación de sus motos de pequeña cilindrada. Según los amigos de Lucas, los jóvenes ofrecieron la documentación. El error de Lucas fue subirse inmediatamente a su moto y acelerar. Uno de los agentes, el detenido Gonzalo Kapp, le disparó con una Itaka primero dos balas de goma, luego una de plomo cuyos perdigones dieron en la espalda del chico, a una distancia que según testigos y primeros peritajes no supera los 50 metros. Américo Marzoa, uno de los chicos que estaban en la plaza con Lucas, fue apuntado por otro agente en la cabeza y detenido.

El intendente Aldo Carossi admitió ayer en la conferencia de prensa que dio junto al jefe policial Paggi que no hay explicación posible para “este homicidio increíble”, según lo definió. La causa abierta fue caratulada como homicidio calificado.

Las escenas que se viven por estas horas en esta ciudad en el kilómetro 142 de la Ruta Nacional 9 pueden sintetizar una agenda trágica. Las primeras reacciones registradas por Página/12 ayer por la mañana apuntaban a “la inseguridad” como culpable principal del hecho. “Hay que vivir acá para opinar”, “Estamos hartos de que nos roben”, se escuchó. Resultó que el chico estaba desarmado y no tenía antecedentes policiales. Las marchas de amigos y familiares de Lucas Ro-

tela frente a la plaza central enfrentaron a algunos feriantes, que llegaron para exponer lo suyo en el marco del Festival de Música Popular, que comenzó en esta ciudad el jueves pasado y cuyas jornadas de ayer y de hoy se reprogramaron para el 25 y 26.

Algunos cerraron sus puestos en señal de luto, otros colgaron las fotocopias apuradas de “Justicia por Lucas” que hicieron los amigos del joven asesinado, otros les hicieron saber a los manifestantes que habían pagado por sus puestos y no pensaban cerrarlos. El hecho hace revivir otras dos muertes de jóvenes en moto en esta ciudad, la pareja que el 21 de marzo fue muerta cuando era perseguida por un móvil de la Policía de Tránsito, con el posterior intento de encubrimiento y la represión a quienes se movilizaron exigiendo justicia. El jefe de la policía local, Raúl Franzoia, hacia quien apuntaron todos desde entonces, continúa en su puesto.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-162282-2011-02-13.html

  EL DELICIOSO MISTERIO DE CANCIONES QUE NO RECONOCEN FRONTERAS TEMPORALES

De padres a hijos, de hijos a padres, la obra de María Elena habita desde siempre el inconsciente colectivo. Canciones que descubren la complejidad de lo aparentemente simple y que remiten a una identidad que escapa a las formas anquilosadas del folklore.

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Ya la Luna baja
en camisón
a bañarse en un charquito
con jabón....

Quien la pesque
con una cañita de bambú,
se la lleva
a Siu Kiu.

Entre las marcas poderosas que deja el territorio de la infancia, las de la música son, qué duda cabe, de las más indelebles. Cuánto de anterior a la cultura hay en la magia de la combinación de los sonidos, es algo que ningún estudio antropológico puede explicar tan bien como la simple observación de las reacciones de un niño cuando se enfrenta a los primeros estímulos de este mundo, cuando la música aparece sin buscarla, para acunar, calmar, acariciar, acompañar en el viaje más espectacular del recién llegado, el primero. Descubrirse mamá o papá repitiendo aquellas simples nanas que habían quedado guardadas quién sabe dónde, ahora cantadas desde este lado, es también uno de los viajes transformadores que puede emprender un ser humano.

Descubrir más tarde que las canciones de la infancia propia pueden ser también las de la infancia de los hijos, es otro viaje alucinante. No son muchas las canciones que gozan de este privilegio, y las primeras que aparecen son las de María Elena, ya sin apellido, ya una parienta más de tantas familias argentinas de clase media urbana. Esta nueva escucha, desde este lado, descubre además la complejidad que habita lo aparentemente simple –como suele ocurrir en el arte–, la tremenda ternura que cruza su poesía, profundizada con convenientes dosis de humor y picardía, las metáforas contundentes que imponen canciones como la de “Manuelita”, la locura de otras como el “Twist del Mono Liso” –ésta de chica me parecía perfectamente lógica, al escucharla de grande imagino alguna aventura cannábica de la autora–. Y, también, el profundo conocimiento de la música argentina que se necesita sintetizar en una chacarera como la de los gatos, aquellos tres morrongos elegantes que se largan a Tucumán, tras el dato del concurso para gato; o en una baguala como la de Juan Poquito, el grillo que llora a su novia la chicharra.

Este conocimiento es un acervo que María Elena fue a buscar expresamente junto a Leda Valladares, con quien primero empezó a cantar canciones folklóricas en París, y con quien luego emprendió un viaje por el Noroeste en busca de la tradición oral de esas regiones. Eran dos mujeres desclasadas –en tanto ninguna de las dos siguió las reglas que la clase acomodada a la que pertenecían esperaba de ellas, aunque ambas crecieron en hogares donde fluía la música– rastreando aquellas canciones Entre valles y quebradas (así se llamaron los dos volúmenes que grabaron en la Argentina), más tarde investigando en el folklore español (con Canciones del tiempo de Maricastaña) o en los villancicos anónimos de Latinoamérica (con Leda y María cantan villancicos). Un recorrido que aún hoy, como las canciones que más tarde compondría María Elena, suena novedoso. Que remite –descubre, todavía hoy– a una identidad que escapa a las formas anquilosadas del folklore.

Algo más tarde, ya con este mundo recorrido, llegarían las canciones de puño y letra de María Elena. Una grabación reciente rescata el poder de estas canciones: en Aymama canta María Elena Walsh, este trío de chicas muestra hasta qué punto el material es apto para dotarlo de otras formas. Allí suenan nuevos colores y armonías para estas canciones que son para grandes y chicos, como ocurre con las buenas canciones. Enseguida aparecen algunas versiones más o menos recientes que expanden en distintos contextos a María Elena: La “Canción de bañar la luna” en las voces de Luna Monti y Juan Quintero, sólo acompañados por los sonidos que emiten con sus palmas y sus bocas. “El reino del revés”, por Botafogo, toda una apuesta. O el rescate de “Barco quieto” que hace Teresa Parodi en su último disco, Corazón de pájaro. Y vuelven también otras versiones anteriores recordadas, como el disco que grabaron a principios de los ’80 Liliana Vitale, Verónica Condomí y Lito Vitale (María Elena de nosotros), y El Cuarteto Zupay canta a María Elena, de la misma época. Vuelve también la versión de Tita Merello de “Los ejecutivos”. La de Sandro de “Como la cigarra”, con la que abría un espectáculo a mediados de los ’90. Y, claro, Mercedes Sosa asumiendo este himno como propio, entre tantas otras.

Las de la propia María Elena (editadas por este diario en tres CD en el año 2000) siguen sonando tan frescas como entonces. Ya en sus primeros discos solistas, como Canciones para mirar o Canciones para mí, de 1964 –tenía entonces 24 años– están muchas de esas melodías de María Elena que hoy son marcas indelebles para miles: La de Manuelita, la de bañar la luna, la de tomar el té, la del gato que pesca, la del último tranvía, la chacarera de los gatos, la del Mono Liso. “Ojalá estas canciones sirvan para que los chicos se den la mano, y eventualmente arrastren en su viaje a algunos grandes un poco cansados de ser siempre grandes. Y ojalá también –nena o chiquilín que te asomas a esta casita– puedas decir: ‘Son canciones para mí’. Para ti las hizo y las canta cuantas veces quieras, María Elena Walsh”, había escrito la autora en la contratapa de aquel long play. En eso andamos, los grandes y los chicos, todavía acunados por el poder musical del territorio de la infancia. En eso seguirá andando esta mujer huraña en público, tantas veces antipática en sus declaraciones, tremendamente dulce en la privada cotidianidad de miles. En la luna en camisón que descubre mi hija de dos años por la ventana de un micro, y que la ayuda a enfrentar en media lengua su primer viaje largo : Mamá, mirá la luna, ya baja en camisón. Yo la traigo acá en mi mano y viene con nosotras. Mirá mamá, tiene una cañita de bambú. Me voy a dormir con esta luna...


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-160248-2011-01-11.html

  PROTESTA DE ARTISTAS CONTRA EL CIERRE DE SALAS DE MUSICA EN VIVO

La ola de clausuras indiscriminadas tras el derrumbe del boliche de Palermo dejó a los músicos sin lugares donde tocar. Decenas de artistas, entre ellos Leopoldo Federico, Teresa Parodi y Liliana Herrero, reclamaron ayer frente al gobierno porteño.

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No al silencio. Sí a la música en vivo. La consigna fue una sola, pero sonó en todos los ritmos, amplificada por los instrumentos más disímiles. Fue ayer al mediodía frente a la casa de gobierno de la Ciudad, cuando más de mil personas cortaron la Avenida de Mayo en reclamo del cese de las clausuras arbitrarias de las salas chicas de la ciudad, y la inmediata reglamentación de la ley que crea el Régimen de Concertación para la Promoción de la Actividad Musical, sancionada el año pasado, cuya entrada en vigencia regularizaría la situación de estos espacios. Músicos como Leopoldo Federico, Teresa Parodi y Liliana Herrero, representantes de organizaciones sociales como Hebe de Bonafini, productores independientes, dueños de salas y sellos chicos, periodistas y locutores, y también público perjudicado, reclamaron ante lo que consideraron “una persecución a la música en vivo”.

Se trata de la segunda marcha que se organiza con esta consigna frente a la casa de gobierno. Como en la anterior, los músicos llegaron a Avenida de Mayo munidos de sus armas: guitarras, bajos, saxos, flautas, trombones, acordeones, bandoneones, tambores, timbales, panderetas y otras tantas formas de percusión, incluidas las improvisadas con tachos y bidones de agua. “¿Sabe qué explicación le encuentro yo? Macri es un tipo amargado, además de inculto. Por eso no se lleva bien con todo lo que es felicidad para la juventud, como la música”, sintetizaba Hebe de Bonafini la hipótesis de muchos. A su alrededor, el target de la marcha era, en efecto, mayoritariamente joven y entusiasta. La zapada se extendía a medida que caían intérpretes, dentro y fuera del alcance de un humilde equipo de sonido instalado sobre el asfalto.

“¡Gracias Leopoldo, usted sí que es de fierro!”, se escuchó repetir. Sentado junto a la puerta de casa de gobierno –desde la que no salió ninguna respuesta ante el petitorio de la marcha–, apoyado en su bastón, a los 83 años y repuesto de una reciente operación, el bandoneonista restaba importancia a los elogios: “¿Pero cómo no voy a venir? Es una obligación moral que tengo. ¡Parece que no existimos para esta gente!”. Intérpretes como Raúl Carnota, Mariano Otero, Lisandro Aristimuño, Lidia Borda, Guillermo Fernández, Guillermo Klein, Alfredo Piro, María de los Angeles Ledesma, Liliana Vitale, Franco Luciani, Tukuta Gordillo, Bruno Arias, Cristian Aldana, Diego Frenkel, Pablo Dacal también se hicieron presentes. Igual que el pianista Diego Squissi, que el miércoles de la semana pasada fue invitado a bajarse del escenario por la policía, cuando en pleno concierto clausuraron la sala del barrio de Palermo, Vinilo. “¡Mirá todo lo que tiene que hacer Squissi para promocionar su nuevo disco!”, lo cargaban los colegas.

La marcha se fue calentando con los tambores de la escuela del ECuNHi (el centro cultural que funciona en la ex ESMA), el ritmo de la Babel Orquesta, los cientos que sumaban canto y toque. “Macri, venga a tocarse unos temas. No al silencio musical”, escribió en una guitarra Federico, del Dúo Concuerda, y se encargó de mantenerla en alto. A su lado Daniel, del grupo Cuerpomanda, se las ingeniaba para hacer sonar un erke de dos metros de largo, en medio del gentío. La Unión de Músicos Independientes, la Cámara Argentina de Espacios de Música en Vivo, la Federación Argentina de Músicos Independientes y el Sindicato de Argentino de Músicos fueron algunas de las entidades que participaron del reclamo.

Después de un largo rato de música, se hizo silencio para sacar algunas conclusiones. Liliana Herrero hizo un racconto del conflicto. “Es maravilloso ver cuántos más somos desde la marcha anterior a ésta. Han aparecido nuevas voces, dispuestas a la lucha. Eso es fantástico”, concluyó. Los músicos Diego Boris, de la Unión de Músicos Independientes, y Fer Isella, uno de los iniciadores de la movida autoconvocada por Internet, subrayaron el mérito de la construcción colectiva. “Estamos felices de que seamos tantos. Hoy no recibimos ninguna respuesta. El ministro de Cultura y el jefe de la agencia de habilitaciones quedan comprometidos para una audiencia con nosotros. Si siguen sin recibirnos, volveremos a este lugar, y seremos muchos más”, prometieron.

La situación de incertidumbre en la que vienen trabajando las salas medianas y chicas de la ciudad se materializa en los “permisos especiales” que obtienen en forma provisoria, como única manera de abrir sus puertas. La tragedia del boliche Beara desató una cantidad de clausuras a locales pequeños que cuentan con estos permisos. El detalle es que las clausuras no se dan por fallas de seguridad en los lugares: lo que se clausuran son exclusivamente los escenarios, sin los cuales este tipo de locales pierde su sentido. La reglamentación de la ley sancionada el año pasado permitiría regularizar el funcionamiento de estos espacios. Mientras este tipo de acciones desvían la pelota hacia otro lado, llegando al borde del ridículo, la búsqueda de responsables reales por la tragedia que mató a dos chicas continúa. Ayer, un fiscal pidió la indagatoria bajo acusación de “estrago doloso seguido de muerte” de tres funcionarios porteños que tuvieron participación en el proceso de habilitación del boliche. Ninguno de ellos es músico.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-153936-2010-09-28.html

MUSICA  ARTISTAS Y DUEñOS DE LOCALES FRENTE A LA POLITICA DEL GOBIERNO DE LA CIUDAD

La acumulación de clausuras los puso en estado de alerta. Y ante la falta de respuesta, pasaron a la acción. Hoy habrá una nueva movilización, con la consigna “No al silencio musical. Sí a la música en vivo”, en medio de un clima de efervescencia.

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La tragedia del boliche Beara, donde murieron dos jóvenes al caer un entrepiso de durlock, movilizó a las autoridades de la ciudad de Buenos Aires a hacer algo urgente al respecto. Hasta el momento la reacción no apuntó a la revisión del sistema de habilitaciones, a las posibles fallas y corrupciones que puedan quedar en evidencia, ni al cuanto menos curioso hecho de que las nueve inspecciones de las que se jacta el gobierno hayan dado el OK al boliche y al entrepiso en cuestión. Sin tiempo que perder, el Gobierno de la Ciudad optó, en cambio, por enviar un ejército de inspectores a redoblar los esfuerzos en la clausura de locales más pequeños. Las clausuras no obedecen a fallas de seguridad: el único y exclusivo causal es la música en vivo que se toca –y se escucha– en estos locales. Los clausurados no son los boliches: son los escenarios. La situación superó el punto de lo ridículo y también de lo alarmante, el miércoles pasado, cuando la policía irrumpió en el escenario del Café Vinilo en pleno show de Diego Schissi, dando por clausurado el concierto (ver aparte).

La acumulación de clausuras puso en estado de alerta a los músicos, productores y dueños de locales de la ciudad, pero también a un público que demanda su derecho a escuchar un tipo de música que se va quedando sin escenarios, a medida que se cierra un círculo que sólo deja a salvo al mainstream, garantizado en los grandes espacios. El alerta pasó a la acción la semana pasada, al tiempo que saltó de la bronca virtual a la acción real. En pocas horas, músicos y público terminaron organizando vía Facebook una marcha musical que hizo sonar su reclamo frente a la Casa de Gobierno de la Ciudad (ver aparte). Ante la falta de respuesta, una nueva marcha volverá a sonar hoy a las 13 en Avenida de Mayo al 500, con la misma consigna común: “No al silencio musical. Sí a la música en vivo”. El tema ya aglutinó una cantidad de adhesiones y solicitadas, y el inicio de acciones legales al gobierno porteño por parte de la Unión de Músicos Independientes, ante la falta de reglamentación de la ley que crea el Régimen de Concertación para la Promoción de la Actividad Musical, que permitiría la protección y el fomento de la actividad de estos pequeños lugares con música en vivo (ver aparte).

Página/12 reunió a artistas, productores y representantes de las cámaras nucleadas en el Consejo Federal de la Música, todos directamente afectados por una ola de clausuras que, aclaran, perjudica no sólo a los músicos y a su público: también a la cantidad de trabajadores que dependen de la existencia de este tipo de boliches, desde los técnicos hasta los mozos y proveedores. La cantante Liliana Herrero, el músico y productor Fer Isella, la realizadora visual Carla Sanguinetti, la fotógrafa Lula Bauer, los productores y encargados de prensa Carlos Sidoni, Celia Coido, Bárbara Pistoia, Francisco Aquino, los músicos Cristian Aldana (líder de El Otro Yo) y Diego Boris, ambos representantes de la Unión de Músicos Independientes, traen la experiencia del reclamo de la semana pasada. Igual que el dueño del recién clausurado Vinilo, el músico Ezequiel Ordóñez, Ignacio Perotti, dueño de Club de Cultura Plasma, y los hermanos Lucas y Ezequiel Cutaia, también músicos y orgullosos responsables de Thelonious, un local que está cumpliendo diez años como un emblema de la escena del jazz en Buenos Aires. A ellos se suman Hernán Greco y Federico Moya, del Centro Cultural Torquato Tasso, Alejandro Giménez, de Virasoro Bar (al igual que los otros dueños de boliches, integrantes de la Cámara Argentina de Música en Vivo), el presidente del Sindicato Argentino de Músicos Alberto Giaimo, representantes de la Unión de Orquestas Típicas, la Red de Cultura Boedo y de la Federación Argentina de Músicos Independientes, y otros músicos y cantantes como María Estela Monti.

Liliana Herrero plantea el problema en términos simples: esta situación podría evitarse si se reglamentara la ley ya aprobada por la Legislatura, que duerme en algún cajón desde su sanción en marzo del año pasado. “Denunciamos que las promesas de reglamentación nunca se llevaron a cabo, y es evidente que no hay voluntad política para hacerlo. A partir de la muerte de dos chicas en Beara, largaron una embestida de ciento cincuenta inspectores que han salido en la noche cual grupo de tareas de los ’70, a cerrar boliches indiscriminadamente. Han interrumpido conciertos, han cerrado lugares con fajas de clausura. Les han quitado a los lugares los permisos especiales que les habían dado para seguir trabajando, porque la ley no está reglamentada. Los que provocan el daño son los mismos que lo generan: cierran el boliche, y a la vez son los que no reglamentan. Es el huevo de la serpiente.”

“Todos estaríamos de acuerdo en que un lugar se clausure por fallas de seguridad. Pero en estos casos los problemas no son las condiciones del local, que ya han pasado las inspecciones: el tema son los permisos para tocar en vivo. Es claramente una persecución a la música en vivo”, advierte Lucas Cutaia. “Y al clausurar la música, en este tipo de lugares, se está clausurando todo, porque todo lo demás es un complemento de esa actividad. La gente no va a comer, va a escuchar música.” “El Gobierno de la Ciudad entró en un vicio: en lugar de reglamentar los lugares, otorga permisos transitorios, de dos o cuatro meses. Decidió emparchar en lugar de tomar políticas de fondo sancionando leyes para los salones de música”, agrega Nacho Perotti. “Y ahora hasta esos parches se suspendieron de manera arbitraria: ya ni siquiera hay posibilidades de obtener un permiso transitorio.” “No pretendemos que a los funcionarios les guste la música que nos gusta a nosotros, o determinadas expresiones culturales que manejamos. Pero sí que nos den la posibilidad de trabajar con planificación, de tener un horizonte para hacer lo que amamos”, señala Andrés Bamio, dueño del club de música La Forja de Flores. Lo único que ha hecho el gobierno fue llenarnos de incertidumbres, cuando tenían las herramientas para no hacerlo. Después de Beara salen a clausurar escenarios, y yo pregunto: ¿qué escenario se cayó en la ciudad de Buenos Aires?”

Los lugares en alerta ante la posibilidad de una clausura son aquellos que tienen permisos especiales como clubes de música, destinados a un público de menos de trescientas personas; casualmente, los que ofrecen un tipo de música que queda por fuera de los canales de difusión masiva ya fortalecidos por las leyes del mercado. No se trata sólo de “nuevos valores” los que dejan de tener acceso a los escenarios, porque hay consagrados cuyo circuito de trabajo sólo pasa por estos lugares. Es, en definitiva, un corte en la sustancia de la oferta de la ciudad, además de una restricción en la cantidad de esa oferta. “El Gobierno de la Ciudad actúa como si la música fuera peligrosa para la sociedad. Sobre todo la música que no dialoga bien con el mercado”, sintetiza Diego Boris. “Con esa lógica va a inspeccionar lugares. No tiene la misma lógica de inspección con un Gran Rex con Casi Angeles.” El contrasentido se presenta claro: “Si pasás música con bandejas, si actuás, bailás, hacés magia, no pasa nada. Si en ese mismo espacio te ponés a tocar, ahí te pueden clausurar. Como si una guitarra cambiase las condiciones de seguridad del lugar”.

“Esto no nos coarta nuestras expresiones, porque la cultura siempre encuentra lugares para expresarse. Pero sí nos empuja a la clandestinidad: el que ya no tiene un escenario con condiciones dignas donde mostrar lo suyo, recurre a otros espacios donde sí hay problemas de seguridad, fiestas privadas, locales que no están habilitados. Ahí es donde sí pasamos a estar inseguros, en esa clandestinidad a la que nos obligan”, razona Bárbara Pistoia. “Es muy esclarecedor cómo piensa el ingeniero especialista en turismo Hernán Lombardi. Según él, los consumos culturales de los porteños han cambiado, y por eso los clubes de música deberían cambiar. Con esa lógica, los museos que no son masivos deberían cerrar, los clubes de arte, de pintura, el Teatro Colón, que es deficitario en su lógica empresaria. Desde hace cinco años, todos los que formamos parte de esta industria venimos peleando por una ley que regule nuestra actividad. Ya logramos que se sancione, pero mientras tanto, en estos últimos cinco años ya desaparecieron por lo menos cuarenta clubes, incluidos lugares emblemáticos como El Club del Vino, Café Homero, Bar Tuñón o Vaca Profana. Si ahora no logramos que la ley se reglamente, el panorama es complicado.”

Lo que están pidiendo los afectados por las clausuras es, en definitiva, lo mismo que tienen, por ejemplo, los teatros pequeños de la ciudad, con los que sí existe una política de protección. Los músicos, a la hora del mea culpa, aceptan que les ha faltado organización para llegar a la concreción de sus reclamos. “Es que a veces nos cuesta salir de nuestra burbuja y ver qué está pasando alrededor, porque ya de por sí es muy difícil llevar adelante nuestro proyecto personal. Si miráramos más alrededor, nos daríamos cuenta de que los problemas de uno son los problemas de todos”, acepta María Estela Monti. “Los músicos no nos damos cuenta del gran poder que tenemos –concluye Cristian Aldana–. Tenemos el poder de llegar al corazón de la gente. Imagínense a todos los grupos saliendo a la calle a tocar para expresar sus reclamos. O una pared de músicos en cada lugar que quieran cerrar. ¡Algo así sí que va a estar bueno!”.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/3-19407-2010-09-27.html

  FINAL DE FIESTA CON FITO Y FUEGOS ARTIFICIALES

Fito Páez dio un recital para la historia. A las dos, el cierre fue con un imponente show de láser y fuegos de artificio.

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“La gente en la calle, qué hermosa. Esto no me lo voy a olvidar nunca en la vida.” La frase, lanzada por Fito Páez en lo que fue el cierre del recital más multitudinario que se haya realizado jamás en la Argentina, debe haber sido repetida, de millones de formas, por los millones que se lanzaron al festejo durante cinco días que, sí, fueron históricos. Unas seis millones de personas, según información de Policía Federal, de las cuales más de dos estuvieron en la jornada final del martes pasado. Una fiesta que superó las expectativas de los organizadores más optimistas y que, más allá del despliegue de las propuestas, tuvo lo más destacado en esos millones de protagonistas.

El impacto artístico del cierre estuvo dado por el impresionante desfile con el que Fuerza Bruta mostró los doscientos años de historia. Entre el despliegue y el cuidado de cada detalle –las megapuestas, las acrobacias, las músicas en vivo, las actuaciones de miles– se hacía difícil elegir dónde centrar la atención. Sobre la medianoche, sin embargo, una vez que Fuerza Bruta terminó de hacerse paso –no sin cierta dificultad– entre la multitud de la 9 de Julio, hubo un punto focal en el que dos millones de personas centraron su energía: el gran cierre con el que fue bendecido en la grilla artística Fito Páez, precedido por la murga uruguaya Agarrate Catalina.

Fue un concierto redimensionado por el marco excepcional de un público que, visto desde el escenario, era una marea sin fin, desde la avenida Corrientes hasta pasando Belgrano, encajonado a los costados por los edificios de la 9 de Julio, desbordando en las calles laterales y sobresaliendo en cada elevación que proveyera el paisaje. Fito Páez asumió su rol cargado de una batería de grandes éxitos, todas esas canciones que trascendieron el tiempo. Recorrió “El chico de la tapa”, “11 y 6”, “Circo Beat”, “A rodar”, “Dar es dar”, “Tumbas de la gloria”, “Te vi”. Y deslizó un guiño cuando cambió la letra de “El diablo de tu corazón”: “Las cosas ya empezaron a estar mejor”, cantó. “Estamos muy felices de sentir que empezamos a pertenecer”, dijo también en una parte de su actuación.

Fito tocó en un piano pintado por su hijo Martín y tuvo dos chicas como invitadas: Fabiana Cantilo y Claudia Puyó, que cumplió con el pedido del anfitrión: “Dale nena, ponelos culo para arriba”, en los coros de “El amor después del amor”. También estuvo Juanse, de Los Ratones Paranoicos, que en una versión Pomelo de la vida real tiró la guitarra a lo rock star, erró, la estrelló contra el piso y se quedó haciendo morisquetas frente a la multitud. Pablo Milanés, como invitado en “Yo vengo a ofrecer mi corazón”, dejó una versión única de ese himno.

Sobre las dos de la mañana, inmediatamente antes de los fuegos artificiales, el Himno Nacional, coreado como en la cancha, pero por un par de millones, marcó el punto final del festejo. Sobre el escenario, Fito Páez invitó a un coro formado por su banda, sus invitados, más Jaime Torres, Kevin Johansen, Diego Frenkel, Rodolfo García, Emilio del Güercio, Hugo Varela, Guillermo Fernández, Ariel Prat, Marcelo Moura, Federica Pais, Andrea Pietra, Juan Leyrado y Patricio Contreras, entre otros músicos y actores, y también por el secretario de Cultura, Jorge Coscia. Pero lo verdaderamente importante ocurrió debajo del escenario, en la inolvidable postal de la multitud coreando, gritando, aplaudiendo, vivando el Himno. Después sobrevino un monumental show de fuegos artificiales, con rayos láser y tango de fondo.

Hubo otro himno que quedará en el recuerdo de los que estuvieron en la 9 de Julio y que no se vio por la tele. La noche anterior, Susana Rinadi cantó sobre la transmisión desde el Valle de la Luna, en un momento que también hizo propio la multitud. Y hubo, también, otras postales poderosas en la última jornada. La reacción que provocaba el cuadro de las Malvinas en el desfile de Fuerza Bruta, cuando los soldados caían, levantando una cruz a sus espaldas, el grito espontáneo –“el que no salta es un inglés”–. El cuadro de las Madres y sus pañuelos de luz; el impacto de la Constitución en llamas, que golpeaba también con el olor a quemado. La alegría desatada en el final del desfile, con el público cerrando la última carroza a pleno baile.

Atrás quedaron los cinco días con 140 shows, 1200 artistas en los escenarios con folklore, tango, rock, música latinoamericana, 15.000 personas en los desfiles, entre otros grandes números del evento del Bicentenario. El dato principal, claro, el que todavía se está festejando en Presidencia, es el de los seis millones que se lanzaron a recorrer el paseo. Gente que hizo de éste un evento histórico. Gente en la calle, hermosa.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/subnotas/146417-47034-2010-05-27.html

  EL REGRESO DE HORACIO SALGAN JUNTO A LOS MITOS DE LA MUSICA CIUDADANA


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Volvió Salgán, y la noticia representó para el mundo tanguero un hito más allá del festejo de los 200 años de historia. Fue en la madrugada de ayer, en medio del despliegue de los festejos de la 9 de Julio, frente a algo así como un millón de personas, una cantidad de gente inusualmente reunida en la calle, más todos los que siguieron el evento por la tele, en directo. No fue lo único importante, poderoso, representativo como genuina marca identitaria, que ocurrió en este segmento reservado al tango. El final, con Susana Rinaldi cantando a capella Sur, coreado con feliz convicción por tantos centenares de personas, quedará seguramente entre los recuerdos del momento único. Igual que el Himno Nacional con que se recibió la fecha patria, que los que estaban en la 9 de Julio escucharon en la voz de la Tana, y cantaron con fervor de cancha. O el abrazo entre Salgán y Leopoldo Federico, dos glorias en tiempo presente. O el otro regreso, el de la pareja de Juan Carlos Copes y María Nieves. O la cantidad de grandes del tango, de diferentes generaciones, que también actuaron esa noche. Una noche –perdónese el lugar común– definitivamente para el recuerdo.

La fiesta del tango a cielo abierto comenzó algunos minutos después de la medianoche, cuando apenas despuntaba el 25 de Mayo. Soledad Pastorutti había dejado paso a Rinaldi para que cantara el Himno sobre la transmisión desde el Valle de la Luna, retomando luego su show con la trasmisión televisiva. Tras su actuación, el escenario se preparó para una cantidad de actuaciones sobresalientes. Las primeras fueron las de Juan “Tata” Cedrón, en dúo con el bandoneonista Miguel Angel López, y el trío de Rodolfo Mederos, que completan Armando de la Vega y Daniel Cucci, y que esta vez tuvo a Ariel Ardit como cantor invitado.

El momento del Quinteto Real llegó primero con la formación de César Salgán en piano, Esteban Falabella en guitarra, Oscar Giunta en contrabajo, Carlos Corrales en bandoneón y Julio Peresini en violín. Pasados dos temas –“Canaro en París y El choclo”– César Salgán presentó no sólo a su padre Horacio, el protagonista del gran regreso de la noche, sino también a Ubaldo de Lío, el fundador del Quinteto Real y compañero de Salgán en un dúo tanguero histórico durante 45 años. En la contundencia de “Shusheta”, de Cobián y Cadícamo, y de “La llamo silbando”, de autoría de Salgán, quedó sellado el regreso que entrará en la historia del género. El cierre fue una de las fotos emocionantes de la noche: el abrazo largo entre Salgán y Federico, dos de los hombres que hicieron el tango.

Hubo más emociones y estuvieron a cargo de Susana Rinaldi y de la Selección Nacional del Tango, la orquesta integrada por maestros de distintas generaciones como Federico, Ernesto Baffa, Mario Abramovich, Eduardo Walczack, Horacio Cabarcos, Mauricio Marcelli, Mario Fiocca, y por una nueva guardia de excepción entre los que forman Nicolás Ledesma, Pablo Agri, Miguel Angel Bertero y Carlos Corrales. En medio de la actuación de tamaño seleccionado fue el turno del regreso de Copes y Nieves, dos históricos de la danza de tango que hacía quince años que no actuaban juntos. Bailaron “El pollo Ricardo” y, fuera de programa, a pedido de Rinaldi, “La cumparsita”.

El final, cuando ya el viento había volado las voluminosas partituras de los músicos, fue asumido con oficio y calidad por Rinaldi. Después de “La cumparsita” la multitud pedía “una más, y no jodemos más”. Ella les regaló una versión a capella de Sur, coreada a lo largo y a lo ancho de la 9 de Julio, que hizo lagrimear hasta al conductor, Marcelo Simón. Final de fiesta con foto de todas estas glorias del tango, formadas en hilera. Una de las mejores del Bicentenario.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-146376-2010-05-26.html

  EL BICENTENARIO > CIENTOS DE MILES DE PERSONAS EN EL HOMENAJE AL FOLKLORE Y PARA RECIBIR EL 25

Tras la suspensión del domingo por las fuertes lluvias se realizó ayer el Homenaje al Folklore, que fue intercalado con el partido de la Selección y el homenaje al cine nacional. Soledad cerró después del Himno Nacional.

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Suspendido el domingo por la tormenta, el folklore tuvo espacio para brillar ayer por la tarde en el Paseo del Bicentenario. Fue en el marco conmovedor que lograron más de un millón de personas allí reunidas, llevando el celeste y blanco de diferentes modos. Un marco que, visto desde el escenario, alcanzó picos de emoción durante las contundentes actuaciones de Teresa Parodi, Liliana Herrero, Jaime Torres, Gustavo Santaolalla, Orozco-Barrientos y la chilena Isabel Parra. Ya por la noche, el segmento folklórico se cerró con Los Olimareños y los Kjarkas y la fuerte convocatoria de Soledad Pastorutti, el Chaqueño Palavecino, Los Olimareños y Los Kjarkas.

“Buenas tardes, Argentina. ¡Feliz cumpleaños!”, fue el primer grito emocionado de Teresa Parodi, quien dedicó sus canciones “a nuestra amada Mercedes Sosa, que está aquí, celebrando con nosotros”. Y es cierto que la tucumana estuvo presente en el Bicentenario, de más de una manera. Desde las menciones que se hicieron en el escenario o la interpretación de sus canciones, hasta la reproducción de su figura en el stand de Tucumán, una imagen con la que todos querían sacarse fotos. Es indudable que Mercedes Sosa forma parte de los iconos argentinos necesarios.

Parodi invitó a cantar al jujeño Bruno Arias y a María de los Angeles Ledesma, en una actuación en la que estuvieron presentes en el repertorio Atahualpa Yupanqui y María Elena Walsh. Entre los temas propios, “Celedonia Batista”, “Esa musiquita” y “La canción es urgente” movilizaron a la multitud congregada en el escenario principal. No sólo a los que llenaban cada punto del asfalto de la 9 de Julio, hasta pasada la avenida Belgrano. También a los que circulaban por los laterales, a través de Cerrito y por Pellegrini, a paso lento de multitud, donde ocurrían toda otra cantidad de cosas. También allí, constató esta cronista, la música contagió la marcha.

El comienzo musical de la tarde estuvo a cargo de Liliana Herrero, con un set tan breve como preciso, suficiente para desplegar su manera de entender la música argentina. Herrero, junto al trío de Ernesto Snajer, homenajeó al litoral con la “Oración del remanso”, de Jorge Fandermole, y eligió “La casa de al lado” y “El tiempo está después”, del uruguayo Fernando Cabrera, para completar lo que fue a decir en ese lugar.

Se sumó el charanguista Jaime Torres y la energía de la música del altiplano, y sobre el final, la chilena Isabel Parra, que llegó con su hija Tita, continuadoras ambas del legado de la Violeta y también parecidísimas físicamente. Las Parra tuvieron una invitada argentina, Mora Martínez, del trío Aymama.

Con un corte en el medio para dar aire al partido de la Selección contra Canadá, emitido por las pantallas gigantes –interrupción que fue silbada por el público apostado en el escenario, situación que pilotearon con oficio los conductores Marcelo Simón y Federica Pais–, la programación continuó con un homenaje a los compositores nacionales del cine. Fue el turno de la Orquesta Sinfónica Nacional y el Coro Polifónico Nacional, con la dirección de los compositores de las obras para cine homenajeados y con solistas invitados, como el bandoneonista Carlos Corrales.

Mientras se proyectaban imágenes de El secreto de sus ojos, Un lugar en el mundo y la miniserie Vientos de agua, Emilio Kauderer, compositor argentino radicado en EE. UU., responsable de las músicas para estos films, dirigió una suite propia. Para hacerlo se puso la camiseta de la Selección –el 10 de Messi, claro– y subieron también a hablar el director Juan José Campanella y el actor Eduardo Blanco. Siguieron homenajes y direcciones de Luis María Serra (La Mary, Camila, La República perdida) y José Luis Castiñeira de Dios (Eva Perón, El rigor del destino). También participó Gustavo Santaolalla, argentino que ganó dos Oscar por su música para películas, aunque no se trató de obras del cine nacional.

El cierre de la jornada folklórica estuvo dividido entre la fiesta boliviana desatada por Los Kjarkas con los aires andinos de sus canciones bolivianas y el colorido de las ropas de su ballet. Cuando cantaron “El cóndor pasa”, dos o tres banderas de Bolivia surgieron entre la multitud que coreó los estribillos.

El dúo uruguayo Los Olimareños, integrado por Pepe Guerra y Braulio López, presentó las canciones de su combativo repertorio de los años ’70, que les valió exilio y cárcel y que sus canciones fueran prohibidas por las dictaduras de Argentina y Uruguay. El dúo se dio el gusto de tocar canciones como “El gallo rojo y el gallo negro”, de la Guerra Civil Española, y la canción al Che Guevara.

La llegada del Chaqueño Palavecino fue recibida por una ovación que confirmó su popularidad. Por los atrasos y porque debía cumplir con otros compromisos, el Chaqueño intentó desplegar un set más corto que su ya habitual maratónica forma de actuación. En ese momento, los locutores anunciaban que había dos millones de personas en la Plaza de la República. Fuera la cifra que fuese, ya se había formado un océano humano y las canciones del Chaqueño eran coreadas, bailadas con un flamear de banderas. Cada vez que se quería retirar, la multitud se lo impedía. Finalmente derramó vino sobre el escenario, brindó por los 200 años y cantó el Feliz Cumpleaños.

Cuando le llegó el turno a Jorge Rojas, se aproximaba la medianoche y todavía faltaba Soledad, así que hizo una presentación corta y le dio paso a la chica de Arequito que llevó su panza de un lado al otro con envidiable cancha escénica por su portadora, mostró que la fecha de parto de la cantante está más que próxima “Veinte días me quedan nada más” dijo y aclaró que no estaba trabajando pero que quería estar allí para festejar el Bicentenario. Le pidió al público que bailara y saltara, pero aclaró que ella no podía hacerlo esta vez y cada una de sus canciones fue acompañada de ovaciones, coros y palmas. Soledad cerró el Homenaje al Folklore exactamente a la medianoche y fue la encargada de anunciar el Himno Nacional que se cantaría desde el Valle de la Luna en San Juan para saludar los primeros minutos del 25 de Mayo.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-146317-2010-05-25.html

  EL BICENTENARIO > TRAS LA LLUVIA, EL MULTITUDINARIO DESPLIEGUE DE LA MUSICA POPULAR

La fiesta convocó a cientos de miles de personas. Participaron Parodi, Liliana Herrero, Jaime Torres, Santaolalla, Isabel Parra. A la noche, coparon la parada Soledad y el Chaqueño Palavecino.

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Suspendido el domingo por la tormenta, el folklore tuvo espacio para brillar ayer por la tarde en el Paseo del Bicentenario. Fue en el marco conmovedor que lograron más de un millón de personas allí reunidas, llevando el celeste y blanco de diferentes modos. Un marco que, visto desde el escenario, alcanzó picos de emoción durante las contundentes actuaciones de Teresa Parodi, Liliana Herrero, Jaime Torres, Gustavo Santaolalla, Orozco-Barrientos y la chilena Isabel Parra. Ya por la noche, el segmento folklórico se cerró con Soledad Pastorutti, el Chaqueño Palavecino, Los Olimareños y Los Kjarkas.

“Buenas tardes, Argentina. ¡Feliz cumpleaños!”, fue el primer grito emocionado de Teresa Parodi, quien dedicó sus canciones “a nuestra amada Mercedes Sosa, que está aquí, celebrando con nosotros”. Y es cierto que la tucumana estuvo presente en el Bicentenario, de más de una manera. Desde las menciones que se hicieron en el escenario o la interpretación de sus canciones, hasta la reproducción de su figura en el stand de Tucumán, una imagen con la que todos querían sacarse fotos. Es indudable que Mercedes Sosa forma parte de los iconos argentinos necesarios.

Parodi invitó a cantar al jujeño Bruno Arias y a María de los Angeles Ledesma, en una actuación en cuyo repertorio estuvieron presentes Atahualpa Yupanqui y María Elena Walsh. Entre los temas propios, “Celedonia Batista”, “Esa musiquita” y “La canción es urgente” movilizaron a la multitud congregada en el escenario principal. No sólo a los que llenaban cada punto del asfalto de la 9 de Julio, hasta pasada la avenida Belgrano. También a los que circulaban por los laterales, a través de Cerrito y por Pellegrini, a paso lento de multitud, donde ocurrían toda otra cantidad de cosas. También allí, constató esta cronista, la música contagió la marcha.

El comienzo estuvo a cargo de Liliana Herrero, con un set tan breve como preciso, suficiente para desplegar su manera de entender la música argentina. Herrero, junto al trío de Ernesto Snajer, homenajeó al litoral con la “Oración del remanso”, de Jorge Fandermole, y eligió “La casa de al lado” y “El tiempo está después”, del uruguayo Fernando Cabrera, para completar lo que fue a decir en ese lugar.

Se sumó el charanguista Jaime Torres y la energía de la música del altiplano y, sobre el final, la chilena Isabel Parra, que llegó con su hija Tita, continuadoras ambas del legado de la Violeta y también parecidísimas físicamente. Las Parra tuvieron una invitada argentina, Mora Martínez, del trío Aymama.

Con un corte en el medio para dar aire al partido de la Selección contra Canadá, emitido por las pantallas gigantes –interrupción que fue silbada por el público apostado en el escenario, situación que pilotearon con oficio los conductores Marcelo Simón y Federica Pais–, la programación continuó con un homenaje a los compositores nacionales del cine. Fue el turno de la Orquesta Sinfónica Nacional y el Coro Polifónico Nacional, con la dirección de los compositores de las obras para cine homenajeadas y con solistas invitados como el bandoneonista Carlos Corrales.

Mientras se proyectaban imágenes de El secreto de sus ojos, Un lugar en el mundo y la miniserie Vientos de agua, Emilio Kauderer, compositor argentino radicado en EE. UU., responsable de las músicas para estos films, dirigió una suite propia. Para hacerlo se puso la camiseta de la Selección –el 10 de Messi, claro–, y subieron también a hablar el director Juan José Campanella y el actor Eduardo Blanco. Siguieron homenajes y direcciones de Luis María Serra (La mary, Camila, La República perdida) y José Luis Castiñeira de Dios (Eva Perón, El rigor del destino). También participó Gustavo Santaolalla, argentino que ganó dos Oscar por su música para películas, aunque no se trató de obras del cine nacional.

El cierre de la jornada folklórica estuvo dividido entre la fiesta boliviana desatada por Los Kjarkas, la apelación al recuerdo del dúo uruguayo Los Olimareños y el folklore local más mainstream representado por Soledad Pastorutti y el Chaqueño Palavecino. El tamaño de la panza de la chica de Arequito, llevada de un lado al otro con envidiable cancha escénica por su portadora, mostró que la fecha de parto de la cantante está más que próxima. El Chaqueño desplegó un set más corto que su ya habitual maratónica forma de actuación, pero igualmente seguido con entusiasmo por la multitud que no lo dejaba abandonar el escenario. Ya bien entrada la noche, y mientras se esperaba la jornada histórica del tango (ver aparte), la multitud seguía firme en la avenida. Esperando recibir el 25 con parte de lo mejor que ha dado la música argentina.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-146290-2010-05-25.html

  EL BICENTENARIO > UNA REUNION CON LOS MITOS DEL TANGO, ANTES DEL RECITAL

El regreso a los escenarios de Horacio Salgán, que al cierre de esta edición aún no se había concretado, estuvo precedido por una reunión entre los popes de la música ciudadana.

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Horacio Salgán vuelve. Así lo anuncia el show que, como una sorpresa de la programación dentro de los festejos por el Bicentenario en la Avenida 9 de Julio, se ofrece para recibir el 25 de Mayo. Horacio Salgán vuelve y no lo hace solo: vuelve a tocar con su Quinteto Real, que ahora dirige su hijo César, y también con quien fuera su compañero de dúo por 45 años, Ubaldo De Lío. Además de Salgán, se presentan algunos pibes y pibas del tango: Leopoldo Federico, Susana Rinaldi, Ernesto Baffa, Julio Pane, Mario Abramovich, Rodolfo Mederos, Juan “Tata” Cedrón, y los bailarines María Nievas y Juan Carlos Copes, que también están protagonizando un regreso dentro de la danza: vuelven a actuar como pareja de baile después de quince años. Junto a ellos, una cantidad de glorias de la nueva camada del género forman tocando codo a codo. El dream team del tango está servido.

La muchachada tanguera se reúne unas horas antes del concierto en el Centro Cultural Torquato Tasso para hacer algunas fotos, entre la presentación de prensa y el recuerdo personal. Desde allí parten en dos combis rumbo al Hotel Panamericano, sobre Carlos Pellegrini, donde la organización tiene reservado un lugar para los artistas a modo de camarines. Entre la bulliciosa guardia del tango, ya en la puerta del hotel, se distingue la elegancia de María Nieves, impecable en su vestido negro, de riguroso tajo milonguero.

“¿Y cómo la convencieron para volver a bailar con Copes?”, pregunta Página/12. La pareja que formaron ambos es mítica en el tango. Míticos son, también, los motivos de su disolución, habiendo sido pareja también en la vida. “¿Le digo la verdad? Yo hasta este mediodía no sabía que iba a estar acá. No lo tenía decidido”, aclara ella, melena roja, impecable rulo en la frente. “Pero bueno, Copes me llamó por teléfono y... me dio cosa”. Se le dice a María Nieves que se hubiera dado mucho por tener, a los quince, las piernas que ella porta ahora, a los 75. “Son de familia. Mi madre tenía las mismas gambas”, dictamina, y pide que figure una aclaración: “Mi miedo es que la gente se piense que vamos a hacer las mismas cosas que hacíamos hace quince años. ¡Nosotros ya estamos de vuelta, querida!”

Dentro del Panamericano el clima es intenso. Horacio Salgán se abraza con Jaime Torres, que actuó bien temprano en la tarde, y se quedó con sus músicos aquí instalado, cantando y tocando, transformando los coquetos camarines en una peña jujeña. La escena es seguida por la cámara atenta de Caroline Neal, que desde hace tres años está filmando un documental sobre Horacio Salgán. O, más precisamente, sobre la relación entre Horacio Salgán y su hijo César, en esa difícil tarea que implica la sucesión artística. A un costado, el maestro Leopoldo Federico despliega una partitura en una mesa. Pide una birome, retoca unos compases. Desenfunda su bandoneón, prueba. De este tipo de amorosas obsesiones, a cargo de quien ya no necesitaría probar nada, está hecho el tango.

Afuera, en la 9 de Julio repleta, la programación se sigue atrasando, sigue cambiando el orden inicialmente anunciado. Los maestros van siendo reprogramados, una y otra vez. Y el tiempo de la prensa gráfica, que a veces es más tirano que el de la televisión, obliga a la cronista a cortar la cobertura, a correr a escribir ante la urgencia del cierre. Así que no verá en vivo a la Selección Nacional de Tango, que esta vez actuará con Susana Rinaldi como invitada, con el lujo de Federico, Baffa, Pane y Carlos Corrales en la fila de bandoneones, de Nicolás Ledesma en el piano, de los violines de Abramovich, Mauricio Marcelli, Mario Abramovich, Eduardo Walczack, Miguel Angel Bertero, Pablo Agri, o el contrabajo de Horacio Cabarcos, entre otros. No verá a Rodolfo Mederos con su trío, ni a Juan “Tata” Cedrón, ni a Copes y Nieves, con sus piernas envidiadas. No verá, aun siendo portadora de la preciada pulserita rosa, esa que permite el acceso al escenario, el regreso de Horacio Salgán, con su Quinteto Real y con Ubaldo De Lío. Y eso sí se lo hubiera contado a su hija, qué Bicentenario ni ocho cuartos. Cuando termine esta nota, pondrá algún disco de Salgán. Y al gran pueblo argentino, salud.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-146318-2010-05-25.html

  LA LLUVIA OBLIGO A SUSPENDER LOS RECITALES DE TANGO Y FOLKLORE

Las presentaciones de Teresa Parodi, Liliana Herrero y otros quedaron suspendidas, hasta anoche sin reprogramación. Si el clima mejora, hoy habrá un segmento tanguero que incluirá el regreso a los escenarios de Horacio Salgán.

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La fiesta programada para el día de ayer en el Paseo del Bicentenario, ese que transformó a la Avenida 9 de Julio en un gran corredor celebratorio a cielo abierto, pudo concretarse sólo en parte, con el multitudinario desfile de la integración. La intensa lluvia que pasadas las seis de la tarde cubrió Buenos Aires, con el alerta meteorológico lanzado, y las inundaciones de rigor en diferentes partes de la ciudad, obligó a suspender los espectáculos programados en el escenario principal, ubicado frente al Obelisco. Los conciertos de tango y de folklore, que anunciaban artistas como Los Olimareños, Isabel Parra, Liliana Herrero, Teresa Parodi, Peteco Carabajal, Soledad Pastorutti y Chaqueño Palavecino quedaron suspendidos, sin que se haya confirmado si será posible reprogramarlos dentro del festejo. Los tangueros, sin embargo, tendrán su revancha hoy, si el tiempo acompaña: un segmento de lujo que incluye el regreso a los escenarios de Horacio Salgán quedó firme para la medianoche, en lo que será el primer espectáculo que recibirá el 25 de Mayo.

Cerca de las 8 de la noche de ayer se dio el anuncio definitivo de suspensión del espectáculo de folklore (el de tango, programado para las 7, ya había sido levantado), algo que a esa altura se hacía bastante obvio para quien atravesara la 9 de Julio, bajo una cortina de agua. Varias decenas de personas, sin embargo, insistían en el aguante debajo del escenario, esperando tal vez un milagro climático y regalando una conmovedora postal de los paraguas de la resistencia. La insistencia era producto quizá del estado de efervescencia en el que quedó la noche anterior ese mismo escenario, donde tras las actuaciones de Víctor Heredia, Jaime Roos y Pablo Milanés, entre otros, una multitud disfrutó sobre el final a un impecable Gilberto Gil y a León Gieco con el grupo de Mundo Alas (que donaron el cachet a la Casa Garrahan).

A lo largo de la avenida, el desfile de paraguas era incesante. Debajo de éstos se escuchaba a algunos preguntar a los gritos dónde quedaba el teatro Gran Rex, dónde la avenida Corrientes. La gran cantidad de gente que llegó desde otros lugares, especialmente para este evento, se lanzaba a la conquista del plan B. Los vendedores de unos impermeables muy parecidos a bolsas de consorcio a 10 pesos vivían su momento, y una gran variedad de vendedores de las más variadas cosas iba desarmando los puestos. Hubo uno, nacional y popular, que frente al Obelisco resistió con un techo improvisado con bolsas de plástico: el vendedor de choripanes, que llevó su propio chulengo y siguió despachando bajo la lluvia.

La Plaza de la República ya era un lodazal, el asfalto un corredor de agua, pero eran muchos los que permanecían refugiados en cada techito, mirando hacia la ancha avenida, apreciando lo que también podía pensarse como un espectáculo: los diferentes stands de las provincias que al fin podían verse despejados, mostrando todos sus colores. Página/12 divisó en un bar de Cerrito y Sarmiento a un hombre vestido de gaucho y entró a preguntarle con qué delegación vino. “Yo no vine a desfilar –explicó–. Esta es mi ropa.” El hombre contó que venía de Formosa, que vive en González Catán, que se llama Miguel Angel Riveros y que su atuendo no difería del que usa todos los días, aunque alguna que otra vez se ponga un jean. Presentó a su compañera, Argentina Luque, correntina, que festejó que justo trajo un nombre “tan Bicentenario”. El hombre lucía bombacha de gaucho, pañuelo al cuello, rastra de cuero de carpincho y hasta facón. Lo llevaba tapado por el poncho celeste y blanco, no sea cosa que le trajera problemas. “Sabe qué pasa, más vale prevenir –deslizó–. Hay gente que entiende las cosas distinto que uno. Para usted, por ejemplo, yo vine disfrazado. ¡Mire si algún policía me palpa de armas!”


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/subnotas/146261-46949-2010-05-24.html

  DESPUES DE AÑOS DE RETIRARSE, EL GRAN PIANISTA VUELVE MAÑANA

La fiesta nacional lo sacó de muchos años de negarse a tocar en vivo, aunque seguía componiendo y arreglando. Mañana vuelve a escena renovando su dúo legendario con De Lío.

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Su slogan de presentación podría ser “93 años y la pinta de siempre”. Es un hombre habitualmente reservado, encantador una vez que la charla se ha encendido, cargada de anécdotas alrededor de la música. Horacio Salgán conserva la pinta de las fotos de los discos que grabó hace rato: su porte distinguido, su bigote que es marca, su saco crema con mocasines al tono. Conserva, sobre todo, la capacidad de hacer del piano un vehículo para dotar al tango de una exquisita distinción, y de sus arreglos orquestales –en los que continúa trabajando para dotar de repertorio al Quinteto Real, institución que continúa su hijo César– una marca de identidad. Horacio Salgán anunció hace años su retiro de los escenarios, y no hubo nada, ni el pretexto del cumpleaños número 90, que lo hiciera cambiar de opinión. Hasta ahora. Porque Horacio Salgán será uno de los participantes del segmento tanguero programado para mañana en el marco de los festejos del Bicentenario, en un regreso que sus seguidores ya no soñaban, de lo mejor de la programación del escenario instalado en la 9 de Julio (ver aparte).

Sentado en su departamento de Villa Crespo, en un living dominado por el piano, charlando animadamente de Francini y Pontier, de Gardel y la ingratitud, del misterio del tango, de lo que es verdad en música, podría pasar por un simple mortal. Pregúntese a cualquier tanguero quién es Horacio Salgán: seguramente, no un simple mortal. Pero aquí está, contando que acaba de ver por televisión lo que está pasando en la 9 de Julio, que le encantó el despliegue de los desfiles, las delegaciones provinciales, las locomotoras. Allí estará él en pocas horas, protagonizando no sólo su regreso artístico con su histórico Quinteto Real, también el regreso de un dúo que marcó un hito en el tango: Salgán-De Lío. “En realidad vuelvo a lo mío, a lo de toda mi vida. Estoy en mi propia salsa, digamos. ¡En mi propio jugo!”, sonríe al imaginar lo que vendrá, en un repertorio que prefiere no develar todavía, “para no restar sorpresa al asunto”.

A su lado su hijo César, continuador del arte del piano de Salgán, y también de su lugar en el Quinteto Real, sintetiza con humor: “Mi padre se ha retirado y yo ocupé su lugar. El lunes me voy a retirar yo, y él va a ocupar mi lugar”. “Yo siempre he tocado el piano acá en casa, no dejé de tocar –aclara Salgán–. Lo que pasó fue que después de 75 años de trabajo, y de casi 94 de vida (porque me faltan unos minutos, ya están ahí) dije: me voy a tomar un descansito, me corresponde. Pero ahora nuevamente voy a estar tocando algunas cositas, y el marco será extraordinario. Me pone feliz pensarlo.”

–Los tangueros ya no esperaban volver a escucharlo en vivo, fue muy tajante al decir que se retiraba.

–Es que los motivos eran válidos, créame. No son solamente 75 años de trabajo, son 75 años de trabajo intenso. La vida mía he estado siempre marcada por el exceso de trabajo, los compromisos, los viajes, las giras, escribir los arreglos, cumplir con los plazos, que siempre eran tiranos... Llegó a ser casi un estado enfermizo para mí. Y no fueron unos años, toda la vida fue así. Por eso llegó un momento en que necesariamente me quise tomar un descanso, ya era demasiado.

–Y en este tiempo que no trabajó, ¿qué hizo?

–No toqué en el escenario, me dediqué a escribir instrumentaciones para el Quinteto Real, hice unas cuantas para un disco que van a estar grabando este año. Hice también unas cosas para orquesta sinfónica, para este querido amigo que es Daniel Barenboim, una zamba, un malambo. No me quedé quieto. Para mí hay un hecho físico evidente, y eso es trabajo, pero todo lo que signifique música no es trabajo. Yo siento la necesidad de seguir escribiendo como cuando era joven. Es decir, la semana pasada.

–¿Y qué siente hoy que es el tango, después de 75 años de trabajo?

–El tango es un misterio, una música tan rica que no se acaba nunca. Es sorprendente que una música popular tenga esa repercusión y esa jerarquía. Le puedo dar un ejemplo que sintetiza la evolución que tuvo el tango: cuando era chico yo recuerdo que la gente hablaba del tango “El entrerriano” y decía “es un tango de Rosendo”. Con el pasar de lo años me enteré de que el autor era Rosendo Mendizábal. ¿Y por qué no daba a conocer su apellido este señor? Porque era profesor de algunas niñas de familia, que si se hubieran enterado de que componía tango urgentemente lo hubieran despedido. Fíjese lo que ha transcurrido desde eso hasta hoy. Han tocado tango los más grandes músicos del mundo, Artur Rubinstein, por ejemplo. La sinfónica de Berlín hace “A fuego lento” y me lo dedica en el día de mi cumpleaños. Lalo Schiffrin me cuenta que cuando iba a la casa de Stravinski él le pedía que tocara música mía. Le cuento esto no para hacer un autoelogio, sino para explicar adónde llegó el tango, habiendo surgido como una cuestión non sancta. Otro ejemplo de lo que era el tango hace unos años: cuando el padre de Julio y Francisco De Caro, que era un italiano que tenía un conservatorio, se enteró de que sus hijos tocaban tango, los echó de la casa. ¡No sé cuánto tiempo estuvieron por ahí! No era ninguna pavada, era grave la cosa.

–Y en su caso, ¿cómo tomó su familia que usted tocara tango?

–Yo tuve la suerte de que mis padres eran muy allegados a la música. Mi papá tocaba el piano de oído, y un poquito la guitarra. En mi casa se escuchaba ópera, me llevaban a los conciertos, tuve también la suerte de escuchar en el Colón grandes cantantes y pianistas. Y también, por ejemplo, recuerdo que una vez me llevaron a escuchar a un hombre que recién llegaba a traer el folklore a Buenos Aires, Andrés Chazarreta. Actuaba en La Rural, con su conjunto, y acá en Buenos Aires casi nadie conocía la música del interior. Y fíjese qué hombre de suerte he sido, tuve otra suerte: mis padres me inscribieron en el Conservatorio Municipal, donde tuve una gran maestra no de técnica pianística sino de interpretación.

–¿Cuál sería la diferencia?

–La técnica no es más que un adiestramiento manual: ponga la mano así, haga esto, haga lo otro. Ahora, cuando eso se pone al servicio de la interpretación, de la belleza, de lo que el autor quiso decir, es otra cosa. Pero hasta que no se llegue a eso, el resto es un mero adiestramiento manual. Yo tuve la suerte de tener grandes maestros de interpretación y de armonía. Y como no tuve un maestro de técnica, busqué de muchas maneras. La mayor parte de ellas equivocadas. Yo pensaba: ¡ah, sí ahora encontré cómo se toca el piano! Y a los dos años me daba cuenta de que estaba equivocado. Y creo haber llegado a la gran técnica pianística a los ochenta años. Porque la vocación y la pasión mía por la música es tan grande, que nunca dejé de estudiar. ..

–Así que según usted lleva unos trece años de buen pianista.

–Más o menos (risas). El resto, de organista.

–¿Cómo es eso?

–Trabajé muchos años de organista de iglesia. Era organista de la iglesia de San Antonio de Devoto, después fui organista en el Gran Cine Florida. A veces a los muchachos les hago un chiste: yo era un gran organista, pero tuve que dejar de tocar porque se me murió el mono.

–¿Cuál es el tango favorito, dentro de su obra?

–No puedo decirlo, ni siquiera puedo decir que sea un tango. Tuve la suerte de poder tocar los distintos géneros, he escrito mucha música brasilera, folklore, jazz, valses peruanos, de todo. Y me ocurre una cosa curiosa, también para mi suerte: cada vez que estoy trabajando en un género determinado, estoy escribiendo y tengo la sensación de que toda mi vida no he hecho más que eso, de tan cómodo que me siento dentro de ese género. En esos días o semanas en que trabajo sobre eso, es como si nunca hubiera tocado otra cosa.

–¿Usted mismo no se define como tanguero?

–Sí, puedo decirlo así: yo no soy un tanguero. Tengo la suerte de poder ser en un momento dado un tanguero. Y claro, me he manifestado ante el público con el tango, más que con cualquier otra expresión. Le dije que para mí el tango es un género misterioso, ¿no?


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-146227-2010-05-23.html

  ARRANCAN HOY LAS ACTIVIDADES DEL PASEO DEL BICENTENARIO

A partir de las 18, el paseo emplazado a lo largo de la avenida 9 de Julio estará abierto al público. Habrá una sucesión de actos, recitales y las más diversas actividades. Las Madres y las Abuelas tendrán cada una su propio stand.

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Hoy se larga el anunciado “Paseo del Bicentenario”, que durante cinco días transformará el centro neurálgico de la ciudad, con el Obelisco como punto de partida, a lo largo de la avenida 9 de Julio, en un gran evento conmemorativo a cielo abierto. Un escenario principal por el que desfilarán figuras de la música nacional y latinoamericana, stands con manifestaciones de todas las provincias y de países invitados –incluida su oferta gastronómica–, de organismos de derechos humanos y de diversas entidades, desfiles multitudinarios de todo tipo, exhibiciones de locomotoras antiguas o de autos de TC, y un impresionante despliegue teatral y coreográfico a cargo del grupo Fuerza Bruta, que recorrerá buena parte del centro histórico de la ciudad, forman parte del nutrido paseo propuesto para celebrar el Bicentenario.

La 9 de Julio ya lucía ayer en la fase final de la puesta del paseo. A un lado de la avenida, un colorido recorrido de stands ordenado alfabéticamente pone de relieve la producción cultural de cada provincia. Hacia el otro lado, stands destinados a la gastronomía de cada región, abiertos a la degustación de productos típicos bajo el slogan “sabores de nuestra gente”, completan la muestra identitaria. La propuesta parece ser la de reunir la diversidad de un mapa cultural tan amplio, no para homogeneizarlo sino buscando resaltar la riqueza que hay en esta diferencia. Así, cada provincia organiza a su manera las actividades de su stand. La grilla del Chaco, por tomar uno al azar, incluye la producción de artesanías e instrumentos autóctonos in situ, o la realización de un mural que completará durante esos días el artista plástico Milo Locket (responsable, además, de un aparte de la estética del paseo).

Entre toda la fila de stands, todavía impecables, listos para ser abordados por miles, sorprende el de las Madres de Plaza de Mayo, a la altura de Rivadavia. Ayer por la tarde las Madres fueron a conocer, visiblemente emocionadas, el resultado final de meses de trabajo. Un gigantesco pañuelo sobresale como parte de la obra del artista plástico Andrés Zerneri. Debajo, la instalación se completa con una ronda de madres en tamaño real, que gira sobre una réplica de la Pirámide de Plaza de Mayo. Impresionan los rostros de esas Madres así representadas, porque no son ni jóvenes ni viejos, aunque es posible reconocer a algunas de ellas en la inspiración de Zerneri. Tienen –parece transmitir la obra del artista– los años de su lucha, con el mañana incluido. A los costados del stand hay otros rostros, tantas veces exhibidos, los de los hijos que siguen reclamando justicia. En la entrada, la consigna de siempre: “Hasta la victoria siempre, queridos hijos”. Las Madres anuncian que cada 45 minutos presentarán aquí una actividad, y que ellas estarán siempre, turnándose, para charlar mano a mano con quien quiera acercarse.

A la altura del cruce con Hipólito Yrigoyen se destaca también el espacio de la Asociación Abuelas de Plaza de Mayo. Dos fotos gigantes representan el mensaje de este stand. La primera, en blanco y negro, muestra una marcha, mujeres todavía jóvenes, un cartel en sus manos: “¿Dónde están los centenares de bebés nacidos en cautiverio?”. La que le sigue tiene colores brillantes, y desde allí sonríe un nutrido grupo de nietos recuperados, algunos con sus hijos a upa. Ayer por la tarde, en la recorrida de Página/12, una última gigantografía esperaba a ser izada en este espacio. Su texto resuena de forma especial por estos días, reforzado su contenido en causas que ahora comienzan a definirse en la Justicia: “La identidad es un derecho humano irrenunciable que debe ser garantizado por el Estado”.

Hay más a lo largo y ancho del paseo: seis espacios dedicados a temáticas como Ciencia y Tecnología, Juventud y Educación, Medio Ambiente, Cultura, Derechos Humanos y Producción. Tres pórticos en las entradas principales intervenidos por diferentes artistas. Espacios especiales para instituciones como la Universidad de Buenos Aires, que proyecta una radio abierta, o un estudio especialmente montado por Radio Nacional, que emitirá desde allí su programación habitual, sumando producciones especiales (el programa que conduce Héctor Larrea, por ejemplo, ya lanzó entre sus oyentes la convocatoria de “La Tangueada del Bicentenario”).

Además de las actividades del escenario principal (ver aparte) diferentes escenarios en las intersecciones de las calles Belgrano, Alsina y Mitre albergarán otras propuestas durante todas las jornadas, con delegaciones de las provincias y los países invitados. Entre Belgrano y Venezuela, además, la provincia de Buenos Aires presentará dos locomotoras antiguas, La Porteña y La Patria. Y para el martes 25, a las 14, se anuncia que la Presidenta de la Nación bajará la bandera de largada simbólica del denominado “Gran Premio Bicentenario” de la categoría Turismo Carretera, desde el Obelisco. El TC también formará parte de esta celebración del Bicentenario, con unos ochenta autos de esta categoría, que ya desde el lunes estarán exhibidos a la altura de la calle México, junto a autos históricos como aquellos en los que corrieron los hermanos Juan y Oscar Gálvez o Juan Manuel Fangio.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-146094-2010-05-21.html

  OPINIONES DE LA GENTE DEL TEATRO, ENTRE LA CRITICA Y LOS PRESUPUESTOS

El dramaturgo Mauricio Kartún, el actor Raúl Rizzo y Claudio Gallardou –actor y subdirector del Teatro Cervantes– dan su visión sobre el modo “alternativo” de financiar salas que deberían sostenerse con un presupuesto adecuado.

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Desde su doble condición de actor y subdirector de un teatro que funciona en la ciudad, el Cervantes (dependiente de la Nación), Claudio Gallardou justifica que se realice “cada tanto, como paliativo coyuntural”, aunque no como política sostenida, un evento de las características de la fiesta de cumpleaños de Andrés von Buch. “Cuando un teatro estatal, municipal o nacional, está tan recortado de presupuesto como el San Martín, que ha sufrido porque se derivaron las partidas mayores a terminar de construir el Colón, no veo mal que el teatro tenga la creatividad para obtener recursos con este tipo de eventos, sobre todo si se destinan los fondos a mejorar las producciones y las condiciones de los actores”, opina. “Por supuesto que me uno a la advertencia del Sindicato de Actores, y también me alerta la idea de que pueda transformarse en un ‘centro de convenciones’, como dicen desde allí. Si esto se transforma en una salida cotidiana, me parecería mal. Pero la necesidad es grande: el San Martín está en un momento crítico, porque el ministro de Cultura del Gobierno de la Ciudad genera recortes muy fuertes. Hasta hace poco no había tinta para las impresoras, hay problemas edilicios serios, en las últimas tormentas se inundó el escenario de las salas. Frente a esta situación, no veo mal lo que se hizo.”

–¿Aunque para eso haya que suspender funciones?

–No, porque a los actores se les pagó igual. Y 80.000 dólares es mucha plata para un teatro, viene muy bien en este contexto. Insisto en recalcar la diferencia: si esto se transforma en una política, no lo avalo. Si es una salida frente a una necesidad, me parece justificable. De hecho, nosotros alguna vez organizamos actividades de este tipo en el Cervantes: alquilamos el teatro a Francis Ford Coppola, un lunes y un martes, para filmar.

–Pero no levantaron funciones...

–Y tampoco estábamos en la crisis tremenda que vive el San Martín. Si tuviéramos problemas para pagar los sueldos, para producir espectáculos, imagino que consideraríamos una salida de este tipo. Repito: como una salida de coyuntura. La cosa está muy difícil en el San Martín. De hecho, si Kive Staiff está renunciando debe ser porque está ahogado, porque no está de acuerdo con los recortes que se le imponen, y en estas condiciones no puede llevar adelante el teatro.

El actor Raúl Rizzo, actualmente en la obra Santa Juana de América en el teatro Regio, que pertenece al complejo, plantea la cuestión al revés: “Primero tendríamos que preguntarnos por qué se da este ahogo presupuestario, por qué el San Martín termina sumergido en esta crisis que ahora se presenta como terminal”, advierte. “Si nos quedamos con que no hay plata, estamos naturalizando el recorte del presupuesto en Cultura, en la ciudad que más recauda del país. Y así es como vamos naturalizando el recorte en escuelas y en hospitales, y estamos convalidando una política siniestra”, se planta el actor. Rizzo propone discutir sobre el presupuesto de Cultura y la forma en que se maneja: “El San Martín tiene una función que cumplir, es un espacio sostenido por el aporte de los porteños, y como ciudadano exijo que se rindan cuentas cuando veo el estado deplorable en que se encuentra no sólo la sede central del San Martín, también otras salas que dependen del complejo, como el Regio, donde estoy trabajando, donde los actores y el público tenemos que esquivar goteras en las funciones”, grafica. “Este es un síntoma más de una política y de un proyecto que lleva adelante el Gobierno de la Ciudad”, concluye el actor, y propone: “Si tenemos que apelar a la beneficencia para sostener un teatro que es de todos los ciudadanos, vayamos pensando en crear el Cáritas del San Martín”.

El dramaturgo Mauricio Kartún es aún más terminante: “Me niego a discutir sobre si el San Martín debe usarse o no para festejar un cumpleaños, cerrándolo y suspendiendo las funciones”, dice. “Me niego, sencillamente porque es un disparate, un impensable, algo que no se le pasaría a nadie por la cabeza, si no fuera como parte de la locura que genera la falta de fondos.”

–Sin embargo a alguien se le pasó por la cabeza. No sólo eso: lo llevaron a cabo...

–Sí, y es un síntoma. Lo que digo es que no tiene sentido discutir el síntoma, porque lo importante aquí es la enfermedad que está evidenciando. Y esa enfermedad es el resultado de una gestión que mira al San Martín desde esa hipótesis económica que dice que debe dar ganancias, o al menos que no debe dar pérdidas. Una hipótesis que, como en toda institución de la cultura, nunca se cumplió. La paradoja es que la actual administración considera la inversión en cultura como una pérdida, cuando a todas luces es ganancia. Por eso digo que no tiene sentido debatir el síntoma. Lo que hay que debatir es qué hacer frente a esta situación, esta locura presupuestaria que ahora se plantea en el San Martín. Y eso que hay que hacer, por cierto, no es festejar cumpleaños.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/subnotas/145592-46733-2010-05-13.html

  LA ASOCIACION DE MADRES CONMEMORO CON MUSICA Y POESIA

Una variedad de artistas se presentó ante la multitud reunida en la Plaza. Las Madres hicieron una ronda simbólica sobre el escenario. “Nunca hubiéramos pensado que iba a haber asesinos condenados”, dijo Hebe de Bonafini.

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“Hasta la victoria siempre, queridos hijos.” La frase, colocada como único fondo del escenario montado en la Plaza de Mayo, no llevaba firma. Bajo ese cartel se quiso mostrar el poder de la música, la poesía y la palabra, asumidas por una cantidad de artistas que protagonizaron el acto organizado por la Asociación Madres de Plaza de Mayo. Bajo ese cartel hicieron su ronda simbólica también las Madres, después de las palabras de Hebe de Bonafini, que dejó su sello ferozmente contundente, potenciado en la vivencia de otro 24 de marzo. “Argentina –remarcó– es el único país de Latinoamérica que juzga a sus represores y manda a la cárcel a los genocidas.” Una multitud acompañó el acto de las Madres en el Día de la Memoria y siguió las actuaciones de Víctor Heredia, Teresa Parodi, Susana Rinaldi, Liliana Herrero, Peteco Carabajal, Juan Falú y Raúl Carnota, y los textos leídos por Mirta Busnelli, Ana María Picchio, Pompeyo Audivert, Fernando Noy, Víctor Laplace y Lola Berthet, entre muchos otros.

El escenario, que las Madres eligieron llamar “el escenario de la Revolución del Bicentenario”, fue dispuesto con una consigna concreta: “No pudieron apagar tanto fuego, y aquí arderá nuestra cultura”. Teresa Parodi, directora del Espacio Cultural Nuestros Hijos –el centro cultural que hoy funciona en una parte del predio que perteneció a la Escuela de Mecánica de la Armada–, explicó que ése fue, ni más ni menos, el desafío que le planteó Hebe para esta fecha: “Las Madres quisieron que la cultura fuera la protagonista en el marco del Bicentenario, porque tienen muy claro que la forma de que sus hijos sigan vivos es que sigan vivas las ideas, la cultura que defendieron”, explicó a Página/12, visiblemente emocionada tras interpretar “Aún caminan conmigo”, el tema que dedicó a los desaparecidos.

Cada uno de los artistas que pasó por la Plaza fue mostrando uno, dos o tres temas, cantados o bailados. Mostraron tango, entre otros, la Orquesta Juan de Dios Filiberto, dirigida por Atilio Stampone, Guillermo Fernández, Lidia Borda, Susana Rinaldi, Rita Cortese, Dolores Solá, la bailarina Mora Godoy. Con un repertorio folklórico pasaron Liliana Herrero, Silvia Iriondo, Juan Falú, Raúl Carnota, los mendocinos Orozco-Barrientos, el jujeño Bruno Arias, el santiagueño Mota Luna, Marián Farías Gómez, los bailarines Koki y Pajarín Saavedra. También Peteco Carabajal, que con su tema “Las manos de mi madre” motivó a las Madres, sentadas en la primera fila de la pequeña platea ubicada bajo el escenario, a tomarse las manos y levantarlas, mientras cantaban junto al santiagueño.

El acto de las Madres fue convocado para las cinco de la tarde y comenzó una media hora después, justo en el momento en que columnas del Partido Obrero, el MST, el PTS y la Izquierda Socialista, entre otras agrupaciones, hacían su entrada hacia un costado del escenario, sobre la calle Rivadavia. Desde allí compitieron por el sonido de la Plaza durante la primera parte del acto, ganándolo por momentos a fuerza de bombas de estruendo y de megáfono a todo volumen , con consignas dirigidas casi exclusivamente contra el Gobierno.

Otras consignas se agitaron durante la tarde frente al “escenario de la revolución del Bicentenario”. “Madres de la Plaza, el pueblo las abraza” comenzó a cantarse temprano, pero sonó en toda la plaza cuando las madres subieron al escenario. Hebe de Bonafini tomó la palabra, con su habitual contundencia, para hablarles, primero, a los jóvenes. “Pasaron 34 años de un golpe que nos hundió en el horror. Pero no pudieron apagar tanto fuego, y es el fuego de nuestros hijos”, comenzó diciendo. “Esos hijos que hoy están encarnados en todos ustedes, chicos, aunque no los hayan conocido. Peleamos por ustedes, para que lo que pasó no se vuelva a repetir.”

Bonafini dejó sentada su posición. “Sabemos que faltan cosas, pero nunca hubiéramos pensado que iba a haber asesinos condenados, miles procesados, la Obediencia Debida y el Punto Final anulados. Estamos orgullosas de lo que ha hecho este gobierno. Gracias Cristina, gracias también a Néstor, que fue el que empezó anulando la Obediencia Debida”, dijo, y recordó también en los agradecimientos “a Evo Morales, que nos enseñó que se puede hacer una revolución con democracia e inteligencia”, a Lula da Silva, Rafael Correa, Hugo Chávez, y “al pueblo cubano, por mostrarnos cómo se puede resistir pese a todo y contra todo”.

“Hijos, amores queridos, sé que les están dando fuerzas a este montón de viejas que tenemos entre 80 y 95 años, y que nos están diciendo que no nos equivoquemos cuando tengamos que votar, porque los que ayer estaban detrás del golpe hoy están detrás de los grandes medios de comunicación. El golpe fue cívico-militar, no nos olvidemos”, continuó la presidenta de Madres de Plaza de Mayo. “Algunos critican porque cantamos. Claro que cantamos, ¿saben por qué? Porque las Madres no vendimos la sangre de nuestros hijos.”

Entre los invitados del backstage, al más requerido para las fotos fue Aníbal Fernández. “No vine como ministro”, aclaró enseguida a la prensa, mientras las señoras hacían cola para la foto y alguien le pedía: “Tirate una Anibalada”. Helena y Lisi, dos señoras de cincuenta que declaraban con orgullo su pertenencia al Facebook de 6-7-8, mostraban sus remeras con la inscripción Todas somos yeguas, con la cara recortada de Cristina Fernández. En primera fila, apretada contra la valla que separaba al escenario de la Plaza, una mujer de unos cuarenta años abrazaba un cartel escrito a mano. “Papi te extraño”, era todo lo que decía, junto a una foto en sepia y una fecha: 8 de agosto de 1975. Eran cientos los carteles con fotos, por toda la plaza, muchos llevados por chicos. Fotos de padres, madres, hijos que se extrañan y que tuvieron su homenaje en la Plaza de Mayo.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/subnotas/142636-45921-2010-03-25.html

  PENUMBRAS

Vivió rodeado de misterio y cautivó a mujeres y hombres de tres generaciones. Fue protagonista de los primeros años del rock argentino, conquistó América y sedujo a través de sus films. Sus últimos años estuvieron signados por el agravamiento de su salud.

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El país entero siguió las alternativas de su trasplante, su evolución y el posterior agravamiento de su salud por cadena nacional. Sus nenas, sus clubs de fans, y también los que no pertenecían a ninguno de estos espacios litúrgicos, pero llegaron a incorporar su figura como la de un ser querido, familiar, rezaron durante semanas por su mejoría, rindieron sus últimas muestras de admiración transformada claramente en cariño profundo. No pudieron evitar lo que el mito de Sandro hacía parecer imposible: la muerte del ídolo. Ayer, a los 64 años, falleció quien eligió ser Roberto Sánchez sólo en la intimidad, construyendo puertas afuera de su bunker de Banfield, ladrillo a ladrillo, la figura de Sandro de América para la posteridad. El cantante había sido operado ayer para controlar una afección respiratoria que, luego, derivó en una infección generalizada (ver aparte).

El pasado 20 de noviembre, Sandro había recibido un doble trasplante cardiopulmonar en el Hospital Italiano de Mendoza. La forma en que reaccionó su organismo a una operación de tamaña magnitud fue anunciada en un principio como milagrosa: Sandro salió de terapia intensiva más pronto de lo esperado, también le quitaron muy rápidamente el respirador artificial, de acuerdo con las previsiones de los médicos. Los partes médicos de Sandro, transformados en conferencias de prensa y seguidos con la apetencia de la placa urgente de noticias, siempre incluían la descripción de un rasgo distintivo de su carácter: el eterno humor con el que llevó adelante su vida, hasta el final.

Sandro había pasado años sobrellevando un enfisema pulmonar (le diagnosticaron la enfermedad en 1997), con temporadas en terapia intensiva, rodeado en la vida cotidiana de medicamentos, broncodilatadores, y más tarde tubos de oxígeno. Y siempre cargándose a sí mismo, riéndose de ese mito Sandro ya crecido que sus nenas mantenían obcecadamente no ya joven, sino eterno, sin edad, mito al fin. Y siempre, siempre, enfundado en una bata de raso brillante. “A mí ya no me maquillan, me restauran”, decía, y cuando volvía al Gran Rex, en funciones que siempre eran muchas, celebraba “el milagro de estar vivo”.

En 2008 Sandro había pasado a la lista de espera del Incucai para el doble trasplante cardiopulmonar que finalmente le realizaron el 20 de noviembre del año pasado, algo que en un principio no dio a conocer él mismo, sino que fue filtrado a la prensa por alguien que lucró con la noticia. “El que habló... ¡No sabe lo que hizo!”, amenazó Sandro. Seguía pagando el precio del mito, obligado a renunciar a su derecho a la intimidad, en aquella ocasión concreta, a la privacidad de la información sobre su salud. Así que pronto hizo público lo del trasplante él mismo, comenzó a hablar de “compañeros” al referirse a otros enfermos que esperaban un trasplante, y sobre todo a pronunciarse públicamente, cada vez que podía, en contra del tabaco. Como consecuencia, tuvo que salir a explicar en público otra realidad: que era imposible que sus fanáticos le donasen uno de sus pulmones, como amenazaban también frente a los medios, que necesitaba dos, y de un donante cadavérico con características muy concretas.

En 1992 había aparecido la primera señal de alerta grave, en un año que luego recordaría como el más triste de su vida: había muerto su madre, comenzó a sufrir fuertes dolores en el pecho, se le declaró un eccema que fue mal tratado con cortisona, engordó mucho. “Creí que no iba a cantar nunca más”, recordaría después. “Fumaba dos atados por día, y cuando no dormía... ¡cuatro! En ese momento tenía apenas el doce por ciento de mi capacidad pulmonar.” Contaba que había dejado el tabaco de un día para el otro, después de una crisis severa de falta de aire. “Nunca más probé un cigarrillo –contaría en una entrevista–. Lo olvidé. Desapareció de mi vida. Como si mi mujer me engañara con mi mejor amigo: se te cae todo y lo olvidás para siempre. Tres o cuatro días después, me preguntaba: pero, ¿cómo pude fumar durante tanto tiempo? Empecé a fumar a los 10. Por eso tengo un enfisema artesanal: un producto maravilloso...”

Si algo contribuyó al mito, a la construcción del personaje de Sandro por parte de Roberto Sánchez, fue su reclusión en la famosa casona de Banfield, esa cuyo frente regalaba grandes postales a Crónica TV cada 19 de agosto, cuando las nenas se apostaban en la calle, tan entusiastas como férreas, muchas veces bajo la lluvia, para festejar un gran cumpleaños nacional y popular. Sandro le había puesto a ese bunker del Gran Buenos Aires Villa Martini, en honor a su trago preferido, que tomaba siempre con las dos aceitunas reglamentarias, y seco, y mezclado, no batido.

Roberto Sánchez comenzó su transformación a los diez años, bailando rock and roll y haciendo playback sobre un disco de Elvis. El disco un día se rayó, y Robertito tuvo que largarse a cantar por las suyas. Por entonces ya le decía a su madre que quería ser “estrella de cine en colores”. En su primer grupo, Los de Fuego –una banda de garage, un grupito de barrio que pasó a ser mítico, o “una banda de forajidos”, como lo recordaba él–, comenzó con su primer sobrenombre, “el loco”. Se lo había ganado en Valentín Alsina, gracias a los atuendos estrafalarios con los que se paseaba por el barrio. Finalmente, usó como nombre artístico aquel que su madre había elegido para él, pero le había negado el registro civil.

Un poco por casualidad, otro por mérito de su desenfado, pronto se impuso como un Elvis criollo. “Yo era el que menos mal tocaba, era la guitarra líder del grupo. Cantaba el bajista pero un día se retobó, no quiso cantar un tema y dije: entonces canto yo”, recordaba. “Los solos de guitarra los hacía el que me había enseñado, pero le daba tan duro que se le rompían las cuerdas que era un maravilla. Cuando nos presentamos en el Club Bomberos de Ramos Mejía, en el primer tema rompió una cuerda, en el segundo y el tercero rompió otras dos. Le pasé mi guitarra y me quedé sin nada. Entonces empecé a hacer todo lo que me llevó a la fama: pegar saltos, bailar, armar un quilombo. ¿Y este loco de dónde salió?, decían. Pero fue una explosión. Ahí mismo nació ‘Sandro y Los de Fuego’, por unas cuerdas rotas”.

Pronto surgió la posibilidad de debutar en televisión, nada menos que en Sábados circulares, de Pipo Mancera, que era algo así como el Tinelli de la época, pero con mucho, mucho más rating, y también más imaginación. Mancera lo presentó de un modo que Sandro siempre recordaría, agradecido, tanto en las entrevistas como desde el escenario, en sus shows: “Señoras y señores, con ustedes... alguien que en quince días será un éxito”. Le sugirieron que se quitara el saco, para dar más suelto en cámara, y allá salió, a revolear el spencer, y todo lo que pudo revolear. La pelvis, por ejemplo. Este particular movimiento de pelvis se convirtió en tema de debate nacional. “¡Se armó un despelote! Al otro día todo el mundo: ¿lo viste al loquito? Era a favor o en contra, no había término medio”, se reía él al recordar aquella época. “Después vino la prohibición: que era pornográfico, que era obsceno... Pipo dijo: si sacan al pibe, yo levanto el programa. Se la jugó. No me lo olvidaré jamás”, agradecía.

Así comenzó una carrera, como se dice, meteórica. Sandro fue un éxito desde el comienzo, un éxito instantáneo, definitivo. Convivió con esa realidad desde muy joven, y en esos términos modeló su vida, como ídolo de masas, en tiempos televisados. Lo contó en varios reportajes, de diferentes maneras: “Recuerdo cuando estrené ‘Las manos’ en Sábados circulares. El lunes la gente estaba pidiendo el tema en las disquerías y todavía no estaba grabado. El martes lo hicimos a toda velocidad y el jueves ya estaba vendiendo mil discos por hora’, contó, por ejemplo. Pero también: “A los 17, 18 años, creés que Dios es tu secretario. Y sabés que estás crucificado: si sacaste un disco y vendiste 100.000 copias, más vale que del próximo vendas 105.000, porque si no te caíste”.

Antes de batir verdaderos records de ventas, Sandro atravesó una etapa rock y beat, bajo la influencia de la beatlemanía de la época. Así se lo escucha en su primer LP, Sandro y Los de Fuego, editado en 1965 –aunque algunos temas ya habían aparecido en simples el año anterior–, y que fue publicado por Página/12 en 2001, en una colección que rescataba los discos descatalogados de estos comienzos ro-ckeros. Le siguieron Al calor de Sandro y Los de Fuego, también de 1965, y El sorprendente mundo de Sandro, de 1966. Para ese entonces Los de Fuego ya se habían disuelto, Sandro comenzaba a transformarse en Sandro.

En 1967 ganó el Festival Buenos Aires de la Canción con “Quiero llenarme de ti”, y ése fue el punto de quiebre, el hito que marcó el abandono definitivo de la etapa beat y rock, para delinear el perfil melódico que lo convertiría en un mito. Un perfil que quedaría iconizado en “Rosa Rosa”, un tema que Sandro había compuesto casi por casualidad, sin mucha vuelta poética. El admitía que en el fondo mucho no le gustaba, aunque con los años había terminado encontrándole una serie de connotaciones posibles. Con su simple “Mi amigo el Puma”, Sandro marcó su propio record: un millón 200 mil copias vendidas. Se calcula que en toda su carrera vendió unos 22 millones de placas, y recibió once discos de oro, en tiempos muy diferentes a los actuales, cuando cada una de estas distinciones certificaba ventas reales de más de un millón de discos. También se computa su record de convocatoria: 40 teatros Gran Rex llenos, durante la temporada 98/99.

A comienzos de los ’70 su actuación en el Madison Square Garden hizo suponer que el Sandro de América pasaría a ser Sandro del Mundo, cosa que finalmente no sucedió. Aun así, qué duda cabe, quedó en la historia de la canción. Llegó a decirse que, como ídolo popular de la música, estuvo apenas un escalón por debajo de Gardel.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-138060-2010-01-05.html