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  LA EXPOSICION EN INTERNET


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Internet, como una puerta abierta, deja entrar y salir todo tipo de información y expresión de sus usuarios, desde las más violentas y procaces hasta las más amorosas y espirituales. El entusiasmo con el que se expresen temores, sueños y pesadillas a través de un medio que había sido imaginado para procesar o intercambiar datos objetivos, se vio alertado de pronto ante advertencias y prevenciones: “Todo lo que Ud. diga podrá ser usado en su contra y convertido en informes útiles para empresas dedicadas al consumo, para espías políticos o abusadores sexuales...”.

¿Cuál es el sentido entonces del creciente fenómeno cibernético que lleva a exponer cada vez más abiertamente no sólo fotos y videos donde lo íntimo queda en exposición, sino también el recuento de los movimientos cotidianos, por más banales que sean, o el detalle de las compras realizadas?

Se puede pensar que esto tiene que ver con nuestra necesidad de trascender la soledad, compartir con otros y sentirse acompañado en épocas de máximo individualismo. Así podría ser en el fenómeno, especialmente en adolescentes, donde, a través de las fotos personales que suben día a día, buscan controlar los cambios que cuestionan su identidad ofreciendo ese espejo a la consideración y comentarios de amigos y conocidos. Pero sospechamos que hay algo más.

En un medio social que se ha transformado en un ojo que mira y busca conocer y moldear las necesidades de los potenciales consumidores, que convierte el sexo y el sufrimiento en espectáculos explícitos para vender, que provoca pánico e inseguridades varias que transforman al otro en un potencial agresor generando aislamiento, surge algo más que una necesidad de reconexión.

El hombre tiene el recurso de transformar en lo contrario aquello que lo asusta y amenaza, y hasta de provocar el placer y la fiesta allí donde se lo empuja a la soledad y la desconfianza, donde acechan el chantaje y la intromisión.

El sentirse expuesto y despojado, el hombre intenta revertirlo en el goce y la diversión de ostentar y enseñarlo todo.

Entonces, se expone y se muestra como lanzando un desafío, como si dijera: “No temo, aquí estoy y éste soy, es lo que tengo, lo que pienso y lo que siento; y no soy sólo yo, somos millones que juntos oponemos, al ojo que no deja de escrudiñar y vigilar, nuestro rostro al descubierto”.

* Miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA).


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/psicologia/9-150724-2010-08-05.html

  LA COMPU PUEDE SER UN BUEN RECURSO


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En tiempos que parecen caracterizarse por diversas amenazas, desde la inseguridad hasta la pandemia, que parecen empujar hacia el aislamiento y la desconexión, la conexión virtual se convierte en un recurso. En una época no muy lejana, los chicos se quejaban de estar aburridos, ahora estar frente a una pantalla parece haber resuelto, al menos en parte, el problema: encuentran juegos y amigos. Y es verdad que la tecnología ha aportado una magnífica forma de entretenimiento, mediante la cual es posible desarrollar la imaginación y la coordinación sensoriomotriz a través de los distintos juegos. Los medios tecnológicos son instrumentos de comunicación, aprendizaje o entretenimiento, aunque pueden desvirtuarse cuando el recurrir a una sobreestimulación se convierte en una forma de tapar conflictos.

La facilidad con la que los niños entran en consonancia con el lenguaje cibernético, la independencia que logran en su manejo y que contrasta con su inferioridad en otras áreas en las que deben pedir permanente asistencia, el gusto por los juegos y la comunicación a través de la computadora, generan en los adultos admiración, pero también recelo y dudas. Si bien el niño debe ser protegido, también es cierto que el placer que despiertan los videojuegos o las conexiones a través de Internet puede recibir el ataque que recae sobre el placer en general, que siempre es pasible de despertar sospechas.

En nombre de la cultura, o por justificaciones personales que responden a razones o sin razones se puede censurar una actividad que despierta en el adulto conflictos internos y hasta envidias. El entusiasmo y el regocijo ante la posibilidad de ganar o perder en un juego, la intensa red social que se teje a través de mensajes, fotos y consignas diversas, parecen dejar excluido al que queda como mero espectador de algo, fascinante y desconocido, que transcurre en el espacio que se crea entre ese niño y la pantalla. La prohibición del uso de la computadora puede transformarse, sin quererlo conscientemente, en extorsión, en el modo en que el adulto expresa su poder para “volver a tomar las riendas”.

* Miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA). Autora del libro El sujeto escondido en la realidad virtual.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/psicologia/9-128284-2009-07-16.html

  EL EROTISMO Y LOS LIMITES


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No se trata de convocar a censuras insensatas o hipócritas, sino de respetar el deseo de nuestros hijos, pero también nuestros propios criterios para evitar caer, sin darnos cuenta, en empujarlos a un aparente disfrute para el que no están preparados y que el contexto social suele estimular. Cuando las imágenes en las pantallas y el lenguaje cotidiano muestran que la inhibición parece cuestión del pasado, queda en las sombras el pánico que ese mismo mensaje genera. “No te quedes con las ganas de nada”, dice el comercial de un producto de primera marca resumiendo la ideología de la época. Pero se termina con “ganas de nada”.

La reacción contra un autoritarismo extremo que pesaba en su propia infancia hizo que los padres de hoy en día favorecieran una ausencia de censura e imaginaran como felicidad, para sus hijos, una vida sin restricciones, poder disfrutar de una libertad total. El mensaje, más o menos explícito, apunta a que es penoso y erróneo sentir restricciones, que es imperioso evitar situaciones angustiosas, que es preciso buscar la diversión y la fiesta.

La consecuencia impensada es un debilitamiento de la imagen paterna que deja con frecuencia a los hijos en soledad y desorientación; sin límites claros a los que oponerse, aparece la apatía. Es que la identidad y la fuerza de los deseos se va construyendo en relación a una oposición, a un contrapunto con fuerzas que tratan de detener o torcer el impulso erótico, y, cuando “todo vale”, no siempre surge el descontrol sino el desgano.

Es la prohibición, el tener que luchar o trabajar por lo que se desea, lo que estimula y fortalece. Cuanto menos accesible permanece lo anhelado, incluso el ser amado, aumenta su valor. En cambio, cuando todo está ofrecido y a la vista, el efecto suele ser la deserotización.

El límite es lo que permite atreverse a desear y a satisfacerse porque habrá un freno que proteja; sólo es posible entregarse al placer cuando existe la confianza en que la intimidad propia quedará protegida. Cuando esto no sucede, los límites pueden surgir de adentro, a veces bajo la forma de pérdida de interés.

* Miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA).


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/psicologia/9-124123-2009-04-30.html