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  OPINION


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La prostitución no es el sueño dorado que adoraron los poetas y que Eliseo Subiela describió con una prostituta (Sandra Ballesteros) elevando a Darío Grandinetti porque ella sí que sabía hacer el amor –no como las otras que él tenía que expulsar con un botón después de acabar y queriendo acabar con ellas– en la película El lado oscuro del corazón. El cliente no es un santo. ¿Pero qué es? Hay posiciones terminantes: un cómplice. Como dice el lema de los abolicionistas: “Sin cliente no hay prostitución”.

No hay dudas de que, sin que la televisión hable de gaterío y recorra Cocodrilo como si fuera un paseo por un zoológico con caño, whisky y calentura la prostitución no estaría tomada tan a la ligera. También que Internet multiplicó la oferta y que ahora los muchachos recomiendan quién es la mejor petera como antes discutían en Polémica en el bar sobre Bilardo o Diego. Y, mucho más, que la corrupción policial no sólo es tolerada sino que también es machista. Tanto, que los policías de la Costa se acostumbraron a matar a las ¿trabajadoras sexuales, prostitutas, mujeres en situación de prostitución? que no les pagaban una coima y después inventaron al “loco de la ruta” para encubrir el gatillo sexual institucional. También mataron a Natalia Melmann por resistirse cuando la violaban en Miramar.

No creo que la prostitución callejera –forzadas por el desempleo y la violencia asimilada hacia las mujeres– sea igual que la de las chicas vip (las escorts), que si no lo hacen por elección, es cierto que tienen otras alternativas a la trata de personas: que en la Argentina crece e increíblemente es tolerada como un subsuelo nacional, en donde hay secuestro, desaparición de mujeres, torturas, violencia sexual y complicidad judicial, política y policial sobre la esclavitud abolida en 1813 y que ahora está más vigente que nunca. Sin demasiado ruido. Ni intención de ayudar a las desaparecidas a romper las cadenas que las atan a ser sometidas en centros clandestinos de prostitución.

No todos los prostíbulos son iguales, hay que decirlo. La trata de personas es un delito de lesa humanidad que no se puede asimilar a una bailarina que quiere sacarle más whiskies a un cliente. Pero también es cierto que esos sótanos en donde el sexo se paga –y no se elige– naturalizan y reproducen ese subsuelo de desapariciones que la Argentina no debería –por memoria y presente– permitirse.

También, claro, que sin la resistencia de los hombres a la trata y estos tratos, ni la prostitución ni la esclavitud sexual se van a terminar. El sueño del cliente superhéroe -que salva a la chica empantanada entre las sábanas sucias- no existe, es una ilusión, igual que las películas de Subiela. Se necesitan varones con agallas. Pero no machos. Hay clientes malos –como fueron malos los que cumplieron órdenes para ejecutar los vuelos de la muerte– y otros que son pobres tipos. Tampoco víctimas, ni menos que menos, santos o ingenuos.

Sí pienso que son, aunque no lo sufran de igual modo y a muchas feministas pueda darles urticaria también pensar en ellos, víctimas del machismo que los obliga a rendir, rendir y rendir. Pero, a diferencia de muchas mujeres, ellos no ven al machismo como su enemigo. Nunca como ahora los varones tuvieron el sexo tan sencillo –porque la mayoría de las mujeres asumimos que el sexo es un deseo y estamos gozosas de vivirlo–, pero sin embargo la prostitución y la trata crecen.

¿No es inexplicable? Salvo que se piense en dos mecanismos masculinos claves: el poder (el poder de mandar qué es lo que ellos quieren y no hacerle caso a Santa Rampolla sobre cómo hacer gozar a una mujer o detenerse en averiguar dónde queda ese clítoris que la televisión les muestra como si fuera una guía de autos que tienen que aprender a armar para que arranque) y la presión no sólo de rendir (que se les pare), sino de hacer gozar (el punto G que rebasó el pene).

Por eso, el Viagra no es para casos de emergencia, sino para varones que tienen –o sienten que deben– parecer erguidos. Y la prostitución, seguramente, es una salida para los que no quieren demostrar nada y en vez de buscar parejas (ocasionales o permanentes) donde liberarse, sentirán que se liberan de sus presiones pagando sólo por su propio goce.

Igual, la prioridad debe ser liberar a las mujeres. Pero también hay que pensar en despojar a los hombres de las presiones que los empujan a oprimir. Las dos son estrategias para no volver a tolerar, como ahora, otra generación de argentinos derechos –o erguidos– y humanos.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/subnotas/138265-44606-2010-01-10.html

  DURANTE 29 AñOS CONVIVIO CON BERGARA LEUMANN, PERO CUANDO MURIO LA PARENTELA LO ECHO A LA CALLE

El viudo de Eduardo Bergara Leumann es un ejemplo de cómo muchos varones y mujeres comparten toda una vida con su pareja, pero después del fallecimiento son víctimas de la desprotección legal y la invisibilización social. Angelone relata su tragedia.

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“Todo lo que tenga que ver para que se iguale al homosexual con un heterosexual y que seamos tratados como seres humanos, con las mismas leyes que todos me parece perfecto. Pero el problema no es sólo la ley de matrimonio sino que las leyes hereditarias son de la época de las carretas y afectan a las parejas homosexuales y también a las concubinas que no están casadas”, cuenta Daniel Angelone.

El es un ejemplo concreto de por qué aunque una travesti sea tapa de revista, un gay pueda presentar a su pareja en televisión, dos chicas besarse en una publicidad o Buenos Aires se declare “gay friendly” para recibir al turismo que deja divisas, en realidad, la falta de normas desprotege a las personas a las que no les cae el arroz de la bendición social.

“Yo estuve 29 años en pareja con Eduardo Bergara Leumann, el creador del primer café concert de Buenos Aires”, cuenta Daniel, con orgullo sobre su pasado, pero con pena sobre su presente porque fue echado de su casa, antes del velorio de la persona con la que vivió casi toda su vida. Ellos vivían en “La Botica del Angel”, que era su hogar y ahora es un museo. Un museo en el que no está registrada su historia, aunque vale la pena desempolvarla del placard de los recuerdos en donde la homosexualidad se guardaba bajo cuatro llaves. “Yo era futbolista de Belgrano de Córdoba. Pero tuve una lesión y vine a estudiar teatro a Buenos Aires. Una vez lo vi a él por televisión en un programa de Bernardo Neustadt y me impactó su personalidad. Casualidad, o no, un día iba al cine solo y me crucé con él en la calle Florida. Nos miramos. Nos gustamos. Hablamos. Y no nos separamos desde ese día hasta que murió”, describe.

Ese día en que se cruzaron en Florida, Daniel tenía 21 años y Eduardo 47. Ahora Daniel tiene 51 años, fue echado de la casa donde vivía, despojado de sus pertenencias y desacreditado de cualquier herencia, como le correspondería a un marido viudo. Eduardo murió un 5 de septiembre, la misma fecha en que nació y que cumplía 76 años, el año pasado. Cuando se conocieron había mucho futuro y la palabra muerte era innombrable. “El era muy reacio y supersticioso con el tema de la muerte. Si pasábamos por una sala de velatorios decía ‘mierda, mirá ese cartel asqueroso’ o cuando llamaban las chicas para venderle parcelas las insultaba de arriba abajo. Era un tema que no se podía hablar con él. Yo respeté siempre su forma de ser y no le pregunté nunca nada”, relata Daniel, que compartió con él la vida cotidiana en el departamento de Eduardo, en Córdoba y Uruguay, y después la casa de Luis Sáenz Peña, entre Venezuela y México. “Yo fui el amor de su vida y él fue el amor de mi vida y vivimos juntos siempre”, remarca y remarca su viudo por honor, pero no por escrito.

“Hace cinco o seis años él tuvo un accidente cerebrovascular. Por su peso, tuve que llamar a los bomberos para internarlo en la Clínica Favaloro y después estuvo un año internado en ALPI y ahí empezó su deterioro físico. Yo le hacía los trámites, las compras, todo y siempre lo cuidé”, remarca. Pero le gusta más acordarse de la época de oro donde la pantalla mostraba a un Bergara Leumann exultante de tango y glamour porteño. “También participé como actor y bailarín de tango de sus programas”, se enorgullece. La salida (no del closet, sino de la pantalla) generó mucho dolor. “Una sola vez tuve una discusión fuerte porque él no estaba trabajando y no entraba dinero. El estaba deprimido porque habían levantado su programa por la serie Martillo Hammer y vivía en la cama. Entonces le dije que vendiera obras de arte o vestidos que tenía entre sus recuerdos y que nos fuéramos de viaje. El no quiso y yo le prometí que iba a hacer un museo con sus cosas para que se pusiera contento”, cuenta.

Pero su amor quedó descolgado el día en que Eduardo no pudo sostenerle más la mano. “No bien él fallece, entre el primo, la prima, el albacea testamentario y un empleado se pusieron de acuerdo y me sacaron afuera de mi propia casa, incluso, antes del velatorio”, subraya. “Eduardo había dejado testamentos donde plasmaba su preocupación por mí. Pero, igualmente, yo quedé totalmente desprotegido después de haber vivido toda una vida con él. Incluso, todas mis pertenencias quedaron adentro, por eso tengo demandas por el daño moral y lucro cesante”, dice y opina: “La ley tiene que tener en cuenta quién fue la persona que lo cuidó y respetó toda la vida. Cuando alguien muere, hereda la esposa, el esposo o los hijos. Yo fui el amor de su vida, tengo 51 años, y me quedé apenas con ese legado, pero en la calle y es completamente una injusticia”.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-135361-2009-11-16.html

  UNA FAMILIA DE DOS MUJERES Y SUS TRILLIZOS EN LA TRANSICION HACIA EL MATRIMONIO HOMOSEXUAL

Silvina Maddaleno y Andrea Majul son mamás de trillizos que van a hacer su unión civil el miércoles, aunque dudan si no deberían pedir turno para casarse. La historia de esta familia da cuenta del amplio consenso social en torno del matrimonio gay.

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Andrea, Silvina y sus chicos Abril, Santiago y Jazmín.
Imagen: Sebastián Freire

“Es muy fuerte: de una vez, y para siempre, tu corazón está en otra persona. Es como vivir trasplantada en otros y otras que, a la vez, te copian los gestos, las inflexiones, los tonos, se hacen independientes y algunos ¡hasta se pueden hacer de Boca!”, cuenta y bromea Andrea Majul, de 41 años, para describir de qué se trata ser mamá de trillizos: Abril, Jazmín y Santiago, de dos años y tres meses. Andrea no estuvo embarazada, fue su compañera y la otra mamá de los trillizos, Silvina Maddaleno, de 36 años.

A Jazmín y Santiago los vino a buscar su abuela Stella Maris (la mamá de Silvina) para llevárselos a su casa con jardín de San Martín. A Abril se la lleva la tía Sol. Este fin de semana hay un respiro con causa: pidieron el fin de semana para prepararse porque el miércoles van a realizar la unión civil. Silvina ya sabe qué va a ponerse. Pero no cumple con la tradición: la novia conoce el traje. “No puedo no consultarla por cómo me queda la ropa”, confiesa, después de 17 años juntas. Y Andrea todavía está en veremos. Se conocieron cuando Andrea tenía 24 y enseñaba locución, y Silvina tenía 19 años y estudiaba. Ahora las dos son locutoras y redactoras y sueñan con un programa de radio y con más trabajo para solventar, por ejemplo, los 500 pañales por mes que tienen que comprar para Abril, Jazmín y Santiago. La palabra mamá las identifica a las dos, Pero Andrea es “mamu” y Silvina es “mami” para sus hijos/as. La maternidad no es un idilio permanente. Pero a Andrea se le agranda la sonrisa como se le estiran los brazos para tener a upa a sus trillizos cuando habla de los que revolotean la casa y tiran chupetes por el piso. “Cualquier círculo garabateado te emociona hasta las lágrimas y cualquier fiebre te da miedo”, define la maternidad. La que ellas viven de a dos y crían de a tres.

–¿Qué opinan del fallo de la Justicia porteña que autorizó el casamiento de Alex Freyre y José María Di Bello?

Andrea: –El fallo es maravilloso. El error es pensar que las familias diversas u homoparentales somos un tipo de familia diferente porque eso supone que hay un tipo de familia que es la regla y que deja afuera a un montón de mujeres solas y es una falta de respeto de los y las representantes ignorarlas. Es insultante no sólo para una minoría sexual, sino para la mayoría de la población. Pero ahora está la oportunidad de debatirlo. Hay consenso social para cambiar la ley. Sólo falta el valor de ponerse a tono con la sociedad civil, si no hablaría mal de nuestros representantes.

–¿Qué les cambiaría a ustedes, en concreto, la posibilidad de casarse?

Silvina: –Todo. Por ejemplo, yo ahora figuro como madre soltera. Lo importante es que no estamos pidiendo permiso para formar nuestra familia: nuestra familia ya está. Lo que pedimos es que nuestros hijos tengan los mismos derechos que los hijos de otras familias.

Andrea: –Si existiera la ley de matrimonio tendríamos los mismos derechos a la herencia, la patria potestad y los bienes gananciales. Y si no se aprueba, los más desamparados son los chicos porque si a mí me pasa algo mi heredera es mi mamá y no los chicos, por ejemplo –dice, antes de hacer volar por el aire a Abril y de ofrecerle jugo.

Silvina: –Y si a mí me pasa algo, la ley no ampararía que vivan con su otra mamá. Por supuesto que no se me pasa por la cabeza que mi mamá les saque los chicos a Andrea, pero va más allá de las situaciones puntuales, tiene que ver con los derechos de los chicos/as.

–Mucha gente dice “yo no discrimino a los gays y lesbianas, pero no quiero que puedan tener hijos porque los chicos van a sufrir discriminación”. ¿Cómo es su vida concreta?

Silvina: –A nosotras, desde el embarazo nos anotaron como grupo familiar en el Hospital Italiano y siempre nos trataron muy bien. Nuestra experiencia es muy buena. Por otra parte, los chicos siempre van a ser discriminados: por gordos, por usar anteojos o por cualquier cosa y hay que darles las herramientas para que puedan sobreponerse a eso: hay familias de dos papás, de dos mamás y familias que tiene una mamá y no papá o al revés. Ellos fueron ultra deseados y crecen en un hogar con muchísimo amor, a pesar del cansancio... Van a aprender a defenderse y van a crecer en un ambiente donde la diversidad es moneda corriente. La verdad es que nosotras siempre lo vivimos muy naturalmente.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-135342-2009-11-15.html

  MAS DE 20 MIL MUJERES REUNIDAS EN UN ENCUENTRO NACIONAL FIJARON EL ABORTO LEGAL COMO OBJETIVO PRINCIPAL DEL MOVIMIENTO

Las conclusiones del Encuentro Nacional de Mujeres que este año se celebró en Tucumán establecieron como meta reclamar la despenalización del aborto. Además, se denunció el aumento de la violencia de género y la trata para explotación sexual.

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Desde San Miguel de Tucumán

“Algo cambia en cada mujer que participa”, dice el lema del 24º Encuentro de Mujeres que terminó ayer en Tucumán con la decisión de que la próxima sede de una tradición (que ya va a tener un cuarto de siglo) sea Paraná, Entre Ríos. Al mediodía, en el Club Tucumán Central se leyeron las conclusiones finales de los distintos talleres: la principal fue defender la posibilidad de discutir cómo avanzar en la legalización del aborto seguro, legal y gratuito. También, a nivel local, se reclamó que la provincia adhiriera a la Ley Nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable que garantiza el reparto gratuito de anticonceptivos y que implemente la Ley de Educación Sexual Integral y se deroguen las clases de religión en las escuelas públicas.

Además, entre las conclusiones se denunció el aumento de la violencia de género, se repudió el secuestro y tráfico de mujeres y niñas para explotación laboral y se reclamó la implementación de medidas contra la desigualdad en el ámbito laboral.

Aunque, en realidad, la mayor ventura de las conclusiones fue que el Encuentro pudiera realizarse y que llegaran 20.000 mujeres de todo el país. Ya que la oposición y de las iglesias católica y evangélica al evento se sintió fuertemente, con intimidaciones a las organizadoras, avasallamientos en los talleres sobre estrategias para que el aborto sea legal, seguro y gratuito, y fieles que demonizaban a las mujeres que marchaban para denunciar la alta tasa de mortalidad materna, la trata de personas, los femicidios y los abusos sexuales cometidos en la Argentina. También, por primera vez desde sus orígenes, se sintió un gran despliegue policial con tiros al aire, algunos gases lacrimógenos y un grupo de policías antimotines entre las manifestantes.

“El obispo (de Tucumán) Luis Héctor Villalba hace muchos meses que generó un ejército de ocupación para que vengan a intervenir este espacio que tiene como objetivo defender los derechos de los mujeres con un discurso totalmente contrario a los derechos de las mujeres. La Iglesia pretende disciplinar un espacio que es adverso al encasillamiento de la mujer en el rol de madre abnegada”, define la psicoanalista y pionera del movimiento feminista argentino Martha Rosenberg.

El conflicto con la Iglesia impidió que se pudieran sacar conclusiones de muchos talleres y que, incluso, la Comisión Organizadora de Tucumán se dividiera en relación con qué posición tomar con las fieles católicas que coparon los espacios de debate y que, finalmente, fueron expulsadas de las escuelas en donde se intentaban realizar los intercambios de experiencias. “Se repudió a la Iglesia, que tiene técnicas militares de copamiento de los lugares de discusión: llegan más temprano, llenan el territorio, no dejan de hablar y ocultan su oposición, entre otras cosas. Por eso, una de las conclusiones fue repudiar esa metodología y la de cualquier otro grupo que quiera impedir el trabajo en los talleres”, relató Rosenberg.

La resistencia in crescendo que generan los Encuentros de Mujeres no refleja su debilidad, sino el poder que genera la unión de mujeres de diferentes segmentos sociales y regiones del país cuando se juntan. “El Encuentro es un espacio de valor político tan importante que se convirtió en una especie de territorio en disputa. La posibilidad de que las mujeres intercambien sus experiencias aparece con una potencialidad tan peligrosa que la Iglesia no la puede tolerar y, por eso, genera una especie de invasión”, advierte Rosenberg. Y también critica a otros grupos: “Las otras fuerzas que disputan territorio son algunos de los partidos de izquierda, que tratan de imponer una metodología que no es la de los Encuentros y que no pueden tolerar que las conclusiones se tomen por consenso y que los talleres tengan opiniones diversas”.

La comunicadora Liliana Daunes también hace su balance: “Quedó claro que la Iglesia fanatiza a sus seguidores/as y los mandan en cruzadas contra las mujeres, como en los tiempos de la Inquisición. Protegen los templos, como si fueran fortalezas. Y actúan de manera militarizada, en connivencia, en este caso, con las fuerzas represivas, que compartieron la ‘custodia de la fe’. Aunque, por otro lado, vemos crecer el ideario y las prácticas feministas, sobre todo en los grupos juveniles que intentan vivir más libremente”.

Pero además de cerrarle la puerta a la Iglesia y de sumar a más chicas jóvenes, en Tucumán se abrieron nuevas ventanas regionales: “Una novedad fue la presencia de feministas latinoamericanas, convocadas por la articulación Feministas Inconvenientes y el Espacio de Mujeres del Frente Darío Santillán. Se realizó la denuncia del golpe de Estado en Honduras y la creación de redes de apoyo a las Feministas en Resistencia de ese país. Se convocó a una campaña internacional por la libertad de la maestra Agustina Flores López y de todos los presos políticos de Honduras. Y también a la solidaridad con el Movimiento Sin Tierra de Brasil, que está sufriendo la persecución y judicialización de sus militantes. Por eso, se mostró la vitalidad de un feminismo inconveniente para el patriarcado y para el capitalismo, que teje sus costuras finas, en los telares del pueblo”, resalta la educadora popular Claudia Korol.

¿Cómo sigue en 2010 en Paraná? Rosenberg visualiza: “Las feministas que estamos en el origen de la idea de encontrarse con las mujeres de base creemos que vamos a tener que crear otros espacios de seguridad, no sólo físico (hubo golpes contra algunas de las participantes), sino para poder estar con gente de buena fe en los talleres, ya que la mala fe de la Iglesia fue terrible en Tucumán”. La periodista y psicóloga Liliana Hendel también apunta con esperanza a la próxima reunión en el Litoral argentino: “Sueño con una marcha sin banderas, con miles de mujeres cantando la consigna de la campaña a favor del derecho al aborto, con la exigencia del cumplimiento de todos nuestros derechos y, también, del derecho a decidir”.


Los encuentros hacen historia

“Existe algo en los encuentros que se vive desde el cuerpo. Es allí donde quienes escuchan el llamado a participar se sienten interpeladas. Ese cuerpo es historia, ese cuerpo que es cultura, ese cuerpo por donde se vive el placer y se experimenta el dolor. Ese cuerpo por donde circula el poder. Es un cuerpo expropiado para muchas, es una batalla recuperar la decisión sobre el cuerpo para todas”, define Mujeres que se encuentran, una recopilación histórica de los Encuentros Nacionales de Mujeres en Argentina, de 1986 al 2005 (identidad, feminismo, historia, voz, lucha, autonomía, decisión), escrito por las investigadoras de Ciencias de la Comunicación Amanda Alma y Paula Lorenzo, coordinado por Claudia Korol y editado por Feminaria. El libro mete en la biblioteca la trayectoria, giros y avances que produjeron los Encuentros de Mujeres en la Argentina.

Más información: mujeresqueseencuentran@gmail.com


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-133397-2009-10-13.html

  LUISA CALCUMIL, ARTISTA MAPUCHE


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Desde Tucumán

“Es una morochita que siempre va macaneando”, la definió su marido, Omar García, cuando la conoció en el Valle de Río Negro, hace más de 40 años. Ella hacía el secundario y trabajaba desde los 9 años cuidando niños y niñas en las cosechas de uva y en las fábricas empacadoras de tomate. También conocía la discriminación, la mirada hiriente que atravesaba su pelo negro. “En las escuelas recibíamos burlas por ser mapuches, pero nunca los maestros nos hablaron de nuestra pertenencia”, cuenta.

Luisa Calcumil parió un 11 de octubre, la fecha emblemática en donde se conmemora el último día de libertad de los pueblos originarios, a su primera hija: Cecilia hoy tiene 35 años y parirla en esa fecha es parte de las hebras, la fuerza y los deseos que llevaron a Luisa a parirse a ella misma como una mujer y artista mapuche. También tuvo a Matías, de 28 años, pero se ríe frente a su reclamo de sentirse huérfana de nietos. Aunque sesenteando –como ella cuenta su edad–, su pelo sigue tan brillante y negro y sus rasgos, tan marcados como su alegría.

También sus ganas de viajar, cantar y defender sus orígenes y sus horizontes. Ella vive en Fiske Menuco (que en mapuche quiere decir pantano frío), en Río Negro, una ciudad que oficialmente se llama General Roca y ella se niega a nombrar así. Luisa se define como cantora, actriz, dramaturga, narradora popular. Y, por sobre todas las cosas, obstinada. Como cuando quiso ir a la escuela, a pesar de tener cinco años y que sus padres no tenían para comprarle útiles y zapatillas. Y lo logró. Ya filmó siete películas, de las cuales la más conocida es Gerónima y la que todavía está sin estrenar es El grito de la sangre, de Fernando Mussa.

Ella es un símbolo de la visibilidad de las mujeres mapuches que fueron denigradas, a partir de la conquista que empezó un 12 de octubre, justo el día en el que terminó el 24º Encuentro en el que ella participó cantando en el Centro Cultural Terán, de San Miguel de Tucumán. “Yo planteo los reclamos indígenas en un encuentro con las personas no separándonos”, define. Y explica por qué participa del encuentro: “Las mujeres tenemos la fuerza y somos la esperanza. Pero a mí no me interesa el poder, sino la virtud de torcerles el brazo al consumismo y la enajenación. En nuestra cultura la mujer corajuda, sabia, valiente, alegre es respetada y consultada”.

–Los que quisieron boicotear el encuentro se escudaron en la palabra vida. ¿Qué es la vida en su cosmovisión?

–Encuentros y lucha. ¿Por qué la Iglesia no piensa en los niños que se mueren de hambre y devuelven el oro? La mayoría de los que sufren la indigencia son nuestros hermanos wichí, toba, guaraníes o collas. Para mí la vida es eso que ellos nunca pudieron entender y, por eso, tuvieron que imponer su cultura: la vida es celebración.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/subnotas/133397-43037-2009-10-13.html

  CERCA DE 20 MIL MUJERES MANIFESTARON POR LAS CALLES TUCUMANAS EN EL 24º ENCUENTRO DE MUJERES

El encuentro de mujeres de todo el país en Tucumán despertó la reacción de sectores conservadores de la Iglesia Católica con una virulencia que llegó al intento de copar las reuniones para impedir los debates.

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Desde San Miguel de Tucumán

“Qué momento, qué momento, a pesar de todo les hicimos el Encuentro”, fue el canto que más resonó en la multitudinaria marcha de más de diez cuadras y una cifra cercana a la estimada de 20 mil mujeres según estimaron las organizadoras del 24º Encuentro de Mujeres, realizado en Tucumán. El 10, 11 y 12 de octubre del 2009 es la segunda vez que las mujeres de todo el país llegaron a la provincia –la primera vez fue en 1993–. Este año se dio frente a una virulencia de sectores eclesiásticos que no se había visto antes y que provocó el reproche, frente a frente, de las mujeres a varones y mujeres que rezaban y se resguardaban con carteles de fetos con la consigna “Sí a la vida”.

Los Encuentros de Mujeres nacieron en 1986, son autofinanciados y autoconvocados y tienen la modalidad de discutir en talleres abiertos temas que van desde el aborto al medio ambiente. Pero, desde que empezaron a tomar fuerza y a sumar mujeres (la cifra de concurrentes se multiplicó muchísimo desde las primeras 600 integrantes hasta las actuales 20 mil señoras, jóvenes y adultas que viajan de todo el país para juntarse) y que ríen, cantan, discuten y charlan sobre sus problemas y deseos, cada año en una provincia distinta.

La marcha final del 2009 se realizó con serios incidentes con sectores religiosos que sumaron alrededor de 300 a 500 fieles frente a iglesias e hicieron sonar las campanas sin parar para que no se pudieran escuchar los cantos de las mujeres. Sólo en Mendoza, Salta y San Juan provincias fuertemente conservadoras los enfrentamientos habían sido tan virulentos. Y, hasta ahora, no se había visto tanto despliegue policial, primero con cordones integrados solamente por personal femenino de las fuerzas de seguridad y después por policías anti motines que corrieron a las manifestantes, tiraron gases lacrimógenos e, incluso, algunos miembros de civil le echaron pimienta en los ojos a una travesti –Maité, de Córdoba– que después fue golpeada en el piso, y levantada por sus compañeras. El miedo generó corridas. Y demostró que las mujeres movilizadas asustan.

Pecadores en barra

Los balcones ya anunciaban una embestida con banderas amarillas y blancas del Vaticano colgadas en los edificios. Pero frente al Colegio Sagrado Corazón se destapó la estrategia de la Iglesia: una barra de muchachos de colegios privados rezando el rosario. Mientras las mujeres les gritaban a la cara “Saquen sus rosarios de nuestros ovarios”. “La Iglesia, esta vez, estuvo como nunca en todos los talleres impidiendo que debatamos sobre sexualidad, mientras ellos tienen un montón de curas abusadores”, apuntó María Eugenia Bengolea, de Apostasía Colectiva que promueve el renunciamiento de las mujeres a la Iglesia Católica.

El caso del cura César Grassi –condenado a 15 años por abuso sexual de menores, pero todavía en libertad– no es un caso aislado. En Estados Unidos, la Iglesia de Boston quebró económicamente por las indemnizaciones que tuvo que pagar a causa de los juicios masivos por las violaciones sufridas por cientos de niños/as y adolescentes. Por eso, las mujeres del Encuentro tomaron la lucha contra el abuso sexual como otra de sus consignas. “Sí señores, sí señores, prohíben el aborto los curas abusadores”, denunciaron en rima. Y remarcaron: “¡de menores!”. El canto pasaba por las esquinas y alguna gente de Tucumán miraba pasar la marcha. Un pelado de remera con cuellito y brazos cruzados dejó, por un segundo, su charla sobre Palermo y lanzó “tienen razón” para volver a hablar de Palermo.

No todo es intolerancia, pero las mujeres se sienten tan agredidas que se emocionan cuando frente a la vidriera del negocio “Club Fun” con vestiditos con flores y caballitos –¡preciosos!, nada mejor que marchar y mirar vidrieras a la vez y sin culpas– leen un cartel que dice: “Bienvenidas mujeres de todo el país”. La moda de la solidaridad gusta tanto que se toman fotos con el pulgar en alto para desvestirse, por un rato, de las agresiones que escuchan por ser mujeres y luchar por los derechos de las mujeres.

En la calle, la Iglesia hizo una pegatina de carteles con la consigna “Tucumán por la vida” y en la antítesis permanente de la noche del 11 de octubre un cartel que lleva la delegación de la CTA consigna: “En la provincia de Buenos Aires muere una mujer cada 48 horas”. Pero la marcha deja las risas y la calma y los bailes cuando llegan a una Iglesia, donde, según estimaciones policiales, entre 300 y 500 fieles custodiaban la puerta, supuestamente, para que no pinten el templo religioso.

Los varones que se ponen como custodia, la campana que quiere silenciar la marcha y las cruces que demonizan a las mujeres provocan ira. Y algunas de las manifestantes contestan con pintura roja, jugo, naranjas o escupitajos. El objetivo mediático de los fieles es no responder, intentando imitar el famoso lema de poner la otra mejilla. Aunque, por lo bajo, pegan patadas. Noemí Artero denuncia: “Uno de los católicos me agarró del cuello y me pegó”. Pero la consigna es que nadie reaccione ni hable. O, por lo menos, que no se note.

“Si el papa fuera mujer el aborto sería ley”, les reclaman las mujeres. Y ellos no callan: rezan, como en un cassette sin stop. “Bendita tu eres entre todas las mujeres, Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores”, dicen, repiten, dicen, repiten los barrabravas forzados a portarse como corderos.

–¿Sos virgen? –pregunta Página/12 a un muchacho de 20 años con pinta de dormir el domingo después del sábado a la noche que no sabe no contesta.

–Bendito sea el fruto de tu vientre, Jesús –dice. Reza. Y mira para otro lado.

Pero cuando mira para otro lado no puede evitar reír. Un grupo de jóvenes se sacan las remeras y se quedan en tetas. Se suben a caballito y se las muestran. “Yo decido sobre mi cuerpo”, dice una y repite otra y muestran los pechos, la espalda, los pezones, en un topless militante que recuerda –o muestra como todavía es necesario– el corte de corpiño con el que empezaron las primeras luchas feministas. Los fotógrafos se divierten. Y las chicas inventan una nueva consigna contra la barra eclesiástica: “Vos, pescado, no mires que es pecado”.

Los cantos llevan como un hilo a una marcha que saca el miedo de mirar de frente a quienes traban el reparto de anticonceptivos, las ligaduras de trompas, la educación sexual en las escuelas y los juicios por abusos sexuales. “A la Iglesia les decimos que se nos da la gana ser putas, travestis o lesbianas”, canta un grupo liderado por Lohana Berkins. También dos chicas de la Lesbianbanda se besan frente a la Iglesia. Pero la Iglesia no está sola. No sólo está custodiada por cientos de policía, sino que cuando la marcha llega a la catedral, los policías ya no son mujeres, ni están desarmados. Un grupo antimotines con palos y escudos empieza a correr a la manifestación y a tirar gases lacrimógenos. “Nunca habíamos visto a la cana custodiando así a las Iglesias. No hay que olvidarse que esta es la provincia donde gano (Antonio) Bussi como gobernador (en 1995) y donde la policía es cómplice de la trata de personas”, contextualiza Ana que por el miedo que dan los gritos, los rezos, los campanazos, los palos y la tensión que se mira frente a frente entre dos miradas enfrentadas, una con las ganas de rebelión y otra con el poder de la fuerza, prefiere resguardar su apellido. Cuando la marcha avanza y las mujeres se van los hombres se vuelven valientes y se desquitan: “Viva la virgen María! ¡Viva la patria!”. Epa, cuántos tendrán tantos recuerdos. Por eso, las mujeres les recuerdan su silencio en la dictadura: “Cuando se los llevaban, ustedes no hacían nada”.

La marcha que no fue silenciada

Lida Adorno vino a Argentina desde Paraguay, vive en Constitución y trabaja en un ropero comunitario. Es madre de tres varones y ejemplifica: “Yo estoy sola con mis tres hijos y ellos van creciendo con lo que ven: no hay trabajos de nene o de nena. Si mamá barre, Iván barre y el que se salva, por ahora, es el bebé”, se ríe. “El hombre nuevo no va de putas”, dice la remera que llevan Iván y Sebastián y dan esperanzas de nuevos hombres nuevos.

No son los únicos hombres de la marcha. “Carlos FuenteAlba presente”, dice un cartel. Y otro recuerda a Julio López. Y en cuerpo y alma, Luciano Fabbri, del Frente Darío Santillan, integra, a los 27 años, la agrupación “Varones antipatriarcales”, de La Plata. “No es sólo por solidaridad que estoy acá. El feminismo es la misma lucha que la mía y me hace más libre”, sonríe Luciano, desde sus ojos celestes tapados por una gorra. “Estoy liberado absolutamente de los mandatos patriarcales con los que nos crían a los varones que nos enseña que no somos vulnerables, pero sí proveedores, penetradores y activos. Eso es un peso que a la mayoría de los varones cargan y que nos tenemos que sacar de encima”, recomienda. A él se lo ve suelto. Y sumado.

La marcha se amplía con varones que acompañan y crecen con nuevas actitudes. Pero también la marcha marca que las mujeres son, todavía, son más vulnerables que los varones. Frente al Poder Legislativo las mujeres gritan: “Aborto legal, en el hospital”, para que se aprueben leyes que saquen de la clandestinidad y de los riesgos de perder la vida a las mujeres que interrumpen un embarazo.

Pero además de nenes y nenas también hay señoras mayores, canosas, que se tapan la boca y se ríen, como si estuvieran haciendo una travesura, cuando dicen lo innombrable, aún con una palabra que nombra la vergüenza que todavía dan los órganos genitales femeninos: “Mujeres, en lucha, cuiden sus cachuchas”, dicen, cuando se destapan la boca. Y se repreguntan todo lo que hicieron toda la vida como si no hicieran nada. Y gritan en nombre de las diferencias en el reparto de las tareas doméstica que todavía obliga a las mujeres a sobreexigencias personales, hogareñas y laborales. Pero no se discute ni adentro ni afuera de los hogares. “Mujer que se organiza no plancha la camisa”, dicen. Y ya nadie las deja planchadas.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-133342-2009-10-12.html


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Desde Tucumán

“Fuimos a sentarnos a comer empanadas y no nos atendieron en un bar céntrico”, cuenta un grupo de mujeres que llegó desde Buenos Aires para participar del 24º Encuentro de Mujeres de Tucumán. Esperamos porque creíamos que estaban atendiendo una mesa, pero nos dijeron que no podíamos comer ahí. Les dijimos que nos llevábamos las empanadas y tampoco nos quisieron vender”, relatan. Recién en ese momento se dieron cuenta de que la clásica comida regional norteña se les estaba negando por portación de pañuelo verde (a favor del aborto legal, seguro y gratuito) y que lo mismo le estaba pasando a otro grupo de mujeres que venía a cenar después de participar de los talleres de debate realizados, este año, en Tucumán. Pero por si les quedaba alguna duda, la dueña del restaurante les reprochó a sus clientas despreciadas: “Ustedes tienen problemas personales y vienen a marchar acá”. Entre eso y los latiguillos machistas que dicen que una mujer que reclama derechos es porque tiene problemas sexuales o no es bien atendida no hay diferencia. O sí. El Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (Inadi) va a abrir una denuncia por discriminación a las mujeres de verde.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/subnotas/133342-43020-2009-10-12.html

  GRUPOS ULTRACATOLICOS BUSCARON OBSTACULIZAR LOS DEBATES EN TUCUMAN

Con falsas denuncias y respaldadas a distancia por grupos de hombres, mujeres ultracatólicas intentaron impedir los debates y fueron expulsadas. “Pueden participar todas, siempre que acuerden en profundizar los derechos sexuales y reproductivos.”

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Desde San Miguel de Tucumán

Un grupo de mujeres intentó copar los talleres –pero especialmente los dedicados a la problemática del aborto– para que los debates propuestos por el 24º Encuentro de Tucumán no avancen en la propuesta de nuevas normas que regulen el aborto no punible o la atención post aborto. El argumento fue insistir con la discusión de la filosofía eclesiástica que considera que las jóvenes tienen que llegar vírgenes al matrimonio y sostiene que las mujeres deben gestar los hijos que lleguen a su vientre –aprueban apenas el coitus interruptus– e incluso exponer su vida si el embarazo pone en riesgo su salud.

El sábado 10 de octubre un grupo nutrido de religiosas, de distintas edades, ingresó a la Escuela Mármol –la sede de debates donde se produjo la mayor cantidad de incidentes– y una señora le mandó un mensaje de texto a su marido para que la defienda de las supuestas agresiones que las participantes con pañuelos verdes –que las identifican con la consigna “Anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir”– le estaban propinando. El domingo, los grupos religiosos volvieron a irrumpir masivamente en otra reunión.

Había distintas posturas entre las integrantes de la Comisión Organizadora del 24º Encuentro de Mujeres sobre cómo resolver la situación, pero finalmente las religiosas fueron expulsadas de las discusiones programadas para avanzar en los derechos de género, en una ciudad en la que un sector de la población es fuertemente conservador y, por eso, no está reglamentada la Ley de Educación Sexual Integral, la Ley de Derechos Sexuales y Procreación Responsable, y la educación pública no es laica ya que contiene como materia obligatoria clases de religión.

Las expulsadas –que en realidad habían ido a provocar a quienes querían juntarse a conversar en un taller llamado “Estrategias para aprobar la legalización del aborto”– empezaron a gritar ofendidas: “Si es un Encuentro de Mujeres ¿por qué no nos dejan participar?”, como lo hizo, por ejemplo, Georgina Núñez, de 24 años.

“Es sorprendente que en el siglo XXI exista este activismo fascista”, subraya la directora del Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (Inadi), María José Lubertino. “Desde el Encuentro de Mendoza (en el 2004), donde recién se había aprobado la anticoncepción de emergencia y había una tendencia muy agresiva en la población, que no se veía algo tan extraño”, refleja Lubertino en una escuela donde adentro se respiraban debates y afuera las mujeres ultracatólicas se quejaban de censura y una extraña barrera de varones esperaba en cada esquina.

Adentro de la escuela, las chicas más jóvenes cantaban consignas contra la Iglesia. Una de las mujeres, alta y elegante, que quedó en la calle estaba vestida de negro, tenía tacos y una adherente remera negra. Sorprendió su gesto cuando levantó su dedo en señal de fuck you. Ella, junto con otras militantes conservadoras, custodiadas desde la cuadra de enfrente por un batallón de muchachos que parecían un vallado de jugadores de rugby, no se fueron de la puerta como para seguir amedrentando con su presencia. La mujer que alzó su dedo también baja el martillo. Es Josefina Penna, jueza de paz de Yerba Buena, en Tucumán. “Nosotras defendemos la familia, pero ellas nos excluyen por católicas y agreden nuestro credo”, sostuvo.

–¿Por qué les interesa venir a un Encuentro que convoca a estrategias para legalizar el aborto cuando ustedes no están de acuerdo con el aborto?

–No es copar el Encuentro –respondió Penna– ni es un intento de provocación. Es que si el Encuentro se llama de mujeres tiene que llamarse de mujeres, si no que se llame de abortistas.

–¿Les preocupa bajar la mortalidad materna que en Argentina tiene indicadores altísimos (prácticamente muere una mujer por día) y es mayor que en Uruguay, Costa Rica y Chile por la cantidad de fallecimientos por abortos clandestinos?

–Es como si te hacés una cirugía estética o transportás droga dentro de tu cuerpo y terminás muriendo. Si abortás te estás sometiendo a un riesgo innecesario. Tenés que parirlo al chico y entregarlo –propone en un argumento que esgrime a las mujeres como fábricas de hijos para familias que buscan procreadoras gratuitas.

Liliana está con ella –es su tía– y aunque no quiere dar su apellido se muestra más enérgica contra las mujeres que mueren como consecuencia de la falta de atención hospitalaria durante y después de la interrupción de un embarazo no buscado: “Son asesinas, por eso se ponen en ese riesgo”, las culpa. Mirta Moyano también replica contra el interés por bajar la mortalidad materna: “Hablan de la mortalidad materna y no se preocupan por la seguridad de la gente inocente”, arremete en tono mediático.

Ante las preguntas de la prensa, ellas se muestran como mujeres que, individualmente, habían decidido concurrir al Encuentro. Sin embargo, la gran cantidad de merchandising religioso en toda la ciudad, la cantidad de varones amedrentando a las participantes de las escuelas y la organización posterior en la marcha para custodiar la Catedral reflejaron un dispositivo dispuesto para que en el 24º Encuentro no se pudiera debatir. O que, mediáticamente, quedara estigmatizado como violento y conflictivo.

Y ellas se mostraban como víctimas, sí, con esa palabrita tan de moda: inocentes. El sábado una mujer dijo ser golpeada y el domingo otra expresó que la habían tirado por la ventana. También llamaron a una ambulancia por la supuesta agresión a una fiel católica. Un periodista –que prefiere reservar su identidad– del diario local La Gaceta contrapone: “Estuve todo el día en la puerta de la Escuela Mármol. Una mujer dijo que la tiraron por la ventana, pero yo la vi tirarse a ella ex profeso. También se denunció que hubo una mujer golpeada pero yo hablé con el paramédico y me relató que lo llamaron porque había una señora con hipertensión”.

Moyano sabe que mostrarse como expulsadas y agredidas va a prender en muchos medios. Por eso, aprovecha los micrófonos y se queja: “Hay distintos movimientos pro vida y queremos libertad de expresión”, un latiguillo muy utilizado últimamente por sectores de poder que, en este caso, buscan volver a una visión de la mujer que la reduce a sus supuestas funciones naturales. Florencia también está exaltada y compara (en un sesgo de darwinismo machista): “Yo tengo una perra y nunca la vi abortar y la vi pariendo dos veces. Nunca se van a sacar un hijo como si fuera una cucaracha”, compara.

El impulso de la Iglesia a que las mujeres irrumpieran en las escuelas se intentó hacer pasar por una casualidad permanente. Sin embargo, quedó claro al final de la marcha que fue un plan sistemático frente a la convocatoria de las tucumanas a que las mujeres de todo el país debatan en su tierra. “No te voy a dar mi nombre porque formo parte de una institución católica, pero lo que necesita este país son familias bien constituidas”, dice una activista católica, que también muestra que la jerarquía eclesiástica –y sus fieles más militantes– está empezando a priorizar la pelea contra la diversidad sexual, ante la mayor visibilización de mujeres lesbianas en los Encuentros.

Sofía Ganem, de “Jóvenes por la elección y el placer”, dice desde el patio de la Escuela Mármol, donde los carteles festejan las carabelas y el día de la raza y muestran a las familias de mamá y papá sin reflejar ninguna posibilidad vincular diferente. “Las católicas buscan romper la dinámica del Encuentro y desnaturalizarlo. Están provocando para que salga en los medios que somos violentas. Una tía mía me mostró cómo la Iglesia los convocó por mail para que los varones traigan a las mujeres en camionetas y que ellas se metan en los talleres. .”

“Las marchas de la Iglesia no son significativas en cantidad de gente . El Encuentro es plural pero con la base del acuerdo en sostener y avanzar en los derechos sexuales y reproductivos. Aunque no hay que asustarse”, pide Lubertino.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/subnotas/133342-43021-2009-10-12.html

Miles de mujeres abrieron un nuevo Encuentro Nacional en una Tucumán donde se nota la oposición conservadora. Católicos y protestantes hicieron un acto conjunto “por la vida”.

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Desde San Miguel de Tucumán

Miles de mujeres inauguraron a las once de la mañana de ayer el 24º Encuentro de Mujeres en la cancha del Club Tucumán Central. La ya tradicional reunión, que arrancó en 1986 en Buenos Aires, trascendió los talleres sobre puntos centrales y clásicos como feminismos, sexualidad, lesbianismo, anticoncepción, aborto y violencia. En este encuentro se habla de abuso sexual infantil y trata de personas, medio ambiente, desarrollo agropecuario, política, actividad física, deuda externa, tiempo libre, cárceles, capacidades diferentes, ciencia, desocupación, sindicalismo, adultas mayores, e, incluso, terapias alternativas.

“Hoy somos muchas más”, remarcó Vicky Disatnik, de la Comisión Organizadora del Encuentro, que cada año cambia según la provincia elegida. Uno de los aspectos centrales es que las mujeres se autoconvocan –no está promovido por ningún partido político ni organización nacional o internacional– ni tiene equivalentes en otros países. Las discusiones son horizontales y democráticas y la organización de volantes, sedes, mapas y otros gastos de producción se cubren con el pago de 7 pesos de inscripción. De las veinte mil mujeres presentes según las organizadoras, ocho mil son becadas.

La masividad de la convocatoria –y las conclusiones de sus debates– generan resistencia en la Iglesia Católica, el movimiento evangélico y otros sectores conservadores. En Tucumán se nota la oposición religiosa frente a la posibilidad de poner en la agenda pública la despenalización del aborto o la sistematización de la atención de los abortos no punibles. El sábado, primer día del Encuentro de Mujeres –que dura hasta mañana– y tiene como epicentro la marcha del domingo a la tarde, las mujeres se acercaban a la cancha del Club Tucumán. En la puerta había vendedores de panchos, pero a falta de fútbol también se vendían tortas, hebillas y artesanías norteñas.

A veces la teoría se junta con la práctica. Los pañuelos verdes se multiplicaban como la consigna por legalizar el aborto y que las mujeres sean bien tratadas antes y después de interrumpir un embarazo en los hospitales públicos. Las voces de las organizadoras pedían educación sexual, jardines maternales, detener la violencia de género y la mortalidad materna. La consigna se volcaba en las cabezas que se cubrían del mareo de sol con el que arrancó el Encuentro.

Amanda Currecoy se sentó 36 horas en un micro para llegar desde Bariloche. No bien bajó, se puso a caminar junto a sus amigas para juntarse con otras mujeres a las que no conoce, pero con las que se siente unida. “Vengo porque aprendo muchas cosas. Yo me quedé viuda con tres chicos y tuve que criarlos sola. Antes creía que era la única, pero en los Encuentros me di cuenta de que éramos muchas y que lo que nos pasa no es una pavada. Después de escuchar tanto, ahora queremos poner en Bariloche un hogar para mujeres golpeadas”, dice y camina.

La oposición

Tucumán, que fue famosa en la crisis de 2001 por los niveles de desnutrición infantil que mostraban a niños y niñas raquíticos en el Hospital Niño Jesús, amaneció con rostros de bebés –llamativamente rubios en una provincia que no tiene mayoría de descendientes europeos– rodeando la Plaza Independencia con la consigna “Sí a la vida”.

La palabra vida se usó una y otra vez como bandera para repudiar el Encuentro de Mujeres, aunque no fue convocado para luchar contra la vida. El marketing religioso, que unió ayer en una marcha a evangélicos y católicos, se apoderó de esa palabra para tildar los debates que buscan bajar la mortalidad materna de anti-vida.

El clima antiencuentro se sintió bastante fuerte en la noche del viernes 9 en una marcha del Equipo Pastoral de Tucumán, con el apoyo del Arzobispado local, que convocó a alrededor de 200 personas, en la Plaza Independencia, con la consigna “Por el derecho a nacer”.

La politización de la cruzada conservadora –en una provincia en donde, a diferencia del resto del país, no está regulada la ley que promueve el reparto de anticonceptivos– se notó en el acto. “Los legisladores, diputados, senadores y gobernadores que no respeten la vida tienen que tener cuidado porque no los vamos a votar”, amenazó en tono altivo el pastor José Valoy.

La diferencia entre los líderes católicos y evangélicos es que los seguidores de un protestantismo ultra conservador fomentan un mayor activismo. “Dios nos está provocando a que se levante una militancia porque el mal avanza y la intención del mal es establecer principios anti vida en nuestra provincia. Hay organizaciones apoyadas desde el extranjero y el gobierno que están promoviendo el aborto y la disolución de la familia”, azuzó el pastor.

Paula es rubia y tiene 18 años, fue a la plaza “a defender sus valores”, según contó con voz tímida. ¿Conocés a alguna adolescente embarazada? “Cercana no, pero lejana sí”, contestó. “Yo estoy a favor de la abstención sexual, pero respeto si otros no piensan como yo, pero con el aborto no, estoy totalmente en contra”, remarcó.

Sofía Ganem tiene 21 años e integra Jóvenes por la Elección y el Placer. Ella sí conoce a chicos y chicas que no se cuidan y defiende la legalización del aborto. Y no por estar en contra de la vida. “No queremos que se mueran más mujeres –subraya–. En Tucumán hay dos circuitos clandestinos, el que es más seguro y el de las mujeres que todavía abortan con agujas de tejer o yuyos y se infectan o mueren y cuando van a un hospital las recibe un policía para denunciarlas y no un médico para asistirlas”.

Un dato nuevo es que, además de fustigar contra la legalización del aborto, en el acto interreligioso se atacó a la diversidad sexual con mayor énfasis que en otros encuentros, seguramente por los avances en la visibilización de los grupos de lesbianas. “Pero nosotras no vamos a destruir la familia como dice la Iglesia. Perfectamente se puede tener hijos y formar una familia homoparental”, dice, llegada desde Córdoba, Ivana Viatto, más conocida como “Super Lesbian”, con la capa multicolor del movimiento de Lesbianas, Gays, Travestis, Transexuales y Bisexuales e Intersexo (Lgttbi).

En el cruce de miradas, opiniones y derechos, el pastor Valoy auguró: “Están confundidas y se van a ir de Tucumán con las manos vacías porque Tucumán es luz y decretamos la victoria de la victoria contra la muerte”. Los católicos son más discretos, pero igualmente se hicieron notar con banderas amarillas y blancas colgadas de los balcones, como si el papamóvil estuviera por pasar. Mientras que el obispo Luis Villalba decidió cerrar las puertas de la Catedral y suspender la misa de hoy, día en el que está prevista la marcha del Encuentro de Mujeres.

La presión de los grupos conservadores tuvo sus consecuencias. Ruth Zurbriggen viajó 25 horas desde Neuquén e hizo levantar el polvo del Club Tucumán Central con Frida Kahlo en su remera agitando sus aros junto con sus saltos. Pero la frenó una noticia. Ella integra la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito y se enteró que se habían quedado sin carpa para instalar en la plaza. “Los empresarios que nos la iban a alquilar nos pusieron excusas climáticas, pero, evidentemente, es por las presiones eclesiásticas”, aseguró Ruth. Las organizadoras compraron dos gazebos y los enmantelaron de verde.

No para todas la fe y la defensa de los derechos de las mujeres están cruzadas. Las copleras jujeñas bajaron del norte y alzaron la voz y las rimas, pero también las luchas en el escenario del Encuentro: “Nos dirán piqueteras porque siempre estamos cortando la ruta para pedir algo”, reivindicaron. Y desearon, con esa sensación que suena a esperanza y que no tiene por qué ser bastardeada: “Que Dios, la Virgen y la Pachamama las bendiga. Y Ojalá que Dios nos preste la vida para volvernos a reunir”.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-133298-2009-10-11.html

  GRUPOS CONSERVADORES CONTRA EL ENCUENTRO DE MUJERES QUE EMPIEZA HOY EN TUCUMAN

El encuentro se lleva a cabo en la provincia donde desapareció Marita Verón y donde aún no se aplica la Ley de Salud Reproductiva. La Iglesia ya inició una campaña en rechazo al aborto y convocó a sus fieles a participar del evento.

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Desde San Miguel de Tucumán

“Hay grupos fascistas que han hecho una campaña sistemática contra el encuentro de mujeres”, apunta Vicky Disatnik, psicóloga e integrante de la Comisión Organizadora del 24º Encuentro de Mujeres en Tucumán que se realiza, a partir de hoy, con una masiva concurrencia, pero también con una fuerte resistencia de la Iglesia y de sectores conservadores.

Vicky tiene 57 años y sus años son experiencia. Por eso, intenta poner calma para que el temor a posibles enfrentamientos no aplaque la alegría de juntarse. Pero no son sólo las mayores las que tejen esta red federal femenina. Zulma Juri tiene 25 años. Nació apenas un año después de la primera reunión y hoy lo organiza porque sabe que en la facultad –donde ella estudia psicología– sigue existiendo el machismo. Y en la calle también. Paula Retambay tiene 30 años y estudia letras; igual que las demás, es tucumana. Y ser tucumana implica saber que la violencia de género no son sólo palabras. En Tucumán nació y desapareció Marita Verón, el caso más emblemático de secuestro, explotación, esclavitud y trata de mujeres. Verónica Camacho también hace días que trabaja para que su ciudad se convierta en un hospedaje abierto, público y privado, que toma las casas y las plazas para contar que Tucumán todavía no adhirió a la Ley de Salud Sexual y Procreación Responsable (25.673), votada en el Congreso en octubre del 2002. Después de siete años, las mujeres de la provincia esperan la implementación de un programa que sistematice el reparto gratuito de anticonceptivos y preservativos como en el resto del país.

En el día previo a la inauguración del Encuentro –que será hoy a las 10–, frente a la Catedral de la plaza Independencia se realizó una marcha antiaborto. No para fomentar la educación sexual y el reparto de anticonceptivos que evite los abortos clandestinos, sino para demostrar que algunos le hacen la cruz a una multitud de mujeres. Juntas y para adelante.

–¿Qué esperan del 24º Encuentro de Mujeres que, este año, se realiza en su provincia?

Vicky Disatnik: –Primero teníamos miedo, pero ahora estamos muy contentas. Consideramos que van a participar alrededor de 20 mil mujeres. Tenemos más de 14 mil pedidos de alojamiento y sabemos que toda la plaza hotelera va a estar ocupada (más de 4 mil camas). Hay gente que va a parar a las Termas de Río Hondo. Es una multitud.

Verónica Camacho: –Estamos en un momento histórico de debates de gran profundidad porque, si bien han sido muchas las conquistas, todavía tenemos que avanzar sobre algunos dolores que nos quedan.

–¿Cuáles son las deudas pendientes?

Verónica: –Tucumán es una de las tres provincias que no adhirieron a la Ley Nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable, junto con San Luis y Formosa.

–¿No hay reparto gratuito de anticonceptivos?

Verónica: –Si bien llegan algunos insumos, no es como en otras provincias. Acá muchas veces hay anticonceptivos y los tiran porque se vencen. Eso pasa porque no está reglamentada la ley. Además, acá no sólo no hay educación sexual sino que religión es una materia obligatoria.

–¿Y si hay un chico o una chica atea/o, judío/a o musulmán/mana?

Vicky: –Lo mandan a la dirección en la hora de la religión.

–Zulma, vos naciste casi junto con los encuentros, hace 25 años. ¿Qué te lleva a formar parte, ahora, de la comisión organizadora cuando se supone que en este tiempo se ha avanzado tanto en los derechos de las mujeres?

Zulma Juri: –Soy mujer y siento que seguimos siendo oprimidas. Este es un lugar horizontal, en donde las mujeres pueden hablar libremente y es una experiencia única en el mundo.

–Para mucha gente ya no existen desigualdades entre varones y mujeres y un encuentro de género no tiene sentido. ¿Qué de-sigualdades siguen vigentes?

Zulma: –El sólo hecho de tener miedo a ser violada te muestra la desigualdad. En la facultad, especialmente en carreras como Física o Matemática, también se ve mucho el machismo de los docentes, cuando dicen, por ejemplo: “Hay muchas mujeres, no va a andar bien este curso”.

–¿Cuál es la importancia que tiene que el encuentro sea en Tucumán?

Paula Retambay: –Una de las razones para que Tucumán sea la sede es la trata de personas: acá tenemos a Marita Verón desaparecida. No sabemos dónde está. También está el caso de Paulina Lebbos, una estudiante de la Facultad de Filosofía y Letras. De-sapareció el 26 de febrero del 2006 y apareció asesinada a los quince días. Se sabe que hay gente del poder involucrada, pero hasta el día de hoy no hay ni un sospechoso. Por eso, se ha formado la Comisión de Familiares de Víctimas de la Impunidad que marcha todos los martes, sistemáticamente, y que ya junta más de 150 casos.

–A partir de estos casos, ¿sienten que la violencia de género excluye o amedrenta a las mujeres para ocupar el espacio público?

Paula: –La inseguridad está en todos lados. No sólo por ser mujer te puede pasar algo, pero sí es cierto que las mujeres somos más vulnerables. Igualmente, yo no tengo miedo de salir a luchar por nuestros derechos.

–La Iglesia sacó un suplemento pago, como espacio de publicidad, en el diario local La Gaceta, donde se consigna “Tucumán está en contra del aborto”, entre otros lemas, justo antes de la llegada de la Comisión por la Despenalización del Aborto. ¿Cómo evalúan este embate de la Iglesia?

Vicky: –Nosotras planteamos un encuentro en donde la esencia es la diversidad. Por eso, invitamos a todas las mujeres tucumanas a que participen. No hemos hecho declaraciones que generen más enfrentamientos con otros sectores. Ya hay pintadas en contra del aborto y una llamada de la Iglesia a sus fieles a participar del Encuentro. Estamos preocupadas por que eso no se transforme en una provocación a los miles de ciudadanas que vienen a debatir la problemática de las mujeres en libertad.

–¿Qué sectores boicotean el encuentro?

Vicky: –Hay una agrupación que se llama La Barbarie, que ha hecho un ataque real al movimiento de mujeres, a los judíos y a los homosexuales y una campaña sistemática contra el Encuentro de Mujeres. Puede haber debates democráticos, pero nosotras convocamos a avanzar.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-133259-2009-10-10.html

  LA PERIODISTA MARIANA CARBAJAL, SOBRE SU NUEVO LIBRO

El aborto en debate, aportes para una discusión pendiente, de Editorial Paidós, recopila las crónicas sobre la problemática del aborto publicadas en Página/12 por Mariana Carbajal. Aquí, la periodista aporta sus reflexiones a partir de su experiencia en la cobertura de un tema que, explica, no es sólo de salud pública sino de derechos humanos.

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La periodista de Página/12 Mariana Carbajal acaba de publicar El aborto en debate, aportes para una discusión pendiente, de Editorial Paidós, un libro que reúne su cobertura sobre la despenalización del aborto, realizada en este diario. El texto recopila aportes de especialistas y las historias de mujeres, jóvenes y niñas, forzadas sexualmente e impedidas de su derecho a decidir la interrupción del embarazo. El libro pone de relieve que las muertes por aborto no sólo son un problema de salud pública, sino también una violación a los derechos humanos. “Hablar del aborto genera mucha incomodidad –subraya la cronista–. El aborto sigue siendo un tema tabú, que está envuelto en mucha hipocresía, fundamentalmente, porque las que padecen la prohibición del aborto son las mujeres pobres, no son las mujeres de clase media que pueden pagar un aborto seguro en una clínica privada”, apunta. El libro muestra que, con una lectura amplia de las vidas dramáticas reflejadas en las crónicas, esas historias pueden dejar de ser vistas como casos aislados y generar un punto de partida para mejorar la vida de todas las mujeres.

–¿Cómo surge el libro?

–Marta Alanís, coordinadora de Católicas por el Derecho a Decidir en Córdoba, me conminó cariñosamente a publicar un libro con toda la información que había ido recolectando, investigando y profundizando sobre la problemática del aborto en la Argentina y con los procesos de liberalización en el acceso a esta práctica que se han dado en otros países latinoamericanos como Colombia, y también en la Ciudad de México y España. A partir de ahí tomé el impulso para empezar a revisar el camino recorrido en los últimos años. El resultado es este libro.

–¿Por qué se habla poco en los medios del problema del aborto, cuando –-como usted destaca desde el comienzo en el libro– se trata de un problema de salud pública?

–No es un tema del cual se hable habitualmente en los medios, aunque en los últimos años pueden observarse algunos cambios: el tema ingresó en los medios masivos a partir de una sucesión de casos de abortos no punibles, donde mujeres jóvenes, con discapacidad mental, tuvieron que atravesar un largo proceso judicial ante los obstáculos que les pusieron tanto en el ámbito médico, en hospitales públicos, como en la Justicia para poder acceder a ese derecho. Estos casos pusieron la temática en la primera plana de los diarios. Son dramas. Pero hay un aspecto de fondo que se aborda poco y es el que tiene que ver con las vidas que se ponen en riesgo y que se pierden en un marco normativo de acceso restringido al aborto. La prohibición del aborto no ha servido más que para que cada año mueran alrededor de cien mujeres por abortos inseguros y muchas más sufran graves mutilaciones porque no pudieron pagar un aborto en una clínica privada, como lo hacen históricamente tantas mujeres de clase media o media alta. Ese escenario de profunda inequidad me conmueve. Ninguna mujer deja de abortar, una vez que tomó esa decisión, porque el Código Penal se lo prohíba. Sobre este aspecto poco se habla en los grandes medios. El temor a las presiones de los sectores conservadores y particularmente a la Iglesia Católica es enorme y prefieren el silencio. Las mujeres que ponen en riesgo su vida son las más pobres. En provincias del Norte todavía se recurre a métodos precarios como la introducción de una aguja de tejer, un tallo de perejil o una sonda, que terminan en gravísimas infecciones. Lo que pasa es que de esa inseguridad que afecta particularmente a las mujeres pobres no se habla. Estamos a mitad de año y ya debe haber un promedio de 50 mujeres que perdieron la vida en todo el país por esa causa. A fin de año serán alrededor de cien. El aborto inseguro es la principal causa de muerte materna en la Argentina desde hace más de dos décadas, pero es un dato que no conmueve a funcionarios y legisladores, que prefieren mirar para otro lado y evitar la apertura de un debate en torno de la despenalización del aborto. El Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas acaba de definir a las altas tasas de mortalidad materna que hay en el mundo como un problema de derechos humanos. Ya no sólo como un problema de políticas sanitarias, sino de derechos humanos, porque está en juego la vida, el derecho a la salud, a la integridad física de las mujeres. Una política integral de derechos humanos debería incluir el problema de las muertes por abortos inseguros. El tema tiene que entrar en la agenda parlamentaria.

–¿La despenalización del aborto no se discute en el Congreso porque los políticos tienen temor a las presiones de la jerarquía eclesiástica o porque la sociedad está dividida y todavía no está preparada?

–Es un cuento decir que la sociedad no está preparada para dar este debate. Es cierto que el tema divide a los bloques. Con excepción del Partido Socialista, ninguno tiene una posición unánime. En algunos diputados juegan las creencias personales y, en otros, el temor reverencial a la jerarquía católica. En las provincias del NOA, el poder eclesiástico es fuerte y tiene mucha influencia sobre los políticos. Pero los últimos estudios de opinión pública marcan que hay un amplio consenso en la sociedad en torno de la despenalización del aborto en algunas situaciones, como los casos de violación. El año pasado se quiso avanzar con un proyecto muy interesante que aclaraba los alcances del Código Penal en ese punto, para que no hubiera más dudas y quedara saldada la discusión sobre si sólo se considera no punible la interrupción de un embarazo producto de una violación cuando la mujer tiene una discapacidad mental o ese derecho alcanza a cualquier mujer. El proyecto tenía el visto bueno del presidente de la bancada oficialista. Lo presentaron e impulsaron tres diputados kirchneristas, que además son presidentes de tres comisiones clave, involucradas con la temática: Nora César, titular de Legislación Penal; Juliana Di Tulio, de Mujer, Familia y Adolescencia, y Juan Héctor Sylvestre Begnis, de Salud. La iniciativa tenía apoyo de legisladores de todos los bloques, salvo del PRO. Justo el día que se iba a firmar un dictamen de mayoría, que lo habilitaba a votarse en el recinto, se levantó la reunión de las comisiones y el proyecto quedó archivado. Hay mucha hipocresía porque seguramente alguna hija, tía, sobrina, esposa, de los legisladores que se oponen a abrir la discusión en un ámbito parlamentario para proteger la vida de las mujeres alguna vez tuvieron una experiencia cercana de un aborto. Pero prefieren decir “de eso no se habla”. Y es importante aclarar que nadie quiere que una mujer aborte. Sería deseable que ninguna tuviera que recurrir a un aborto. Pero hay ciertas circunstancias que enfrentan a una mujer a un aborto, como la falta de educación sexual, de acceso a anticonceptivos, una relación sexual violenta u otras experiencias o coyunturas. El punto es que todas las mujeres puedan acceder a una práctica segura y que la diferencia entre la vida o la muerte no sea cuestión de tener o no tener dinero suficiente para pagar el procedimiento en una clínica privada.

–Una de sus crónicas más fuertes, incluidas en el libro, es el relato del ingreso de integrantes de un grupo fundamentalista de Mendoza en la habitación de un hospital donde estaba internada una nena violada para presionarla y convencerla de que no interrumpiera el embarazo, después de que había reclamado su madre el acceso a un aborto no punible. ¿Qué opina de que estos grupos se denominen “pro vida”?

–Yo ya empecé a llamarlos “antiderechos”, como los denominan en otros países. Llamarlos “pro vida” genera una confusión semántica. Quienes defendemos la despenalización del aborto también defendemos la vida: la de las mujeres. Hace pocas semanas asesinaron a un médico muy conocido en Kansas, que tenía una de las dos clínicas que realizaban abortos en embarazos avanzados en Estados Unidos, donde están permitidos. Lo asesinaron en la puerta de un templo, cuando iba a practicar su religión, mientras estaba acompañado de su mujer. Lo mató un fundamentalista. ¿Quiénes defienden la vida? Por supuesto ninguno de esos grupos que pretenden llamarse “pro vida” se adjudicó ese homicidio, pero han promovido otros asesinatos de médicos que realizaban interrupciones voluntarias de embarazos. Esos grupos pretenden obligar a una mujer que ha sido violada a una maternidad forzosa. Eso no es defender la vida. Esa actitud tiene tintes de tortura.

–¿Por qué le interesó el problema del aborto y particularmente el del acceso a los abortos no punibles?

–Me interesa visibilizar un tema silenciado. Pienso que como periodista tengo un compromiso en darles voz a las y los que tienen voz y no los escuchan. En ese sentido, creo que es muy importante acompañar el reclamo de una mujer que pide acceder a un aborto no punible tras haber sido violada y tiene que enfrentar trabas y obstáculos arbitrarios. Las cortes de las provincias de Buenos Aires, Entre Ríos y Mendoza se pronunciaron en los últimos años señalando que en los casos de aborto no punibles contemplados en el Código Penal los médicos no deben exigir una autorización judicial, sino que la interrupción del embarazo debe plantearse y resolverse en la privacidad de la consulta médica. Pero esto rara vez ocurre. Me interesa dar cuenta de la violación de los derechos de estas mujeres. Cuando entrevistás a una mujer o a su familia en esas circunstancias, en algún sentido le estás robando su intimidad, porque te está contando cosas de su privacidad. Siempre pienso que el costo de revelar sus dramas y miserias tiene que tener una compensación; a esa mujer, a su familia, les tienen que servir para mejorar algo de su vida.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-128096-2009-07-12.html