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  MEDIOS Y COMUNICACION

Para Lucía Caruncho, en una sociedad cada vez más mediatizada, la comunicación se vuelve primordial a la hora de repensar la construcción y la resignificación de la política.

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Las sociedades son un continuo bullir de conflictos múltiples que abarcan desde dimensiones étnicas, religiosas, sexuales, laborales hasta sociales, políticas y económicas. Los derechos de los unos y de los otros se encuentran atravesados por intereses y juegos de poder constantes. Ello en un panorama cada vez más complejo, penetrado por grupos heterogéneos con problemáticas diferenciadas que no alcanzan a legitimar demandas colectivas, en un marco de crisis de representatividad institucional, y frente a un aparato burocrático insuficiente para abarcarlas y condensarlas. Ante este escenario, la política se presenta como la herramienta esencial para dar cauce y resolución a las constantes necesidades humanas.

La implicancia que esta situación exhibe para la sociedad depende en gran medida de la interpretación que se haga de ella. El hombre actúa en su devenir a partir de la significación que le otorga a las cosas, los objetos, las personas del mundo circundante. El hombre se constituye y se transforma en el acontecer simbólico de su tiempo, es producto activo de su sociedad, su historia y su contexto. La cultura en donde se inscribe y la sociedad en la que se sitúa imprimen en su ser los valores fundantes del universo simbólico. La palabra transmite ideas, valores, marcos teóricos y regulatorios de la vida social. El lenguaje se presenta como el ordenamiento principal a partir del cual el individuo actúa con el otro, el lenguaje altera y transforma las interpretaciones, con ello modifica el pensamiento y el accionar humano. En una sociedad cada vez más mediatizada, los medios de comunicación se presentan como fuentes productoras de significación incesantes que dotan de sentido a la realidad cotidiana. Es por esto que la comunicación se vuelve primordial a la hora de repensar la construcción y resignificación de la política, como herramienta radical para la resolución de conflictos en el devenir social y el desarrollo democrático.

La política ha existido desde la antigüedad hasta la actualidad como forma de resolver las problemáticas sociales en pos del beneficio de la sociedad, lo que ha variado a lo largo del tiempo es la interpretación y el sentido que se le ha dado. Si antiguamente se presentaba como el lugar de realización humana, esto se ha transformado principalmente a partir de la constitución formal del Estado, la aparición del liberalismo político-económico, el Estado de bienestar y la intervención de los medios masivos de comunicación como arena de debate y acción política. La mutación de la significación ha implicado además el cambio en la aprehensión de la ciudadanía. Entendida no ya como forma de hacer visibles demandas sociales, como lugar de apelación al gobierno y aparatos estatales en busca de derechos y obligaciones, ni como modo de interpelación política en función de la construcción social, sino que su resignificación ha introducido la constitución de una ciudadanía de baja intensidad.

La ciudadanía y con ello la capacidad de transformación ha sido relegada a los gobernantes de turno, escindiendo la esfera política de la social y limitándola al campo político. La sociedad “posmoderna” se concibe a sí misma apolítica, reclama y delega a los medios masivos de comunicación la representación ciudadana, reduciendo la ciudadanía a la emisión del voto. Una sociedad que no le exige al Estado y a sus instituciones gubernamentales, que no se representa en ellas y que, al igualar la política al cohecho, no conduce el cambio. Tal concepción de lo político responde no sólo a la transformación del imaginario social a través de hechos históricos, sino al relato que construyen los medios, donde la complejización se desecha en función de la rapidez e impacto, llevando a la simplificación y banalización del discurso. Al no discriminar en importancia, se aparecen las problemáticas y derechos sociales matizados por entretenimiento y espectáculo, donde todo aparenta ser lo mismo.

Pero no es lo mismo los políticos que la política, el conflicto que la batalla, ni el interés que el egoísmo. No es lo mismo la gestión que la gobernación, el control que la regulación, el Estado que la administración. Es la significación la que construye y da sentido al accionar humano. Es por ello que no da lo mismo la indiferencia y la delegación que la democracia y la transformación. Porque es la participación ciudadana a través de la política la que vuelve posible una sociedad cada vez más equitativa, menos fragmentada y más inclusiva. Simplemente, no todo es lo mismo.

* Licenciada en Comunicación Social - UCES.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/laventana/26-156615-2010-11-10.html


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El cambio en las formas comunicacionales se da a una velocidad mayor que el cambio en los contenidos. La transformación de su naturaleza y la mutación de la esencia está arraigada a temporalidades distintas.

Hay lugares detenidos en el tiempo que rige en las grandes ciudades, son espacios olvidados por la pantalla que atienden en carácter de ritual diario. Sin embargo, habitan en estos terrenos otras representaciones, otros signos, otras mediaciones, otras formas de comunicar. Son espacios ubicados a un costado de los avances técnicos, de la fugacidad del tiempo tecnológico, donde los intereses mercantiles proceden de la riqueza de sus tierras y se obtienen a altos costos. Son zonas consideradas daño colateral de la posmodernidad, son barrios, poblados, pequeñas ciudades, que privados más de una vez de la satisfacción de sus necesidades básicas, aún existen.

Amunam (Asociación de Mujeres de Nazaré da Mata), ubicada en el nordeste de Brasil, es una de las tantas organizaciones de la sociedad civil situada en terrenos y temporalidades divergentes, de rasgos culturales, identidades y orígenes distintos. La necesaria inclusión de la mujer rural en la sociedad, el urgente reconocimiento de sus derechos ciudadanos, la imperante necesidad de poner freno al abuso de género, a la violencia física y simbólica sin limites de edad dieron vida a esta asociación. Las formas que la comunicación social adquiere en estos terrenos son otras, los espacios utilizados se encuentran en inevitable relación con su realidad, pero la primaria necesidad de comunicar y comunicarse es la misma.

Amunam fue fundada en el año 1988 por un grupo de mujeres pertenecientes al Sindicato Rural de la zona Mata de Pernambuco, que al verse imposibilitadas de hacer oír su voz decidieron desprenderse y conformar una nueva organización al servicio de los derechos de la mujer. Amunam nació de la necesidad primaria de que las mujeres sean reconocidas como personas, nació de la falta de regulaciones básicas que las amparen. A ello le siguió la firme voluntad de hacer el cambio posible. Actualmente integran la asociación hombres y mujeres que han logrado, a través del trabajo diario, garantizar el cumplimiento de los derechos humanos, la equidad de género y la justicia social en más de una oportunidad.

Asumir que los cambios sólo son posibles a través de las grandes concentraciones y revoluciones es una idea ligada a la modernidad. Creer que sólo existe aquello que los medios masivos de comunicación difunden es la excusa por excelencia de la posmodernidad. Existen muchas organizaciones de la sociedad civil, se deben al compromiso cotidiano, a la construcción permanente de una realidad distinta, a la constitución de redes sociales con entidades privadas y organismos públicos. En última instancia, se deben a la comunicación social puesta al servicio de la prevención, concientización y difusión de los derechos humanos.

De la voluntad de coordinar la comunicación a través de un plan a largo plazo, que permita potenciar el capital social con miras a la generación de mayores recursos, depende en gran medida la consecución de los objetivos de la organización y la emancipación de su misión.

Así concebida la comunicación social, la principal vía y limitación del cambio no es tanto el capital económico cuanto el humano. La unión de voluntades que lo procuran, y fundamentalmente lo ejecutan, es lo que hace posible la transformación en la esencia de toda sociedad.

* Dpto. de Psicopedagogía y Comunicación Amunam.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/laventana/subnotas/147688-47420-2010-06-16.html

  MEDIOS Y COMUNICACION

Por su parte, Lucía Caruncho incursiona en el tema de la comunicación vinculada con la responsabilidad social empresaria.

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La celeridad de los cambios en la post modernidad llevó a la constitución de un nuevo panorama atravesado por realidades complejas y radicalmente disímiles. Una de las manifestaciones más evidentes se da en el campo de la comunicación en torno de las formas de relación y constitución de los vínculos humanos.

Las entidades privadas se ubican dentro del ámbito de la sociedad civil, actúan en ella y mantienen relaciones constantes con la sociedad. Las empresas, tradicionalmente vinculadas al ámbito del mercado privado, al insertarse en el entorno social, utilizar sus recursos y actuar en el seno civil, económico, político y cultural, se vuelven actores sociales que comportan beneficios y responsabilidades en la comunidad donde se insertan.

Tal transformación en la arena comunicacional, incitó a las organizaciones privadas a desarrollar herramientas de promoción social, dando origen a la responsabilidad social empresarial (RSE). La RSE, experimentó su apogeo en la pasada década a través del uso del patrocinio. Las empresas notaron que su implementación estimulaba la imagen y percepción social de la entidad.

Pero la responsabilidad empresarial, tomada sólo como herramienta de marketing y no como modo de actuar de la entidad en su conjunto, llevó a las organizaciones a contrariarse en sus discursos y accionar. Al concebir la responsabilidad social, no como forma de actuación constante y coherente, sino como acciones aisladas del trabajo diario sujetas a un ámbito particular de la entidad, las empresas no consiguen consolidar ni una imagen positiva, ni un una real promoción social.

La empresa se instituye como sujeto social, por tanto imprime sentido, es decir, significaciones constantes en la comunidad donde se encuentra, allí donde su discurso es transmitido. Así concebidas, las organizaciones privadas se vuelven actores sociales, y reproducen en su accionar ciertos valores que inscriben una determinada forma cultural. La publicidad es parte de la comunicación de la empresa, le atañe, por tanto, igual compromiso social. Los modos de representación que reflejan los arquetipos, estereotipos y roles sociales que la publicidad actual propone, se contraponen a los valores que la misma empresa dice concebir. La publicidad también tiene la responsabilidad social empresarial de desarrollar valores solidarios y favorecer la circulación de discursos emergentes e inclusivos.

Es fundamental que las entidades privadas conciban a la RSE como una forma de ser empresaria, y no como el aporte de un departamento aislado, o el establecimiento de una fundación. Es tarea de las entidades privadas contribuir al desarrollo de una conciencia que permita a la institución autocomprenderse como un actor social que comunica siempre, incluso cuando cree que no lo está haciendo. La empresa es parte de la sociedad, su responsabilidad ética para con la comunidad es urgente e inmediata. Así entendidas, las entidades privadas tienen la responsabilidad social de reforzar el desarrollo de la comunidad donde se insertan, a través de comunicaciones que permitan la inclusión de la otredad y la articulación de las redes sociales.

Es tarea de todos los actores del campo empresario llevar a cabo un discurso alternativo, que derrumbe los estereotipos negativos y fomente el retorno de una conciencia inclusiva que permita la emergencia de las identidades silenciadas y las representaciones sociales complejas. Es responsabilidad colectiva de los sectores públicos y privados, fundar discursos sobre los cuales construir una realidad inmersa en la historia, que dé lugar a la diversidad y a diferentes formas de accionar, siempre desde la inclusión subjetiva y la revalorización social.

* Licenciada en Comunicación Social, UCES.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/laventana/26-139513-2010-02-03.html

  MEDIOS Y COMUNICACION

Lucía Caruncho reclama que la comunicación social se instituya como parte fundamental del trabajo de todas las organizaciones sociales.

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La fragilidad de los lazos sociales, la fragmentación del tejido social y la dinamicidad de las relaciones humanas son síntomas inherentes a la nueva modernidad. La preeminencia de lo individual por sobre la solidaridad relegan la política a la esfera institucional e inhiben la posibilidad de pensarnos como sujetos que inciden en la construcción del espacio público social.

El Estado, despojado de su antiguo poder, inmerso en la desconfianza popular y las constantes urgencias diarias por falta de alternativas de desarrollo permanentes, se vuelve insuficiente para transformar por sí solo la situación actual. Las Organizaciones de la Sociedad Civil (OSC) se tornan fundamentales, tanto por su aporte solidario y asistencia a las demandas sociales, como por su capacidad para conformar redes, no sólo con otras organizaciones civiles, sino además con instituciones públicas y privadas que permitan una real universalización de los derechos humanos. Las OSC, más allá de la misión puntual de cada una de ellas, tienen como objeto común la recomposición del espacio público. Tal espacio está constituido no sólo por sujetos individuales, sino además colectivos, que en su agrupación potencian su injerencia en la trama social. Tales actores se establecen en el modo de personas organizadas que aúnan sus energías en pos de un objetivo común. Dentro del espacio público no sólo se encuentran todo tipo de organizaciones sin fines de lucro (como las cooperadoras barriales, las bibliotecas populares, las organizaciones no gubernamentales, las fundaciones y cooperativas), sino además las entidades privadas y el Estado.

Es en este punto que la tarea de la comunicación social se vuelve primordial, ya que tiene en su haber la capacidad de contribuir a fomentar relaciones entre las distintas entidades con el objeto de que tales grupos organizados actúen en red y así potenciar los recursos que sirvan a satisfacer las demandas sociales.

Así como el Estado es insuficiente por sí solo, para cubrir la multiplicidad de necesidades sociales, las OSC tampoco pueden contribuir desde su aislamiento a un desarrollo a largo plazo. Es esencial fomentar los vínculos entre dichas organizaciones, porque permitirán coordinar esfuerzos en pos de una real alternativa de cambio y ni el Estado ni las entidades privadas o sociales deben ser ajenas a ello. El trabajo en red entre las distintas organizaciones públicas y sociales no sólo sirve a potenciar recursos, sino que además favorece, en el fortalecimiento de los vínculos, la consagración de ideas compartidas y la emergencia de representaciones múltiples y colectivas que permitan fomentar visiones complejas.

Se hace necesaria la reconfiguración de las significaciones que posibiliten concebirnos no como sujetos aislados, sino más bien como cuerpos socializados inminentemente políticos, que establecen relaciones constantes en el espacio público con su entorno y por tanto inciden en la concepción del Estado y la trama social.

Es fundamental que la comunicación social se instituya en el trabajo dentro de las entidades colectivas, sean públicas, privadas o sociales, para favorecer desde allí, por medio de una labor comunicativa concebida de forma global y esencialmente intrínseca a todo actor social, a sembrar y contribuir a la multiplicidad de modos de aprehensión del mundo, a la construcción de realidades heterogéneas y a la consolidación de los lazos sociales que permitan la inclusión de las minorías y la afirmación de las identidades excluidas.

* Licenciada en Comunicación Social UCES.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/laventana/26-134210-2009-10-28.html