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  MEDIOS Y COMUNICACION

Dos miradas complementarias sobre la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. Gustavo Bulla hace un repaso de las dificultades que enfrenta la puesta en marcha de la norma, pero también de los pasos que comienzan a darse y que pueden cambiar el panorama de la comunicación audiovisual en la Argentina.

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Pese a los diversos y continuos obstáculos interpuestos ante la Justicia, por los propios interesados y por sus representantes parlamentarios –recordar los nombres de los diputados nacionales Enrique Thomas y Beatriz Daher–, la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (SCA), a poco más de un año de su sanción, pronto comenzará a modificar el panorama de la TV y la radio argentinas.

La suspensión de la aplicación de la ley 26.522 durante casi nueve meses –todo un parto– no sólo entorpeció la labor de la autoridad de aplicación (Afsca) en cuanto a la reglamentación y la implementación de los distintos aspectos de la normativa, sino que fundamentalmente privó a toda la sociedad de gozar del derecho a la comunicación por ella consagrada.

No obstante, uno a uno, los cuestionamientos judiciales van cayendo, por ahora con la excepción que significa la medida cautelar concedida por el juez porteño Edmundo Carbone, quien privilegió al Grupo Clarín al eximirlo momentáneamente de ajustarse a los términos del artículo 161º que obliga a los licenciatarios a adecuarse al nuevo marco legal en el término de un año. Ante el recurso extraordinario planteado por el Estado nacional, la Corte Suprema prefirió no intervenir en la cuestión de fondo y le indicó al juez de primera instancia que se expida “en un tiempo razonable”, sugerencia explícitamente desentendida por el veterano magistrado que supo revistar en el aparato judicial de la última dictadura.

El venido a menos “Grupo A”, no va en zaga en eso de privar de sus derechos a la ciudadanía. Su negativa incomprensible –salvo por la ejecución de un mandato extraparlamentario– a constituir la Comisión Bicameral, que entre otras funciones importantes debe designar a los directores de la Afsca y RTA correspondientes a la segunda y tercera minorías, y nada menos que al defensor del Público, despoja de representación democrática a millones de argentinos.

Mientras persisten estos actos inequívocos de desprecio a la voluntad popular, la ley que despierta admiración en el plano internacional se está aplicando y comienza a dar frutos en las pantallas y micrófonos argentinos.

Junto con el mes de febrero próximo comenzará a regir la resolución 499/10 que regula el funcionamiento de la “publicidad no tradicional” y de los programas de televenta e infomerciales. De esta manera el caos publicitario que primó en las dos últimas décadas, con excesos de todo tipo, deberá ordenarse en cuanto a los tiempos máximos y modalidades establecidas para cada tipo de servicio audiovisual.

A partir de marzo, los aspectos descentralizadores y de promoción de los contenidos federales que recoge el texto legal comenzarán a hacerse tangibles.

Los canales y emisoras radiales que quieran conformar redes deberán solicitar autorización a la Afsca, suministrando toda la documentación necesaria que demuestre que la transmisión en red no supera el 30 por ciento de la jornada de emisión diaria de ninguno de sus miembros integrantes.

Complementariamente, también comenzará a regir el cumplimiento de cuotas mínimas de producción, por lo cual los canales deberán programar no menos de un 60 por ciento de producción nacional, 30 por ciento de producción propia y entre 30 y 10 por ciento –depende del área de cobertura– de producción local independiente. Para las radios las cuotas que entran en vigencia son de al menos un 70 por ciento de producción nacional, un 50 por ciento de producción propia y un 30 por ciento de música argentina, de la cual la mitad debe ser de carácter independiente, es decir que los derechos de los fonogramas le correspondan mayoritariamente a sus intérpretes.

Además, por medio de la resolución Afsca 498/10 se le dio forma al Consejo Asesor de la Comunicación Audiovisual y la Infancia que está integrado por representantes de los gobiernos provinciales y de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, del Ministerio de Educación de la Nación, de la Sennaf, de las siete organizaciones de la sociedad civil que propusieron la incorporación del Consejo Asesor en la ley SCA (artículo 17º), del Foro Parlamentario por la Infancia y de los gremios docentes Ctera y Sadop. Este organismo tendrá su reunión fundacional durante el mes de febrero y asesorará a la Afsca en materia de los contenidos audiovisuales destinados a niños, niñas y adolescentes, de recepción crítica de medios y de la promoción de producción audiovisual de calidad para el segmento etario.

El enorme y creciente consenso social que esta ley ha concitado debe ahora manifestarse a través de los contenidos audiovisuales. Los poderosos intereses económicos que se oponen a su aplicación se enfrentan al dilema futbolero de la “manta corta”: mientras ganan tiempo en la Justicia, pierden credibilidad en la sociedad. Y, que se sepa, la credibilidad sigue siendo uno de los tesoros más preciados para un grupo empresario que pretenda considerarse periodístico.

* Docente de Políticas de Comunicación UBA/UNLZ. Director Nacional de Supervisión y Evaluación (Afsca).


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/laventana/26-160706-2011-01-19.html

  MEDIOS Y COMUNICACION

Tomando como punto de partida un reciente estudio del Comfer sobre el tratamiento informativo de la gripe A, Gustavo Bulla saca conclusiones sobre el ejercicio periodístico en la televisión.

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Con motivo de la propagación de la gripe A (H1N1), uno de los equipos de investigación del Comfer –integrado por Verónica Salerno, Paola Ramírez Barahona, Javiera Astorga y Mariano Barragán– ha elaborado un informe (el texto completo se puede descargar de www.comfer.gov.ar) en el cual se analiza el comportamiento de los dos noticieros televisivos nocturnos de mayor audiencia, Telenoche (Canal 13) y Telefé Noticias (Telefé). El período analizado incluyó 28 emisiones –seleccionadas de manera aleatoria– desde el 27 de abril al 30 de julio, contabilizándose un total de 107 unidades de mensaje relacionados con la enfermedad.

El informe arrojó como principales resultados que:

Pese a que los programas de noticias construyeron columnas y espacios dedicados a la transmisión de información sobre salud, las recomendaciones para evitar el contagio e identificar los síntomas recolectaron sólo 16,8 por ciento de los mensajes totales de la muestra.

Se registró escasa información dirigida a los grupos de riesgo. El 72 por ciento de los mensajes se orientó a la población en general, sin consideraciones sobre la edad, sexo, enfermedades preexistentes u otras situaciones particulares. Sólo el 2,8 por ciento de los mensajes fue destinado a las embarazadas y no se identificó ningún tipo de información dirigido a pacientes con deficiencias inmunológicas.

Dentro de los mensajes que citó alguna fuente, se detectó en un mismo plano de importancia las opiniones y consejos de profesionales del ámbito de la salud frente a testimonios que fueron recogidos entre personas que no poseían formación específica en el tema. La diferencia entre ambos fue tan sólo del 1,9 por ciento.

Se registró una utilización frecuente de titulares acompañados de palabras como “alerta”, “miedo”, “amenaza”, “colapso”, detectándose así una intención de despertar el interés del espectador desde la dramatización del abordaje de la situación sanitaria.

Las cuatro conclusiones precedentes que arroja el informe, siempre con la relatividad que supone la muestra adoptada, ilumina sobre algunas tendencias más generales del ejercicio periodístico en los medios de comunicación argentinos, y muy especialmente en la televisión. Se prioriza la información como denuncia o escándalo por sobre el servicio a la comunidad. El así llamado periodismo de impacto no se detiene ni ante una pandemia. En lugar de utilizar la enorme penetración de los medios masivos de comunicación para acercar calma y racionalidad a los comportamientos sociales frente a la enfermedad, se potenció la alarma, la confusión y las actitudes histéricas.

El oposicionismo tan cultivado últimamente por buena parte de los medios tampoco se detuvo ante la evidencia de una situación sanitaria delicada. En medio de las informaciones, a veces contradictorias, sobre los reales alcances de la enfermedad, no pocos medios y periodistas se dedicaron mucho más a señalar presuntas responsabilidades políticas que a contribuir con información de calidad para que el público pudiera adoptar medidas preventivas para evitar el contagio. La política de la sospecha constante sobre las cifras de personas contagiadas les ganó minutos y horas a los consejos para evitar que esas cifras se engrosasen. La desmesura llegó a tal extremo, que a los conductores de algunos canales y señales informativas se los veía ansiosos y hasta eufóricos ante la posibilidad de anunciar nuevas muertes causadas por la enfermedad.

La cita de fuentes y de autoridad constituye uno de los problemas más serios del periodismo televisivo de nuestro país; si se aplicaran los criterios enseñados en las carreras universitarias y terciarias de periodismo para evaluar el rigor con el cual se construyen las noticias, con el cual se chequean las fuentes, un porcentaje alto de los profesionales no aprobarían.

El informe lo consigna de manera muy gráfica: prácticamente se consultó a la misma cantidad de profesionales de la salud que a personas sin formación específica en la materia. Estas decisiones de los productores periodísticos son las que generan ese magma de opiniones e informaciones contradictorias, que desde el público receptor es percibido como un auténtico caos. Según el canal o programa que uno viera, muchas veces no se sabía si era importante o no usar barbijo, si no era una exageración y/o el negocio de alguien la promoción del lavado continuo con alcohol, ni hablar de los tratamientos una vez detectada la enfermedad, si tal antitérmico sí, si tal otro no...

La carrera frenética por captar audiencias y anunciantes lamentablemente no hizo una excepción con motivo de la pandemia de gripe A. El objetivo de analizar estos comportamientos mediáticos y darlos a conocer es suscitar la reflexión pública y recordarles a los responsables de los medios masivos de comunicación que hay cosas con las que no se puede jugar, una de ellas es la salud de la población.

* Licenciado en Comunicación UBA. Director Nacional de Supervisión y Evaluación del Comfer.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/laventana/26-137072-2009-12-16.html

  MEDIOS Y COMUNICACION

Las expresiones de Diego Maradona al término del partido con Uruguay han dado lugar a todo tipo de comentarios. Aquí Gustavo Bulla y José Garriga Zucal advierten acerca de las vinculaciones de algunas de esas reacciones con intereses mediáticos y políticos.

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Las expresiones respecto de los periodistas del director técnico del seleccionado de fútbol argentino tras la conquista de la cuarta y última plaza sudamericana para clasificarse al Mundial de Sudáfrica 2010 han convulsionado al ambiente mediático y eclipsado en los últimos días otros tópicos trabajados hasta la saturación por los medios de comunicación opositores al Gobierno, aunque no les falta razón a aquellos que creen ver aquí también otro capítulo de la misma disputa política.

Dieguito no se ha caracterizado a lo largo de su extensa vida pública por hacer declaraciones políticamente correctas, mucho menos luego de abandonar el deporte que sin dudas no sería el mismo sin su aporte de genialidad inigualable. Es que El Diego es El Diego por lo que nos regaló a los futboleros en el verde césped. Lo de afuera (las declaraciones, las contradicciones, los despelotes de su vida) agiganta el mito, pero nada sería igual sin los caños, sin las rabonas, sin las apiladas, sin esa zurda mágica, que no me las contaron, que no las vi por TV o en viejos videos, que tuve la suerte de verlas en la cancha y con mi camiseta de toda la vida en su pecho: es, ni más ni menos, el más grande jugador de fútbol del que fuimos contemporáneos.

Ahora que disparó contra los periodistas algunos parecen haber descubierto el agua tibia: no se ubica en su nuevo rol de DT de la Selección. ¡Chocolate por la noticia! ¿O las declaraciones con las que promovió la salida confusa de Riquelme de la Selección fueron apropiadas para su rol, o la botoneada con que hizo callar a Pipo Gorosito por bancar a Román sí lo fue? Pero claro, como el 10 de Boca es un tipo antipático para la prensa, entre otras cosas porque no da notas exclusivas a los periodistas –salvo cuando decide renunciar al seleccionado nacional–, todos miraron para otro lado. Los que viven de decirle todo que sí a Diegote, por supuesto, y los que no también.

Pero ahora Maradona se metió con la corporación periodística y eso no se perdona y seguramente no se olvidará. Esos seres extraordinarios, que a diferencia de los políticos, deportistas, dirigentes sociales y las masas, logran dejar de lado sus pasiones, sus intereses materiales y ejercen la objetividad con la que reflejan la realidad tal cual es...

Lo peor de esta disputa es que todos tienen razón: el periodismo –¿deportivo?– es en promedio tan pobre como las actuaciones del equipo dirigido por Maradona. Pero eso parece ya no importar. Ahora lo importante es el papelón internacional por las declaraciones groseras. ¿Cómo queda la imagen del país en los medios de todo el mundo? ¿Qué espera la FIFA –con perdón de la palabra– para sancionar a este maleducado? Y Grondona, en lugar de hacer acuerdos con el Gobierno, ¿por qué no se ocupa de poner en caja a este villero que pese a haber ganado mucho dinero, nunca aprendió a comportarse como gente bien?

Maradona deberá aprender la lección mediática: del Papa para abajo se puede meter con cualquiera, pero con los periodistas no, ni mucho menos con los dineros de las empresas periodísticas. ¿Qué es eso de sacarse una foto con la Presidenta al estatizarse la televisación del fútbol?

Con el encumbrado columnista de La Nación Carlos Pagni pasó algo similar, pero en el sentido contrario. La difusión de una cámara sorpresa por parte de un programa emitido por Canal 7 en la que el periodista presuntamente acordaba una operación de prensa fue motivo de todo tipo de consideraciones respecto de la validez periodística de ese tipo de materiales, del lugar del medio público que debería abstenerse de realizar ese tipo de operaciones, de lo que sin dudas constituye un nuevo ataque del Gobierno contra la prensa independiente.

Nada se ha dicho, casi se ha silenciado explícitamente la noticia desde los grandes y más influyentes medios de comunicación. La utilización de la información y la opinión para provocar consecuencias económicas, empresariales y políticas, no parece ser motivo de preocupación para una prensa siempre dispuesta a sobreactuar la indignación que produce la corrupción pública.

La discusión de la cámara sorpresa es un debate interesantísimo a la luz de eso que solía llamarse ética periodística. Pero no porque esta vez el sorprendido fue un periodista destacado de un medio importante, sino por la deslealtad que supone para el ocasional e involuntario entrevistado. ¿El método es aceptable cuando se trata de un sacerdote, un intendente o un inspector municipal, pero es execrable si se trata de un periodista?

Mientras tanto, y a la espera de que la Justicia se expida sobre este caso particular, no estaría demás que se produjera una reflexión pública, desde las facultades y carreras de periodismo, desde las asociaciones gremiales y foros de periodistas y desde los propios medios de comunicación, respecto de estas cuestiones.

¿El árbol formal de la filmación anónima puede tapar el bosque de la corrupción –lamentablemente– bastante generalizada de la profesión? ¿Alguien cree honestamente que los periodistas se bañan en agua bendita? ¿El periodista/empresario no es una degeneración del primero de los términos? ¿Se puede seguir utilizando el doble estándar para fijar posición editorial sin por ello dañar la credibilidad de los medios de comunicación? ¿En aras de conservar el salario un periodista debe abandonar sus más profundas convicciones? ¿Qué cosa estamos haciendo mal en la formación de los periodistas –me hago cargo de la parte que nos toca en la universidad pública– para que éstos y otros interrogantes incómodos por ahora no encuentren respuestas?

Casi con la misma unanimidad con que la corporación mediática le cayó a Maradona, lo protegió a Pagni. Entre otras cosas, para esto debe servir la nueva Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, para escuchar toda la polifonía de voces y para que los periodistas profesionales –no sólo sus patrones– también puedan gozar de la libertad de expresión.

* Docente de Políticas de Comunicación UBA/UNLZ.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/laventana/26-133838-2009-10-21.html

  MEDIOS Y COMUNICACION

Un reciente estudio del Comfer ratifica que el centralismo porteño también se expresa a través de las pantallas de la televisión. Así lo expone Gustavo Bulla a partir de los datos de un “Informe de contenidos de la televisión abierta argentina”.

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Hace más de tres décadas Heriberto Muraro constataba que pese a las precauciones de la autodenominada “Revolución Libertadora” al prohibir el funcionamiento de cadenas televisivas en su decreto-ley 15.460/57, casi el 80% de los contenidos que circulaban por la televisión de todo el país se correspondían con las latas enviadas por los cuatro canales de la Ciudad de Buenos Aires. Además se destacaba en aquella investigación que el 50 por ciento de la facturación publicitaria también les correspondía a esos mismos canales. De esta manera, el federalismo televisivo estaba muerto a poco de nacer el nuevo medio a través del mecanismo de la triangulación entre la productora de programas, el canal de cabecera y el canal del interior, como lo desentrañara Margarita Graziano, también por aquellos años.

Desde la Dirección Nacional de Supervisión y Evaluación del Comfer hemos producido recientemente un “Informe de Contenidos de la TV Abierta Argentina” en el cual se tienen en cuenta criterios como origen de la producción, tipos de programas y la estructura de propiedad. En el mes de septiembre pasado pusimos a prueba la metodología elaborada y obtuvimos una “fotografía” sobre la programación de los 49 canales de aire de nuestro país –sin contabilizar las repetidoras– durante ese mes. Como sus resultados brindan una información que puede ser de gran utilidad para reflexionar sobre el tipo de TV que tenemos es que decidimos hacer un seguimiento continuo de carácter trimestral de las grillas de programación de todo el país.

El primero de esos informes trimestrales se corresponde con el período diciembre 2008/febrero 2009 y arroja como resultados centrales que el 70 por ciento de los contenidos de las pantallas del país provienen de los canales porteños, que fuera de esos cinco canales no se produce un solo minuto de ficción y que sólo se puede ver fútbol de manera gratuita allí donde llega por aire la señal de Canal 7. De ese mayoritario 70 por ciento de retransmisiones que se ofrecen en todo el territorio nacional es dable destacar que el 46 por ciento le corresponde a programas de Telefé y el 40 por ciento a Canal 13, repartiéndose el 14 por ciento entre los otros tres canales de aire metropolitanos.

Respecto del fútbol gratuito por TV, debe señalarse que en el interior del país sólo pueden verse los partidos que transmite los viernes el Canal 7. Por supuesto, para ello hay que residir en una ciudad donde se pueda acceder a la señal de aire del canal estatal. Ni siquiera Fútbol de Primera se puede ver gratuitamente en todo el país: al interior va por la señal paga TyC Sports.

De la comparación de la producción propia de los canales según la estructura de propiedad surge que las televisoras públicas de todo el país (del Estado nacional, provinciales y universitarios) produjeron el 38 por ciento de sus programas, mientras que las privadas tan solo el 21 por ciento. Y si nos remitimos al área metropolitana, Canal 7 produjo el 82 por ciento de sus contenidos, frente al promedio del 29 por ciento de los cuatro canales privados.

Un dato insoslayable que surge del informe es que los canales públicos destinan en promedio un 14 por ciento de sus programaciones a los contenidos educativo-culturales, mientras que los canales privados sólo le dedican el 1 por ciento de sus grillas a ese tipo de programas.

Estos indicadores de la TV de aire que tenemos cobran particular relevancia a la luz del debate que se está produciendo en todo el país en torno de la propuesta de Proyecto de Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. Entre otras cosas, respecto del volumen de las retransmisiones se invertirá la proporción actual, ya que sólo se podrá transmitir en red privada permanente durante el 30 por ciento de la jornada de emisión. La cuota de pantalla para el cine nacional hará que los canales de aire estrenen al menos seis films nacionales por año calendario. Además habrá un piso de al menos un 60 por ciento de producción nacional, un 30 por ciento de producción propia y un 10 por ciento de producción local independiente.

Estas medidas de promoción de los contenidos federales, amén de producir una gran transformación de nuestras pantallas de aire, sin dudas contribuirán a constituir industrias culturales locales con el beneficio implícito de la generación de puestos de trabajo en las emisoras de radio y TV de todo el país, pero además ayudando a fortalecer economías regionales a través de la emergencia de nuevos mercados publicitarios.

La TV argentina no es la responsable del centralismo porteño, sus causas están cerca de cumplir sus primeros 200 años. Sin embargo los extraordinarios avances tecnológicos en materia de comunicación deberían servir para atenuar aquellas deformaciones en lugar de profundizarlas. Eso también es en parte lo que estamos debatiendo.

Licenciado en Comunicación. Docente UBA/UNLZ. Director nacional de Supervisión y Evaluación del Comfer.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/laventana/26-125224-2009-05-20.html