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UN RECLAMO PERMANENTE


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Cada vez que algún interés económico se encuentra en riesgo aparece el remanido tema de la “seguridad jurídica”. Esta es declamada por empresarios, amplificada por ciertos medios de difusión y, en muchos casos, zonzamente repetida por amplios sectores de la población. Repiquetean con que las inversiones se ven afectadas por los “permanentes cambios” o que la actividad económica no puede desarrollarse sin “reglas de juego claras y estables”. ¿Cuánto hay de cierto en esto y cuánto de defensa de intereses particulares?

En primer lugar, vale la pena recordar que ciertos aspectos centrales de la política económica de cualquier país no han sido modificados en estos siete años de gobiernos de los Kirchner. Por ejemplo, no ha habido reforma impositiva ni financiera, cuestiones que no parecen ser precisamente menores a lo hora de hablar de seguridad jurídica. Es más, éstas son las grandes asignaturas pendientes en materia de política económica de estos tiempos.

Volviendo al tema de la supuesta “inseguridad jurídica”, la cuestión de fondo es que ese concepto suele ser interpretado (o utilizado) en un solo sentido: cuando los intereses afectados son los de los patrones.

Varios ejemplos van en ese sentido: no se escuchó a empresarios reclamando cuando se crearon las AFJP, ni cuando se bajaron los aportes patronales sobre los salarios, ni cuando se instrumentaron las modalidades de contratos basura al modificarse la Ley de Empleo a comienzos de los ‘90. Tampoco cuando se disminuyeron salarios a mediados de la década pasada y en 2001. Quizás el ejemplo más paradigmático sea el de las retenciones: en 2008, cuando los precios internacionales de los granos subían aparentemente de manera imparable y el Gobierno intentó instaurar el régimen de retenciones móviles, la dirigencia del campo decía que no quería cambios, que las reglas debían ser estables. Así lograron (Cobos mediante) que las retenciones quedaran en los mismos niveles que estaban.

Pero ocurrió que al poco tiempo, debido a la crisis financiera internacional, los precios de los commodities empezaron a bajar. Entonces comenzaron a pedir que el régimen cambie, por supuesto que reduciendo las retenciones. Por suerte para todas las partes, los precios volvieron a subir.

Por lo tanto, ese reclamo permanente del establishment económico acerca de la seguridad jurídica, debería ser traducido de la siguiente manera: “Queremos que las reglas sean estables... siempre que nos beneficien”

* Profesor de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora. rtelechea@gmail.com


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/cash/17-4718-2010-10-24.html

EVOLUCION HISTORICA DE LA COSECHA DE LOS PRINCIPALES CULTIVOS


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Esta frase fue habitualmente expresada en los últimos años, de manera especial mientras se producía el conflicto con sectores del campo por la pretendida implantación de un régimen de retenciones móviles a las exportaciones. Además, era y es zonzamente repetida por habitantes de los sectores urbanos.

En 2008, en el pico del conflicto, ya existía una enorme superficie sembrada luego de cinco años de gobierno de los Kirchner. Luego llegó 2009, con una suma de situaciones absolutamente extraordinarias (y negativas): la incertidumbre producida por la propia dinámica del conflicto del año anterior, la fuerte baja de los precios internacionales de los granos originada por la crisis financiera mundial y la más grande sequía producida en Argentina en los últimos 50 años. Era de esperar que los números arrojaran una fuerte baja en la superficie sembrada. Sin embargo, no fue tan así. El resultado fue sólo ligeramente menor al del año anterior.

¿Y qué pasó en 2010? Nueva suba en superficie sembrada en casi todos los granos, en algunos casos alcanzando a niveles record.

Para que quede más claro, se pueden agregar algunos datos: si se toman las cosechas de los años 1995/1996 (media del gobierno de Menem), la 2003/2004 (inicio de la era Kirchner) y la actual (2009/2010), según datos de la Secretaría de Agricultura, la producción de los diez cultivos más importantes creció respecto de 1995/96 un 113 por ciento (de 43,5 a 92,7 millones de toneladas) y un 34 por ciento respecto de 2003/04 (69,3 millones de toneladas). Tanto respecto de 1995/96 como de 2003/04 crecieron arroz, cebada, maíz, maní, poroto, soja y sorgo y bajaron algodón, girasol y trigo.

Vale destacar los datos de la soja: 12,5 millones de toneladas de producción en 1995/96, 31,6 millones en 2003/04, y un estimado de 52,7 millones para 2009/10. O sea, una suba del 322 por ciento respecto de 1995 y del 67 por ciento contra 2003/04.

Aun con los excepcionales condicionantes negativos anteriormente mencionados de 2009, analizando los datos generales, pero más específicamente observando los incrementos producidos en maíz y soja (en ambos casos record histórico), ¿podría alguien explicar por qué ocurre esto? ¿Se está en presencia de un grupo social que sigue y sigue sembrando, aun a pérdida, sólo por hacer el bien a la Patria? ¿O ganaban y ganan mucho dinero en un negocio excelente, aun pagando estos niveles de retenciones?

La respuesta la tiene el lector, aunque los números hablan solos

* Profesor de la Universidad de Lomas de Zamora.

rtelechea@gmail.com


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/cash/17-4587-2010-08-29.html

“EN ARGENTINA SE LE PAGA A LA GENTE QUE NO TRABAJA”


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En los países desarrollados funciona un muy buen sistema de subsidios o seguro de desempleo. Este opera en dos sentidos: por un lado a aquellos que están sin trabajo les asegura un ingreso que permite sobrellevar las necesidades mínimas para vivir dignamente. Esto implica además que todas las personas seguirán teniendo la posibilidad de mantener cierto nivel de consumo aun sin tener empleo, condición básica para que una economía se retroalimente. Por esto, aquellos trabajadores que están en actividad también gastan sin tener como preocupación la posibilidad de quedarse desempleados y, por ende, sin ingresos. Por lo tanto el seguro de desempleo no debe ser visto sólo como una función social del Estado, sino que es además un aliciente para seguir moviendo la rueda de la economía.

Estos sistemas son también un mecanismo de redistribución de la riqueza y algunos expertos opinan que sirven para mejorar los mercados laborales, ya que los desocupados, al percibir un ingreso, no se ven compelidos a aceptar la primera oferta laboral que reciban, sino que podrán esperar un tiempo por un empleo que se adapte a su nivel de formación y capacitación.

Hace poco escuché decir: “¿Por qué en este país no tomamos en cuenta los dichos de Keynes, quien para fomentar la cultura del trabajo decía que los obreros, aunque sea, debían hacer un pozo para luego taparlo?” Enorme zoncera: Keynes dijo eso como ejemplo de que lo importante no era que trabajaran, sino que siguieran percibiendo un ingreso y, por lo tanto, consumiendo y ayudando a mantener la actividad económica.

En cuanto a los planes sociales específicamente, otros países de América latina también los implementan, como el Bolsa Familia de Brasil o el Plan Oportunidades de México. Estos programas, con evidente éxito, han consistido en la entrega de dinero a familias en situación de pobreza extrema a condición de que los niños vayan a la escuela y cumplan con las normas de vacunación. Rápidamente surge la asociación con la Asignación Universal por Hijo. Vale la pena también recordar que la aplicación de planes de ayuda social tiene en Argentina tanto tiempo de vigencia como el de la democracia, ya que comenzaron con el PAN, en épocas de la presidencia de Raúl Alfonsín.

Otro planteo usual es que en los casos recién mencionados, se trata de programas asistenciales y no de desempleo, como el de los países desarrollados. Pero esa comparación es imposible de realizar, porque éstos tienen a la inmensa mayoría de sus trabajadores en empleos formales, con aportes patronales en blanco y al día. Estas son condiciones esenciales para un buen funcionamiento del seguro de desempleo, así como cuestiones que parecen básicas como tener documentos de identidad, cosa que en los países subdesarrollados no siempre es así.

Como conclusión, queda demostrado que tanto por medio de programas sociales como de seguros de desempleo, en gran parte del mundo los desocupados perciben un ingreso

* Profesor de la Universidad de Lomas de Zamora.

rtelechea@gmail.com


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/cash/17-4552-2010-08-15.html

NUEVAS ZONCERAS ECONOMICAS


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Para evitar prejuicios, Brasil es un modelo a imitar en muchas cuestiones: su visión industrialista, su vocación de grandeza, su sentido nacional y algunas otras que se pueden considerar menos “serias,” como su alegría para vivir y su extraordinario nivel futbolístico. Desde hace tiempo se viene machacando con el “modelo Brasil” como ejemplo a imitar, fundamentalmente en el tema económico.

Si bien vale reconocer el enorme avance que han producido en los últimos años, especialmente desde el ascenso al poder de Lula, Brasil sigue siendo un país de profundas desigualdades sociales. Aquellos que hayan ido de vacaciones con sólo recorrer un poco las calles o quienes tuvieron oportunidad de ver alguna película Ciudad de Dios, habrán comprobado las enormes diferencias que anidan en su sociedad. Entonces la pregunta que surge es si Brasil es el ejemplo de país donde desearían vivir. Resulta interesante analizar algunos datos que pueden ayudar en la respuesta a esa búsqueda:

- La tasa de analfabetismo (personas de quince o más años que no saben leer ni escribir): según la Cepal en Argentina es el 2,4 por ciento, en Brasil, el 9,6 por ciento (cuatro veces más).

- La brecha entre el 10 por ciento de la población más rico y el 10 por ciento más pobre en Argentina es de 28 veces. En Brasil es 34 veces, siendo la segunda nación más desigual del planeta.

- Un dato vinculado con la inseguridad: la tasa de homicidios por año por cada 100 mil habitantes. En Argentina es el 5,3. La de Brasil es casi cinco veces mayor: 23,8. Es importante mencionar que esta cifra es el triple de la media mundial y es considerada equivalente a un país en guerra.

- La tasa de mortalidad infantil de Brasil es casi el doble de la argentina: 20,3 por mil contra 12,0 por mil.

- La cantidad de habitantes por médico: en Argentina es 330, mientras que en Brasil es 900 (casi el triple).

A partir de estos datos, no hace falta ser un especialista para darse cuenta de que gran parte de los resultados de la economía brasileña proviene de una enorme desigualdad e inequidad.

Entonces se debe volver a la pregunta original: ¿Es ése el modelo de país que quieren los argentinos? Se puede tener un enorme PBI, una gran actividad económica, un gran crecimiento, pero construidos desde la desigualdad de una sociedad. Es vital la generación de riqueza, pero mucho más importante es el modo de su distribución

* Profesor de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora.

rtelechea@gmail.com


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/cash/17-4342-2010-05-23.html

  OPINION


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Por estos días se cumple un año del lanzamiento de la Resolución 125 por parte del gobierno nacional. Aquello que en un primer momento parecía casi una simple medida administrativa, terminó desembocando en el hecho político de mayor relevancia de los últimos años. Este aniversario puede servir para sacar algunas conclusiones. El transcurso del tiempo suele permitirnos reflexionar con menor apasionamiento; aunque en este caso, al estar el conflicto todavía latente, resulta difícil abstraerse de subjetividades. Colabora en esa tarea recordar algunas frases que se fueron diciendo a lo largo de este tiempo.

- “Queremos trabajar en paz, con reglas de juego estables”, Luciano Miguens (14/7/08).

El año pasado, cuando los precios de los granos subían y el Gobierno intentó instaurar el régimen de retenciones móviles, la gente del campo decía que no quería cambios, que las reglas debían ser estables. Así lograron (Cobos mediante) que las retenciones queden en los mismos niveles que estaban. Pero ahora que los precios internacionales bajan, quieren que cambien, por supuesto que reduciéndolas. Queremos que las reglas sean estables.... si nos benefician.

- “Seguimos el paro agropecuario”, Alfredo De Angeli (1/4/08).

Cuando un obrero va al paro sabe que probablemente pierda su salario de esos días. Cuando un empresario comercial o industrial hace lockout (paro) también sabe que tendrá pérdidas: los días que no vende, o no fabrica, nunca podrán ser totalmente recuperados. Pero un paro agrario, ¿en qué consiste? Porque es muy fácil quedarse a un costado de las rutas (cuando no cortarlas) o no comercializar la producción, total la soja sigue creciendo o los animales se siguen criando. Esto sin tener en cuenta algo que la mayoría supone: que mientras los patrones estaban en las rutas, los peones seguían haciendo sus tareas con normalidad. Entonces, paro no hubo. Lo que hubo fue desabastecimiento, sea porque no enviaban sus productos para ser comercializados o porque impedían el paso de los demás (o ambos).

- “Aquí se ha llegado al límite mínimo de rentabilidad”, Mario Llambías (febrero 2008).

La gente del campo decía que era imposible hacer frente a una suba de las retenciones, porque de ser así trabajarían a pérdida. Un año después, con los precios internacionales desplomados y con una sequía de una magnitud única en cincuenta años, vuelven a decir que la soja da pérdida. ¿Mentían hace un año o ahora (o en ambos momentos)?

- “Las prohibiciones y trabas ‘burocráticas’ afectan a la exportación”, Hugo Biolcati (29/11/08).

En el léxico de los patrones del campo, “poner trabas burocráticas” significa solicitar comprobantes de pago de impuestos, facturas de las operaciones y demás información que a cualquier empresario se le pide para estos menesteres. Resulta sorprendente que realicen estos planteos.

¿Será porque, como dicen algunos, gran parte de su operatoria es en negro?

- “Ahora la gente entendió que el campo es patria”, Fernando Gioino (2/4/08).

Además de tener una reminiscencia bastante ingrata con épocas que felizmente quedaron en el pasado, el campo se apropia de algo que no es privativo de ese sector. ¿No hace patria un maestro, un industrial que da trabajo y paga sus impuestos, un médico o cualquier ciudadano respetuoso de la ley?

- “En el campo hay muchos pobres. Estadísticamente hay 230 mil productores de subsistencia”, Luciano Miguens (12/8/08).

Mucha gente de la ciudad también repetía esta frase. Vale hacer un par de cálculos para ver si esos chacareros son efectivamente pobres. Si se toma un campo de 150 hectáreas a un valor promedio de 5 mil dólares la hectárea (llegan a valer 15 mil dólares), da un valor aproximado de 750 mil dólares. Si se le agregan las maquinarias necesarias, se alcanza un patrimonio superior al millón de dólares. No conozco pobres que tengan un millón de dólares.

* Docente universitario. Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Lomas de Zamora.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-122199-2009-03-27.html