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  UNA DE LIZ TAYLOR EN EL CINE MADRE CABRINI


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En su función de hoy, a las 21, y en relación con un recordatorio de Elizabeth Taylor, recientemente fallecida tras una larga dolencia y una actividad ligada a su aporte financiero en su lucha contra el Sida, se podrá ver en la sala Madre Cabrini uno de sus films más recordados, tal vez el que más expresa el punto más alto de su carrera dramática. Nos referimos a ¿Quién le teme a Virginia Woolf?, film del 66, llevado al cine por un joven realizador entonces, Mike Nichols, en su opera prima, quien años después dirigiría El graduado y Conocimiento carnal.

Junto a Elizabeth Taylor, premiada con su segundo Oscar por su actuación en este film, encontramos a quien era su pareja de entonces, Richard Burton, marido y amante como lo definía ella, el hombre que la va a acompañar en sus recuerdos, en los días sucesivos, tras su fallecimiento en 1984; independientemente de sus otras parejas. En el film que podemos ver esta noche, estrenado en nuestra ciudad en el ex cine Broadway por Warner Bros, Mike Nichols sigue muy de cerca el texto teatral de Edward Albee, la mayor parte de los planteos escénicos de la obra, cuando su estreno en 1964, con la participación de ambos actores, en el Off Broadway.

Desde su título que abre a un juego de palabras con la expresión de la canción infantil, en inglés, ¿Quien le teme al lobo feroz? (big bad Wolf), la obra y el film plantean un despiadado y al mismo tiempo desesperado enfrentamiento entre marido y esposa, George y Martha, quienes a lo largo de una noche desatan una serie de afrentas y reproches, frente a una joven pareja invitada. A puerta cerrada, excepto en uno de sus pasajes, el film de Mike Nichols, rodado en un hoy añorado blanco y negro, pone sobre la mesa y a cara descubierta, en un ambiente en el que el insulto y la ironía escenifican la impotencia y el rechazo, la confrontación de diferentes modos de ser, de la frustración de expectativas y de los deseos reprimidos. El lector de cierta edad podrá recordar aquella composición sublime que Liz Taylor había logrado en su rol de Maggie, en el film de Richard Brooks, Un gato sobre el tejado de zinc caliente, sobre pieza teatral del gran Tennessee Williams.

Film de progresivas tensiones, que lleva la banda sonora de Alex North, ¿Quién le teme a Virginia Woolf? fue considerado un film escandaloso cuando su estreno, al igual que la pieza teatral, porque según rezaba la crítica era "una lúcida fotografía de los cadáveres que la burguesía estadounidense tenía escondidos en su armario".

La obra teatral abre y cierra con un insulto, desafiante y cómplice, mientras que en el film algunas situaciones golpeantes han sido reemplazadas por otras más reparadoras, tal como lo exigía la Warner. Al igual que Elizabeth Taylor, también Sandy Dennis en su rol de Money, fue merecedora de un Oscar, como "mejor actriz secundaria".

Recordemos que la filmografía de Elizabeth Taylor en los primeros años 60 se abre con el kolossal de Hollywood, Cleopatra, de Joseph L. Mankiewicz (en pocos meses más se conocerá una remake), seguida de Hotel Internacional de Anthony Asquith y Almas en conflicto de Vincente Minnelli. En todas ellas, como la siguiente de 1967, La fierecilla domada de Franco Zeffirelli, Los comediantes de Peter Glenville y Boom de Joseph Losey, su pareja protagónica es el mismo Richard Burton según requerimientos de la misma actriz.

De Joseph Losey, realizador que marcó toda una época con su concepción teatral y cinematográfica, con su visión crítica que se fue potenciando desde su condición de exiliado de la sociedad del Maccarthysmo, se podrá ver en la misma sala, el miércoles, a las 21, uno de sus films más perseguidos y censurados: Por la patria (King & Country).

Estrenado a posteriori de uno de sus films más aplaudidos El sirviente, con guión de Harold Pinter, y dos años antes de su divertimento pop, parodia de los films de la saga Bond, Modesty Blaise, el film que se anuncia esta semana se conoció por primera vez, en nuestra ciudad, en el cine Monumental un 6 de julio de 1965, pasando a formar de manera inmediata, las carteleras de los grupos de cine arte y de cine club de entonces, como asimismo de los programas de los trasnoches de Arteón, que tenían lugar en la sede de El Cairo.

Ambientada en los días de la Primera Guerra Mundial, Por la patria plantea un conflicto dramático en torno a la figura de un desertor, rol que interpreta otro de los grandes, Tom Courtenay, quien será defendido por su capitán de la pena de muerte, personaje que asume el siempre presente Dirk Bogarde, en un clima de oscuridad y barro, de angustia y situaciones límites. Al igual que en otros films del realizador que ha legado al cine obras notables como Ceremonia secreta sobre novela de Marco Denevi (nuevamente la Taylor) y El mensajero del amor, aquí en Por la patria están presentes otros temas que son recurrentes en su filmografía, tales como la relación padre hijo, la figura del doble y del espejo, la hipocresía institucional.

En el momento de su estreno, Por la patria fue motivo de blancos de ataque por parte de los sectores más oficialistas y conservadores, y en España sólo se pudo conocer después de la muerte de Franco.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/12-28118-2011-04-04.html

  CINE. UN CUENTO CHINO, FILM ATIPICO Y PROVOCADOR DE BORENSZTEIN.

Con el protagónico de Ricardo Darín, quien logra aquí una auténtica composición de trabajo actoral, la película se dispara a partir del encuentro entre un ferretero y un inmigrante chino, lo que da lugar a una acertada crítica social.

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¿Cómo definir a este film que se presenta como comedia y emerge como un drama? ¿En qué rubro ubicar, si es que esto es tan necesario, esta obra del realizador de La suerte está echada que arriesga, que se atreve, que aborda algunas cuestiones marcadamente ausentes en el cine argentino? Marcando las diferencias pertinentes, algo señalaba respecto del film que pudimos ver el año pasado, que no tuvo recepción de público, que pasó ya en parte al olvido: Miss Tacuarembó, de Martín Sastre.

A diferencia del film citado, aquí sí el público asiste dándole la bienvenida al film. Tal vez guiado por la huella que Darín va dejando en nuestro cine (tengo mis propias reservas, en este punto), el gran público se acerca con abierta confianza a ver el film y lo que encuentra en la pantalla no es ya a su típico personaje, sino a otro, en un auténtico trabajo de composición actoral, que lo corre de lugar de sus films más exitosos.

Puede llegar a ocurrir que el espectador asocie a su personaje, Roberto, con el que interpretaba Jack Nicholson en Mejor... imposible. Igualmente toda la trama remite, en parte, a aquel que hoy se sigue comentando a la hora de recordar a los maniáticos y obsesivos de la pantalla. Pero claro está, el film respira porteñidad, y los personajes secundarios están retratados con esa vena aparentemente naturalista que, inmediatamente, y sin avisar, dejan un renglón de puntos suspensivos.

La vida de Roberto, que lleva adelante de manera excluyente su pequeña ferretería, transcurre entre rituales horarios, manías instituidas, expresiones acotadas y encogidas. Desde su álbum de recortes de noticias periodísticas vive igualmente sus propias fantasías, en los que asoman el riesgo y el erotismo.

Desde una galería recortada de personajes, que definen cierto tipo de arquetipos, Un cuento chino va marcando, desde lo traumático, un nexo con el pasado, con un hecho histórico, bélico, y al mismo tiempo va desenrrollando su mirada sobre el absurdo; que ya, desde la primera secuencia, se instala en el film. Pero será esta misma situación inicial que le otorga al film un tono de fábula, lo que ya al final, sobre los créditos, resignifique gran parte de lo narrado, remarcando toda una postura crítica respecto de la construcción de la realidad.

En Un cuento chino algo está por acontecer, irrumpir, sin pedir permiso, en la vida de Roberto. Su cruce involuntario con un joven oriental, que no alcanza a pronunciar una sola palabra en castellano, lo ubicará en el terreno de una impensada aventura. Y serán entonces los gestos, las actitudes corporales, las señales, las que comienzan a dominar la escena; una escena armada en un disparar de tensiones y de situaciones insólitas.

La llegada del joven extranjero llevará a Roberto a plantear una nueva búsqueda. Tironeado por las demandas de uno de sus clientes y la simpatía de su vecina, ahora Roberto ha comenzado a experimentar sus contradicciones de manera más vital. Un cuento chino es una historia que apunta a no tener un final, ni en el orden de lo personal ni en la situación externa. Basta mirar detenidamente el afiche y enfrentarse a una yuxtaposición de figuras y sentidos que rechazan toda resolución normativa y ordenadora.

Film atípico y provocador, que mira hacia los prejuicios sobre el otro y las actitudes discriminatorias, Un cuento chino marca otro lugar para el público: aquel que él mismo va construyendo desde su experiencia en el propio y particular devenir de la historia que se nos va narrando.

Un cuento chino: 8 puntos

(Idem. Argentina, 2011)

Guión y dirección: Sebastián Borensztein.

Fotografía: Rodrigo Pulpeiro.

Música: Lucio Godoy.

Intérpretes: Ricardo Darín, Ignacio Huang, Muriel Santa Ana, Iván Romanelli, Pablo Seijo.

Duración: 95 minutos.

Salas: Monumental, Showcase, Sunstar y Village.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/12-28017-2011-03-28.html

  CINE. EL FILM ITALIANO VERANO VIOLENTO SE VERA HOY, A LAS 21.30, EN LA SALA MADRE CABRINI

Dirigida por Valerio Zurlini, la película plantea una historia generacional. El joven hijo de un jerarca del régimen, en el verano de 1943, establece un vínculo amoroso con la viuda de un militar, en el momento en que opera la Resistencia.

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Esta noche en la tradicional sala Madre Cabrini, que ofrece diariamente una variada programación, se podrá ver, a las 21.30, uno de los films italianos que más tiempo permaneció en cartelera en el momento de su estreno: Verano Violento (Estate violenta) de Valerio Zurlini. Esta película cerró la década del 50. En su segundo largometraje, quien sería el realizador de films que hoy figuran en la historia del cine, tales como Crónica familiar, Dos hermanos, dos destinos y El desierto de los tártaros, ofrecía una reflexión crítica de los años del fascismo desde una historia generacional, que colocaba en el centro de la escena a un joven hijo de un jerarca del régimen, que en el verano de 1943, en sus vacaciones en Riccione, establece un vínculo amoroso con la viuda de un militar, en una atmósfera de conflictos sociales y bélicos, en el momento en que la Resistencia comenzaba a operar en el frente.

Con guión de la recientemente fallecida Suso Cecchi d'Amico, una de las plumas más relevantes y reconocidas en el campo del cine, el film de Valerio Zurlini nos lleva al encuentro a uno de los primeros grandes protagónicos de Jean Louis Trintignant, actor que de aquí en más participaría en numerosos films tantos italianos como franceses, como asimismo, a partir de los 70, de otras cinematografías. Ya en 1961 pasará a ser estrella internacional, tras su actuación, junto a uno de los grandes de la "commedia", tal como es Vittorio Gassman, en Il Sorpasso de Dino Risi.

Verano Violento surge de las propias páginas biográficas de Zurlini, (1926 1982), quien le acercó una situación base a Cecchi d'Amico para que redactara un guión afín. Igualmente, el film mira hacia los jóvenes que se fueron uniendo a las filas de los partigiani, tal como el propio realizador entre tantos otros intelectuales de su tiempo, lo había hecho en aquellos tiempos de ferocidad opresiva y de alianzas nefastas del gobierno italiano con el régimen nazi.

Junto a Jean Louis Trintignant, quien recuerda este film con gran valor emotivo, encontramos a la ascendente actriz francesa Jacqueline Sassard, quien deberá enfrentar la pasión que se desata entre el joven y la señora que entrará a escena, rol que cumple una brillante Eleonora Rossi Drago. Por su labor en este film la actriz fue galardonada con el "Nastro de Argento" y en el Festival Internacional de Mar del Plata de 1960, cuyo jurado estaba presidido por el historiador George Sadoul, el director de Rosaura a las diez Mario Soffici, y los talentosos Joseph L. Mankiewicz y Anthony Asquith, Rossi Drago fue seleccionada como mejor actriz de la muestra competitiva de los films presentados. En esta oportunidad, la actriz, quien falleció hace dos años, estuvo presente.

Señalemos que el film hizo época no sólo por su temática y por sus actuaciones, sino también por su cautivante banda sonora, compuesta e interpretada por Mario Nascimbene, autor de partituras tales como La condesa descalza y Almas en subasta. El tema principal inmediatamente se popularizó en los bailables de los años 60, interpretado por el inconfundible Fausto Papetti. En el film, por otra parte, escuchamos la canción Temptation interpretada por Teddy Reno, entonces novio oficial de la hoy ya mítica cantante Rita Pavone.

Verano Violento planteaba, en esa década que despertaba a un nuevo modo de comprender las relaciones íntimas, un cruce entre memoria evocativa y análisis histórico y despertar a la pasión y a la sexualidad. Como igualmente, el cine estadounidense lo lograba con Verano de amor de Delmer Daves y Esplendor en la hierba del controvertido Elia Kazan. Mientras en nuestro país la afrontaba con madurez Leopoldo Torre Nilsson, Fernando Ayala, David José Kohon y Rodolfo Kuhn.

En los días de su estreno, algunas voces de protesta se hicieron escuchar y hoy se pueden seguir testimonios de las críticas negativas de entonces. Uno de sus actores, Enrico Maria Salerno, nombre fundamental en el cine de los 60 y 70, quien en el film cumple el rol del padre del personaje de Trintignant, ofreció ciertas declaraciones a la prensa que fueron rechazadas y cuestionadas por organismos oficiales, ligados al poder religioso.

En una entrevista publicada en un volumen monográfico sobre Valerio Zurlini, escuchamos de boca del propio realizador: "En el film miro hacia 1943, porque ese año representa para mí la toma de grandes decisiones. Tuvo lugar la caída del fascismo aquel 25 de julio y tras el armisticio del 8 de septiembre los alemanes se lanzaron a la ocupación. Yo era muy joven, entonces, y comenzaba a darse todo aquello que marcaría mi vida: la conciencia de la muerte, la presencia del riesgo, la fuerza de tomar decisiones, aún vacilando; el hecho de poner a prueba mi propio coraje, la angustia de sentir miedo, de recorrer el propio país con banderas de lucha frente al enemigo, de comprender más el dolor y el sufrimiento del pueblo. A partir de ese año, de igual manera, comencé a comprender que si bien un sentimiento intenso y profundo puede continuar siempre, la convivencia en pareja es algo que tiende a ser efímero, más aún cuando media un contrato de matrimonio".


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/12-27917-2011-03-21.html

  CINE. ALTERNATIVAS A LA CARTELERA MONOPOLIZADA POR FILMS NOMINADOS Y PREMIADOS AL OSCAR

Celos estilo italiano, una de las menos conocidas de Ettore Scola, se exhibirá hoy en el Madre Cabrini. Por TV dan Victim, pionera mirada crítica sobre el tema homosexual. De los estrenos, La revelación es una perturbadora propuesta.

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Frente a una cartelera que mantiene la mayor parte de los films nominados y premiados, y que llevaría a repensar la ceremonia de los Oscar, hay títulos para señalar en otros circuitos. La entrega de la tan codiciada estatuilla omitió, este año, a títulos tan relevantes como Lazos de sangre, Temple de acero y la labor del notable actor de Claroscuro (film que se puede ver en la sala Arteón en estos días), Geoffrey Rush, quien interpretó hace algunos años un recomendable film que no se dio a conocer en sala comercial: La vida y muerte de Peter Sellers, acompañado por Charlize Theron, Stanley Tucci, Emily Watson y John Lithgow. Una de las películas para subrayar es una de las menos vistas e Ettore Scola, Celos estilo italiano, que se exhibe en la familiar sala Madre Cabrini. Tras cuarenta años de profesionalismo, Scola ha decidido no volver a filmar, por presiones de la cadena Berlusconi y de intereses comerciales no volver a filmar. En el film que se verá esta noche, de 1970, cuyo título original es Dramma della gelosia: tutti i particolari in cronaca, Scola reunió en el cartel principal a tres grandes de la comedia dramática de entonces, tales como son Marcello Mastroianni, Monica Vitti y Giancarlo Giannini.

Estrenado en nuestra ciudad en el ex cine Radar, luego de que conociéramos El comisario Pepe, con Ugo Tognazzi, (lo suele pasar el canal Europa, Europa) el film de Scola nos propone una historia triangular entre una florista, un albañil y un pizzaiolo, en el cruce de las polémicas sociales y políticas que se libran entre el viejo partido comunista y las nuevas tendencias. Con apoyo en una estética propia del teatro de Bertolt Brecha, Celos estilo italiano (aditamento que llevaban la mayor parte de las comedias de origen peninsular) pone en escena en este ambiente del subproletariado expresiones propias del folletín, la fotonovela y la canción popular. Por su labor en este film Marcello Mastroianni recibió la Palma de Oro a la mejor actuación en el Festival de Cannes de ese año.

Para los que deseen quedarse en casa, hoy, a las 22, la emisora TCM ofrecerá otro film imperdible, el primero que aborda una mirada crítica sobre la cuestión homosexual en el cine inglés. Victim, conocida igualmente como Los vulnerables, se estrenó en 1962, bajo la dirección de Basil Dearden, Victim nos lleva a un extraordinario protagónico del siempre recordado Dirk Bogarde, quien compone a un abogado casado, que lucha con su cuestión de identidad en una historia en clave de thriller y de cine noir, que pone en juego situaciones de homicidio y de chantaje, que nos lleva a reflexionar sobre el concepto de "lo normal", en un momento en el que las leyes inglesas condenaban toda manifestación pública de los grupos homosexuales. Film valiente, que funciona como alegato y que llevó a enfrentadas polémicas en el seno de la corte, Victim es hoy uno de los primeros exponentes de un cine que se atreve. Al día siguiente del estreno en Londres, la mayor parte de los medios ignoraron el film y el conservador diario The Observer lo describió como una historia que planteaba una relación "con una palabra de diez letras" (sic).

Para los que deseen revivir el Carnaval en la pantalla chica, en otro ámbito diferente al de los desfiles callejeros que se celebran en los diferentes barrios, se puede alquilar aquel film del 59, ganador de la Palma de Oro en el Festival de Cannes al mejor film extranjero, Orfeo negro, de Marcel Camus. La película recrea el mito de Orfeo y Euridice en los días festivos e hipnóticos del carnaval de Río, con las actuaciones de Breno Mello y Marpessa Dawn, Ademar Da Silva, entre otros y la banda sonora incluye canciones de Vinicius De Moraes (autor igualmente del libreto), de Antonio Carlos Jobim y Luis Bonfá.

Para mañana, a las 19, nuevamente Madre Cabrini ofrece otro gran hallazgo: Cyrano de Bergerac producción francesa de 1990, dirigida por Jean Paul Rappeneau. Figura inmortal de la historia literaria, llevada al cine en casi diez oportunidades, desde los tiempos del cine silente, Cyrano está ahora interpretada por el gran Gerard Depardieu, quien anima al personaje central de esta obra, expresada en verso, junto a Anne Brochet, Vincent Perez, Jacques Weber. Historia de amores diferidos, cuyo símbolo lo escuchamos aún hoy en el habla cotidiana, "de nariz cyranesca", esta nueva versión de Cyrano, que igualmente interpretó el propio Steve Martin en Roxanne, mereció en su momento la Palma de Oro en Cannes al mejor protagonista.

Y en lo que respecta a estrenos, puede verse La revelación, dirigida por John Curran, cuyo título original es Stone, nombre que hace alusión al personaje que compone, entre rejas, Edward Norton.

En esta oportunidad el realizador y el actor de Al otro lado del mundo ubica un enfrentamiento tete a tete entre un funcionario policial, interpretado por un gran De Niro, que vive una situación de crisis agónica matrimonial, y deberá seguir de cerca la situación particular de un presidiario acusado de haber asesinado, mediante el fuego, a un miembro de su familia. El personaje de De Niro debe evaluar si se le puede conceder la libertad condicional. Entre los discursos fundamentalistas de la religión, que pendulan entre el pecado, la culpa y el castigo, y el juego manipulador que se comienza a abrir con la mujer del presidiario, La revelación ofrece una perturbadora propuesta que apuesta a lo teatral, que funde su mirada en un mundo vacío y que expande su abrumador escepticismo.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/12-27715-2011-03-07.html

  CINE. CONOCERAS AL HOMBRE DE TUS SUEñOS, DE WOODY ALLEN, DESPLIEGA MULTIPLES VOCES

Pese a algunas críticas adversas, el film de Allen muestra toda su potencia al plantear "una fábula contemporánea" en la que sus personajes apuestan, de diferentes maneras, a sostener una ilusión como motor para soportar la vida.

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Una vez más por arbitrariedades de los distribuidores se ha llegado a quebrar ese ordenamiento cronológico que se espera del estreno de los films de ciertos directores; en este caso, aún no conocemos en sala el film anterior del siempre bienvenido Woody Allen, Si la cosa funciona cuya presentación se espera para mediados del mes de mayo. Mientras tanto ya los críticos hablan de su próximo estreno, Midnight in Paris, rodado ahora en esa ciudad, como la última secuencia magistral y de homenaje a Groucho Marx y Vincente Minnelli, Todos dicen te quiero, celebratoria del musical, festiva y esperanzadora.

Ante Conocerás al hombre de tus sueños, título que de por sí nos lleva al mundo de las videncias, la mayor parte de las crónicas cinematográficas han hecho hincapié en que Woody Allen ahora tiene muy poco por ofrecer, que se puede ver en el film un gran síntoma de agotamiento y hasta un crítico español arriesga una más que forzada interpretación al señalar que la elección de la melodía When you wish upon a star, del film de Walt Disney de 1940, Pinocho, señala que su realizador "parece reconocer que se ha convertido en una marioneta sin alma, sin ese soplo de genialidad natural que elevaba muchos de sus títulos, y transmite esa apatía a sus personajes, meros muñecos huérfanos de maestro".

Por el contrario, creo que la selección de este tema musical y la referencia al film coloca al mismo en el espacio de "una fábula contemporánea" en la que sus personajes apuestan, de diferentes maneras, a crear y sostener una ilusión. No es casual que la vidente a quien consulta la exmujer de Alfie, (Anthony Hopkins), Helena, interpretada por una notable Gemma Jones, se llame Cristal Del Giorno, y es quien le preemitirá a ella sostener, en otro registro, otras probabilidades.

En otras críticas se lee que están presentes en este film una serie de temas y motivos recurrentes en su obra, lo que podría llevar a pensar en un realizador y guionista que se repite constantemente. Es aquí donde se hace necesario volver a defender este último film de Allen, para hacer valer lo que es una filmografía autoral, aquella que se puede pensar (como ocurre en Fellini, Bergman, Truffaut, Hitchcock, y tantos otros) como variaciones de una misma figura en el tapiz, como situaciones que se reconocen pero planteadas ahora desde otro ángulo, con otra luz, con otros subrayados y otras presencias que resignifican.

En Conocerás al hombre de tus sueños cada uno de los personajes que se irán cruzando sostiene sus frustraciones de manera sosegada o estridente; y al mismo tiempo va proyectando dirigir su mirada en otra dirección, como ocurre con el escritor demorado y su esposa, la hija de Gemma y Alfie, quienes bifurcan su atención hacia la mujer en la ventana, por parte de Roy (Josh Brolin), que la sorprende vestida de rojo interpretando Fandango de Boccherini y de Rally (Naomi Watts), quien mira con fascinación al gerente de la galería, Grez (Antonio Banderas), quien por otra parte tiene la mirada puesta en otra mujer, mediando un par de espesantes pendientes y una interpretación de Lucia Di Lammermoor, de Gaetano Donizetti.

Y podríamos seguir, porque a su vez cada personaje se cruzará con otros hasta llegar a formar una suerte de carrousel de estados emocionales, captados en la ciudad de Londres, no ya en las zonas céntricas. Esa Londres que nos lleva por igual a Match Point, film que giraba en torno al arribismo y el violentar de los límites éticos.

Se le reprocha por igual a este film que ninguna de las historias en cruce cierren. Y es que Allen, de la misma manera que el personaje de Alfie lo pone de manifiesto, deja abierto el interrogante a partir del sueño que tuvo la noche anterior, tal como lo expresa su narrador. De la misma manera en que ese juego entre vidas pasadas y porvenir, que se columpia en el habla cotidiana de los personajes más veteranos, apuntan a un permanente continuará. Tal vez sea otra de las ilusiones de las tantas que va forjando cada personaje.

En esta Londres que se anima como un escenario de aquellos films de los años 40 y 50, en el que ahora en una calle de un barrio una ya muy madura mujer descenderá de un taxi y golpeará tímidamente a la puerta de una vidente. En esta Londres en la que el personaje de Alfie desea recuperar aquellos años vividos, irrumpirá el personaje de Charmaine, alejada de toda retórica intelectual y volcada a una extrema y primitiva visión de la vida, sensual y física, aunque sostenida en el glamour y lo exótico.

A sus setenta y cinco años, y tras cuarenta años de profesión como guionista, director y actor, Woody Allen en Conocerás al hombre de tus sueños hace escuchar su voz no sólo a través del narrador, sino de otros personajes, quienes montan un retablo en el que se escenifica la sublime, imperfecta y por qué no mágica, comedia humana.

Conocerás al hombre de tus sueños. 9 (nueve) puntos.

(You Will Meet a Tall Dark Stranger)

USA España, 2010.

Guión y dirección: Woody Allen

Fotografía: Vilmos Zsigmond

Montaje: Alisa Lepselter

Intérpretes: Anthony Hopkins, Gemma Jones, Lucy Punch, Naomi Watts, Pauline Collins, Josh Brolin, Antonio Banderas, Freida Pinto, Ewen Bremner.

Duración: 98 minutos.

Salas: Monumental, Showcase, Sunstar y Village.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/12-27613-2011-02-28.html

  CINE. EL DIRECTOR DE PI Y UNA FALLIDA VERSION DE EL LAGO DE LOS CISNES.

Para el creador de El cisne negro no hay preguntas, sólo afirmaciones a través de figuras estereotipadas, lentes deformes, ángulos quebrados, en una atmósfera que pretende borrar límites y que se jacta vanidosamente de ser onírica.

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El Hollywood de hoy ama el cine pastiche, aquel cine que permite reconocer citas de otros films, cruces de ciertos géneros que baten taquillas filtrándolos por estéticas videocliperas; carteles actorales en boga con nuevas promesas, con algunas presencias de estrellas que marcaron un top ten en otras épocas. Y por supuesto, efectismos.

El Hollywood de hoy (mejor dicho el aparato voraz de su industria) ha llevado a torcerles el codo a realizadores europeos y asiáticos, garantizándoles ciertos acomodamientos desde una interesada premiación, sólo fugaz, pasajera. Si alguna vez Darren Aronofsky supo ser original y construyó un espectador activo, a través de films como Pi o Réquiem para un sueño, auténticamente provocadoras, hoy presenta uno de sus film más impersonales, manipuladores, obvios y altamente pretenciosos. Olvidábamos señalar que su último film, El luchador, se encuentra en las antípodas de este.

A partir de uno de los films favoritos de Martin Scorsese, Brian De Palma y del mismo Coppola, Aronofsky retoma algunos aspectos del que es considerado obra maestra paradigmática de los films sobre el mundo del ballet: Las zapatillas rojas, de 1948, dirigida por los notables Michael Powell y Emeric Pressburger, con la eximia interpretación de Moira Shearer.

Reestrenada en su versión restaurada en el Festival de Cannes del 2009, Las zapatillas rojas es una feliz recreación de uno de los tantos cuentos de Hans C. Andersen. Ambientada en el detrás de la escena de los espectáculos de ballet, pone en juego circunstancias reconocibles fácilmente en El cisne negro, particularmente en lo que hace a la composición seleccionada, El lago de los cisnes del inmortal y sublime Tchaikovsky, y de la relación del coreógrafo con la primera bailarina. Las distintas situaciones, obsesiones y perfeccionismo, hoy vuelven a estar presentes en el film que nos ocupa (y nos preocupa), merecedor de cinco nominaciones al Oscar, entre ellos, mejor film y dirección.

Fue en aquel evento celebratorio de 2009, cuando Scorsese se refirió a los presentes narrándoles que a Las zapatillas rojas la había visto por primera vez, junto a su padre, cuando tenía nueve o diez años. Y que desde entonces la siguió de cerca, observando a través de su historia "el misterio de la pasión por la creación artística, el lado más oscuro que de pronto puede despertar sin avisarnos".

Este comentario de Scorsese es el que tal vez, aunque sin lograrlo, Darren Aronofsky ha pretendido escenificar, poniendo en las marquesinas la arriesgada relación "arte locura", olvidando la lección de maestros tales como Ken Russell y de Vincente Minnelli. Para el director de El cisne negro no hay preguntas, sólo afirmaciones a través de figuras estereotipadas, lentes deformes, ángulos quebrados, por nombrar sólo algunas, en una atmósfera que pretende borrar límites, que se jacta vanidosamente de ser onírica.

Desde una concepción banal de lo freudiano, El cisne negro se pasea por galerías traumáticas que se alojan en la superficie de Repulsión de Roman Polanski, film al que intenta vampirizar en algunos pasajes. Y para ello su director ha elegido un punto de vista subjetivo que lejos de marcar cierta sospecha reafirma lo que se dice de mil maneras, hasta el cansancio. Todo se balancea torpemente entre el negro y el blanco, la inocencia y la maldad, el lado luminoso y el lado oscuro. Así se construye por igual todo el repertorio de conductas maniqueas del film.

En el último Festival de Venecia, en el que El cisne negro se presentó el día de la apertura logrando enojosas críticas y aplausos por igual, la actriz Mila Kunis obtuvo el premio "Marcello Mastroianni" a la mejor actuación no protagónica. En el film, ella, Lily, es el reverso de Nina, rol que asume con dureza y eficacia una notable Natalie Portman.

Nina, que se esfuerza por ser perfecta, que lucha por conseguir en ese espacio de rivalidad el gran rol de su vida, vive junto a su madre, puritana y orgullosa de su pasado, de su rostro, de su belleza (ahora ya una máscara), en un mundo de fábula, rodeada de animales de peluche. El vínculo tiránico y despótico de su madre recuerda a la madre de Carrie de Brian De Palma y su primer rival, la mala de Lily, funciona como su propia imagen a través del espejo. Todo esto en el film se va repitiendo hasta la fatiga.

Y de pronto despertará lo reprimido, lo que pretende ser siniestro (sin alcanzar ni un solo tono de Suspiria de Darío Argento), de tensión con su manipulador director, rol que compone un admirable Vincent Cassel, a través de conductas sádicas y seductoras. Nina vivirá junto a Lily el desborde y el exceso, llegando a fantasear un irrumpir orgásmico, tan burdo y grotesco, como en el más mediocre de los films.

Confluencia de gritos y sobresaltos, de golpes escénicos particularmente en lo que remite a su vínculo con el personaje que compone una excluida Winona Ryder, El cisne negro revela su costado más payasesco, a partir de lo que altivamente su director se propone.

Pedante y superficial, film poblado de espejos y espejos, espejos y más espejos, con dosis elevadas de truculencia a lo Cronemberg, el film de Darren Aronofsky nos lleva a añorar obras eximias tales como Momento de decisión de Herbert Ross, Invitación a la danza de Gene Nelly, Billy Elliot de Stephen Daldry, uno de los episodios de Fantasía de Walt Disney. Y por supuesto, allí esperan, Las zapatillas rojas.

"El cisne negro". 4 puntos.

(Black swan. EEUU, 2010)

Dirección: Darren Aronofsky.

Guión: Mark Herman, Andres Heinz y John J. McLaughlin.

Fotografía: Matthew Libatique.

Música: Clint Mansell.

Intérpretes: Natalie Portman, Vincent Cassel, Mila Kunis, Barbara Hershey, Winona Ryder, Benjamin Millepied.

Duración: 108 minutos.

Salas: Monumental, Showcase, Sunstar y Village.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/12-27517-2011-02-21.html

  MEMORABLES ACTUACIONES Y ACERCAMIENTO INTIMISTA A LOS PERSONAJES EN EL DISCURSO DEL REY

Los protagonistas, Colin Firth y Geoffrey Rush, establecen una relación distante primero, marcada por la diferencia de clases, para llegar a un agradecimiento y una amistad mutua, lograda a través de un tensionante vaivén dialéctico.

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Aún sin que tengamos conocimiento de la totalidad de los films nominados, y en relación con las doce categorías que ha merecido El discurso del rey, considero, desde la visión de este film, que se ha cometido una real injusticia al ubicar a sus dos actores de base en diferentes escalones. Tras la visión del film, ante un público entusiasta y conmovido, no comprendo cómo puede ser que mientras Colin Firth figura en el escalón de los actores principales, Geoffrey Rush esté en el que corresponden a los "no protagónicos" o "secundarios".

Porque, desde mi punto de vista, si algunos aspectos relevantes debo subrayar, uno de ellos es el que corresponde al de la labor compositiva de ambos, quienes van estableciendo desde una relación distante primero, marcada por la diferencia de clases y ciertos comportamientos en relación con las respuestas del futuro monarca, para llegar a un agradecimiento y una comprensión, una amistad mutua, lograda a través de un tensionante vaivén dialéctico.

Lejos de ser un film que se interna en los pasillos de la intriga política -si bien encontramos algunos apuntes sobre el período que va desde mediados de los años 20 hasta los días de la Segunda Guerra-, El discurso del rey, como su título así lo indica, nos ubica en las esferas de una situación de aprendizaje, que se va escenificando desde una puesta que no oculta su planteo teatral y que lleva a la palabra a un primer plano expresivo.

Film de caracteres, que registra un devenir de tiempo desde espacios cerrados, que no apuesta a la espectacularidad de la reconstrucción de ciertos films de época, el film de Tom Hooper, realizador igualmente de la miniserie Elizabeth con Jeremy Irons y Helen Mirren, va señalando y arrojando reflejos sobre los vínculos familiares en el mundo cerrado del rey Jorge V, su callada esposa (personaje a cargo de la olvidada Claire Bloom) y la marcada asimetría de los jóvenes herederos. Avanzado el relato, su director no omite hacer mención a ciertos pactos y alianzas, intereses económicos y políticos, a propósito de cómo se va manifestando el nuevo escenario europeo desde las acciones del nazismo. Desde la situación de época, El discurso del rey marca un puente con el eximio film de James Ivory, Lo que queda del día, film de 1993 en el que Anthony Hopkins logró una de sus más recordadas composiciones.

Cabe destacar que los principales momentos del film se subrayan musicalmente con composiciones de Beethoven, Mozart, Bach, entre ellos, y son ellos, en su mayor parte, los que se juegan en el consultorio del logopeda (o bien fonoaudiólogo) Lionel Logue, rol que está interpretado magistralmente por el actor de Claroscuro, Letras prohibidas, entre otros, tal como esa recreación de la vida del genial Peter Sellers. Nos referimos a Geoffrey Rush, quien deberá actuar numerosos roles, desde su condición de actor shakesperiano, frente a los reclamos de un tal señor Johnson y señora; nombres que enmascaran a estos personajes de la realeza.

En la puesta en escena de este aprendizaje, que llevará a la superación del duque de York, quien nos es mostrado en el prólogo del film en una situación amenazante, ya que deberá cerrar el festejo de la exposición del reino británico ante las numerosas colonias y la sociedad inglesa, desde un discurso balbuceante, transmitido por cadena radial, ambos personajes, el que asumen Colin Firth y Geoffrey Rush establecen, primero, un duelo compositivo que se irá transformando en un vínculo de entendimiento.

El tratamiento de los espacios adquiere en El discurso del rey un valor relevante y más aún si tenemos en cuenta que no será el vagar por los pasillos reales lo que el director enfatiza; sino más bien el humilde y casi despojado ámbito del departamento en el que habita su maestro y guía. Los diferentes acercamientos y alejamientos de la cámara van señalando el transcurrir de los ejercicios, en escenas que van marcando el esfuerzo, cierto tono paródico en algunos casos, y la presencia de la mujer del duque de York, quien pasará a ocupar el sitial real luego de la abdicación de su hermano Eduardo, por estar junto a Wally Simpson, mujer muy cuestionada.

Desde su inicial tartamudez y temor, el duque de York logrará asistir a la apertura de otras formas de entender a los de su alrededor, que se va alejando cada vez más de los mandatos de su padre, el rey Jorge V, rol que está a cargo del actor de carácter Michael Gambon.

Son los juegos, los cantos, los movimientos corporales, los que el logopeda indicará para su tan particular alumno. Desde una metodología nada convencional (basta comparar con la primera secuencia), el duque de York podrá llegar a reconocer propia autoestima y en este sentido es admirable el enfrentamiento que tiene en el interior de la propia abadía de Westminster (lugar en el que transcurre el film de Peter Glenville, Becket) con el Arzobispo Lang, personaje que asume el notable Derek Jacobi, quien veinte años atrás compuso a Francis Bacon en El amor es el diablo.

Considero que ha sido todo un acierto por parte de su guionista y de su realizador pensar el acto celebratorio de la coronación del nuevo rey no ya en el mismo lugar y en el mismo día, sino a través de una transmisión televisiva que la familia real observa en su propia morada. Como también ubicar en primerísimo primer plano al micrófono, destacándose, o en tal caso, enmarcando a la voz humana. Y, como postdata, sugiero al lector que preste particular atención al último plano del film, a la última imagen.

El discurso del rey. 9 (nueve) puntos

(The King's Speech)

Gran Bretaña Australia EEUU, 2010

Dirección: Tom Hooper

Guión: David Seidler

Fotografía: Danny Cohen

Música: Alexandre Desplat

Intérpretes: Colin Firth, Geoffrey Rush, Helena Bonham Carter.

Duración: 118 minutos.

Salas de estreno: Monumental, Showcase, Sunstar y Village.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/12-27414-2011-02-14.html

  UN JOVEN ACTOR DESOLADO QUE EMPIEZA A CAMBIAR SUS DIAS CON LA LLEGADA DE SU HIJA.

Sofia Coppola elige el Chateau Marmont, un espacio que sigue convocando a fans de estrellas, para hacernos llegar estos fragmentos de tiempo vacío y tedioso, en la vida de un joven actor reconocido por sus roles en films clase "B".

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Anticonformista y polémico, con marcas de cine independiente, (aunque su producción no lo sea), el último film de la realizadora de "Perdidos en Tokio" se interna en los pasillos desolados del mundo del cine y del espectáculo en general; paradójicamente, en uno de los lugares más celebres y visitados por turistas de la colonia de Hollywood, el Chateau Marmont, lugar legendario de la tradición estadounidense, marcado por escándalos y celebrado en páginas literarias; espacio en el que se reunieron, por primera vez, James Dean uno de los últimos ídolos de la "generación rebelde", con una de las jóvenes actrices más seductoras de aquellos años, Natalie Wood, para leer, en ese primer encuentro, el guión de "Rebelde sin causa" de Nicholas Ray.

Lugar de tránsito, espacio que sigue convocando a fans de estrellas, el Chateau Marmont es el ámbito elegido por Sofia Coppola, descendiente de toda una saga familiar del mundo del cine, para hacernos llegar estos fragmentos de tiempo, vacíos y tediosos, en la vida de un hombre joven, reconocido exitosamente por sus roles en films de clase "B" y por haber participado en producciones interpretadas por consagrados actores. Volcado ahora a olvidables films de género, Johnny Marco, nombre que es todo un emblema, ve pasar sus días en una permanente monotonía, acompañado ocasionalmente, sólo por aventuras fugaces, por bailarinas que se mueven fríamente para él en la soledad de su habitación.

Así cada instante se suma a su rutina, tiene la fugacidad de la duración de un globo hecho con goma de mascar y su remera blanca, que vestirá la mayor parte del film, lleva la inscripción de "Asociación de dobles", o sea de actores que ocupan el lugar de los principales, los "stunt man"; si bien él le señalará a su hija de once años, Cleo, quien un día llega, sorpresivamente, que siempre él protagonizó las escenas de riesgo. Le corresponde, pues, al lector establecer sus propias relaciones.

Cleo, interpretada por Elle Fanning, a quien ya hemos visto en "El curioso caso de Benajamin Button" y "La mujer infiel", hermana, por otra parte de la ascendente Dakota Fanning, está ingresando a la adolescencia. Junto a su padre, quien poco a poco descubrirá otra manera de vivir las horas del día, compartirán algunas nuevas experiencias. Desde los silencios iniciales, esos interrogantes, que alcanzan a este joven actor retratado en su apática inmadurez, marcan un espacio de un tiempo que se comienza a vivir de otra manera. En "Somewhere" se comienzan a insinuar algunas preguntas, de manera vacilante.

Podríamos decir que en numerosos aspectos el nuevo film de Sofia Coppola, que recibió más rechazos que adhesiones, aún en el mismo Festival de Venecia donde mereció el "León de Oro" 2010, guarda similitudes con su ya clásica "Perdidos en Tokio", estrenado hace siete años.

Desolada la vida del actor, con ese no saber qué hacer, con ese gesto que en cualquier momento asoma con su mueca de escondido dolor (memorable la secuencia en la cual el joven actor, Johnny Marco es sometido a la prueba de la confección de su máscara), como la que tiene lugar en el set de efectos especiales en uno de los estudios. Arido y desolado es el escenario que transita este personaje, como aquellas imágenes de pinturas de Hooper, como algunos momentos dilatados de los films de Peter Bogdanovich, Monte Hellman, Robert Altman, Wim Wenders.

En una de las conferencias de prensa, ante la pregunta de uno de los asistentes, "¿Quién es Johnny Marco?", sólo el silencio obrará como respuesta. El silencio y el corte directo sobre ese rostro que está comenzando a intuir, junto a su hija, (ya la ha visto patinar ante sus ojos), la narración comenzará a ser más fluida y ondulante. Hay también un pasaje en el film desde aquellos encuadres iniciales, detenidos y fijos, distantes, a otro modo de concebir el propio ritmo de la vida.

Con su cuerpo tatuado, el joven Johnny Marco recibe día a día mensajes anónimos, en los que cabe el reproche y el enojo. En un clima que nos lleva a evocar algunos films de Michelangelo Antonioni, "Somewhere, en un rincón del corazón" (segundo título elegido aquí por los distribuidores) va señalando, paulatinamente, los lugares de quiebre de este aparente bienestar, de esa frívola vida hedonista. Bastan sólo algunos apuntes, que se mueven entre lujosos ambientes, piscinas y opulentos festejos.

Desde una estética minimalista, "Somewhere" pone en juego y en diálogo dos situaciones articuladas con la última Ferrari: la que se da en el prólogo, a partir de cinco vueltas que se plantean en el mismo cuadro, hasta el epílogo en el que se marca una sensible distancia respecto de la secuencia inicial.

Y volvemos al Chateau Marmont, tras un rápido viaje a Italia donde será reconocido en un programa ómnibus, "I Telegatti", donde recibirá un premio en contados minutos, rodeado de bailarinas como las que danzaban mecánicamente en su habitación. Con la presencia de algunos actores que salen a su encuentro cuyos nombres se pueden leer en los títulos finales, el film de Sofia Coppola desnuda un modo de vida que identifica comportamientos convencionales y exitistas.

En un rincón del corazón. Puntos: 8 (ocho).

(Somewhere). EEUU, 2010.

Guión y dirección: Sofia Coppola

Fotografía: Harris Savides

Música: Phoenix

Intérpretes: Stephen Dorff, Elle Fanning, Chris Pontius, Caitlin Keats, Michelle Monaghan.

Duración: 98 minutos.

Salas de estreno: Monumental, Showcase, Sunstar y Village.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/12-27218-2011-01-31.html

  COMEDIA ROMANTICA E INTRIGAS EN "EL TURISTA" UNO DE LOS FILMS MAS PROMOCIONADOS DEL VERANO.

Johnny Depp y Angelina Jolie son el fuerte de la película, a pesar de que no logran ni por un instante establecer una feliz combinación ni en el orden de la intriga, ni en los pacatos juegos amorosos, ni en un forzado ir y venir de miradas.

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Hay films que se anuncian como "La película de este verano" y en este sentido las políticas de promoción de algunas distribuidoras implementan una serie de estrategias desde el mismo día en que ha comenzado el rodaje. En este caso, y ya en relación con el tan publicitado estreno de "El Turista", que se ha dado a conocer de manera casi simultánea en algunas ciudades del mundo, el acento está puesto en la presencia de los dos actores protagónicos, los estelares nombres de Johnny Depp y Angelina Jolie; a pesar de que ambos, en el film, no logran ni por un instante establecer una feliz combinación, ni en el orden de la intriga, ni en los pacatos juegos amorosos, ni en un forzado ir y venir de miradas. Por lo menos, así lo considero.

"El Turista", tras su visión, que se sostiene a partir de una trama de sospechas, que se vuelve más que previsible ya en la mitad de su recorrido, nos lleva a considerar, igualmente, de qué manera un realizador europeo puede ser tentado por el canto de sirenas de la gran industria del cine llamado Hollywood de hoy. Luego de su consagración internacional con "La vida de los otros" (cuyo segundo final hoy sigo discutiendo), el realizador de origen alemán, Florian Henckel von Donnersmarck, a sus 37 años, accedió, tras otros nombres en la escena, a ponerse detrás de la cámara en uno de los escenarios más soñados de la historia del cine, tras un breve prólogo en París y algunas parciales escenas en filmadas en Londres.

La ciudad elegida fue Venecia para este film que se presenta como una remake de una producción francesa del 2005, dirigida por Jèrome Salle, "El secreto de Anthony Zimmer", no estrenado comercialmente en nuestro país, y que cuenta con las actuaciones de Sophie Marceau, Yvan Attal y Sami Frey. Una remake que intenta modelarse desde algunos films de Alfred Hitchcock y de Stanley Donen, tales como "Intriga Internacional", "Para matar al ladrón" y señalado por el propio director, "Charada". Pero no basta que el film adscriba a ese cruce entre el thriller y la comedia para que se pueda comparar con aquellos films que hoy ya son todo un clásico; es necesario además poder transmitir un tono, crear un tempo, construir suspense.

"El Turista" nos lleva en un lujoso tren de Lyon a Venecia en una accidentada historia que abre a un escenario fastuoso y de sofisticado glamour; que parte de un disparo de miradas que se refractan y multiplican en hombres vigías y multicàmaras digitales, de ojos que espían y siguen a otros, lo que nos lleva a pensar en el primer film de su realizador, "La vida de los otros". Sobre la base del film spy el film se propone desplegar una historia de amor, de supuesta atracción y lo hace, lamentablemente, con una controlada puesta en escena que anula todo grado de erotismo y que coloca a la actriz, en su rol de Elise, en una figura más que alejada de las gloriosas "femme fatales" de la historia del cine.

Persecuciones, un hombre que se elige para ocultar a otro; un reflejo de identidades, que lleva a un encuentro con un modesto profesor de matemáticas, de origen norteamericano, herido por una historia de amor. Deudas y venganzas por saldar, tal vez como lo que se narra en ese libro que está leyendo ahora un tal Frank Tupelo, en su viaje en tren, cuando lo intenta hechizar esa mujer llamada Elise.

La mayor fuerza del film se registra en el primer gran tramo, cuando son los indicios (como el referido a la imagen de la doble cara de Jano), los que comienzan a reconocerse, como esa especie de mecanismo de reconstrucción de una carta, que se ha destruido primero por las manos y luego por el fuego. Hay un nombre, un blanco buscado por varios sectores, tanto por la ley, por delito de evasión, y otro del lado del gangsterismo. Combinación de humor y de films de la serie James Bond que nos lleva a recordar, en ese juego de buenos y villanos, en films tales como "De Rusia con amor" y "Moonraker", ambientadas, igualmente, en Venecia.

Angelina Jolie, cual hierática esfinge, transformada en nombre de la estética en un maniquí de cera, intenta seguir los pasos de tantas heroínas del cine. Y a su lado un clownesco Johnny Depp, que llegará a correr por los tejados de Venecia, en pijama, arribarán a esa ciudad y ocuparán ambos la suite del mítico Hotel Danieli, lugar en el que se filmaron momentos del último film de Vittorio De Sica, "El viaje" con Sophia Loren y Richard Burton y de la nostálgica y eufórica comedia de Woody Allen, "Todos dicen te quiero".

Venecia, la ciudad construida sobre "un mosaico de cien islas", con más de ochocientos puentes que van uniendo los distintos lugares, es la gran protagonista de esta historia, que sí entretiene, a medias, y que nos lleva a pasar algunos momentos placenteros; sólo algunos. Pero la visión de Venecia que ofrece el film sigue siendo la turística (coherente con el título del film).

No creo que más allá de la visión del film los nombres de la Jolie y de Depp lleguen a ser recordados, pese a ser los que más cotizan hoy en el mundo del cine. Sí, en cambio merecen subrayarse otros nombres, pese a sus breves actuaciones, tales como Christian De Sica, Neri Marcorè, Raoul Bova, Nino Frassica, Paul Bettany y un misterioso señor inglés, rol que cumple un sorpresivo Rufus Sewell.

Y por supuesto, la inmortal, soñada, fantasmal, hechicera, y legendaria Venezia!. Pero no así en este film; así lo creo.

"El turista" ("The tourist"). Puntos: 5 (cinco).

EEUU FRANCIA, 2010

Dirección: Florian Henckel von Donnersmarck.

Guión: Christopher McQuarrie, Florian Henckel von Donnersmarck y Julian Fellowes.

Fotografía: John Seale

Música: James Newton Howard

Intérpretes: Johnny Depp, Angelina Jolie, Paul Bettany, Timothy Dalton, Steven Berkoff, Rufus Sewell, Christian De Sica.

Duración: 105 minutos.

Salas de estreno: Monumental, Showcase, Sunstar y Village.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/12-27126-2011-01-24.html

  EL ILUSIONISTA, LA SORPRENDENTE ANIMACION DE SYLVAIN CHOMET


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Éramos pocos espectadores en la noche del viernes, en la segunda y última función de ese día. Allí, en esa pequeña sala, no éramos más de veinte. Y la situación parecía reflejar lo que nos mostraba la pantalla. Frente a nosotros, en un pequeño teatrillo, el personaje de ese mago, Tatischeff, hombre de mediana edad, con ese parecido tan particularmente cercano a Monsieur Hulot, desplegaba su ingenio frente a una platea semivacía. Sólo estaban allí una abuela y su nieto.

Tras aquella maravilla que vimos a principios de este nuevo siglo, Las trillizas de Belleville, y de uno de los episodios de París, Je t'aime animó la letra de un guión guardado del gran creador Jacques Tati, Nº 4, que le fue confiado con cierto recelo al realizador por la propia hija reconocida del director. Hay toda una leyenda de tramas secretas y amores negados detrás de esta historia, que tiene mucho de melodrama sublime y que nos lleva hoy a disfrutar, mágicamente, de este prodigio fílmico.

A diferencia de los dibujos animados de hoy, El ilusionista no se promociona desde la truculencia, ni efectos especiales, ni formato y proyección 3 D. Por el contrario, reconocemos las imágenes como si estuviésemos leyendo libros de cuentos antiguos, con sus figuras troqueladas, con esa pátina de tintas, de luces y sombras, de colores que se refugian en cajas de acuarelas.

Sorprendente es el film de Sylvain Chomet para quien firma esta nota. Nos reencuentra con una historia de sentimientos nobles y soledad; nos hace participar de ese perfume de melancolía que se expande en ese forcejeo entre el ayer y el hoy. Parecería que en nuestro mundo actual, como en el del personaje, ya no hay lugar para los magos y los sueños.

Iluminado por citas cinéfilas (los zapatos rojos que nos llevan al mundo de Oz, la proyección de una escena de Mi tío del propio Jacques Tati), el film de Sylvain Chomet está ambientado a mediados de los '50, cuando ya los grupos de rock preanunciaban a los nuevos conjuntos musicales y poblaban los escenarios. Cuando ya los magos, ilusionistas, artistas de varieté, comenzaban a ser marginados por los propios empresarios y el público.

De París a Edimburgo, viajes en tren y en barco, cielos azules grisáceos, y las incesantes lluvias; historia de otro encuentro: el del mago Tatischeff con una joven huérfana, silenciada, llamada Alice, a quien el artista le brindará su cariño paternal y le abrirá otras puertas.

Entre la nostalgia y el tierno humor, El ilusionista revisita aquel cine artesanal que hizo soñar a tantas generaciones. A aquel maestro de la comedia que fue y es Jacques Tati, cuyos gestos, actitudes, forma de caminar, vuelven a proyectar a Monsieur Hulot en la pantalla de los sueños.

Y a la magia como acto de fe, tal como nuestro siempre presente Jorge Luis Borges la redescubre en su inmortal cuento La rosa de Paracelso.

El ilusionista. 10 (diez) puntos.

(L'illusionniste).

Gran Bretaña Francia, 2010.

Dirección: Sylvain Chomet

Guión: Jacques Tati, Sylvain Chomet.

Música: Sylvain Chomet

Duración: 80 minutos.

Sala de estreno: Showcase.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/12-27026-2011-01-17.html

  UNA VERSION POSMODERNA DE EL RETRATO DE DORIAN GRAY DIRIGIDA POR OLIVER PARKER

La película lleva a añorar los clásicos realizados a partir del texto de Oscar Wilde. Allí donde el escritor ponía en juego la dimensión del arte, la pasión creadora y la presencia de los cuerpos, el nuevo film apela a la yuxtaposición.

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A sesenta y cinco años de su primera versión en el cine, la célebre novela El retrato de Dorian Gray, de Oscar Wilde, cuyo prólogo es toda una declaración de principios sobre la moral y el arte, sobre la creación y los perfiles de la crítica, nos encontramos con un film que transita por los terrenos reconocibles de la era victoriana y con una relectura de su realizador, Oliver Parker, que pone en juego, igualmente, las figuras de la proyección y del desdoblamiento, propias del Robert L. Stevenson del El extraño caso del Dr. Jeckyll y Mr. Hyde.

Fue a mediados de los años cuarenta cuando Albert Lewin dio a conocer por primera vez en su propio país, en esa misma Inglaterra que había condenado y expulsado a Wilde, una primera versión de El retrato de Dorian Gray que es toda una lectura crítica sobre los comportamientos conformistas, sobre la relación del placer con el paso del tiempo, sobre un casi pacto fáustico sobre la eterna juventud.

En esta primera transposición al cine (se puede hallar en DVD) que cuenta con las actuaciones de George Sanders, Peter Lawford, Hurd Hatfield, y una muy joven Angela Lansbury, ya están presentes los aspectos ambiguos de la paradigmática obra de Wilde, respecto de la belleza y el hedonismo, sobre el deseo, el amor y la sexualidad. El film, hoy particularmente revalorizado, sólo mereció un Oscar en el rubro "mejor fotografía", a cargo de Harry Stradling.

Y ya en el inicio de la década del 70 el director Massimo Dallamano estrenó su particular, mediocre y olvidable versión interpretado por el actor fetiche de Luchino Visconti, Helmut Berger. Aquel film se conoció en nuestra ciudad en el cine Monumental.

La lectura que hace Oliver Parker, en esta nueva versión, y que se ve precedida por sus films notables también basados en la obra de Wilde, tales como Un marido perfecto y La importancia de llamarse Ernesto, nos lleva a añorar el film de los 40 y a tener presente la particular biografía que logró Brian Gilbert, con su film Wilde, estrenado en 1998, con la destacada actuación de Stephen Fry en el rol del autor. La figura de Wilde, por otra parte, ya había sido motivo de otros films, tales como Los juicios de Oscar Wilde, de Gregory Ratoff de 1960, con el protagónico de Robert Morley y El hombre del clavel verde de Ken Hughes, con la labor protagónica del siempre recordado Peter Finch.

Sobre "El amor que no se atreve a decir su nombre" mucho se ha escrito, novelizado y teorizado. Sólo en pocas ocasiones en el cine esa particular ambigüedad que sienten algunos personajes de Oscar Wilde se ha hecho presente a través de un planteo cinematográfico.

En el nuevo film de Oliver Parker, de formato posmoderno, se juega una estética del exceso, un cruce, simultáneamente, entre aspectos de su obra en lo que hace a la trama argumental y personajes y en un reconocible modelo de thriller gótico de hoy, de cine fantástico de terror.

En tal caso, es el personaje de Colin Firth el que habla a través de las citas irónicas de su autor y es el joven Dorian Gray, interpretado por Ben Barnes, el que aporta esa sensualidad andrógina, encarnada en esta nueva imagen del mito de Narciso. Pero es, particularmente, el personaje de Basil, interpretado por Ben Chaplin, el pintor, el que al igual que en la primera versión, genera, silenciosamente, ese susurrar callado de lo que se oculta y no se atreve a expresar.

En tal caso, los que se acerquen al film desde una óptica que pretenda recuperar a Wilde, su universo, su filosofía, sólo podrán encontrar aquí ecos de toda una época y algunas frases dichas al pasar. En otro plano, Oliver Parker apostó a la yuxtaposición y formato tipo videoclip en lo que hace al montaje, allí donde la mirada de Wilde se detenía. Allí, en ese mismo lugar, donde el deseo y la sexualidad abrían espacios de interrogación. En ese mismo renglón en el que Wilde ponía en juego la dimensión del arte, la pasión creadora y la presencia de los cuerpos. Donde los límites se borroneaban y se expandían la fascinación y la sospecha.

El retrato de Dorian Gray. 5 (cinco) puntos.

(Dorian Gray). Inglaterra, 2009

Dirección: Oliver Parker

Guión: Toby Finlay sobre la novela de Oscar Wilde

Fotografía: Roger Pratt

Música: Charlie Mole

Intérpretes: Colin Firth, Ben Barnes, Rebecca Hall, Ben Chaplin.

Duración: 112 minutos.

Salas de estreno: Monumental, Showcase, Sunstar y Village.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/12-27028-2011-01-17.html

  CINE. MAS ALLA DE LA VIDA, FALLIDO INTENTO DE CLINT EASTWOOD SOBRE LA MUERTE

Basada en tres historias paralelas de personas que sufrieron experiencias traumática, relacionadas con la muerte, la película del director de Río místico recurre a artificios narrados con solvencia, y construye un final previsible.

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De las figuras del cine estadounidense Clint Eastwood es uno de los contados exponentes que reúne en sí las profesiones de productor y realizador, guionista y creador de la banda sonora, actor y aún hoy galán para una cierta platea. A sus ochenta años sigue pensando en un próximo proyecto. Y en su larga trayectoria, que nos lleva a los años de los spaghetti westerns de los 60, encontramos numerosos films que marcan no sólo caracterizaciones diferentes en la construcción de personajes sino en proyectos fílmicos absolutamente disímiles. Una de sus más fanáticas biógrafas, considera que Clint Eastwood define: "al típico geminiano, al que desconcierta, al que nos sorprende por sus continuas máscaras, al que participa de una continua operación de desdoblamiento".

Acérrimo defensor de la política republicana, Eastwood, no obstante es autor de una serie de films que miran con virulencia crítica la esquizofrenia del sistema estadounidense, tal como se juega en uno de sus más personales films, Río Místico y es al mismo tiempo un realizador que, desde su condición de autor, se permite interrogar a los falsos pilares en lo que se sostienen los conceptos de imperio y potencia, llegando a desmitificar a aquellos atributos fordianos de valentía, honor y patriotismo.

Clint Eastwood me sorprende y me desconcierta. Me movilizan algunas de sus historias, me irritan otras. Tal vez sería importante aquí transcribir opiniones valorativas y enfáticas sobre algunos de sus films. En tal caso, cada lector ya estará pensando en las suyas.

Al entrar al cine, en compañía de amigos, para ver este su último film Más allá de la vida inmediatamente pensé en títulos similares como Más allá de los sueños, aquel film con diseño escenográfico de Eugenio Zanetti, que transforma la otra dimensión en como una empastada y fluorescente incursión al más allá, con banda sonora fuertemente edulcorada y con estridentes golpes de efecto. De igual manera, me vino a la mente la imagen final de Gran Torino, cayendo el personaje de Eastwood con los brazos en cruz, la cámara sobrevolándolo y ese dejo de culposa redención; tal vez respecto de tantos films de violencia que el mismo Harry el sucio, interpretó. Con todo este peso es que entré a la sala. Más aún, ya en los títulos iniciales sobresalía en carácter de coproductor ejecutivo el nombre de Steven Spielberg. Y una vez más, volví a sospechar.

Lo que sigue podría llamarse "Crónica de una decepción". Algo que corroboré más tarde cuando recibí la información acerca de que los órganos oficiales del Vaticano habían saludado con beneplácito estos dos últimos films. Claro está una vez Eastwood se me presentaba escindido desde su ajustada modalidad narrativa, que me remite a cierto cine clásico, y a su tono de aburrida complacencia respecto de lo que allí se está narrando. Mi conclusión antes de terminar la nota: este sí es, para quien firma esta crítica, "un declarado film de encargo".

Esta apreciación que puede sonar terminante, de ninguna manera pretende dejar de lado lo que reafirma su oficio narrativo y su conocimiento de los géneros. Producida igualmente por quien está en la base de E.T. y Benjamin Button, Kathleen Kennedy, el film de Eastwood va más allá de los típicos productos New Age del cine de los últimos años. Y si logra este plus es, básicamente, porque detrás de la cámara está un hombre que se identifica con el mundo del cine y que representa, desde su figura de ícono, ese cine que sigue gustando por igual al gran público y que despierta admiración en el campo de la crítica. Recordemos, en ese sentido, que en los últimos diez años numerosos festivales internacionales han ofrecido en la noche de inaugural algunos de sus films.

El film de Clint Eastwood, Más allá de la vida, que ya desde el título nos lleva a ubicarnos en otro espacio, en otra dimensión, describe situaciones que competen, en latitudes geográficas diferentes, a tres personas afectadas por espacios lindantes con situaciones límites. El film pretende, para mí sin lograrlo, abrir interrogantes, pero, lejos de ello, los maneja con familiar convencionalismo reparador. Y para lograr su ambicioso objetivo, de experiencias riesgosas y supuestas incertidumbres, apela a un modelo estructural ya en parte agotado: el de que sus personajes al final de la historia, partiendo de geografías diferentes, se encuentren en una misma situación, en un nuevo acontecimiento, en una insistencia de resolución.

San Francisco, París y Londres, tres (o cuatro personajes básicos) afectados por situaciones traumáticas movilizadoras y lamentablemente, un guión que aplasta lejos de generar dudas y llevarnos a nuestras propias reflexiones. En esta oportunidad Eastwood filmó un guión de Peter Morgan, autor del libro cinematográfico de La reina, celebratoria realización de Stephen Frears.

Si algo me propuse a la salida del cine, tras haber experimentado un sentimiento de enojo por tanto previsible y conformista The end, fue tratar de repensar el film. Y lo que ahora surge, cada vez más con mayor nitidez, es que Eastwood realizó un montaje con situaciones de films cuasi dramáticos, con films de catástrofe (véase la secuencia del tsunami, despliegue de los grandes estudios), notas de actualidad social y política mediante la presencia de atentados terroristas (añoro London River), historias dickensianas del lado inglés en la vida de los hermanos (tal vez, para mí, lo mas logrado del film) y desganadas impostaciones sobre el don de la videncia. Todo ello, sin olvidar el toque spielbergiano de un film como Always, en los que hace a las figuras fantasmales de ese túnel luminoso y borroneado que nos lleva a otra dimensión.

Destaco sí las composiciones musicales del propio Eastwood, el haber elegido ciertos pasajes operísticos y particularmente la historia ambientada en Londres, con algo del Oliver Twist de Polanski y del universo domestico de Preciosa. Pero pienso ahora en el próximo proyecto del realizador: su perfil biográfico sobre ese contradictorio, camaleónico personaje que fundó el FBI, Edgard J. Hoover. Y será DiCaprio quien asuma este desafiante rol.

Más allá de la vida. 5 (cinco) puntos.

(Hereafter)

EEUU. 2010

Dirección: Clint Eastwood

Guión: Peter Morgan

Fotografía: Tom Stern

Música: Clint Eastwood

Intérpretes: Matt Damon, Cècile De France, Frankie McLaren, Marthe Keller, George McLaren, Jay Mohr.

Duración: 130 minutos.

Salas de estreno: Monumental, Showcase, Sunstar y Village.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/12-26925-2011-01-10.html

  BALANCE 2010. UNA MIRADA MAS ALLA DE LAS MAJORS

Aunque las salas comerciales se rigen por las apuestas convencionales, el 3D y los llamados efectos especiales, hubo joyas como Las playas de Agnes, Vincere y La isla siniestra, que son inolvidables. El valor de los circuitos alternativos.

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Como en cada inicio de año, nuevamente estamos frente a una lista de títulos que visitaron las pantallas de los cines del 2010. Lo que salta a la vista es el más que estridente apostar a aquellos films que garantizan, desde lo más convencional y ultrasofisticado en tecnología, éxitos de taquilla en relación con los llamados films de efectos especiales (denominación que ya ha quedado encogida), sistema 3 D y secuelas de secuelas de films de terror. Cada vez más están ausentes los títulos de los grandes realizadores, los que configuran el llamado "cine de autor", de perfiles propios, de marcas que se alejan de los films super promocionados y oscarizados.

En el año en el que perdimos a realizadores de la talla de Arthur Penn, Luis García Berlanga, Claude Chabrol, Mario Monicelli y Blake Edwards, entre otros, conocimos algunos títulos que, estimo, podrían llegar a figurar entre los favoritos del 2010. Claro está, igualmente, tengo presente aquellos films que se han dado a conocer en los circuitos alternativos de las salas de El Cairo, Madre Cabrini (ya en sus 26 años), Arteón y del siempre presente en su larga tradición, Cine Club Rosario.

Hoy, frente a una cartelera de estrenos que no despierta motivación alguna, pendientes de la reapertura de las salas de los cines Del Siglo (en lo que hace a realizaciones que no responden a mandatos de las majors), el panorama es casi lamentable. Duele ver las marquesinas de los cines sólo reservadas a la promoción de títulos que se apoyan en un sistema standarizado de obra cinematográfica, de fórmulas y clichés, de previsibles golpes de sorpresa, de seriales de seriales.

Para quien firma esta nota, los títulos más ambiciosos y decepcionantes de 2010 podrían llegar a ser Alicia en el país de las maravillas, amplificada versión del mundo Disney, indigesta torta de repostería que no cala en los aspectos más ambiguos y siniestros tanto de la obra de Lewis Carroll como de la poética de Tim Burton; Nine, pretenciosa megalómana, libérrima, irreconocible versión de Ocho y medio de Federico Fellini, en clave de comedia musical, dirigida por Rob Marshall (el autor de Chicago), El origen de Christopher Nolan, film que miraba hacia el mundo de Matrix y que en sus páginas y páginas de explicaciones no logró a una parte del público motivarnos ni inquietarnos ni convencernos; algunas de las multipremiadas como Vivir al límite, de Kathryn Bigelow, ex esposa de su hoy rival Jame Cameron, quien le disputaba con Avatar ese primer, primerísimo lugar (en un lado opuesto al film de la Bigelow, el tan recomendable film Hermanos, de Jim Sheridan, retrato en negro de la heroicidad y triunfalismo yanqui). Otra obra malograda fue La joven Victoria, de Jean Marc Vallée, historia edulcorada y pretendidamente sentimental que canta loas a los paladines del Imperio, sin citar otros films que, considero, pese a sus largas semanas en cartel, entre los viajes y el confort, mediando tarjeta de crédito Visa Gold y otros que se juegan después de la caída del sol, ponen en peligro las posibilidades de la creación cinematográfica.

Mientras abrimos la semana, en Madre Cabrini, con títulos tales como Queimada, de Gillo Pontecorvo, Madame Bovary, de Chabrol, y Cristo se detuvo en Eboli, de Francesco Rosi, seguidas por La herencia de los Ferramonti, de Mauro Bolognini y La misteriosa dama de negro, de Richard Quine, mediando Ben Hur, para el jueves.

Una selección

Una selección de aquellos títulos destacables, que pueden considerarse admirables, que hacen honor al cine y aman a sus espectadores, lleva de inmediato a los márgenes de la cartelera comercial. Como se puede comprobar, la mayor parte de estos títulos seleccionados se dieron a conocer sólo en las salas de los cines Del Siglo.

Tal como se da con Las playas de Agnes, de la genial y siempre sorprendente Agnes Varda, reflexión sobre el acto de crear, en un itinerario que presenta un montaje entre la biografía de la fotógrafa y realizadora y aspectos de su trayectoria profesional, siempre al lado de su amado y recordado Jacques Demy.

Del documental a una historia elaborada de cruces e intrigas, en los escenarios políticos que se van modificando desde los días previos a la Primera Guerra hasta el final del fascismo: El secreto de Mussolini y la excepcional Vincere, de Marco Bellocchio, films en los que se juegan situaciones de locura y poder, en torno a la historia de un amor secreto y de un hijo negado. Uno de los mejores films del último Scorsese, (una auténtica obra maestra), La isla siniestra, ofreció en el formato de un thriller una historia de rara y peligrosa ambigüedad, ambientada en los años del maccarthysmo. Un cruce a otra orilla, como en la aplaudida y perturbadora El escritor oculto, de Roman Polanski, en la que sus recién llegados participarán de una creciente pesadilla, de enigmas y de un pasado que se mueve en los pliegues de una perversa manipulación de la locura.

Las puertas de la fantasía se abren igualmente hacia el mundo de los posibles, a partir de juegos de encantamiento, caleidoscópicas puestas en escena y una reflexión sobre el paso del tiempo, la vida y la muerte, tales como en El imaginario mundo del Dr. Parnassus, del siempre esperado Terry Gilliam.

En el plano de la comedia, género hoy particularmente muy devaluado, no se registran significativos títulos. A no ser si consideramos ahora el término como reflejos y como ciertas situaciones que nos llevan a sonreír, tal como estimo se manifiesta en Las hierbas salvajes, de Alain Resnais, film que nos transmite ese circular de situaciones que a veces son impensadas, que de pronto se dan donde menos uno las piensa. O bien como en I love you Phillip Morris, conocida aquí con el poco original y tramposo título de Una pareja despareja, donde el amor, la extravagancia y el anticonformismo le permiten a sus actores Jim Carrey y Ewan McGregor, sorprendiéndonos. ¿Y cómo no hacer figurar aquí, Un hombre serio, de los hermanos Coen, muy personal obra de estos realizadores que nos acercan una parábola sobre mitos y creencias en torno a ese juego de tensiones que se dan en el interior de la cultura judía.

Las notas más dominantes están, entonces, en los films dramáticos. O en las llamadas "comedias dramáticas", aunque en ambos casos hay films que no se ajustan, afortunadamente, a esta primera ubicación. Como en Seraphine y El encanto del erizo, ambas en mundos diferentes, con sus secretos detrás de las puertas, con esa proyección hacia otras formas del amor. La lectura, el mundo del arte, los nuevos vínculos: dos inolvidables films desde dos retratos de mujer. El diseñador Tom Ford presentó su opera prima, Sólo un hombre, con un sublime Colin Firth, en una historia que reconstruye una profunda historia de amor, que narra ese vagar por los recuerdos y por el propio presente de las últimas horas en la vida de un profesor gay, marcado por el dolor y la melancolía.

El espacio se va acortando y quedan numerosos títulos que deben figurar, tales como Cosa voglio di piu, de Silvio Soldini, Final de partida, de Yojiro Takita, Luz silenciosa, de Carlos Reygadas -el director de Japón , London River, de Rachid Bouchareb, Rembrandt's J'acusse, de Peter Greenaway, Rosetta, de Jean Pierre y Luc Dardenne, Une affaire d'amour, de Stèphane Brizè.

Los dos últimos films de Ozon sólo se conocen en nuestra ciudad en DVD: Ricky, y El refugio. ¿Y cómo olvidar el más que necesario y trascendente film de Michael Haneke, La cinta blanca, film que nos lleva a pensar en el Bergman de El huevo de la serpiente, en esta historia ambientada en los años 10, en una comarca rural, en la que dominan autoritarismos y perversiones.

Deberíamos contar con un apartado particular para el cine latinoamericano. Del cine argentino, elijo, en primer lugar, compartiendo ese escalón, Sin retorno de Miguel Cohan y La mirada invisible, de Diego Lerman. Y considero igualmente, entre mis favoritas, Andrés no quiere dormir la siesta de Daniel Bustamante, El hombre de al lado, de Cohn y Duprat, La mosca en la ceniza, de Gabriela David (recientemente fallecida), y la delirante y ocurrente, transgresora, Miss Tacuarembo, de Martín Sastre.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/12-26829-2011-01-03.html

  CINE. ANTE LA FALTA DE ESTRENOS COMERCIALES, CIRCUITOS ALTERNATIVOS PARA VER BUENOS FILMS.

Mientras el canal de cable Europa, Europa emite esta noche la película de Mario Monicelli, Buscando el paraíso, que no se vio en salas; el miércoles, en el cine Madre Cabrini se podrán disfrutar dos títulos fundamentales: Casablanca y Gilda.

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A diferencia de años anteriores, la cartelera de esta semana sólo presenta un estreno, esto sin tener en cuenta los numerosos films que aún no se han presentado en la ciudad y que es muy probable que pasen directamente al DVD. Aún no hay confirmación sobre la fecha para la reapertura de los cines Del Siglo. En estos "mientras tanto" y a la espera de los estrenos de los postergados dos últimos films de Woody Allen, Si la cosa funciona y Conocerás al hombre de tus sueños, se destacan algunos films que se pueden seguir en otros circuitos y medios.

Para hoy, a las 20, Europa, Europa anuncia la transmisión de un policial negro del 78 de Michael Winner, El sueño eterno, remake que protagonizara en aquellos años la mítica pareja Humphrey Bogart y Lauren Bacall, bajo la dirección de Howard Hawks, ahora con Robert Mitchum y Sarah Miles. Más tarde, a las 22, se podrá ver en el mismo canal Buscando el paraíso un film del 95 del genial Mario Monicelli, no estrenado en el país.

Basado en uno de los relatos del libro de Giuseppe Pontiggia, Vidas de hombres no ilustres, el film de Monicelli recorre cincuenta años de la sociedad italiana a partir del retrato que hace de Claudia Bertelli, rol que interpreta la siempre admirada Margherita Buy. En efecto, la Bertelli, nacida en Milán en el 49, tras su paso por la universidad inglesa, fue una activa figura contestataria que formó parte los grandes movimientos del 68 y que de igual manera actuó en las filas del feminismo.

Historia de personajes rechazados, Buscando el paraíso es uno de los tantos films de Monicelli (quien el pasado 29 de Noviembre puso fin a su vida tras arrojarse de un quinto piso de un sanatorio de Roma donde era atendido por una grave dolencia), que no se ha dado a conocer en nuestro país, como tantas otras de sus obras de los últimos quince años.

Con guión de Suso Cecchi d'Amico, Leonardo Benvenuti, Piero De Bernardi y el propio realizador, Buscando el paraíso explora en los rincones más profundos de las relaciones familiares, a partir de este retrato de mujer que llegó a enfrentar las convenciones de su tiempo, desde su condición de madre soltera, con hijo mestizo, que alcanzó el título de doctora y que pasó, posteriormente, a ingresar en un convento. Acompañan a la Buy, notable actriz de films de Ozpetek y Soldini entre otros, el siempre recordado Philippe Noiret, en el rol de su padre, y Aurore Clèment como su madre. Junto a ellos, Lello Arena, Dario Cassini, Mattia Sbragia y Gianfelice Imparato.

Por su parte, tras su exhibición de Visita inesperada de Thomas McCarthy, el lunes a las 21.45, la sala Madre Cabrini anuncia para el martes a las 18.45 el inmortal film de Sam Wood, Por quién doblan las campanas, basado en el tan leído y admirado libro de Ernest Hemingway. Film sobre los ideales, la fugacidad del amor y de la vida misma, historia de luchas por un tiempo de igualdades y justicia, estrenado en Rosario en el cine Palace, en mayo del 46, la película parte del mismo epígrafe de la novela homónima que responde a un texto del poeta inglés del siglo XVIII, John Donne.

En este antológico film de Sam Wood, de visión fundamental, el entonces eximio Gary Cooper interpreta al corresponsal estadounidense Robert Jordan (tal vez con reflejos del propio autor de la novela) que se une a las fuerzas del ejército republicano. Su lucha, en este frente, que lo llevará a formar parte de una muy riesgosa misión, lo acerca a una joven de la resistencia española, María, rol que interpreta la gran actriz Ingrid Bergman. Historia de un amor fugaz y desesperado, de sueños y defensa de principios, la banda sonora, imperdible, fue compuesta por Victor Young.

El miércoles 29, en la misma sala, proyectan dos clásicos de los años 40; films que, cada uno a su manera, marcaron un antes y un después en la historia del cine. A las 18.30, en el inicio de este doble programa, se podrá admirar la mítica realización de Michael Curtiz de 1942, Casablanca, cuyo tema principal As time goes by es una de las melodías que más intérpretes conoce. Film de espionaje y de lealtades, de amores contrariados, de enigmas y de actual ambigüedad, Casablanca reunió a tres grandes: Humphrey Bogart, Ingrid Bergman y Paul Henreid, acompañados por Claude Rains y Peter Lorre. Memorable la secuencia en el café de Rick, luego de que las fuerzas alemanas cantan el himno nazi, cuando los refugiados franceses se levantan y cantan emocionados "La Marsellesa".

A su término, de Charles Vidor, podrá verse Gilda, cuya leyenda de promoción era Nunca hubo una mujer como Gilda. En el espacio de la gran ciudad, en un clima del policial negro, en el que se filtra la ofensiva nazi, Charles Vidor, a partir de un cuento de E. A. Ellington y de la fotografía de Rudolph Maté, ofrece un barroco entrecruzamiento en el que se va definiendo un triángulo de aristas violentas y en el que la seducción opera a través de una "dark lady" como la Hayworth, en su primer rol dramático, junto a Glenn Ford y George Macready. Símbolo de una época, Gilda ofrece algunos temas de la propia voz de Rita Hayworth, tales como Put the Blame on Mame, Amado mío.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/13-26749-2010-12-27.html

  CINE. TRISTES DESPEDIDAS: BLAKE EDWARDS, MARIO MONICELLI Y CLAUDE CHABROL

Nombres emblemáticos de la historia del cine, tres directores fallecieron este año. La más reciente partida fue la del festivo comediante y autor de comedias dramáticas, Edwards; creador además de la ingeniosa y lunática Pantera Rosa.

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En los últimos meses del año, tres de los más notorios realizadores que han atravesado los grandes momentos del cine nos han dicho adiós. Para los que tenemos más de sesenta años, y aún para los más jóvenes, los nombres y la obra de los talentosos directores son emblemáticos. Claude Chabrol, eximia figura de la llamada Nouvelle Vague que tras los pasos de Hitchcock supo describir una perversa relación entre el mundo de apariencia de la burguesía provinciana con secretos e intrigas, con estallidos violentos en el umbral, con misterios por resolver, con sus mismos escritos; de Mario Monicelli, quien junto a Dino Risi y Ettore Scola definen el perfil más grotesco y satírico de la llamada "commedia", en la que campea el tono trágico y la reflexión moral; y en estos días, la partida del festivo comediante y autor igualmente de comedias dramáticas, Blake Edwards. Creador de una de las más ingeniosas y lunáticas sagas, la de la Pantera Rosa y la de su entrañable Inspector Clouseau, con ese eximio clown que fue, es y sigue siendo y lo seguirá por siempre, Peter Sellers.

Tres para un largo adiós: triste, solitario y final.

Blake Edwards, en su extensa filmografía que se inicia a principios de los años 40, como actor y como guionista, presenta tras su labor conjunta con el olvidado Richard Quine, su primer largometraje a mediados de los años 50 hasta alcanzar los inicios de los años 90. Artesano de diferentes géneros, el policial y el musical, el western y el drama, entre otros, alcanza su cima con films tales como Muñequita de lujo, del 61, Días de vino y rosas, dos años después, La carrera del siglo, alocada cabalgata de la Warner de 1965, la sempiterna The Party, conocida en nuestras latitudes como la siempre antológica La fiesta inolvidable, del 68, S.O.B, Se acabó el mundo del 81, corrosiva mirada sobre el mundo de Hollywood, Víctor-Victoria, comedia sorprendente y que le hace guiños al mismo Billy Wilder, historia de equívocos y transformismo, de amor gay y pasión por las tablas, de ofrenda celebratoria al mundo del espectáculo. Claro está, todas ellas, sin olvidar las hoy ya míticas historias de nuestro Clouseau.

Conocedor de la gran tradición de la comedia, admirador de Ernst Lubitsch y del genialísimo Billy Wilder, Edwards, como el mismo señaló, aprendió el gran oficio de la escritura y en forma conjunta de la dirección junto a Richard Quine, particularmente en los films Mi hermana Elena, La misteriosa dama de negro (que anuncia Madre Cabrini para el mes de enero, en la que actúan en un radiante blanco y negro y en una Londres invernal, la rutilante Kim Novak, junto a Fred Astaire y Jack Lemmon, uno de los grandes), entre otras, para pasar a colaborar con John Huston en 1967, en la tan injustamente relegada Casino Royale.

En su libro Cincuenta años de cine norteamericano, el admirado realizador francés Bertrand Tavernier, juntos a Jean Pierre Coursodon, señala: "Blake Edwards no se parece a nadie y nadie filma como él. La mezcla única de romanticismo y cinismo, de conservadurismo y anarquía, de delicadeza y vulgaridad que caracterizan su obra hacen de él una personalidad inclasificable".

Hay momentos desternillantes en los films de su autoría. E igualmente la ternura y la melancolía nos asaltan. Eximio artífice de la exageración, cantor de la opulencia y del glamour, Edwards siempre ha permitido dejar entrever una cierta pátina de tristeza en sus personajes, pensados, en la mayor parte de los casos, a la luz de los grandes comediantes: de Harold Lloyd y Oliver Ardí hasta Jerry Lewis y Jim Carrey.

Uno de los actores que hoy define el modelo norteamericano del éxito, Bruce Willis, nacido en Alemania en 1955, le debe a Blake Edwards su primer gran protagónico. Tras haber actuado en Primer Pecado Mortal, junto a Faye Dunaway y Frank Sinatra en el 80; bajo la dirección de Sydney Lumet en Príncipe de la ciudad y la premiada Será justicia, al lado de Paul Newman, filmará su primer film estelar en 1987, en Cita a Ciegas (Blind Date) junto a la ascendente y seductora Kim Basinger, hoy editada en DVD. Y por cierto, desde mi punto de vista, muy recomendable. Eso fue un año antes de pasar a componer su característico y estereotipado personaje de Die Hard, Duro de matar,

Luego del estreno de Así es la vida, en la que Edwards reunió a su compañera y esposa Julie Andrews y el nuevamente talentosísimo Jack Lemmon, lo vemos a Edwards comenzar su próximo proyecto, con guión de Dale Launer, que hoy se ha dado a conocer en DVD con el título de Bella y peligrosa, pero que en nuestro país se estrenó, en nuestra ciudad tuvo lugar en el recordado cine Heraldo.

Desde los ecos de Nacida ayer de Gerge Cukor, otro de sus maestros, el film de Edwards nos acerca a la situación que vive un ambicioso ejecutivo de una empresa financiera que, por protocolo y mandato, decide ir a una cena de negocios y acompañado por una mujer que recién ha conocido. En ese primer encuentro algo había ocurrido, lo que llevó a una advertencia y ahora en plena reunión la historia se repetirá, creando cierto efecto dominó. Y es que la joven, atractiva y enigmática, de nombre Nadia Gates, apenas bebe un poquito de alcohol comienza a liberar todos sus frenos y provocar desbordantes situaciones.

Ya Edwards había abordado en tema del alcohol de manera más profunda (aunque este es uno de sus temas dominantes en su filmografía) en el gran melodrama Días de vino y rosas. Ahora, en clave de comedia hedonística, tan particular en él, nos regala una historia que aún hoy nos divierte planamente. Y como en todo film del realizador, siempre están presentes sus tan ocurrentes gags. Y como en tantos otros films del mismo, una vez más presente, en la composición musical, desde fines de los 50, el inconfundible Henry Mancini.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/12-26670-2010-12-20.html