Mostrando entradas con la etiqueta Mitologias. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Mitologias. Mostrar todas las entradas

  LA PAGINA DE ANALISIS DE DISCURSOS

Reflexión sobre los excesos verbales de Elisa Carrió y la crispación del escenario político.

[+] Mostrar esta Nota

De un tiempo a esta parte, Elisa Carrió logró ser considerada inimputable por mucha gente, que encuentra sus vaticinios y sus diagnósticos tan arrebatados y delirantes que considera que no vale la pena ponerse a contestarle. Después de todo, es la líder de una de las principales fuerzas de oposición, e incluso cierto pudor democrático obliga a quienes vertimos opiniones a pulir los adjetivos, para evitar la épica del rechazo. Sin embargo, creo que la tensión creciente de estos días exige algunas responsabilidades en todos, y creo que hay límites que se han cruzado. Límites que tienen que ver con todo lo sufrido, con todo lo perdido colectivamente.

Hubo experiencias históricas deleznables encabezadas por gente cuya salud mental o su estabilidad emocional no estaba clara. Pero aquí no viene a cuento ni la salud mental ni la estabilidad emocional de Carrió, sino su irresponsabilidad política. La semana pasada hubo en el Congreso un acto de repudio a Carrió, protagonizado por paraguayos residentes en la Argentina, por haber negado, ella, que durante la larga dictadura de Alfredo Stroessner hubo persecución, tortura y asesinatos de opositores. En un proyecto de declaración, se habló de “negacionismo”, incluyendo en la figura la negación del Holocausto que hizo el obispo Williamson. ¿Por qué negar el asesinato de judíos en el régimen nazi es más grave que negar el asesinato de opositores en la dictadura de Stroessner?

El 24 de enero, en la revista Noticias, Carrió, en una de esas comparaciones forzadas que intenta dibujar para repartirlas entre la hinchada gustosa de repetir lo que no entiende y aquello de lo que no sabe nada, asimiló a Néstor Kirchner con Stroessner.

–Usted compara a Kirchner con el dictador paraguayo Alfredo Stroessner. ¿Esa comparación no es violenta y exagerada? –le preguntó el periodista.

–No. Respondo a una técnica política objetiva –respondió ella.

–En la dictadura de Stroessner hubo desaparecidos y violencia política, Carrió –le sugirió el periodista.

–No. No mandó a matar a opositores. Controlaba el aparato político con los liberales, los medios de comunicación, la policía, el contrabando y la aduana. Yo vivía a 300 kilómetros del Paraguay. La libertad de prensa estaba limitada. Gobernaban manejando el narcotráfico y dinero ilegal de autos. Esto es muy parecido al Paraguay de Stroessner. Es una semidictadura –finalizó la líder de la Coalición Cívica.

En el Congreso, la semana pasada, Martín Almada, dirigente de derechos humanos paraguayos, declaró como “infames” los dichos de Carrió. Según la Comisión de la Verdad y la Justicia del Paraguay, entre 1954 y 1989 hubo en ese país 423 opositores asesinados, 336 desaparecidos y 59 fusilamientos extrajudiciales. ¿Por qué hay que callarse estas desmesuras? ¿Por qué dispensar a esta mujer de tantos disparates, multiplicados por radio y televisión como si no fueran lo que son, deformaciones, sino opiniones basadas en la razón y el pensamiento?

Cada tanto vuelve con la idea de que los Kirchner “terminarán como Chauchescu”, el dictador rumano que fue ejecutado junto a su esposa por hordas enfurecidas. Y no se trata de una asociación casual ni temeraria, tratándose de esa mujer que llevó durante años una cruz colgada del cuello, intentando ser la esposa de Dios (¡de quién menos!), y ahora enarbola para sus acólitos sus banderas de veneno y desprecio absoluto por la verdad.

Sin un ápice de racionalidad política, Carrió se dedica, en la actual escena política argentina, a ser la más crispada y ensordecida por sus propias voces interiores. En el comunicado conjunto que presentaron ayer la Coalición Cívica y la UCR sobre la decisión de coparticipar las retenciones a la soja, Carrió y Gerardo Morales afirmaron que “es otra declaración de guerra al campo. Y en esta guerra el Gobierno quiere sumar a su ejército a gobernadores e intendentes”.

Acá no hay ninguna guerra, ni ningún ejército, ni debe haberlo. Lo que hay es un increíble consentimiento opositor para poner en el vocabulario colectivo palabras inspiradas en la muerte y una sensación general e inexplicable de seguir dándole crédito público a una figura política autoabortada, como es Carrió. No puede seguir diciendo cualquier cosa, cuando todo lo que se le ocurre huele al deseo tanático de hacer flamear su bandera personal sobre un caos con el que colabora proactivamente desde hace años. Y Morales... no debería apelar a esas palabras el presidente de un partido que abandonó anticipadamente el gobierno hace unos pocos años, con un saldo de más de treinta compatriotas muertos.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/mitologias/27-121954-2009-03-23.html

  LA PAGINA DE ANALISIS DE DISCURSOS

Una reflexión sobre la idea del adjetivo “líquido” al uso de Zygmunt Bauman, pero aplicado al periodismo.

[+] Mostrar esta Nota

El corazón de la sociedad de consumo late en una modernidad líquida a la que dedica buena parte de su obra Zygmunt Bauman. Ese latido bombea el fluido vital de ideales y valores inestables. El exceso de información caracteriza a las sociedades actuales. El sistema destinado a su producción, circulación y apropiación social define los rasgos identitarios de sus individuos así como un siglo atrás lo hacía la institución escolar, en la sólida era de la sociedad de productores. Para el sociólogo polaco, lejos de aquella estabilidad que imanaban tanto las palabras como las cosas, en la sociedad de consumo se diluyen esos sentidos fuertes para volverse todo lívido y fugaz.

Uno de los dispositivos emblemáticos del cambio epocal, que es la fuerza motriz de la producción y circulación de ideas y valores, es el periodismo. La modernidad líquida se nutre del ejercicio de un periodismo líquido, como tituló Miguel Wiñazki hace cuatro años.

Claro que referirse al periodismo como “líquido” en un contexto de hiperconcentración empresarial, donde el poder de grandes grupos desconoce fronteras (geográficas, económicas), parece contradictorio. ¿Periodismo líquido en un país encorsetado por el predominio de intereses bien mundanos que monopolizan derechos de televisación de interés masivo (como en el caso del fútbol) y obstaculizan toda iniciativa tendiente a la libre concurrencia y al acceso de otros –que no sean ellos mismos– a la titularidad de licencias audiovisuales? ¿No es ello exactamente opuesto a la liquidez? Pues no: una parte importante del periodismo se vuelve cada vez más líquido, más flexible y efímero, es decir menos sólido y metódico en sus objetivos, estilos, gramáticas, relaciones, rutinas y convicciones, al mismo tiempo que pocos grupos empresarios (algunos de ellos integrados por parlamentarios contra lo que la vetusta y autoritaria ley hoy defendida por los mismos grandes grupos, establece) consolidan su predominancia en el control de los principales medios del país. Tiene lógica: el periodismo líquido es por definición dúctil, y su condescendencia empieza por casa, con el patrón.

El periodismo líquido contiene, en sus condiciones de producción, un apotegma: la economía de recursos. Las personas, el tiempo y el estudio necesarios para comprender y explicar complejas situaciones sociales son reemplazados por el principio de instantaneidad irreflexiva. El periodismo líquido es antiintelectual por definición. Abusa de las opiniones, pero éstas deben ser viscerales (es el reino de exclamaciones como “¡qué horror!, ¡qué barbaridad!”, como bien ironizó Juan Pablo Varsky entrevistado por Página/12 en enero último).

Una de las figuras paridas por el periodismo líquido es la de los llamados “periodistas mendigos”. Son periodistas que mendigan por una entrevista o por una declaración anodina de alguien con fama. Es clásico el ejemplo del “periodista mendigo” al cierre de un partido de fútbol que se arrima al jugador: “¿Y Román, en quién pensaste al patear el penal?”. El periodista mendigo no interroga, sino que ofrece una cómoda excusa para que su “entrevistado” emita sin sobresaltos la frase que desee. El periodista mendigo no repregunta, a menos que su “entrevistado” lo habilite expresamente a ello. El periodista mendigo no incomoda, por decisión propia, al “entrevistado”. El periodista mendigo, valiosa pieza pulida por el periodismo líquido, emite elogios a modo de súplica si la fuente es “del palo” o la condena en juicio sumario si no tiene contacto o acceso a ella (pero no le dará derecho a réplica).

Como en el título del libro de Paula Sibilia, La intimidad como espectáculo, el periodismo líquido activa sus criterios de noticiabilidad a partir de dos variables: espectáculo e intimidad. Se reduce la noticia al ámbito de lo espectacular y para sostener la espectacularidad se recurre a la intimidad, al fisgoneo y la develación (muchas veces, autorizados por las fuentes) de lo íntimo.

Sería errado confinar a las secciones de deportes o espectáculos, esas zonas donde se dirime el “poder blando”, la morada del periodista mendigo: en la zona dura de economía o política la práctica mendicante gana terreno. Tampoco sería justo reducir la influencia del periodista mendigo a la televisión o la radio, medios cuyo torrente continuo de emisión exige llenar espacios incesantemente: el periodista mendigo anida en las redacciones de periódicos y revistas tanto como en los medios audiovisuales. No se trata de un problema individual: es un síntoma de época.

El periodismo líquido es puro presente y por ello el periodista mendigo debe privarse de ejercitar la memoria: su desempeño no sólo prescinde del archivo, sino que requiere anular toda documentación que rebase la referencia a lo inmediato. Con una excepción: la vida íntima o familiar del “entrevistado”. Es clave que el periodista mendigo conozca los nombres de hijos, pareja/s y mascotas del “entrevistado” para que, previa autorización, la conversación fluya entre anécdotas de su entorno familiar. Es clave para el periodista mendigo tutear al “entrevistado” y despedirse con un fuerte abrazo. Su máxima realización profesional será insertarse en el círculo íntimo del “entrevistado”, provocando una mímesis entre periodista y fuente. En última instancia, el periodista mendigo convierte su credo en religión y así como no exige coherencia en las posiciones de su “entrevistado” (porque teme irritarlo o porque ignora el pasado), tampoco respeta él mismo la lógica entre precedente y consecuente, y cambia de postura, de ídolo y de camiseta con naturalidad.

En el periodismo líquido el anecdotario es el factor clave de explicación de la realidad. Esta se teje, en el periodismo líquido, por anécdotas sin historia, justo a la inversa de la más fértil tradición periodística en donde la historia podía revestirse con anécdotas en aras del respaldo argumental y de la seducción del receptor.

* Universidad Nacional de Quilmes y Conicet.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/mitologias/27-121955-2009-03-23.html

  LA PAGINA DE ANALISIS DE DISCURSOS

Una reflexión sobre el Apocalipsis enunciado, declamado, repetido, profetizado.

[+] Mostrar esta Nota

“Todos los problemas del país tienden a empeorar”, afirma un editorialista; la intervención estatal en la comercialización de granos tendrá “consecuencias impredecibles”, sostiene una solicitada; “nada ha cambiado. Los instrumentos con los que nos torturan son los mismos”, señala un representante patronal-rural; “el Gobierno está contra el campo y contra la distribución del ingreso”, dice un representante de la oposición; “hacia un país cada vez más aislado”, “la peor de las derrotas”, “en un clima de violencia y fragmentaciones”, titula un comentador...

Son sólo algunos ejemplos del clima apocalíptico que vivimos a diario en los diarios. Hay problemas, quién lo niega. Los hay en el mundo, los hay en la región, los hay en el país... pero frente a los problemas se los resuelve –o se los disuelve, al gusto de Wittgenstein– a través de la razón política, probable, política y por eso democrática. De allí que la resolución de los problemas deba pasar por la confrontación de proyectos, modelos y argumentos, todos válidos por igual en tanto y en cuanto exista la validación de las urnas. Para nosotros, legalidad es legitimidad; y también legitimidad, legalidad. Por eso el rol del Congreso, de la discusión, la centralidad del ágora como modo de transmisión de la política y de construcción del poder. El territorio.

Porque no es lo mismo pensar que el problema de la pobreza se resuelve con más trabajo en blanco, más industrialización y mayor participación de los asalariados en el ingreso nacional, o con la desregulación de las exportaciones, el dólar barato y la teoría del derrame. No es lo mismo pensar la inserción internacional de la Argentina en términos soberanos, en la construcción regional de sudamérica y en la posición frente al G20 en Londres, que pedir la vuelta de los planes de ajuste del Fondo Monetario Internacional y tener como horizonte nacional el tranquilo sometimiento de próspera colonia rural. La confianza de los quebrados.

Como no es lo mismo, tenemos de un lado y otro ideas argumentos y discursos que pueden ahondar tal o cual aspecto de la cuestión nacional y de la cuestión social, en el marco de las instituciones, del funcionamiento democrático y de la validación por el sufragio universal. La política como sublimadora de la violencia: se llama modernidad. Y es civilizadora.

Pero, ¿qué hacer cuando se esgrimen argumentos que no corresponden a las probabilidades de la razón, sino que apelan a la revelación? Las citas al principio muestran que cierta visión abandona el campo de lo razonable, en términos de discusión de proyectos y de polémica democrática, para adentrarse en figuras pre-modernas. Sobresale así la impronta del apocalipsis, al uso medieval, que explícita catástrofe, exterminio y devastación. En épocas de crisis mundial, de incertidumbre, esta figura reemplaza a la argumentación por la revelación, la razón política por la trascendencia y postula la redención a través del sufrimiento. Nada agradable.

Este pensamiento apocalíptico tiene varias raíces. Una es la tentativa de gran parte de la oposición de rehabilitarse por el fracaso del gobierno de la Alianza, del que fueron su núcleo. El razonamiento es elemental: si todos los gobiernos son malos, su actuación desastrosa no será tan visible: todos fracasamos, nadie fracasa. Pueden aspirar de nuevo al poder. Para ello le tiene que ir mal al gobierno nacional, a cualquier costo y de cualquier manera. Y si la realidad no da verosimilitud a sus argumentos, buenos son los presagios nefastos, los oráculos, las revelaciones. No se remiten a un universo racional, sino a un universo sobrenatural; no prima el razonamiento, sino la creencia. Bien vale la fe, por cierto, en el terreno de las convicciones personales sobre la trascendencia; pero trasladar los mecanismos medievales del apocalipsis a la discusión pública no parece favorecer la posición de la oposición. Con el agravante que como se basan en una revelación, no pueden discutirse. ¿Qué respuesta cabe, si comienzan por afirmar que el Gobierno es satánico? Con esa premisa, es lógico que se opongan a todo, como lo hacen.

Llegamos a la cuestión de fondo. Junto a este propósito de un grupo político, está la decisión del establishment de recuperar el poder que perdió en 2002/2003. Es la pelea de fondo. El establishment cedió el gobierno porque la crisis los superaba y no podían resolverla: sus gerentes ya no funcionaban. Pero ahora el país ha avanzado mucho en su reconstrucción y creen que ya es hora de que vuelva a ser manejado por sus dueños. ¿Qué es eso de que la participación de los asalariados en el ingreso global suba del 34% en 2002, al 43% en 2008? ¿Cómo se estatizó el sistema de jubilaciones, el agua potable, la línea aérea, el correo? ¿Cómo se llega a que los ricos transfieran más ingresos al Estado, que los dedica a los pobres? Es el apocalipsis del establishment, a no dudarlo.

Se ha sostenido que uno de los peores problemas del mundo musulmán fue que históricamente tuvieron primero el renacimiento y después el medioevo. En la civilización occidental la cronología fue la inversa. Por eso llama la atención que ahora los núcleos de la oposición en el ámbito nacional quieran implantar el medioevo en medio del renacimiento que se produjo en 2003. ¿Acaso piensan continuar la obra que tuvieron que interrumpir en 2001? ¿Es ese el propósito desestabilizador de las profecías apocalípticas? ¿Ese será el discurso de campaña? ¿El proyecto para la Argentina? Lo sabremos el 28 de junio.

* Senador FTV.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/mitologias/27-121594-2009-03-16.html

  LA PAGINA DE ANALISIS DE DISCURSOS

Una reflexión sobre qué entiende Biolcati por “confidencialidad”, y Llambías por “tolerancia”. La muerte de la repregunta.

[+/-] mostrar/ocultar esta nota

Todavía el conflicto entre ellos no había saltado a la luz pública, pero los integrantes de la Mesa de Enlace ya estaban al tanto de que uno de ellos, Biolcati, se había cortado solo. Al día siguiente vendría la incomodidad, que les duró apenas dos días, en este país en el que buena parte del periodismo ha renunciado inexplicablemente a la repregunta. Los grandes medios con ellos no lo practican. Se limitan a ser una burda caja de resonancia de cualquier cosa que digan. Una vez más, un desencuentro entre el Gobierno y el sector de los dueños de la tierra es exhibido con el Gobierno como responsable moral de la “falta de códigos”, y ahora Biolcati, si pecó de algo, es de “caballero ingenuo”. ¡Su mujer se lo dijo! ¿Es cierto, Biolcati, que cuando volvió a su casa su mujer lo retó? A escribir esta pavada se reduce el periodismo en los grandes medios. Ya vuelvo al día anterior al comunicado de la Federación Agraria que habló de la “operación Verbitsky-Biolcati”. Pero después de conocido y leído públicamente ese comunicado, mientras en privado la Mesa de Enlace analizaba cómo volver del bochorno y disfrazar la evidente traición, una ignota vocera de la Federación Agraria “salió a aclarar” que no habían querido decir lo que dijeron. Un cronista de TN fue un vocero más eficaz: “Repetimos, entonces. Se trató de una mala interpretación de una línea del comunicado, y de ninguna manera ése fue el título”, dijo el cronista, listo para integrar los Sucesos Argentinos de las peores épocas.

Ya estamos en una instancia en la que el campo “no es sólo el campo”, como dice Biolcati, es todo. Van por todo, como fueron siempre. Apuesto a que si les quitan las retenciones van a pedir que les levanten el ruedo de los pantalones o que les parquicen las banquinas. Los trabajadores de prensa que aceptan como loros amaestrados que Biolcati después de todo fue un caballero que respetó un código de “confidencialidad” deberían replantearse si les gusta el periodismo. No están trabajando de eso, por si no se dieron cuenta.

Con lo de la “confidencialidad” se tanteó y se pasó. Biolcati dijo que se pretendía llevar adelante conversaciones para alcanzar consensos. En ningún momento los periodistas le preguntaron si esa “confidencialidad” alcanzaba a sus socios de lucha. Los socios de lucha, por su parte, se tragaron el sapo sin respirar, porque ahora que hacen política, como cuando se juntaron, no los une ni el amor ni el espanto, como repite Buzzi, sino sus intereses.

Vuelvo al día anterior a lo que podría haber sido un escándalo y fue manipulado para terminar en escandalete. Si un sector que tiene en vilo al país tiene como representantes y negociadores a cuatro mentirosos, ya no es problema de ese sector, sino de todo el país, si mienten, cuándo y por qué. Eso incluye al periodismo.

Mario Llambías era entrevistado por Fernando Carnota en TN, y tenía mal semblante.

–¿El campo está mejor o peor que el año pasado? –le preguntó Carnota.

–Mucho peor –le contestó Llambías.

–¿Entonces por qué la Mesa de Enlace está más tolerante este año que el año pasado?

La respuesta podía ir hacia muchos lugares que dejaran a Llambías bien parado. La crisis global, los sectores más vulnerables (¡ahora también luchan contra la indigencia!), madurez, en fin. Pero Mario Llambías se crispó con una palabra, “tolerancia”.

–Yo no sé desde qué posición usted me hace esa pregunta. Yo no comparto lo que usted dice –se enojó.

La intención de Carnota no era crisparlo, como se ocupó de aclarar. Se trató de una simple pregunta que no era exactamente la que Llambías esperaba que le hicieran. Pero la palabra “tolerancia” tuvo para el ruralista una clara connotación negativa. Fue casi una acusación.

Los tipos se creen que son el subcomandante Marcos bien vestido, y siguen abogando por una revolución al revés, donde una mayoría estúpida los corone dueños, y los dejen en paz, como hasta ahora, reinando en sus campos y todo lo demás.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/mitologias/27-120388-2009-02-23.html

  LA PAGINA DE ANALISIS DE DISCURSOS

Un relato sobre la lectura de noticias internacionales, y los niños en diversas latitudes. Y una reflexión sobre qué entiende Biolcati por “confidencialidad”, y Llambías por “tolerancia”. La muerte de la repregunta.

[+/-] mostrar/ocultar esta nota

1. Leo las noticias. Una niña de siete años lleva una muñeca de trapo. Camina descalza por una calle de tierra en Bagdad. Sus pies podrían caber en la mano de un hombre. Ella sabe de hombres. Han matado a su padre y a sus tres hermanos. Reza una frase del Corán: Se acerca la hora, se hiende la luna. Ha llegado a la puerta del cuartel. Cree en el Jardín que hay del otro lado. Todos creen en él. Se acerca la hora, se hiende la luna. Como el viento descuaja el tronco de una palmera, ella arranca la cabeza de la muñeca. Activa la bomba. En tres segundos todo volará. Y ella también volará. Hasta alcanzar la luna.

Y hoy, desde este lado del mundo, todos pueden ver que en la luna hay un conejo. El maravilloso emperador Walt Disney ha colonizado hace décadas la luna. Ha colgado ahí arriba su conejo para la felicidad de todos nuestros ojos. Y en la magia de la noche es posible escuchar: ¡That’s all folks! ¡That’s all folks!

Aquella niña que ha volado hasta alcanzar la luna y nuestro conejo tendrán mucho que hablar mientras toman un jugo de jengibre. Y ella balanceando sus pies le dirá: ¡Drink, honey bunny...! Ella habrá preparado el jengibre. Estará preparada para este histórico encuentro y habrá puesto la dosis de veneno. Pobre conejo... su cuerpo azul se teñirá de negro agónicamente. Quedará seco. ¡Pero tan pronto volverá alegre y jovial!

2. Leo las noticias. Una compañía de Londres vende hectáreas de la luna a cien dólares. Embajada Lunar S.A. tiene apoyo legal. El tratado de la ONU sobre Espacio Exterior acordado en 1967 establece que las naciones de la Tierra no pueden apropiarse del territorio lunar, pero nada dice sobre empresas o personas. Embajada Lunar es una empresa que aprovecha la oportunidad y vende pedazos de luna a buenas personas.

En la tarde de Texas, Jack ojea el periódico y mira el jardín nevado. Le parece que el invierno cala hondo esta vez. Ahora deja el periódico y teclea en la computadora. En el sitio web de Embajada Lunar todas las cláusulas son amigables. Introduce el número de su tarjeta de crédito y la contraseña: alice. La impresora hace el ticket. Ha comprado una hectárea en la luna.

3. Leo las noticias. Un norteamericano se desploma muerto sobre el teclado después de pasar tres días jugando por Internet en un cibercafé. William Case era adicto al Moonland. En el videojuego tenía que mantener vivo a un hombre virtual en la superficie lunar: había que enseñarle a que se alimente, construya su casa y disfrute del tiempo libre.

Case había regresado de la guerra. Había sido uno de los soldados que en el 2003 recibieron con sorpresa a Bush en Bagdad para celebrar el Día de Acción de Gracias. Había escuchado al presidente saludar a los soldados al aparecer: “¡Estaba buscando un lugar donde comer caliente!”. Y el soldado había reído a mandíbula batiente. Antes de la cena el presidente había dado su discurso: “Vencimos a un dictador despiadado que amenazaba la casa de los americanos. El terrorismo creyó que podía derrotarnos cuando sufrimos el atentado más grande de la historia. Todos recordamos la historia de los tres cerditos y el lobo feroz –dijo Bush, y él se sorprendió–. El lobo derribó con sus soplidos la casa de paja y la de madera. Pero nuestra nación está construida ladrillo por ladrillo con las manos de todos los americanos. Hemos venido a derrotar al lobo en su propia guarida”. Cerrado aplauso.

Ha regresado de la guerra. Lo han condecorado. El presidente terminó su mandato. Sufre pesadillas. El dueño del cibercafé dice que tiene que distraerse un poco. Jugar en Internet me hará matar el tiempo, dice el soldado Case. Mantener un hombre vivo en la superficie lunar, enseñar a que se alimente, construya su casa, disfrute del tiempo libre. Le ha puesto nombre al hombrecito: george w. bush. Y lo ha mantenido vivo hasta desplomarse sobre el teclado.

4. Leo las noticias. En un archipiélago del Océano Artico hay una cápsula acorazada bajo diez metros de tierra. En ella científicos noruegos almacenaron tres millones de semillas de diferentes especies. En caso de guerras nucleares o atentados terroristas masivos la cápsula será un Arca de Noé subterránea que podrá alimentar a nueve mil millones de sobrevivientes.

La Gran Guerra habrá dejado sobrevivientes aquí y allá. Nómadas desarrapados abrigados por viejas lonas o bolsas de supermercado. Andando bajo un cielo ceniciento. Rescatando alimentos entre las ruinas. Poco antes de la Guerra el Imperio habrá previsto la hambruna. Dará la clave de acceso de la cápsula de semillas a una elite eficaz: dirigentes empresariales, científicos, militares. Para que después de la Guerra siembren y rearmen sociedades como las nuestras. Llegarán hasta el archipiélago. Y encontrarán la cápsula abierta. Vacía de semillas. Habrá en su interior restos de miles de palomas. Huesos y plumas entre el hielo. Las que picotearon las semillas... dirán. Las que una vez anunciaron la paz entre Dios y los hombres, recordarán. Sólo huesos y plumas y hielo. No pasará mucho tiempo antes que los miembros de la elite se devoren unos a otros. En un archipiélago. Del Océano Artico.

–Papá... ¿podés ver la luna?

–La veo, hijo.

–Antes me gustaba ver la luna.

–Lo sé.

–Ahora tengo miedo de que caiga sobre nosotros.

–Nunca más caerán cosas sobre nosotros.

–¿Cómo lo sabés?

–Lo sé.

* Docente e investigador de la Facultad de Ciencias Sociales (UBA).


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/mitologias/27-120389-2009-02-23.html