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ECONOMIA SOLIDARIA, MICROCREDITOS Y MOVIMIENTOS SOCIALES

Fabio Sánchez, secretario adjunto de Economía Social del Ministerio de Trabajo del gobierno de Lula, expone la experiencia brasileña con microemprendimientos. El desafío del financiamiento y de la expansión de la actividad.

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Los movimientos sociales y el gobierno de Lula da Silva acordaron durante su primer mandato la creación de la Secretaría de Economía Social, dependiente del Ministerio de Trabajo. En su paso por Buenos Aires, para participar del Primer Congreso Latinoamericano de Microcrédito y Economía Social, organizado por el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, Fabio Sánchez, secretario adjunto de Economía Social del Brasil, dialogó con Cash sobre los ejes y programas de trabajo del área.

¿Por qué la Secretaría de Economía Social se creó dentro del Ministerio de Trabajo?

–Porque es fruto de una reivindicación de los movimientos sociales de la economía solidaria, que el presidente Lula en 2002 aceptó de inmediato. Los movimientos pidieron que fuera dentro del Ministerio de Trabajo porque la economía solidaria es otra forma de organizar la actividad económica y organizar el trabajo.

¿Cuáles son los programas más destacados?

–Trabajamos sobre cuatro ejes. Primero, que los emprendimientos tengan formación, tecnologías producidas en los centros de investigación y asesoría técnica para incrementar productivamente los emprendimientos con financiamiento del Estado. Segundo, trabajamos para articularlos, constituir redes productivas y hacer que los emprendimientos accedan al mercado. Tercero, propiciamos que los emprendimientos de economía solidaria tengan acceso a créditos, fortaleciendo principalmente a los financieros: los fondos solidarios, los bancos comunitarios, las fundaciones sociales de microcréditos. La cuarta línea es hacer cambios legales para dar apoyo a las economías solidarias. Estamos discutiendo la construcción de un sistema público de economía solidaria, que ponga en relación a los municipios, los gobiernos de Estado y el gobierno federal.

¿El Estado genera fondos para que estas organizaciones presten?

–Estamos trabajando integradamente con los bancos públicos que abren líneas de financiamiento. Acabamos de lanzar un programa de apoyo a finanzas solidarias con base en los bancos comunitarios de fondos compartidos, junto con el Banco Central de Brasil.

¿Cómo se articula esa Secretaría con programas de desarrollo social, como Bolsa Familia?

–Con Bolsa Familia estamos trabajando hace algunos años, pensando junto con su público beneficiario formas de microemprendimientos económicos solidarios. Parte de ese trabajo se da también con el Ministerio de Desarrollo Agrario que tiene a cargo la política de agricultura familiar. Buscamos organizar el desarrollo territorial en base a la formación de microemprendimientos solidarios.

¿Qué estrategias tiene la economía solidaria frente a la desocupación?

–Hemos mapeado 22 mil emprendimientos (4 millones de trabajadores). Hay más, pero hemos llegado a la mitad de los municipios. En términos de la población económicamente activa es una cifra muy pequeña, menos del 5 por ciento del total. Las economías en proceso de desarrollo, en Brasil, tienen una parte de la población no integrada al trabajo formal y la economía solidaria es un elemento de organización de esos trabajadores.

¿Cómo caracterizaría este momento de la economía solidaria en Brasil y en la región?

–En Brasil creció mucho en los últimos 15 años. Yo no creo que sea un proceso sólo en Brasil sino en toda la región, donde la concebimos como una estrategia de desarrollo socioeconómico más pleno.

¿Cuál fue la política de la Secretaría en las favelas?

–Las favelas son muy diversas y requieren diferentes tipos de trabajos. Hemos trabajado con los movimientos de vivienda para crear estrategias de económica solidaria.

¿Cuáles son los desafíos?

–Ampliar las finanzas solidarias y consolidar las políticas públicas de la economía solidaria, creando un marco legal más fuerte, para formalizar los emprendimientos y hacerlos más accesibles a las políticas públicas


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/cash/17-4863-2010-12-26.html

  RICARDO LOPEZ PASARIN, CREADOR DEL INSTITUTO BELEN DE FORMACION LABORAL, EN MISIONES

Empezaron con un hogar para niños en situación de calle y en la actualidad, además del hogar, organizaron el primer instituto gratuito de formación laboral de Misiones, con 260 alumnos. También han desarrollado programas de microcréditos con dos mil pequeños emprendedores.

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–¿A qué se dedicaba antes de fundar el Hogar Belén?

–Hice una carrera bancaria interesante, llegué a gerente de ventas del Citibank. Eso produjo un quiebre interno. Venía haciendo trabajo social desde chico, mediante la pastoral en la Iglesia. Eso me limitaba a realizar determinadas cosas que quería hacer fuera de lo que era el trabajo de la Iglesia.

–Era como tener dos caminos.

–Sí, el placer por el trabajo social lo mamé en casa de mamá y la educación que tuve fue en ese sentido. Pero eran años muy duros. En 1978 había cuestiones con respecto al trabajo social que no se podían canalizar dentro de la Iglesia, sin renegar en absoluto de lo que era mi espíritu religioso. En el ’82 entré a trabajar en Tribunales. Fui secretario de la oficina de partidos políticos, supervisor nacional electoral de las elecciones nacionales del ’83, veedor judicial del Partido Justicialista y del radical.

–¿Y cómo lo convocaron?

–Entré por el diario. Fui a Tucumán 1320 bis, donde está la Secretaría Electoral. Cuando entré, una persona en la puerta me preguntó: “¿Quién te manda?”. Y le dije: “No, yo vengo por el diario”. Adentro del patio había dos colas, una de cinco personas y otra de 300. Obviamente terminé en la de 300, donde estuve más o menos dos horas, hasta que vi pasar a una persona y le pregunté: “Flaco, ¿esto cómo miércoles es?”. Y esa persona me preguntó: “¿Cómo es tu nombre?”. “Ricardo López”, le contesté. A los dos minutos vinieron a buscarme. La persona a la que yo había parado era el juez federal que tenía a cargo la Secretaría Electoral de la Capital Federal. El me tomó y, a partir de ahí, desarrollé una carrera judicial meteórica. En menos de un año terminé como supervisor nacional, con custodia personal.

–¿Y cómo fue ese trabajo?

–Como era veedor de partidos políticos, me tocó fiscalizar elecciones internas de todos los partidos. Y como tuvimos que posponer elecciones internas del Partido Obrero y del Movimiento al Socialismo, aparecían carteles en la plaza que decían “López funcionario del Proceso”. Yo no tenía nada que ver, ni me conocían. Fue mi primer acercamiento a los partidos políticos. El trabajo lo hice con mucho amor, siempre sabiendo de qué lado estaba.

–¿Cómo decidió irse de Buenos Aires?

–Cuando cambió el gobierno, le pidieron mi cabeza al juez federal entrante. Me sacaron hasta los lápices. Yo decía: “Están diciendo que soy un mal tipo y no lo soy”. Decidí quedarme a pelearla, a pesar de que me mandaron al fichero. Ahí conocí a un grupo de gente que tenía una idea de la vida muy parecida a la mía, veníamos de historias de trabajo social. Entre café y café, nos propusimos que este mundo fuera mejor. Creo que el hecho de ser varios y tener el mismo grado de locura nos potenció la capacidad de soñar. En ese momento hicimos el diagrama de lo que hoy es el Hogar Belén, en otro lugar, con otro nombre inclusive.

–¿Qué nombre le habían puesto?

–Amaos, que tenía un doble sentido. Uno era recuperar la frase de Cristo: “Amaos unos a los otros”. El sentido más mundano era Asociación Mundial de Ayuda Organizada y Solidaria. La idea no era que alguien donara una heladera, sino que se comprometiera, que acompañara a llevarla, que hiciera contacto con la realidad del que menos tenía. El devenir nos hizo entender que lo que habíamos hecho era bueno, pero que si uno no le pone más compromiso las cosas quedan en un nivel superficial.

–¿En qué consistía ese poco más?

–Entendimos que el proyecto no podía funcionar en tiempos libres. Exigía más recursos y el único recurso real que teníamos era el trabajo. Primero aportamos una parte de nuestro recurso personal, hasta que apareció un conocido que nos ofreció su empresa. Cada uno empezó con el compromiso de sacar lo menos posible y dejar lo máximo para la organización. A la empresa le fue bastante bien. Y nosotros, con ese dinero, compramos las primeras chacras en Misiones.

–¿En qué zona de Misiones empezaron?

–En Bernardo de Irigoyen, frontera con Brasil. Siempre nos preocupó el hambre. Vimos de qué forma podíamos colaborar formando cooperativas de alimentos con los productores y, a partir de ahí, hacer autosustentable el proyecto y conformar un banco de alimentos. Ese trabajo lo comenzaron mis amigos, porque en ese momento yo me perdí, como la oveja negra.

–¿Qué significa que se perdió?

–Me casé. Y este tipo de ideales es muy difícil llevarlos a cabo si no tenés una unidad de criterios muy fuerte con la persona con que convivís. El ámbito que me rodeaba me jugó en contra. Para no afectar las vidas de los que estaban al lado mío, decidí hacer una vida normal y desde ese lugar seguir apoyando a mis amigos. Ahí comencé mi carrera bancaria. Me fue muy bien y terminé en puestos muy importantes. Pero me fui apartando de mi esencia.

–Sus compañeros seguían con la experiencia en Misiones, ¿y usted dónde estaba?

–En Buenos Aires. Con el tiempo, quedé absolutamente escindido del proyecto. A lo largo de los años, eso me produjo problemas terribles. Me enfermé seriamente. Ahí hice el clic definitivo de mi vida, cuando me puse de cara a la muerte y me pregunté: “¿Qué es lo que hiciste? ¿Cómo llegaste hasta acá?”. Cuando uno va en contra de su propia esencia destruye su naturaleza. Eso empieza por el alma, sigue por la cabeza y termina en el cuerpo.

–¿Y qué decisión tomó?

–Retomar el trabajo con la gente, sabía que estaban en Misiones pero no exactamente dónde. Lo único que tenía era un teléfono viejo. Pude dar con una dirección, mandé una carta y en 24 horas tenía un llamado telefónico de Pedro, uno de los compañeros. El volvía al día siguiente a Misiones y nos fuimos juntos.

–¿Y qué estaban haciendo en ese momento en el Hogar?

–Cuando me reincorporé habían recibido la donación del predio donde estamos ahora, en Garupá.

–¿Ya no estaban en Irigoyen?

–Cuando estuvimos en Irigoyen con las cooperativas de alimentos, por estar en un sitio de frontera, la Gendarmería nos pidió si podíamos tener algunos chicos y accedimos. Esos chicos venían de familias con muchísimos problemas, eran judicializados, los padres no podían tenerlos porque estaban presos, enfermos, con problemas de alcoholismo o de prostitución. A los dos o tres chicos que inicialmente entraron se sumaron los hermanos y comenzó a crecer la familia, casi sin parar. Del Ministerio de Acción Social de Misiones nos pidieron que tomáramos chicos de Posadas. En aquel momento nos negamos.

–¿Por qué?

–Porque estábamos a 300 kilómetros de Posadas y llevarlos era desarraigarlos totalmente. Surgió la posibilidad de tomar un hogar que estaba funcionando en Posadas. Al principio nos dijeron que había 17 chicos y cuando llegamos eran 40 y después 60. Fue la primera experiencia en la provincia de un hogar mixto y abierto.

–¿Cómo funcionó la iniciativa de que fuera de puertas abiertas?

–Muy bien. Nuestra política era que el chico encontrara los suficientes elementos dentro de esa casa para no querer irse. No encerrarlos con una puerta con llave y ponerles rejas en las ventanas, sino ver qué hacemos dentro de casa para que el chico quiera volver. Empezamos a notar que lo chicos salían y volvían. Algunos, lamentablemente, salían a la calle y robaban. Hicimos un trato con ellos: acá, el que roba no entra. El límite termina acá, vos podés salir a la calle, hacer lo que quieras, pero sos responsable de lo que hacés.

–¿Qué hacían esos chicos en el hogar?

–Armamos un taller donde dictábamos oficios. Plantamos una mística de lo que era el hogar e interveníamos en los casos en que considerábamos que había un exceso por parte de la policía. Tuvimos dos peleas realmente muy grandes, una con la policía y otra con la Iglesia. Nos preguntaban cómo dejábamos a esos chicos en la calle. Fue una pelea muy dura, pero siempre nos mantuvimos firmes. Estábamos convencidos de que la salida era ésa.

–¿Cuál era el espíritu del Hogar Belén?

–Trataba de reproducir los parámetros de una familia real y que los chicos tuvieran una vida posible. El lenguaje del amor y del cariño lo entiende todo el mundo. Si bien los chicos no pueden apartarse de su historia, el hecho de arraigarse en otra historia les abre puertas. Y el tiempo nos dio la razón.

–¿En qué sentido?

–La policía nos reconoció que había bajado el delito en el área donde estábamos. A partir de allí se dio un vuelco enorme y el Estado empezó a reconocer nuestro trabajo. Todos los hogares de la provincia tomaron este formato de trabajo y se hicieron cosas muy importantes. Habíamos creado un centro de capacitación en el centro de Posadas para chicos de los hogares que estaban judicializados. Los chicos aprendían albañilería, plomería, mecánica, electricidad. Cada uno, cuando terminaba el curso, se iba con las herramientas necesarias para trabajar. Teníamos una bolsa de trabajo y la gente nos pedía mucho trabajo. Teníamos un acuerdo con los alumnos.

–¿De qué tipo?

–El chico empezaba a ganarse sus honorarios con la obligación de dejar un mínimo porcentaje. La idea era: “Aprendiste gratis, conservemos solidariamente la posibilidad de que otros sigan aprendiendo gratis. Gratis lo recibís, gratis se lo podemos dar a otros”.

–¿Ese centro de capacitación fue el antecedente de lo que ahora es el Instituto Público de Enseñanza en Oficios?

–Absolutamente. Ese trabajo de capacitación lo comenzamos en el Centro de Capacitación de Talleres de Altos Oficios, con el apoyo de una periodista y la ministra de Desarrollo Social de Misiones. El centro era alquilado, y se mantenía con el financiamiento del Estado. Cuando desapareció el financiamiento, no se sostuvo más. Nos trasladamos a un predio de Garupá de seis hectáreas. Eso nos dio la posibilidad de pensar en crecer. Primero hicimos la casa y después el taller. El taller lo levantamos con los chicos que se habían capacitado con nosotros. De los 60 chicos que había, más de 40 eran adolescentes grandes, que trabajaron en turnos bajo la supervisión de un arquitecto. Los materiales los pusieron amigos que conocían lo que queríamos. Cada uno aportó a esa gran cooperativa asociativa.

–¿Qué se enseña hoy en el Instituto?

–Hoy se enseñan once disciplinas: operador de PC, reparador de PC, refrigeración, corte y confección, peluquería, electricidad domiciliaria, herrería, soldadura eléctrica y carpintería mecánica, cerámica y alfarería, ventas y atención al cliente. En realidad el proyecto es mucho más abarcativo, lo tenemos presentado y aprobado en el Ministerio de Educación de la provincia y de la Nación, por 31 oficios.

–¿A quién está dirigido el Instituto?

–A adolescentes y adultos. Estamos en una zona de barrios muy carenciados y está destinado a ellos. También trabajamos en conexión con el Municipio de Garupá, que tiene la Oficina de Empleo que está trabajando, a través del Ministerio de Trabajo, con un programa que intenta incorporar en el mercado laboral a gente desempleada o a jóvenes que nunca accedieron a su primer empleo. La idea es trabajar con la gente desempleada, aunque no es un requisito que imponemos porque consideramos que la educación tiene que estar al alcance de cualquiera, las vacantes las distribuimos teniendo en cuenta la situación laboral y personal de las personas.

–De los 60 chicos que había cuando empezaron el Hogar Belén, ¿hoy cuánta gente hay en el Instituto?

–Son 260 alumnos y estamos tratando de incluir una incubadora de microemprendimientos. Es el primer instituto de formación laboral de la provincia. Se incorporó a la enseñanza oficial en noviembre del año pasado y abrió sus puertas el 12 de abril de este año. Eso puso en el campo de la formalidad lo que ya veníamos realizando desde hacía muchos años. El Ministerio de Desarrollo Social de la Nación nos ayudó fuertemente con el equipamiento del instituto y en el pago a los docentes. El Ministerio de Trabajo también aportó y nos alentó a que esta idea pudiera hacerse realidad.

–¿Tuvieron algún obstáculo en esta formalización del Instituto, en el plano educativo?

–Hace dos años, cuando presentamos el proyecto, el problema era cómo encuadrar el Instituto. Hasta qué punto se había destruido la educación técnica en nuestro país, que nos preguntábamos en dónde nos poníamos dentro del marco educativo. La nueva Ley de Educación abrió la posibilidad de la formación laboral y el Ministerio de Educación encontró el formato reglamentario para incorporar las escuelas de formación laboral.

–¿Y en qué área quedaron encuadrados dentro de la educación formal?

–No nos encuadramos en un determinado nivel, porque puede pasar que en el territorio haya un desempleado que puede ser capacitado pero que no tenga el primario. ¿Cómo se hace para darle a esa persona la posibilidad de capacitarse sin ponerle una condición que sé que no puede cumplir? Si lo mando a hacer el primario y luego el secundario, estoy postergando siete años a una persona que necesita algo para preparar la olla del fin de semana. Este formato nos da la posibilidad de que seamos nosotros los que ponemos la frontera de ingreso. Para estos cursos, la condición es que la persona esté alfabetizada. Siempre tuvimos como política que la capacitación laboral y la educación no son el mero acto de entregar un certificado. La persona se va con el certificado y muchas veces no sabe qué hacer, de esa forma tal vez creamos frustraciones. Nuestra preocupación era cómo seguir, el certificado es muy válido, pero, a partir de ahí, qué herramientas más darles para que puedan incorporarse a la vida del trabajo.

–¿Cómo concretaron esa preocupación?

–Pudimos acceder a la colaboración del Estado nacional, sobre todo del Ministerio de Desarrollo de la Nación, con quien llevamos a la práctica varios programas en el territorio. Nosotros trabajamos en un plano muy complicado, que no es sólo el de la pobreza monetaria sino estructural, que determina la pérdida de la educación y de la cultura del trabajo y lleva a que el hombre pierda la autoestima. Yo he visto chicos que jugaban con los documentos y el juego era que el que tenía el número más bajo era el que iba a cobrar un plan social primero. Después hay un esfuerzo muy grande del Estado y las organizaciones para ir cambiando esa mirada.

–¿Cómo cree que debe ser esta relación entre el Estado y la sociedad civil?

–Hay que entender que un plan social en un momento determinado puede significar cortar con una necesidad básica que está insatisfecha, pero esa es la base donde nos paramos y tenemos que mirar mucho más allá. Creo que las políticas públicas lo han entendido a la perfección y que las organizaciones sociales estamos aportando mucho en ese sentido. El Estado tiene que marcar y sentar las bases, implementar las políticas públicas que hagan posible que las organizaciones sociales desarrollen su trabajo. La ventaja de las organizaciones es que estamos en el territorio y somos parte de la base del territorio mismo. Tiene que haber un trabajo asociado y articulado. Y este gobierno supo comprender eso y se ha valido de herramientas de las organizaciones que están en el terreno. Yo vi pasar muchos gobiernos y jamás el Estado se preocupó por trabajar de forma asociada con las organizaciones en el territorio.

–¿Cómo incorporaron la herramienta del microcrédito en la organización?

–Cuando empezó a salir la experiencia Gramin en distintos recortes de prensa, tuvimos un acercamiento conceptual a lo que era el microcrédito y siempre la consideramos una herramienta importante, porque venía perfectamente enlazada con nuestro pensamiento. El microcrédito agregaba este valor de pensar que la persona tenía algo que era suyo, que no le venía dado y que podía comprar con sus propias posibilidades, y que ese dinero tenía que devolverlo. Había un grupo y un concepto solidario. Cuando la fundación Gramin vino a la Argentina nos propuso desarrollar ese trabajo en el terreno. Nos gustó mucho el proyecto pero le vimos una deficiencia.

–¿Cuál?

–No contemplaba el sostenimiento del programa en sí mismo. Para que se pudiera desarrollar el microcrédito hacía falta acompañamiento. Cuando uno le lleva a una persona un proyecto para que desarrolle y esa persona no tiene las herramientas para hacerlo, uno tiene que estar para acompañar ese proceso. Estamos hablando de gente que, en algunos casos, no sabe leer y escribir. La estamos invitando a que piense cómo va a desarrollar un pequeño negocio individual sin las herramientas mínimas. Ese proyecto no contemplaba el financiamiento de ese acompañamiento, que era absolutamente necesario. Entonces, en aquel momento, lo dejamos pasar. Pero presentamos a otra organización que lo desarrolló en la provincia, fuimos la primera provincia del país que funcionó con el sistema Gramin y pusimos una filial en el hogar, pero no la administrábamos nosotros.

–¿Y cuál fue el resultado?

–El proyecto funcionó muy bien seis meses y después se fue comiendo a sí mismo por la falta de acompañamiento en el terreno. Los promotores dejaron de trabajar porque no tenían cómo solventarse, no podían financiarse un viaje para ir al terreno ya que ellos no estaban enclavados en el territorio, no tenían la capacidad de reproducir y sacar líderes comunitarios a quien pasarles la posta del trabajo de promotores. Se diluyó y se cayó, y el financiamiento desapareció. Pero siempre quedó claramente instalado en nuestro ideario que el microcrédito es una herramienta poderosísima para un sector social.

–¿Y qué hicieron al respecto?

–Tuvimos la posibilidad de acceder al microcrédito a través del programa Banco Popular de la Buena Fe, que está incorporado a la Comisión Nacional del Microcrédito del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación. Tomamos conocimiento de una manera muy interesante: la gente del Ministerio se acercó a nosotros, algo que también es novedoso. Históricamente nos pasó que si queríamos desarrollar un programa teníamos que abrir las puertas del “Súper Agente 86”: 60 mil puertas y uno no llega nunca a la que realmente tiene que abrir. Este programa era similar a la idea que nosotros teníamos del microcrédito, porque se sumaba el acompañamiento de una política pública muy fuerte. La idea de que el microcrédito tiene que fomentarse y sostenerse, cubría las falencias del programa de Gamin.

–¿Qué camino les abrió ese programa?

–La posibilidad de actuar directa y organizadamente en campos donde, hasta entonces, no habíamos podido trabajar con la gente. Esta iniciativa no tiene sólo una mirada económica y eso es lo interesante. La idea es recuperar la inclusión económica pero desde un punto de vista solidario, entender que nadie se salva solo. Yo no puedo generar un comerciante que mate al barrio poniendo precios que el barrio no puede pagar.

–¿Cómo están funcionando con los microcréditos?

–Estamos trabajando en siete municipios. Comenzamos trabajando con siete bancos, el trabajo fue interesante pero arduo. Arrancamos con 50 o 60 emprendedores y, después de dos años, hoy tenemos 2000 emprendedores, son 2000 familias que dieron un paso importante en mejorar su calidad de vida. La gente a veces no puede entender por qué en una villa alguien tiene una antena satelital. Y yo digo: “¿por qué no la va a tener?”. Todo el mundo tiene derecho a acceder a buenas cosas. Desde lo económico tenemos claro que la ganancia se debe invertir para crecer, pero es comprensible en alguien que vivió teniendo un sueño toda su vida, de golpe lo quiera hacer. En el desarrollo del trabajo fuimos entendiendo que hay cosas que a la gente no se le pueden negar.

–¿Cuál es el aspecto social de entregar un microcrédito?

–El crédito es una visión monetaria. Detrás hay personas, que en el 95% de los casos son madres jefas de familias numerosas, con 5 o 6 hijos. Y estos emprendimientos favorecen la economía de la familia ampliada, así que el beneficio llega a 8000 o 9000 personas. El formato solidario del programa es incorporar a familias del barrio que se juntan en grupos de cinco personas para obtener ese crédito. Y esas cinco personas se suman a las cinco de la manzana de al lado. Terminamos siendo 60 o 70 en un lugar donde nos reunimos todas las semanas y conversamos de varias cuestiones. Y lo que parecía ser un tema meramente económico termina siendo un tema social, en el cual la gente empieza a empoderarse. Lo hacemos con la intención de recuperar el compromiso y el trabajo comunitario de gente que, muchas veces, espera soluciones mágicas, que bajan nadie sabe de dónde.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/dialogos/21-149757-2010-07-19.html

  JULIO PEñALOZA, GERENTE DE INFORMACIONES DE LA EMPRESA ESTATAL BOLIVIA TV

Peñaloza destaca que, si bien no existe el fenómeno de los grandes multimedios como en Argentina, los propietarios de medios gráficos y electrónicos responden siempre a los mismos intereses. La ley que regula la actividad en Bolivia es de principios del siglo pasado.

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–¿Cuáles son las características más destacables del sistema de medios en Bolivia?

–Acaba de estar en La Paz Enrique Santos, presidente de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP). Desde la perspectiva del periodismo alternativo y de los medios estatales en los que trabajo, la SIP es la organización que defiende los intereses propietarios de las grandes corporaciones de medios en América latina. Vinieron a La Paz alarmados porque supuestamente el gobierno de Evo Morales estaba arremetiendo contra la libertad de expresión y las garantías de los periodistas. El presidente lo recibió en el Palacio de Gobierno y se hizo una transmisión en directo en Canal 7, el canal estatal. El gobierno expuso un conjunto de argumentos que ponen en evidencia que todo lo que venía a preguntar la SIP en defensa de esos medios es una construcción que responde a estrategias manipuladoras, que tienen que ver con la estructura propietaria y los intereses económicos de los grandes medios.

–¿Cómo es la estructura de propiedad de los medios en su país?

–Los canales de TV son propiedad de empresarios de Santa Cruz, terratenientes-agroexportadores, gente que estuvo siempre en el poder político a través de los distintos partidos y manejó el país como se les antojó.

–¿A quiénes podría nombrar?

–Osvaldo Monasterio es el dueño de la Red Unitel, un acaudalado empresario ganadero con miles de hectáreas. También están los cruceños Kuljis, que tienen la red Uno. Otro es Periodistas Asociados Televisión (PAT), un medio comprado al ex presidente Carlos Mesa, que era su propietario. Esos son los tres grandes medios de la derecha. Un último ejemplo es ATVR Nacional, que hasta hace poco estuvo en manos del grupo Prisa de España y ahora tiende a cambiar porque un pedazo de la participación accionaria ha pasado a un grupo venezolano. Ese medio está más equilibrado.

–De lo que usted describe no surge que en Bolivia haya una concentración de tipo multimedia en el sector.

–No, son varios propietarios pero responden a intereses parecidos e ideológicamente coinciden.

–¿Cómo es la situación con los diarios allí?

–El 95 por ciento está en manos de ellos. Por ejemplo, el diario El Nuevo Día, de Santa Cruz, es de Branco Marincovich, presidente del Comité Cívico Pro-Santa Cruz. El diario Los Tiempos pertenece al Grupo Líder. En sociedad con Los Rivero, de Santa Cruz, manejan un conjunto de diarios, entre ellos El Deber, que es el más grande de Bolivia, y además Los Tiempos, La Prensa, El Correo del Sur, El Potosí. En La Paz está El Diario, de Los Carrasco, que es el más antiguo de Bolivia, con una estructura propietaria familiar tradicional. La Razón, donde también los venezolanos han comprado parte, sigue siendo un diario de centroderecha, bastante conservador, que pone diariamente en sus ediciones una altísima concentración de prejuicios y miedos típicos de la clase media más conservadora respecto de lo que está haciendo el Gobierno.

–¿Qué hay de otro lado?

–Un conjunto de medios de comunicación del Estado, que son Canal 7, el diario Cambio, un periódico oficial que acaba de inaugurarse, la radio Patria Nueva, de alcance nacional, y una red de radios comunitarias situadas en las zonas rurales, que son manejadas por comunicadores indígenas. Esos son los medios con los que se defiende el gobierno.

–¿Por qué dice que el gobierno “se defiende”?

–Es paradójico, pero si no estuvieran estos medios, no habría agenda presidencial en Bolivia. Los medios minimizarían lo más posible lo que hace Evo Morales, que empieza a trabajar a las 5 de la mañana, termina a la 1 de la mañana del día siguiente y está en 3 o 4 ciudades durante el día.

–¿De qué otras cosas debe “defenderse” el gobierno?

–Del discurso político tradicional de la derecha, que a partir de la nueva Constitución Política del Estado comenzó a instalar una serie de miedos, como que se perdía la propiedad privada y la religión, que se institucionalizaba el aborto. Bolivia era un país muy fácil de manejar porque la mayoría de la sociedad estaba invisibilizada y excluida, ni siquiera se la miraba: no salía en los medios. Pero cuando hay una explosión de participación popular, todos se asustan. Porque resulta que los indígenas están formados, muchos de ellos han ido a la universidad, tienen un proyecto político. Y resulta que son inteligentes y habían comprendido el país mucho mejor que la clase media.

–¿Cuál es el discurso de los medios de comunicación privados en Bolivia en relación con la gestión de Evo?

–Para defender sus intereses económicos, tienen que “atacar al indio” (en referencia a Evo Morales). Porque “el indio” está cambiando el país, está desactivando los mecanismos de privilegio y está manejando políticas económicas en las que el Consenso de Washington es un sacrilegio. El nuevo modelo económico es plural. Por supuesto que la empresa privada sigue existiendo, pero hay una participación estatal en un doble nivel. Incentiva los negocios de los pequeños y microempresarios que nunca tuvieron acceso al crédito y participa en la regulación de precios. En 2007 hubo un intento de inducción inflacionaria para generar desestabilización política. El gobierno introdujo el concepto de precio justo y empezó a regular. Prohibió las exportaciones, diciendo “primero está el mercado interno y después pueden exportar”. En Bolivia está el trauma de la hiperinflación que vivimos en el ‘82.

–¿Hay alguna política de medios que el gobierno esté planteando en el marco de la reforma de la Constitución?

–En Bolivia, la única referencia legal para el funcionamiento de los medios se llama “Ley de Imprenta”, es de 1925. No hay legislación especial en materia de medios electrónicos, de publicidad, etc. Eso se irá construyendo cuando la gente que está vinculada con el proyecto político de Evo Morales cuente con las condiciones para tener un poder hegemónico. Evo apunta a un 70 por ciento del electorado en diciembre de este año. En este momento no tenemos una política en el sector. Hay en Bolivia un empate catastrófico. Si bien la mayoría se ha expresado en las urnas a favor de Evo y lo ha elegido, la composición parlamentaria, por la forma de distribución proporcional de escaños hace que, por ejemplo, el Senado esté en manos de la oposición.

–Dentro de su trabajo, y ligado a los medios públicos, ¿cuál es el concepto de comunicación que comienzan a manejar desde la asunción de Evo?

–Es muy importante, para comenzar, la participación de los sectores sociales en nuestros escenarios noticiosos. Yo produzco cuatro noticieros diarios y además comparto noticieros de última hora cada vez que la situación lo exige. Y les damos muchísima cobertura a los actos en los que Evo participa en los distintos lugares del país. Los movimientos sociales son la fuerza en pantalla de los distritos de la diversa sociedad boliviana. También difundimos la agenda del presidente, los logros del gobierno y, por supuesto, el registro de los criterios de la oposición contrastados con los criterios del gobierno. Somos absolutamente claros en ese sentido, somos estatales, pero en la estructura de funcionamiento respondemos a la agenda que plantea el gobierno. Somos parte de los únicos medios de los que dispone el gobierno. Hay una base electoral muy amplia, pero un conjunto de medios muy chiquito, frente a las grandes televisoras, los grandes diarios y radios, que son abrumadoramente más en cantidad y se multiplican en todo el país.

–¿Han recibido críticas, más allá de la oposición?

–En Bolivia hay un ejercicio democrático tan extraordinario que la gente hace zapping con los noticieros televisivos y dice: “El canal estatal es el que refleja las opiniones, los criterios o la información gubernamental. Unitel es el canal que refleja la opinión de la derecha y de los sectores empresariales privilegiados. Yo, como espectador, saco mi conclusión”. En ese sentido, tengo mucho respeto por las audiencias bolivianas porque, en estos años de democracia, aprendieron a ser muy selectivas, cuidadosas y críticas al asimilar los mensajes de los medios de comunicación.

–¿Qué realidad del país construyen unos medios y otros?

–Yo hacía un diagnóstico de lo que pasa con la Red ATV, que tiene una posición más intermedia, está con los sectores empresarios pero de una manera más moderada. Aquí existe Clarín, que tiene una agenda periodística, es un periódico. Allí, los medios están al servicio de otros intereses. Les pongo otro ejemplo. El Deber, de Santa Cruz, tiene una estructura empresarial muy concreta y responde a una determinada orientación, pero no por eso deja de informar sobre lo que pasa en el país. Si hay un logro del gobierno lo destaca, porque hace periodismo. Los otros medios que mencioné, sobre todo los televisivos, están haciendo menos periodismo y más “vocería de intereses”. Hago una diferenciación entre un trabajo periodístico que refleje todas las voces y el sesgo, la omisión.

–¿Cuál es el concepto de “comunicación” con el que trabajan, en relación con la agenda informativa dominante? ¿Hacen contrainformación, comunicación alternativa?

–Creo que es una combinación de comunicación oficial que termina convirtiéndose en alternativa, frente a lo que hay en los grandes medios: espectacularidad, manejo de amplísimos recursos tecnológicos y muchos espejitos de colores. Esa pantalla seduce a la gente y nosotros mostramos lo que ellos no muestran.

–¿Si los medios oficiales terminan teniendo una agenda alternativa, no cree que es necesario discutir una política comunicacional más integral?

–Creo que es imprescindible tener nuevas políticas de comunicación.

–¿Se está pensando en ello?

–Se está pensando en muchas cosas. Pero creo que primero se debe reconfigurar el mapa político a partir de las elecciones de diciembre. Una vez que tengamos claro cómo será la conformación del Parlamento, cómo se va a reformar el Poder Judicial, cómo va a funcionar el órgano ejecutivo y cómo se van a consolidar las políticas que forman parte de este programa del gobierno empezaremos a pensar en las otras políticas que, en este momento, no se pueden hacer. Porque, en nombre de la libertad de expresión, la derecha dice: “Quieren conculcar nuestros derechos, nos están avasallando, nos están presionando, traemos a la SIP para que nos defienda”. Y Evo demostró ante la SIP que los medios mienten y manipulan.

–¿Y los convencieron?

–Yo creo que quedaron bastante impresionados por la calidad de la exposición, con ejemplos muy concretos. Un ejemplo de cobertura: “El presidente dio luz verde a contrabandistas”, fue el titular del diario La Prensa. Si leen el contenido de la noticia, en ninguna parte se demuestra que Evo Morales negoció y dio luz verde a estos 33 camiones que pasaron con la venia del presidente. Nunca se demostró eso, Evo lo reclamó en un acto público y dijo: “Ustedes son unos mentirosos”. A partir de allí se desató un escándalo nacional.

–¿Hay instrumentos legales que contemplen estas situaciones?

–El gobierno le ha iniciado un juicio a través de la Ley de imprenta al diario La Prensa. Se ha conformado un tribunal de imprenta, integrado por notables con reconocimiento y trayectoria limpia, pero esto recién ha comenzado. La sanción que se consigue al final es pedir disculpas por equivocarse. Allí se acabó todo. Los medios son tan perversos en Bolivia con el derecho a réplica que, por ejemplo, en mi caso, mintieron sobre un par de cosas, hice la réplica y me hicieron la contrarréplica inmediatamente. Entonces, el derecho a réplica queda relativizado porque la contrarréplica cierra el criterio con que se manejo el tema. Hay mucha perversidad, falta de ética y de escrúpulos de estos periodistas, que son peones de las empresas periodísticas. Ese periodismo aguerrido de los ’70 y ’80, que peleó contra las dictaduras, fue sustituido por una subalternación del periodismo en función de un salario y una línea periodística donde, o te gusta o te vas.

–¿Cuál es la relación del sistema de medios estatal boliviano con las radios comunitarias?

–Durante las dictaduras hubo un conjunto de radios mineras, que fueron la contestación al autoritarismo de la dictadura. Muchos de los periodistas y comunicadores de esas radios fueron desaparecidos y perseguidos. Ahora hay una nueva red de radios comunitarias, que son de zonas rurales y están siendo financiadas en parte por un proyecto del Estado. Estas radios responden a sus comunidades con un alcance dirigido. Tienen un vínculo muy fuerte con la comunidad porque la gente del campo escucha radio desde las 5 de la mañana, son muy escuchadas y creíbles. Dan además un servicio para funcionar en la vida cotidiana. Hay otras expresiones interesantes como La Red Erbol, una red de más de 60 radios, con una raíz de inspiración católica pero que están claramente vinculadas con el proceso político.

–¿Erbol es una aliada del gobierno?

–Sí, también critica al gobierno porque es independiente, pero sus contenidos coinciden con el proceso político que está viviendo el país.

–Si usted explica que la concentración comunicacional está en los medios contrarios al gobierno y, por otro lado, Evo tiene un apoyo masivo de la población, ¿cuál es la relación de los medios con las audiencias?

–Es sencillo. El principal comunicador de Bolivia se llama Evo Morales. Es un productor televisivo innato, tiene un criterio y un sentido del detalle extraordinarios. Evo está en contacto diario con la población a través de la TV, porque es un presidente de masas, un populista de izquierda. Laclau dice que al populismo hay que leerlo como un dispositivo estratégico que rompe con la tradición política de lo correcto. Y Evo Morales es un hombre de masas, con un sentido de la política envidiable, ya que siempre está adelantado dos pasos a sus adversarios. El logró algo que, según se dijo, no se lograría en Bolivia: que los indios dejen de votar a los blancos.

–¿Eso es más fuerte que los medios y la oposición?

–Sí, porque las creencias son más profundas y porque las prácticas cotidianas de vida en el mundo indígena, que es el 62 por ciento de la población, pasan por una visión comunitaria de la vida. Ellos no se piensan como nosotros, desde la individualidad, sino desde un nosotros. Eso es una fuerza muy grande.

–¿Y los intelectuales bolivianos cómo ven al populismo?

–Hay una intelectualidad boliviana que esta conformada por un grupo de “comemierdas”, que supuestamente eran de izquierda cuando era fácil ser de izquierda, porque no había interpeladores y pontificaban, desde los grandes salones del pensamiento, lo que era ser de izquierda. Ahora, esos señores quedan en evidencia de que más bien habían estado más hacia el centroderecha que a la izquierda. Era fácil ser marxista desde la perspectiva clásica de los ’70, donde no existía una participación mayoritaria de los sectores populares de Bolivia, que son indígenas. Y ahora resulta que una gran parte de esta gente pasó al conservadurismo.

–Volviendo a los medios, ¿qué diferencias encuentra entre las coberturas periodísticas de la guerra del agua (año 2000), la del gas (año 2003) y las de la reciente masacre de Pando?

–En la guerra del gas, la realidad era tan contundente que los medios no pudieron manipular la información. Las movilizaciones de El Alto, la cantidad de muertos, eso no se puede manipular. Hubo un intento del diario La Prensa de minimizar a los primeros muertos, pero después no pudieron tapar el sol con el dedo. Desde que Evo Morales está en ejercicio del poder, hay una negación de la realidad: la persecución, la violencia, la matanza en Pando. A mí me quisieron linchar en Santa Cruz en 2006, en la llamada Media Luna hay violencia contra los indígenas que viven en la región. Todo eso tiene que ver con una manipulación asquerosa y grosera que ofende la inteligencia de cualquier ciudadano. Quieren hacer aparecer a Bolivia como un país de indios revoltosos, ingobernables, amantes de la violencia, cuando la violencia fue ejercida desde un montaje de terrorismo destinado a generar las condiciones para separar a Santa Cruz y convertirla en un país independiente.

–¿Por qué se da tal diferencia en la cobertura de estos tres hechos?

–La diferencia pasa por una construcción política que antes no había, porque no imaginaban que Evo Morales iba a ser presidente. Y eso cambió todo. Hay mucha histeria de los sectores medios y de la intelectualidad, que se ha vuelto reaccionaria y, a la vez, tiene un discurso ambiguo.

–¿Qué significa el titulo del documental Construyendo dignidad que usted ha realizado?

–El título salió de una frase que dijo un abogado que fue entrevistado para el documental. “Nosotros vamos a empezar a vivir la dignidad y en el momento que vayamos a vivirla normalmente dejaremos de preocuparnos de ella, porque la dignidad será parte de nuestra vida diaria.” Es un documental donde yo hago la producción periodística y la dirección es del argentino Fernando Cola, que pertenece a un colectivo de comunicadores jóvenes de la ciudad de La Plata. Y todo esto producido por el Instituto Internacional de Asuntos Indígenas con sede en Dinamarca. Nos demandó más o menos un año hacer la primera versión, la segunda incorpora imágenes del referéndum y de la aprobación de la nueva Constitución.

–¿Cuál es la línea argumental del documental?

–El hilo conductor son las explicaciones del proceso que da el vicepresidente García Linera, es un trabajo hecho desde el punto de vista formal y refleja elementos centrales del proceso político: la instalación del Estado plurinacional, el tema de la tierra. Hay una mirada equilibrada, la propia oposición participa, opina, critica, cuestiona. Dejamos que las imágenes hablen por sí mismas.

–¿Tienen la intención de difundir la experiencia política del proceso boliviano a otros países de Sudamérica?

–Evo Morales es un modelo mediático que vende mucho. Hay muchas iniciativas, nunca se habían producido tantos documentales sobre Bolivia que tuvieran como eje el liderazgo de Evo Morales.

–Usted hizo un programa de TV con García Linera en 2002/2003. ¿Qué diferencias hay entre el García Linera de esa época y el actual vicepresidente?

–Allí comenzó la carrera política de Alvaro hasta llegar a donde llegó. En aquellas discusiones en el programa yo le decía a Alvaro: “El hombre no es Felipe Quispe es Evo Morales. Es él quien va a generar ese espacio en el que tú estás pensando”, pero en ese momento él pensaba en Felipe Quispe. Lineras es un hombre de la academia, es muy respetado y tiene una gran virtud: una gran lealtad a Evo Morales. Nunca lo había dicho pero hay que destacarlo, porque en determinado momento es muy fácil tratar de socavar el poder, generando insidia y conspirando contra el otro.

–¿Qué rol cumple García Lineras en este proceso?

–Es el vicepresidente del Estado plurinacional y tiene una pata en el Parlamento y otra en el Ejecutivo. Es el gran organizador y articulador de la gestión pública. Evo puede viajar por todo el país porque en la Casa de Gobierno está Alvaro manejando todos los hilos del funcionamiento del aparato gubernamental. Creo que es un complemento perfecto.

–Más allá de su rol en la gestión, ¿aporta desde lo intelectual a la reflexión del proceso político de Bolivia?

–Sí, porque hace cosas de alto vuelo intelectual. Han venido a Bolivia Laclau, Toni Negri, y permanentemente llega gente que genera foros de debate y discusión. Esa es la intelectualidad que está comprometida profundamente con el gobierno. Alvaro forma parte de un grupo que se llama “Comuna”.

–¿Estos grupos de intelectuales están en relación con la gente?

–Tienen relación con los movimientos sociales. Se ha generado algo que no pasaba en Bolivia, que una chola paceña con su pollera se siente en la TV y hable con los señores de corbata. La periodista de Canal 7 que maneja la cuestión internacional es una chola paceña.

–¿Qué expectativas tiene para las elecciones de diciembre próximo?

–Evo Morales va a ganar, él quiere ganar con el 70 por ciento de los votos.

–Sin embargo, la oposición gobierna en muchas regiones y tiene parte importante del Senado.

–Sí, eso dependerá de la campaña, de la incidencia del movimiento orgánico del MAS y de los movimientos sociales.

–Hay sectores de los movimientos sociales que opinan que el gobierno de Evo Morales cristalizó el proceso de movilización social, ¿qué opina usted?

–Para llegar a este momento, que permite la ley de elecciones de fin de año, Evo Morales se declaró en huelga de hambre. Toda la sociedad estaba en estado de apronte para salir a las calles en caso de que el Senado no aprobara la ley. Creo que hay un estado permanente de movilización en Bolivia, la gente está mentalmente preparada para salir en cualquier momento, a defender lo que es suyo.

–¿Bolivia mira mucho hacia Venezuela?

–Hay que diferenciar las cosas, por ahí no gusta el estilo de Hugo Chávez, pero definitivamente tiene un compromiso y un afecto por Bolivia que está fuera de discusión. Y su gravitación mundial en la venta del petróleo hace una diferencia en América del Sur que nunca antes se había producido. Estamos arropados por Argentina, Venezuela, Cuba, Chile y por el propio Brasil, con los distintos matices que hay en el medio. Pero hay una actitud política de actuar en bloque.

–¿Cómo se ve Argentina desde Bolivia?

–Es muy fuerte la imagen de lo bolivianos que viven aquí, como vendedores de limones, bajitos, desheredados, hinchas de Boca. Pero, por otro lado, hay otra argentinidad apreciada, sobre todo de los del Norte, porque hay tradiciones muy parecidas.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/dialogos/21-131739-2009-09-14.html