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  APOCALIPSIS > FRANCIA ASEGURA QUE LA SITUACION ES MAS GRAVE DE LO QUE RECONOCE EL GOBIERNO JAPONES

Las autoridades francesas del sector nuclear indicaron que el riesgo de la central Fukushima va hacia el camino de Chernobyl. La Comisión Europea pidió la convocatoria de una reunión extraordinaria de la Agencia Internacional de la Energía Atómica.

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Desde París

¿Cuál es el verdadero alcance de la catástrofe nuclear que amenaza a Japón? El director general de la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA), Yukiya Amano, consideró ayer que era “muy improbable” que la crisis de la central de Fukushima I sea similar al accidente de Chernobyl (Ucrania, 1986). Sin embargo, las autoridades francesas del sector nuclear indicaron que se va por ese camino. André-Claude Lacoste, presidente de la Autoridad de Seguridad Nuclear francesa hizo una evaluación que colma las lagunas e imprecisiones de las informaciones provenientes de Japón: “Tenemos el sentimiento de que estamos al menos en el nivel cinco, y sin dudas en el 6”, dijo Lacoste. Luego, el responsable aclaró: “Estamos más allá del nivel de Three Miles Island (el accidente nuclear en la central norteamericana que alcanzó el nivel 5 en 1979), sin alcanzar el de Chernobyl. Estamos en un nivel intermediario”.

Los niveles estimados por André-Claude Lacoste difieren de los comunicados por Tokio. Japón colocó el accidente nuclear en el nivel 4, que equivale a un “accidente de alcance local”, mientras que el 5 corresponde a un accidente “con consecuencias de mayor alcance”. A modo de comparación, la catástrofe de Chernobyl llegó al nivel 7, el máximo de la escala INES, que lo califica de “accidente grave”. Lo cierto es que la catástrofe que sumió a Japón en un estado de alerta nuclear considerable suscitó en Europa un inmediato debate sobre la pertinencia de la energía nuclear y los dispositivos de seguridad existentes. Sus opositores históricos, los ecologistas y las ONG antiátomo, salieron a reclamar debates y medidas, al tiempo que algunos Estados como Alemania y Suiza ya adelantaron disposiciones. La canciller de Alemania, Angela Merkel, decidió suspender el plan que debía ampliar la vida de las centrales nucleares del país (ver aparte). Suiza (cinco centrales) suspendió las licencias con vistas a la construcción de nuevas centrales hasta que no se verifique la seguridad de las cinco plantas en funcionamiento.

En un terreno más global, la Comisión Europea pidió la convocatoria de una reunión extraordinaria de la Agencia Internacional de la Energía Atómica para la semana próxima, así como otra reunión urgente con los operadores de las centrales del Viejo Continente y los responsables de la seguridad nuclear. Para la Unión Europea se trata de “evaluar” las consecuencias de lo ocurrido en Japón. El recurso a la energía nuclear no fue puesto en tela de juicio como principio, pero sí las cuestiones de seguridad. Las opiniones difieren en el seno de la UE, donde 15 de los 27 países cuentan con estructuras nucleares en funcionamiento. El 15 por ciento de la energía que consumen los 27 países que componen la UE proviene del sector nuclear. El presidente francés, Nicolas Sarkozy, descartó ayer con énfasis cualquier idea de renunciar al átomo. No es para menos, Francia es, después de Estados Unidos, el segundo consumidor mundial de energía nuclear. Con 58 centrales nucleares en funcionamiento, el 75 por ciento de los suministros de energías provienen del sector nuclear. En Europa le siguen Gran Bretaña, 19 centrales; Alemania, 17, y España, 11. El problema se trasladó ahora al debate en torno de la seguridad. Austria, un país hostil al átomo, pidió a través de su ministro de Medio Ambiente que se lleven a cabo pruebas de resistencia en las centrales europeas a fin de medir la solidez de la seguridad de las plantas.

Los ecologistas se metieron en la brecha con la exigencia de una transparencia mayor. Daniel Cohn-Bendit, el ex líder de las jornadas de Mayo del ’68 y hoy eurodiputado del partido Europa Ecología, pidió a la izquierda que incluyera en su plataforma electoral “un referéndum sobre la energía nuclear”. Los partidos de gobierno, socialistas y conservadores, no apoyaron esta iniciativa. La Red salir de lo Nuclear (RSN) consideró que todo lo que tiene que ver con el átomo “es un gigante con pies de barro”. El debate y la espada de Damocles de una catástrofe nuclear en Japón supone un golpe en el corazón de esa industria.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-164192-2011-03-15.html

  LOS CANCILLERES DE ARGENTINA Y FRANCIA SE REUNIERON EN PARIS

Héctor Timerman junto a Michèlle Alliot-Marie fijaron una agenda de trabajo conjunto en temas comerciales y políticos. Acuerdos en materia nuclear y sobre Haití.

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Desde París

El ministro de Relaciones Exteriores, Héctor Timerman, plasmó ayer en París la recuperación plena de las relaciones entre ambos países. Invitado por la canciller francesa, Michèlle Alliot-Marie, con quien se entrevistó, Timerman también mantuvo un encuentro con el asesor diplomático del presidente francés, Jean-David Lévitte. En el curso de una reunión con la prensa en la biblioteca de la embajada argentina en París, Timerman dijo que “queda claro que los temas del pasado quedaron en el pasado”. El jefe de la diplomacia argentina explicó que “la crisis del 2001 fue superada” y que, según le manifestó el asesor de Nicolas Sarkozy, “las relaciones entre Argentina y Francia tienen un futuro brillante”.

Los pasos concretos de este nuevo impulso de la relación bilateral caben en medidas tangibles. Timerman aclaró que se acordó con la jefe de la diplomacia francesa la convocatoria de la comisión mixta –temas económicos y comerciales– en julio de 2011 en Buenos Aires. También se “expresó el deseo” de que la Argentina organice a lo largo de este año, y con apoyo de Francia, que asumió la presidencia del G-20, tres seminarios: uno sobre trabajo y la dimensión social del empleo, otro sobre las fluctuaciones en las tasas de cambio y un tercero sobre paraísos fiscales y lavado de dinero”.

Hubo también una convergencia en temas nucleares. A París le interesa “la transferencia tecnológica” en todo convenio que se firme con la Argentina. Un comunicado del ministerio francés de Relaciones Exteriores destaca que el “tema nuclear civil fue evocado con la posibilidad de perspectivas nuevas de colaboración, en el marco de proyectos de construcción de centrales nucleares en la Argentina y la instalación de un centro de investigaciones y de seguridad”.

Timerman interpretó estos acuerdos como una prueba de que la Argentina “está dejando atrás en forma exitosa las crisis generadas en los años ’90”. En otro punto de su reflexión, el ministro argentino celebró el hecho de que bajo “la sombra de la crisis que ha sufrido Europa se ha entendido mejor que aquello que le sucedió a la Argentina (2001) hubiese tenido otro tratamiento y otra comprensión si hubiese ocurrido durante la crisis de Europa”.

Otro de los puntos que destacó el canciller fue la coincidencia entre París y Buenos Aires en torno de la necesidad de “reformar a los organismos multilaterales de crédito, la transferencia de la tecnología, una mayor justicia en el comercio y la necesidad imperiosa de terminar con los paraísos fiscales”. Timerman indicó que la Argentina votó a favor de que Francia asumiera la presidencia del G-20 porque Buenos Aires estaba convencida de que París tenía “la fuerza y el conocimiento necesario para liderar el proceso de transformación en los organismos de crédito”. Según el canciller, las cosas hubiesen sido muy distintas para los países que sufrieron las crisis “en los años ’90 y en el 2000 si el Fondo Monetario Internacional hubiese estado con una representación de países como China, India, Brasil, Sudáfrica”. Timerman declaró que “la Argentina no está en contra de los organismos internacionales de crédito, sino del rol que éstos organismos juegan ahora”. En este contexto, Timerman observó que estos organismos no parecen reflejar la “realidad del mundo actual”. Como ejemplo, el jefe de la diplomacia citó el caso de las Malvinas y dijo que había evocado con la canciller francesa el hecho de que Gran Bretaña “se niega a cumplir con el mandato de las Naciones Unidas de sentarse a negociar de forma pacífica la resolución del conflicto por las Malvinas. Entonces pareciera ser que hay unas Naciones Unidas para los países poderosos y unas Naciones Unidas para los países pobres y pequeños. En la mesa siempre estamos sentados la Argentina y las Naciones Unidas, pero la silla de Gran Bretaña siempre está vacía”.

El canciller también resaltó una confusión que aparentemente hubo en la interpretación que se hizo de la propuesta francesa de frenar la especulación en torno de las materias primas. Timerman dijo que París le expresó que “Francia no propicia precios fijos o precios topes para los commodities sino que, de la misma manera que combatió la especulación financiera en el G-20 con apoyo argentino, se limite el daño que ocasiona la especulación”. No se trata de fijar o atacar los precios, sino la especulación.

Timerman negó que se haya evocado con Francia el tema de la tensión entre Argentina y Estados Unidos y reveló que se acordó que haya “una línea directa en relación al tema de Haití”. El canciller evocó una iniciativa conjunta de los países de América del Sur con respecto a Haití, que se analizará después de las elecciones haitianas (segunda quincena de marzo). El canciller concluyó diciendo que “los conflictos que hemos tenido en la relación bilateral han sido superados”.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-162662-2011-02-19.html

  PROPONEN APLICAR UNA TASA A LAS TRANSACCIONES FINANCIERAS


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Desde París

Robin Hood salió del bosque y se desplegó en París. Pocas horas antes de que comenzara en la capital francesa la reunión de los ministros de Finanzas y de los presidentes de bancos centrales del G-20, decenas de ONG del planeta interpelaron a los líderes del G-20 para que apliquen la llamada tasa Robin Hood que grava las transacciones financieras, es decir, especulativas. La tasa es por demás modesta, 0,05 por ciento, pero, según las ONG que sustentan el proyecto, su aplicación podría generar cientos de miles de millones de dólares que servirían para el desarrollo.

Para sus defensores, la tasa Robin Hood no sólo constituye una fuente importante de ingresos para constituir un fondo de ayuda, sino que, también, su mecanismo permitiría corregir algunos delirios y excesos del mercado. Cifras proporcionadas por las ONG que participaron en la iniciativa demuestran que las transacciones financieras generan un volumen de negocios, es decir, una masa monetaria 75 veces superior a los intercambios de bienes y servicios. De allí se desprende el slogan de la tasa Robin Hood: “Gravar la finanza para un mundo más justo”. En la carta dirigida al presidente francés, Nicolas Sarkozy, cuyo país preside actualmente el G-20, las ONG aseguran que “la tasa Robin Hood permitiría sacar cientos de miles de millones de euros cada año para luchar contra la pobreza y el cambio climático. También contribuiría a reducir la especulación financiera y a redistribuir las riquezas”. Las más de 200 ONG que defienden esta iniciativa no se dirigen a un presidente que desconoce el tema. El pasado 25 de enero, en una conferencia de prensa ofrecida en el Palacio Presidencial, Nicolas Sarkozy dijo que aplicar un gravamen sobre las transacciones financieras era “la mejor fórmula para encontrar recursos destinados al desarrollo”.

La idea de esta fiscalidad internacional no es nueva y se diferencia de la famosa tasa Tobin, propuesta hace 30 años . Sin embargo, con la crisis de 2008 la idea ganó adeptos –al menos en palabras– entre las potencias mundiales: Francia, España, Noruega, Austria, Bélgica, Benín y Brasil la defienden, mientras que Estados Unidos, Gran Bretaña, Corea del Sur, Canadá y México la repudian. Según Sebastián Fourmy, portavoz de Oxfam Francia, en un informe de 2010, el FMI calculó que la existencia de una tasa semejante aportaría “266 mil millones de dólares por año”. Aurélie Trouvé, co-presidenta de Attac Francia, acota que si Francia, Alemania y Gran Bretaña la pusieran en vigencia, “sería un inmenso peso político para incitar a otros países”. Sin embargo, el principio dista de crear consensos. Y con la primera potencia mundial en contra, harán falta que muchos Robin Hood salgan de Sherwood para convencer a los poderosos.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-162667-2011-02-19.html

  ENTREVISTA A RENAUD CHAREYRE, INVESTIGADOR Y AUTOR DEL LIBRO GOOGLE SPLEEN

La Unión Europea actualmente investiga si la empresa que gestiona el buscador manipula los resultados de los datos que aparecen en la pantalla. Chareyre explica por qué está convencido de que existe tal manipulación.

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Desde París

El gran devorador universal de libros e información empieza a tener algunos problemas con la imagen de pertinencia que cifró su éxito. Google es objeto de una investigación abierta por la Unión Europea para establecer si la empresa que gestiona el buscador manipula los resultados de los datos que aparecen en el buscador. La multinacional de las dos “O” procede de una forma que está lejos de coincidir con la honestidad y la transparencia que forjaron su imagen. Los europeos sospechan desde hace mucho que Google manipula los esquemas de su motor de búsqueda no sólo para favorecerse económicamente, sino también para instaurar una situación de monopolio en el mercado. El gigante de la doble “O” no parece honrar la divisa de la empresa, “No hagas el mal”. Google viene haciendo las cosas muy mal desde hace cierto tiempo. En 2006 preparó una versión autocensurada destinada al mercado chino para ahorrarse una confrontación con el poder comunista de Beijing, luego emprendió una poderosa campaña para digitalizar los libros con intenciones no siempre honradas, más tarde apareció espiando las cuentas de los correos y los accesos, Internet con su sistema Street View, y por último Google fue denunciado innumerables veces por espiar a los usuarios de Internet con el objetivo de establecer un perfil personalizado y adaptar la publicidad según cada persona.

El Departamento de Competencia de la Comisión Europea, a cargo del vicepresidente de la Comisión Europea, Joaquín Almunia, investiga si hoy Google no está violando las reglas del Tratado de la Unión. El año pasado, el portal británico de comparación de precios, Founden, el portal de compras online Ciao! y el buscador jurídico francés ejustice.fr incriminaron a Google por la manera en que el buscador los relega en los últimos puestos de los resultados de las búsquedas. Ciao!, a su vez, cuestionó a Google por las condiciones artificialmente elevadas que fija en las tarifas publicitarias. En ambos casos, es el corazón menos noble de Google que queda al desnudo. Las autoridades de la Unión Europea enviaron a empresas y organizaciones unas cien preguntas para determinar si la empresa californiana manipula o no los resultados.

Renaud Chareyre no tiene ni la más mínima duda sobre esa manipulación. En un libro de perfil riguroso, Google Spleen, este investigador desmenuzó el lado menos brillante de Google, el famoso sistema AdWords mediante el cual Google asocia la publicidad a los resultados de una búsqueda. Y cuando más se paga, más arriba se aparece. Renaud Chareyre demostró que las respuestas que ofrece el buscador están, de hecho, manipuladas, pasadas por el tamiz del provecho. En esta entrevista con Página/12 en París, el autor de Google Spleen (www.googlespleen.com) expone las prácticas de una empresa que todo lo que hace apunta a un solo objetivo: hacer más y más dinero con el conocimiento humano.

–Google siempre gozó de una imagen muy positiva. Para la gente el gigante que domina 90 por ciento del mercado de los motores de búsqueda siempre apareció como al anti Microsoft por excelencia. Sin embargo, poco a poco, quien era como una suerte de antídoto del demonio empezó a perder sus atributos de ángel.

–Google es una empresa extremadamente poderosa, tanto en el plano económico como de la imagen. El tema Google es muy complejo, hay muchos parámetros y es extremadamente difícil hacerle ver a la gente la realidad de Google. Con Google tenemos una empresa que supo desarrollar una estrategia de marketing muy eficaz que le sirvió para construirse una imagen casi intocable, que se apoya en gran parte sobre el principio de gratuidad de las soluciones que propone. Pero detrás de esto está el modelo económico que financia las soluciones propuestas por Google. Ese modelo es poco claro. La entidad que financia Google es AdWords. El utilizador no paga cuando lanza una búsqueda. Todo reposa sobre la publicidad de los anunciantes, quienes aportan los presupuestos en el sistema Google. Ahora, se trata de saber cómo se organizan esos anuncios.

–Eso se debe al hecho principal de que la respuesta del buscador depende de lo que pagó o no el anunciante. O sea, si hacemos una búsqueda sobre un objeto la respuesta que aparece primero está regulada según lo que abonó el anunciante. Es, en suma, una respuesta organizada según un criterio comercial.

–Efectivamente, en la lógica del sistema AdWords. Google asegura a los anunciantes que el que pagó el precio más alto aparecerá mejor ubicado en las respuestas. Google estudia también la tasa de clics y modula su respuesta en función de ella. Los mecanismos que intervienen en este proceso son extremadamente complejos. Pero nos damos cuenta de que, al final, es Google quien decide qué lista aparece en la pantalla de los internautas y ello sin que los anunciantes puedan decidir algo. Google también decide la clasificación de los anuncios. Más aún, las respuestas de Google varían de una pantalla a otra. La aparición o no de determinadas publicidades está determinada por Google en función del perfil de A o de B. Un usuario A verá en su pantalla un determinado tipo de anuncios mientras que el B verá otros.

–Ello implica una vigilancia constante.

–Google trabaja con un algoritmo permanente que analiza los resultados de las publicidades a fin de modular la aparición o no de los links subvencionados. El objetivo de todo esto consiste en modelizar de manera permanente la gestión de los afiches publicitarios.

–Google es como Dios: está en todas partes: lo encontramos como motor de búsqueda, como correo electrónico a través de G-mail, también tiene su propio sistema de explotación con Androide, lo tenemos como devorador de libros, en fin, es una máquina con una filosofía expansionista única.

–Google es una empresa que hace dinero con las relaciones cognitivas. Buscará apoderarse de todo lo que puede permitirle a un individuo extender el campo de sus conocimientos para sacar provecho de ello. De allí la lógica que consiste en proponer publicidad según lo que se conoce del internauta, del perfil que se estableció de él, de la tipificación de sus centros de interés. El mismo principio es válido en lo que atañe al proyecto de numerización de los libros. Google quiere ofrecer una apertura a gratuita a la cultura pero, por debajo, este principio le permite a Google seguir a cada internauta según sus intereses. Se pueden saber muchas cosas conociendo los libros que una persona lee. Se pueden conocer sus ideas, sus gustos, etc. El proyecto de digitalización de los libros es un espejo de lo que Google hizo con YouTube. Se ponen libros al alcance de la gente, de allí se establece un perfil de la persona y detrás se sacan beneficios con la publicidad. Google podrá conocer los autores favoritos de cada internauta y, paralelamente, hacer publicidad sobre los libros que vende en su librería en línea.

–Muchos analistas se preguntan hoy si acaso Google no se convirtió en algo demasiado grande que representa un peligro para la democracia, para el principio de elección.

–En cuanto al principio de elección, a partir del momento en que sabemos que Google está en condiciones de regular la información que ofrece al internauta –y todo esto con una imagen de pertinencia– vemos enseguida que hay una amenaza fuerte sobre la libertad de elección del consumidor. Esto nos lleva a interrogarnos si con este modelo aún estamos en la economía de mercado, es decir, en un modelo de libre circulación de la oferta y la demanda. Nuestra tesis, en el libro, es que Google está en una posición en la que puede aportar una información comercial con la cobertura de la pertinencia –los internautas tienen una confianza ciega– para orientar al internauta hacia preferencias de consumo. En el plano político también hay muchos interrogantes. Cuando contamos con una herramienta útil como Google, que es capaz de prever la evolución de la gripe A en función de las consultas de los internautas al motor de búsqueda, igualmente podemos pensar que Google es capaz de anticipar las tendencias de la opinión, las tendencias electorales. Por consiguiente, Google puede regular el flujo de la información según las ideas o las opiniones.

–¿Cuál es el secreto mayor de Google?

–Su primer secreto es haber sido capaz de montar un sistema económico que vende algo que no se corresponde con lo que los clientes compran. El segundo, y gracias a una extrema inteligencia, consiste en fabricarse una imagen de extrema pertinencia. Los internautas utilizan Google cuando en realidad no hay mucha pertinencia en ese sistema. El secreto es la imagen que borra toda la realidad y las incoherencias de su sistema económico.

efebbro@pagina12.com.ar


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/4-160594-2011-01-17.html

  LA HIJA DEL LIDER FILOFASCISTA FRANCES ASUME EL LIDERAZGO DEL FRENTE NACIONAL

Marine Le Pen sucedió a su padre al cabo de un reinado absoluto que duró 40 años y durante el cual Jean-Marie Le Pen propulsó a su formación partidaria hasta transformarla en una de las fuerzas políticas más sólidas de Francia.

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Desde París

La heredera del líder de la extrema derecha más poderosa del Viejo Continente, el Frente Nacional de Jean-Marie Le Pen, derrotó al ala más dura del partido y se quedó con las riendas de este movimiento, al que Le Pen llevó al umbral de la presidencia en abril de 2002. Marine Le Pen, su hija, sucedió a su padre al cabo de un reinado absoluto que duró 40 años y durante el cual Jean-Marie Le Pen sacó del proverbial 3 por ciento de los votos que el partido concitaba a principios de los años ’80, para propulsarlo como una de las fuerzas políticas más sólidas de Francia con porcentajes que, según las elecciones y las encuestas, rozan el 17 y 18 por ciento de los votos. El congreso del Frente Nacional que se abrió este sábado en Tours (suroeste) dio paso a la sucesión mediante una elección entre dos corrientes adversas dentro de la ultraderecha francesa: la de Marine Le Pen y la del radical Bruno Gollnisch. Según el diario Le Monde, “alrededor de dos tercios votaron por la hija de Jean-Marie Le Pen y un tercio por su adversario”, Bruno Gollnisch.

La proclamación oficial del resultado se hará efectiva hoy, en el segundo día del XIV congreso. La victoria de la eurodiputada estaba ganada de antemano. Su padre, que preside el movimiento desde su creación, en 1972, la apoyó con todo el peso de su autoridad y lo mismo hizo el aparato del Frente Nacional. Marine Le Pen se convirtió en los últimos meses en un fenómeno de los medios de comunicación. Cada vez que asiste a un programa de radio o de televisión alcanza audiencias de partido de fútbol o de telenovela. La ultraderecha francesa dio vuelta una de las páginas más extensas de su historia y se inscribe ahora en la corriente que ha ido modernizando las extremas derechas europeas. Estas apartaron los amagos antisemitas del pasado para forjar sus bastiones electorales sobre el pilar de la islamofobia, la defensa de la identidad nacional y la ofensiva contra los inmigrados.

El cóctel ha sido fructífero para todos. En las elecciones legislativas de 2007 el Frente Nacional obtuvo 4,2 por ciento de los votos, en las elecciones europeas de 2009 el porcentaje subió a 6,3 por ciento para llegar luego a 11,4 por ciento en las elecciones regionales de 2010. Los sondeos le otorgan a la hija de Le Pen un más que confortable tercer lugar en las preferencias del electorado, justo detrás de los socialistas y la derecha de la gobernante UMP. Marine Le Pen es una espada de Damocles sobre las urnas de ambos partidos. Una encuesta reciente publicada por Le Monde mostró que 22 por ciento de los simpatizantes de la conservadora UMP podrían migrar hacia la extrema derecha. Hace un mes, Jean François Copé, dirigente de la UMP, admitió que el repunte del Frente Nacional creaba una situación de “peligro electoral”.

Los tiempos son ideales para los discursos extremistas y excluyentes. Europa se enfrasca con persistencia en tendencias xenófobas que abren un corredor ideal a las ultraderechas del Viejo Continente.

La hija de Le Pen tiene, además, cualidades oratorias potentes y suficiente encanto como para que no se vean demasiado los dientes. A partir de ahora, Marine Le Pen aspira a repetir la hazaña de su padre en las elecciones presidenciales de 2012: dejar en el camino a los socialistas o a la derecha tradicional y disputar una segunda vuelta presidencial tal como lo hizo Jean-Marie Le Pen en 2002.

Marine Le Pen quiere desdiabolizar la imagen del partido y ampliar así las bases del electorado y pesar más en la escena política con una meta declarada: “conquistar el poder”. Esa normalización de la extrema derecha no pasa, sin embargo, por la negación de los fundamentos de la ultraderecha tal y como la concibió su padre. Al contrario, Marine Le Pen reivindica la “preferencia nacional” (derechos y ventajas reservadas a los franceses), la restitución de la pena de muerte, la salida del euro y de la Unión Europea. Pero su discurso y sus principios programáticos se articulan en torno de una agenda mucho más social que los valores promovidos por la guardia vieja del Frente Nacional. Marine Le Pen es el cuarto rostro de la extrema derecha reciclada. Junto al sueco Jimmie Aekesson, el húngaro Gabor Vona y el holandés Geert Wilders, la hija de Le Pen es el emblema de una ultraderecha europea pujante, que supo aprovechar el pánico que suscita un mundo demasiado conectado para replegarse sobre la identidad y el terruño y, de paso, apoyarse en el sólido rechazo al Islam.

Ayer, en su último discurso como presidente del FN, Jean-Marie Le Pen abrió las páginas de su catálogo preferido. Arremetió contra la “decadencia” de Francia, pasó revista a la degradación de la educación, atacó la inmigración, le dio un palazo a la inseguridad y terminó denunciando la “corrupción generalizada” y a los “islamistas”. El cambio en el seno de la ultraderecha francesa es de peso. Por primera vez en su historia el Frente Nacional eligió a su líder por medio de un voto y no por aclamación en los congresos, como había ocurrido con su padre. Nacida en 1968 en Neuilly-sur-Seine, a las puertas de París, Marine Le Pen es la tercera hija de Jean-Marie Le Pen. Es la más combativa, la más sutil e inteligente. Tal vez la hija lleve mucho más lejos el sueño que inició su padre, un sueño que tiene acentos de victoria para ella y de pesadilla para la democracia.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-160561-2011-01-16.html

  DIALOGO CON EL MUSICO ITALIANO ENRICO RAVA

Nació en Trieste, pero grabó su primer disco en la revulsiva Buenos Aires de los años ’60. Desde entonces, el trompetista se transformó en un símbolo del jazz y tocó con todas las principales figuras mundiales desde el Gato Barbieri o Don Cherry a Pat Metheny o Archie Shepp. Una mirada sobre el significado de la música, la genialidad y, especialmente, el jazz.

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Desde París

“Toca la nota necesaria, la otra trata de no tocarla.” El estrecho espacio del Sunside, en el barrio parisiense de Les Halles, vibra con las notas necesarias. El calor, la incomodidad, la pequeñez, la acústica incompleta se van alejando del primer plano para dejar la siembra musical de las notas necesarias que Enrico Rava esparce como semillas. Miel y construcción. El trompetista italiano podría llenar una sala cien veces más grande, pero está ahí, casi al alcance de la mano, caluroso y concentrado, en una intimidad con el público que su música meditada y emocional explora de muchas maneras. Enrico Rava es la música del siglo, la del que terminó y la del que está en curso, la modernidad movediza, la travesía de los géneros. Nacido en Trieste, atraído al jazz por Miles Davis, fascinado por el Buenos Aires que descubrió en su primer gran viaje, en los años ’60, y luego artista de travesías musicales geográficas y exquisitas que cubren todo el planeta, desde Nueva York hasta la India. Enrique Rava toca con ese consejo que le dio Joao Gilberto en la Nueva York de los años ’70: “Toca la nota necesaria, la otra trata de no tocarla”. Lo necesario quiere decir escuchar la música, la frase, el impacto, la composición, la revelación, sin la construcción que la precede, como un aforismo preciso, incandescente, esencia virgen de toda manipulación. Enrico Rava lleva un apodo que no le hace justicia: El Miles Davis Italiano. Su sonido, sin embargo, lleva la pureza mucho más lejos que la trompeta de Davis. A sus más de 70 años y luego de haber transitado por muchas ramas del jazz, Rava sigue probando, experimentando, conmoviendo. Los críticos musicales lo definen a menudo como un “atravesador de fronteras”, un hombre que explora de lado a lado, en todos los rincones, sin perder por ello la capacidad de dar emociones mediante construcciones musicales rigurosas, llenas de misterio, sobrias, elegantes. Hombre de muchos lados pero cuyo destino musical empezó a forjarse en el Buenos Aires de los años ’60, con un viaje junto al saxofonista Steve Lacy, con quien grabó en la capital argentina su primer disco, The forest and the zoo (1966). La huella de la cultura argentina está presente en su cuarto disco, La vuelta al día en 80 mundos, una obra súper moderna que se escucha como si hubiese sido grabada ayer y que transformó en música el libro de Julio Cortázar. No hay músico de jazz con quien Enrico Rava no haya tocado: Gato Barbieri, Lee Konitz, Don Cherry, Mal Waldron, Steve Lacy, Marion Brown, Rashied Ali, Cecil Taylor, Charlie Haden, Marvin Peterson, Carla Bley, Franco D’Andrea, Enrico Pieranunzi, Marcello Melis, Massimo Urbani, Paolo Fresu, Pietro Tonolo, Stefano Bollani, Roberto Gatto, John Abercrombie, Roswell Rudd, Miroslav Vitous, Richard Galliano, J. F. Jenny-Clark, Misha Mengelberg, Dino Saluzzi, Martial Solal, Pat Metheny, Cecil Taylor, Jimmy Lyons, Archie Shepp, John Abercrombie, Aldo Romano.

Poco importa ya con quien. Rava suena con su propia voz, refinada, permanentemente innovadora. Estuvo en el nacimiento de las vanguardias, las acompañó y luego atravesó el siglo, otra vez con un sonido nuevo, reconciliado con la rebeldía pero siempre insumiso. Un tema de Enrico Rava es una incursión en la poesía del sonido.

Miles Davis, Buenos Aires, Piazzolla,el jazz y Cortázar

–Usted nació en una ciudad europea que lleva en su corazón el sello de su música, Trieste. Ciudad de travesías, de mezclas creativas y formales. Luego, su primer gran viaje lo hizo con rumbo a otra ciudad de mezclas, de aluviones de identidades, es decir, Buenos Aires.

–Sí, yo nací en Trieste pero en realidad viví casi toda mi infancia en Torino. Sin embargo, Trieste me quedó en el corazón, es una ciudad muy interesante donde vivió gente como James Joyce. Cuando volví a Trieste tenía 21 años y mis recuerdos de infancia habían quedado intactos. Conocía perfectamente todo. La casa donde viví cuando era chico, las plazas. Recuerdo que todo me pareció mucho más chico que lo que estaba en mi memoria. Después descubrí a Miles Davis, hacia finales de los años ’50. Fue un shock radical, una iluminación. Luego, mi primera gran aventura fue Buenos Aires. Fue otro shock para mí, un amor a primera vista. Había un clima cultural desbordante. En cierto sentido, la Argentina era como Italia: atrasada en sus gustos culturales. No se conocía la new scene, el free jazz. Todo el mundo estaba vestido de gris, igual que en Italia. Pero Buenos Aires era un lugar enorme, fantástico. Yo nunca había visto tantos proyectos artísticos en curso. Uno iba a un café y la gente estaba hablando de una obra de teatro que quería montar, otro hablaba de crear un orquesta y el taxista te contaba el libro que estaba escribiendo. Nunca había visto algo así. Y claro, después estaba el tango, que me golpeó el corazón. En esos años, en el ’66, Piazzolla no era conocido en Italia. Yo lo conocía porque el Gato Barbieri me había hablado mucho de él, pero no tenía sus discos. Cuando fuimos a Buenos Aires con un cuarteto donde estaba Steve Lacy, tocamos 20 días en un club que se llamaba Gotán. La primera parte la hacíamos nosotros, la segunda la ocupaba Piazzolla con su quinteto. La primera noche que escuché tocar a Piazzolla me caí al suelo. No podía creer que existiera una música tan maravillosa. De ahí me sumergí en el tango, tanto el de Piazzolla como el de Aníbal Troilo, el Sexteto Mayor, Pugliese, Gardel, Horacio Salgán. Me enamoré del bandoneón.

–Esa marca argentina está en el título de su primer disco, La vuelta al día en 80 mundos, el libro de Julio Cortázar.

–¡Claro, Cortázar! La vuelta al día en 80 mundos fue un disco que edité en el año ‘72. Estoy muy orgulloso de eso, es un libro tan genial. Para un jazzman es un libro increíble. Cortázar habla de un concierto de Thelonious Monk en Londres y la imagen que da Cortázar de Monk como un oso bueno, que camina como si anduviera en un campo minado, es algo increíble. Y el capítulo dedicado a Louis Armstrong, que se llama Armstrong grandísimo cronopio... Eso para mí es más elocuente que un tratado de mil páginas.

La música en muchos mundos

–Precisamente si hay algo que define bien su música es esa idea: una vuelta a un tema en 80 mundos distintos. La melodía, lo lírico, la ruptura, el fraseo, son constantes exploraciones que atraviesan un mismo tema.

–Sí, porque a mí me gusta sorprenderme y que me sorprendan. La sorpresa debe ser continua. Cuando toco con mis músicos, con mi quinteto, quiero que me sorprendan siempre y también quiero sorprenderme a mí mismo. Si no, me aburro. No me importa que sea un concierto con la Filarmónica de Berlín o un club pequeño, para mí es lo mismo. Tienen que sorprenderme. Siempre quiero decir algo que yo no me esperaba. La sorpresa es un incentivo, una motivación que me empuja a una reacción donde yo también me sorprendo. En los grandes genios, en los verdaderamente grandes como Miles Davis, Charlie Parker, Armstrong mismo, la genialidad está en que cuando se equivocan consiguen transformar el error en algo maravilloso. Reaccionan frente el error y hacen algo que justifica el error. Es un elemento que no estaba previsto y los hace salir de la rutina. Parafraseando la novela de Cormac McCarthy, diría que la música no es un trabajo para viejos.

–Usted hace una música que hoy ha ganado el corazón del mundo pero que, en sus comienzos, era para una minoría. Sin embargo, esa música que se mundializó no perdió su identidad de música compleja.

–No sé si es una música difícil, pero claro, no es una música para cancha de fútbol. Esta música pide cierta atención. Recalco que las 80 mil personas que van a escuchar un concierto de rock viven un momento maravilloso, están juntos y tienen una emoción de masa. Acá, no, hay que escuchar. Por eso el jazz será siempre una música para menos, pero igual es una música que tiene mucho público. El jazz recuperó el público que había perdido. En los años ’30 el jazz fue una música de baile muy popular, pero con un nivel creativo altísimo. Un poco como la música brasileña en su momento más alto y también como el tango en sus niveles más altos de creatividad. El jazz era un poco así, y todavía más porque tenía detrás Estados Unidos y su motor económico. Pero con el be-bop en los años ’40, que fue una música maravillosa, muy sofisticada, muy difícil, el jazz perdió más de la mitad del público. Luego hubo el hard-bop y cuando llegó el free jazz ya no hubo más nadie. El público negro desapareció completamente y se fue hacia la soul music. Solo quedaron intelectuales blancos y tipos muy ideologizados. La ideología decía que el free jazz era de izquierda y el jazz normal era de derecha. Fue una estupidez única. Después, muy lentamente el jazz empezó a recuperarse impulsado un poco por fenómenos comerciales como la fusión music.

–Usted incursionó en el free jazz. ¿Qué le aportó esa corriente? ¿La exploración, la ruptura, la idea de deconstrucción...?

–El free jazz fue un método para deconstruir y también una libertad que me permite tocar un standard y moverme sin dejarme condicionar por todas las versiones que escuché antes. Debo decir que el free jazz, después de sus comienzos, en que significó una liberación, se convirtió en una especie de cárcel peor que lo de antes. ¡Todo estaba prohibido! Prohibido tocar un ritmo, prohibido tocar una melodía, prohibido hacer un fraseo así o asá porque te decían: “No, esto es de la CIA”. Era imposible. Por eso en el ’70 y ’71, cuando ya vivía en Nueva York, empecé a recuperar valores del jazz clásico, que fue la música que me atrajo al jazz cuando yo era chico. A mí me gusta la música. Hace seis meses que no escucho otra cosa que no sea Michael Jackson. Es genial. Es uno de los genios más grandes que hubo. Lástima que descubrí su genialidad recién después de su muerte. Me di cuenta de que había perdido la oportunidad de ir a verlo.

El sentido sin sentido de la música

–Sé que es un momento molesto para los músicos, pero estamos en una época de confrontación, de antagonismos fuertes. ¿Qué nos aporta la música, reflexión, comunión, profundidad o esa cosa casi imposible en la realidad que es la paz?

–Para mí la música no tiene ningún mensaje. La música no sirve para nada. Cuando yo era joven pensaba que con la música íbamos a cambiar el mundo. No. La música sirve para enriquecer la vida de uno si nos gusta la música. Depende mucho de quién la toca. Si el músico nos gusta, él nos da un momento de paz, de felicidad, de armonía. Creo que esa es la función de la música. La música es muy misteriosa, no habla. En la época en que se politizaba todo, incluida la música, yo pensaba que eso era estúpido. Por ejemplo, si tomamos canciones de izquierda, como esa del Comandante Che Guevara, y le sacás las palabras, la letra, y le ponés otra letra diciendo “¡Viva Franco!, Videla es el mejor, Mussolini es grande”, en fin, cosas por el estilo, es igual. Lo único que pasa con estas canciones es que si se les cambia las palabras la música sigue existiendo.

–Pero hay músicas, como por ejemplo el jazz, que pertenecen a una comunidad y esa comunidad es la que le da su identidad política.

–Sí, es cierto, pero a veces esa comunidad que le da un sentido político que hace daño. En los años ’70 se hizo una ideologización de la música. El free jazz era la música revolucionaria, de la izquierda, el jazz clásico era la música reaccionaria. ¡Se llegó a decir que Count Basie era una espía de la CIA y que Chet Baker se aprovechaba de los negros! Cuando Count Basie fue a Italia a dar un concierto en un festival, un grupo de extrema izquierda sacó un cartel que decía “Count Basie es un esclavo del imperio, no lo dejen tocar”. ¿Y que pasó? No lo dejaron tocar, no pudo llegar al escenario. Con Chet Baker pasó lo mismo. Baker era un genio destruido por la vida, a quien la vida golpeó como nadie, un gran, gran tipo. Pero cuando fue a tocar le sacaron pancartas que decían “Chet Baker es un traidor, un hombre del poder”. Tuvo que venir Elvin Jones, que era el baterista de Coltrane, a explicar que Chet Baker era uno de no-sotros. Así lo dejaron tocar. Estos son dos ejemplos que ocurrieron en Italia, pero yo podría dar 200 ejemplos de este tipo de estupidez increíble. Fue un momento de la historia.

Dios y la juventud

–La gente se pregunta muchas veces, no sólo con respecto a usted sino también a otros grandes músicos, cómo se puede tocar a los 71 años como si siempre se tuvieran 20.

–Yo siento más placer tocando ahora que cuando era joven. Tengo las mismas ganas y lo vivo de otra forma. Creo que todo es mejor, por lo menos de cabeza. Sé más lo que estoy haciendo. Para mí, el secreto es tocar con gente que más o menos tenga mi misma visión. Yo dejo muchísima libertad a los músicos. Les tengo confianza y si es distinto de lo que yo me esperaba, todavía mejor. La música es entonces una cosa telepática. Es como si nos juntáramos para pintar una pared blanca y cada uno pusiera lo que se necesita. El jazz, cuando funciona, es como un microcosmos, es una metáfora de la democracia perfecta, ideal. Se trata de un equilibrio muy raro que sólo se encuentra en el jazz. Cada uno toma y da lo que necesita. Todos tienen su ego y no lo castigan, pero nadie impone su ego y acepta el del otro. Hay un equilibrio total y se termina conectando con una armonía cósmica de todo con el todo, donde cada uno tiene un rol, le gusta su rol y no impide que los otros asuman el suyo. El mecanismo es muy interesante. Toda la música es así, pero con el jazz es particularmente evidente. En una orquesta sinfónica todos los instrumentos son esenciales, hasta el más insignificante. Cada uno tiene una función esencial y todos construyen la obra juntos. Es como un ejército de hormigas. Con el jazz no se trata de hormigas sino de una pequeña comunidad donde cada uno se mueve con muchas libertad pero sin estorbar la libertad de los demás. Hay que dejar también vivir los silencios. El jazz puede ser una música magnífica, pero también puede volverse horrible cuando los temas no dicen nada o los solos duran mucho. No todo el mundo es capaz de tocar en solo diez minutos y ser interesante.

–Hay un instante, o varios instantes, donde se tiene la impresión de que los músicos no tocan para nosotros sino que van más allá.

–Sí, es verdad, es como hablar con Dios o conectarse con el universo. Parece tonto decir estas cosas, pero es verdad. Si no la música no se explica. Es algo tan abstracto. ¿Por qué le gusta a la gente desde siempre? En otro tipo de culturas la música no es un espectáculo, no hay show o concierto. Es algo de la vida cotidiana, para la lluvia, el sol. Cuando fui a la India por primera vez toqué con un cuarteto de Madras. Ellos no dan conciertos. Viven en un pequeño pueblito y la comunidad los ayuda. Los músicos trabajan en la tierra, en los campos, y luego comentan con la música todo lo que pasa. Es una cosa muy fuerte y espiritual. Para nosotros es distinto porque, de todas formas, para nosotros la música es un negocio. Le hemos cambiado la función a la música. Pero se trata de música, funciona igual, sólo cambia el uso social. La música es un misterio. ¿De donde viene? Todavía no lo sé. La música es algo natural en todos los seres vivientes. Los animales también cantan y nosotros hacemos jazz.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/especiales/18-158878-2010-12-18.html

  DIALOGO CON EL POETA Y MATEMATICO FRANCES JACQUES ROUBAUD

Este escritor singular es oriundo del mundo de las ciencias. Orfebre de los números y las palabras, convive en los dos universos y los combina para dar lugar a una obra única. Compañero de ruta de Italo Calvino, Georges Pérec, Marcel Duchamp o Julio Cortázar, sorprende por su visión de la poesía.

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Desde París

Números y palabras. O a la inversa. Poesía y matemática, irracionalidad imaginaria y racionalidad científica. Sólo un poeta convive en esos dos mundos y traza una relación entre las cifras y las palabras: Jacques Roubaud. Este escritor singular y exquisito es oriundo del mundo de las ciencias. Matemático de profesión, Roubaud desarrolló una obra poética, narrativa, ensayos y traducciones de una originalidad sorprendente. El lector lo espera en un ángulo, Roubaud aparece en otro. Figura sobresaliente de ese invento matemático literario que es el Oulipo –taller de literatura potencial– y en cuyo seno desfilaron autores como Italo Calvino, Raymond Queneau, Georges Pérec, Marcel Duchamp o Julio Cortázar, Roubaud tiene una extensa y divertidísima obra poética. El Oulipo es un movimiento que postula el trabajo de la escritura como un desafío a la arbitrariedad de la creación. En la seriedad del postulado casi científico que Roubaud defiende, “si no nos fijamos reglas podemos terminar repitiendo lo que ya escribimos”, se esconde una libertad plena, un prodigioso viaje a través de los sentidos y las combinaciones inusitadas de las palabras. ¿Qué es un autor del Oulipo? Sus integrantes responden: “Es una rata que construye por sí misma el laberinto del que se propone salir”. La obra maestra de esa disciplina es la novela de Georges Pérec, La desaparición, en la cual no figura la letra “e”. Nada define mejor la obra de este poeta genial y humilde como ese enunciado de la rata: sus poemas son construcciones de rigurosos laberintos en los cuales las palabras vienen a ser las llaves que van abriendo los pasillos. Jacques Roubaud, a sus casi 80 años, es un mega híper moderno: al adjuntar a su experiencia poética la herencia y la cultura de su profesión de matemático el autor francés hace cohabitar en su obra los números que nos rigen y las palabras con que nos expresamos. No puede haber nada más moderno: cifras, combinaciones, números y palabras. Obra deliciosa, juvenil, juguetona y profunda, la poética de Jacques Roubaud alegra la vida y los oídos. El modelo de Roubaud es musical y matemático: su matriz son los trovadores del siglo XII. Sus composiciones le sugieren la rima y el tejido matemático del poema. ¿Matemático o poeta? La poseía es un descanso de las matemáticas, las matemáticas, un descanso de la poesía, dice Roubaud.

Juego, arte, disciplina, ironía y juventud. Este poeta francés, cuyos libros han sido escasamente traducido al español, plantea una idea a la vez anacrónica y original: “la poesía, para seguir existiendo, debe defenderse del olvido, de la desaparición, de la irrisión a través de la elección de un arcaísmo. El arcaísmo del trovador es el mío”. Trovar, cantar, jugar, combinar con inocencia y pasión, sin meta comercial o beneficio, esa hazaña en un siglo de velocidad y superficialidad aún existe, tangible y mágica, en la obra poética de este autor. “La idea de poesía como arte, como artesanía y como pasión, como juego, como ironía, como búsqueda, como saber, como violencia, como actividad autónoma, como forma de vida, esa idea la hice mía.” Para quienes se preguntan para qué sirve la poesía, cómo es aún posible su existencia, y qué tienen que ver los números con las palabras, Jacques Roubaud es una introducción rigurosa y epifánica para saborear el olvidado asombro.

Números y palabras

–Usted aúna en su obra poética dos universos aparentemente inconciliables: las palabras y los números, la matemática y la poesía. ¿Qué lazo hay entre estas dos invenciones geniales de la humanidad?

–A diferencia del lenguaje corriente, en la mayoría de las poesías del mundo, de los relatos, se utiliza mucho los números. La poesía tradicional francesa se apoya en los números. En cada idioma hay números que gustan más que otros. A los japoneses, por ejemplo, no les gustan los números pares. En Francia, por el contrario, hemos tenido una pasión por el 12, un número desechado en España o en Italia. Hay como una suerte de número amado en los idiomas. Profesionalmente, mi vida fue la de un matemático, y, como poeta, muy rápidamente me ocupó la relación entre poesía y número.

–Estamos sitiados por los números, por los códigos. Los números han entrado a formar parte de los instrumentos cotidianos de relación con la realidad. ¿Acaso la poesía puede salvarnos de los números?

–Los números son como el mismo idioma, pueden hacerse cosas buenas y cosas malas. Hay una manera de tratar los números como cantidad, es decir la acumulación, o, al contrario, se los puede usar para censar a la gente, un principio muy apreciado por las autoridades pero que no constituye un uso agradable de los números. Los números se usan también para los códigos, pero aquí la codificación tiene un destino más bien de protección del secreto bancario. Sin embargo, en la vida se emplean muchos códigos, y en la poesía también. Los poetas usan los números de forma mucho más simpática. La poesía puede emplear los números desde este ángulo, más lúdico, y no del lado maléfico.

La poesía como memoria del idioma

–En un mundo tan plano, tan brutal, tan escasamente poético, dominado por la imagen comercial y la función de beneficio, la poesía aparece como una suerte de arte gratuito, espontáneo, sin especulación.

–Hay una lucha constante entre la tendencia de la sociedad por olvidar la poesía porque no es comercial, y la poesía misma que busca medios de existencia donde el aspecto comercial sea secundario. La poesía tiene una función especial, tanto para quienes la componen como para quienes la reciben. La poesía ofrece a los individuos lo que es más precioso en su idioma. Es lo que yo llamo la función memoria del idioma, es decir, la poesía como una memoria del idioma. La poesía no apunta a contar esto o lo otro, a demostrar una u otra tesis política, sino que apunta a hacer que el lazo de cada individuo con su memoria, con su idioma, sea lo más precioso posible. Desde la infancia misma, a los niños les gusta la poesía porque, a través de ella, los niños entran en su propio idioma. Mediante la poesía, el idioma les pertenece. La poesía trata de preservar esa dimensión y de emplear el idioma de una forma que evite que se vuelva mediocre. Los discursos políticos, comerciales, son extremadamente mediocres. La poesía conserva esa función de preservación de la calidad del idioma y de la memoria del lenguaje. Ahora bien, por otra parte, no estoy seguro de que la poesía esté contenta con ese estatuto de arte completamente gratuito. Quien habla de un arte que no se inscribe en el mundo comercial está aceptando que ese arte tiene dificultades para ser visible. Claro, los poetas no buscan el éxito comercial. Si alguien decide a los 20 o 25 años ser poeta sabe perfectamente que nunca hará fortuna. Pero los progresos de la técnica torna posibles, mucho más que antes, la difusión de la poesía. Se pueden realizar pequeñas ediciones y también hacer que los poemas existan en una pantalla, gracias a Internet. Es muy difícil leer una novela en una pantalla, pero no la poesía. La existencia visual y oral de la poesía puede perfectamente servirse de los progresos técnicos. La poesía debe poder existir tanto en una página como en el oído y en la boca.

–Estamos tan lejos de Dios como de la naturaleza y del lenguaje. ¿La poesía podría ser un lazo, una resonancia, con esas entidades?

–La poesía debe ser la resistencia del idioma ante su corrupción, ante su descrédito, su mal uso, ante la tendencia a usar un idioma para cosas feas, malas. Haciendo que el idioma sirva para lo bello, lo precioso, la poesía mantiene la existencia del idioma. Salvo en un caso, la poesía no interviene en la sociedad. Si estamos en una situación en la cual la gente no puede hablar porque existe una prohibición dictatorial o política, en ese caso la posibilidad de hablar pasa por la poesía. Pero en los países donde uno puede expresarse, donde no hay dictadura, la resistencia de la poesía se expresa por su actitud a no rebajar el idioma. El pasado y el presente de la vida surgen en la poesía. Todo lo que hemos atesorado en la memoria empapa la poesía. Los poetas tienen un papel importante para desempeñar en relación con el idioma en el que viven. ¡El idioma es un instrumento muy importante!: a través de él se transmite el pensamiento, la esperanza en el porvenir. La poesía es uno de los caminos para salvarnos. Y digo UNO y no EL camino. Hay otros. Cuando el idioma se acuerda de su pasado mediante la poesía se adelanta a lo que será. Muchas evoluciones del idioma fueron previstas por los poetas.

–Ahora bien, esa pureza del idioma que persiste gracias a la poesía, ¿acaso no desautoriza su traducción?

–Existe una tesis sobre la naturaleza de la poesía que dice: “un poema debe ser considerado definido por el conjunto de sus traducciones”. Cada lectura que hacemos de un poema es una traducción. Traducimos el poema que está en nuestro idioma hacia la forma en que comprendemos el idioma y los sentidos de las palabras. En realidad, hay una simpatía general entre los idiomas. Los oponemos mucho pero es un error. Y esa simpatía general va a transitar de poesía en poesía. Es entonces esencial que las grandes poesías se traduzcan a otros idiomas.

Las propiedades poéticas de los números

–¿Y los números?

–Si no se la utiliza con fines puramente pragmáticos, la matemática también puede servir para esto. Hay investigaciones puras sobre la belleza de los números que restauran la integridad y la pureza de los números. La belleza de las palabras se plasma en sus asociaciones. Las palabras serán tanto más bellas cuanto que las asociaciones y construcciones en las cuales las introducimos sean acertadas. Y es precisamente allí donde intervienen los números. Esto no es nuevo, muchas tradiciones poéticas han basado la poesía en los números. En mi caso, mi fuente han sido los trovadores. Los trovadores concibieron la poesía a través de los números. Para ellos, no todos los números son iguales porque existen familias de números que son más bellas que otras. Y de esas familias bellas, los trovadores definían formas poéticas. También son los últimos que plasmaron la unión del texto y la música.

–Resulta extraño concebir la existencia de esos dos mundos: la extrema racionalidad de la matemática combinada con la dimensión imaginaria de las palabras y la poesía.

–La imaginación matemática, en particular la imaginación que se sustenta en los números, no se asemeja a la racionalidad ordinaria. Los números tienen propiedades asombrosas. Uno de los grandes matemáticos del siglo XX, Ramanujan, decía: “Cada número tiene que ser nuestro amigo personal, pero entre éstos hay números que son mejores amigos que otros”. Se cuenta que, en su lecho de muerte, Ramanujan recibió la visita de un matemático amigo suyo, Hardy. Hardy le dijo: “Vine a verte en taxi pero el número del taxi no era interesante”. Ramanujan le dijo: “Amigo, es el número más pequeño que puede escribirse de dos formas como la suma de dos cubos”. Existen así estas maravillas de relación entre los números. Desde luego, cuando hablo de números, los más prestigiosos son los números enteros. Hay muchas maneras de pasar de la palabra a los números. Hay por ejemplo una manera de situar la letra de las palabras y su correspondencia en el abecedario con los números. Cada letra quedará sí asociada a un número. También es posible descomponer la palabra en sílabas y asociarle una familia de números. Podemos realizar un retrato de la palabra con números. Como hay muchos caminos para ir de las palabras a los números, el trabajo de la poesía consiste en abrir esos caminos.

–Hay algo paradójico en ese postulado. Si leemos poesía en una pantalla, en realidad, detrás de la imagen que vemos hay números. La producción de la imagen es numérica.

–Así es. La poesía viene a colonizar esa sopa de números. Pero esos números están arreglados por razones puramente técnicas. Pero cuando la poesía se apodera de la configuración de los números lo que hace es dotarlos de un rostro. El ascenso de la matemática no es más que la emergencia del sector de la matemática más utilizable, comercial, y no es la mejor. Es necesaria, desde luego. Pero ese segmento de la matemática no tiene que llevarse la exclusividad. Hay sectores de la matemática que son tan difíciles de imponer como la poesía. En particular, el campo de las propiedades de los números. Aquí estamos ante corrientes más profundas y más finas. Este sector está fuera de los números cuantitativos. ¡Los números cualitativos poseen propiedades inverosímiles! No confundo las dos cosas: la poesía es la poesía y la matemática la matemática. Ambas conservan su dimensión libre. Hay, con todo, un sector de la matemática que conserva su libertad, que no puede ser reducido a la utilización comercial.

Los números también hacen llorar

–Intuyo un límite en la función del número que usted propone: la poesía alivia el alma. Si estamos solos o tristes, una poesía puede reconciliarnos, los números no.

–A uno de mis amigos con el que trabajé mucho sobre la matemática le preguntaron por qué hacia estudios matemáticos basados en números extraídos de poemas que producían un gran efecto emocional. El respondió: “Quiero comprender por qué los números hacen llorar”. Lo mismo que en la poesía y la música, muchos de esos efectos de la emoción también pasan a través de los números. Por eso mi amigo se pregunta “por qué los números hacen llorar”. Desde luego, nadie ve a los números de esa manera, pero si los miramos de una manera profunda vamos a encontrar esas emociones. Podríamos hablar de un esqueleto de números vestido con palabras.

–¿Por qué la gente no reconoce la poesía que existe en la racionalidad extrema?

–Porque la gente sólo se relaciona con un tipo de racionalidad, la racionalidad económica, que está exenta de dimensión poética. La poesía está construida también de forma muy racional. Como decían los trovadores, es un trabajo de herrero, se trabaja con las manos, que manipulan las palabras. En apariencia, y sólo en apariencia, las palabras tienen más sentidos, más propiedades que los números. Es falso. Todo depende del conjunto de propiedades que hemos extraído de un número. Muy a menudo sólo conocemos de un número sus propiedades muy pobres, pero, sin embargo, ese mismo número tiene otras propiedades, una familia inmensa, con un montón de primos que desconocemos. Los números son más ricos de lo que creemos. Yo escribo caminando, en mi cabeza. Camino, me acuerdo de cosas, observo, percibo, compongo. En esa caminata también interviene una suerte de batería de cocina de números, que siempre tengo en reserva. La matemática entra así en la poesía. En esa batería de números que tengo en la cabeza voy a poner las palabras con las que construyo el poema. El ritmo de la marcha influye en las sílabas y los versos. Ahora, con los años, mis caminatas son más cortas y lentas. Mis poemas son también más breves.

–¿Cuál es su número preferido?

–No tengo un número preferido sino una familia de números. Es la familia compuesta por los llamados números de Raymond Queneau: están el seis, nueve, el 11, el 14, el 23. Trabajo mucho con esos números porque son mi gran familia.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/especiales/18-158493-2010-12-11.html

  DIALOGO CON EL BIOLOGO FRANCES ROBERT BARBAULT

Barbault es un reconocido especialista de la biología de las poblaciones humanas y, a partir de los años ’80, uno de los primeros que reflexionó sobre el concepto de “biodiversidad”. En su reflexión se aúnan dos fuentes disociadas: la ecología naturalista y la ecología política. El resultado resalta una evidencia no siempre destacada: “Nuestra existencia se funda sobre los sistemas vivientes”. De allí su cruzada científica contra el crecimiento del PIB como única variable del desarrollo y su defensa de una “cooperación” con el tejido viviente del planeta.

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Desde París

¿Qué es la vida? Un paseo a través de las pasarelas de la Galería de la Gran Evolución del Museo de Historia Natural de París bosqueja una respuesta singular: los elefantes, los dinosaurios, las jirafas, las cebras, los monos, los tigres, los rinocerontes, las focas, los incontables pájaros y mariposas componen un retrato alucinante de la diversidad de la vida terrestre. Del silencio atomizado de esos animales, de su eterna inmovilidad científica ofrecida a la observación, se desprende una sensación de admiración, de extrañeza y de hermandad sustancial con aquel laberinto de especies. La terminología moderna define esa variedad de seres vivos que pueblan la Tierra con un término no siempre comprendido en su exacta profundidad: la biodiversidad, eso que el biólogo francés Robert Barbault llama “el tejido viviente del planeta”. Tejido, red, malla, entrelazado, entramado, la relación entre las especies es una interconexión permanente que no excluye al ser humano. Barbault es un reconocido especialista de la biología de las poblaciones humanas y, a partir de los años ’80, uno de los primeros que reflexionó sobre el concepto de “biodiversidad” que el entomólogo Edward Wilson puso de moda cuando advirtió sobre la acelerada desaparición de las especies. Biólogo, profesor en la Universidad de París VI y director del Departamento Ecología y Gestión de la Biodiversidad en el Museo Nacional de Historia Natural, Barbault ha explorado ese “tejido viviente” pero no como una curiosidad científica sino en su relación más directa y peligrosa con las sociedades humanas. En su libro más célebre, El elefante en la cacharrería (Editorial Laetoli, 2009), el biólogo francés analizó la “destrucción programada de la biodiversidad” bajo la presión del crecimiento de las sociedades humanas. La Unión Internacional de Conservación de la Naturaleza (UICN) calcula que una tercera parte de las especies animales o vegetales están amenazadas de extinción y que la velocidad de esa extinción es mil veces más elevada que el ritmo natural. Barbault aúna en su reflexión dos fuentes disociadas: la ecología naturalista y la ecología política. El resultado es un trabajo riguroso y claro que resalta una evidencia no siempre destacada por la ecología política: “nuestra existencia se funda sobre los sistemas vivientes”, todo lo que consumimos “proviene de los seres vivos”. De allí su cruzada científica contra el crecimiento del PIB como única variable del desarrollo y su defensa de una “cooperación” con el tejido viviente del planeta, es decir, con los seres vivos. Robert Barbault observa a menudo que de la biodiversidad sólo percibimos la palabra, que Occidente vive tan alejado de la biodiversidad que hasta perdió la conciencia de que la aventura del ser humano en el planeta es posible gracias a ella, incluso cuando consumimos gas o petróleo. ¿Qué es la vida? Pues precisamente eso: un tejido de diversidades que la especie humana se ha empeñado en destruir.

Los sentidos de la biodiversidad

–La biodiversidad es una palabra de moda cuyo sentido profundo, sin embargo, escapa a la comprensión completa. Los medios la resumen a la relación que puede haber entre una araña y una mosca, pero la biodiversidad es algo más complejo e incluso más estratégico que el cambio climático.

–Si se inventó la palabra biodiversidad no fue sólo para afirmar que la vida es diversificada. No, fue para introducir algo nuevo y radicalmente diferente: se trata de tomar conciencia de nuestras implicaciones en la biodiversidad, a la que yo defino como el tejido viviente del planeta. Existen redes, mallas, tejidos e interacciones entre las especies, entre nosotros y las especies. Y es ese tejido el que hoy se está deconstruyendo, destejiendo. La biodiversidad es un fenómeno geopolítico que plantea muchos problemas. Cuando nos referimos a la biodiversidad estamos aprendiendo muchas cosas sobre nosotros, los seres humanos. La biodiversidad es un espejo, es un problema de la sociedad humana y no sólo de los seres vivos, que pueden prescindir de nosotros. El sistema de lobbies que está detrás del desarrollo actual tiene una potencia financiera tal, una capacidad de comunicación y de manipulación de la opinión tan grande que llega a sembrar la duda en la sociedad sobre los problemas derivados de la biodiversidad o del cambio climático. Tenemos una visión limitada de la biodiversidad, como si sólo se tratara de un catálogo de especies o de una colección de estampillas. No se llega a entender que una especie es semejante a la población humana, es un conjunto de individuos que depende de recursos, de un territorio.

–Usted señala en sus trabajos una paradoja terrible: nuestra relación con el sistema de los seres vivos es destructora cuando, en realidad, el ser humano depende enteramente de la integridad de ese sistema.

–El modo de desarrollo económico está gobernado por una especie, la humana, que se ha desarrollado a un paso acelerado y que, para vivir, requiere constantes recursos. El sistema económico dominante hizo perder de vista la noción según la cual nuestra existencia se funda sobre los sistemas vivientes. Las energías fósiles, carbón o petróleo, son el resultado de los seres vivos. Todo lo que comemos proviene de los seres vivos, de la diversidad. La ropa con la que nos vestimos, incluso cuando es sintética, proviene de la diversidad porque sale del petróleo y el petróleo es el trabajo de la vida durante millones y millones de años. Todo parte de las estructuras de los seres vivos, estamos rodeados de ellos. La razón de ser de la diversidad es la estrategia de adaptación a los cambios, a las catástrofes. Ello explica por qué los seres vivos son tan diversificados y por qué hay mucho más que tres especies en la Tierra. Para durar en un mundo que cambia todo el tiempo sólo la diversidad tiene esa capacidad de adaptación.

El papel de la cooperación

–Usted también pone de relieve otra de las carencias de la visión contemporánea de la naturaleza. Se ahonda mucho en los principios de preservación, de protección, pero se aborda muy poco la noción de cooperación entre las especies, concretamente, entre el ser humano y su entorno natural. Se erigió la competición y el desarrollo como norma, o sea, como abuso.

–Consumimos en exceso lo que nos da la vida y olvidamos con ello la noción de cooperación con las especies. Se ha trabajado muy poco sobre la cooperación entre las especies. Hasta los años ’80 se hablaba mucho acerca de la relación entre el predador y la presa pero muy poco sobre la interacción, la cooperación. Eso me llevó a interesarme en la historia del pensamiento ecológico. En esos textos encontré un reflejo de la sociedad industrial, es decir, el concepto de competencia por encima de todo, la relación comedor/comido. Nada había sobre la importancia de las relaciones basadas en la cooperación. Sin embargo, en la historia de los seres vivos, la cooperación y las interacciones positivas entre individuos de la misma especie y de especies diferentes son fundamentales, tanto más cuanto que constituyen la fuente de la diversidad y de la vida en la Tierra. No niego la existencia de la competencia entre las especies, pero también encontramos los mismos niveles de cooperación. Por ejemplo, si reflexionamos un poco, enseguida nos damos cuenta de que la agricultura no es otra cosa que una relación de cooperación entre el Homo Sapiens, las plantas y los animales que hemos domesticado. Las sociedades humanas también funcionan en torno de la confianza y la cooperación. Como lo vimos con la crisis financiera, cuando se produce una ruptura en la confianza se fractura la sociedad y nada funciona. La misma ley que rige las sociedades humanas vale para los seres vivos.

–Sin embargo, el modelo de desarrollo es totalmente destructor, a la vez de la biodiversidad y de la idea de cooperación.

–Este sistema se construyó según la hipótesis de que la naturaleza era una cuestión de recursos infinitos, ilimitados. Durante los siglos XVI, XVII y XVIII esa hipótesis podía ser válida porque el impacto del ser humano sobre la naturaleza era moderado. Pero con la aceleración del tiempo, gracias a los desarrollos técnicos y científicos y a la irrupción de la sociedad industrial, la población humana creció enormemente, y con ello sus necesidades. Esa hipótesis es entonces inaplicable. El cambio se produjo con la Segunda Guerra Mundial. A partir de allí se aceleró la depredación de los recursos. Desde entonces nada detuvo el movimiento. Hoy sabemos que esa política no puede continuar. Se inventó el concepto de desarrollo sostenible, pero tengo la impresión que esa idea feliz se limita a una suerte de marca, de etiqueta, de sello carente de beneficios. De hecho, por más desarrollo sostenible que se quiera impulsar, si no se reflexiona sobre la falsedad en que se basó nuestro modo de funcionar, no sirve de mucho. Si se quiere cambiar el rumbo de la situación es imprescindible llevar a cabo esa reflexión, encontrar en qué nos equivocamos a fin de reincorporarnos al tejido de lo viviente planetario y tomar conciencia de que dependemos de él. Es preciso cambiar muchas cosas de forma radical. Esto no se hará de un día para el otro. Pasar de un sistema de desarrollo como el nuestro, totalmente depredador, a otro más racional, necesitará tiempo. Desarrollo sostenible también quiere decir desarrollar la calidad de vida. Pero claro, si se habla de desarrollar el crecimiento del PIB entonces caemos en un sin sentido. Lamentablemente ése es el riesgo que corremos hoy.

La dictadura del PBI

–La idea de crecimiento es intrínseca al concepto de desarrollo. Resulta filosófica y políticamente imposible hacer entender que la dictadura del crecimiento del PIB como única medida del desarrollo humano y del progreso es un suicidio programado.

–La realidad es la siguiente: si pasamos a un modo de crecimiento más económico y eficaz apenas esto nos permitirá ganar un poco de tiempo para intentar, al menos, cambiar de dirección. Pero el problema que se plantea es que es casi imposible hablar de decrecimiento. No se acepta la idea de que el crecimiento no puede ser eterno, es imposible hablar de ello o analizar qué estamos poniendo dentro de la palabra crecimiento, qué es lo que sí puede crecer y lo que no. Ese ha sido uno de los límites que encontré en el desarrollo sostenible. No se trata de discutir sobre lo sostenible sino sobre qué es exactamente el desarrollo, eso que concierne a las sociedades humanas y que debería permitirles durar el mayor tiempo posible. La crisis de la biodiversidad nos obliga hoy a reflexionar en esos términos. Lamentablemente, la biodiversidad sigue limitada a las reservas, a la idea simple de preservación. Y todo sigue igual porque las referencias son estrictamente económicas y ese modo de desarrollo económico no toma en cuenta los estragos que se ocasionan. ¡Muy por el contrario, los estragos están incluidos en el crecimiento! Cuanto más se destruye, más se aumenta el PIB. ¡Con un indicador semejante hemos empezado muy mal!

–Se ha llegado a una velocidad de destrucción de la biodiversidad mil veces superior a la velocidad natural.

–La velocidad de destrucción de la biodiversidad es considerablemente mayor que la natural y, sobre todo, si no se cambia nada esa destrucción continuará acelerándose. Esa es la principal preocupación, que muy pocos toman en serio.

–Incluso si hay un debate al respecto, muchos científicos sostienen que hemos llegado a la sexta etapa de la extinción.

–Depende de cómo se digan las cosas porque si no esto puede tener un aspecto más negativo que constructivo. Se dice: estamos en la sexta crisis de extinción y se hace la analogía con las cinco precedentes, que se produjeron cuando el ser humano no estaba aquí y en escalas de tiempo que nada tienen que ver con las escalas con las que vivimos hoy. La última extinción duró millones de años. Dicho esto, debemos comprender que estamos en un proceso, en una fase de aceleración de la tasa de extinción. En nuestra calidad de especie humana tenemos la capacidad de reaccionar. Si somos capaces de hacer la guerra de un día para otro, incluso cuando no hay dinero, pienso que podemos resolver el problema. No creo que vayamos a erradicar por completo la amplificación de la erosión de la biodiversidad, pero podemos tender hacia una estabilización, a una coexistencia pacífica con la biodiversidad. Prefiero decir que estamos en una fase de incremento de la extinción, conocemos la causa y tenemos los medios de corregir la tendencia. Necesitamos la riqueza de los seres vivos para seguir teniendo una calidad de vida humana en la Tierra. No es la supervivencia biológica del hombre lo que está amenazado, es su supervivencia como ser humano con una gran H lo que está en la cuerda floja, es decir, su dimensión de ser humano. Las causas de la destrucción de la biodiversidad son las mismas que desencadenan la degradación social. Hacer como si fueran cosas distintas, como si los problemas de las especies fuesen secundarios y los problemas del desempleo una cosa de primer plano, no es pertinente: en realidad, la misma aplanadora que degrada la sociedad humana degrada el marco de vida de las sociedades humanas en todo el mundo.

–¿Cómo explicar la indiferencia y hasta la irresponsabilidad planetaria de la población humana, especialmente en Occidente, frente a la degradación de la biodiversidad, a la desaparición de las especies?

–Creo que es ante todo un problema de impotencia. Además, la población humana es cada vez más humana y Yalta un elemento central: la desaparición de la transmisión de la información sobre las especies. Ya casi no quedan abuelos para contar cómo era antes la naturaleza. Pero lo más fundamental que ha ocurrido es que el ser humano se cortó del resto de los seres vivos. Se descompuso la trilogía judeo cristiana: Dios, el hombre y la naturaleza. Cuando uno se baña en la visión dinámica de la biodiversidad, en el tejido de lo viviente en el planeta, en sus interacciones, en las relaciones de parentesco que hay entre las especies, lo que se llama el árbol de la vida, ello nos lleva a tomar conciencia de que estamos arraigados muy profundamente en lo viviente. En nuestros genes tenemos herencias que remontan a millones y millones de años. Por consiguiente, sentirse un primo cercano de los otros seres vivos en una época de profunda desestabilización equivale a una forma saludable de arraigamiento. A partir de ahí podemos redescubrir nuestra relación parental con las otras especies, nuestra dependencia con el resto de los seres vivos y ver así la riqueza que hay en todo esto. Nuestra relación de dependencia con los seres vivos también nos da nuestra libertad de seres humanos para desarrollar nuevas cosas. Hay una paradoja en la toma de conciencia de la dependencia, que es a la vez la base de una auténtica libertad.

Los caminos de la humanidad

–¿Cómo transmitir ese saber, esa conciencia, a las nuevas generaciones? La educación, que es una base decisiva, ha fracasado hasta ahora. ¿No habría que refundar el sistema educativo para desarrollar las nociones de biodiversidad, cooperación, interacción?

–La educación sigue siendo esencial. La educación debe ser un instrumento de formación al espíritu crítico.

–La ecología política tiene un lugar sobresaliente en el discurso y en la sociedad. ¿Acaso los ecologistas no pecaron por falta de amplitud, por una incapacidad de explicar con más generosidad la relación del ser humano con la naturaleza?

–Esa crítica es válida tanto para la ecología política como para la ecología científica. Si miramos la historia, la ecología nació poco después de la explosión de la Revolución Industrial con la influencia de Thomas Malthus y los problemas que planteó en torno del equilibrio entre el crecimiento de la población y los recursos. De inmediato, los científicos se pusieron a mirar cómo funcionaba la naturaleza, en qué se basa la regulación de los efectivos de las plantas y los animales. En ese entonces la ecología se hacía preguntas que hoy se hace el desarrollo sustentable. Era el problema de fondo. Pero después, de forma progresiva, la ecología fue monopolizada por los naturalistas. Se empezó a hablar de las poblaciones animales y vegetales, de los ecosistemas, como si el hombre no tuviera nada que ver. De hecho, se puso al ser humano de costado. La ecología política hizo lo mismo, con el condicionante negativo de que la ecología política no se apoyó en la ecología científica. No estoy seguro de que un solo partido político pueda responder a los problemas que nos plantea el mundo de los seres vivos. Para mí, lo importante es lo que yo llamo tener una visión ecológica del mundo. Debemos pasar de un mundo en donde se ven las cosas parcelarias a otro donde se perciben las interacciones entre el todo y el todo, tanto entre las mismas sociedades humanas entre sí como entre las sociedades humanas y el resto del mundo. Esa visión permite comprender las interacciones y los efectos colaterales. Con ese enfoque estamos seguros de que somos conscientes de que pertenecemos a la biosfera. La gente ni siquiera es consciente de que la atmósfera es un recurso natural y que también es el resultado del trabajo de los seres vivos. Si no hubiese habido vida en la tierra no tendríamos atmósfera.

–Finalmente, la idea individual de desarrollo, o sea, de crecimiento, aplastó a todas las demás.

–El acento que se puso en la individualización ha sido nefasto, pero esa idea es también una de las riquezas de las sociedades occidentales. Si no se la controla como es debido o si no tenemos conciencia de ella sólo cosechamos lo negativo. La libertad para cada individuo no excluye la responsabilidad y la interacción. Fíjese si no en la historia de Estados Unidos, llena de páginas oscuras. Estados Unidos es hoy uno de los grandes, grandes problemas, es uno de los responsables más decisivos de la situación actual. Hay algo muy perverso en el sistema norteamericano: por un lado está la imagen de libertad total, de imperio del bien. Pero no es así. Cuando analizamos el resultado de la cumbre de Copenhague, la culpa del fracaso no la tienen ni China ni la India. La situación a la que llegamos hoy la produjo la sociedad occidental. Hemos, por ejemplo, depredado muchos países. Pero el éxito de la sociedad occidental se forjó con el tributo oscuro que pagaron los esclavos, la trata de seres humanos, la expoliación. El saqueo de los recursos del mundo entero hizo nuestra riqueza pero hoy nos conduce a constatar que hasta el clima se degrada. Los responsables somos entonces nosotros. Si fuésemos responsables no diríamos que la culpa la tienen los chinos o la India porque quieren imitarnos. Habría que decir: pecamos en exceso y, ahora, debemos sanear la situación. Lamentablemente no se procedió así y vamos a perder 30 años. Occidente perdió una oportunidad. Todo esto es consecuencia del culto al individualismo que nos lleva a perder de vista una noción esencial: en las sociedades humanas, lo más importante es lo social, incluso en la economía. Sin la dimensión social el hombre no existiría.

efebbro@pagina12.com.ar


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/especiales/18-158034-2010-12-04.html

  BAD COMEDY > OPINION


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Desde París

Las condiciones en que cinco de los grandes diarios del mundo publicaron los telegramas provenientes de la diplomacia norteamericana y facilitados por el portal Internet WikiLeaks parecen inaugurar una nueva práctica de difusión de la información. Según se desprende de los relatos ofrecidos por periodistas de The New York Times, El País, Le Monde, Der Spiegel y The Guardian, las cinco publicaciones se pusieron de acuerdo entre ellas antes de hacer público el contenido de la información, llegaron a una suerte de pacto con el portal WikiLeaks y, antes de publicar los documentos, advirtieron al Departamento de Estado. En suma, contrariamente a lo que ha ocurrido en otras ocasiones con este portal de informaciones confidenciales, esta vez el contenido difundido ha sido prefiltrado por los cinco diarios e incluso remitido a la administración estadounidense. En un chat con sus lectores, Javier Moreno, director de El País, dice: “No hemos llegado a ningún tipo de acuerdo con el gobierno de EE.UU., a quien, sin embargo, sí se le informó con carácter previo. También a la Embajada de Estados Unidos en España”.

Sylvie Kauffmann, directora de la redacción de Le Monde, adelantó que los cinco diarios intercambiaron “muchas informaciones, análisis y peritajes” y se pusieron “de acuerdo en torno de un programa de publicación”. La misma fuente explicó que el grupo de los cinco llegó a un acuerdo sobre la publicación de los memorandos y que “son esos memos, corregidos por nosotros, los que WikiLeaks puso en Internet”. Marcel Rosenbach, periodista en el Der Spiegel, aporta algunos detalles suplementarios sobre esta curiosa aventura de periodismo de refritos entregados por una fuente y difundidos por otros luego de un estricto control. Rosenbach contó que “todos los diarios concernidos analizaron el material independientemente unos de otros”. No obstante, Sylvie Kauffmann, del vespertino Le Monde, dio cuenta de reuniones entre los rotativos, la mayoría de las cuales tuvieron lugar en Londres para un trabajo que, y así lo precisa el periodista de Der Spiegel, se llevó a cabo “durante varios meses”.

La directora de la redacción de Le Monde aclaró que “unas 120 personas” trabajaron en esos documentos de manera protegida”. En un editorial firmado por Sylvie Kauffmann, la periodista escribe: “En común, los cinco diarios editaron cuidadosamente los textos brutos utilizados para retirar todos los nombres e indicios cuya divulgación podía acarrear riesgos para las personas físicas. Le Monde también ofreció a los responsables norteamericanos expresar sus puntos de vista en nuestras columnas”.

De estas justificaciones se desprende otra evidencia: los cinco periódicos actuaron como verdaderos agentes de comunicación del Departamento de Estado. Hicieron el trabajo de limpieza en lugar de los servicios de Hillary Clinton. En suma, en nombre de la libertad de expresión y todos los bellos argumentos, The New York Times, Der Spiegel, El País, Le Monde y The Guardian publicaron lo que sólo ellos juzgaron conveniente, borraron los nombres que ellos consideraron oportunos y, antes de hacer todo el asunto público, consultaron con los representantes del Departamento de Estado. La responsable de la redacción de Le Monde cuenta por ejemplo que “tuvimos entrevistas corteses y civilizadas” con las respectivas embajadas norteamericanas. Luego, en el editorial, escribe: “The New York Times informó a las autoridades norteamericanas sobre los telegramas que contaba utilizar y les propuso que le presentaran las preocupaciones que podrían tener en materia de seguridad”.

Al parecer, WikiLeaks sólo tiene confianza en los grandes medios de comunicación de un puñado de países. El resto del planeta, concernido por su material, quedó excluido. Resulta, no obstante, un poco hipócrita constatar que estos cinco representantes de la libertad de expresión y de la democracia trabajaron estrechamente con los poderes frente a los cuales, por naturaleza, tienen otra misión: acosarlos allí donde la mentira pone el peligro la vida humana, allí donde la mentira y la manipulación van en contra del bien común. El último en enterarse fue, al final, el lector, que paga por el diario. Le Monde relata por ejemplo que “los representantes del Departamento de Estado tomaron contacto en los últimos días con numerosos gobiernos extranjeros para prevenirlos de las revelaciones y alertarlos ante cualquier impacto negativo”. En respuesta a una pregunta que le hace un lector sobre si se tomó en cuenta la “razón de Estado” antes de publicar los documentos, Javier Moreno, el director de El País, responde así: “Sí. Pero ha primado el derecho de los ciudadanos a disponer de información veraz y relevante sobre asuntos públicos de interés general. Los periódicos tenemos muchas obligaciones. Entre ellas no se encuentra la de proteger a los gobiernos, y al poder en general, de situaciones embarazosas”. Sin embargo, todo el operativo de la banda informativa de los cinco y su asociado de las sombras, WikiLeaks, tiende a demostrar lo contrario.

efebbro@pagina12.com.ar


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-157812-2010-11-30.html

  LA AVENTURA HUMANA. DIALOGO CON EL CRITICO E HISTORIADOR LITERARIO ANTOINE COMPAGNON

En 1979 revolucionó el mundo de la crítica literaria con su libro La segunda mano o el trabajo de la cita, que anticipó la lógica de Internet. Por eso no sorprende que ahora dedique sus reflexiones al impacto que tendrá el nacimiento y generalización de los libros electrónicos (o numéricos), también conocidos como e-book, sobre escritores, lectores y, más globalmente, la cultura de nuestro tiempo.

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Desde París

El historiador y crítico literario Antoine Compagnon contó en un libro delicioso la historia de un hombre que cortaba con una tijera las páginas que no le gustaban de En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust. De aquel libro monumental –por su extensión y su hazaña literaria y estética– no le quedaban más que unas cuantas páginas selectas. Esa mutilación física de un libro impreso respondía a una selección apasionada. Median muchos años y avances tecnológicos entre esta historia y la formación lenta pero verosímil de un lector numérico (e-book) y de una ficción digital. Antoine Compagnon lleva más de 30 años dando clases de Literatura en la Universidad de la Sorbona, en el College de France y en la Universidad de Columbia de Nueva York. Entre el señor de las tijeras y los señores de los pixeles este autor riguroso y elegante vio esbozarse una amenaza que se hizo realidad: la lectura, la lectura de textos literarios, ha quedado relegada a una función de mera distracción superficial. El libro, que forjó la identidad de Occidente, cede terreno ante las nuevas formas de leer derivadas de la era digital. Al mismo tiempo, la creación de grandes obras literarias, las novelas mundo, se fueron espaciando con el tiempo. En uno de sus libros traducidos al español, ¿Para qué sirve la literatura?, Compagnon se pregunta qué sentido tiene la literatura en estas décadas en que la oferta distractiva estrecha el tiempo de la lectura y las imágenes reemplazan la proyección imaginaria. “Mi fe en el futuro de la literatura –escribió Italo Calvino– consiste en saber que hay cosas que sólo ella puede darnos.” ¿Y qué puede darnos la lectura literaria, qué alternativa nos proponen la lectura numérica o las obras digitales donde conviven la palabra y los objetos multimedia? Compagnon no se demora en la amenaza del fin ni en el lamento por el retroceso de la literatura –que constata–, ni en la proyección apocalíptica. Este autor brillante defiende, más que un género en sí, una práctica: la lectura. “La literatura es un ejercicio del pensamiento: la lectura, una experimentación de lo posible”, dice Compagnon. Es imposible pensar la historia del mundo sin el objeto libro. ¿Qué quedará de su maravillosa contribución al pensamiento, a la transmisión de las ideas, a la comprensión del mundo, una vez que avance su transmutación hacia el libro electrónico? ¿Google fagocitará a Borges e Internet a Joyce? Así como el libro modeló un tipo de humanidad, ¿qué saldrá del objeto tecnológico? Para Antoine Compagnon, la amenaza central no está en el agotamiento de la creatividad sino en la compresión de la masa de lectores. La lectura numérica, en pantalla, y la escritura numérica, articulada en imágenes y sonidos, terminarán forzosamente por “crear” un nuevo tipo de lector. ¿Menos humanista? ¿Menos profundo? ¿Menos reflexivo? Las respuestas son inciertas. Cuando salió el CD ROM, los heraldos decretaron de inmediato el fin del libro. Pero sigue entre nosotros. Compagnon pone de relieve una paradoja: ve en la lectura a través de Internet “una resurrección de la lectura pre moderna, la que precedió a Gutenberg y a la era del libro”.

Con el apoyo de una profusa obra teórica, crítica e histórica, Antoine Compagnon llevó sus últimas reflexiones al territorio de la coexistencia entre la lectura entretenida de la era numérica, la lectura de obras literarias y el imperio de la ideología de la narración, que domina el mundo. Antoine Compagnon es autor de más de una docena de libros, de los cuales dos han sido traducidos al español. El más célebre es Los antimodernos. En este ensayo paradójico, que analiza la resistencia a la modernidad, el autor demuestra cómo las figuras centrales de la corriente antimoderna han sido los auténticos animadores de la modernidad. ¿Será el libro un objeto sustantivo de la modernidad?

Libros electrónicos y libros de papel

–La pregunta que mucha gente se hace, y que ha revestido en los últimos dos años una forma del miedo, consiste en saber si la literatura, la narración en general, debe tener miedo del formato electrónico.

–No se puede responder simplemente por sí o por no. Es evidente que la irrupción de lo numérico transforma muchas cosas. Lo primero que cambia de manera fundamental es nuestra manera de leer. ¡Hasta yo leo cada vez más en una pantalla!: prensa, artículos, informes y libros. Nuestra lectura pasa de lo impreso a la pantalla y esto cambia cosas fundamentales en nuestra forma de leer. También se puede decir que, cuando estamos ante una pantalla, operamos en multitarea porque realizamos unas cuantas actividades simultáneas. La pantalla sirve al mismo tiempo para comunicar, hablar por teléfono, intercambiar mensajes, etc. La lectura de la literatura era un gesto solitario, bastante aislado, que exigía amplias playas de tiempo. Leer supone largos momentos sin distracción. Creo que hay un aspecto muy importante de la literatura que se ve modificado con los cambios de los modos de lectura. Pertenezco a una generación que primero leyó libros impresos y ahora lee en superficies numéricas. Las próximas generaciones aprenderán a leer sobre pantallas. Se están produciendo cambios profundos. Hay menos lectura impresa, por consiguiente menos lectura de libros. Es lícito entonces tener cierta preocupación sobre la lectura de la literatura. Agrego, además, que está la literatura que se lee y también la que se escribe. No veo entonces cómo la literatura que se escribe puede escapar a todos estos cambios tecnológicos. Habrá sin dudas nuevas formas literarias ligadas a los nuevos medios. Creo que veremos aparecer una literatura numérica de la misma manera que en el siglo XIX vimos aparecer los relatos por entregas en los diarios. Esos relatos cambiaron el curso de la historia de la novela. Así, entonces, si la prensa trastornó la novela no creo que la literatura pueda mantenerse a salvo de las transformaciones derivadas de la era numérica. Destaco que siempre habrá literatura, siempre tendremos creadores. Ese no es un tema que debe preocuparnos. Los creadores incorporarán los soportes numéricos a sus creaciones. Eso ya existe en los Estados Unidos, los llamados libros multimedia que incluyen elementos audiovisuales. En cambio, sí podemos preocuparnos por la lectura misma. Nuestro tiempo está fagocitado por la electrónica. Las prótesis numéricas que nos rodean rara vez nos dejan solos.

–Usted decía que resulta difícil leer a Proust o a Hegel de manera prolongada en una pantalla.

–Sí. Sigo asociando esas grandes novelas al objeto libro. Hoy hay muchos soportes: iPad, el Kindle de Amazon. Reconozco que, desde hace un año, los lectores numéricos se han acercado al libro impreso. Pero tampoco debemos olvidar que el libro impreso es un objeto tecnológico muy perfecto, muy ideal. El libro en sí es muy económico, manuable, liviano en relación con la información que puede contener. No creo que este objeto tecnológico vaya a desaparecer muy pronto, incluso si hoy tenemos la oportunidad de leer las grandes novelas de la adolescencia en un iPad o un Kindle.

La imagen contra el imaginario de la palabra

–Usted anticipó hace poco que con los nuevos soportes para leer, nuestra lectura será más en imágenes y menos imaginaria.

–Lo que quise decir es que, por ejemplo, con los libros multimedia vamos a clickear sobre un link y tendremos imagen y sonido. Frente a esto, el libro impreso tiene dos atributos para la literatura y la novela: uno, cuando leemos un libro impreso tenemos el control del tiempo en relación con la imagen. Cuando estamos en una novela, el tiempo es el tiempo del lector. Puede acelerar, aminorar, hacer una pausa, volver a leer. No es lo mismo que un libro electrónico, incluso si miramos un DVD no es igual al movimiento del pensamiento a través de un libro. Dos, el otro gran atributo del libro es la dimensión imaginaria. Nos figuramos y nos representamos lo que leemos. El mundo numérico es el universo de la imagen total, un mundo en el cual hay menos lugar para el imaginario. Eso es lo que quise expresar cuando hablé de una lectura más en imágenes y menos imaginaria. Quise manifestar el temor de que la facultad imaginaria ligada a la literatura se vea sacrificada en un tipo de literatura numérica y multimedia.

–Tendremos tal vez una situación paradójica: habrá más lectores, pero serán menos profundos.

–Sí, la meditación, lo que está auténticamente ligado a la lectura solitaria y prolongada del libro puede diluirse.

El humanismo de la era numérica

–La cultura occidental ha sido modelada por el libro. ¿Qué tipo de cultura y de ser humano puede modelar la era numérica?

–Esto plantea grandes interrogantes. A veces se dice que el sujeto moderno tiene al lector como modelo. Esto nos remite a Montaigne, a la irrupción de la subjetividad, de la identidad, de eso que se forja a través de la lectura. La identidad se reconoce a través del movimiento de la lectura. Si la correlación entre lectura, libro e identidad es muy fuerte no es menos cierto que estamos asistiendo a grandes cambios que van más allá de la técnica. ¿Acaso es una gran época que se cierra o un marco histórico que se agota? No pienso que haya que llegar tan lejos en la afirmación. Sin embargo, los cambios que se producirán son fundamentales.

–Nuestra más crujiente actualidad se conecta con un ensayo suyo de los años ’80, La segunda mano. En este libro delicioso sobre el arte de la cita usted escribió que lo único que hacemos es glosar y entreglosar. En este sentido, Internet es el imperio de la glosa, una suerte de pozo infinito de la cita y de la copia de lo que otro ya escribió antes. ¿Esa dimensión de la cita-copia también cambia la lectura y la escritura?

–Sí, absolutamente. En lo que se refiere a Internet, podemos hablar perfectamente de oralidad, de una suerte de régimen oral. Internet es una suerte de resurrección de la lectura premoderna, la que precedió a Gutenberg y a la era del libro. Esto nos reenvía al Renacimiento. La tecnología actual consagró la intertextualidad y, en cierta medida, la muerte del autor.

–¿Internet nos permite elaborar una novela infinita, colectiva?

–¿Acaso veremos aparecer obras colectivas? Soy escéptico ante esta idea de creación colectiva. Sigo persuadido de que la obra literaria pertenece a una sola persona. Desde luego, hay ejemplos de obras escritas a cuatro manos, pero no son las obras más memorables de la literatura. Es una utopía abierta. Las novelas mundo como las de James Joyce, Dostoievski o Proust tenían un jefe de orquesta para todas esas músicas y palabras.

La invasión de la ideología del relato

–Usted dice una frase clave: la novela mundo. Ese tipo de obras literarias maravillosas, que abarcan el destino humano, han desaparecido de la cultura moderna.

–¡Claro que sí! Y podemos decir que ese tipo de novelas nos hacen falta. Pero tampoco hay que dejar de lado el hecho de que la producción literaria, la producción estética, siempre fue muy importante. Frente a esto, la cantidad de obras memorables no es considerable. Pero es cierto que en la literatura francesa y europea hace tiempo que faltan novelas con esa envergadura, con esa capacidad de aprehender el mundo en su variedad, en su profundidad y complejidad. Esperemos que esa obra surja pronto. No hay nada fatal en esta ausencia. No diría que se trata de un encogimiento definitivo de la literatura. Hubo muchas tesis para explicar la ausencia de novelas mundo: se dijo que la culpa la tenía la teoría de la literatura, que la literatura francesa se marchitó por culpa del Nouveau Roman, otros dijeron que la culpa la tiene la democracia porque la literatura iba mejor bajo el régimen soviético que cuando se cayó el Muro de Berlín. Hay algo cierto en todo esto: la democracia, la sociedad de consumo, etc., etc., no son propicias a la creación literaria. Pero el pesimismo no debe imponerse. Estoy seguro de que la novela mundo incorporará imágenes y sonido, que nos propondrá una lectura hipertextual, un montón de links, que tendrá su propio portal Internet y que no dejará afuera a la literatura.

–Con todo, esa ausencia de novelas mundo se acompaña de otra particularidad: el ataque sistemático contra el relato literario.

–La condena del relato es típica del movimiento moderno. El relato como una trampa, como una ilusión, en todo el movimiento moderno hay una voluntad de terminar con el relato. Pero claro, no se puede terminar con el relato porque necesitamos relatos para imaginar, para conocerse, para comprenderse, para verse. El relato siempre renace de sus cenizas. Paradójicamente, hoy estamos en una ideología del relato. En los últimos años se impuso la idea de que es preciso contar relatos: en la publicidad, en la política. Si no se producen relatos no se es capaz de integrar a los interlocutores. Convencer consiste en tener un relato en el cual el otro puede encontrar su lugar. Estamos entonces en una ideología del relato muy fuerte. La psicología, la filosofía, la sociología nos dicen que para vivir feliz hay que tener un relato. Este reino de la ideología del relato no equivale a decir que la literatura produzca obras de calidad.

–Hay una suerte de oposición hiper-moderna entre el relato espectáculo y el relato literario.

–El relato político, publicitario, psicológico o sociológico es un relato de adaptación. Se trata de un relato de orden, casi de manipulación. La forma de la retórica contemporánea pasa por el relato. En contraposición, la propiedad del relato literario consiste en perturbar el orden, en molestar. Si la literatura no molesta deja de ser literatura y se convierte en pasatiempo, en diversión. La literatura descoloca, desconcierta, provoca. Eso es precisamente lo que no hacen los relatos confortables que nos propone el mundo contemporáneo.

El adolescente como lector ideal

–Usted le ha dado un lugar privilegiado a ese ser plural y anónimo que es el lector. ¿Cuál es para usted la figura del lector ideal, aquel que encarna mejor la persistencia de los valores culturales?

–Para mí, el lector ideal es el adolescente que, en la literatura, en las novelas y también en la poesía, descubre quién es, descubre el mundo. Estamos aquí ante una de las dificultades contemporáneas: la transmisión de la cultura y de la literatura a través del acceso a la lectura de los adolescentes y de los adultos jóvenes. Los jóvenes leen hoy, hay una literatura infantil atractiva y bella, pero nuestra sociedad contemporánea, en particular la escuela, tiene dificultades para que los jóvenes pasen a la lectura adulta. Se ha producido un corte: las mujeres leen, los muchachos no. Se produjo una virilización de la lectura. Nuestras sociedades tienen aquí un problema. Cómo hacer para que los chicos pasen de los libros con imágenes a los libros sin ellas.

–La lectura, en suma, perdió su valor de iniciación.

–Claro, porque esa iniciación puede obtenerse por otros medios: el cine, la televisión, los juegos informáticos, que son también formas de relato. Pero volvemos a lo que hablábamos recién: estos soportes constan de imágenes y el imaginario no trabaja. Estamos en una puesta en escena y en una puesta en imágenes globalizada del relato.

–A la lectura también le faltan sus guías: la crítica literaria como tal se ha esfumado al tiempo que los escritores, que antes escribían sobre otros autores, no se exponen más.

–Una cierta forma de crítica literaria desapareció. Para mí, la crítica literaria está ligada a la conversación sobre los libros. Hay mucha gente molesta porque Internet ofrece una clara degradación de la crítica literaria, una suerte de crítica salvaje. Lo que sí es cierto es que la crítica literaria incitativa, directiva, prescriptiva, desaparece. La crítica literaria no tiene repercusión en los lectores. Ahora bien, lo que más falta es la crítica hecha por escritores. Había una gran tradición de escritores que escribían sobre otros. Todos los grandes escritores del siglo XX escribieron sobre los autores clásicos y contemporáneos. La ausencia de crítica de autor me resulta inquietante, como si los autores ya no se leyeran más entre ellos. Tal vez ello explique por qué no tenemos novelas mundo.

–Alguien comentó en un avión que el autor ideal para la lectura numérica y las pantallas era Jorge Luis Borges.

–Sí, por qué no, es perfectamente plausible. Después de todo, Borges originó todas nuestras reflexiones sobre la intertextualidad, etc. El nos llevó a pensar en esos temas. Por qué entonces no leer los cuentos de Ficciones o La Biblioteca de Babel en un iPhone o un iPad. Sería una forma de justicia hacia Borges.


Obras de Antoine Compagnon en español

* ¿Para qué sirve la literatura?, Editorial Acantilado, Madrid, 2008.

* Los antimodernos, Editorial Acantilado, Madrid, 2006.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/especiales/18-157626-2010-11-27.html