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  LA GRABACION DEL PROGRAMA DE PAENZA EN UNA ESCUELA

La combi llega, los chicos se alborotan. También llegan la matemática y alguien conocido: el periodista y docente Adrián Paenza, que grabará su programa en una escuela de Campana. La crónica de una escuela convertida en set de televisión.

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El edificio parece un barco en altamar. Cada puerta tiene su claraboya; cada claraboya, su grupito de cuatro, cinco, seis chicos amontonados. Pero el mar no es de fondo y se agita por los pasillos. “Están alterados, lógicamente”, observa el director Gustavo Alvarez, sin notar que su descripción del clima que embarga al colegio refiere, también, el motivo. Es 2010. Durante uno de sus últimos días de clase, la única escuela técnica de Campana se vuelve estudio de televisión para participar de Alterados por Pi, el programa sobre matemáticas que conduce Adrián Paenza en el canal Encuentro. El episodio se verá recién con la transmisión de la nueva temporada, que empieza esta semana (ver aparte), pero hace olas aquí y ahora. Por eso el despliegue de cables es contundente y las luces apabullan. La grabación es parte del nuevo estilo del programa: en lugar de invitar alumnos a un estudio, el estudio se muda a las escuelas de los chicos.

Sólo el ok de los técnicos (casi nada) falta para que las cámaras empiecen a registrar distintos momentos del programa. El precalentamiento, si puede llamarse así a los juegos de pensamiento lógico, empezó hace rato, cuando la camioneta y un par de autos salieron de Buenos Aires, muy temprano en la mañana, para llegar a tiempo a esta escuela cercana a las vías. En el viaje, con los petates a cuestas, alguna cámara pequeña encendida, alguna carpeta sin papeles en blanco, el sueño se fue desvaneciendo a fuerza de ejercicios matemáticos. “¿Por qué no aprovechamos para hacer el del cambio en la casilla de peaje y lo grabamos?”, sugiere el director Ariel Hazan, para quien toda posible anécdota del trayecto es buena para registrar una pastilla del programa. Por ver la fila de autos y apiadarse de la cajera, Paenza logró disuadirlo, y enseguida otro entusiasmo, esta vez del “contenidista matemático” Pablo Milrud, copa la parada: “¿Y si hacemos el problema del loop de la potencia de 2?”. Todo lo críptico de la frase dura solamente hasta que las cámaras más pequeñas se encienden y Paenza toma lápiz y papel; nadie del equipo se sustrae a la magia de los números, mucho menos la productora, María Marta García Scarano, que, entusiasta como una niña, termina su intervención con “pensarlo así puede ser hermoso”. Todos juegan; todos siguen hablando de números cuando la pequeña cámara vuelve a apagarse. “Esto es lo que queremos demostrar a los chicos –dice un entusiasmado Paenza a esta cronista–: que no está todo cerrado, que hay cosas que no se saben.”

Los números mágicos

Lo que sí saben en la ciudad es que la televisión está al caer. Cuando la camioneta y los autos se detienen, en la puerta de la escuela aguardan autoridades del establecimiento, y desde las ventanas cientos de pares de ojos intentan no perder pisada. Hace ya semanas que los padres debieron firmar las autorizaciones para que los chicos participen de la grabación. Más o menos por el mismo tiempo, los medios locales anticiparon el evento: “¿Te gustaría asistir a una clase abierta de matemática con Adrián Paenza? (...) Alterados por Pi ofrece un panorama distinto sobre esta disciplina, más humano, divertido y cercano a la vida cotidiana. La serie plantea, sobre todo, que es posible y necesario aprender a disfrutar del camino, más allá de llegar a una solución”. Corren los técnicos con una cámara; con una planificación nada casual, un asistente abre la puerta de la camioneta, y desciende Paenza, quien se encamina rápido a saludar al director. Alvarez, el señor detrás de la sonrisa, estira la mano y dice: “Los chicos están alterados. Lógicamente”.

Es mediodía y alrededor del pizarrón cobijado del sol bajo un árbol hay algunas clases, más breves, que se graban afuera, aprovechando el rato en que se van los alumnos de la mañana y llegan los de la tarde. Chicas y chicos se amontonan cerca: quieren ver, quieren escuchar y estar, pero cuando Paenza pide que uno de ellos se acerque para resolver el problema que acaba de plantear todos enmudecen. “Ninguno se sienta menos si no se le ocurre cómo resolver algo”, anima el conductor. Chicos y chicas siguen cuchicheando y rehusándose a pasar. Otra insistencia; otros rumores y nadie se mueve del lugar. Alguien pega un empujón oportuno: pasa un chico; arriesga una respuesta; todos escuchan. “Es otra manera de pensarlo”, acota Paenza.

“Se publican todos los años dos mil problemas nuevos que no tienen solución.” La frase retumba en el patio cerrado del colegio. Más de 200 sillas no alcanzan para acomodar a todos los chicos, todas las chicas que cursan aquí, más hermanos menores, madres, padres, amigos del barrio, docentes: bastante más que la comunidad educativa del lugar se dio cita para el evento. Para explicar un juego que ejercita cálculos y probabilidades, algunos alumnos toman unas paletas que anuncian horarios; visten chalecos de colores. A la orden de Paenza, sale uno, otro, otro más: ponen en práctica las premisas de un problema descripto en el pizarrón (“si un micro sale a las 3.30 de Buenos Aires a Rosario...”). Como si hubiera mediado alguna orden, al silencio profundo de hace un rato se lo empieza a llevar un murmullo de a ratitos, un grito con una posible solución algunos segundos después.

El “algoritmo de Siracusa”, al cabo de un rato de empezar y cerrar pequeñas clases, pequeños fragmentos del programa, termina generando más aplausos que desconcierto, en especial luego de que Paenza insistiera en la incertidumbre que acompaña la matemática al recordar que “es un problema al que no se puede encontrar solución”. Por eso, insiste, “la matemática no es lo que nos contaron que era. Puede ser entretenida, divertida, seductora”. Por eso nadie se asombrará en unos momentos, cuando Paenza pida silencio a quien subió al escenario para resolver un problema que, al parecer, comprendió fácilmente. “No diga la solución, de manera tal que todos podamos disfrutar del problema.” Las palabras mágicas: el juego, la grabación, el clima efervescente se extenderán hasta la tarde.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-166432-2011-04-17.html

  LA ESCUELA DE CAMPANA PUERTAS ADENTRO


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El regente Mario Berra, habituado a que el alboroto se limite a los recreos, dobla un pasillo y queda atónito ante la curiosidad inmensa, pero tímida, de chicas y chicos. Paenza, es decir la celebridad del día, recién pasó por allí, y dejó una estela de murmullos a su paso. Berra tiene los ojos brillantes. “No puedo estar tan emocionado”, se reta para disculparse y aclara que no es por cholulo. Tampoco por la tele en general. Lo conmovedor, dice, es que un programa como el de Paenza haya elegido este espacio, la Escuela Técnica Nº 1 Luciano Reyes, la única en su tipo en todo Campana, y por la que cada año, en tres turnos, pasan más de mil adolescentes. “La educación técnica no tiene prestigio social, somos ‘los negros’ de Campana, nuestros logros muchas veces no se ven. Pero Paenza está acá, con nosotros”, dice Alvarez, y sonríe. En el patio techado, al que dan las aulas, la producción –que hizo todo el camino desde Buenos Aires grabando pequeños segmentos y entregándose a juegos matemáticos– termina de armar el escenario. El conductor del programa, concentrado en la rutina de lo que grabará, pasa ante una fila de alumnos embelesados por tener cerca a quien conocen sólo de la pantalla: dicen que la magia de la televisión cambia las fisonomías pero no tanto.

“La zona es un polo industrial. Por eso Campana creció mucho en la periferia”, explica el regente Berra. Llegó a tener, esta escuela, una matrícula de 1600 alumnos, pero para evitar tomar por tendencia una cuestión pasajera las ampliaciones fueron moderadas. Ahora, dice, con 1100 adolescentes en tres turnos, la situación es manejable y satisfactoria. “¿Qué podemos contar?”, reflexiona retóricamente el director Alvarez, y se vuelve la persona más locuaz del mundo. “Tenemos logros en electrónica”, como haber ganado premios regionales a proyectos ideados por alumnos a raíz de problemas o necesidades locales, y desarrollados junto con docentes de la escuela. También en química: parte de la población de Campana reside en el Delta, donde el agua no es potable y el litro y medio se vende, en las lanchas almacén que van por el río, a 7 pesos. “Pero ellos diseñaron un sistema de potabilización: no alcanza a salir 3 centavos la potabilización de un litro de agua”, señala el jefe de Taller, Eduardo Grossi, al recordar las plantas potabilizadoras domésticas ideadas en la escuela por chicas y chicos de los últimos años. Algunas de esas ideas son las que subyacen a los dispositivos, que en una, dos horas, bajo reflectores, ante un micrófono y una cámara, algunos de los alumnos explicarán a Paenza y el equipo que sigue, agazapado para que la grabación fluya, sus pasos.

“Ese tipo de proyecto incentiva a los chicos no sólo en lo laboral, sino también en la posibilidad de emprender. Porque acá también aprenden cosas complementarias: saber vender, prepararse para salir a explicar una idea, canalizar una salida laboral propia en ese sentido. No sólo dependiendo de una empresa”, dice Berra, que para demostrar cuánta razón hay en su orgullo sale, de un segundo al otro, al pasillo, decidido a volver con casos en vivo. Antes de cruzar la puerta alcanza a insistir en que lo importante es “el aspecto humano”. Vuelve con Florencia y Victoria, tan entusiastas como poco tímidas. Las refiere como dos de las mejores alumnas; las demás autoridades conceden; ellas sonríen sin sonrojarse, pero sin arrogancia. Ser alumna aquí es “una experiencia fantástica”, define Florencia: “Aprendés cosas útiles en los talleres, Yo hice un velador, sé soldar, trabajamos en relación con la sociedad, como con la planta potabilizadora para la isla” cercana a la escuela.

De una escuela técnica rodeada por plantas industriales, explica el director, “la mayoría sale con trabajo”. Antes de eso, muchas veces también aprovechan salidas de estudios para mostrarles mundo. “La otra vez, después de la presentación en las regionales que se hizo en La Plata, los profesores llevaron a los chicos a Puerto Madero. Uno normalmente no pregunta si conoce o no conoce: los lleva y ya está. Pero un chico, uno de los más grandes, nunca había ido; no conocía Buenos Aires. Estamos a 75 kilómetros. Es fuertísimo eso para nosotros. Hay cosas que sólo la educación pública puede generar.” No se verá en el programa, lo sabe, pero antes, durante, al fin de la grabación, cuando las luces estén por irse y vuelva la normalidad, él y los chicos –murmura– no serán los mismos.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/subnotas/166432-53108-2011-04-17.html

  EL ENTUSIASMO POR LA MATEMATICA


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“No sé cómo contestar eso”, se evade Adrián Paenza cuando se le propone especular sobre los motivos del éxito mediático de algo tan eterno y generalmente resistido como las matemáticas y las ciencias exactas. A cinco ediciones de su serie best seller Matemática... ¿estás ahí?, a cuatro temporadas de Alterados..., a nueve de Científicos Industria Argentina, y toda otra tanda de programas y productos de la industria cultural que convocaron a científicos a la televisión, los diarios, la radio. “Hay muchas cosas que están pasando con la difusión de la ciencia en general y la matemática en particular”, comenta. Tan intenso es el interés que, tras años de publicar en una misma editorial, el matemático más célebre de la tevé argentina está mudándose de editorial, porque “me di cuenta de que la necesidad que parece tener la gente por leer este tipo de cosas es una oportunidad para toda la gente que hace matemática y quiere difundir la ciencia”. El, que todavía no se repone de haber visto un libro suyo editado en la República Checa (“es insólito: veo mi nombre en la tapa, pero ¿cómo sé yo qué dice adentro?”), está convencido de que todavía “esto puede hacerse más grande, puede crecer”.

–Fijate en los diarios de Argentina –sugiere–. Hace algunos años no había lugar para hablar de ciencia. O si había, se reproducían notas de agencias internacionales. Ahora todos los diarios tienen al menos un especialista, y cada uno publica notas propias. Por alguna razón los editores quieren eso y los diarios se dan cuenta. A mí me sigue pareciendo curioso que una vez por semana Página/12 publique una contratapa mía sobre un problema matemático.

–Una vez comentó que la diferencia podía verse claramente por un artículo publicado hace como veinte años, que pasó sin pena ni gloria.

–Fue el 5 de febrero de 1988. Me acuerdo perfecto. Ese día, apareció en la página de las editoriales de Clarín un artículo mío, que me había pedido Carlos Ulanovsky. Me había dicho que escribiera un artículo en defensa de la matemática. Y el artículo empezaba: “Matemática, ¿estás ahí? No, me estoy poniendo las preguntas...”. En el texto conté cosas que ahora desarrollo en los libros y en los programas. Pero en 1988, al día siguiente de que saliera publicado, no me llamó Ulanovsky para contarme que habían reventado los teléfonos de la redacción. A veces pienso que si hubiera escrito el primer libro de la serie hace veinte años, posiblemente no hubiera llegado a sacar cinco libros y no estaría pensando que se traducen a idiomas que desconozco. No lo digo por ególatra, sino porque las traducciones indican que no pasa solamente en Argentina esto, que hay una avidez por encontrar algo. Hace poco, me llamaron de Canal 13 porque querían que hiciera una columna sobre matemática o educación en Telenoche. No acepté, pero eso demuestra que sí hay avidez por el tema. De todas maneras, insisto: no sé qué decir porque es algo que no sé mirar. Pensarlo sería como tratar de describir algo que hago mientras está sucediendo.

–¿Recuerda casos de otros países donde conozca este interés tan fuerte de los medios por estos temas?

–En el mundo que me rodea a mí sí, pasa, pero tendría cuidado en generalizarlo, porque uno se genera un microclima. Uno a veces cree que lo que pasa alrededor de uno pasa en todo el mundo. Pero sí creo que hay una tendencia que antes no existía. A veces, cuando bajamos de la camioneta, cuando llegamos a un lugar para grabar el programa, nos reciben casi como si fuéramos una banda de rock. En Wilde nos habían recibido hasta con un pasacalles, y había mucha gente del barrio esperando muy contenta. En Uruguay, Alterados... se ve por tevé abierta y le va muy bien. Es como una caricia al corazón para nosotros, porque yo soy la cara visible de un grupo de personas que labura con entusiasmo. Somos un equipo y estamos pendientes de que el programa salga bien. La productora, los directores, los demás chicos del equipo, ninguno es matemático, pero se interesan, me discuten cosas de matemática, cómo decirlo, qué decir... Es una época maravillosa.

–El interés que despertó en la escuela la llegada del equipo no era sólo por la televisión. Los chicos y las chicas participaban, querían jugar con las matemáticas.

–La televisión es esencial, pero en un doble sentido. Quiero decir: los chicos estaban entusiasmados porque se querían sacar fotos conmigo; y yo estaba entusiasmado porque quería sacarme fotos con ellos. No es algo unilateral. A mí también me pasan cosas con esto. No soy alguien que va y repite el libreto que escribió otro: mi guión lo pienso yo. Tengo un compromiso con esto. Es mi vida, no tengo otra vida. Por eso es maravilloso ver la reacción de los chicos, de las maestras, los profesores, el director, que todo el mundo esté involucrado y salgan las cosas bien. Estamos viviendo algo especial. Qué es, ya no lo sé.

–¿Es muy diferente preparar un programa que preparar una clase para la facultad?

–En realidad no. Es un desafío, pero el teorema de Pitágoras es el mismo en los dos ámbitos. Cuando lo tengo que contar, lo cuento de la misma forma. Sí puede ser un desafío mayor contar cosas de matemática que parecen de la facultad a niños de primario y secundario. O mejor, olvidemos el colegio: contar eso aun para públicos que no necesariamente están en un contexto académico. Yo muchas veces doy charlas a gente que no tiene nada que ver con la academia. Es un desafío para mí mostrar cómo hay cosas alrededor que la gente no necesariamente advierte y que tienen que ver con la matemática en la vida cotidiana.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/subnotas/166432-53109-2011-04-17.html

  UN GAY Y UNA TRAVESTI SE CASARON EN LA CARCEL

Eduardo y Vivian contrajeron matrimonio ayer en el penal de Ezeiza. La ceremonia, la historia de la pareja y sus planes.

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Empezaba la mañana y el pasillo de la Unidad 6 del Complejo Penitenciario I, de Ezeiza, parecía un hormiguero de uniformes azules, tacos altísimos, borceguíes, purpurina, cámaras. En una pequeña sala, Eduardo P. apenas podía hablar “de los nervios”, y no soltaba la mano de Vivian G., que recién empezaba a tranquilizarse. Había dormido cuatro horas, ella, “preocupada por él: quería arreglarlo, que estuviera bien, lindo, acomodarle el traje, peinarlo”, y sabía que era imposible, porque aunque compartan el pabellón de hombres, a cada cual le corresponde un sector distinto: el de homosexuales para él, el de travestis para ella. De todos modos, poco antes del mediodía, ya eran un matrimonio. “Con esto soñé desde los 12”, había dicho a esta cronista Vivian un rato antes, en la salita, mientras sujetaba con la mano libre las flores plásticas de un rosado furioso y disfrutaba el vestido blanco de corte sirena que llegó a sus manos cuando parecía perdido, quizá porque “toda la noche lloré y le pedí a Dios que apareciera”. A más de cinco años de una relación que comenzó “afuera”, se vio interrumpida repentinamente por la cárcel y volvió a comenzar también en la prisión, porque el azar quiso que se cruzaran una mañana en el mismo pasillo de la misma unidad, Eduardo y Vivian se casaron en el penal que celebró, ayer, su primer matrimonio igualitario entre personas privadas de su libertad allí.

Falta un ratito para la ceremonia, pero en el gimnasio del módulo, convertido en sala del Registro Civil para la ocasión, esperan las sillas blancas, la mesa con el mantelito, y el rumor de algunas activistas LGBT, como Claudia Pía Baudracco, Claudia Castro y Alba Rueda. Las y los oficiales de Servicio Penitenciario van rumbeando hacia esa puerta ante el patio enrejado. En la salita, Eduardo aprovecha una de las poquísimas distracciones de Vivian, esa catarata de palabras y alegría y anécdotas sobre la vida muros adentro, para explicar por qué habían pedido que la prensa pudiera presenciar su casamiento: “Llegar acá nos costó, pero es un mensaje para que la gente tenga fuerza, para que se animen. Por ahí no lo hacen por vergüenza, pero si se quieren, se tienen que animar”. “A él le metían ideas –acota Vivian–; le decían que qué hacía conmigo.” “Pero yo elijo. Estoy bien con ella y me siento bien así. Siempre decía ‘ojalá me case con la persona que amo y pueda cambiar mi vida’. Ahora está pasando. ¿Por qué voy a negarlo?”

Por la libreta, además de imprimir sus huellas digitales en un acta (es norma que los DNI de las personas privadas de su libertad estén retenidos por las autoridades), “movimos cielo y tierra”.

Se habían conocido en 2005. Eduardo recuerda que “ella era gay”, y Vivian acota: “Me ponía los panchos”. “No tenía pechos, pero me ponía rellenos acá (en el torso), en la cadera, en la cola. Era la primera vez que él tenía una pareja travesti. Y desde el comienzo me propuso matrimonio.” Pero ella se negaba. Necesitaba “estar bien femenina”, no quería casarse “hasta estar completa”. “El me decía: ‘te quiero como sos’... ¡Por favor controlá tus nervios, Eduar –intercala al notar la tensión en la mano de su futuro marido–... El se llama Eduardo, pero le digo Eduar... bueno, le dije que después. Y un día salí y no regresé.” No convivían, pero Eduardo, que sabía que ella “trabajaba en el comercio sexual”, no supo qué había pasado.

–Disculpen... Emilse dice que dónde están las alianzas –interrumpe con timidez una voz por la puerta entreabierta, y desde el pasillo vuelven a llegar los rumores de la espera. La boda está cada vez más cerca. Eduardo, ante la noticia de los anillos inhallables, empalidece todavía un poco más; clava la mirada en su futura esposa, que sin dudarlo indica buscar en un estante determinado, entre cosas de lana, “en una telita rojita”. “A él lo veo muy nervioso”, comenta cuando la puerta se cierra.

Eduardo continúa su relato. Recuerda que, tras ese esfumarse de la noche a la mañana, la buscó; no dio con ninguna pista. “Pensé que se había vuelto a Perú sin decirme”, porque ella vive en Argentina hace años pero nació allí, donde sigue viviendo su familia. En el transcurso de esa noche, la vida de Vivian había cambiado. Meses después, en el penal de Marcos Paz, iba a la terapia; él la vio atravesar el pasillo y gritó su nombre. Era 2009; la separación llevaba cerca de cuatro meses. “Estaba desconocido. Con una facha... Yo iba corriendo, riendo, y cuando me llamó, yo volteé y lo desconocí. Le dije ‘¿qué has hecho, por qué estás así?’. El pensaba que lo había abandonado. Había caído ahí. Enseguida lo pedí para mi pabellón. Al principio, no nos creían que éramos pareja, porque cuando yo llegué a Marcos Paz no dije nada; no quería que él supiera. Pero enseguida vieron que era cierto. Y en el pabellón estábamos cerca. Ahí podías estar de la mano, besarte. Afuera no.”

–¿Por qué?

–Por respeto al Servicio Penitenciario –responde Eduardo.

–Son la autoridad mayor –acota Vivian–. Y además algunos otros internos se pueden ver celosos.

Y sin embargo, con el tiempo, en compañeros y quienes representan a la autoridad dentro de las cárceles comenzó a hacer mella la insistencia de Vivian por su identidad femenina. De nombrarla por el apellido y adjetivarla en masculino, pasaron, primero, a usar sólo el apellido; luego a tratarla de ella; ahora la refieren con su nombre femenino. La cuenta de los años se les escapa en el calendario burocrático; prefieren medir el paso del tiempo por la relación que llevan; a la pregunta de cuándo sucedió algo, responden enseguida con la historia de la pareja: a tantos años de conocerse, a tantos de “haber caído”, a tantos de haberse reencontrado en Marcos Paz, a tantos de meses de haber conseguido que el traslado a Ezeiza no separara a la pareja por disposiciones de pabellón.

“¿2005 no era que nos conocimos?”, pregunta Eduardo. “Sacá tu cuenta, pá. No te pongas nervioso. Está muy nervioso –insiste Vivian a esta cronista y el fotógrafo–. Es el gran paso de su vida, que no había podido casarse antes. Su antigua pareja falleció. Yo con esto soñaba a los 12. Siempre me dije que a los 18 iba a empezar a prepararme para tener una familia. Quería ser mujer.”

Ahora, rondan los 30, y los planes están cerca, porque ella recuperará su libertad el año próximo; él, en cambio, aún espera decisiones judiciales para saber su futuro inmediato. Desde el cambio de penal pasó algo más de un año. En el medio, por reclamar que les permitieran encontrarse en talleres y actividades deportivas, para poder compartir espacios en la vida cotidiana, Vivian pasó unos días en huelga de hambre. “Yo me desesperaba”, recuerda Eduardo. Vivian dice que lo recuerda, que sabe que él la veía mal. “Pasaba, por la ventanita quería acercarme cosas, algo para que comiera. Yo no quería nada. Me dejaba papelitos, cartitas.” Al tiempo, las autoridades concedieron los reclamos que ella y otras internas del pabellón sostenían. “Agradecí, lloré y pude verlo.”

Mientras tramitaban la unión civil, el Congreso tramitaba la ley de matrimonio igualitario. “No sabíamos qué pasaba”, dice Eduardo, que se enteró de la sanción la noche siguiente, “viendo televisión con los chicos”. “Dije ‘nah, mirá si van a aprobarla. Y me dijeron ‘mirá’. Y decían que sí, que había pasado en la madrugada.” “Gritó ‘¡Vivian!’”, grita Vivian. Acercan las sillas y sonríen.

Supieron la fecha de su casamiento con 20 días de anticipación. Estando en la unidad, fijarla no dependía tanto de sus deseos como de las posibilidades de la Justicia civil. Las disposiciones de la vida cotidiana puertas adentro no cambian: seguirá cada cual en su pabellón y podrán compartir espacios de talleres, aunque sí tendrán, sin embargo, derecho cada 15 días a una visita conyugal. “La íntima”, define Eduardo, quien recuerda que ya había comenzado a pedirla antes del casamiento. “Estaría lindo un pabellón de parejas”, arriesga Vivian, pero Eduardo procura ser realista. Dice: “Acá, digo siempre yo, estamos en cana, es lo que hay. Yo le decía a ella, cuando queríamos pedir algo, nos van a volar, nos van a separar. Pero acá estamos”.

Entraron en el gimnasio de la mano, entre aplausos. Ella había cambiado el ramo por unas margaritas radiantes que alguien le había regalado. Bajo cámaras, entre micrófonos, la jueza Catalina Ana Basilico felicitó a la pareja y recordó “las reivindicaciones alcanzadas en derechos humanos”, mientras entre el público a alguna activista empezaban a brillarle los ojos. De la mano, soltándose el menor tiempo posible, Vivian y Eduardo dieron el sí y firmaron, con un “¡vivan los novios!” de fondo que ella interrumpió al segundo: faltaban las alianzas.

–¡Melisa, Melisa! –pidió, y su compañera, que de la emoción había quedado paralizada en un rincón, apareció rauda con el tesoro.

Los novios saludaron en el patio.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-166211-2011-04-14.html

  UN JUEZ RECHAZO EL CAMBIO DE SEXO DE UNA MUJER TRANS, ALEGANDO QUE “LE DA UN ESCALOFRIO”

El juez Miguel Güiraldes negó a Maiamar Abrodos el derecho al cambio de sexo mediante una intervención quirúrgica y la modificación de su identidad en el DNI. La causa pasó por tres jueces, y por maltrato le pidieron dos veces los mismos peritajes.

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Tras casi dos años de presentaciones judiciales y pericias que favorecían su pedido, la Justicia decidió negar a una mujer trans el acceso a la intervención quirúrgica para que su cuerpo acompañe la identidad que construyó; el mismo fallo también le impide el acceso a un DNI acorde con su nombre femenino. En la sentencia, el juez Miguel R. Güiraldes explica que no accede al pedido de Maiamar Abrodos porque “con sólo pensar en ello, digo, cualquiera siente un escalofrío por lo espeluznante que implica el transitar un camino sin retorno hacia la enajenación de sí mismo”, y no es posible “modificar lo inmodificable” al afanarse en contrariar “leyes naturales” o “el sexo” recibido “desde nuestra misma concepción”. Güiraldes, que no mantuvo ninguna entrevista personal con Abrodos a lo largo del proceso, no refiere a la perspectiva de los derechos humanos –explicitada en la demanda–, pero sí reitera su preocupación por la salud mental de alguien que vive “el fenómeno del transexualismo”.

“Además de patologizarla, el juez recurre a argumentos paternalistas y la defensa de la moral pública. Y también asume el rol de médico. Es un fallo arbitrario y dogmático”, definió a este diario el abogado Emiliano Litardo, representante de la mujer trans, que “no esperaba esta respuesta”. Está por cumplir 45 años; tenía 42 cuando presentó el amparo que, por decisión de la Justicia, llegó como demanda al Juzgado Nacional de Primera Instancia en lo Civil Nº 106. En diálogo con este diario, ella explicita su urgencia: “Es un momento clave. Necesito poder intervenirme quirúrgicamente. Es para mi vida, es para ser libre en mí misma. ¿Qué voy a esperar? ¿A pasar los 50, a tener 60?”.

La tramitación de la demanda fue compleja y sumó la intervención de tres magistrados, uno de los cuales la tuvo a su cargo en dos oportunidades. La causa fue radicada a mediados de 2009, cuando el juzgado estaba a cargo de su titular, Myriam Cristina Rustan de Estrada. Fue ella quien pidió al Cuerpo Médico Forense que realizara las primeras pericias a Abrodos: estudios psiquiátricos, psicológicos, físicos y la entrevista con una bióloga. Además, algunos amigos y compañeros de trabajo debieron dar testimonios de su vida cotidiana. Los peritos la definieron como “psicojurídicamente normal” y recomendaron que la Justicia autorizara la intervención y concediera el documento bajo la identidad de género que pedía Abrodos, actriz (reestrena en estos días una obra dirigida por José María Muscari) y docente del IUNA (Instituto Universitario Nacional de Arte) y la EMAD (Escuela Metropolitana de Arte Dramático).

Poco después, por licencia de la titular, intervino como subrogante Martha Gómez Alsina, la jueza que tuvo su momento de fama durante el debate sobre matrimonio igualitario (a fines de 2009 dictó una –exitosa– medida cautelar para impedir el casamiento de Alex Freyre y José María Di Bello en Buenos Aires; durante 2010 participó de las audiencias porteñas en el Senado para denostar el proyecto finalmente aprobado). Con la causa a su cargo, ordenó reiterar las pericias, esta vez en el Hospital de Clínicas. Allí, Abrodos pidió (y consiguió) ser exceptuada de atravesar un nuevo examen físico porque esas instancias “son medievales, tenés que desnudarte, te sacan fotos, te tocan para buscar si tenés anomalías... es una situación horrible”. Por ello sólo se repitieron las evaluaciones psiquiátricas y psicológicas, y también otras entrevistas a personas cercanas a su vida diaria. Al terminar, sobre ella ya se había practicado un total de 11 pericias. Los expertos a cargo de la segunda batería de estudios también recomendaron que la Justicia accediera al pedido de Abrodos. Posteriormente, tras un breve lapso en que Rustan de Estrada retornó al juzgado, la causa quedó a cargo de Miguel R. Güiraldes, quien emitió la sentencia.

El fallo comienza por desestimar la presentación de Abrodos porque “se explaya, con abundantes citas de intelectuales”, sobre el derecho a la identidad de género. En cambio, para justificar su decisión prefiere citar bibliografía horneada en los think tanks del Opus Dei (“Identidad sexual y Derecho. Estudio interdisciplinario del transexualismo”, texto con que la docente argentina de la Universidad Austral Marina Camps Merlo aprobó estudios de posgrado en la española, y también fuertemente ligada a la Obra, Universidad de Navarra); un Manual de Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales de autoría ignota, que, contra lo que sostiene la Ley Nacional de Salud Mental (Nº 26.657), afirma que existe la “disforia de la identidad sexual” y define “el transexualismo” como “trastorno mental”; y una conferencia del juez Mauricio Luis Mizrahi, “Homosexualidad y transexualismo”.

El juez Güiraldes intenta demostrar que una persona trans lo es a causa de una cierta disfunción familiar que causa, en la infancia, el desarrollo de “una autoestima deformada y raquítica”. Pero “las causas del transexualismo no son claras sino más bien oscuras y complejas”, lo cual no le impide afirmar que “el transexualismo es un estado patológico”. De allí que se niegue a hacer lugar a la autorización para la cirugía. No sólo “un ‘cambio de sexo’ no es realizable” sino que, además, “se ha constatado que la intervención quirúrgica” en estos casos “no ha demostrado ser todo lo efectiva que se desearía a la hora de intentar fortalecer la identidad sexual de una persona”, advierte, omitiendo las fuentes. “Más aún, como se ha comprobado, se tendrán sujetos más anormales que antes.” Para aclarar el standard, el magistrado explica que “ciertas características físicas no podrán ser transformadas” por hormonas o cirugía: “La talla, la forma de la cara, de las mejillas, pies y manos. Además, los senos corren el riesgo de quedar muy pequeños en relación con las proporciones corporales masculinas”.

El deseo de la persona trans es imposible, afirma el fallo; “a lo sumo, puede concretarse una burda simulación mediante artificios técnicos, que introducen modificaciones irreversibles en el organismo de quien pretende semejante autocastigo”. Ante las “falsas ilusiones de los transexuales”, autorizar una intervención semejante, para el juez Güiraldes, es “violatorio de la moral pública”. “Los que vemos desde afuera la posición del transexual, vemos claramente que su sueño de cambiar su sexo es irrealizable”, porque “quien nació varón, morirá varón; y quien nació mujer, morirá mujer. Y ello es así aun cuando la comunidad, a través de sus autoridades, diga lo contrario y los médicos mimeticen el cuerpo ocultando su verdadero ser”.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-165986-2011-04-11.html

  LOS ORADORES DEL NUEVO TEDXBUENOS AIRES CAUTIVARON AL AUDITORIO EN LA RURAL

Hubo conferencias de las disciplinas más diversas. Y seguidores en vivo –fueron mil, todos por riguroso sorteo– y por Internet. Fue un maratón para descubrir ideas y experiencias. También hubo pantallas gigantes en la Plaza San Martín y en la Villa 31.

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Ni ciencias duras, ni especulaciones del futuro más o menos inmediato, ni revelaciones sobre experiencias humanas conmovedoras: TEDxBuenos Aires, la jornada de charlas con “ideas que vale la pena divulgar”, terminó con alguien que, ante las cámaras que lo transmitían por Internet y a pantallas de Plaza San Martín y la Villa 31, puso en escena cómo es estar atravesado por la música. Habían transcurrido algo más de diez horas con 15 charlas, y Marcelo Arce, definido como el “music man”, explicaba ante unas mil personas qué era esa cabalgata sonora (y visual, había una pantalla con imágenes ad hoc tras él) capaz de comenzar en Beethoven, pasar por Queen y desembocar en Vivaldi. “¡Viva la música! ¡Viva el arte, el arte salva!”, exclamó el expositor al terminar su intervención, y largó a ese millar de testigos al anochecer de Palermo, con música en los oídos y las vivencias mezcladas de una jornada tan extensa como ecléctica.

Aunque la penumbra del salón invitaba a concentrarse en los expositores, de a ratos la platea parecía un cielo tachonado por estrellitas: eran los smartphones, las tablets pc, las netbooks, todos los dispositivos digitales con los cuales, por si alguien no pudiera acceder a las transmisiones oficiales (un streaming de video con su audio en distintos sitios de internet), los de adentro contaban a quienes estaban lejos qué estaba sucediendo puertas adentro. Por algo, en Twitter, la más dinámica de las redes sociales, el ha-shtag (la etiqueta que designa un asunto de conversación) #TEDxBA fue Trending Topic (tema del momento) en Argentina. Por allí circularon historias de espiritualidad, de ciencia que está lejos de ser ficción, de casos individuales convertidos en ocasión de inspiración, de empoderamiento comunitario y construcciones políticas en escenarios improbables, de artes, tecnología, vida cotidiana y el sutil cambio en la historia de las mentalidades que estamos transitando quizá sin notarlo. El tiempo, siempre escaso afuera de la sala, alcanzó para todo eso, y repetirá su cadencia, como una biblioteca sin fin y siempre disponible, a partir de unos días en www.tedxbuenosaires.org, cuando estén online los videos de las exposiciones de ayer.

Faltaba poco para las tres de la tarde cuando el musicólogo Sergio Aschero mostraba un video que acreditaba su experiencia intensa y excepcional con una comunidad wichí de Formosa: en un mundo donde la oralidad reina hasta tal punto que la memoria escrita no existe, él y ellos trabajaron en conjunto hasta dar con un sistema de anotación musical. Con él, inventaron sonidos propios y crearon partituras que, en lugar de las líneas y los signos musicales, se sirven de colores y un código de rectángulos. Lo enseñó, Aschero, al público presente en el salón, jurando y perjurando en que pocos minutos todos serían capaces de leer música aun cuando carecieran de formación específica. Así de sencilla, así de democrática, insistía, es la “numerofonía”. Al cabo de unos instantes, ante la grafía de su sistema (certificado y reconocido por el Ministerio de Educación y Ciencia español), la concurrencia entera tarareaba notas que hace minutos desconocía. La Oda a la alegría de Beethoven y la Ofrenda musical de Bach pasaban en las diapositivas, en su escritura tradicional, donde “lo que se ve es muchas veces lo que no juega”, y la numorofónica, donde “lo que se ve siempre es lo que suena”. Llegó, entonces, la sigla TED escrita en esos rectángulos singulares: “A ver, leámoslo. De arriba abajo, de izquierda a derecha”, propuso Aschero. Y la platea volvió a entonar una seguidilla de “papapa pa papa ¡pa!” guiada por el maestro, que en cuanto los aplausos se lo permitieron pidió que, en el escenario, lo acompañara su mujer, Mirta. Porque “los dos somos partes de uno”, explicó. “Todos juntos vamos a leer y cantar esa música del coro wichí que vieron al principio”, arengó ella, que no debió insistir antes de escuchar a la platea siguiendo la melodía y la letra: “Wichi na/ t’i choy we t’ha/ hâp tai sis alpacas/ wet ische hen”.

Poco después, el bioquímico doctorado en Ciencias Naturales Fernando Pitossi advirtió que “después de tanto papá-papá hablaremos de mamá: las células madre”. No se trató, sin embargo, de una intervención tan preocupada por acercar el detalle de procesos complejos, como por poner en crisis certidumbres vitales a partir de saberes biológicos. “La capacidad de cambio la tenemos dentro nuestro. El cambio es posible. Lo tenemos todo el tiempo y es pilar de nuestra salud”, dijo, para insistir en que el equilibrio –aun el físico– no es estabilidad sino transformación permanente. ¿Cómo se cuantifica la capacidad de cambio? “En realidad, cambiamos tanto que nunca somos los mismos”, desarrolló Pitossi, que, a partir de su trabajo de laboratorio sobre muerte y regeneración neuronal, insistió, aprendió que la vida siempre lleva en sí la muerte. “Es como dijo María Inés Mato –señaló, en referencia a la nadadora en aguas frías que había hablado unas horas antes–: ‘El secreto es el cambio’. Y es que lo único que sabemos cuando nacemos es que nos vamos a morir.”

Las inquietudes no se pudieron haber aquietado con la tan breve pero intensa exposición de Manuel Lima, fundador de la web visualcomplexity.com, una de las “50 personas más creativas del mundo” según la revista Creativity en 2009, y apasionado comunicador de las relaciones entre el mapeo y el trabajo en red. “Todo está conectado”, el lema que gobierna investigaciones y búsquedas suyas y de artistas, científicos, programadores y geeks de todo el mundo, pone en palabras, afirmó, un cambio de mentalidad del cual pueden ir viéndose trazos en las artes, los estudios sobre el cuerpo humano, las formas que va adquiriendo el mundo, pero también los modos de abordarlo.

Poco después, Las meninas, de Diego Velázquez, ocupó la pantalla al fondo del escenario: el artista plástico Pablo García Reinoso desgranaba la no siempre sencilla relación entre el arte y el poder a partir de esa imagen célebre. Entonces, las redes volvieron a surgir: “Los ejes (del poder, del pensamiento) están cambiando”, dijo, pero “hay masa crítica pensante a la que podemos llegar gracias a la conectividad”. Es preciso “inventar nuevas metáforas con los nuevos códigos de hoy”, algo que sólo puede hacerse a partir de “ver el pasado para proyectar el futuro”. De eso, en parte, trató la exposición a dúo entre el ginecólogo Jorge Gronda y la dirigente colla Rosario Quispe, quien narró cómo los emprendimientos de un grupo de mujeres se volvieron articulador fundamental de la sociedad. Sólo queda un pendiente: “El sueño más grande: crear una universidad en la Puna”, para que los jóvenes no deban irse, para que la propia comunidad pueda disponer y apropiarse de otros saberes desde su propia perspectiva.

“La vida sin sacrificio no lleva a nada”, dijo el ex Puma Agustín Pichot poco antes del final a toda orquesta de Arce. Recordando cómo descubrió qué significaba auténticamente integrar un equipo, cómo era liderar y “esa cosa tremenda” que puede generar la motivación, compartió en una charla signada por la nota emotiva: “Para llegar, hay que escuchar al de al lado” y “querer los imposibles”. “Existen los imposibles.”


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-165913-2011-04-09.html

  OCHO TURCOS VIAJAN EN MOTORHOME CON LA IDEA DE VIVIR

Unos son DJ, otros preparan comidas especiales, escriben sus relatos de viaje y se comunican por laptops. Pasaron por Brasil, Uruguay y ahora llegan a la Argentina con ánimo de conocer.

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Alrededor hay dos cámaras de video, una de fotos, un micrófono profesional; dos mujeres y un hombre registran todo cuanto sucede en torno de dos sillones y una mesita baja de un bar de Palermo. Un señor que es cocinero, DJ y viajero turco asegura que la fórmula perfecta es combinar buena comida y buena música. “Para viajar y conocer gente ni siquiera hace falta hablar el mismo idioma”, insiste Nevzat Ataray en un inglés de acentos rudos. A su lado, Gözde Sevimil, la chica de pelo largo y sonrisa permanente, asiente: “Creemos que podemos salir de Turquía y compartir buena comida y buena música con gentes de todo el mundo”. Por eso esta troupe de trendsetters, restauranteurs y DJ de Estambul está dando vueltas por Argentina durante unos días más haciendo flamear una bandera misteriosa, llena de dibujitos de combis y que reza “Ottomobil”.

Desde hace unos días, en realidad, la banderita está huérfana de su verdadero mástil: un motorhome a bordo del cual el grupo había subido en San Pablo a principios de enero. Motorizados se encaminaron en esos días hacia el sur de América, una de las zonas del planeta que, cuentan, más remotas e intrigantes resultan cuando se las piensa desde Estambul. La troupe, que aquí trepa a seis integrantes pero fue de ocho hasta hace unos días (hubo quienes debieron regresar antes), pasó por pequeños pueblos brasileños y uruguayos sobre ruedas, pero al llegar a Buenos Aires debieron despachar el motorhome porque era muy grande, “tiene 10 metros de largo y no íbamos a poder estacionarlo acá”. Lo lamentan. Nevzat ya se había acostumbrado a tenerlo de detonador. “En cualquier lado, salís a la calle, hablás en turco y muchas veces la gente se te acerca y te pregunta ‘¿en qué estás hablando? ¿Qué idioma es ése?’. Y cuando teníamos la caravana, más todavía. Entonces la gente veía el bus grande y enseguida decía ‘¿qué están haciendo?’. En Uruguay la gente enseguida preguntaba, ¡y querían entrar! Nunca habían visto una caravana parecida. Querían saber quiénes éramos, qué hacíamos, por qué. Claro que enseguida nos decían ‘ustedes están locos’. Dormíamos ahí, tenía pintadas que decían ‘Ottomobil’...”.

No es una persona ni un personaje ni algo mítico: Otto es el restaurante que Nevzat fundó en Estambul hace ya unos años y que tiene tres casas-sedes en distintos barrios de la ciudad. Otto es, también, el espíritu de compartir lo que les gusta y escuchar lo que a otros les gusta en la otra punta del mundo. Los viajeros, que en Turquía trabajan juntos animando la cocina y el ambiente en las noches, un día convencieron a la filial turca de una megaempresa (la tarjeta de crédito HSBC Premier) para que les financiara la aventura. Mientras, ellos van compartiendo con miles de seguidores sus hallazgos y detalles de su ruta en el blog (www.ottomobilblog.com, además del original turco, hay una versión en inglés), donde, de tanto en tanto, agradecen a sus benefactores. Al volver a Estambul, con las más de 500 horas de registro audiovisual que llevan hecho, montarán un documental, quizás un libro con fotos.

Les gusta recordar que al dejar Estambul se dieron un slogan: “Viajar sin ataduras”. Eso quiere decir, aclara Nevzat, que “no decimos de antemano ‘cuando lleguemos a tal lado, haremos tal cosa, hablaremos con tal o cual’. Nada que ver”. En un mundo donde toda información parece posible a condición de buscar en Internet o preguntar en redes sociales, el grupo trabaja para procurarse la sensación de estar a la deriva, “a miles de kilómetros de casa, sin conocer el lugar, sin conocer a nadie en ese lugar. Eso es lo más lindo: no saber nada y que pasen cosas. No necesitás conocer de antemano. Basta estar. Ahora conocemos gente de acá, gente de acá nos conoce, conoce algo de mi país, de mi música, de mi comida. Eso es lo genial”. La única excepción, aclara Gözde, es que en cuanto pisan una ciudad, un pueblo, el lugar que sea, buscan Internet.

Viajan con laptops, con cámaras, con equipos de video, de sonido, “y con condimentos y especias que trajimos de Turquía”. No salen sin ellos: y los usaron, hace sólo unos días, para preparar una comida de 12 platos a la que invitaron a algunos afortunados que degustaron salsas, pastas hechas de granos y verduras (lentejas naranjas, porotos verdes y blancos, berenjenas), pequeños sabores envueltos en masa philo, carnes especiadas... Comida, contó el cocinero profesional Nevzat, “como la que serviría mi madre... Bah, no tan buena”.

svallejos@pagina12.com.ar


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-165041-2011-03-28.html

  BERGOGLIO CELEBRO LA MISA EN EL DIA DEL NIñO POR NACER

En la Catedral, poblada sobre todo por mujeres mayores y monjas, el cardenal convocó a enfrentar lo que llama “cultura de la muerte”. Mientras adentro rezaban, afuera un grupo de musculosos desafiaba a militantes por la despenalización.

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Con el Ave María del Mesías de Haendel, el coro había dado paso al cardenal, los cuatro sacerdotes, la marcha grave con que se ubicaron tras el altar de la Catedral, el inicio de la misa. Era el octavo año, recordó uno de los auxiliares del oficio, que en Argentina se celebraba el Día del Niño por Nacer, en la fecha que el calendario vaticano conmemora que un ángel anunció su embarazo a la Virgen María. Un rato después, ante una feligresía nutrida en su abrumadora mayoría por monjas y señoras mayores, el arzobispo de Buenos Aires, Jorge Bergoglio, se congratulaba de estar allí “el día más luminoso del año”, buscando desmitificar “la cultura de la muerte” y previniendo a sus fieles: “¿Tenés coraje o estás somnoliento? ¿Qué te anestesia? (La Virgen) María no tenía anestesia alguna. Tenés que sacudirte esta anestesia que nos presenta esta civilización decadente” que “tiene los valores trastocados”. Desde las primeras filas, el ex juez Hernán Bernasconi asentía; a metros del altar, donde la reclamaba su función de auxiliar del oficio, la periodista Alicia Barrios también.

La misa, cuyo final daba comienzo a una convocatoria de rezo grupal, duró poco más de una hora, al cabo de la cual, entre la Catedral y la Plaza de Mayo, se registraron escenas confusas entre unas 30 mujeres prodespenalización del aborto y algunos jóvenes musculosos que vivaban a Cristo Rey. La gresca duró poco, pero alcanzó para exaltar a los muchachos que, al retirarse hacia la escalinata del templo, señalaban con desconfianza, ante la policía, a los periodistas presentes allí, entre ellos esta cronista y la fotógrafa de este diario. Luego de disculparse, algunos explicaron que su inquietud obedecía a la “provocación” de esos grupos alineados con “organizaciones internacionales a favor del aborto, como la OMS, la ONU, esa mierda. Todos sabemos que el mejor anticonceptivo es una aspirina entre las piernas”.

El templo estaba poblado por una concurrencia ecléctica. Tanto podía verse una nutrida cantidad de monjas con variedad de hábitos, como señoras mayores y muy mayores, treintañeras rodeadas de nubes de al menos tres niños, algunos señores y unos pocos jóvenes de entre veinte y treinta años. Algunos, pocos en comparación, adolescentes también. El ruido leve de rosarios colorados, blancos, amarillos, de plástico e indispensables en la convocatoria “Rosario por la vida”, matizaba la espera pasando entre manos de la feligresía que se disponía a escuchar lo que el Arzobispado había anunciado como una advertencia sobre “la gravedad moral y jurídica” del aborto. El ingreso a la Catedral también parecía augurarlo, con el reparto de volantes alertando acerca de la “Operación ‘Herodes’”, la convocatoria a las “jornadas de capacitación para el servicio a la vida” (un voluntariado para un “servicio de ayuda que acompaña a la embarazada en dificultad para prevenir el aborto”) y afiches que recordaban que “Jesús también fue un embrión”.

El mensaje del jefe de la Iglesia local, en realidad, no hizo más que reiterar el contenido de anteriores comunicados, con algunos matices en lemas ya clásicos de la oposición al derecho al aborto y todos los malabares necesarios para no mencionar explícitamente la intervención.

Bergoglio definió como “santuario” el “seno de María”, quien “acompañó a la vida que acababa de concebir” y que, “esperó como toda madre espera a un hijo, con mucha ilusión”. Jesús, aseguró, “nació sin ninguna comodidad, en situación de calle. No había lugar para él, y ello acompañó”. También, siguió, lo hizo “en su soledad, esa noche que lo torturaron toda la noche (antes de la crucifixión). Acompañó la vida de su hijo y su muerte”. Esa, redondeó, es “María, la mujer que recibe y acompaña la vida hasta el final, con todos los problemas que se puedan presentar”. Tras unas preguntas retóricas acerca del cuidado por los ancianos y la unión familiar, Bergoglio definió: “Si no amamos, caemos en el egoísmo y uno se enrosca en sí mismo. En acariciarse a sí mismo”.

Tras la comunión, precedida por oraciones en las que los gestos aprendidos en celebraciones más fervorosas y carismáticas delataron la presencia de numerosos fieles de cultos evangélicos, Bergoglio y los sacerdotes que lo acompañaban se retiraron. Pocos concurrentes abandonaban la Catedral; la mayoría permaneció rezando el rosario.

svallejos@pagina12.com.ar


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-164925-2011-03-26.html

  EL CURA NICOLAS ALESSIO RESPONDE AL ARZOBISPO QUE RATIFICO SU SUSPENSION

El arzobispo de Córdoba respaldó por primera vez en público la suspensión del sacerdote que apoyó el matrimonio igualitario. Dijo que fue una “dolorosa situación”, pero que la expulsión del cura era un “deber”. La respuesta de Alessio.

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Que la Iglesia Católica suspendiera al sacerdote Nicolás Alessio, por haber apoyado el matrimonio igualitario, fue una “dolorosa situación”, aseguró el arzobispo de Córdoba, Carlos Ñáñez, en un comunicado, el primero desde que la condena quedó en firme, el 17 de este mes. Pero a pesar del dolor, así debió ser, justificó el prelado, porque es su “deber” el pedir a “todos los miembros de la comunidad arquidiocesana la adhesión” a lo señalado por la jerarquía eclesiástica y “señalar las conductas que se apartan de dicha senda” para “corregirlas debidamente”. La explicación no conmovió al sancionado Alessio, quien, en diálogo con Página/12, calificó de “patético” el comunicado y se mostró sorprendido por la “incapacidad de humanidad” de Ñáñez, porque “jamás, desde el año pasado hasta hoy, ha tenido la humanidad de hacer siquiera una llamada por teléfono para decirme ‘vamos a charlar este tema’”. Alessio descree porque, dice, esa falta de iniciativa “no es de alguien dolido”.

En el comunicado, el arzobispo Ñáñez refiere su pena por no haber podido operar “ninguna modificación” en el apoyo público de Ale-ssio al matrimonio igualitario. Por esa negativa del sacerdote a desdecirse, “me vi en la obligación de disponer la sustanciación de un proceso judicial” canónico. Tras ratificar que su “deber de pastor” es lograr la obediencia a las palabras de la jerarquía, la “Iglesia Universal que preside el Papa”.

El juicio canónico resolvió que Alessio no está autorizado por la Iglesia Católica para celebrar misa ni para administrar los sacramentos. La sanción, al no apelar el condenado, quedó firme el 17 de este mes. Sin embargo, el sacerdote suspendido no fue excomulgado: vale decir, no ha sido separado de la institución ni expulsado de ella.

El arzobispo Ñáñez, afirmó Ale-ssio en diálogo con este diario, “no se comportó en ningún momento como un hermano mayor, algo que tendría que haber sido, ni como un pastor atento a su rebaño, ni como un padre dedicado con sus hijos”. Desde que él desistió de rectificar su apoyo al matrimonio igualitario, a mediados del año pasado, su superior eclesiástico mantuvo distancia: “Jamás he tenido de parte de él una invitación al diálogo”, aseguró, y la única intermediación entre ellos ha sido realizada por emisarios formales, “empleados del Arzobispado que tenían que notificarme del proceso, del juicio”. “De todas formas, no me sorprende, porque Ñáñez actuó como un funcionario obediente.”

–En el comunicado, Ñáñez insiste en la necesidad de que la comunidad religiosa, institucional o no, no discrepe.

–Sí, llama la atención el temor que parece tener de que muchos no adhieran a su sanción. Es que realmente para mucha gente de la sociedad civil y el ámbito cristiano la decisión de sancionarme fue vergonzosa.

–El 14 de marzo, usted celebró un casamiento, a pesar de la sanción. ¿La institución o el arzobispo se comunicaron con usted a raíz de eso?

–No, para nada. Intentan silenciar estas cosas e intentan que la gente no me busque. Creo que el objetivo es que la gente no me siga pidiendo casamientos, bautismos...

–Pero lo siguen buscando.

–Me llaman, por supuesto. Mañana (por hoy) tengo que darle la unción a un enfermo en el barrio, me llamó una vecina que quiere que vaya a visitarlo. La gente, con mucha sabiduría, está mucho más allá de estos cánones, de las leyes eclesiásticas, de esta burocracia. Entienden que tienen derecho a buscar el sacerdote que ellos quieren.

–¿Pero la jerarquía podría accionar en su contra por las celebraciones que sigue oficiando?

–Existe la posibilidad, porque para ellos esto es cometer actos ilícitos.

–Eso, porque usted sigue perteneciendo a la institución.

–Eso es lo más ridículo. Me prohíben el ejercicio del sacerdocio, pero no estoy excomulgado. Quieren seguir callándome, escondiéndome, prohibiéndome. Pero a la comunidad y a mí todo lo que digan nos tiene sin cuidado. No damos valor a esa burocracia canónica. Ellos no tienen atado a Dios. Quisieran tenerlo con sus cánones y condenas, pero Dios es mucho más grande que todo eso.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-164807-2011-03-24.html

  UNA TRAVESTI INGRESARA A TRABAJAR EN EL PODER JUDICIAL DE LA CIUDAD

Por primera vez, un juzgado tendrá como administrativa a una travesti, y su incorporación se efectivizará con su nombre de género, pese a no tener aún el cambio en el documento. Tendrá una bienvenida con un acto organizado por el Consejo de la Magistratura.

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Mariana Gómez será desde hoy la primera travesti en incorporarse al Poder Judicial. Cuando recuerda que su bienvenida será un acto organizado por el Consejo de la Magistratura, y que el evento coincide con la inauguración de la nueva sede del Foro Contencioso y Administrativo Tributario porteño, refiere vértigo. “Puedo ser todo lo que quieras, pero en ese momento me va a agarrar un terror terrible. A no saber qué hacer, cómo reaccionar”, dice, y una amiga que la acompaña para aliviar los nervios de la entrevista, y con quien se conocieron haciendo militancia social en un comedor de La Boca, propone una solución sencilla: “Vos sonreí”. Posiblemente lo haga: desde hoy, su nuevo trabajo, el segundo formal y en blanco en sus 31 años de vida, la reconocerá también por el nombre que eligió para su identidad de género, aun cuando el DNI todavía afirme una identidad que ya no reconoce como propia.

Aunque el Estado nacional todavía no la reconozca como tal, la designada es Mariana, gracias a una ley porteña sancionada en 2007 (la Nº 3062). Poco conocida y aún menos usada, la norma estipula el respeto por “la identidad de género adoptada por travestis y transexuales que utilicen un nombre distinto al consignado en su documento”. De acuerdo con el texto legal, el Estado porteño debe relacionarse con quienes así lo pidan sirviéndose de ese “nombre adoptado”. Todos los actos administrativos y legales públicos, así como aquellos realizados en “entes descentralizados, entidades autárquicas, empresas y sociedades del Estado y todas aquellas otras organizaciones empresariales donde la Ciudad Autónoma de Buenos Aires tenga participación”, deben vincularse con esa persona respetando la identidad de género que construyó.

Por eso, para el Poder Judicial de la Ciudad, Mariana será Mariana. “A veces me pongo a pensar: ‘me están diciendo Mariana’. ¿Entendés? Como que debe ser loco y difícil para tu madre, que te puso Rubén Darío, ponele, llamarte Mariana.” Pero su familia lo hace, y en adelante lo hará también el Estado, que la contratará como auxiliar administrativa del Juzgado Nº 4, a cargo de Elena Liberatori. De hecho, suya será la llave del lugar, porque su primer puesto estará en mesa de entradas.

Hace sólo unos días renunció al restaurant de Barrio Norte en el que, en dos años, pasó de ser bachera a encargarse de la cocina. “Me dejaban ascender por un mínimo sueldo más, no es que cobraba muchísimo más. Pero a mí me gustaba igual: es la sensación de ir superándome. Me fui metiendo y me fueron aceptando. Aparte, porque le tenés que poner onda. Si no, te estancás, como en todo, ¿no? A vos te pueden llegar a contratar para, no sé, limpiar pisos, pero si de repente le ponés onda podés empezar a ascender”, dice. Mariana, a quien sus amigos llaman “Seji” (“un sobrenombre que me puso mi abuela de chiquita”), cree que se trata de tomar decisiones.

–También puede tratarse de una cuestión de oportunidades.

–Puede ser, pero yo estuve en ese lado también, y he estado trabajando de lo mismo... He estado a la noche trabajando de eso, y de día de otra cosa. Llegó un punto en que por el cansancio tuve que elegir: o uno o lo otro. Y no me quedé con lo más fácil. Sé que es así. Te tenés que poner fuerte y salir: decidir. No soporto a la gente que no piensa a futuro.

–¿Cómo piensa este paso, el ingreso al Poder Judicial, sabiendo que es el primer caso con estas características?

–Como todo: para mí va a ser difícil. Y a la vez dan ganas de decir: “¿por qué a mí?”. Por qué no tener ya todo como armado, no sentir que estás rompiendo una estructura. A la vez es una sensación linda, a quién no le gusta ver un cambio. Pero te vas acostumbrando. Yo, por ejemplo, trabajé en bares donde había sólo chicas. Y tampoco yo había visto nunca una bachera travesti. Siempre es lo mismo. Por eso digo que romper estructuras es constante: ¡hasta para lavar los platos lo hice!

svallejos@pagina12.com.ar

Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-163755-2011-03-09.html

  EL CURA ECHADO POR DECIR LO QUE PIENSA


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“Si alguien me pide una misa o una confesión, lo voy a seguir haciendo”, dijo ayer el sacerdote Nicolás Alessio, a quien la Iglesia cordobesa echó de sus filas porque, al declararse públicamente a favor del matrimonio igualitario, cometió “rechazo pertinaz de la doctrina”. El alejamiento obligatorio de Alessio del ministerio público sobrevino tras un juicio canónico iniciado por el arzobispo provincial Carlos Ñáñez en julio del año pasado, a poco días de que fuera sancionada la ley. La sentencia establece, puntualmente, que Alessio tiene prohibido “ejercer en público la potestad sagrada”, que implica celebrar misas y cualquier otro sacramento católico, recibir confesiones y dar la comunión. Con la decisión, “la Iglesia sigue siendo coherente con la actitud que tuvo el año pasado”, señaló Alessio en conversación con Página/12: “Es antidemocrática, autoritaria y se opone a todos los que piensen distinto”. Por ello, aun cuando no busque seguir perteneciendo a la institución, asegura que continuará ejerciendo como sacerdote.

La pena impuesta, que refiere como “censura”, sólo ratifica “lo que ellos pensaban: que el matrimonio igualitario es una aberración, que los homosexuales son enfermos peligrosos a quienes hay que tenerles lástima pero no reconocerles derechos”. Mientras que la institución sigue sin amonestar a “sacerdotes pederastas” como el obispo Edgardo Storni o el cura Julio César Grassi, a él se lo castiga por “pensar distinto”. “De esta manera, la jerarquía ratifica lo que piensa, y además busca disciplinar a otros que puedan pensar diferente.” El sacerdote, de 53 años, también fue conminado a abandonar la casa parroquial en la que vivió los últimos 27 años.

–Cuando plantea que su expulsión tiene el objetivo de disciplinar, ¿indica que hay otras voces disonantes dentro de la institución?

–Acá en Córdoba fuimos un grupo de sacerdotes que apoyamos el matrimonio igualitario, por ejemplo. Pero en el resto del país también hay. Y además hay fieles cristianos y religiosas que lo apoyaron y lo apoyan. Pero con esta medida quieren imponer el miedo. Quieren dejar claro que el que piensa distinto y se anima a decirlo se vuelve un blanco para que se haga un juicio y se lo censure.

–El arzobispo Ñáñez le había impedido celebrar el ministerio en su parroquia ya a mediados del año pasado, cuando comenzó el juicio.

–Esa era una medida cautelar mientras se sustanciaba el juicio. Ahora que el juicio termina, se dicta esta sentencia y la cautelar se vuelve definitiva. Se me prohíbe el ejercicio del ministerio en cualquier lugar público. Obviamente que no me interesa, yo me he corrido del estado clerical. No quiero ser cómplice de esta estructura. Pero por otro lado, una señora me ha pedido que dé una misa en su barrio en estos días. Lo voy a hacer, porque no reconozco la legitimidad de la prohibición. Mi ministerio es del pueblo de Dios, no de los obispos. Si alguien me pide que lo confiese, si me piden por un enfermo que necesita la unción de los enfermos, no tendré prurito en administrar estos sacramentos, porque el ministerio es un don para la gente y no algo que controlen los obispos.

–¿Estos meses transcurrieron así?

–Sí, tratando de no crear demasiada tensión en la comunidad parroquial, por eso en las misas de fin de semana me corrí y dejé que el sacerdote interventor siguiera. Pero no me he apartado de la comunidad.

–¿Cómo será su vida en adelante? ¿Cómo sobrevivirá?

–Mi trabajo era éste. Y tengo un trabajo por lo menos dos años más, como asesor en la Cámara de Diputados, en el bloque del partido de Luis Juez. Asesoro en temas de educación a la diputada Susana Mazzarella, que todavía tiene dos años de mandato. De acá a dos años, tendré que buscar otro trabajo, porque la verdad es que uno queda así, en la calle.

–¿Le resultó sencillo empezar a trabajar en el mundo político?

–No, pero he tenido una trayectoria de muchos años de compromiso con los más pobres, con los movimientos piqueteros, con las fábricas recuperadas. Mi militancia social tiene una larga trayectoria.

–¿Ninguna de esas cosas le había generado roces con la jerarquía eclesiástica?

–No. Sí hemos tenido diferencias, sobre todo con el cardenal (Raúl) Primatesta. Pero jamás había pasado algo como este absurdo por pensar distinto. Esto del arzobispo Ñáñez es un despropósito, no tiene sentido. Solamente una institución terriblemente autoritaria puede llevar adelante este proceso.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-163677-2011-03-08.html

  EL AUGE DE LOS PRODUCTOS TEXTILES Y DE DISEÑO FABRICADOS POR ORGANIZACIONES

En locales y hasta supermercados se ven cada vez más bienes generados bajo normas del comercio justo. Aquí, la experiencia de un grupo de presas y ex detenidas, una tienda que beneficia a escuelas rurales y una textil libre de trabajo esclavo.

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Donde hay una necesidad, hay un producto. Puede que no siempre se note, pero detrás de objetos tan abrumadoramente cotidianos como una remera, un saco, un adorno, últimamente no hay sólo consumismo bonito. Alcanza con raspar la superficie de belleza o utilidad para encontrar lo inesperado: asuntos sociales complejos buscan respuestas en el mercado, y por su cuenta. Mal no les va. Porque las nociones de responsabilidad social incorporadas a los productos son el nuevo chic, porque los productos son lindos, porque el gesto snob puede más: cualquiera sea el argumento, en góndolas, tiendas, y hasta supermercados, se ven cada vez con más frecuencia bienes generados con el criterio de comercio justo, sustentable, atento a valores humanos, preocupado por el uso de los recursos naturales.

Lejano como puede parecer el concepto, la realidad resulta bastante más palpable y contundente. En una etiqueta se traducen desenlaces de historias que cualquiera escuchó, leyó, vio, un día cualquiera. Algunas de esas historias todavía no terminan.

Coser para (el) afuera

Son todas mujeres. Todas saben cómo vivir en un penal para cumplir condenas con privación de libertad. Ahora cosen. En algunos casos porque están en libertad transitoria, en otros por disfrutar de la domiciliaria porque son madres y tienen criaturas que cuidar, en otros más se sirven de cuanto aprendieron en los talleres no tan optativos del encierro. De sus manos, de las máquinas que tienen en el taller textil de Yo no fui (YNF), la Asociación Civil devenida “Proyecto artístico y social”, salen pájaros de trapo, banderines de tela con todos los colores del mundo, fundas de almohadón con dibujos y poesías (creadas en otro de los talleres), objetos tan lindos e inesperados como pelotitas hechas de recortes de géneros.

Es una de las tardes de lluvias infinitas y cuatro mujeres arman cajas, bolsas, paquetes. Queda poco: tras años de compartir espacio con los otros dos talleres de YNF (el de serigrafía y el de poesía, que continúa fuera de las reuniones que tiene hace años muros adentro), los petates de la textil dejan el pasaje mágico que es el Mercado Bonpland (Bonpland 1660) para instalarse en Barracas, dentro del Centro Demostrativo de Indumentaria (CDI), del INTI, que nuclea a empresas asociativas.

“Y por suerte las máquinas ya están listas para que empecemos a trabajar”, suspira con alivio Marcela Bonifacio, la diseñadora de indumentaria que un día se incorporó al proyecto para coordinar el espacio textil, compartir enseñando lo que sabe por años de trabajar en diseño y facilitar a las integrantes de YNF el contacto con la industria, el comercio, el circuito que vuelve productiva y real una buena idea. Llegó unos minutos tarde, se disculpa, porque acaba de “buscar unas prendas en lo de una chica con domiciliaria. No tiene máquina, pero hace lo que puede a mano: detalles de terminación, tejido a crochet, tejido a dos agujas”.

Actualmente, cuatro de las trabajadoras del taller cumplen arresto domiciliario; otras siete son las que –por gozar del régimen de semilibertad, o por haberla recuperado– trabajan efectivamente con las máquinas. Pero no están todas las que quieren. “Tenemos como 40 chicas esperando, pero no alcanzan las máquinas, o no tenemos forma de llegar a los lugares donde viven para buscar la mercadería.” El pronóstico dice que, una vez instalado el taller en Barracas, podrán ser más. Por lo pronto, allí darán cursos en tres niveles, para capacitar integralmente a mujeres que, muchas veces, “salen de la cárcel sabiendo manejar muy bien una máquina de coser, pero sin animarse a crear, a imaginar cosas”.

El rumor de la mudanza persiste. Es que las chicas están apuradas: cae la tarde y en un rato deben tomar el colectivo que, dos horas después, las deje en el penal de Ezeiza, donde todavía cumplen condena. Salen en la mañana, para trabajar, y regresan en las noches, nunca después de las 9. Y en medio de ese aprendizaje de volver a vivir afuera, “experimentación” es la palabra clave para trabajar. El taller recibe donaciones: retazos, restos de producción, objetos de utilidad inimaginable para la industria. A partir de ellas, y no con una idea preconcebida, es que las mujeres imaginan sus productos. “Hacemos reuniones, tiramos ideas, damos vuelta a las cosas que pensamos.” Así nacieron hits del taller: los banderines de tela. También los animalitos de trapo y los móviles para habitaciones infantiles que van siendo clásicos de su producción como los anotadores lo son del taller de serigrafía. En unos días, darán un paso enorme: mostrarán su producción en Cafira Innova, la feria internacional de la Cámara Argentina de Fabricantes e Importadores de Regalos y Afines. La invitación llegó de la propia Cámara, que también las alentó en el diseño de un plan de negocios y las pondrá en contacto con las empresas del sector. Para ese evento, el taller textil de YNF diseñó toda una colección: almohadones, muñecos de cama, unas alfombras multicolor en crochet de delicadeza indescriptible, ropa de cama.

La pelea es inventarse un lugar propio en el mercado. Entretanto, lo cotidiano es producir para poder seguir vendiendo objetos útiles y de decoración que oscilan entre los 15 y los 100 pesos (se encuentran en el Mercado, pero también en locales de Palermo y Belgrano, cuyas direcciones, junto con más información, están en yonofui.org.ar). Lo que importa, señala Bonifacio, es el objeto de calidad. “En un local, la gente elige el producto, no la historia que hay detrás. Por ahí, entre dos productos iguales, la historia de la etiqueta termina de resolver la decisión. Pero no se elige por la etiqueta o porque es algo que proviene de la economía social. Se enteran después.”

El lujo es vestirse para otros

“La gente, cuando viene acá, sabe que compra pensando en otra persona. Esta no es una compra enteramente egoísta”, sostiene Ariel Estanga, responsable de La Remera. A ese local de elegancia despojada escondido en uno de los pasajes más conocidos de Recoleta (el Toldo 1 Ñ de la Rue des Artisans, Arenales 1239), dice él tras una temporada de abrir la puerta cada día, se suele llegar sobreaviso. Quien va, sabe que por cada prenda que compre, una remera de algodón llegará a un nene o una nena que concurra a una escuela rural. Es la esencia misma de la marca, que se vinculó con la Asociación Civil de Padrinos de Alumnos y Escuelas Rurales (Apaer), una ONG que distribuye donaciones en una red de 4500 establecimientos de todo el país. “Si comprás acá, sabés que estás donando una remera a un niño que la necesita. Y si alguien no conoce la marca, si llega de casualidad, se lo explicamos. A alguna gente le encanta; pero también hay otra a la que no le importa.”

El sistema al que recurre La Remera no está extendido en Argentina, pero está lejos de ser inusual en Europa. Allí vivió Estanga más de una década, diseñando zapatos para la cadena Zara primero y la firma Mango después. De esa experiencia en la cotidianidad de la industria trajo la idea: aplicar el sistema de donaciones “get one give one” (“tener uno, dar uno”), que gusta referir como “uno a uno”. Es “hacer que la marca tenga algún tipo de responsabilidad social. Acá es algo más nuevo, pero también más necesario”. “Viviendo acá solés hacer la vista gorda, pero después de haber estado tantos años afuera y haber vuelto, te pega un poco ver la realidad. No es divertido vivir adentro de un shopping”, explica Estanga a pocos días de lanzar su segunda colección.

En la moda como un universo no impermeable a lo que sucede en la sociedad, Estanga pareciera imaginar a la responsabilidad social como una idea en cadena. Cada prenda se produce íntegramente en talleres locales: tejidos, prototipos, producción. Los precios, dependiendo del tipo de prenda, oscilan entre los 60 y los 200 pesos. En estos meses, llegaron a entregar 500 remeras. La donación quedó registrada en fotos: para él, pero también pensando en sus clientes, que en el 90 por ciento de los casos deja su dirección de correo electrónico para seguir al tanto del proyecto, o visita el perfil en Facebook. “Porque la idea tiene que ser tangible hasta el final.”

Cómo inventarse la libertad

Hay reglas estrictas: nadie debe trabajar más de 8 horas; los niños no pueden estar en medio del taller, mucho menos ayudar; los ingresos se distribuyen entre todos y en partes iguales; las decisiones se toman tras debates colectivos. Las condiciones son tan válidas en Argentina como en Tailandia, y no en un sentido figurado: No Chains, la firma “libre de trabajo esclavo”, es copropiedad de dos organizaciones formadas “por trabajadores sin patrones que ha luchado por sus derechos y trabajan en forma cooperativa”, como explica las etiquetas de remeras, camperitas y buzos. Las prendas que hacen aquí Mundo Alameda y en Tailandia Dignity Returns hay quienes las compran por snobismo, otros por convicción, otros más porque les gusta lo que ven, pero de cualquier modo “a nosotros nos sirven todos los motivos”, explica Tamara Rosenberg, ante una mesa poblada de cortes de tela que pronto serán chalecos para una cooperativa cartonera. De la planta baja llega el aroma de la cocina, que prepara el almuerzo, mientras una radio con música alegre suena de fondo. A unos metros, desde una pared, un retrato de Evo Morales, dibujado e impreso en computadora, preside una de las máquinas de coser.

Estrenada a mediados del año pasado, la marca tiene como base el taller que la ONG, conocida por sus denuncias de talleres textiles esclavistas y de redes de trata de niñas y mujeres para explotación sexual, armó en 2005. Entonces eran pocas máquinas en el primer piso del espacio que, tras haber sido confitería barrial, supo mutar al calor de las transformaciones socioeconómicas argentinas: diciembre de 2001 legó una asamblea barrial que autogestionó el espacio, montó un comedor popular, se volvió cooperativa. Ahora, sin relegar de esas ocupaciones, integran lo que Rosenberg llama “la economía social”, es decir, el universo de pequeños productores que se alían a partir de dificultades y problemáticas en común. Algunos de los 14 trabajadores que componen actualmente Mundo Alameda, por caso, han sido explotados en textiles con regímenes de servidumbre. Ahora se turnan para trabajar todos pero no a destajo, tener un resto para vivir y seguir produciendo, fidelizar clientes y garantizar producción de calidad. Lo van logrando, con remeras que rondan los 60 pesos y cuyas estampas fueron elegidas por un concurso internacional convocado y realizado por internet (www.mundoalameda.com.ar, www.nochains.org).

“Todos vivimos de lo que producimos acá, pero no somos empresarios”, explica Rosenberg. Por eso “no nos podemos ocupar de lo formal, el marketing, lo estratégico” del comercio y eligen, al menos hasta ahora, abocarse a la producción. Desde mediados del año pasado hasta ahora terminaron unas 900 remeras; sólo quedan 200 en stock, aunque los puntos de venta sean pocos. Hay un mercado.

svallejos@pagina12.com.ar

Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-163532-2011-03-06.html

  SUSANA SAULQUIN, SOCIOLOGA


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Son momentos históricos: estamos viendo agonizar la moda tal como la conocimos, o al menos tal como la inventó el siglo XX. Metáfora del mundo cotidiano, traducción del mundo económico y laboral en telas, moldes, colores, calidades, la moda no es otra cosa que un sistema. Por eso, recuerda la socióloga Susana Saulquin en La muerte de la moda, el día después (la actualización, recientemente publicada por Paidós, de un viejo texto), la moda regula “las relaciones sociales, apropiándose de la lógica de la distinción social”. Las prendas, los estilos, las propuestas y los imaginarios a que recurren quienes animan el diseño de indumentaria, históricamente, no podrían descuidar la mirada de la industria. Había sido clara Miranda Priestley (alter ego de la todopoderosa de la moda Anne Wintour) al levantar en peso a la novata desaliñada en Devil wears Prada: renovar las prendas, poner de moda una paleta, un corte, un género, tiene más de circuito económico que de capricho. Pero todo eso se termina. Saulquin dice que no hay vuelta atrás, y “lo sostengo con dos puntos de partida que me sirven de marco conceptual”.

–Por un lado –explica–, desde 1995, y aproximadamente hasta el 2020, están actuando al mismo tiempo dos sociedades diferentes. Por un lado, la industrial, orientada a lo seriado, basada en la producción serial y el consumo máximo. En ese universe, se trata de promover consumos, de orientar la estética a la gente joven, de exigir gente estéticamente atractiva a todo costo, por lo cual se desarrollan fuertemente las cirugías estéticas. Ese, digamos, es un combo. Pero, por el otro, se está aproximando una sociedad diferente, que es la digital, que tiene otros fundamentos ideológicos. Así como la anterior, tan propia del siglo XX, tenía como fundamento ideológico la producción seriada para el consumo, como ficción de felicidad la producción para el consumo, el sustento ideológico del siglo XXI es el cuidado de los recursos humanos y del planeta. La salud tiene una importancia capital. Por eso la idea de belleza también muta.

–¿Se orienta a dejar de endiosar un ideal de cuerpo que sólo puede obtenerse a partir de intervenirlo?

–Sí. Hasta ahora, lo que importaba exclusivamente era la estética de perfección, aun si el cuerpo estaba intervenido por procesos cruentos, o si no se lo nutría y alimentaba y por eso terminaba bulímico o anoréxico. Ese modelo cambia. La nueva belleza está basada en la autenticidad.

–¿En qué puede percibirse eso?

–Por lo pronto, en algunas publicidades. También en iniciativas como las leyes de talles, que exigen talles más grandes y cotidianos, e iniciativas de la sociedad civil como el Club del Pie Grande. La sociedad empieza a responder a ideas de diseño más individualizado. Hay un movimiento de cuidado de la gente, de la salud. Recién comienza y falta mucho, pero a lo largo del siglo se va a ir viendo la posibilidad de que el universo de la moda cambie en beneficio de lo más diversificado.

–¿Y a nivel mundial?

–No se puede hablar ya de algo que pasa en un país y no en otro. Es un movimiento global de la sociedad. Hay como alergias a los autoritarismos, y una tendencia fuerte a aceptar la diversidad. Por eso una Lady Gaga puede tener el lugar que tiene actualmente en el universo. El universo de lo masivo está terminando; y con él la idea de la moda, de las marcas, que son masivas. Toda la industria jeanera, que es la masividad extrema y produce la prenda emblemática de la sociedad industrial, va a seguir existiendo pero sin esa importancia enorme que supo tener.

–En el libro también plantea que en la caída de la moda como sistema emergen distintas tendencias.

–Sí, porque lo masivo cae y surge, por ejemplo, la recuperación, el reciclado, el vintage. Aquí se vio y se ve en iniciativas de distintos diseñadores y de marcas nuevas. Eso indica un cuidado de recursos y del planeta, algo que viene a estar contra el consumo. En ese sentido, el algodón, que servía de base a las T-shirts con colores muy fuertes y era base de la vestimenta seriada, también pierde su importancia. Aparecen las lanas de extremo lujo, el cashmere, los camélidos. Acá, la llama argentina, los guanacos. ¿Por qué? Porque el algodón tiene procesos tintóreos húmedos que van contra el planeta. Y el cambio climático marca la punta. También en la misma línea aparecen las iniciativas de comercio justo y las que combaten el trabajo esclavo. También se abre otra línea: la de los textiles técnicos.

–¿Qué ejemplos hay?

–En el nivel cotidiano, podemos pensar en las camisetas de fútbol, que tienen procesos para no transpirar, para no tener calor. También hay ropa interior con tecnología incorporada. Las nuevas patentes pueden ser cosas increíbles sólo accesibles a un grupo de gente.

–Un nuevo lujo.

–Sí, que ya no es lo ostentoso sino la calidad de vida al máximo nivel. Si puedo tener un vestido que nunca me dé calor o frío porque regula la temperatura en relación con el ambiente, o uno que cambie de color para que no me aburra, voy a tenerlo. Es lo nuevo y lo que está llegando. Alguna gente elegirá eso, otra lo vintage. Son los permisos que te da al perder la moda como unidad y articular de todo.

–El mercado ahora sí acepta lo lúdico, y hasta estimula la excentricidad.

–El mercado quiere lo diferente. Y la sociedad lo tolera, ojo. Hace veinte años no era tan fácil. Una vez, en la calle, yo iba con una boina grande negra y me gritaron “¡no estás elegante, estás ridícula!”. Un señor. Y un conductor de TV me dijo “no puedo hacerle la entrevista con esa boina porque me disperso”. A principios de los ‘90. Ahora ya no pasaría, creo.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/subnotas/163532-52381-2011-03-06.html

  LOS GRUPOS VIRTUALES QUE SE FORMAN EN TWITTER

Hay quienes organizan fiestas, otros se juntan para jugar al fútbol y hablar de política, están los aficionados a los cafés notables. Todo, vía Twitter. Cómo se organizan, cómo se conocen.

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Pasar horas y horas ante una computadora ya no es, necesariamente, sinónimo de reclusión solitaria. Es más: hasta podría llegar a ser indicio de una intensa vida social que transcurre, como algunos programas informáticos, en segundo plano, mientras suceden otras cosas. Todo, durante las horas de trabajo, mientras se lee el diario, se intercambian archivos o en medio del episodio de alguna serie. La vida online transcurre, por así decirlo, al mismo tiempo que la otra existencia más tradicional. También puede intervenirla y sumarle dimensiones.

Los usuarios insisten en que, después de horas y días y semanas y hasta meses de compartir anécdotas, historias, información, materiales, fotos con desconocidos cuyos nombres reales muchas veces se ignoran tanto como sus caras y sus voces, el impulso es natural. No queda otra que “desarrobar” los nombres: pasar de la pantalla (donde cada usuario lleva nombre real o de fantasía, pero necesariamente precedido por la @) al mundo en tres dimensiones.

Salón de fiestas se busca

Hace cuatro años trabajaba en un call center. Ahora, aunque se llama Facundo, más de tres mil personas lo conocen como @elfaco, uno de los organizadores de las fiestas Rispé. Entre un momento y el otro de su vida pasó la llegada a Twitter (TW), “lo primero que leo cuando me despierto y lo último que leo antes de dormir”.

El cambio le resultó tan natural que se le escapan los detalles. Tuiteando fue “conociendo amigos, gente. A mi novia. Y conseguí otro trabajo”. Por “conocer” virtualmente a periodistas, dejó de ser telemarketer y comenzó a trabajar en una empresa periodística. A los 24 años, @elfaco no puede imaginar su vida cotidiana sin TW. Tampoco su amigo @ati lael1, el dj cordobés que en el mundo no virtual se llama Gonzalo. Se conocieron, por supuesto, tuiteando: seis meses después, junto con otros tuiteros, empezaron los viajes entre Buenos Aires y Córdoba. Para conocerse primero, para verse con frecuencia después, porque “en TW se da mucho esto de gente de otras provincias que pega onda con los de acá y viceversa. Viajan, se hospedan en casa de otro”.

Ahora mismo, mientras los tweets van y vienen, @elfaco, @atilael1 y –-al menos– otras doscientas @ buscan dónde encontrarse una noche para charlar, verse las caras y brindar. La costumbre empezó en 2009: Facundo anunció su cumpleaños en TW, Gonzalo dijo que viajaba hasta Buenos Aires para pasar música en la velada; algunos se prendieron. “Pero fue un fracaso total: ese día granizó, éramos quince personas en un bar.” En febrero de 2010 probaron de nuevo, ya con el nombre de “Rispé”. “Vinieron 40, 50 personas. Cobramos entrada para cubrir el alquiler del local.” No alcanzó. En mayo repitieron; “ya vinieron 70, 80. Ahí sí cubrimos los gastos”. En octubre pasado fueron 140. “Al principio era como que la gente iba para encontrarse con otra gente de TW, a ver quiénes eran. Pero la tercera vez ya mucha gente se había conocido y traía amigos que no eran de TW”, o que online se habían construido otro circuito de contactos.

–¿Cómo saben quién es quién?

–Cada uno se presenta. Pasa algo muy gracioso en las fiestas y es que los que no tienen un avatar (la foto de usuario) o su nombre real, esa gente que no reconocés si te cruzás en la calle, avisa antes por TW: “voy a ser el que esté vestido así” o “el que esté colgado de un parlante”, “al lado del baño”, ese tipo de cosas. Ahora queremos hacer una cuarta. Tal vez a fines de febrero, principios de marzo. Tenemos que encontrar lugar.

Fútbol para todos

Cada semana, los players se encuentran en la cancha cuyo bar, durante el tercer tiempo, se convierte en Unidad Básica. En el Abasto juega la UB “Evita Carrilera”; en Chivilcoy, la UB “Que florezcan mil Florencios” (por el ministro del Interior, nacido allí, y cuyo hermano organiza los partidos); en Rosario, la UB “Cooke al arco”; en zona norte, la UB “Jauretche de 9”; en La Plata, la UB “Walsh enganche”; en zona oeste, la UB “Todos atrás y Néstor de 10”; en Flores, la UB “Volveré y seré stopper”. “Cada uno tiene su UB virtual y arma los partidos, saca las fotos, arma las crónicas y sube todo a la web”, explica Víctor Taricco, el usuario que sí lleva su nombre real en TW y recomienda pedir más datos al creador de la movida del Picado nac&pop. Es que esta red de conocidos virtuales unidos por el fútbol y la política en la vida real nació también en TW, por insistencia de @berenje nal, conocido en el mundo 3D como Ernesto, un geólogo de 27 años que “no era de tener muchos amigos”.

“En TW empecé a encontrar, y calculo que les pasa a muchos otros, gente piola que no había en mis otros círculos cotidianos. Cuando empezamos a encontrarnos, todos decíamos: ‘No puedo hablar de política con gente del trabajo, con la familia, con amigos’. Había una necesidad en ese sentido.” El primer partido fue en septiembre del año pasado y “todo se intensificó después de la muerte de Néstor” Kirchner. Pero a lo simplemente político-emotivo se sumó “una necesidad personal, trivial, que era jugar al fútbol”, cuenta @berenjenal a horas de la contraparte menos atlética de esas veladas: la fiesta del Picado Nac&Pop.

Cuando, en lugar de bailar, se juega, el tercer tiempo se convierte, para esas cerca de veinte personas y algunos invitados no deportistas, en espacio de discusión y “transferencia de experiencias, de argumentos. Porque se encuentra gente con distintos niveles de militancia y eso vuelve más interesantes los intercambios”. Tal vez tenga que ver con algo propio de TW, y que Ernesto define como al pasar: “Una suerte de inteligencia colectiva”.

Ahora “nos vemos todas las semanas. Y muchos reconocemos que se genera una identidad, una pertenencia. Es lo atractivo y lo que hace que cada vez se acerque más gente”. Y es que la idea de los encuentros, como las publicidades exitosas del mundo digital, se expandió en modo viral y ya es web (www.abramos lacancha.com) en el club virtual para todas las UB, que permite –decálogo y manual de instrucciones mediante– nuevos picados, como la rama femenina, en zona norte, o los equipos mixtos.

Ernesto cree que Internet, con sus plataformas sociales, “une gente”, pero que este tipo de experiencias “está más viva, conecta gente de modo que la hace interesarse en dar el salto a la vida real. A conocerse, hacer otras actividades. Es muy horizontal, es uno a uno en TW”.

De boliche en boliche

“Empezó por gusto y placer, y el grupo se formó tuiteando. Sin TW no hubiera sido posible”, dice rotundamente Italo Daffra, alma de @54bares, un grupo de porteños y porteñas aficionados a los cafés tradicionales. Cincuenta y cuatro son los establecimientos designados como “bares notables” por el gobierno porteño, y 54 es la meta a alcanzar a fuerza de café y medialunas. Ya pasaron por 34 desde la Semana Santa de 2010, cuando comenzó la recorrida en las mesas del Tortoni. “Ahora, en febrero, volvemos a encontrarnos. Este año llegamos seguro”, dice Daffra, para quien las reuniones por afinidades son cosas que pasan “cuando compartís algo en una plataforma en la que te leen 500, 100 personas, los que sean. A un comentario siempre alguien se puede subir, tirar una idea, decir me prendo”.

Así pasó: una noche Italo se quejó de la preferencia juvenil por las grandes cadenas de cafetería. “Comenté que para mí el bar es otra cosa.” Y entre comentarios del estilo alguien googleó la lista completa de bares notables. “Y veo que conozco el Tortoni, Los Angelitos, alguno más. Pero me dio curiosidad: ¿cómo será el de García, el de Devoto, o uno de Barracas? No los conozco.” La meta estaba allí. Se sumaron desconocidos, amigos, más o menos conocidos, su novia. En el Tortoni fueron menos de diez. “De los que venían, sólo conocía a un colega. Y después me paré cerca de la mesa, como buscando a alguien con la vista. De uno que estaba sentadito mi novia decía que tenía cara de avatar y era uno de los que venía. Así nos fuimos reconociendo.”

–¿Cómo rompen el hielo?

–Con la tecnología: cada uno está con su teléfono en la mano y nos une hablar de aplicaciones. Es un ciclo: contar que llegamos, mirar quién llega tarde, quién avisa que está complicado... Después terminamos hablando de fútbol, de política, de sexo. Una charla de amigos en el café, bah.

svallejos@pagina12.com.ar

Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-162252-2011-02-13.html