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  MEDIOS Y COMUNICACION

Marta Riskin se refiere a Sísifo y sus mitos para invitar a reflexionar sobre las fábulas y leyendas a las que nos someten hoy los medios masivos de comunicación.

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Cuentan que Sísifo engañó a los dioses y fue condenado a empujar, sin descanso, una roca hasta la cima de la montaña, desde donde volvía a caer, una y otra vez, por su propio peso. Albert Camus en su ensayo El mito de Sísifo aclara que algunos consideran al rey de Corinto el más sabio de los mortales y otros, un bandido; pues “Difieren las opiniones sobre los motivos que le convirtieron en un trabajador inútil en los infiernos”. La idea abre las reflexiones de Camus y le permiten re-significar el mito y la condición humana: si cada versión sobre la realidad depende de una elección, tenemos la oportunidad de redireccionar nuestras miradas y nuestras acciones. Acaso creyó inevitable, preguntaríamos alguna vez, por la intencionalidad que subyace bajo nuestras diversas interpretaciones.

Durante siglos, hombres y mujeres sensatos enseñaron que Prometeo es condenado por entregar el fuego a los hombres y Sísifo por conseguir agua a los sedientos de Corinto. En demasiados mitos, incluso mucho más modernos, los transgresores son torturados por luchar contra las diversas formas de la Muerte. La estructura simbólica del mensaje busca preservar cierto orden de las cosas. Una y otra vez, aceptamos la misma y triste moraleja: “Quienes se atreven a desafiar las injusticias son fatalmente vencidos”.

Eternizar los relatos del fracaso del héroe es imprescindible para quienes imponen verdades funcionales a sus intereses. Lógicamente, serán ofendidos por cualquiera que se niegue a suscribir los discursos que sostienen sus olímpicos privilegios.

En ocasiones, los seres humanos advertimos minúsculas mariposas amarillas en el corazón de las caléndulas y en otras apenas reparamos en un elefante en el bazar.

Los mismos mitos que cargamos de significado cuando se vuelven invisibles funcionan a nivel inconsciente. Aún calzamos estrechos zapatos y los pies descalzos nos resultan demasiado amplios. Pero es posible afinar nuestra impresionable piel y reconocer las limitaciones de nuestros sentidos y el peso de los prejuicios.

¿Qué ocurre cuando la visualización colectiva de la extinción de los paquidermos no requiere más intermediario que un modesto noticiero? Mi ejemplo es intencional y apremiante. Hoy, la mayoría de los medios masivos de comunicación despliega mitos que manipulan nuestras emociones, nos sumergen en terroríficas tragedias, y luego, entre entretenimientos ramplones y chocolates agrios, pretenden consumamos alivio de plástico a angustias inventadas. Frente a nuestros ojos, extienden mesas de insultos, silogismos vacíos, groseras mentiras y de postre, justificaciones a asesinatos, secuestros y negociados.

Ya sea porque somos poco proclives a andar por el mundo contando animales, habitamos en los antípodas de la selva o dedicamos el día a la ineludible tarea de ganarnos el pan, no hacemos el chequeo cotidiano de tamañas desinformaciones y entonces, entre dimes y diretes, muchas personas buenas y honestas suman sus voces a conclusiones falaces.

Necesitamos reinterpretar los mitos porque nuestros relatos personales construyen nuestra realidad y nuestras narraciones colectivas cristalizan en colectivos imaginarios.

Albert Camus señala “no hay mayor castigo que vivir sin esperanza” y demanda: “Hay que imaginarse a Sísifo dichoso”.

Si el héroe confiere sentido al dolor y a la lucha por la dignidad humana, entonces Sísifo y Prometeo son más fuertes que las rocas que los sujetan y merecen erigir en nuestros corazones, nuevas columnas. Porque el drama de Sísifo ya no es sólo de Sísifo.

Tampoco su dicha ni la responsabilidad, valga la redundancia, de la respuesta.

* Antropóloga – Universidad Nacional de Rosario.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/laventana/26-153187-2010-09-15.html


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Cuando el sentido común carece de lucidez, “común” no involucra comunidad alguna, y ciertos acuerdos (parlamentarios por ejemplo) no son hijos del debate ideológico sino meros engendros de intenciones mezquinas, los viejos mitos participan de realidades que los transcienden. Así, la Hidra de Lerna y el Can Cerbero, hermanos con múltiples cabezas e idéntico oficio a las puertas del Hades (impedían que entraran los vivos y salieran los muertos), mutan en quienes pretenden que “Monopolio” es un juego de mesa, “Prensa Independiente” marca registrada y “Opinión pública”, la credencial de un club muy exclusivo. Afirman “cualquier persona que conozca los puestos de venta de diarios y revistas, sintonice la radio o recorra la oferta de canales de televisión” observa que “operan numerosos medios con los más diversos contenidos y orientaciones”, en tanto encubren la concentración de papel y prensa, cables de televisión y los datos comerciales que conoce cualquier pequeña agencia publicitaria. Sin embargo, sus tergiversaciones demuestran que en los reinos míticos se urden mentiras, instalan falsas certezas e imponen miedos sólo hasta que nos atrevemos a cuestionar sus mundos imaginarios, las ominosas omisiones, la saga de incoherencias y verdades a medias.

Asistimos a momentos históricos.

Desde el propio Olimpo admiten el fracaso de los planes de Plutón y sus socios del Tártaro y ya no sólo los especialistas advierten contradicciones tales como elogiar los cortes de ruta y condenar a renglón seguido las marchas en el ágora porteña o pretenderse demócratas mientras demoran la aplicación de una ley que apenas limitaría la omnipotencia del relato único. Y si la desesperada apelación a cualquier recurso que impida, o demore, la aplicación de la ley de medios audiovisuales expresa, con hercúlea claridad, que la mentada independencia política y económica de los grupos hegemónicos es tan engañosa como las sierpes de la Hidra o los mordiscos del perro infernal; la desnudez del rey y sus fieras también revela a la mayoría de los espectadores, periodistas y jueces incluidos, la urgencia con la cual necesitamos adquirir, desarrollar y difundir nuevas herramientas y percepciones comunicacionales.

Hoy resulta tan deseable como posible, capacitar a nuestra ciudadanía en la interpretación de los mensajes mediáticos. Distinguir entre quiénes desinforman a conciencia de aquellos que sostienen diferentes opiniones, acordar o discrepar con fundamentos y respetar los mutuos desacuerdos y la legitimidad del disenso, se educa y se aprende. También ayudaría a quienes carecen de mejores argumentos y, nada casualmente, utilizan agravios y violencias que acaban por beneficiar a quienes dicen combatir.

Hace demasiado que los simples mortales de estas latitudes esperamos debates profundos y honestas diferencias. Sólo falta que despierte la Justicia y destrabe la vigencia de la voluntad popular para optimizar las condiciones del mutuo aprendizaje. Es un ejercicio de esperanza, aun cuando hayan abusado durante décadas de nuestra paciencia.

* Antrópologa. Universidad Nacional de Rosario.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/laventana/subnotas/146345-46991-2010-05-26.html

  OPINION


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En principio, me alegro que se haya despertado la polémica intelectual, necesaria en un país que absorto observa imágenes y no discute ideas. Aprecio el valor de Bayer y Goldman, quienes no se quedan mudos y expresan con respeto y consideración mutua sus puntos de vista, ambos desde un lugar distinto y parecido.

Ahora, sumándome a la discusión me animo a aseverar que la respuesta de Osvaldo Bayer al rabino Daniel Goldman acerca de la detención de los manifestantes contrarios al Estado de Israel no debería sorprendernos. Muchas personas, intelectuales o no, suelen reconocer el conflicto del Medio Oriente como un problema acústico o auditivo. “Escuchémoslos” significa “escuchen a quienes yo quiero que escuchen” y excluye, sistemáticamente, la otra voz, o sea la nuestra. Y también, lamentablemente limitan su propia mirada, pues hay suficientes sitios por Internet que muestran a la gente que menciona Bayer, emperifollada con palos y capuchas. Más allá de las declaraciones que Goldman menciona, resulta difícil comprender cómo Bayer puede considerar “invitaciones al diálogo” las vociferantes consignas opuestas a la existencia del Estado de Israel, los carteles de “sionismo = nazismo”, los blandientes bastones y los rostros anónimamente cubiertos. ¿Necesitará que los manifestantes ataquen a los asistentes al acto o creerá que palos y capuchas son meros atuendos de tribus urbanas? ¿Alguien no se sentiría amenazado ante esta forma de presentación? ¿Cuál es la licencia que debe uno permitirse para comprender el fenómeno de lo ocurrido ese domingo como una expresión espontánea del pueblo? ¿No corresponderá destacar la postura despiadada de los portavoces de semejante hazaña cuando usan a estas personas para sus propios fines, porque “el antisemitismo disfrazado de antisionismo les resulta más redituable” que ayudarlos a reclamar por sus auténticos intereses?

Mientras la derecha, disfrazada de izquierda, intenta colocar en primera fila a sus nuevos siervos de la gleba, la verdad es que deberíamos proponernos conversar y encontrar una base para lograr soluciones mediante la actitud pacifista. Pero un buen comienzo sería plantear términos equivalentes, tribunas consensuadas y evitar torpes e indignas contigüidades literarias con el genocidio de los Pueblos Originarios, alusiones al macrismo y menciones a la dependencia científica.

La sana intención del llamado a una solución pacífica en Medio Oriente queda oscurecida por la adopción de una posición crítica dirigida exclusivamente contra la Embajada de Israel. Las tendencias autoritarias no se caracterizan por manifestar la reivindicación de los derechos nacionales de una de las partes, sino por la omisión intencional de los derechos de la otra.

Me complace saber que para Bayer, igual que para Goldman, la existencia del Estado de Israel es incuestionable, así como que para muchos de nosotros el sionismo, como movimiento de liberación nacional del pueblo judío, fue y es el punto de partida para la comprensión y aceptación de un Estado palestino independiente. Por supuesto, tal como ocurre en otros movimientos, el sionismo incluye diferentes corrientes ideológicas. También cabe reconocer que sus críticos gozan de una libertad que no se atreverían a soñar quienes se rebelan contra Hezbolá o Ahmadineyad, o que la amplia mayoría de los israelíes declara su preferencia por el fin de la guerra con el mundo árabe, y no sólo con los palestinos; aunque nuestros medios de comunicación no lo reflejen. Todos debemos estar más dispuestos a escuchar.

Medio Oriente no necesita que avivemos desencuentros con condenas unilaterales. Argentina, tampoco.

* Antropóloga. Miembro de Carta Abierta.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-128029-2009-07-10.html