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PECULIAR RUMBO QUE HAN TOMADO LOS ESTUDIOS EN LA CIENCIA ECONOMICA

Investigadores de universidades de países centrales desarrollaron un modelo destinado a optimizar los usos de la tortura. En cambio, muchos otros están dispuestos a dar el debate para transitar con éxito el sendero del desarrollo económico y social.

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Una advertencia: el lector desprevenido podrá suponer que el contenido de este artículo es irónico, exagerado o hasta apócrifo. Han sido recurrentes las ironías acerca de los efectos letales de los planes de ajuste que han impulsado e impulsan ciertos economistas. Marcelo Matellanes, el fallecido filósofo y economista, sostenía que a los economistas se les debería exigir, como a los médicos, el juramento hipocrático, pero con un detalle adicional: la mala praxis de los médicos tiene efectos más acotados que los programas de ajuste estructural que algunos economistas han puesto en práctica en las economías latinoamericanas. En otras palabras, los malos médicos matan de a uno; los malos economistas hacen un daño generalizado.

Vale llamar la atención sobre ciertos rumbos que ha tomado la academia económica. Sandep Baliga, de la Kellog Graduate School of Management, y Jeffrey Ely, del Departamento de Economía de la Universidad de Northewestern, publicaron a comienzos de este año un trabajo titulado “Tortura”, en el que desarrollan un modelo destinado a optimizar los usos de la tortura. El objetivo de dicho modelo es dar respuesta a cuestiones como el efecto de “técnicas de interrogatorio” o la “delegación de la tortura a los especialistas”, y para ello buscan el “esquema óptimo de tortura”.

El modelo desarrollado parte de un planteo muy concreto: si se conoce el dato de que se producirá un ataque terrorista, la tortura será la única herramienta para obtener información y evitarlo o reducir sus impactos. Pero, reconocen los autores, se corre el riesgo de torturar a un inocente aunque, de hecho, la decisión de torturar a una víctima inocente sería necesaria (y así lo enfatizan) para darle un mayor incentivo al que sí posee información a que proceda a revelarla. La conclusión es que cuando la tortura llega a su máximo punto de efectividad, el que de verdad está informado confiesa inmediatamente, y sólo el inocente se ve sometido a la tortura.

No es novedosa la incursión de economistas en prácticas aberrantes. Es conocida la participación de prestigiosos economistas en la guerra de Vietnam, indicando los objetivos a bombardear para aumentar el daño económico de las fuerzas a combatir. Vale entonces llamar la atención sobre el rumbo que ha tomado la academia en el ámbito de la teoría económica.

Son varias las preguntas que surgen a partir de estas nuevas “líneas de investigación” de los institutos de economía. La más obvia es si se puede afirmar que ya no hay nada para decir con respecto a los problemas del desarrollo económico, de la pobreza, de las enormes brechas existentes entre los países más avanzados y los más pobres, de la desigualdad, del desempleo y la creciente precariedad en el mercado de trabajo, y tantas otras cuestiones clave que hacen al bienestar de las sociedades tanto en los países centrales como en la denominada periferia. No hay que irse muy lejos para ver cómo se desarrollan estas investigaciones en las cuales algunos economistas se sienten habilitados a aplicar sus modelos a cualquier problema de la vida. Por ejemplo, si se observa el listado de trabajos presentados en muchos congresos internacionales de economía, y también los que realizan algunas escuelas de economía en nuestro país, se encuentran papers con aplicaciones de modelos para analizar el problema del crimen y el intercambio de drogas ilegales, la economía política de la violencia en el fútbol, el alcoholismo en los accidentes de tránsito, etc., aunque nadie se animó a llegar tan lejos de modelizar la aplicación óptima de la tortura.

Quienes escriben este artículo han conformado, junto a una gran cantidad de economistas, sociólogos, politólogos y miembros de otras disciplinas, la Asociación de Economía para el Desarrollo de la Argentina (AEDA), justamente porque consideramos que la investigación económica debe otorgarle un lugar preponderante al estudio de los problemas concretos de de-sarrollo económico que enfrentan los países y que hacen al bienestar de la amplia mayoría de la población del planeta.

Lamentablemente, la matriz ideológica ortodoxa que está detrás de una idea ascética de la investigación económica está muy arraigada en el mundo académico. No obstante, luego de la masiva convocatoria que han tenido los dos Congresos Anuales (2009-2010) que ha organizado AEDA, tenemos la satisfacción de constatar que son muchos los profesionales dispuestos a dar el debate que permita construir una ciencia económica capaz de ofrecer las respuestas necesarias para transitar con éxito el sendero del desarrollo económico y social

* Economista, directora del CEP y vicepresidenta de la Asociación de Economía para el Desarrollo de la Argentina (AEDA).

** Economista, director del Banco Nación y presidente de la Asociación de Economía para el Desarrollo de la Argentina (AEDA).


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/cash/17-4811-2010-12-05.html

LOS PAISES QUE MAS CRECIERON EN LA REGION EN LOS ULTIMOS AñOS

El semanario The Economist publicó un dossier sobre América latina con una visión parcial y completamente reñida con la realidad. En términos de crecimiento, menciona a Brasil como el motor de la región, a Venezuela por el autoritarismo de Chávez y a la Argentina no la menciona.

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La edición del pasado 11 de septiembre del prestigioso semanario inglés The Economist trae una buena noticia en su tapa: América latina crece y hasta se habla de una “década latinoamericana”. Un dossier de 14 páginas anuncia que después de tantas penurias la región estaría comenzando a abandonar su condición de paria del desarrollo en la economía mundial. Pero la lectura de la editorial y el documento no dejan de aportar sorpresas que reflejan la visión maniquea y tendenciosa que se tiene sobre la región. En resumen, Brasil es el motor de la región y Chile, Colombia, México y Perú son las economías de crecimiento acelerado que se perfilan como estrellas. Venezuela, por supuesto, la destaca por su grave situación política y el autoritarismo de Chávez. ¿Argentina? No existe. Ni una sola palabra en la nota editorial y tan sólo una alusión en el dossier señalando que la confianza está en bajos niveles debido a violaciones a los derechos de propiedad y malas decisiones de Néstor y Cristina Kirchner. “Las empresas argentinas no tienen opciones pero tratan de sobrevivir, generar dinero y sacarlo del país, según palabras de un consultor”, cita textual el semanario.

El primer hecho que llama la atención es una mera constatación empírica. De acuerdo a datos de la Cepal, el país de mayor crecimiento en América latina en el último quinquenio no es Brasil, Chile, Perú, Colombia ni México. Es Venezuela. El segundo, Panamá. El tercero, la Argentina. Brasil se ubica en el lugar número 20, con un crecimiento inferior al promedio de toda América latina. Chile creció una décima más que Brasil, a un ritmo que no es despreciable pero es aproximadamente la mitad de las tasas a las que crecía hasta hace una década. Lo de México se parece a una situación de estancamiento económico: se ubicó entre los países de menor crecimiento, sólo superando a El Salvador, Barbados, Guyana, Jamaica, Bahamas y Haití. Perú y Colombia mostraron un buen desempeño económico, aunque por debajo de Venezuela, Argentina y Uruguay.

Los datos son elocuentes. La visión de The Economist es parcial, ideológica y completamente reñida con la realidad. Esta idea de que las empresas en Argentina sólo sobreviven y buscan cómo sacar su capital del país poco tiene que ver con el crecimiento de sus ventas y los elevados niveles de rentabilidad de los últimos años, los cuales han financiado el notable crecimiento de las tasas de inversión de la economía que superan ampliamente a las de los años ’90. Incluso más: esta tasa de inversión calculada como proporción del PIB alcanzó valores por encima del 23 por ciento, colocando a la Argentina entre los niveles más elevados de la región, muy por encima de Brasil. Vale la pena recordar la nota sobre “la tortuga y la liebre” que publicó The Economist el 22 de marzo de 2008, criticada entre otros por Dani Rodrik, quien pone el acento justamente en la mayor tasa de inversión y de ahorro de la Argentina en comparación con su vecino.

Peor es la lectura que se hace de las causas del crecimiento que conoció la región durante la última década. The Economist sostiene que el notable crecimiento latinoamericano se debe al éxito de las reformas pro mercado de los años ’80 y ’90, las mismas que llevaron al colapso a muchas economías de la región, entre ellas a nuestro país. En realidad, fue cuando buena parte de la región comenzó a alejarse de ese recetario que esta fase de alto crecimiento se intensifica. Para cerrar ese razonamiento, The Economist sugiere que se debe llevar hasta el final el proceso de reformas estructurales de los años ’90, en particular, desregulando la “barroca regulación” del mercado de trabajo que lleva a que gran parte de los trabajadores continúen en la informalidad. Cabe preguntarse qué explicación se le encuentra al hecho de que la informalidad se haya multiplicado de manera significativa durante los años signados por desregulación y liberalización, a diferencia de lo que sucedía durante las décadas previas. Por ese tipo de políticas, Argentina llegó a un pico del 43 por ciento de informalidad en el mercado de trabajo y recién en el período actual, aplicando medidas radicalmente opuestas a las que plantea este semanario, ha comenzado un proceso de disminución por primera vez desde finales de los ’70. En suma, el crecimiento latinoamericano ha sido notable en los últimos tiempos, pero sus características difieren sustancialmente de la forma en que algunos sectores lo quieren presentar

* Economista. Directora del CEP y vicepresidenta de la Asociación de Economía para el Desarrollo de la Argentina (AEDA).

** Economista. Director del Banco Nación y presidente de la Asociación de Economía para el Desarrollo de la Argentina (AEDA).


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/cash/17-4701-2010-10-17.html