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  OPINION


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Quienes históricamente hemos bregado por un país justo, igualitario y verdaderamente democrático, debemos afrontar este 2011 dos desafíos prioritarios: por un lado, profundizar un modelo económico que recuperó el rol del Estado y ha hecho avances enormes en la inclusión de los millones de ciudadanas y ciudadanos empujados a la marginalidad por el neoliberalismo. Por el otro, seguir renovando la política, su cultura, sus prácticas y sus organizaciones.

No es una idea descabellada concebida por algunos dirigentes trasnochados. Por el contrario, se trata del legado que el propio Néstor Kirchner nos dejó: la búsqueda de consensos, la creación de un nuevo sujeto social y político que trascienda las fronteras de los partidos tradicionales, la convocatoria a diversos espacios y tradiciones del campo nacional y popular fueron pilares de la construcción política del kirchnerismo desde su más temprano inicio.

Tal es el fin que perseguimos quienes entendemos que existe la necesidad de ofrecer nuevas alternativas a la sociedad, para poder contener a los muchos que reconocen los logros obtenidos por el gobierno nacional desde 2003 a la fecha, pero ven que algunos de sus actores fueron parte de la debacle de nuestro país y que aún hoy siguen representando la “vieja política”.

No se trata de estigmatizar o demonizar a tal o cual partido, todo lo contrario. Por caso, muchos intendentes del PJ de la provincia de Buenos Aires fueron una renovación en sus distritos y son fiel expresión del proyecto nacional. Pero no son todos, y ahí nace aquella necesidad.

Más paradigmático aún es el caso de la ciudad de Buenos Aires. Ya no hay duda ni prejuicio: el gobierno de Mauricio Macri ha demostrado a todas luces no sólo su incapacidad sino también una vocación de volver a un pasado de privilegio, de represión, de criminalización de la pobreza; un infierno al que no debemos volver. Por eso es imprescindible hacer el máximo esfuerzo de unidad del campo popular y progresista, para poder forjar un frente lo más amplio posible que logre un gobierno para todos los porteños y las porteñas. Las candidaturas deberán resolverse en el futuro, viendo no sólo encuestas sino la capacidad de convocatoria de los candidatos. Pero hoy, para nosotros desde Nuevo Encuentro, la prioridad es lograr la unidad y en ese proceso forjamos la política todos los días.

En la provincia de Buenos Aires, el Nuevo Encuentro es tributario de ese espíritu renovador. Queremos profundizar el modelo, y para hacerlo creemos que es imprescindible seguir renovando la política. Lo queremos hacer a nivel provincial en la candidatura de Martín Sabbatella, con la plena conciencia de que es quien mejor acompañará desde Nuevo Encuentro la gestión que aspiramos continúe Cristina en la Nación. Y buscaremos llevar esa transformación a muchas gestiones municipales.

No se trata de usar la política para combatir la política. Se trata de renovar la política para transformar la Argentina.

* Diputado nacional por Nuevo Encuentro.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-162906-2011-02-23.html

  OPINION


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A lo largo de la historia, Aerolíneas Argentinas (AR) estuvo atada a los vaivenes políticos y económicos del país y a la falta de un proyecto estratégico en el transporte y, en particular, en la aeronáutica. Aquello de que la culpa no es del chancho... es, en este caso, una verdad incuestionable. Si bien los empresarios que manejaron AR son culpables de su destrucción en provecho de las sociedades controlantes (Iberia, American Airlines, la SEPI o Air Comet), la responsabilidad de los diferentes gobiernos, de facto o democráticos, en la entrega de la compañía es indelegable. Las dictaduras que se sucedieron a partir de 1955 impulsaron los procesos de entrega del patrimonio nacional. Con la vuelta de la democracia, Rodolfo Terragno –ministro de Obras y Servicios Públicos de Raúl Alfonsín– pretendió sin éxito traspasar AR en forma directa a la empresa sueca SAS. Poco después, estos intentos se afianzaron y desembarcaron con fuerza cuando Carlos Menem profundizó las políticas neoliberales y los procesos de privatización. Empecinados en hacer desaparecer al Estado como operador de servicios, no sólo privatizaron AR sino que le quitaron dos de sus actividades más rentables, la rampa y el free-shop, que en conjunto generaban una utilidad superior a los 40 millones de dólares. Aquella escandalosa privatización permitió que Iberia –en su primer día al frente de la empresa– hipotecara toda la flota para conseguir créditos que jamás pagaría, y que terminó con todos los aviones en manos de los bancos. Durante esa gestión, Iberia vendió casi todos los bienes de la compañía. Aunque el gobierno de Menem fue el de mayor entrega y corrupción, el de la Alianza no se quedó atrás. Carlos Bastos, ministro de Infraestructura de De la Rúa y claro seguidor de Dromi, compartía con él la idea de que el Estado no tenía que involucrarse en prácticamente nada vinculado con las necesidades del país y sus habitantes. Bastos recomendó a los funcionarios españoles que no buscaran en la Argentina administradores idóneos, que los encontraran en el exterior. Sumado a ello, los aliancistas promovían la política de cielos abiertos que implica entregar el mercado a los monopolios internacionales, desentendiéndose así del futuro de la empresa que en 2000 cumplía 50 años. Con la llegada de Roberto Lavagna a Economía, la relación con AR no mejoraría. En su estratégico ministerio no existía nadie con voluntad para involucrar al Estado con la administración de la compañía. Incluso hoy se escucha al ex ministro despotricar contra AR y pedir su privatización sin presentar una alternativa superadora, ni explicar cómo se resuelve el tema de la interconectividad o se implementa una buena administración. Recién en 2005, al darse las condiciones para que el Estado se comprometiera con AR, empezó a vislumbrarse un proyecto empresario y de política aerocomercial. Así, en sólo dos años de Aerolíneas como empresa estatal, se invirtió más que en las tres décadas previas, se recuperaron muchas oficinas distribuidas en el mundo, se pensó en nuevos hangares y simuladores. Aún falta, pero ahora hay un camino para andar o, mejor dicho, para volar.

* Diputado nacional. Vicepresidente del bloque Nuevo Encuentro Popular y Solidario.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-158335-2010-12-09.html

  OPINION


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Así empieza una poesía que el uruguayo Mario Benedetti escribió el día de la muerte de Ernesto “Che” Guevara. Con las diferencias obvias de los personajes y de los momentos políticos que hoy vivimos, la temprana muerte de Néstor Kirchner hoy nos consterna y nos genera rabia. Rabia a la muerte, al destino que trunca la acción de un dirigente que aún tenía mucho para dar. Si alguna vez le recomendaron bajar la intensidad de su militancia para fortalecer su salud y no lo hizo fue por el firme compromiso que tenía con el proyecto de gobierno, con su compañera y con su país. Sin pretender ponernos grandilocuentes, podemos afirmar que lo suyo fue un sacrificio para avanzar en la construcción de un país más justo, más igualitario, un país mejor que es el que él nos dejó gracias a la responsabilidad que le tocó a partir de los cargos que asumió.

Gabriel Celaya, otro poeta, en este caso español, alguna vez dijo que “hay que tomar partido hasta mancharse”. Y esta frase, a la que siempre adherí, fue una de las características de Néstor Kirchner: la de jugar a fondo y sin especulación.

Algunos sectores del poder pretendían mostrarlo como una persona irascible, como déspota, irreflexivo. Nada más alejado de la realidad: Néstor era un tipo sumamente cálido, extremadamente reflexivo al momento de pensar la política y absolutamente generoso para abrir canales de participación. Eso fue, como socialista, lo que me convocó a sumarme en el año 2005 a un proyecto de gobierno que apoyábamos a partir de los aciertos concretados y que, por la envergadura de otros cambios que iba provocando, nos convenció para sumarnos y trabajar en función de objetivos que sostuvimos como socialistas históricamente.

La despedida temprana suele adelantar el reconocimiento y el bronce. Estoy convencido de que a Néstor Kirchner poco le importaría esto. En los últimos meses lo he escuchado y visto en varios actos. En todos ellos pidió “que la ayuden a Cristina, que es una mujer con coraje dispuesta a transformar la patria”. Para hacer honor a su figura, tenemos la obligación de seguir trabajando en función de los mismos principios que Néstor Kirchner proclamó y se comprometió a no dejar en la puerta del gobierno el 25 de mayo de 2003. Hagamos realidad su deseo y acompañemos a la Presidenta a continuar profundizando el proceso que inició Néstor. Ese será el mejor homenaje a un compañero que desde su peronismo supo unir transversalmente a la política nacional.

* Diputado nacional, vicepresidente bloque Nuevo Encuentro Popular y Solidario.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-156196-2010-11-03.html

OPINION  LA DEBACLE DE LA ECONOMIA ESPAñOLA


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Nervios, ansiedad, temor, miedo. Así es como está viviendo sus días la sociedad española. Ajuste es el concepto más escuchado. La reducción de salarios, que oscila entre el 5 y el 10 por ciento, según el lugar de la pirámide donde se ubique el empleado, se vive de diferentes formas. Algunos se resignan, otros inician medidas de fuerza como los trabajadores del subterráneo que paralizaron Madrid durante tres días. También se escuchan amenazas de nuevas medidas a nivel nacional, pese a la prudencia de algunas de las centrales sindicales que lanzaron una medida con dos meses de anticipación, para fines de septiembre. Otros paros, convocados por gremios regionales –ya sean vascos o gallegos– en las industrias más importantes ya fueron lanzados y se van generando las condiciones para que los temores antes mencionados tengan razones de ser. A ello hay que sumar el cierre cotidiano de empresas, la reducción en las plantillas del personal que hizo trepar la desocupación a más del 20 por ciento, la mala imagen de los dirigentes, tanto de la oposición como del oficialismo, algo conocido por el mundo político argentino en los albores de 2001. Los datos de la economía tampoco ayudan. Se estima que este año habrá crecimiento negativo en este país que después de la dictadura de Franco inició su camino de ingreso a Europa y que venía acostumbrado desde hace casi treinta años a mejorar su situación política, económica, cultural y social.

Ahora bien, es cierto que aquel que busque alguna similitud con el pasado reciente de los argentinos debe considerar que en España, a pesar de todo, el Estado está presente y no tiene intenciones de dejar de garantizar condiciones dignas de vida. El consenso de Washington que se impuso en nuestros países en los ’90 no fue de aplicación obligatoria en estas naciones europeas. Esto permitió la subsistencia de una red de contención importante, principalmente con el “cobre del paro”. Así nominan los españoles al seguro de desempleo que tiene todo aquel que haya trabajado en relación de dependencia y garantiza el 80 por ciento del último salario durante más de un año y medio y menos de dos años.

La pregunta es si podrán sostener las condiciones para seguir brindando esa contención social que faltó en nuestro país y terminó generando la crisis de 2001. A su favor tienen a la Unión Europa, un supraestado que saldrá a brindar la asistencia necesaria en caso de que la crisis aumente. Esto implica que ante una crisis mayor, se puede suponer, se tendrá una respuesta como la que tuvo Grecia, a la que lograron ponerle paracaídas para mitigar la caída en picada que había iniciado.

La sociedad española, su gobierno y su clase dirigente están en un estado de ansiedad. Sería bueno que, en este caso, miren para estos lados, no para apropiarse de lo ajeno como en otras épocas ni para imponer sus políticas sino, por el contrario, para tomar como ejemplo la implementación de las medidas que nos permitieron a nosotros salir adelante sin castigar a los que menos tienen.

* Diputado Nacional. Nuevo Encuentro Popular y Solidario.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/cash/43-4569-2010-08-22.html

  OPINION


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“Si, por ejemplo, alguien puede conservar su vida robando un pan, evidentemente hay aquí una lesión de la propiedad de un hombre, pero sería injusto considerar esta acción como un robo ordinario... la necesidad del presente inmediato puede justificar una acción injusta, pues con su omisión se cometería a su vez una injusticia y, en realidad, la mayor injusticia, la total negación de la existencia de la libertad.”

La frase anterior no fue enunciada por un dirigente social o sindical ni por el referente de un partido de izquierda, tampoco por Fidel Castro. Pertenece a Georg Hegel, filósofo alemán que no puede ser acusado de filoizquierdista, quien la escribió en 1820, época en la cual las naciones industriales aún se repartían el mapa y la esclavitud era moneda corriente. Esta idea, que está pronta a cumplir 190 años, parece revolucionaria frente a la retrógrada reforma del Código Contravencional que impulsa el gobernador bonaerense Daniel Scioli.

El proyecto busca –sin el más mínimo disimulo– recomponer un Estado hiperrepresivo, devolviendo a las fuerzas del orden las facultades que las llevaron a cometer los peores abusos, facultades que entran en colisión con los más elementales principios constitucionales sobre los derechos humanos.

Incorporar figuras como las del “merodeo” o de “actitud amenazante” conduce directamente a una estigmatización de los sectores más postergados que resulta tan inconducente como falsa, al igual que la posibilidad de que la policía detenga a menores de 14 años sin autorización judicial. Todo esto contribuye a consolidar el eje jóvenes-pobreza-droga–delincuencia que se busca instalar desde el poder y los medios masivos, creando un chivo expiatorio que pueda pagar el costo de una sociedad disfuncional.

Debemos tener bien presente que la matriz de concentración y exclusión económica que impuso el neoliberalismo tuvo un correlato imprescindible en una política de represión salvaje del campo popular, cuyo ejemplo más cabal es la “maldita policía” bonaerense, la que mató a Bulacio, la que añoran Scioli y Stornelli.

Por eso, cuando la crisis internacional golpea fuerte y los sectores empresariales buscan cargar su costo en la espalda de los trabajadores; cuando se empiezan a desafiar los intereses de algunos de los sectores más poderosos de la Argentina; cuando se empieza a discutir la redistribución del ingreso, una iniciativa de neto corte fascista como ésta sólo puede ser el presagio de la reacción que buscan imponer con el garrote los sectores acomodados de esta sociedad.

En este sentido, no debemos perder de vista que otro de los puntos del proyecto apunta a reprimir toda forma de protesta social, corte de calles, etc. Cómo no recordar el pasaje del viejo Marx en el cual, analizando la disolución del orden feudal, plantea que los campesinos que fueron expulsados de sus tierras “empezaron viéndose castigados por algo de que ellos mismos eran víctimas, por verse reducidos a vagabundos y mendigos. La legislación los trataba como a delincuentes ‘voluntarios’, como si dependiese de su buena voluntad el continuar trabajando en las viejas condiciones, ya abolidas”.

Ya en los años 2002 y 2004, cuando la crisis todavía nos golpeaba y se castigaba a quienes se movilizaban para defender sus derechos, desde la Cámara de Diputados impulsamos proyectos tendientes a evitar la criminalización de la protesta. Tras seis años de crecimiento económico se nos pretende llevar nuevamente a esa realidad, que los argentinos dejamos atrás y a la que no queremos volver.

Quienes sostenemos que desde el año 2003 a la fecha el país ha transitado un camino –sinuoso, empinado, pedregoso– que ha implicado mejoras reales para los sectores populares, no podemos tolerar esta situación. Debemos gritar bien fuerte y oponernos con toda nuestra fuerza, ideas y capacidad de movilización. No estamos discutiendo una ley, estamos discutiendo un modelo de país.

* Diputado nacional, Partido Socialista de la provincia de Buenos Aires.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-136298-2009-12-02.html