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  MEDIOS Y COMUNICACION

A partir de la experiencia de Radios por la Educación, Silvia Bacher describe cómo desde la comunicación se pueden generar cambios, producir procesos sociales y promover derechos.

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En las radios de la localidad misionera de Aristóbulo del Valle una voz fresca, risueña, señala con inconfundible tonada guaraní: “Hola se dice mbé pa. Lluvia se dice oké. Gracias se dice aveté. Sol se dice ñamandú. Chico se dice avá. Chica se dice cuñá. Nuestro se dice ñandé. Hombre se dice karay. Derecho se dice...”. El recitado se interrumpe abruptamente por un murmullo incomprensible. La traducción de la palabra derecho no aparece y el murmullo se acalla. Entonces la voz del locutor interpela: “Para ejercer los derechos, primero hay que saber que existen”.

Quienes produjeron este alerta ciudadano son chicos y chicas de la comunidad aborigen Mbya Guaraní Flor del Monte que asisten al programa Radios por la Educación –impulsado por la asociación civil Las Otras Voces. Comunicación para la democracia–, componente que hace foco en el derecho a la comunicación como una estrategia de transformación social dentro del Programa Ciudades por la Educación que Unicef desarrolla en las ciudades de Fontana (Chaco), Clorinda (Formosa), Tigre (Buenos Aires) y en la mencionada ciudad misionera.

En los últimos dos años, Radios por la Educación trabaja en el desarrollo e implementación de estrategias para acompañar y fortalecer el entramado social en dichas localidades, promoviendo los derechos a la comunicación, a la participación y la educación. El desafío consiste en desarrollar condiciones y oportunidades para que niños, niñas y jóvenes ejerzan su derecho a la libertad de pensamiento y de expresión, profundicen su capacidad de producción y de análisis crítico y fortalezcan su rol protagónico en el desarrollo de sus comunidades. El proceso es arduo, muchas veces el camino se vuelve inhóspito. Pero al comenzar a desarticular las dificultades que las lógicas imperantes instalan como barreras –las del no se puede, salvarse solo, no hay salida– y fundamentalmente al ver los frutos del trabajo realizado, la transformación se pone en movimiento. Más de dos mil chicas y chicos de universos diversos participan de las iniciativas que involucran a las familias, las autoridades locales, los medios de comunicación que abren sus micrófonos para dar a conocer qué piensan, qué sienten, qué sueñan los jóvenes. Todos tienen lugar. Participan jóvenes escolarizados y los que la escuela dejó en el camino, los que viven en zonas urbanas, quienes residen en parajes alejados o en comunidades indígenas, aquellos que están en situaciones de conflicto con la ley y también los que requieren educación especial. El desafío está en que de la mano de los jóvenes lleguen las familias.

En muchos casos son mujeres indígenas, en otros organizaciones sociales territoriales, docentes o equipos técnicos quienes buscan el taller de radio, para pensar cómo comunicar sus necesidades, transmitir claves vinculadas, por ejemplo, a nutrición o prevención de abuso. Talleres semanales o itinerantes, radios abiertas, radios escolares, visitas a radios, jornadas de movilización social, capacitaciones, cuadernillos, cuñas radiales, blogs, todo suma y nada parece ser suficiente para lograr el objetivo.

Niños, niñas y jóvenes buscan priorizar los temas que les preocupan e inciden directamente en el desarrollo de sus vidas cotidianas, identifican a los actores que tienen responsabilidad en la toma de decisiones sobre estas preocupaciones y realizan producciones para comunicarlas a sus comunidades. El trabajo apunta a que se vean como actores con capacidad de incidencia y transformación, que reconozcan lo fundamental que resulta el ejercicio del derecho a la comunicación como puerta de acceso a otros derechos y vean en la radio una herramienta para promover cambios en los entornos donde viven.

Para que el proyecto no sea sólo una buena práctica se busca incidir en la agenda pública, para lo cual los referentes locales establecen acuerdos institucionales con actores estratégicos. Así lo pone en evidencia Silvina, la referente local en Fontana, al participar activamente de las audiencias públicas convocadas por el intendente, quien ha comprendido la trascendencia de la iniciativa y la suma en los diferentes barrios.

Radios por la Educación nos enseña que la transformación es difícil, pero no imposible; que es necesario proponerse indicadores altos (aunque a veces se perciban inalcanzables), porque la comunicación es un derecho que trae de la mano muchas llaves que sacan del silencio otros derechos. Y, sobre todo, que la transformación a través de la comunicación no es sólo individual, sino social. Hay voces juveniles que comienzan a circular, a tener sonido, que proponen miradas originales, capaces de aportar a una ciudadanía más plena y justa. Voces indispensables para construir el país que soñamos; en el cual desde el albor de la vida, la palabra derechos no precise traducción porque no queda un solo ser humano sin ejercerlos.

* Directora de Las Otras Voces. Comunicación para la democracia. www.lasotrasvoces.org.ar


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/laventana/26-164745-2011-03-23.html

  MEDIOS Y COMUNICACION


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Es un hecho conocido. Las voces de jóvenes no suelen tener espacio en los medios de comunicación. Más bien ellos mismos son víctimas de la construcción de estereotipos y estigmatizaciones que, desde los espacios mediáticos, los señalan como violentos, vagos, peligrosos. Pero es necesario seguir denunciando que al permanecer impermeable a sus voces, la sociedad no sólo pierde la oportunidad de incorporarlos a la polifonía social, sino que cercena el derecho reconocido internacionalmente por el cual ellos deben opinar en aquellos temas que les competen.

Cuando los más jóvenes toman la palabra pueden imaginar mundos más justos, analizar escenarios de modos que sólo ellos pueden hacerlo dado que son protagonistas, proponer ideas que, sin duda, dejan pensando a más de un adulto. Al escucharlos es fácil descubrir que los temas que les preocupan no son diferentes de los que conocen los adultos. Hablan de falta de oportunidades en el campo laboral, de la discriminación de la cual se sienten víctimas, de las dificultades para lograr acceso a información sobre salud sexual y reproductiva, denuncian la ausencia de espacios de esparcimiento (como si no fuera un derecho el tiempo libre digno para ellos), asumen la importancia de ir a la escuela aunque muchas veces ésta los deje afuera, ponen en evidencia la problemática de noviazgos violentos y también se preocupan por situaciones que los exponen a múltiples situaciones de inseguridad.

Desde hace más de dos décadas, mi actividad profesional está abocada a identificar, fortalecer y divulgar aquellas prácticas que promueven la vinculación de los medios de comunicación con la educación. Y desde muy diferentes espacios sigo descubriendo el trabajo silencioso y fecundo de miles de docentes a lo largo y a lo ancho del país que trabajan en soledad y no logran dar visibilidad a sus logros.

Una de las prácticas que busca revertir este silencio de radio consiste en la implementación de proyectos de comunicación en escuelas. Son muchos los proyectos de radios escolares, aunque no existe un registro que dé cuenta de su dimensión. Valga como ejemplo la convocatoria de la Red Nacional de Radios Escolares Aprender con la Radio, impulsada por la asociación civil Las Otras Voces, Comunicación para la Democracia, que nuclea a más de 400 referentes de radios escolares de todas las provincias argentinas. Algunas radios cuentan con equipamiento tecnológico. Otras con antena y frecuencia “legal”. Muchas apenas con la voz. Algunas están localizadas en centros urbanos, otras en parajes desolados. Todas se definen como radios escolares.

Si bien buscan fortalecer la oralidad y la escritura, saben que son caminos para estimular la creatividad y fortalecer la autoestima de los más jóvenes. Una vía para abordar temas complejos como la discriminación, la violencia, el sentido del tiempo libre. Un modelo a partir del cual es posible mostrar que al trabajar en equipo es posible construir solidariamente en pos de la participación en tanto práctica ciudadana.

Otro caso es el del proyecto Radios por la Educación que impulsa la mencionada asociación en alianza con Unicef, busca ir más allá. Trabaja en Clorinda (Formosa), Aristóbulo del Valle (Misiones), Fontana (Chaco) y en Tigre (Buenos Aires) para que las voces de los jóvenes –escolarizados o no– logren consolidar la noción de la trascendencia de su participación en la construcción de la agenda. Las escuelas, las organizaciones sociales, las radios locales son actores capaces de articularse para que este desafío se torne realidad.

La Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, que contempla aspectos ligados a la infancia y la juventud, señala que la radio escolar que solicite licencia contará con un régimen especial para su obtención. La creación de un programa de fortalecimiento de radios escolares en el seno del Ministerio de Educación de la Nación, tendiente a ordenar la normativa vinculada con esas radios, será un complemento capaz de aportar legalidad.

Pero más allá de ese ordenamiento es inminente la reglamentación del Consejo Asesor de la Comunicación Audiovisual y la Infancia. Multidisciplinario, pluralista y federal integrado por personas y organizaciones sociales con reconocida trayectoria en el tema y por representantes de niños, niñas y adolescentes promovido por dicha ley. Si este espacio logra llevar adelante sus funciones las y los docentes podrán contar con herramientas para fortalecer sus radios, que no es otra cosa que fortalecer la educación cívica desde la infancia.

* Periodista. Autora de Tatuados por los medios.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/laventana/subnotas/159116-51067-2010-12-22.html