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  TEMAS DE DEBATE: EL DESARROLLO DE LAS PYMES

Las pequeñas y medianas empresas contribuyen a diversificar la estructura empresarial local, ayudan a conectarse con las innovaciones tecnológicas globales y generan empleo de calidad. Los especialistas formulan recomendaciones para fortalecer este entramado.

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Producción: Tomás Lukin

debate@pagina12.com.ar


Nuevas especies

Por Manuel Gonzalo *

Al pensar en las características del empresariado argentino, surge un denominador común: su heterogeneidad. Grandes grupos de empresas nacionales internacionalizadas, filiales de corporaciones extranjeras, pymes nacidas durante el peronismo y el desarrollismo, empresas fundadas en las últimas dos décadas, emprendimientos de subsistencia, cooperativas, redes agroindustriales, empresas especializadas en un nicho de mercado, consultoras boutiques, etc. Cada uno de estos actores empresarios tiene distintas lógicas y formas de comportamiento. Estas están emparentadas, entre otras cosas, con su propia historia empresarial, con la historia económica argentina, con la trayectoria de sus casas matrices, con las características de sus fundadores, con los sectores en los cuales se insertan y con las redes con las que interactúan.

En las últimas dos décadas ha surgido una camada de empresas jóvenes dinámicas ligadas a los nuevos sectores de la economía. Estas empresas representan una oportunidad para mejorar el perfil productivo local. Sin embargo, es conveniente detenerse sobre ellas. En un bosque tan heterogéneo, deben entenderse las especificidades de cada especie, para no caer en simplificaciones ni en idealizaciones.

¿En qué contexto surgen? A nivel global, la mayor parte de estas empresas capitalizan oportunidades de negocios generadas por un nuevo paradigma tecnológico. Este nuevo paradigma, aún en formación, surge en los últimos 30 años y es definido por algunos autores como paradigma posfordista, posindustrial o digital. En concreto, se materializa en el surgimiento y la difusión de nuevas tecnologías e infraestructuras. Sobresalen los avances de las telecomunicaciones, el incremento exponencial de las redes sociales, las nuevas formas para manejar y procesar información, la difusión de la microelectrónica, la computación y el software, las aplicaciones de la biotecnología y la nanotecnología, los procesos de automatización, etc. Todos estos avances tecnológicos disminuyen los costos de comunicación, transporte y coordinación de las firmas, favoreciendo la reducción de los tamaños medios de las mismas. Como consecuencia, el capital físico es reemplazado por el capital intelectual, como barrera a la entrada en estas nuevas actividades económicas.

¿Cuáles son sus principales características? En Argentina, estas empresas nacen principalmente en las últimas dos décadas. Aplican una nueva tecnología que no existía en el mercado local, se insertan como proveedoras de algún gran jugador global o instalan un nuevo modelo de negocios. En su mayoría, son fundadas por emprendedores de entre 20 y 35 años, muchos con estudios universitarios y una mínima trayectoria laboral. Los ámbitos de trabajo en donde se desempeñaron los fundadores, previamente a la creación de sus empresas, funcionan como “incubadores” de conocimientos, redes y recursos tangibles e intangibles. En tanto, estas empresas tienen una fuerte orientación al crecimiento y a la internacionalización, transformándose rápidamente en empresas medianas. Son ejemplos de estas empresas las nacidas en las industrias del advergame, videojuegos, seguridad informática, desarrollo de software, tecnologías de comunicación móvil, datamining, biotecnología, ciencias de la vida, etc.

¿Qué le pueden aportar al bosque empresarial local? Estas empresas son una especie minoritaria. Sin embargo, muchas de ellas logran crecer sostenidamente, alcanzando una facturación anual que ronda los 10 millones de dólares, exportando más del 50 por ciento de su producción a mercados complejos y empleando a alrededor de 250 personas al llegar a los 15 años de vida. Así, el desarrollo de estas firmas contribuye a diversificar la estructura empresarial local, ayuda a conectarse con las innovaciones tecnológicas globales y genera empleo de calidad.

¿Cómo se las puede apoyar? El diseño de las políticas de apoyo requiere de mucha sintonía fina. Los sectores a los que pertenecen estas empresas no son tradicionales, por ende, deben comprenderse sus complejidades. Se debería pasar de la visión individual de la empresa a una perspectiva sistémica, en la cual el surgimiento de estas empresas sea el emergente de las interrelaciones del ecosistema empresarial. Esto implica trabajar sobre el Sistema Científico y Tecnológico y su vinculación con las empresas, sobre las condiciones de estabilidad y previsibilidad del mercado interno, promover el acceso y la disponibilidad del capital semilla, fortalecer de las redes tecnológicas con organismos e instituciones tecnológicas del exterior, etc. Si entendemos que de a poco comienzan a despejarse las nubes de la crisis internacional, deberíamos buscar que estas nuevas especies del bosque empresarial local logren crecer y multiplicarse.

* Economista del Programa de Desarrollo Emprendedor (Prodem).

Instituto de Industria, Universidad Nacional de General Sarmiento.


La inserción internacional

Por Andrés Asiain *

Las pequeñas y medianas empresas son como niños en el mundo adulto de grandes corporaciones transnacionales que nos toca vivir. Sin embargo, y pese a la inseguridad reinante en el mercado mundial tras la crisis internacional, muchas de ellas se animan a salir de casa y vender en el extranjero. Y el número no es menor, según información del Centro de Estudios para la Producción, las pequeñas empresas exportadoras rondarían las 11.000, casi un 80 por ciento de las firmas exportadoras del país. Pero ha no confundirse, el mundo de los negocios no es demasiado democrático y no se gana por mayoría. Mirando los montos de las ventas, la facturación de las pymex es apenas el 6 por ciento de las exportaciones del país. Es decir, las grandes empresas son pocas pero concentran el negocio exportador dejando a las pequeñas y medianas una participación marginal en términos de facturación.

Así lo corrobora el Observatorio PyMEx, de la Cámara de Exportadores de la República Argentina (CERA), que releva el desempeño de las pequeñas y medianas empresas exportadoras de manufacturas agropecuarias e industriales (pymex). En su último informe indican que si bien el número de pequeñas y medianas empresas industriales que salen a vender en el exterior tiende a crecer desde el año 2003, su participación en el volumen de las ventas permanece estancado en alrededor del 11 por ciento de las totales del sector. Es decir, cada vez hay más empresas chicas que se animan a vender en el exterior pero ese comercio sigue siendo un negocio que concentran las grandes.

Un punto interesante que diferencia a la pyme de la gran empresa es donde se encuentran sus ventajas comparativas. Según el Observatorio PyMEx, las exportaciones de las empresas pequeñas y medianas se concentraban en el 2009 en textiles y de vestimenta (41 por ciento del total), madera y papel (24), cueros y calzado (14), metal mecánica (12), químicos y plásticos (11) y recién después llegan los alimentos (9 por ciento). Y es destacable que aun dentro del rubro de los alimentos, la mayor parte de las ventas se corresponde a la pesca y las frutas y legumbres.

Sin embargo, donde no hay grandes diferencias entre grandes, medianas y pequeñas es respecto de su ubicación geográfica en el país. Según el “mapa regional” que publica el Observatorio del CERA, las pymex reproducen la concentración geográfica de las grandes empresas del país, ubicándose mayoritariamente en Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe. Sin embargo, son relevantes para sus respectivas regiones las exportaciones de vinos de cuyo, alimentos y papel del noroeste, productos de maderas, yerba mate y té del noreste, lana peinada y productos pesqueros desde la Patagonia (donde han surgido nuevos productos de exportación como el cordero patagónico).

Respecto de cuáles son sus mercados, las pequeñas y medianas empresas suelen vender sus productos en los países de la región. Siempre según el Observatorio PyMEx mientras que para el 2009, las pymes concentraban el 61 por ciento de sus ventas en América del Sur y Central, las grandes vendían a esos destinos sólo el 42 por ciento de sus ventas totales. Al igual que las grandes, el principal país al que le venden las pequeñas es Brasil (cerca del 22 de las ventas) aunque la participación de Venezuela como comprador ha sido creciente hasta ocupar el 5º lugar en el 2009 (con el 4 por ciento de las compras totales).

Hay que destacar que la vocación latinoamericanista de la pequeña y mediana empresa nace de su ecuación de costos. Para sus volúmenes de venta, el flete es un porcentaje muy elevado del costo total, por lo que las distancias pesan y mucho. Así se explica que mientras que la distancia promedio de las ventas de las grandes empresas es de 8313 kilómetros, el de la mediana es de 6038 y el de las pequeñas de 4478. Por esa misma razón, el grueso de las ventas de las pequeñas y medianas empresas sigue realizándose en el mercado interno. De ahí que ha diferencia de muchas grandes corporaciones, para las pymes primero está el país, luego la patria grande y recién después el resto del mundo. Y ese impacto diferencial en el bolsillo del empresario suele reflejarse en las internas de las cámaras empresariales que las agrupan. En general, y con lamentables excepciones, las pymes suelen apoyar el proceso de recuperación del mercado interno y creciente integración latinoamericana iniciado en el 2003. Mientras, muchas grandes empresas con inserción exportadora prefieren combinar el tipo de cambio competitivo con un mayor liberalismo comercial condimentado con planes de ajuste que les brinden las largas colas de desocupados dispuestos a emplearse por bajos salarios.

* Economista del Cemop-Fundación Madres de Plaza de Mayo, profesor de la FCE-UBA.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-151836-2010-08-23.html


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Por Dante Sica *

“El enfoque es errado”

“Enfocar el problema en el tipo de cambio es errado. Los empresarios que solicitan una devaluación aducen la falta de competitividad, pero este inconveniente no se genera porque el dólar esté quieto. Incluso, hay ciertos incentivos externos favorables como la apreciación del real y el movimiento de los precios internacionales de los co-mmodities. El problema central es la inflación. Para los industriales es incompatible exportar en dólares a países con inflación del 5 por ciento mientras los costos internos crecen mucho más rápido. Es más, una devaluación sería contraproducente y generaría que el actual proceso de pérdida de competitividad se reavive a través de un recrudecimiento de la inflación. En relación al tema del sector agropecuario, habría que analizar detenidamente sector por sector, y sobre todo en las zonas marginales, donde la rentabilidad sí puede verse erosionada a partir del proceso inflacionario. Por otro lado, hay que tener en cuenta que una subida del dólar es regresiva, puesto que castiga a los grupos de ingresos fijos.”

* Director de Abeceb.com


Por Andrés Asiaín *

“Impacto regresivo”

“El reclamo para devaluar, que proviene del sector industrial y del agro más concentrados, encierra una hipocresía total. El agro es el sector más competitivo de la economía, mientras que tampoco son los grandes grupos empresarios como el que encabeza Ratazzi los que podrían estar sufriendo por la falta de competitividad. Esto sí les puede estar ocurriendo a los sectores pyme de determinados rubros, que seguro no están representados por los empresarios que encabezan el actual reclamo. Con lo cual parecería que en realidad presionan buscando una fuerte redistribución regresiva del ingreso para mejorar más sus márgenes de ganancia o algún tipo de panorama desestabilizante. La mejora de competitividad vía depreciación del peso requiere como condición necesaria que estos sectores concentrados se sienten a negociar cómo distribuir los frutos de la medida. Mientras sigan oponiéndose a mejorar el esquema de retenciones, establecer precios para consumo popular, etc., el reclamo tiene un carácter sectorial. Así, parece una alianza social de los grupos patronales contra los trabajadores.”

* Docente de la UBA e Investigador del Cemop.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/subnotas/144061-46318-2010-04-17.html

  TEMAS DE DEBATE: LA CRISIS INTERNACIONAL Y EL ROL DEL G-20

Los especialistas analizan las perspectivas que se abren a partir del derrumbe del Muro de Wall Street. Asiain descree de una reforma dominada por el pensamiento ortodoxo y Silva Failde afirma que la clave pasa por el papel de Estados Unidos.

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Producción: Tomás Lukin

debate@pagina12.com.ar


¿Vuelta al proteccionismo?

Por Diego Silva Failde *

La crisis internacional, que comenzó con el derrumbe del sistema financiero, ha llegado a la economía real. A lo largo de los últimos meses el mundo ha visto el derrumbe del precio de los bienes primarios y una contracción creciente en la actividad industrial, con fuertes presiones sobre el nivel de empleo. Tan solo en enero, en los Estados Unidos se perdieron 650.000 puestos de trabajo, aumentando su tasa de desocupación del 7,6 al 8,1 por ciento, en lo que ya se vislumbra como una tendencia preocupante. La crisis es global: Europa, Asia y América latina, por no decir el mundo entero, ven caer progresivamente sus niveles de actividad y empleo.

Frente a este nuevo escenario, la reunión próxima del G-20 en Londres será un encuentro clave entre los principales países del mundo, con el objeto de tratar de coordinar políticas globales contra la crisis. No obstante, los gobiernos de todo el planeta ya han comenzado a implementar medidas de diversa índole para preservar sus economías. Y una vieja palabra, que desde hace casi treinta años que se había vuelto tabú, comienza a resonar en los planes de salvataje de las principales economías del mundo: “proteccionismo”.

Luego de décadas de impulsar el libre comercio a través de la Organización Mundial de Comercio, el Banco Mundial y el FMI, el gobierno norteamericano discute hoy una polémica cláusula en el plan de salvataje, conocida como “Buy American” (“compre nacional”). Esta cláusula obligaría a que el acero utilizado en las obras públicas de los Estados Unidos sea producido dentro de las fronteras de dicho país. Medidas similares están siendo analizadas con la intención de garantizar que los gastos gubernamentales se dirijan a empresas norteamericanas, ya sea en la compra de productos sencillos como uniformes o en bienes tecnológicamente complejos. El debate y la polémica están abiertos.

Teóricamente, la principal razón para aplicar medidas proteccionistas es asegurar que la demanda gubernamental estimule efectivamente la producción local, en el marco de una crisis de demanda en la cual la baja de la tasa de interés ha demostrado ser insuficiente. El problema es que, en el marco de la globalización, cada vez son menos los bienes que se producen dentro de los Estados Unidos. Meses atrás, Marc Faber –un famoso analista de Wall Street– decía: “El gobierno federal está enviándonos a cada uno 600 dólares de reembolso fiscal. Si gastamos ese dinero en Wal-Mart, el dinero irá a China. Si lo gastamos en gasolina irá para los árabes. Si compramos hardware o software, a India. Si compramos frutas y vegetales, irá a México, Honduras y Guatemala. Si compramos un buen auto, irá a Alemania. Y si compramos porquerías inservibles irá a Taiwan, y en ningún caso ayudará a la economía norteamericana. El único modo de mantener este dinero en casa es gastarlo en prostitutas y cerveza, puesto que son los únicos productos que aún se producen en los Estados Unidos. Yo he estado haciendo mi aporte”. Con tono irónico, Faber sintetiza en una frase los límites de la política fiscal en el marco de economías abiertas y globalizadas, donde el multiplicador del gasto público se diluye parcialmente en importaciones, estimulando a terceros países. En estas condiciones, la efectividad del impulso fiscal pareciera estar en una encrucijada: o bien se lleva adelante algún tipo de coordinación internacional de políticas, tal como pretende plantear Washington en el G-20, procurando que países como China den un giro hacia un mayor nivel de consumo y que la Unión Europea realiza políticas fiscales más agresivas, o bien el monto de gasto público de los Estados Unidos deberá ser realmente enorme en el marco de una economía abierta. Resta, obviamente, una tercera opción: elevado gasto público y “Buy American”.

Si bien las medidas proteccionistas han aflorado en diversas naciones, como bien puede observarse localmente en las recientes disputas comerciales entre Argentina y Brasil, la posición que tome Estados Unidos marcará el escenario mundial futuro. En 1929, para hacer frente a la crisis norteamericana, dos políticos republicanos –Willis Hawley y Reed Smoot– impulsaron una fuerte suba en los aranceles de dicho país, dando lugar a una oleada de medidas similares a lo largo del globo. El resultado fue una caída abrupta del comercio internacional, que se mantuvo vigente hasta mediados de la década del setenta, cuando una nueva crisis generó otra modificación del sistema mundial y una vuelta atrás con el proteccionismo.

La crisis internacional se ha profundizado en estos meses, y ya nadie duda de que estemos en tiempos de cambio. No sabemos cómo será el escenario futuro, pero una cosa es clara: independientemente de los acuerdos logrados en la reunión del G-20, la decisión que tomen los Estados Unidos –como primera potencia mundial– respecto del nivel de proteccionismo fijará parte de las nuevas reglas del juego.

* Economista, miembro de AEDA.


Los límites de la reforma

Por Andrés Asiain *

Las medidas anticrisis tomadas por los gobiernos de las potencias mundiales en los últimos tiempos ponen al desnudo las fuertes asimetrías que existen en el orden financiero global. Multibillonarios paquetes de rescate son lanzados a la circulación en los países del Centro. Por el contrario, los bancos centrales de la periferia se ven obligados, en pleno comienzo de la recesión, a incrementar sus tasas de interés para evitar la fuga de sus capitales hacia el norte. Lo paradójico es que la crisis se inició en pleno sistema financiero de Estados Unidos y no en los mercados emergentes.

La explicación de este comportamiento, a primera vista incomprensible, se encuentra en el papel que ocupa la moneda de las grandes potencias en el sistema financiero mundial. Un sencillo ejemplo basta para entender la diferencia cualitativa existente entre un dólar y un peso argentino, ¿alguien se imagina a algún norteamericano guardando pesos bajo el colchón?

La capacidad de emitir la moneda mundial no es un atributo que se a adquiere fácilmente. Estados Unidos lo logró aprovechando el estado de destrucción en que se encontraba Europa tras la Segunda Guerra Mundial. La supremacía del dólar fue aceptada por las otras potencias occidentales en Bretton Woods. Más tarde, cuando esos acuerdos sean cuestionados, se mantendrán por la fuerza del mercado. El de-sarrollo de los mercados financieros desregulados impondrá, de hecho, lo que los acuerdos anteriores otorgaban como derecho.

Este papel privilegiado le permite a Estados Unidos financiar su expansión militar y económica a lo largo del globo pagando en su propia moneda. También le posibilita realizar política fiscal y monetaria sin importarle sus consecuencias en términos de déficit fiscal o externo, como lo muestran las actuales medidas anticrisis.

Veamos, en cambio, la situación de la periferia en la actual crisis global. El crédito internacional se encuentra paralizado. Esto no es muy preocupante para países como la Argentina que hace tiempo no accede a los mercados financieros externos. Si es grave para otras economías, como las de Europa del Este, que han financiado su expansión mediante inversiones extranjeras. La repentina reversión del flujo de capitales desvaloriza sus monedas y vuelve impagables sus deudas externas fijadas en divisas.

Para países como el nuestro el canal de transmisión de la crisis es la caída de las exportaciones. El menor nivel de actividad de la economía mundial y el derrumbe del precio de los commodities reducen los dólares que ingresan por las ventas externas y ponen tensión sobre el valor del tipo de cambio. Las expectativas de devaluación incentivan la salida de capitales aumentando la presión a la desvalorización de la moneda local. Ante ello el Banco Central aumenta las tasas de interés enfriando la economía pese a los síntomas de comienzo de una recesión.

En este momento, los países miembros del G-20 se encuentran discutiendo la reforma del sistema financiero internacional. El papel privilegiado del dólar difícilmente sea afectado. Alguna concesión de poder a China en los organismos internacionales, un incremento en los préstamos a los emergentes con sound policy y cierta mejora en la regulación de los movimientos internacionales del capital, son las medidas que probablemente saldrán de esa reunión. Los países de la periferia no obtendrán allí las soluciones a los problemas urgentes que plantea el estallido de la crisis. En nuestro caso, en lugar de poner las esperanzas en la reforma del sistema financiero internacional, debemos comenzar por reformar el argentino. Vale recordar que, pese al paso adelante que significa la estatización de las AFJP, la apertura de la cuenta de capitales continúa condicionando la capacidad de generar crédito. Si pretendemos enfrentar la crisis internacional tenemos que recuperar el control de nuestra política monetaria. Sólo así podremos financiar las políticas de demanda efectiva necesarias para reactivar la economía sin la amenaza desestabilizadora de la fuga de capitales.

Para aquellos que, por el contrario, piensan que la solución se encuentra en la reinserción en los mercados financieros internacionales reformados, va esta cita de Keynes (que algo sabía de las crisis económicas): “El papel desempeñado por los economistas ortodoxos, cuyo sentido común ha sido insuficiente para equilibrar su deficiente lógica, ha sido desastroso en todos sus detalles; porque cuando, en su ciega lucha por encontrar una puerta de escape, algunos países se han sacudido las obligaciones que hacían imposible una tasa de interés autónoma, estos economistas han enseñado que una restauración de los antiguos grilletes es un primer paso necesario para la recuperación general”.

* CNE Arturo Jauretche.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-122331-2009-03-30.html