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Comencé a viajar con continuidad a Santa Cruz a partir del año ’95, apoyando distintas acciones en materia de política social que encaraba el gobierno provincial de Néstor Kirchner a través del ministerio que conducía Alicia Kirchner. Seguí la consulta popular que encaró el entonces gobernador, que lo dio como amplio ganador y le permitió una reforma constitucional. No quedaba claro si iba a llegar al 50 por ciento de los votos en el medio de la campaña y me sorprendió la tranquilidad con la que planteaba que “si la gente votaba por la reforma iba por un nuevo período y si no, no pasaba nada”. La misma tranquilidad con la que lo vi encarar la campaña presidencial de 2003, sin tensiones y con la convicción de que se aceleraba su tiempo. El creía que iba a ser presidente en 2007 y, crisis de 2001 mediante, llegó antes y empezó a todo vapor un proceso de cambio que vamos a comprender en su totalidad cuando se escriban los libros de historia dentro de 20 años.

Mi contacto con Néstor Kirchner fue realmente escaso. Pero le seguí los pasos desde los muchísimos viajes que hice cuando gobernaba Santa Cruz y, luego, como secretario de Políticas Sociales del Ministerio de Desarrollo Social de su gobierno nacional. Un hombre que nació a 3 mil kilómetros de donde pasa todo en Argentina, llegó sin ataduras al gobierno nacional y encaró las acciones que quería encarar. Honró su “mítico” discurso en el Congreso el día de su asunción, cuando planteó que sus convicciones no las iba a dejar en la puerta de la Casa Rosada. Cumplió y eso de por sí ya lo hace un hombre distinto en nuestro país.

Jugó fuerte por lo que creía: obra pública, derechos humanos, keynesianismo, desendeudamiento, superávit fiscal, políticas sociales amplias, concentración de recursos, fortalecimiento de la política, no reconocimiento de los actores empresarios, eclesiásticos, etc. Incorporó algunas convicciones nuevas en los últimos tiempos, como la Asignación Universal por Hijo, la ley de medios y la reforma política. Siempre jugando fuerte, siempre al límite, siempre con una inteligencia y una sagacidad que sólo tienen los distintos, los muy capaces. Los que creen en lo que hacen y ven algo diferente a lo que los demás ven.

Comenzó con la transversalidad y la idea de recrear el sistema político argentino. No la abandonó nunca (aunque por momentos pareció que sí) y se reencontró con el peronismo. Entiendo que la idea de un peronismo progresista que combine lo popular, lo multitudinario con programas de centroizquierda estuvo siempre en su cabeza. Lentamente fue configurando un sistema de partidos con una derecha y un progresismo. Fue llevando a la Argentina hacia allí, de manera rara, a los tumbos, pero la fue llevando hacia allí.

No fue un presidente más para la Argentina. Fue el mejor presidente que dio la democracia del ’83 para acá. La política, que en los ’90 estuvo presa de las recetas económicas, debe darle las gracias. La sociedad, que tocó fondo en el 2001, también debe darle las gracias por haber reconstruido un sistema de funcionamiento y un crecimiento económico que no es sólo viento de cola. Si hay más jóvenes politizados, si hay más debate en la opinión pública, si hay tensión es porque el país está vivo. En gran parte se lo debemos a este hombre distinto que dejó todo. Que, como siempre dijo, con su “verdad relativa” fue hasta el final. La historia muy cada tanto nos regala un hombre de estas características. Alguien del que hay mucho que aprender.

* Ex secretario de Políticas Sociales de la Nación del gobierno de Néstor Kirchner.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-156212-2010-11-03.html

  OPINION


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La creación por parte del gobierno nacional de una “cuenta gratuita universal” es una oportunidad para avanzar en la incorporación de los sectores más pobres al sistema bancario formal. A partir de hoy se implementarán cajas de ahorro gratuitas a las que se podrá acceder con la única presentación del DNI. Tendrán un saldo máximo de 10.000 pesos, pero sin costos de mantenimiento. Esta decisión se suma al lanzamiento de la Tarjeta de Alimentos en la provincia de Buenos Aires en febrero de 2008 y a la bancarización de más de un millón de familias a través de la extensión de la asignación por hijo.

Estas políticas representan un puntapié inicial para revertir una compleja relación que se está generando en los últimos años entre pobreza y endeudamiento. Especialmente en los grandes centros urbanos, la gente está contrayendo deudas a tasas muy altas por las fuertes dificultades que tiene para acceder al crédito bancario. En muchos casos, la única posibilidad para los sectores pobres parece ser tomar un “crédito ya” o “efectivo fácil”, que tienen como único requisito la presentación de una fotocopia del DNI. Pero son préstamos que, en muchos casos, encubren tasas que superan el 100 por ciento anual. Y cuando el deudor no puede pagar, se les ofrece reprogramar el pago con intereses aún más elevados.

Por eso, es necesario avanzar en la revisión de las cláusulas que impiden a las entidades bancarias prestar dinero a quienes no puedan justificar un ingreso fijo formal y, a la vez, se ponga un freno a la expansión de las casas que brindan préstamos personales con prácticas claramente usurarias.

En el país hay cuatro millones de cuentapropistas y emprendedores que trabajan en condiciones precarias y no pueden a acceder a créditos dentro del sistema bancario porque no cuentan con garantías. Se trata de gasistas, carpinteros, mecánicos, costureras que cuentan con tecnología atrasada y, por tanto, interactúan mal con el mercado.

Las entidades financieras públicas han puesto en marcha en los últimos años diversos programas destinados a capitalizar a los sectores pobres. El aporte estatal permite bajar las tasas y absorber los altos costos de la operatoria del crédito. Los programas se destacan por su bajo nivel de morosidad, que llegan a menos del 3 por ciento sobre el capital vencido.

Este indicador encuentra, al menos, dos explicaciones posibles. Los sectores pobres asumen la palabra empeñada. Y como es su única fuente de financiamiento, pagan en tiempo y forma para volver a tomar otro préstamo. El hecho de que sea un banco –público o privado– el que les brinde el crédito genera un incentivo intangible, aunque muy relevante: las personas sienten que hay una entidad financiera que confía en ellos.

Este tipo de microcréditos vinculados al Estado llegan a doscientas mil personas. Pero hay 3,8 millones que no acceden a esos préstamos y, en ese universo, están los que se endeudan a tasas usurarias. Por eso, es necesario dar un salto de escala y avanzar en la masificación de los sistemas de créditos existentes.

La masificación del crédito bancario y el debate acerca de cuál es el rol del sector financiero parece fundamental para reducir los niveles de vulnerabilidad social. Resulta importante establecer mecanismos para masificar el crédito a los que no tiene garantías y, junto con ellos, encarar una red de seguimiento que acompañe a los pequeños emprendedores.

El problema del trabajo informal y el desempleo no sólo se mejora con el acceso al crédito, sino también con mecanismo de acompañamiento y capacitación laboral, aspectos en los que también ha habido avances importantes.

Son muchos los sectores productivos que mejoran el PBI en Argentina, pero son pocos los que llegan hasta la punta de la cadena, es decir los que incorporan a los jóvenes que no tiene secundaria completa. La construcción, el textil, la metalmecánica, el calzado, las curtiembres generan movimiento y permiten incluir a estos sectores. Es necesario que, junto con la masificación del crédito a los sectores pobres, se generen mecanismo de incentivos para el desarrollo de estas actividades.

* Ex viceministro de Desarrollo Social de la Nación.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-154119-2010-10-01.html

  OPINION


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De chico era un entusiasta jugador de fútbol del club Luz y Fuerza de Castelar. Corría todas las pelotas y trataba de participar de todas las jugadas. El técnico permanentemente me decía: “Concentrate en lo tuyo, marcá la punta, hacé bien lo que tenés que hacer”.

Buen consejo para un momento complicado del mundo y de nuestro país. Todos parecemos tener más capacidad para mirar la paja en el ojo ajeno que la viga en el propio. Nos tiramos misiles unos a otros acerca de quién tiene la culpa de la inseguridad, a quién le faltan más recursos y dónde está el responsable de que las cosas no funcionen.

Tenemos también ideas fantasiosas: suponemos que los institutos de menores son como talleres mecánicos donde uno lleva un auto que está roto y sale arreglado, sin tener en cuenta que el contexto en el que vive el chico no se altera antes ni después. Esperamos que la escuela les pongan las reglas y los límites a nuestros hijos que nosotros no sabemos cómo poner.

Buscamos identificar con un rótulo a aquello que nos genera insatisfacción en la vida cotidiana. El problema son los políticos o los sindicatos, la policía, los jueces, los pibes chorros o el que a cada uno le venga bien para no reflexionar sobre qué hace para que esto ande un poco mejor. No se trata de no cuestionar lo que evidentemente anda mal, se trata de ponerle pilas a lo que cada uno hace para que funcione mejor.

Ejemplos tenemos para todos lados: policías buenos y también policías que cometen ilícitos; maestras que se quedan sin voz para enseñar a jóvenes que están absolutamente dispersos y otras que tratan de zafar como pueden. Jueces que se comprometen con las víctimas y las acompañan por pura humanidad, y otros a los que hay que llamarlos 500 veces al teléfono para encontrarlos en su despacho. Funcionarios que hacen su trabajo con liviandad y otros que le ponen el cuerpo silenciosamente a la tarea de mover un Estado muy difícil de mover. Lo mismo se podría decir de médicos, albañiles, carpinteros y de todos nosotros.

El asunto no parece ir por ver qué ejemplos nos quitan más las culpas (ya que los hay de todas las formas y colores) sino en concentrarnos cada uno en hacer bien lo que tenemos que hacer.

En lo social, esto significa trabajar fundamentalmente sobre la pobreza estructural, la precarización laboral y la creación de oportunidades reales para los jóvenes. Generar políticas masivas orientadas a fortalecer y dar mayores derechos a las familias, que les garanticen un piso mínimo de ciudadanía. Un ejemplo de esto es el Derecho Garantizado para la Niñez que pusimos en marcha en el gobierno de Scioli y que tiende a la extensión de las asignaciones familiares a todo hogar donde hay niños menores de 6 años, para que los chicos empiecen un escalón más arriba con el primer derecho del siglo XXI real y concreto.

Otros ejemplos son los programas de microcréditos, las agencias de orientación socioproductivas, las becas para que los jóvenes encaren sus proyectos, etcétera. Tenemos que lograr que todas las cosas funcionen. Que lleguen a cambiar situaciones de desigualdad, que pase algo en serio.

Parece momento para que, cada uno en su ámbito, sigamos los consejos del director técnico de Castelar: “Concentrate en lo tuyo, marcá la punta, hacé bien lo que tenés que hacer”.

* Ministro de Desarrollo Social de la provincia de Buenos Aires.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/subnotas/122259-39059-2009-03-28.html