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  CIENTIFICOS ESTADOUNIDENSES DESARROLLAN UN PARCHE PARA APLICAR LA VACUNA CONTRA LA GRIPE A

Las experiencias realizadas con ratones resultaron exitosas. No son dolorosas, pueden enviarse por correo y autoaplicarse. Además, aseguran que es más efectiva la inmunización a través de la piel que en los músculos.

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Los científicos han inventado una revolucionaria manera de vacunar contra enfermedades infecciosas. Se trata de un parche que se pone sobre la piel, que contiene la vacuna de la gripe A. El parche sustituye las agujas e inyecciones y podría transformar la batalla contra futuras pandemias, al inocular a los pacientes con vacunas no dolorosas que se pueden enviar por correo y autoadministrarse en la casa de alguien sin ninguna experiencia médica.

En el mundo en vías de desarrollo, los parches de piel podrían eliminar la costosa infraestructura médica de las campañas masivas de vacunación, que requieren de personal médico entrenado para inyectar las vacunas y costosos equipos para almacenarlas. Los parches también eluden los riesgos de agujas sucias. El parche está “armado” con una serie de agujas microscópicas hechas de plástico biodegradable que, sin dolor, raspa la superficie de la piel y se disuelve sin causar daño ni dejar rastros después de suministrar la vacuna dentro del cuerpo.

Las pruebas han demostrado que el parche funciona tan bien y posiblemente aún mejor que las vacunas convencionales inyectadas en el cuerpo con agujas y jeringas. Los parches son biodegradables y, a diferencia de las agujas sucias, no existe riesgo de marcas en la piel o contagios.

Los experimentos en ratas de laboratorio demostraron que los parches son aún mejores que las vacunas inyectables para prevenir los contagios de gripe porque la vacuna penetra el cuerpo vía la superficie de la piel, que es un órgano importante del sistema inmunológico. La mayoría de las inyecciones para la gripe, en comparación, envía la vacuna a los músculos, que pueden no ser el mejor lugar para provocar la reacción inmune inicial. Los expertos creen que, si las inmunizaciones contra la gripe y otras enfermedades infecciosas pueden darse con parches para la piel, mejoraría mucho la disponibilidad de las vacunas en el mundo en desarrollo, donde inocular con agujas e inyecciones es a menudo prohibitivamente caro por los costos que implica el personal médico entrenado. Además, los parches para la piel no necesitan estar guardados en refrigeradores y podrían resolver el problema de volver a utilizar agujas.

El profesor Mark Prausnitz, del Instituto Georgia de Tecnología de Atlanta, que lideró el equipo de investigación, dijo que el parche de piel con microagujas tiene el potencial de revolucionar la forma en que se dan y se administran las vacunas porque es simple y seguro de usar.

“El parche con microagujas que se disuelven podría abrir nuevas puertas a los programas de inmunización al eliminar la necesidad de personal entrenado para llevar a cabo la vacunación. Este enfoque podría producir un impacto significativo porque permite la autoadministración, así como simplifica los programas de vacunación”, dijo el profesor Prausnitz. “En este estudio, hemos demostrado que un parche de microagujas disolventes puede vacunar contra la gripe igual de bien y probablemente mejor que con la tradicional aguja hipodérmica”, añadió.

Los ratones inmunizados con parches de piel superaron una subsecuente infección del virus de la gripe un mes después de haber sido vacunados, igual que los ratones inoculados con agujas. Sin embargo, cuando fueron sometidos a una segunda infección de gripe tres semanas después de ser vacunados, los ratones con parches de piel pudieron eliminar el virus de sus pulmones, algo que no ocurrió con los vacunados convencionalmente, según el estudio que fue publicado en el diario Nature Medicine.

Los científicos creen que esta diferencia entre los dos grupos de animales vacunados se debe a que la inoculación ocurre vía piel, en lugar del músculo. “La piel es un sitio particularmente atractivo para inmunizar porque contiene abundante tipo de células que son importantes para generar respuestas inmunes a las vacunas”, dijo el profesor Richard Compans, de la Facultad de Medicina de la Universidad de Emory, quien colaboró con el estudio.

Ioanna Skountzou, de la misma universidad, dijo que las moléculas de las vacunas eran congeladas, secadas y puestas en las microagujas a temperatura ambiente usando luz ultravioleta. “Otra ventaja de estas microagujas es que la vacuna está presentada como una formulación seca, lo que aumenta su estabilidad durante la distribución y almacenamiento”, dijo Skountzou.

Sean Sullivan, del Instituto Georgia de Tecnología, añadió: “Nosotros vislumbramos a la gente recibiendo su parche por correo o en la farmacia y luego autoadministrándosela en su hogar”.

Las microagujas tienen 650 micrones de largo –casi seis veces el grosor de un cabello humano– y se cree que son demasiado cortas para estimular los receptores de dolor de la piel, aunque suficientemente largas para penetrar a través de su capa externa protectora.

Tendrán que hacerse más pruebas en animales todavía, antes de que los parches de piel sean probados en voluntarios humanos. Pueden pasar unos cuantos años más de pruebas clínicas; sin embargo, antes de que la vacunación por parche se convierta en rutina.

El polímero plástico que se usa para formar las microagujas del parche para la piel, polivinilpirrolidone, ya se utiliza en equipos médicos que se instalan dentro del cuerpo sin serios efectos secundarios.

Los científicos creen que vacunar con parches para la piel podría resultar en dosis más bajas de vacunas usadas, porque la piel es un lugar más efectivo para la inoculación. Las células especialmente inmunes en la piel están diseñadas para capturar partículas extrañas o los “antígenos” presentes en las vacunas, lo que hace que los parches sean más eficientes, dicen los científicos.

“El uso de agujas que miden apenas cientos de micrones de largo no sólo elimina el dolor y permite la administración a través de un parche finito, sino que apunta los antígenos a las abundantes células de la epidermis y dermis de la piel”, dicen los científicos en su estudio.

De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Páginal12.
Traducción: Celita Doyhambéhère


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-150608-2010-08-03.html

  UNA INVESTIGACION CONFIRMO QUE LA FAMILIA REAL DE LOS HABSBURGO DESAPARECIO POR SU ENDOGAMIA

Los Habsburgo fueron una de las familias reales más importantes en Europa por más de 500 años. Pero se casaban entre parientes para mantener la herencia. El entrecruzamiento genético derivó en incapacidades físicas y mentales. Y puso fin a los herederos.

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La dinastía Habsburgo fue una de las familias reales más importantes e influyentes en Europa durante más de 500 años y produjo gobernantes en Austria, Hungría, Bélgica, los Países Bajos y el imperio alemán. Luego, en 1700, la rama española de la familia llegó a su fin. Ahora los científicos creen que encontraron la explicación.

Un estudio del extenso árbol familiar de la Casa de los Habsburgo descubrió que el último rey Habsburgo español, Carlos II, fue el vástago de un matrimonio que era casi tan entrecruzado genéticamente como una relación incestuosa entre hermano y hermana o padres e hijos. Los científicos descubrieron que el afán de los Habsburgo de casarse con sus parientes para mantener la herencia de la dinastía intacta tuvo funestas consecuencias para las generaciones siguientes, que culminó en el último heredero del trono español, que era enfermo e impotente.

Carlos II de España fue apodado El Hechizado porque la gente de aquel entonces creía que sus incapacidades físicas y mentales eran el resultado de una hechicería. Ahora un estudio de la genética de sus ancestros más inmediatos encontró que tenía tanta consanguinidad que probablemente sufriera por lo menos de dos afecciones heredadas. A pesar de sus deformidades y sus graves problemas de salud, Carlos se casó dos veces en la esperanza de continuar el reino de los Habsburgo, pero fue incapaz de tener un heredero y murió sin hijos a la edad de 39 años. Fue el último de una larga línea de Habsburgos y significó el fin de la rama española de la dinastía.

Los científicos creen que pueden demostrar cuán entrecruzado estaba Carlos siguiendo un estudio de más de 3000 parientes de la familia Habsburgo extendiéndose a través de 16 generaciones. Los investigadores encontraron que su “coeficiente de consanguinidad” –un valor que indica la probabilidad de que un individuo reciba dos genes idénticos por descendencia debido a la cercanía de parentesco de sus padres– era igual a la de los hijos de un matrimonio incestuoso.

El profesor Gonzalo Alvarez, de la Universidad de Santiago de Compostela en España, encontró que los Habsburgo sufrían de una mortalidad infantil más alta que la media de la población, aunque la familia era inmensamente rica y no experimentaba los problemas de salud relacionados con la pobreza como le sucedía a mucha gente en esos tiempos.

También sufría una de la más altas incidencias de deformidades físicas, que estaban mejor ejemplificadas en el famoso “labio Habsburgo”, una prominente desfiguración de la mandíbula inferior causada por un problema heredado llamado progmatismo mandibular: cuando la mandíbula inferior crece más que la mandíbula superior. Carlos II no sólo sufrió de un extremo progmatismo, sino que se dice que la lengua era tan grande para su boca que tenía dificultad para hablar y se babeaba. También tenía una cabeza enorme, problemas intestinales, convulsiones y, según su primera mujer, eyaculación precoz.

“No pudo hablar hasta los cuatro años y no caminó hasta los ocho. Era bajo, débil y bastante delgado. Era una persona que mostraba muy poco interés en lo que lo rodeaba”, dijo el profesor Alvarez. “Parecía una persona mayor cuando tenía 30 años, sufría edemas en sus pies, piernas, abdomen y rostro. Durante los últimos años de su vida apenas se podía tener de pie y sufría de alucinaciones y convulsiones”, agregó.

Los problemas de salud de Carlos II de España no eran una consecuencia de vida, sino el resultado directo de muchas generaciones de matrimonios endogámicos dentro de la extensa dinastía Habsburgo, de acuerdo con el estudio publicado en el diario digital Plos One.

El lema de la dinastía Habsburgo –“Dejen que otros peleen las guerras, pero ustedes, feliz Austria, se casarán”– exacerbó la tendencia de los miembros de la familia a casarse entre sí. El padre de Carlos, Felipe IV, era el tío de su madre, Mariana de Austria; su bisabuelo, Felipe II, era también el tío de su bisabuela, Ana de Austria; y su abuela, María Ana de Austria, era simultáneamente su tía. Hubo muchos matrimonios entre primos dentro de la familia Habsburgo, así como entre tíos y sobrinas y más remotos miembros de la familia.

Esto significaba que a través de las generaciones, el coeficiente de consanguinidad aumentaba. Se calcula que el fundador de la dinastía española, Felipe I, tenía un coeficiente de consanguinidad de 0,025, lo que significa que sólo el 2,5 por ciento de sus genes probablemente eran idénticos por descendencia común. Pero 200 años y siete generaciones más tarde, el coeficiente se había multiplicado por 10 hasta 0,25 en el genoma de Carlos II, lo que significa que uno en cuatro de sus genes pueden haber sido idénticos.

Los peligros de salud en tan alto nivel de consanguinidad es que genes peligrosamente defectuosos, que generalmente son recesivos, pueden unirse en un individuo y así manifestarse como una enfermedad. Por esto el hijo del matrimonio entre primos tiene más riesgo de heredar las afecciones.

El profesor Alvarez y sus colegas creen que Carlos II sufría las consecuencias de un alto nivel de matrimonios endogámicos. Nueve de los once matrimonios a lo largo de los 200 años que precedieron a su nacimiento fueron consanguíneos.

Alvarez sugiere que Carlos II había heredado los genes que causaron dos enfermedades genéticas. Una es la deficiencia de la hormona pituitaria, que pudo afectar su crecimiento y desarrollo, y la otra era un problema renal que condujo a un desorden metabólico y que le causó la impotencia y la infertilidad. “Su debilidad muscular a una edad joven, el raquitismo, la sangre en la orina, su cabeza demasiado grande para su cuerpo podrían atribuirse a este desorden genético”, dijo. “De esta manera podemos especular que la mayoría de los síntomas que mostraba Carlos II podían explicarse por estos dos desórdenes genéticos.”

* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12.

Traducción: Celita Doyhambéhère.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-123336-2009-04-16.html