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  PANORAMA POLITICO


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Hoy el país está fragmentado: el esfuerzo conservador de los años ’90 para crear una sociedad dual, pocos ricos y muchos pobres, terminó en esto, un inmenso delta de islas o ghettos habitados por una multitud de personas que tienen la sensación, o la vivencia práctica, de estar libradas a su suerte. Los insulares sobreviven en hábitat tan distintos entre sí que cada día es más difícil la interlocución entre ellos, el diálogo, la lengua común. En ciertas ocasiones, la exclusión, no sólo por la condición económica, es un profundo tajo de desintegración social y fuente de violencia con rencor, inexplicables para el sentido común. Desde el punto de vista de las ideas, esa condición social disgregada expresa la enorme frustración de los discursos predominantes en el siglo pasado, del socialismo al neoliberalismo. Cuando en 2001 se escucharon airados coros que pedían “que se vayan todos” fue el momento en que la descomposición alcanzó a los partidos tradicionales, trastrocándolos hasta el punto que, en la actualidad, los que siguen derivando en la superficie son formas amorfas, adiposas, desconcertadas, sin identidades ideológicas definidas, con programas ambiguos que se acomodan para un lado o para el otro y un grado de atomización partidaria que si no fuera dramático sería grotesco. Setecientos partidos políticos compiten en el territorio nacional. Un disparate.

Ese contexto ayuda a poner cierta lógica en la conducta de jefes radicales que, muy frescos, le reprochan a don Cleto porque no votó con la UCR (caso BCRA), olvidando que el vicepresidente Cobos por el Frente para la Victoria nunca se reafilió al partido que lo echó cuando hizo fórmula con la presidenta Cristina, a la que defraudó con su desempate no positivo en el Senado, pero sin renunciar al cargo. Una joyita el hombre. Los antecedentes sociopolíticos sirven también para considerar otro sinsentido: Elisa Carrió, abogada, diputada nacional, se fue alejando del centroizquierda a medida que las votaciones le fueron esquivas, hasta que se tropezó con la pared de la derecha orgánica, llamada con abuso de sigla “el PRO”, fundiéndose con ella en una postura de oposición cerril al gobierno nacional. De Macri se puede entender porque desea la Rosada para él, pero ella tiene su destino en manos del azar, ya que en vez de construir liderazgo se convirtió en un personaje excéntrico que augura calma y felicidad para la población en tanto advierte, acompañando las profecías con todos sus guiños y tics faciales, terribles desastres mientras los tiranos continúen gobernando, “los más corruptos del peronismo”, asegura ella, una especie de record para el conteo de Guinness.

Carrió debería aplicar su capacidad de prevenir para adivinar su derrotero a partir de las incoherencias del presente: hasta hace diez días, según ella, las autoridades del Banco Central eran la defensa para que los ahorros nacionales, o sea las reservas, no fueran incautados por la codicia de “los más corruptos”. Por esa razón, Prat Gay votó, en la comisión especial, que debía aconsejar a la Presidenta, a favor del patán Redrado, al que la abogada Carrió había estigmatizado varias veces antes por el mal desempeño de sus funciones. No se había terminado de enfriar el sillón del “muchacho dorado”, cuando la diputada enfiló contra todo el directorio del BCRA, los mismos garantes de anteayer, acusándolos poco menos que de traición a la patria. Esta nueva cruzada la emprendió llevando al PRO en la punta de lanza y a su lado, incomprensible, a Felipe Solá, que dejó el servicio público para operar con la derecha metropolitana antiperonista, la que enfunda pistolas con picanas portátiles. Una descarga de ésas acaba de matar a un hombre en Nueva York. ¿Por qué la derecha está iracunda si, al decir de Carrió, oráculo cívico, el Gobierno había sido doblegado de nuevo? Los mercados financieros, que mueven los hilos de cierta derecha, sienten que perdieron a uno de los suyos y, en su lugar, con tanta gente prestigiosa que relee el Consenso de Washington, ideario inspirador de la Carta Orgánica del BCRA y de la actual ley de instituciones financieras, la Presidenta eligió a Mercedes Marcó del Pont, de genética desarrollista, con sentido nacional y sensibilidad social. Por si fuera poco, la nueva autoridad seguro que pondrá obstáculos a la fuga de capitales y encima, con sus antecedentes, si puede ayudará a modificar la Carta del banco, una especie de letra magna del poder financiero, y la ley que regula la actividad de bancos y mercados de valores para darles proyección social e integrarlos como socio y auxiliar en la orientación global del país.

Debido a sus méritos académicos y profesionales, es inatacable la flamante presidenta del BCRA, en comisión hasta concluir el mandato interrupto. A los que la juzgan con superficialidad por la amplia sonrisa simpática y mansa, les cuesta comprender que también posee un aguerrido temple de militante que tiene ideología, con perdón de la palabra. Aldo Ferrer asegura, después de tratarla mucho y de cerca, que la dama es una ciudadana íntegra, con todo lo que esa definición implica. El que no aplaudió, tuvo que callar, pero no significa calma, tregua o armisticio. La hipócrita guerrita de los mercados, preventiva y más o menos sorda o sórdida, además de las denuncias de la diputada porteña, tiende a presionar sobre la cotización del dólar y otras variables monetarias y financieras para hacer más difícil la gestión. A la vez, ningunean a la elegida presentando su vocación militante como sinónimo de subordinación ciega.

Con todos estos elementos, ¿no le habrán sugerido nada los sordos/sórdidos ruidos a don Felipe, que supo tener tanta capacidad de flotación como para nadar por años en la pileta de tiburones y cocodrilos? Habrá que sumar su conducta a la de otros muchos que tantean a ciegas en busca de una salida, así no sea siempre honorable, dado que por el momento dan vueltas en círculos que los llevan, una y otra vez, al mismo punto de partida. El fracaso y la impotencia de la política han “judicializado” temas que pertenecen por derecho natural al ámbito del Gobierno, o sea Ejecutivo y Legislativo. Luego, cada cual a su turno, se queja de lo más obvio: las falencias de una Justicia que necesita eliminar toxinas y rectificar motor desde hace décadas. El nonagenario cortesano, Carlos Fayt, se sintió tocado porque alguien mencionó la existencia de un “partido judicial” sin advertir que los tribunales devinieron en un tercer partido que arbitra las diferencias entre oficialistas y opositores, pero no por decisión propia sino por incapacidad de los respectivos querellantes.

La presidenta Cristina, todavía más que Marcó del Pont, está acosada por hostilidades, casi todas de origen en intereses económicos, con un oficialismo que tiene caciques sin identidad definida y opositores que están dispuestos a discutir, y presentarse a tribunales, acerca del sexo de los ángeles. Por si les sirve, en el DF mexicano, en el cruce de dos avenidas centrales, Insurgentes y Reforma, hay un monumento que consiste en una columna alta como el Obelisco de la CF argentina, en cuyo extremo superior está atrapado en vuelo un ángel dorado. Pues bien, ese ángel tiene tetas. Dicho lo cual, en las circunstancias actuales cada uno debería hacer sus ejercicios de introspección y no maquillarse para la tele durante tres días. Depurados de alma y cuerpo, sin masoquismo, cada quien tendrá que aceptar sus aciertos y derrotas, analizar las causas y saldar las cuentas de una buena vez, a los fines de abrir paso a una nueva oportunidad.

Las obsesiones, mal ejercitadas, son inútiles en la práctica política. El Gobierno deberá dar testimonio de ello. Así como en la confrontación con “el campo”, no supo tender puentes para diferenciar a los grandes de los medianos y pequeños y permitió que la Sociedad Rural llevara de la nariz a todos, los ataques justificados a las posiciones dominantes en los medios que cometen tropelías, mienten, deforman o trastruecan textos y contextos, vuelven como un boomerang cuando se confunde los roles de ese tipo de empresas y su personal de confianza con el periodismo en general. Es el mejor oficio del mundo, opinaron Gabriel García Márquez y muchos más, también en Argentina.

No se trata de justificar nada, pero tampoco de golpear la piñata a ciegas, porque fatiga y hastía. La política y los medios son complementarios y competitivos, al mismo tiempo, pero la diferencia de fuerzas y de llegada a menudo hace desigual la competencia cruda. Hay una ley de la democracia sobre medios. Pues bien, aplíquela el Gobierno sin más comentarios que los necesarios. Las encuestas de opinión más confiables aseguran que el electorado está dividido en tres tercios: uno a favor, otro en contra y el tercero indeciso. Si hay algo seguro es que al que duda o apoya con críticas y vacilaciones lo que menos le interesa son las peleas sino los hechos. “Más vale realizar que prometer”, afirmaba el General, viejo zorro de la política popular.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-139751-2010-02-06.html

  PANORAMA POLITICO


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Por fin, después de 45 días de intrigas y suspensos bizarros, Héctor Martín Pérez Redrado anunció en público su destino inexorable: la renuncia como presidente del Banco Central de la República Argentina. La confirmación llegó después de dos días de deliberaciones con la comisión especial que debe dar el consejo legislativo al Ejecutivo cuando se trata de remover a un director de esa banca. Es obvio que el “muchacho dorado” no consiguió la solidaridad que esperaba, un resultado que por cierto no era un misterio, ya que antes le habían soltado la mano hasta los más entusiastas defensores. Redrado jamás entendió que los opositores nunca se propusieron defenderlo sino oponerse al gobierno nacional. Tampoco ingresó en su consciente la idea principal: no podía doblarle la mano a la Presidenta. El jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, anunció anoche que el Gobierno rechazará la renuncia, porque ya lo habían cesado en sus funciones.

Durante la conferencia de prensa que ofreció al momento de anunciar la renuncia, Redrado develó algunos misterios: sólo le faltó confirmar que Clark Kent es Superman o viceversa. En la versión del ex titular del BCRA, todos los méritos económicos y monetarios de los últimos seis años se deben a su riguroso compromiso técnico-profesional. Más de una vez, contó, tuvo que ponerle límites al Gobierno para que no hagan zafarranchos. Al cabo de su relato, había caído un mito: los errores y los aciertos de la economía no se deben a Néstor Kirchner ni al matrimonio, sino al mismísimo MR.

Escuchando la versión condensada, de su propia boca, es más incomprensible aún que el episodio se haya arrastrado durante un mes y medio, con todos los perjuicios que esto significó en términos de mercado y de reputación internacional. Sólo el empecinado afán de los opositores de hacer difícil la tarea de gobierno puede explicar las solidaridades iniciales con el ahora dimitente. No escarmientan: el radical Sanz insistió en que el Gobierno debe aceptarle la renuncia, o sea renegar de su propia decisión, expresada en un DNU. Que ahora comience una puja y una escalada de pronunciamientos en los micrófonos de la radio y la TV para que acepte la dimisión terminará por agotar la paciencia popular que observa esta puja con menos interés que un teleteatro. Las encuestas indican que ha bajado la simpatía por el Gobierno y por los políticos de la oposición; todos están en caída. Este episodio debería ser superado con sencillez y dejarlo atrás lo antes posible, en lugar de prolongarlo con la tonta obstinación de molestar al otro.

Redrado terminó una semana especial puesto que se conmemoró en el mundo el Día de la Memoria, en el 65 aniversario de la liberación por las tropas soviéticas del campo de exterminio en Auschwitz. Durante más de seis décadas nadie en Alemania, civil o militar, denunció alguna humillación por el recuerdo. Por el contrario, en ese país, como en muchos otros, se realizan actos de recordación por todo lo que significa el Holocausto. En Argentina, la oportunidad tuvo un acento particular debido a que coincidió con una movida del bonaerense Eduardo Duhalde, quien entretejió la bárbara idea de que los juicios a los jefes y verdugos del terrorismo de Estado “humillaban” a las Fuerzas Armadas y que debido a los años transcurridos –la mitad de los del Holocausto– no se podía seguir marchando al porvenir con los ojos en la nuca. ¿Por qué sí pueden hacerlo los alemanes, a los que no les fue nada mal en materia de prosperidad?

La proposición reconciliatoria neomenemista, similar al indulto, de ese Corleone jubilado que trata de recuperar territorio perdido, no es fruto de la ingenuidad política o de un descarnado pragmatismo. Para su retorno Duhalde necesita mucha prensa y debió entender que para conseguirla en los mayores medios nada mejor que posicionarse en la derecha dura contra el Gobierno –en este caso contra las políticas sobre derechos humanos– para obtener a cambio buenos espacios que lo ubiquen en la atención pública. Si continúa buscando ese tipo de publicidad, a lo mejor este fin de semana se despacha con una diatriba moralista sobre las especulaciones acerca de los efectos afrodisíacos de los alimentos.

Si la prensa que presume de sesuda y seria le ha dedicado columnas con comentarios y opiniones de especialistas para desmentir una trivialidad del discurso presidencial durante mitines respectivos con criadores de cerdos y de pollos, los políticos podrían sumarse a la caravana de opinadores sobre los humores de doña Cristina. Habría que advertirles a ciertos opositores para que vayan preparando posiciones alrededor de la tanga, porque fuentes cercanas a la Casa Rosada estiman que la Presidenta podría hablar de lencería en cualquier momento. Es lógico que la prensa siga al detalle los mensajes presidenciales, pero no hay ninguna necesidad de magnificar los espacios de trivialidad a los que tiene derecho hasta una jefa del Estado. En todo caso, si hay que ocuparse de los consejos para consumir cerdo y pollo, habría que pensar que las exhortaciones llegan en momentos de una desorbitada alza de precios de la carne vacuna. “El campo” ya no puede realizar concentraciones multitudinarias, pero no se rinde, igual que el enmascarado solitario, y presiona sobre el ánimo público para que sigan enojándose con el Gobierno. De paso, hacen unos pesos más.

Los precios de la carne vacuna son utilizados por los economistas que vaticinan el infierno mientras gobierne el populismo para confirmar sus pronósticos, como lo hacen con regularidad en cada comienzo de año. Otros, en cambio, invitan a subir hacia nuevas prosperidades porque, aseguran, lo peor de la crisis mundial ya pasó. La realidad tendrá algo de ambos, pero las visiones más confiables hablan de un progreso en ascenso moderado. Es bueno pero no es bastante para el que nada tiene o quiere vivir un poco mejor. Haría falta una empresa que vuele más alto que un pollo o que un buitre. Diputados con sensibilidad social han propuesto, por ejemplo, rearmar la red ferroviaria en todo el país, un proyecto integrador, que movilizaría desde mano de obra hasta entusiasmos diversos a lo largo y ancho del territorio nacional.

Puede ser ése o cualquier otro de similar audacia y movilización, pero esta sociedad necesita un golpe de confianza, una razón para creer, un interés que quiebre la indiferencia y también que retome el diálogo entre política y sociedad. De otro modo, el cinismo ganará todas las batallas. Serán siempre poco efectivas hasta las mejores iniciativas oficiales, como la asignación por hijo, a los efectos de recuperar la fe cívica que se ha perdido.

Por desgracia, para esta inmensa tarea poco cuentan los opositores, por lo menos aquellos que manejan las mayores influencias. El sociólogo y analista político Manuel Mora y Araujo escribió sobre las características de los opositores: “... liderazgos personalistas, carencia de organizaciones partidarias nacionales, falta de proyectos políticos alternativos”. Para abundar, agregó: “El lugar de la UCR como partido alternativo fue ocupado por dirigentes sin partido, en muchos casos verdaderos destructores de organizaciones –inclusive de las creadas por ellos mismos– y en otros casos convencidos de que sus atributos mediáticos bastan para generar ofertas políticas sustentables” (en Cuadernos Argentina reciente N° 7, dic. 2009). Como la inteligencia y el sentido común no les deben faltar, todos deberían reflexionar sobre los despropósitos que implicó una aventura como la del ex titular del BCRA, antes de iniciar la próxima.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-139318-2010-01-30.html

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La “ley cósmica que nos dejaron los antepasados”, según el reelecto Evo Morales, presidente boliviano, ahora plurinacional, incluye tres mandamientos: “Ama Sua (no seas ladrón), Ama Qella (no seas mentiroso) y Ama Llulla (no seas ocioso)”. Deberían grabarse en piedra sobre las fachadas de numerosas sedes oficiales aquí y en América latina para restablecer el prestigio de la política, por ahora muy deteriorado en la consideración pública, a partir de la estricta aplicación de esas normas éticas. Mientras tanto, la escena política local sigue aburrida y con escasas ideas. Para verificarlo, sobra con gastar tiempo y paciencia en seguir los debates de comisiones en el Congreso, como las de Presupuesto y Finanzas el jueves en Diputados, y advertir, con algún escalofrío de hartazgo, cuántos legisladores están dispuestos a decir lo que venga a cuento, sin ninguna referencia doctrinaria o programática, a cambio de algunos minutos en pantallas de TV. Para evitar que le interrumpan la perorata en los canales privados con promociones publicitarias de detergentes o algún producto similar, basta con mantenerse en una sola línea: pegarle a la Casa Rosada con las dos manos, los dos pies y algún cabezazo. El anti-K vende bien en estos días.

La escasa ponderación de muchos legisladores no impide, al contrario, que el Congreso, la casa de los representantes del pueblo, sea un protagonista mediático de largas horas diarias, como lo fue muy poco en gobiernos anteriores de la etapa democrática iniciada en 1983. Nada de eso lo convierte en un hecho dramático. No será éste el primer Ejecutivo en gobernar con oposición bicameral y resistencias legislativas militantes, sino uno de tantos. El propio Néstor Kirchner hizo alarde de su experiencia de gestionar en minoría, pese a lo cual, hay que decirlo, el Ejecutivo está procediendo con instrumentos, como los famosos DNU, que parecen fabricados con dosis exageradas de improvisación, ya que después son zarandeados con cierta facilidad por políticos opositores y jueces que le hacen el aguante a la contra o, más simple todavía, exponen al aire los procedimientos apresurados. De seguir así, el asunto tendrá que aterrizar en la Corte Suprema, estación inexorable de la judicialización de los pleitos políticos, por impotencia de oficialistas y opositores para resolver los litigios en su ámbito natural. Es cierto, además, que este gobierno colecciona insubordinados pertinaces, pese a la fama de cuasi tiránicos. Algún ex ministro aseguró que los Kirchner no buscan colaboradores sino súbditos. Si es así, tienen más de un pobre imitador de Espartaco.

La atomización política que resultó de la crisis del 2001/02 se acentuó debido a la posterior ausencia de una alternativa creíble y legítima de gobierno para el electorado que, a la hora del cuarto oscuro, sin una guía predominante, repartió favores a diestra y siniestra. Ayer Macri, ahora Solanas, dale que va, todo es igual... A diferencia de la colcha de retazos, aquí faltó la mano de obra hábil para juntar los múltiples fragmentos y sólo alcanzó a amontonarlos bajo el membrete genérico de “la oposición”, una definición que no quiere decir nada, excepto el deseo común de sobresalir en la carrera hacia la renovación presidencial del próximo año, puesto que no distingue medianos de chicos, izquierdas o derechas o al menos los intereses federales y territoriales diversos. Es un conglomerado cuyo único pegamento consiste en rechazar todo lo que tenga olor a oficialismo.

Julio César Cleto Cobos sobresalía en ese conjunto desde que traicionó, con el voto negativo que desempató en el Senado contra una iniciativa del Ejecutivo, su compromiso previo de identificación con las políticas gubernamentales. Fue un héroe para la oposición mediática que pretendió convertirlo de vice en presidente paralelo o, lo que es peor, sustituto. Desde aquella madrugada en el Senado apareció entre los primeros en las encuestas sobre intención de voto, cuando nadie se apresta a votar, y de pronto el globo se infló hasta mostrarlo como eventual protagonista del hipotético ballottage de 2012... pero eran gases. El actual vicepresidente, la esperanza blanca del antiperonismo, camina sobre humo, no tiene ni siquiera el respaldo activo, decidido, de su partido de origen, la UCR. Más de un insospechable de oficialismo –Macri, Carrió, Solanas, entre otros– le han pedido la renuncia, lo mismo que a Redrado.

Bastó que la presidenta Cristina responsabilizara a Cobos por la postergación de su visita oficial a China, con los perjuicios que acarrea semejante decisión ante los ojos del mundo, para que comenzara a desinflarse y ya sus amigos dejan saber que su intención es retirarse en el primer trimestre del próximo año. Lo está abandonando hasta lo que nunca tuvo, el sentido común. Es que sin el despacho en el Senado, don Cleto desaparecería en la multitud de hombres grises.

Es una trayectoria que más de un congresal debería anotar para no repetir, en especial los antiperonistas acérrimos, es decir buena parte de los que hoy disfrutan del calor de las luces de la tele. ¿Seguirían teniendo esos espacios si en lugar de intentar humillar a la Presidenta con la deuda tomaran posición, por ejemplo, sobre el monopolio de telecomunicaciones? ¿Qué pasaría si además de consignas fáciles, y vacías, sobre el desarrollo, expusieran un verdadero plan de futuro con más riqueza y más equidad redistributiva, con bienestar y dignidad para las mayorías populares? Si lo hicieran serían, entonces sí, una amenaza para el destino de los Kirchner porque forjarían una real alternativa de poder. Nadie puede creer que “la oposición” como tal, ese conglomerado multiforme, pueda gobernar en conjunto y ni siquiera nominar a una fórmula común.

En los últimos días, como parte de la campaña “desprestigie al gobierno y gane cinco minutos de fama”, articulistas y personajes opositores han levantado polvareda sobre las eventuales virtudes de concordia cívica demostrada por chilenos y uruguayos en presunto contraste con la crispación confrontativa que aquí alimentaría el gobierno, nunca los opositores. Sólo les faltó decir: son peronistas, incorregibles. Esta gorilada, cuasi racista –¿sobreviviría el peronismo sin la negrada que lo vota?–, asoma la identidad cuando a la hora de los ejemplos elige dos países de blanquitos y elude a Bolivia, también fronterizo, recién votado, en calma pese a los fuertes conflictos de intereses con algunas regiones, con un ganador que obtuvo un porcentaje de votos más alto que sus pares de la derecha chilena y el frente amplio uruguayo. Pero es un indio.

Evo Morales asumió una doble presidencia, la que le otorga la mayoría de votos, más del sesenta por ciento, y la que le concedieron los pueblos originarios, la nación Plurinacional, a la que se dirigió en quechua, aymara y castellano. Para un país como Argentina, con influencias culturales dominantes de la inmigración europea, tal vez aparezca exótica, quizá ridícula, la ceremonia aborigen en Tiwanaku, pero expresa una visión cada vez más consolidada en el norte argentino, Paraguay, Bolivia, Ecuador y Perú, donde el ejemplo de Evo está alentando a la construcción de puentes entre las distintas etnias que se reconocen a sí mismas como una sola nación, sin los membretes poshispánicos. Es una masa, pobre en su mayoría, que tiene por lo menos una coincidencia con el proletariado de los libros: tiene poco y nada para perder, salvo las esperanzas.

Resaltar la experiencia de Evo no significa ignorar todas las especulaciones derivadas del cambio en Chile, no sólo por el desplazamiento de la Concertación democristiana y socialista sino por las derivaciones de un gobierno de derecha, con raíces incluso en nostálgicos del pinochetismo, tanto para el porvenir de la Unión Sudamericana como para las relaciones bilaterales. Más todavía: la Concertación fue una visión que aleteó en la imaginación de los Kirchner, de la que emergió un subproducto como Cobos, como una forma posible de gobernar por veinte años, tiempo estimado para la realización más completa del modelo nacional y popular de desarrollo. Al final, los tiempos se han acortado para todos, oficialistas y opositores, en relación inversa con el aumento de la impaciencia social. Harían falta respuestas cósmicas para empatar esas dos tendencias hasta acortar la brecha que hoy separa el micromundo de los forcejeos interpartidarios, por un lado, y por el otro las necesidades y expectativas sociales, desde los más pobres hacia arriba.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-138940-2010-01-23.html

  PANORAMA POLITICO


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No hay razón, legal o política, para que el Gobierno pierda la batalla sociocultural por el Fondo del Bicentenario, como le sucedió con la Resolución 125 sobre las retenciones a la exportación agropecuaria. Comienza a perderla, sin embargo, porque los opositores encontraron una idea-fuerza: “Hay que convocar a sesiones extraordinarias del Congreso”, para la que el oficialismo no tiene réplica equivalente. Todas las versiones conspirativas, de adentro y de afuera, son insuficientes para satisfacer el sentido común del ciudadano que no atina a explicarse la negativa gubernamental a extraordinarias como no sea por el temor a perder la votación y, en consecuencia, a dar marcha atrás con el proyecto que fundamentó los DNU (decretos de necesidad y urgencia) sobre el uso de reservas para pagar la deuda y el relevo del titular del BCRA debido a su negativa a ejecutar una decisión de política económico-financiera internacional.

Es sabido que la marcha oficial no está habituada a los retrocesos; pero encerrarse en argumentos formalistas, da la sensación de improvisación y debilidad en la gestión del Poder Ejecutivo y la consiguiente pérdida de credibilidad pública sobre su competencia para manejar asuntos complejos, pese a las evidencias en su favor del pasado inmediato. La memoria social, cuando algo la fastidia, olvida rápido. Lo peor de todo es que alguien tendrá que levantar la factura de esta ocurrencia y, por lo que se pudo ver en el pasado, los traspiés de economía los pagan los titulares de la cartera. Nada menos aconsejable cuando el país reabrió el canje y comenzaron negociaciones con tenedores de bonos.

Los opositores tienen la ventaja de contar con el aparato mediático de las mayores y menores empresas que se sintieron afectadas por la Ley Medios de Comunicación Audiovisual y que están dispuestas a respaldar todo lo que debilite al Gobierno, para ver si pueden impedir la ejecución de las nuevas normas legales. También opera desde la extrema derecha, camuflada como “oposición”, la fuerza remanente, que no es poca, de los defensores del terrorismo de Estado y de los nostalgiosos del neoliberalismo conservador de los años ’90. Por último, en esta sencilla enumeración hay que mencionar a los grupos económicos concentrados, además de los que controlan el poder mediático, muchos de ellos beneficiados por las políticas estatales, que ponen primero su temor a lo que llaman “el populismo”, algo así como el sucedáneo imaginario del comunismo, antes que cualquier otra consideración. Desde ya, los llamados “fondos buitre” hacen su aporte, ya que quieren abortar la reapertura del canje.

Con este “viento de cola”, las oposiciones políticas de centroderecha parecen más de lo que son. Ni siquiera se preocupan por las contravenciones de sus conductas particulares. Sanz y Morales, los dos encargados de la UCR, hace una semana, parados ante las cámaras y micrófonos en la puerta del BCRA (Banco Central de la República Argentina), aseguraban que defenderían a Redrado del autoritarismo presidencial. A los pocos días, en la Comisión Bicameral que trataba los DNU, el mismo Morales, en nombre propio y en el de Sanz, declamaba que el ex titular del BCRA era una pieza secundaria, casi insignificante, que lo mejor que podría hacer sería irse para no perjudicar más al país.

Del mismo modo, en distintos sets de TV se pudo ver en los últimos días a legisladores que reclamaban “soluciones políticas” al problema, cuando muchos de ellos fueron horas antes promotores de la “judicialización”, dándoles intervención a los jueces en un asunto del gobierno (Ejecutivo y Legislativo). La mención completa de marchas y retrocesos, improvisaciones y contradicciones, más una serie de inconsistencias de los opositores, darían lugar a varios tomos con relatos de la picaresca, si no fuera porque algunas consecuencias pueden ser muy serias. En la tarde de ayer, el teleespectador podía pensar que había dos ministros de Economía, Boudou y Redrado, por la manera en que cada uno hablaba sobre las operaciones en los mercados como si el otro no existiera.

El rigor de las posiciones y los graves tonos de las declaraciones opositoras no le dan fuerza a la idea de las extraordinarias sino la necesidad de una porción considerable de la sociedad, sobre todo de las clases medias, de poner a prueba la fortaleza del Gobierno. Los que detestan y los que apoyan, unos para derrotar, otros para robustecer influencias, quieren que la presidenta Cristina consiga sus victorias, o fracase, allí donde ahora ya no tiene mayorías absolutas, ni simples. Para eso es necesario que el oficialismo busque acuerdos con algunas porciones de esas oposiciones que no deberían estar recostadas hacia las derechas.

Hace menos de una semana, este diario publicó un reportaje a Néstor Kirchner, donde el ex presidente imagina la confluencia en el proyecto oficial de dos fuerzas distintas: el PJ y el centroizquierda. Para algunos son agua y aceite, pero hay quienes piensan que los Kirchner no pretenden reunirlas en un mismo frente sino lograr un solo punto de coincidencia, el que se acuerde a la hora de las internas. Mientras tanto, la tarea oficial sería menos áspera. Para conseguirlos, a los barones del “pejotismo”, sobre todo en el Gran Buenos Aires, la Casa Rosada los distinguió de diferentes maneras. No hay constancias tan claras, en cambio, de actitudes parecidas con los partidos de centroizquierda. El oficialismo no tendrá este apoyo sólo porque sus principales enemigos sean de derecha. Peor aún: en la confusión de los tiempos actuales se ha visto a más de una izquierda pasar del brazo con quien no debía pasar.

Es comprensible que, después de seis años de gestión, la paciencia del Gobierno no sea la misma que en los primeros momentos, pero los movimientos sociales que están en la calle, algunos aliados hasta anteayer, tienen que ser recibidos y conversados hasta que se les caiga la lengua, en lugar de dejarlos en la calle, perturbando a otros. Hay algunos que son irredentos porque no esperan soluciones del sistema, pero no serán ellos los que influyan en los votos de centroizquierda sino la habilidad presidencial para lidiar con los revoltosos de manera que el tránsito en la ciudad sólo sea interrumpido por las obras de Macri.

Es mucho lo que puede hacer el oficialismo, pero también el centroizquierda tendrá que aportar esfuerzo propio. Cuando algunos núcleos piden una investigación de la deuda externa, es saludable como una firme y consecuente posición moral desde hace décadas, pero en términos políticos a esta altura más bien es un saludo a la bandera. Al menos mientras la consigna sea sólo un título y nada más. ¿Quién audita, por cuánto tiempo y sobre qué montos de cuáles períodos? Raúl Castells y Nina Peloso ayer ya pusieron su grano de sal para desacreditar la consigna, haciéndose detener en los salones del BCRA y del Nación.

Desde la izquierda es bastante común presentar al oficialismo y sus principales adversarios como “la misma cosa”. Esa visión, más allá de un posible error de análisis, anula la capacidad de usar la propia fuerza para impulsar lo mejor de cada momento, de unos, de otros o de ninguno. Marx creía que la burguesía capitalista debía avanzar en el mundo colonial para desarrollar las fuerzas productivas y gestar al proletariado revolucionario que terminaría con los burgueses. No siempre las profecías de la izquierda se compadecen con la historia real. Nadie pide que bajen las banderas sino que las hagan avanzar con ímpetus renovados, en lugar de plegarse a las indecorosas maniobras en las que suelen enredarse algunos jefes de la derecha local.

Este es un período que tiene a prueba a la mayor parte de la Unión Sudamericana. Por motivos distintos, cada cual los propios, hay crispaciones, para emplear el término de moda, en Venezuela, Ecuador, Bolivia, Paraguay y Brasil. Chile tendrá que decidir mañana, en segunda ronda, si se vuelca más a la derecha o insiste con la Concertación. Cada uno de los desenlaces tendrá algún impacto en el cuerpo nacional. Aunque ninguno estremecerá más que las imágenes de la catástrofe en Haití. El terremoto es un accidente de la naturaleza, pero sus consecuencias tienen directa relación con las condiciones de vida de la población. Un sismo de igual magnitud, con epicentro también en zonas urbanas, ocurrido hace algunos años en Japón, dejó un saldo de 15 a 20 muertos. En Puerto Príncipe, las cifras provisionales cuentan cien o ciento veinte mil los cadáveres esparcidos por la ciudad. La dimensión de la tragedia recuerda que la lucha contra la pobreza es la tarea principal de la política.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-138585-2010-01-16.html

  OPINION


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Secundada por el ministro Amado Boudou, la presidenta Cristina Kirchner salió ayer a recortar el territorio de los aparatos y aparatitos que integran el conglomerado conocido como “la oposición”, alborotada por la movida de un octogenario juez de Estados Unidos que busca provecho para los “fondos buitre” en las trifulcas alrededor del Banco Central (BCRA). Presos de semejante excitación los personajes opositores quieren a toda costa que las Cámaras decidan las estrategias económicofinancieras del Estado nacional, empezando por el uso de las reservas excedentes, como si el régimen político hubiera mutado de presidencialismo extremo a parlamentarismo británico. Es fácil deducir que la confusión deriva de la voracidad de futuro que paladean los candidatos a la sucesión en la Casa Rosada, sobre todo cuando imaginan que el Gobierno puede ser debilitado a un grado tal que las candidaturas oficialistas dejarían de contar para la competencia. La mayoría está dispuesta a cualquier alianza y a diversas maniobras con tal de neutralizar todo resto de potencialidad popular en el kirchnerismo.

Hay un frente de intereses económicos concentrados, con influencias multicolores en la llamada “opinión pública”, que revuelve las internas partidarias con el mismo entusiasmo que algunos vagos dedican a patear hormigueros, sin hacer opciones precipitadas. De ese enjambre de todo y nada emerge la figura de Julio César Cobos como presunto jefe virtual de las hostilidades antigubernamentales. En la víspera, la Presidenta le dedicó un mimo envenenado al suponer que el actual vice no sólo pretende ascender a presi sino que lo desea aun antes de las urnas de 2011.

Hay un neologismo para definir ese tipo de ansiedades no positivas: destituyente. Cobos no fue el único blanco de los mandobles presidenciales, y sería engalanarlo demasiado suponer que merece esa exclusividad, pero doña Cristina hizo algunas precisiones que merecen ser tenidas en cuenta: los males nacionales no nacen afuera, en todo caso rebotan en el exterior, y en este tiempo de inseguridades hay que andar con cuidado porque los buitres de las finanzas tienen representantes en más de un refugio de esta benemérita ciudad. Podrían ser puntos de partida para un debate con alguna sustancia, sin las trivialidades de cada día que golpean la sensibilidad de las audiencias con violencia equivalente al huracán que ayer devastó varios barrios porteños.

Hay un área en especial donde podrían dirimirse las discusiones y forcejeos en los próximos dos años. Es la zona ocupada por las clases medias, donde hierve el disgusto con la gestión oficial por razones que son más fáciles de reconocer que de explicar. Mensajes como el de ayer deberían ser motivo de reflexión en un sector social con un nivel educativo importante, excepto que los prejuicios hagan valer sus anteojeras, con la clásica fórmula de amigo-enemigo. En estas franjas de opinión los argumentos formalistas, leguleyos, son aceptados como buena doctrina y personajes como Cobos y Martín Redrado son evaluados por su habilidad para la trepada oportunista. Sin embargo, no debe olvidarse que buena parte de las víctimas del terrorismo de Estado surgieron de las fábricas y de las capas medias. En la memoria, pero también en el porvenir, esa confluencia, esta vez para la vida, debería repetirse.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/subnotas/138429-44671-2010-01-13.html

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Al señorito Hernán Pérez, conocido en el mundo bancario y social por su segundo nombre y el apellido materno, Martín Redrado, alguien debió avisarle a tiempo que los Reyes Magos son los padres. Así, tal vez, hubieran evitado que este 6 de enero se quedara esperando que Melchor, Gaspar o Baltazar lo declarasen autoridad suprema, única, intocable del Banco Central. El espíritu práctico de su abogado Gregorio Badeni (Premio Platino Konex) logró que una jueza le otorgue un recurso de amparo para seguir tirando en el puesto hasta que alguna otra instancia decida sobre la cuestión de fondo que sigue intacta.

Mientras tanto, en lugar de los Reyes aparecieron dos radicales, Sanz y Morales, que se constituyeron en el lugar dispuestos a todo para que nadie le meta mano a la reserva, como si fuera hija propia, aunque poco tuvieran que ver con esa paternidad. Cuando el correligionario y jefe De la Rúa se hundió en sus ineptitudes, las reservas acumuladas en el Central andaban por los 8000 millones de dólares, mientras que ahora pasan los 48.000 millones. A la pareja de cruzados, es obvio que de Pérez Redrado sólo les interesa el provecho que puedan sacar de la situación para sus réditos político-electorales. Lo mismo sucede con el resto de la oposición, empeñada en llevarle la contraria al gobierno nacional, que le hubiera iniciado juicio político en lugar de defenderlo al ahora ex presidente del Central si accedía a la demanda del Poder Ejecutivo.

Esta confrontación abierta tardó más de la cuenta en manifestarse, porque desde el primer día, cuando Pérez Redrado fue propuesto al Senado por Néstor Kirchner, estaba claro que el “golden boy”, apodo social del renunciado, hacía juego con una institución cuyas bases y principios fueron modeladas por los conservadores. Para no ir un siglo atrás, la Carta Orgánica del Banco Central fue elaborada por Domingo Cavallo y la Ley de Entidades Financieras reconoce la mano de José Alfredo Martínez de Hoz. Este, además de ministro central de los primeros años del terrorismo de Estado, fue asesor del presidente Carlos Menem y de Mingo, bien sabido es, fue convocado por el gobierno de la Alianza como la respuesta a todas sus plegarias (las de él y las de la Casa Rosada). Ni peronistas ni radicales tuvieron la decisión en la reforma constitucional de 1994 de regar al Banco Federal, como lo llama el texto magno, con valores democráticos. De haberlo hecho, a esta hora el debate sería muy distinto. El Banco Central de la República Argentina (BCRA) es una institución remanente, entre tantas otras, de lo que los Kirchner gustan en llamar “el otro modelo”, o sea el neoliberal conservador.

Los formalistas que invocan la Carta del Mingo o determinados procedimientos protocolares, en su mayoría, usan las apariencias como un biombo para ocultar los contenidos reales que ilustran al BCRA. Obsesionados por la aparente facilidad con que la presidenta Cristina se lleva por delante algunos de los tótems del pensamiento conservador y, también, acosados por la incertidumbre acerca de futuros electoralistas, opositores progresistas y de centroizquierda se dejaron ganar por las ideas formalistas: “El presidente del BCRA es intocable si nadie lo encuentra orinando sobre el busto de Pellegrini”, “las reservas no se tocan”, “estos Kirchner operan como una monarquía”. Hay una mitad, por lo menos, de juristas dispuestos a encontrarles razonabilidad a los decretos presidenciales y, por supuesto, otra mitad adherida a los valores implícitos de la institución cuestionada. Ayer ya hubo prueba y en estos días se conocerán fallos de uno y otro bando y en unas cuantas semanas más tendremos a los legisladores abandonando los falsos recintos de los sets televisivos para ir a sentarse a las poltronas que les otorgó el voto popular. Rating no es equivalente a voto en la forma y en el fondo de la democracia republicana. Del mismo modo, es imposible creer que las cuestiones ideológicas puedan resolverse con un expediente judicial. Y lo que hay en todo este embrollo, más allá de la superficie y las palabras, son disidencias ideológicas, concepciones distintas sobre el Estado y la moneda.

Cuando se reúna el Congreso, la más apropiada discusión sería uno o varios proyectos que reorganicen al sector financiero empezando por el BCRA. Fuentes confiables aseguran que Carlos Heller, titular de Credicoop, con su experiencia personal a cuestas y el debido asesoramiento de expertos en la materia –no ha sido poco el mérito de quienes levantaron ese banco desde las cajas barriales de crédito– está abocado a la tarea de redactar propuestas pertinentes. Sería auspicioso que los que se reconocen como independientes de centroizquierda averigüen el dato y vayan asumiendo una posición más lógica para los inminentes debates, en lugar de sumarse alegremente al carnaval de esa murga llamada “oposición” como si se tratara de un género, una raza o una religión.

Como este caso no trata de sectas aunque sí de dogmas, hasta el sentido común indica que en la casa de todos, según la Constitución que tanto se menea en estas horas, el Estado está organizado en tres poderes (Ejecutivo, Legislativo y Judicial), no en cuatro, y que el BCRA no puede desoír los instructivos presidenciales como si fueran una mera opinión ni necesita fundamentos especiales para usar divisas que no respaldan moneda en circulación ni desatienden ninguna de las obligaciones del mismo banco. Aquí no está en discusión la virginidad de Pérez ni otra grosería semejante, sino simplemente una estrategia económico-financiera relacionada con acreedores y prestamistas internacionales, además de la calificación argentina en las mesas de crédito oficial y privado. ¿No era que el país estaba tan aislado que sólo le prestaba Chávez a tasas abusivas? Pues bien, ahora que se trata de abrir otras puertas en el mundo resulta que se llega a decir, a falta de mejores argumentos, que el Gobierno quiere usar las reservas para pagar el gasto corriente porque está poco menos que fundido.

O, como sugiere el vicepresidente del oficialismo y aspirante a líder de la oposición, J. Cleto Cobos, hay temor de que alguien (un fondo buitre para decirlo con precisión) pueda embargar esas reservas si abandonan el sacrosanto refugio del BCRA. En estas y otras opciones alarmistas, la oposición responsable debería estar más preocupada por el futuro del país antes que por el quince por ciento de las reservas. Más aún: a lo mejor, antes de la quiebra, hay que echar mano a ese recurso con la venia de todos. La actitud del Estado norteamericano en su crisis financiera fue clara y directa: no hay recetas ni dogmas que impidan encontrar soluciones. Si los Kirchner fracasaran como De la Rúa, el pastizal ardería hasta lugares remotos.

Estuvo bueno iniciar el año del Bicentenario y la segunda década del siglo XXI con un debate profundo sobre un área que siempre aparece lejana del mundanal ruido, cuando en realidad es la que controla buena parte de la consola de sonido. “¿Quién ha visto un dólar?”, preguntaba Perón a mediados del siglo pasado. Ahora está la respuesta: la mayor parte de la población urbana y de los centros turísticos. No es menor el deber de quien debe comprar y vender millones para que la tasa de cambio se mantenga estable y favorezca los negocios, tanto de los grandes exportadores como del artesano que vende chocolate caliente en algún lugar de El Calafate. Los gurúes de la economía, con pocas excepciones diferentes a los valores programáticos del BCRA, habían pronosticado que las mayores tensiones serían sociales, tanto de los pobres como de los trabajadores sindicalizados. Las primeras movilizaciones del año parecían darles la razón: eran movimientos sociales reclamando una porción de la torta de los planes asistenciales, con acampes, cortes de avenidas principales y otras posiciones de fuerza. Por lo bajo, en algunas intendencias bonaerenses, ya se hablaba de posibles saqueos y atropellos de ese porte.

En una sociedad partida en mundos separados, donde la vida de unos nada tiene que ver con las oportunidades de los otros, todas esas versiones son creíbles, aunque sean meros rumores, porque faltan puentes de encuentro, oportunidades para el diálogo, disposición al gesto amable. Hay tanta hostilidad circulante, tanto agravio y rencor acumulados, tantas diferencias cada vez más insalvables, brechas que fueron fisuras y hoy son abismos entre grupos económicos diferentes, que la desintegración social es quizá la mayor amenaza de futuro que enfrenta la nación en el Bicentenario. Por eso, los vocingleros que recorren canales y radios para alabar su hidalga predisposición a preservar las reservas y a Pérez Redrado deberían comprarse un nuevo mapa para ubicar con precisión por dónde anda el pueblo.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-138255-2010-01-09.html

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No hubo error ni hubo exceso cuando Macri decidió confiarles la seguridad de la ciudad a Fino Palacios y Chamorro. Tampoco lo hubo con Abel Posse, elegido para sustituir a Narodowski en Educación. A cuenta del jefe hay que decir que intentó con otros candidatos para esta sucesión, todos de derecha, pero ninguno aceptó o cumplió los requisitos. Pocos, muy pocos, andan por el país elogiando con el mismo énfasis del ex embajador a la última dictadura militar del siglo XX y tratando de filtrar los objetivos represivos del terrorismo de Estado entre los pliegues, defectos y decepciones de la democracia. Pese a ser miembro de una minoría sectaria de derecha, Posse no está solo: hay poderosos medios que lo alaban y un sector de la población al que le gusta lo que dice. Por sus dichos y hechos, Macri está más cerca de Posse que de Narodowski, se merecen mutuamente, pero a lo mejor, para bienaventuranza de la democracia, la irradiación de estas opciones terminarán por alejar a los demócratas y progres del antiperonismo que, al votar, sólo vieron al joven presidente de Boca Juniors, millonario por herencia, y creyeron que sus aptitudes lo habilitaban para reemplazar a los políticos profesionales. Olvidaron preguntarse cuáles eran las ideas de este rico joven, que ahora aparecen sin disimulo entre la parla culta de su flamante ministro. Si fuera por el nuevo titular de Educación en la Ciudad, habría que ilegalizar a los sindicatos, los docentes en primer lugar, encarcelar a sus dirigentes por polución ambiental, arrancar los aros de las orejas masculinas y prohibir el rock que pudre la cabeza de los jóvenes. ¿Tendrá algo para comentar Gabriela Michetti, el “lado humano del PRO”, como se decía en la campaña?

Por cierto, el sarcasmo está activo en todas partes. El Premio Nobel de la Paz fue entregado a Barack Obama, que hizo suya la invasión de Afganistán con un aporte adicional de treinta mil jóvenes soldados. El sueco que puso la cara durante la ceremonia aclaró que se premian las buenas intenciones aunque no tengan nada que ver con el presente del galardonado. Chile también tiene lo suyo: Michelle Bachelet deja la presidencia con casi el 70 por ciento de popularidad, semejante al porcentaje que se llevó a su casa su antecesor Ricardo Lagos. La Concertación, con socialistas y democristianos en la cabecera, gobierna hace veinte años, lo que eleva el mérito del aprecio popular porque sobrevivió al natural desgaste del ejercicio gubernamental. Sin embargo, las encuestas insisten en que mañana, domingo, ningún candidato alcanzará los votos suficientes y los dos más votados irán a segunda vuelta. Los pronósticos son más decepcionantes: casi sin excepción vaticinan la victoria en el ballottage del postulante conservador. Como advirtió Lagos: “Nada se tiene para siempre y hay que saber cuidar lo conseguido”. También subrayó: “No da lo mismo quién gobierne. Las miradas hacia lo externo a veces se ven parecidas, pero a la hora de resolver los grandes de-safíos sociales las diferencias se notan. Es un tema de sensibilidad política, de valores impregnados en el fondo de las convicciones”. No hay duda de que, como nunca, lo que suceda en Chile tendrá repercusiones en Argentina y en la Unión Sudamericana.

Los apuntes del socialista chileno vienen como anillo al dedo para este momento argentino, cuando se cumplen dos años de gobierno, la mitad del mandato de la presidenta Cristina. Algunos prefieren sumar este período al anterior de Néstor Kirchner, a pesar de las diferencias. “No da lo mismo quién gobierne”, dijo Lagos. Por otra parte, las sociedades cambian de parecer con alguna ligereza y no sólo sobre sus gobiernos sino también sobre los opositores. Para referencia: la magritud de la última convocatoria de la “mesa de enlace” en el Rosedal porteño, pese a que retuvo a la CCC del piquetero Alderete –por suerte, a nadie más desde la izquierda– y sumó a buena parte de la burguesía industrial y de los partidos de oposición de centroderecha, es suficiente evidencia sobre las mudanzas, en menos de dos años, de los sentimientos mayoritarios. ¿Dónde van cuando se alejan de lo que apoyaron, sea del gobierno o de sus enemigos? Por ahora, al limbo, donde aguardarán una ilusión, otra esperanza. Esa expectativa abierta es lo que autoriza todas las hipótesis, desde Cleto Cobos a Kirchner, que se echaron a rodar por las pendientes de la prensa y la política.

El ex presidente parece decidido a confiar su suerte a los intendentes peronistas de los principales distritos, refugiándose a la sombra del aparato partidario en vez de caminar sobre la superficie luminosa de un movimiento más ancho, más largo, más profundo. En sus momentos de éxtasis, cuando le proponían hacer partido del Frente Grande, Chacho Alvarez respondía: “Los aparatos no me gustan porque te aparatean”. Aunque los dichos del joven líder se fueron por la misma alcantarilla que escurrió al gobierno de la Alianza, en esa reflexión hay una síntesis apretada de lo que siente el peronista que se alejó del PJ. Por el contrario, el diputado Néstor cada día se zambulle más en el “pejotismo”, con entusiasmo parecido al que empleaba, en los primeros años de gobierno, para abrazarse con las muchedumbres que lo aplaudían.

En estos dos años pasados hubo errores y aciertos. Entre los primeros fue el tratamiento del conflicto agropecuario a partir del proyecto de retenciones de la resolución 125. De los aciertos, hay dos que pocos niegan: el salario familiar para desocupados y trabajadores informales y la estatización para el sistema solidario de los fondos que acumulaban las AFJP para provecho inmediato de sus directivos y propietarios. Los opositores no quieren quedar rezagados y pretenden, entonces, que la bonificación por hijo alcance una universalidad absoluta. En la cabeza de estos auspiciantes está presente la intención de agasajar a las clases medias, ya que el Gobierno las excluyó de este beneficio y de otros.

En su lugar, hay aumentos de precios para la mercadería de fin de año, además de otras alzas previas, y por si fuera poco, al iniciarse el verano aumentan todos los peajes, como si los concesionarios ofrecieran algún servicio que los justifiquen. Cualquiera que haya viajado por Europa sabe de los servicios que puede ofrecer una autopista con peaje, empezando por el impecable trazado, cartelería y señales del camino. El caso que la calle comenta en alta voz, el accidente letal de la familia Pomar, puso de nuevo en evidencia la precariedad de las rutas argentinas y la negligencia de los órganos de seguridad. Es otro golpe a la sensibilidad lastimada de las clases medias, azotada por una sostenida campaña mediática para generalizar el miedo a la inseguridad urbana. Si el aspirante a la sucesión, el diputado Néstor, cree que el poder de los intendentes peronistas supera a la influencia sobre toda la sociedad del estado de ánimo de las clases medias, se equivoca de un modo muy peligroso.

Debido a que la escandalosa intrusión de Posse en la vida pública de la ciudad atrapó la atención de los medios sensibles a los temas de los derechos humanos, pasó de largo el día mundial que se conmemora el 10 de diciembre porque fue el día que las Naciones Unidas de la segunda posguerra mundial proclamaron la Declaración Universal. Había motivos para detenerse en este jueves, a partir de la segunda o tercera condena, según cómo se cuente, a cadena perpetua para Luciano Benjamín Menéndez con un agregado significativo: deberá cumplir la condena en cárcel común, para lo cual los jueces revocaron el arresto domiciliario. En otro tribunal, esta vez en la ciudad, comenzó el juicio a diecisiete represores de la ESMA, encabezados por el Tigre Acosta y el Cuervo Astiz, responsables, entre miles de crímenes, por la desaparición y muerte de las monjas francesas, las fundadoras de Madres de la Plaza y el escritor Rodolfo Walsh, autor de una “Carta a la Junta” que es una pieza irremplazable para comprender el significado completo del terrorismo de Estado. Walsh es el polo opuesto de Posse. Falta tanto, es cierto, porque hubo 600 centros clandestinos y hay apenas sesenta enjuiciados. No resulta extraño que Taty Almeida, de Línea Fundadora, ocupara la tribuna del jueves para alertar a tantos defensores de derechos humanos: “Tenemos que hacer respetar el voto que eligió a este gobierno democrático porque, lamentablemente, los avances de la derecha son muy grandes”. La Plaza de las Madre es el espacio abierto opuesto al Rosedal de la Sociedad Rural y sus socios. No está mal que cada cual ocupe su debido lugar.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-136873-2009-12-12.html

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Cada vez que los discursos de la presidenta Cristina mencionan la responsabilidad social de los empresarios, con cierto énfasis en los industriales, parecen referirse a una apelación retórica antes que a un mandato efectivo. Esta semana, sin embargo, en la última asamblea de la UIA (Unión Industrial Argentina) quedó en evidencia la existencia de una corriente del patronato, en su mayoría grandes empresas asociadas con capitales internacionales, a la que le resbalan aquellas exhortaciones presidenciales, que no comparte el proyecto gubernamental y que se sentía más cómoda en los años ’90, con salarios congelados y masas menesterosas, pese a que en la actualidad recibe generosas tasas de rentabilidad. En aquella década, infame en diversos aspectos, muchos de esos empresarios se convirtieron en rentistas financieros, aquí y en el exterior, mediante el trámite de vender sus empresas a inversores internacionales, sin ninguna responsabilidad social con la suerte del país y el desempleo masivo de trabajadores. ¿Son parte de la llamada “burguesía nacional”? Si no lo son, en algún momento lo fueron, pero en sus conductas están lejos de considerarse nacionales.

En la etapa desarrollista del frondizismo, Marcos Merchensky, íntimo operador de Rogelio Frigerio, solía explicar la misión de su partido en estos términos: “El peronismo unificó a la clase obrera; nosotros tenemos la tarea de unir a la burguesía nacional, porque sin esas dos agrupaciones reunidas en una misma dirección histórica ninguna política de transformación nacional será posible”. Años más tarde, José Gelbard, ministro de Economía de Perón, desde la Confederación General Económica (CGE) disputaba con la UIA la conducción de la mentada burguesía nacional. Ninguno de ellos logró las metas que se proponía y nadie más, hasta ahora, lo intentó con idéntico empeño. Peor aún: durante los ’90, con la dictadura militar de José Alfredo Martínez de Hoz como antesala, la política oficial fue la desnacionalización privatizadora que enajenó buena parte de lo que se había levantado desde mediados hasta los comienzos del último tercio del siglo XX. De este proceso de desindustrialización emergieron los privilegios del modelo agroexportador que la Mesa de Enlace hoy en día custodia y defiende hasta donde le da el cuero.

El actual gobierno rescató las ideas de la historia del movimiento nacional y trazó una línea neodesarrollista, de neta preferencia por la producción y el trabajo de la industria. “El círculo virtuoso del capitalismo –suele decir la Presidenta– es el consumo, lo que explica que defendamos el empleo, los mejores salarios y jubilaciones y el valor agregado a las materias primas.” A partir de esta semana, quedó en claro que una parte importante de la burguesía industrial se declaró, sin más disimulos, miembro del frente inorgánico de la oposición. Reunida con la Mesa de Enlace agropecuaria, conforman un poder económico concentrado listo para dar batalla a fin de defender sus intereses (privilegiados) y acotar el ímpetu transformador del Gobierno, que se mostró entre otras oportunidades con la ley de medios audiovisuales. El golpe de Estado en Honduras fue urdido por centros empresarios y ejecutado por la mano de obra militar y demostró ser resistente a las presiones mundiales para rescatar los valores democráticos, aunque Washington viró hace poco hacia la conciliación con los golpistas y la mayor parte de los votantes desoyó los llamados a la abstención de Manuel Zelaya, presidente derrocado. Para desgracia de los locales, esto no es Honduras y tampoco encuentran correspondencia en la oposición política que debería ser la encargada de expresar y defender esos intereses económicos. La nómina de partidos con representación parlamentaria que milita en el antikirchnerismo, un caleidoscopio que al menor movimiento cambia de colores, carece de un liderazgo aceptado y reconocido por la diversidad y resulta arduo imaginar cómo lograrán sostener en el tiempo la unidad de acción de los que se definen “progres” con otros que no disimulan su pertenencia a la derecha.

Por el momento, la “oposición”, una denominación abstracta que pretende ser de género como esa otra que nombraba “el campo”, vive sus quince minutos de fiesta por algunos objetivos logrados en la sesión preparatoria del Congreso renovado. Tuvo quórum propio, sin el concurso del oficialismo, y consiguió que el kirchnerismo aceptara un acuerdo para la designación de las autoridades de la Cámara y para la composición de casi medio centenar de comisiones permanentes. Con excepción de Martín Sabbatella, que remarcó en público su independencia de tirios y troyanos, el resto de la corriente de centroizquierda, empezando por Pino Solanas, participó de los conciliábulos acuerdistas o calló. Se sabe: el que calla, otorga. A partir de estos datos iniciales, los que quieren creer en un renacimiento legislativo piensan que de aquí en adelante habrá dos bloques en Diputados: la “oposición”, con el 55 por ciento de la representación, y el oficialismo, con el 45 por ciento restante. Es probable que Kirchner, en vivo y en directo como diputado raso, mantenga unido al bloque, la primera minoría en números, antes que la oposición retenga en una misma dirección a su “rejuntado”, como lo llamó el santafecino Rossi, cacique de la bancada oficial.

La prueba de fuego de las lealtades, en esta época tan proclive a las traiciones, llegará cuando el Congreso deje de jugar con el reglamento y se aboque a tratar los asuntos que de verdad les interesan a los votantes. Los más vocingleros de los opositores, también los más optimistas sobre su propio poder, hablan de modificar el Consejo de la Magistratura, el que castiga y promueve jueces, como una prioridad imperativa, mientras que para los ciudadanos no hay asuntos más urgentes que el trabajo y el costo de la vida. La proximidad de las fiestas de fin de año ha desatado una carrera de precios que alejó a los ingresos medios y bajos de los supermercados –algunos se refugian en los chinos, más baratos– y convierte a Papá Noel en un visitante de lujo. Los comerciantes remarcan como si no existiera control estatal, mientras la Secretaría de Comercio habilita nuevos negocios para las cadenas comerciales –como la adhesión obligatoria de los receptores del salario familiar universal para recibir, a cambio, el doble del valor en mercaderías; podría ser todavía más, dado el margen de ganancias que aplican los mayores proveedores del consumo popular, ese “círculo virtuoso”– y no se da por enterada del alza de precios. Total, después acomoda las estadísticas oficiales.

No es la única distorsión observada esta semana. Los piqueteros que se movilizaron a Plaza de Mayo forman parte de los que buscan trabajo, pero no cualquiera, sino uno en particular. Quieren su cuotaparte del trabajo en cooperativa que, desde hace un tiempo, controlan los intendentes como otro instrumento que les cedió el gobierno nacional a fin de mantenerlos de su lado. “Eso es clientelismo”, rezongan los jefes de los diversos piquetes. ¿Y lo de ellos cómo se llama? Piden el manejo de cooperativas porque eso les permite retener la adhesión de sus seguidores, puesto que si consiguieran empleo particular en empresas privadas o estatales se abrirían del piquete, provocando la pérdida de territorio y la disminución de la capacidad de convocatoria. Es equivalente al control de los sindicatos sobre los trabajadores de la rama por su exclusividad para negociar convenios y para manejar la obra social. La UTA se niega a que los subtes tengan su propio sindicato, así como hay piquetes que para sobrevivir en el movimiento social luchan por trabajos que ellos puedan administrar. Es un extravío de su misión original, provocado por las ambiciones políticas de sus jefes, alentados por los aparatos del oficialismo y hasta de las izquierdas, las más radicales incluidas, que descubrieron cómo ser “masivas” con el pobrerío. Un veterano piquetero indígena será reelegido, este domingo, en la presidencia de Bolivia por amplia mayoría de los cinco millones de votantes, según los anticipos de los encuestadores. Evo Morales es el beneficiario de tanta adhesión, lejos ya de su tiempo de militancia con los cocaleros, y lo mismo que Pepe Mujica en Uruguay, será el encargado de brindar satisfacción a los partidarios de la Unión Sudamericana. Otro domingo de “amandoté”, pero al ritmo de la lambada original.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-136499-2009-12-05.html

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La segunda vuelta en las presidenciales uruguayas dará comienzo mañana, domingo, a un calendario electoral en Sudamérica que pondrá a prueba la proyección de futuro del plan integracionista. En Uruguay las encuestas auguran la victoria de la fórmula del Frente Amplio, Mujica-Astori, que vendría a suceder al primer mandato de la coalición de izquierda encabezado por Tabaré Vázquez. Dada esta continuidad y compromisos de campaña del candidato Pepe Mujica es razonable suponer que después del triunfo electoral, pronosticado por la mayoría de los encuestadores, no habrá modificaciones en las pautas de relación con la Unión Sudamericana, incluida la mochila con las críticas de Vázquez a las asimetrías entre los socios del Mercosur.

Chile, en cambio, ofrece el flanco al enigma: después de veinte años continuados de gobierno, la Concertación, con los socialistas y democristianos como fuerzas centrales, está puesta en duda por los pronosticadores profesionales. El desgaste de la gestión, hasta ahora a cargo de socialistas, y el menor atractivo de la candidatura del democristiano Eduardo Frei, descendiente del homónimo que conspiró contra Salvador Allende, habrían puesto en riesgo de quiebre a la continuidad. De ser así, los compromisos con la Unión de Michelle Bachelet, quien hoy mismo se encuentra en Roma con la presidenta Cristina para conmemorar el 25o aniversario del acuerdo del Beagle, podrían ser revisados por el futuro mandatario, de cepa conservadora. En ese caso, Chile quedaría desplazado hacia la línea pronorteamericana del Pacífico, donde operan Colombia y Perú.

Otros gobiernos, como el de Bolivia, serán sometidos al escrutinio electoral en los meses venideros, aunque la expectativa más grande está dedicada en octubre del año próximo a la salida de Lula, ya que Brasil y su presidente fueron decisivos para la suerte de la unidad sudamericana. Por la extensión territorial y el desarrollo integral, si bien tiene altos niveles de injusticia social, es el único país de la región considerado aquí y en el resto del mundo como una potencia internacional. Por su lado, los comicios argentinos todavía están demasiado lejos en el tiempo, dos años pueden ser una eternidad en este proceso como para especular sobre candidatos y mucho menos sobre resultados, pero es posible suponer que los aspirantes, con más o menos intensidad según los casos, seguirán los resultados en las naciones vecinas como si fueran propios. De no ser así, sería un acto de ligereza imperdonable para quienes aspiran a quedarse con el gobierno en el 2011, puesto que lo que ocurra en ellas irá creando el contexto para la local y las condiciones para desplegar las posibilidades de la Unión Sudamericana.

Por supuesto, a alguien jaqueado como Mauricio Macri a lo mejor no le alcanzan las energías para involucrarse en los destinos de la región. De momento, le alcanza y sobra con los problemas propios. A las dificultades naturales para gobernar Buenos Aires, una ciudad muy compleja y chúcara, Macri sumó los errores de gestión, que están reventando como burbujas en el pantano. Con un año de gestación, la Policía Metropolitana, una de las “criaturas” del macrismo, ya suma elementos tan descalificatorios como el espionaje telefónico que arrasó con su cúpula y obligó al jefe de Gobierno a pedir disculpas a los porteños. Cuando la suma de conductas inexplicables no había terminado de descargar consecuencias gravosas sobre las espaldas del líder del PRO, tuvo que enfrentar las iras del Episcopado católico.

El cardenal Bergoglio y sus muchachos estaban enfurecidos porque Macri no cuestionó el fallo judicial que autorizó el matrimonio gay. Según Marcos Peña, secretario general del Gobierno de la Ciudad, la decisión partió en tres al PRO: a favor, en contra y nosabe/no-contesta. Ante ese dilema, optaron por resolver de acuerdo con la sencilla opinión personal de Macri, a favor, una adecuada posición liberal. Fue como soplar pimienta en los ojos de los reverendos, que se alzaron dispuestos a condenar al hereje. Si no lo excomulgaron es porque tampoco hay que exagerar, basta con disciplinarlo para que sea un conservador consecuente. Los obispos no pueden aceptar en silencio estas violaciones al retrógrado código moral que sostiene la Iglesia en asuntos relacionados con sexo, pero además Bergoglio tiene ambiciones “papabiles” y prefiere mostrar el territorio bajo su mando en condiciones de pureza excelsa, a la manera de una aldea medieval bajo la Inquisición. Habiendo tantos motivos para la disconformidad con el gobierno metropolitano, en este caso es intolerable la intromisión eclesiástica.

Macri casi no tuvo tiempo de enterarse bien lo que pasaba, porque la Legislatura de la ciudad está que arde. Sometidos a sesiones maratónicas, igual que los congresistas nacionales, los legisladores de centroizquierda decidieron tomar al toro por las astas. Reclamaron comisiones con el mismo criterio que exige el PRO en el ámbito nacional y propusieron que para evitar nuevas deudas se apliquen impuestos a la renta financiera, una parte de la reforma impositiva para que paguen más los que más tienen, decisión que esperaron durante los últimos seis años no pocos de los seguidores de Kirchner, aunque en vano. También la expectativa será vana en la ciudad, pero al menos las minorías de centroizquierda probaron que no están pintadas, en vez de acogerse al estado catatónico que, en materia de propuestas, exhibe buena parte de la oposición al gobierno nacional. Nadie la corre por izquierda a la presidenta Cristina, por lo que las fuertes presiones de derecha muchas veces circulan sin contrapeso.

A diferencia de Macri, el que anda feliz estos días es Hugo Moyano, el secretario de la CGT, que a estas horas estará disfrutando de la deliciosa “pasta sciutta” romana y del vino “dei castelli”, porque fue seleccionado para acompañar a la Presidenta en su visita al Vaticano por el aniversario del Beagle. Este fue sólo uno de los mimos presidenciales que recibió el buen aliado del Gobierno, además de subsidios para reponer unidades entre las pymes camioneras y, más que nada, una definición presidencial a favor de “los sindicatos fuertes”. Los entendidos en la semántica política aseguran que la Presidenta hizo la opción por el aparato tradicional del gremialismo –sindicatos burocratizados que pierden afiliados y dirigentes gerenciadores, cuando no corruptos– debido a que los necesita a su lado, ya que no tiene partido donde apoyarse. Son ricos, pero su fortaleza se nutre del respaldo que reciben de los patrones y del Estado, como se vio esta semana con los camioneros. Si la interpretación semántica es correcta, no serán pocos los desilusionados.

Para empezar, la CTA, que lleva más de un lustro esperando la merecida personería gremial en nombre del principio de libertad sindical, constitutivo de la democracia. Decepcionados serán los grupos piqueteros, formados por desempleados que fueron abandonados por esos sindicatos “fuertes” apenas se quedaron sin dinero para pagar la cuota mensual, los desocupados crónicos que ni siquiera llegaron a ser afiliados, los trabajadores del subterráneo que, pese a la fortaleza que demostraron cada vez que decidieron una medida de fuerza, son considerados débiles por el Estado (¿o por el Gobierno?), y como ellos otros congéneres que aspiran a reconstruir los sindicatos sobre bases más sanas y los empleados de Kraft y de todas las empresas en lucha ante la indiferencia de las conducciones gremiales nacionales. Hay más personas que se sienten involucradas en este tipo de debates: por ejemplo, los funcionarios que forman la “Corriente Nacional y Popular”, ante quienes habló Néstor Kirchner esta semana y los convocó a despertar “la épica”, muchos de los cuales apretando los dientes compartirán los motivos tácticos de la Presidenta, pero es lógico que se pregunten: ¿cuál es la “épica” de Moyano y sus pares? Si hay una épica actual en movimiento está en las calles, incomodando el tránsito, librada a su suerte, en manos de los que ya no se sienten representados por los “sindicatos fuertes”.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-136114-2009-11-28.html

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Con un discurso de paz y amor, más entonado con el “flower-power” que con su recio temperamento, hace algunas presentaciones públicas Néstor Kirchner, en un registro que no suena muy propio, en el que se han reducido los blancos móviles de sus recordadas diatribas. La intención más evidente es destruir la supuesta imagen de ogro que se pelea con todos, porque se supone que esa agresividad fatiga a las mayorías que le dieron la espalda. La presunción es el resultado de creerle a los medios que detesta, son ellos los que instalaron esas críticas. La revisión metódica de sus mejores años, a lo mejor podría decirle que uno de sus principales atractivos como orador y jefe, cuando no vacilaba en identificar con nombres y apellidos a los destinatarios de sus más ácidos comentarios, era la agresividad que venía a confirmar que seguía entero en la pelea, enarbolando los banderines de los derechos humanos y de todos los que estaban por debajo de los muy poderosos. ¿Cuánto hace que no se lo escucha reclamar juicio y castigo para el ala civil de la dictadura, empezando por José Alfredo Martínez de Hoz? Era, para mucha gente, un paladín de brillante armadura, carácter apasionado y malos modales; igual, era más considerado por las audiencias que el actual caballero que hace mohínes de modestia cuando lo aplauden y sigue la línea de lo “políticamente correcto”, más blando o menos entero.

El otro tema pendiente antes de rumbear hacia el futuro es su relación con el “pejotismo” y la CGT. Es muy razonable el ministro Randazzo cuando se opone al retorno de Néstor a la presidencia del PJ, porque esa posición reduce el ancho y el largo de su posible influencia pública, puesto que no va más allá que el alcance de esos viejos aparatos. Son, por lo demás, instrumentos anacrónicos atrapados en las madejas de los negocios de las burocracias que los controlan. Será inútil cualquier reforma política que no aliente el relevo generacional e ideológico de esas cúpulas, en lugar de obligar a los nuevos a formar fila detrás de los ancianos. Ser joven no es requisito suficiente, como se puede ver en el ejemplo de Mauricio Macri y su gobierno, que arrancó con el 60 por ciento de los votos porteños y ese mismo porcentaje aparece hoy en las encuestas con opiniones negativas sobre su gestión. Es un problema ideológico. Macri es conservador y tiende a reinstalar algunas condiciones de la antigua visión del país, según las cuales a los desharrapados hay que sacarlos de la vista de la gente decente, y mantener cortitos a los que se puedan de-sacatar en algún momento. Macri salió a la escena para jurar que “no nos van parar”, refiriéndose a la pareja Kirchner, y tiene razón. A su gobierno, de continuar así, lo van a parar los votantes.

Diputados, en el maratón de proyectos del Ejecutivo convertidos en leyes durante los últimos meses, por mayorías a veces rotundas, aprobó una reforma política que no logró el consenso debido, pese a que tiene elementos de orden y progreso necesarios en un sistema de representación asfixiado por su propio tumulto, alrededor de setecientos partidos políticos en todo el país. Aunque el oficialismo aceptó múltiples cambios durante el trámite legislativo, conservó en esencia la intención de promover un sueño conocido de los Kirchner: la formación de dos corrientes, a partir del centro, una hacia la derecha y otra hacia la izquierda, esta última con el peronismo, incluidos el PJ y la CGT, en el eje de la convergencia.

Aún Néstor no termina de dibujar el rumbo, de manera que dejó levantarse el “clamor” de su mesa nacional para que regrese al PJ, del que se fue después de la derrota del 28 de junio, y obtenida la oferta está demorando la respuesta de aceptación. Son zigzagueos de una política que está buscando su centro y también que busca impedir la estampida en diversas direcciones de los jefes partidarios, gobernadores e intendentes que saldrían a buscar un futuro ganador que los acoja y prolongue su vida útil. Por ahora, desde Duhalde a Reutemann, pasando por Solá y varios más, sobran los delfines para la eventual sucesión, aunque Kirchner sigue vivo y coleando. Ahora bien, si el propósito es pararse en el centroizquierda, sería lógico que desde ya hiciera algunos gestos hacia los campamentos de Martín Sabbatella y Pino Solanas, dos cabezas de referencia del sector, no obstante las diferencias que ambos guardan sobre las políticas o conductas gubernamentales. Para rehacer los modos de hacer política algunos líderes tendrán que superar sus propios límites. Este tipo de búsquedas crea zonas de ambigüedades y aún de contradicciones, hasta es posible que haya momentos de confusión, pero los buenos resultados requieren períodos de ensayo y error. De lo contrario es siempre lo mismo: “Quiero la unidad, vengan detrás de mí” y sólo falta “no los defraudaré” del modernismo neoconservador de los años ’90. Es tiempo de abandonar el pasado de miserias y de glorias de la política.

Las minorías de izquierda son renuentes a consentir estos criterios de renovación, porque el hábito más frecuente es que el máximo jefe consuma su vida física en el mismo cargo y porque desconfían del buen burgués y, en realidad, de cualquier otro, aún los del mismo palo. Las exigencias de la reforma, si se aprueba en el Senado, tal vez consigan que, en lugar de seguir atomizándose, los núcleos de pensamiento radicalizado encuentren nuevos canales de expresión de esa fatigosa militancia cotidiana que los ciudadanos nunca reconocen lo suficiente en las urnas. Nadie supone que en las actuales condiciones del país y del mundo, más inclinados hacia la derecha, estas facciones puedan alcanzar el poder por vía electoral, pero no es imposible esperar que tengan un peso específico para las definiciones de políticas públicas y hasta para generar proyectos que alcancen los acuerdos necesarios para convertirse en leyes. No hay muchos ejemplos, pero en estos años de democracia diputados de izquierda dejaron la marca de sus pasos. Todo lo que logró el movimiento de defensores de derechos humanos en las áreas jurídicas y legislativas es otro buen ejemplo de cómo hacer la diferencia entre el abnegado agitar de las banderitas en cuanto mitin callejero lo permita y la posibilidad de influir en decisiones que alcanzan a las mayorías. De no ser así, el juego democrático pierde sentido, restringido a vestíbulo de imaginarios cambios revolucionarios que no se sabe en qué momento sucederán. Las izquierdas, en primer lugar las no partidarias, han demostrado con suficiencia que tienen talento, inteligencia, imaginación e ideas para cooperar con el Ejecutivo y el Congreso, lo mismo que con las fuerzas políticas por separado según las preferencias de cada uno. Es tiempo que intelectuales, académicos y políticos se miren y se usen mejor que hasta ahora.

Todos tendrán que acostumbrarse a sentar a la mesa redonda a los principales actores del movimiento social y de las llamadas ONG, porque seguirán estando allí con su capacidad de influir sobre masas civiles que por ahora no parecen animadas a seguir a ninguna tribu partidaria. Los estallidos de vecinos indignados, como en Wilde esta semana, indican que existe una franja espesa de las clases medias que se mueve al ritmo de los hechos y a veces de las prédicas televisivas. El número de organizaciones sociales y no gubernamentales es inalcanzable y los propósitos multivariados, pero con seguridad hay una selección natural y razonable que permita la mutua cooperación en el recíproco respeto. ¿Por qué las facultades de arquitectura y las escuelas técnicas no podrían tener programas de estudio que reúnan la teoría académica con las experiencias prácticas de las cooperativas sociales que levantan viviendas? ¿Por qué juntos no serían capaces de proponer planes de construcción para hacer de una vez, es decir en el tiempo más corto, los ambiciosos planes que anuncian todos los gobernantes? Es tiempo de abandonar algunos debates estériles que agobian a la población y la obligan a vivir en un ámbito de desconfianzas y resentimientos. De lo contrario sucederá siempre igual: si van a arreglar la deuda externa remanente, ah, sí, para eso tienen plata mientras en el país millones de hogares no tienen comidas diarias. Si se dispone un salario familiar para todos los chicos que no lo reciben, la réplica inmediata será: en eso van a gastar el uno por ciento del Producto Bruto Interno, pero ¿por qué no dicen cuánto gastan en total por subsidios para empresarios ricos? Estos son los clásicos debates estériles.

El banquero indio Yunnus comenzó su obra con veinte mil dólares propios que prestó a pobres, con un modesto interés, y se presentó como fiador para personas que no reunían las condiciones para ser receptores de crédito bancario. Luego, abrió el capítulo del “negocio social”, por el cual su organización presta desde 200 dólares para miniemprendimientos. En la actualidad sus operaciones giran en cien millones de dólares. La teoría es sencilla: ocupó el espacio que el mercado no quiere y el Estado no alcanza, y pudo demostrar que los pobres de la India son tan aptos como cualquiera para tener sus trabajos autónomos y mínimas empresas. No es la revolución ni él la reivindica como tal, no cambió la naturaleza del capital pero mejoró la vida de muchos. Es un logro que ojalá pudieran reivindicar todos los que quieren hacer algo por los demás sin necesidad de ser candidatos a nada.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-135691-2009-11-21.html

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¿Será posible que Moyano y D’Elía hayan avanzado con la idea de la movilización para el próximo viernes sin consulta previa con el alto mando del oficialismo? Como sea, a pedido de la presidenta Cristina, cancelaron la iniciativa, aunque haya tenido una primera venia, después que varios ministros analizaron las posibles derivaciones de una movida semejante en el clima crispado de la actualidad. De todos modos, ofrecieron la oportunidad para que la jefa del Estado muestre criterios sensatos y apacigüe los fervores de sus partidarios en momentos tan difíciles como los que está viviendo la sociedad argentina. Para elevar la tensión actual hasta niveles insoportables, lo único que faltaría es una agresión callejera provocada por un grupete de sicarios, que termine con sangre derramada. A fin de evitar esa mala sangre, el Gobierno está pagando el costo político de permitir el uso y abuso de los cortes, más de uno comprensible como un recurso legítimo, aunque no legal, de la protesta, pero tantos otros sin justificación ninguna. La propia Presidenta ha dicho que ella aprecia el orden social “pero nunca a palos”, otra definición sensata y a la vez democrática.

Conviene señalar que las mayores dificultades del presente, esas que intoxican el humor de las clases medias, son casi todas de manufactura política. Un ejemplo clásico es el de la inseguridad ciudadana, una consigna mediática que retumba a toda hora en las audiencias populares y a la que le hacen eco las voces más altas de la oposición. Sin embargo, los que siguen de cerca la labor parlamentaria destacan la ausencia de proyectos legislativos que atiendan a una situación que se menciona como de máximas gravedad y urgencia, aun entre aquellos que piensan que a partir del 10 de diciembre, con los relevos en el Congreso, se iniciará un período imaginario de gobierno parlamentario.

La oferta de Macri de una policía metropolitana se descalificó antes de empezar, cuando sus críticos pudieron ofrecer evidencias de que la nueva fuerza es un aparato de Inteligencia, una SIDE porteña que espía a gente variada, y tropas de represión contra las movilizaciones sindicales y populares. Macri, como buen conservador, es de los que prefieren el orden así sea a palos.

Dada la informalidad de los caciques políticos para atender al asunto más allá de alguna frase rimbombante por TV, algunos particulares, todos de centroderecha, decidieron tomar el toro por las astas. El falso ingeniero Juan Carlos Blumberg fue el primero en convocar multitudes porteñas y apestillar al Congreso para que apruebe algunos proyectos de su producción, pero todo terminó en un gran fiasco. El rabino Bergman también hizo su convocatoria en el norte del Gran Buenos Aires, pero no pasó de las fronteras del mitin, y esta semana tres imágenes del olimpo televisivo –Mirtha Legrand, Susana Giménez y Marcelo Tinelli–, amistosos anfitriones de Carlos Menem y algún otro presidente, echaron a rodar la idea de una convocatoria, un saludo a la bandera. La primera en advertir que se había metido en un pantanal de la política fue Legrand, que a toda velocidad se bajó de tanto empeño. Habrá que ver, si persisten, a quien terminarán sirviendo las otras dos estrellas del entretenimiento.

Sería interesante que la gente del espectáculo, mucha con experiencias de autocensura, propusiera un ayuno voluntario de noticias policiales durante una semana, un período de desintoxicación, para medir después las sensaciones dominantes. Es absurdo negar los delitos que se cometen a diario, como en cualquier otro país acosado por dificultades de todo tipo, con millones de pobres y hambrientos, con la corrupción extendida en las capas medias y altas como si fuera un mérito, pero esa realidad hay que despegarla de las versiones amplificadas que suelen ocupar buena parte de los noticieros. Nada se podrá resolver en materia de seguridad si toda la cooperación cívica consiste en repetir de manera incansable las malas noticias de cada día. Es difícil en Buenos Aires enterarse por los medios de lo que pasa en Montevideo con la campaña electoral para la sucesión presidencial, pese a que también tiene ribetes escandalosos, pero cualquier televidente puede recitar la biografía de “El Angel”, un adolescente con sesenta capturas que nació en la cárcel y se extravió en la vida.

Extraña subcultura que caló hondo a fuerza de tormentos y muertes durante la dictadura y por la confusión del discurso modernista neoconservador de los años ’90, pero el vaciamiento de los liderazgos y la pérdida de valores morales y éticos dio por resultado que ahora una traición en política al compromiso empeñado es una gesta heroica que amerita convertirse en la esperanza blanca para la sucesión presidencial. Sobre esos principios en ruinas se empina la candidatura eventual de Julio Cleto Cobos, vicepresidente de un gobierno al que abandonó en el primer derrape serio, pero sin largar el puesto.

Los partidarios de Cobos y sus posibles competidores en la oposición han construido un mito alrededor de diciembre próximo, cuando asuman el turno los elegidos del 28 de junio, entre ellos Néstor Kirchner. Según la leyenda, los partidos opositores ocuparán la presidencia de Diputados y de las principales comisiones legislativas, porque será el Congreso el que dicte las políticas públicas para el Poder Ejecutivo. O sea, que de facto será abolido el sistema presidencialista de la Constitución y de los hábitos de la política criolla, para “europeizarnos” con un régimen parlamentario. Por ese camino, tal vez en 2011 haya que elegir primer ministro. Mientras tanto, si los bloques de la oposición continúan divididos, por el número el oficialismo sigue siendo primera minoría, con todos los atributos que le corresponden. De más está decir que tampoco se ha cerrado el libro de pases y la probabilidad de acuerdos como los que le permitieron, después del 28 de junio, aprobar leyes tan controvertidas como las de comunicación audiovisual, el presupuesto del próximo año y otras iniciativas de la Casa Rosada.

Lo único cierto, a esta altura, es que diciembre será de forcejeos en la política, y para completar la animación, a mitad de ese mes, Moyano festejará a los camioneros en algún estadio de la Capital y hasta podría darse que asista doña Cristina. Sería deseable que mucho antes encuentren una solución para la legítima y legal demanda de los trabajadores de subterráneos y Premetro. Por el momento, una ocurrencia consiste en devolverles a esos trabajadores el monto de la cuota sindical que descuentan de sus sueldos para la UTA, o sea el sindicato al que quieren renunciar, con retroactividad a convenir. Es parte de la negociación que se iniciará el lunes en el Ministerio de Trabajo, con bases sindicales impacientes y una CGT empeñada en evitar el precedente de una fractura de este porte. La consigna oficial, por ahora, es conseguir tiempo antes que nuevos cortes del servicio aumenten el mal humor de millones de usuarios y los mismos huelguistas, por muchas razones que los asistan, tampoco deberían permitirse perder la simpatía popular que necesitan cultivar.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-135282-2009-11-14.html

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“La calle es un caos.” La afirmación alcanzará niveles paroxísticos a medida que se acerque el próximo paro de subterráneos, anunciado para el martes que viene por 24 horas. Repetida infinidad de veces por día, la frase dejó de ser una mera descripción de ambiente para adquirir resonancias de diagnóstico político. Dicha así, indicaría que el Gobierno perdió el control de la situación, en primer lugar del orden en las calles, y cada quien hace lo que le viene en gana sin detenerse a pensar en las posibles consecuencias para los demás. Cada noche, al regresar a casa, las pantallas de mayor audiencia ratifican el pronóstico de la mañana y funcionan como anticipo de lo que sucederá al día siguiente. Devenido en lugar común, el dicho ya se usa como excusa para llegar tarde o faltar a una cita y, por supuesto, como argumento de crítica a la gestión oficial a favor de alguna tajada de la oposición o de exclusión clasista en contra de los pobres, los trabajadores y los marginales.

Las exageraciones son más creíbles cuando se originan en alguna referencia verídica y, en este caso, es cierto que hay días en que las calles son caóticas, a veces por buenos motivos y otras no tanto. Cuando interrumpen el tránsito las brigadas municipales de reparaciones puede ser una buena causa, pero más de una vez la planificación de los cortes parece obra de algún volado que viaja en helicóptero. En la otra punta de las referencias ejemplares, están esos pequeños grupos que quieren dar a conocer sus opiniones o demandas y primero llaman a la “tele” y luego bajan a la calle. Son los hijos naturales del poder mediático que han sido educados en la idea de que si la TV no exhibe, no existe, y también que sólo se ocupa de lo que tenga rasgos escandalosos. Por lo general, la carencia principal para estas minorías deriva de la ausencia de interlocutores válidos y útiles en el sistema de representación. Uno puede entrevistar a un congresista (diputado, senador) y esperar meses por algún resultado, si es que llega algún día, mientras que un par de apariciones en algún noticiero provoca alguna respuesta. Los primeros en emplear el método de difusión son los políticos que viajan en charter de canal en canal y de programa en programa, poniendo la cara y opinando sobre la agenda que preparan los productores de prensa.

Luego, está la realidad. En primer lugar, la de los pobres y postergados, que son millones aún en las estadísticas oficiales, de manera que lo que se muestra es apenas la punta del iceberg. Para tener una verdadera imagen de caos habría que imaginar el día que varios millones de postergados decidieran acampar al mismo tiempo en la Ciudad Autónoma. Su mera existencia refleja una de las mayores frustraciones después de la crisis de 2001/02. Los años de bonanza que siguieron, con tasas de crecimiento “a la China”, no alcanzaron para reparar los estragos de los períodos de auge de las políticas conservadoras en el último cuarto del siglo XX. La prometida redistribución de la renta fue insuficiente ya no para implantar la justicia social sino, al menos, para restablecer cierto grado de equidad entre los distintos grupos sociales, para achicar las distancias, en lugar de aumentarlas como sucedió, entre ricos y pobres. La muerte diaria de una docena de chicos por desnutrición y otras causas evitables es el más crudo testimonio que acusa a la codicia de algunos y la impotencia de tantos. El acusado central es la elite nacional, oficialistas y opositores, que hacen gárgaras con planes para combatir la pobreza, de los que resulta nada o muy poco.

Los movimientos sociales, en su origen también llamados movimiento nacional piquetero, pese a la diversidad y el vasto número de organizaciones, cada uno agrupado con el territorio como base de pertenencia, apenas si nuclean a minorías del océano de pobreza en todo el país. Es una lástima que salvo algunas crónicas aisladas, el sistema mediático haya ignorado el formidable esfuerzo de trabajo de algunas de estas entidades que crean cooperativas, construyen o urbanizan barriadas humildes, instalan escuelas y centros de salud, producen en talleres propios delantales, zapatillas y otros elementos de la indumentaria básica de sus miembros, cultivan huertas y realizan otras actividades productivas. En cambio, la mayor difusión y condena fue para la actividad de cortes de calles y rutas, aunque el mismo método fue consentido y hasta alabado cuando lo hicieron suyo “la Mesa de Enlace” agropecuaria y sectores de las clases medias. Hoy en día la medida de fuerza se generalizó hasta el grotesco, quitándole legitimidad a un mecanismo de protesta que tiene razones válidas en muchas de sus expresiones cotidianas. Hay que evitar, sobre todo, que el fastidio por los inconvenientes en el tránsito derive en una deliberada actitud cultural clasista que desprecia a “la negrada de mierda”. No es una mera cuestión ideológica porque los valores de la solidaridad comunitaria son indispensables para construir una sociedad integrada, que rechace la violencia y la hostilidad recíprocas. Sería un valioso aporte a la seguridad de todos.

Otra fuente de importancia de la agitación callejera en estos días tiene origen gremial. Algunas de la cabeza sindical, como la violenta manera que usa el sindicato de Hugo Moyano, aliado central del Gobierno, para adherir a transportistas de toda clase de actividades, una actitud que en su momento provocó enconados intercambios de acusaciones con el gremio mercantil y otras áreas de la cadena económica. La mayoría de los conflictos, sin embargo, provienen de una fuente irregular, desde la propia base sindical, y cuestionan los sindicatos que creó Perón a mediados del siglo pasado. Casi como un emblema, está el conflicto en los subtes, cuyo personal quiere crear un sindicato paralelo a la UTA, cuyos dirigentes secundan a Moyano, pero el Ministerio de Trabajo cajonea el expediente, igual que lo hace con la solicitud de personería de la CTA, a lo que se opone la CGT de Moyano.

Todos saben de la admiración de la presidenta Cristina por la OIT (Organización Internacional del Trabajo), tanto que bregó hasta conseguir que el G-20 invitara a una delegación del organismo integrado por patrones, obreros y Estados. La OIT pregona el principio de la libertad sindical con afiliación voluntaria de los obreros del sector, pero la adhesión presidencial no llega a la puntillosidad de cumplir con todos sus mandatos. Sobre todo, porque la estrategia política del kirchnerismo tiene en el aparato sindical tradicional, encabezado por Moyano, uno de sus aliados mayores para la batalla partidaria por el control del peronismo y en la competencia política por la sucesión presidencial. Es difícil, por lo tanto, que el ministro Tomada se deje persuadir por movimientos de base, como el de subtes, aunque tampoco negará en público ya que aparecería desconociendo uno de los principios de la OIT.

Los estrategas de la Casa Rosada podrán justificar en la ética de la necesidad esta absurda negación de legítimas demandas como los de la CTA y de tantos otros movimientos sindicales de base en fábricas y territorios (lo cual abarca a los desocupados en sus lugares de residencia, ya que los sindicatos formales se desentienden del afiliado que pierde el empleo), pero los soportes de coyuntura no alcanzan para disimular que se trata de un aparato anacrónico, vertical, burocratizado, gerenciador de fondos, que pierde afiliados hasta el punto de representar hoy, en verdad, alrededor del diez por ciento de la mano de obra nacional. Oponerse a la evolución democrática de las instituciones políticas y sociales es un compromiso posible, con eventual ganancia en lo inmediato, pero es tan estéril como el intento de detener el tiempo.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-134869-2009-11-07.html