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  UNA NENA DE 12 AñOS, ASMATICA, CASI MUERE PORQUE EL SAME NO QUIERE ENTRAR EN LAS VILLAS

El SAME ya había anunciado hace unos tres meses que no ingresaría a las villas por falta de seguridad. En una escuela de la Villa 21-24, una nena fue socorrida por los maestros. Ctera y los curas villeros reclaman contra la segregación y proponen un plan.

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Una camilla improvisada con un tablón, un auto particular devenido en ambulancia y un cuerpo docente obligado a relegar su labor educativa para abocarse a salvar una vida impidieron que desembocara en tragedia el cuadro de asma severo, con apneas respiratorias, que sufrió una nena de séptimo grado en la Escuela 12 de la Villa 21-24. El premeditado distanciamiento del Sistema de Atención Médica de Emergencia (SAME) de los barrios más postergados de la ciudad había sido anunciado hace tres meses por su propio titular, Alberto Crescenti, quien había afirmado que, “por las condiciones de inseguridad”, las ambulancias no podían entrar en algunas villas. La constatación quedó en carne viva el martes último, cuando la nena de 12 años debió ser atendida por sus maestros, en el Polo Educativo de Barracas, Iriarte y Montesquieu, donde diariamente funcionan un jardín maternal, una escuela primaria y un Centro de Formación Profesional, indemnes ante una emergencia.

“Llamamos cinco veces al SAME, y nos dijeron que no iban a venir porque no estaba garantizada su seguridad. Entonces una docente le practicó primeros auxilios a la alumna para poder reanimarla, mientras otros maestros fueron hasta Osvaldo Cruz y Luna en busca de los médicos de la salita número 8, que se negaron a ir hasta la escuela”, expresó Alejandro Demichelis, vocero de UTE-Ctera. Finalmente, dos médicos de la salita 35 se acercaron hasta el Polo Educativo, con dos estetoscopios y una cámara aireadora, pero entonces la chica repitió el cuadro de asma con apneas y se resolvió trasladarla, con una camilla de madera improvisada por los docentes, que también consiguieron un auto para que pudiera ser atendida en el Hospital Penna, donde se estabilizó.

De acuerdo con las normas del reglamento escolar, los docentes deberían haber aguardado la llegada del SAME, pero esa opción fue abortada con el aval del Distrito Escolar Quinto, luego de la sentencia inapelable de uno de los médicos que asistió a la escuela: “Si no se traslada, no sobrevive”.

A partir del traumático episodio, UTE-Ctera intensificará el tenor de su reclamo por la regularización del sistema de salud en complemento al sistema educativo, en toda la ciudad. “No entendemos que haya ciudadanos de primera y ciudadanos de segunda –manifestó Demichelis–. Por eso, hace tres meses, cuando el SAME avisó que se negaría a entrar a las villas, nosotros lo denunciamos con Narodowski. Pero esta situación ya es una barbaridad. ¿Qué hubiera pasado si los docentes esperaban al SAME como dice el reglamento? La educación llega a las villas a partir de los maestros, y del mismo modo tiene que llegar la salud.”

El miércoles 12, tras la tensión en la escuela, el gremio docente intentó gestionar telefónicamente un encuentro con el ministro de Educación porteño, Mariano Narodowski, “para plantearle, ante la gravedad de la situación, que el gobierno de la ciudad es el único responsable de garantizar el sistema de salud para todos los vecinos y, más aún, para los chicos que van a una escuela, donde los docentes son los responsables de la integridad física de todos”. El diálogo no se llevó a cabo todavía, pero ahora, formalmente, a través de Alejandra Bonato, de la Comisión Directiva de UTE, todos los docentes de la escuela presentarán una nota firmada, pidiendo una reunión inmediata con Narodowski y con el ministro de Salud de la ciudad, Jorge Lemus. “Esta situación expone nuevamente a muchos docentes frente a la angustia y el estrés provocados por un tema extracurricular y extrapedagógico.”

“Este episodio refleja la situación general de esta comunidad –afirmó el padre José Di Paola, conocido como Padre Pepe–. La idea que nosotros ya hemos planteado es que haya una ambulancia en el centro de salud, especialmente para el barrio, con choferes que sean vecinos, para evitar los temores y la discriminación. Y sería absolutamente justificado porque aquí vive una inmensa población.” Frente a la estigmatización mediática del barrio y el consecutivo anuncio del SAME, el Padre Pepe considera que la iniciativa de capacitar y emplear ambulancieros del barrio “es muy piola, porque si bien podríamos decir que deben proveer de asistencia médica a los vecinos porque es obligación, la realidad es que después eso no se cumple, por ciertos temores, o cierta discriminación, y entonces hay que implementar una idea que realmente se pueda concretar”.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-130144-2009-08-18.html

  LOS VECINOS DEL NUCLEO HABITACIONAL ZAVALETA SE QUEJARON POR UN INFORME PARCIAL Y DISCRIMINATORIO DE AMERICA TV

Tras la emisión de un informe que presentó al barrio Zavaleta como “la villa más peligrosa” mediante la exposición de adictos y escenas tomadas de la ficción, los vecinos organizaron un festival frente al canal América TV como protesta.

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Tal vez por su historia, mucho más larga que un corto televisivo, o por tantos pibes que eligen estudiar pero no encuentran escuelas, o por tantas familias que toman mate con la puerta abierta, el barrio unido de Zavaleta, un núcleo habitacional transitorio a las puertas de Pompeya en territorio porteño, respondió con música y color a un informe televisivo que todos los vecinos del barrio consideraron tendencioso, sustentado en buena parte en escenas de ficción. Ayer, frente al canal emisor, América TV, los habitantes de Zavaleta cortaron la calle Fitz Roy para desarrollar el Festival de la alegría, y presentar la cara positiva del barrio que omitió el informe del periodista Facundo Pastor, “Zavaleta: el documental”, considerado por la asamblea vecinal como una “estigmatización burda”.

“Nos movilizamos para responder todos juntos a esta difamación que hacen del barrio, contando sólo las cosas malas, porque si ensucian a Zavaleta nos ensucian a todos, y éste es un barrio de vecinos trabajadores. Si no hacemos nada ante tanto maltrato parece que fuera verdad lo que dicen. Por eso, vinimos a expresarnos, para que no nos sigan discriminando. La idea fue mostrar todo lo lindo que tiene el barrio y que no se vio en ese informe: la cooperación, el trabajo, el arte, el deporte, el apoyo escolar, la lucha contra las drogas y, sobre todo, la solidaridad”, explicó Neli, referente de un histórico comedor ubicado sobre la avenida Iriarte.

El boca en boca fue tejiendo una red de indignación que desembocó en una histórica asamblea sobre el potrero de Iriarte, el domingo 24 de mayo. La cita no entendía de política partidaria, ni sellos de organizaciones. Apenas una bandera pintada en el momento, con aerosol, convocaba a un “Encuentro de vecinos, para defender Zavaleta”. Y así fue. Más de cien personas hablaron y se escucharon, sobre todo se escucharon, hasta advertir que la bronca era compartida y el respaldo también.

Organizaciones sociales territoriales, con la adhesión de Adolfo Pérez Esquivel, Premio Nobel de la Paz, y el equipo de sacerdotes del barrio, acompañaron la iniciativa vecinal de organizar una jornada para mostrarle a toda la sociedad la sonrisa de Zavaleta, omitida en el informe. Incluso, el boletín que publica la iglesia del Padre Pepe, manifestó en su portada que “los curas villeros repudiamos al periodismo amarillo que sólo muestra lo malo de nuestros barrios (ejemplo, el informe de América TV)”.

El emblemático párroco del barrio, amenazado de muerte hace pocas semanas por su lucha incesante para sacar a los chicos del paco, había sido una de las figuras en las que se apoyó el documental, a partir de un testimonio sacado de contexto. Y tanto fue así que la sorpresa del Padre Di Paola no sólo se imprimió en la revista local, sino que además tomó forma de carta oficial, avalada por los demás Curas Villeros de Buenos Aires, para que fuera presentada ante las autoridades del canal, dos semanas atrás. Pero la respuesta nunca llegó.

Y cuando el eco de esa indiferencia retumbó en la asamblea del último jueves, Samuel, vecino de Zavaleta desde que nació el barrio, mencionó unas cuantas respuestas que también omitió la producción del informe. “Lo llamé (a Facundo Pastor) todos los días desde que salió el documental, cuando todavía ni siquiera había hablado del tema con otros vecinos. Le dejé mensajes y le pedí por favor, una y otra vez, que se comunicara conmigo, porque quería invitarlo a tomar mate para que pudiera conocer en serio dónde vivo.” También Osvaldo tomó la palabra en esa ronda de vecinos, para enumerar: “Primero, varias de la zonas que se muestran no pertenecen a Zavaleta. Segundo, si fuera tan peligroso el lugar donde estaba, resulta llamativo que el periodista estuviera solo y con una cámara. Y tercero: ¿por qué no habrá venido a filmar un día a la mañana, cuando miles de hombres y mujeres salen a trabajar?”.

Allí, esperando en la parada, encontrará a los vecinos quien acepte la iniciativa de tomar imágenes por la mañana, puesto que los colectivos que transitan por Iriarte, como la línea 70, “no paran desde que se emitió el informe”, manifiesta Lidia. Y lo ratifica Zulma, con sus más de sesenta años: “El otro día me puse en medio de la calle para que pararan porque tenía que tomarlo sí o sí”. Y lo confirma Walter, con sus veintipico y su bebé en brazos: “Yo no pude ir a trabajar el jueves, porque no me paró ningún bondi”.

Así se resolvió destinar los recursos comunitarios, previstos para los pibes del fútbol o las clases de apoyo, a financiar la movilidad y la comida para el festival en defensa del barrio. Y como constancia del esfuerzo colectivo, vale la cara cansada de Jose, mamá y cocinera de un comedor infantil, que el sábado se quedó preparando, desde las 2 de la tarde hasta las 12 y media de la noche, las empanadas que los vecinos de Zavaleta compartieron con los de Palermo, mientras cortaban con arcos de fútbol la calle Fitz Roy: “Cociné y cociné, porque fue mi manera de colaborar para defender a mi barrio de todo lo que se está diciendo, por el futuro de mis hijos”, explicó, mientras los bombos sonaban en la puerta del canal, entre el color de las banderas pintadas por los jóvenes. “Yo aprendí a leer en Zavaleta”, o “En mi barrio, hay compañerismo y solidaridad”, se podía leer en los afiches ilustrados por los chicos de apoyo escolar. Y allá también la guitarreada en ronda, la recreación de los más bajitos y los talleres de oficio, enmarcaron la posterior lectura que hizo Ramona de la carta abierta de los vecinos de Zavaleta a Facundo Pastor, con el acompañamiento del Padre Juan Isasmendi.

Todo comenzó cuando, sentado una mañana como invitado del programa Mañaneras, el periodista Facundo Pastor, de América TV, dio inicio a la promoción de una investigación que, frente a las chicas deslumbradas, se perfilaba como “imperdible”. Realmente lo fue, para los vecinos de Zavaleta. Los pibes en peligro se hicieron famosos, como pibes peligrosos. Y un vendedor de maní, conocido por todo el barrio como “Yani”, un personaje clásico de la cancha de Huracán, apareció presentado como “un capomafia”. La mejor porción de la torta del informe se la llevó Sergio, de la Villa 21: “Yo soy vecino del barrio y formo parte de una organización social que trabaja con pibes que consumen o que han delinquido en algún momento de su vida, pero que ahora son protagonistas de su propia transformación. Por eso, filmamos una película, Vientos limpios del sur, dirigida por Víctor Ramos, que nos valió varios reconocimientos y una enorme gratificación. Allí mostramos la historia de nuestro grupo, que limpiando las calles comenzó a ganarse el pan mucho tiempo atrás. Nosotros presentamos ese material en América, seis meses atrás, para que lo difundieran y nos ayudaran en nuestro camino de integración, pero sólo generaron más exclusión, porque utilizaron esa imagen mía, sacando un auto abandonado, como si fuera una toma real de un desarmadero. O sea, me presentaron delinquiendo, con imágenes de ficción”.

Carlos Romero comparte la bronca de Sergio, porque también fue protagonista involuntario del documental. “Yo aparecí llevando a mi suegro en silla de ruedas, pero en realidad, Pastor le había pedido a él que lo acompañara por todo el barrio. Como yo sabía a qué venían, les dije que buscaran a otro para la recorrida y después les aclaré que yo me daba cuenta de que la cámara seguía prendida, pero usaron esa escena para decir que yo era uno de los narcos. Lógicamente ahora me miran de otra manera en el colegio de mis pibes.”

De los adolescentes surgió la primera ronda para debatir lo que estaba sucediendo con Zavaleta. “Yo quise venir a este festival, enfrente al canal, para apoyar a mi barrio, porque se dijeron muchas cosas en televisión, pero no hablaron de nuestro compañerismo, ni de la humildad de nuestra gente. Si hay cosas malas, seguramente vienen por la mierda que tiran de arriba, pero Zavaleta es mucho más que eso. Yo nací en ese barrio, me crié, aprendí a caminar y conocí a mis amigos. No tiene nada que ver que bardeen así”, analizó Matías, de 16 años. Y un compañero suyo tomó la posta: “Después de eso, ¿qué querés que te diga una piba en el boliche si le decís que sos de Zavaleta? Es obvio que te corta el mambo”.

En el festival, con ritmo de cancha, los pibes y pibas de la murga criticaron cantando: “Mire mire qué locura, mire mire qué emoción, acá llega Zavaleta para que no mientan por televisión”.

En los gestos de Nidia, mamá de Dante y mujer trabajadora de 55 años, empleada doméstica en una casa de familia de Barrio Norte hasta la emisión del documental, se nota la ofuscación: “Yo le había comentado a mi jefa que para llegar a mi casa, me iba por la avenida Pueyrredón al fondo, cuando empecé a trabajar ahí. Y venía haciendo las cosas bien. Incluso, ella me había dicho que pronto me iba a necesitar más tiempo. Pero después de que salieron todas esas cosas de Zavaleta, la señora me pidió que le explicara bien dónde vivía y me dijo que no fuera más a trabajar, porque perdió la confianza. Quizás haya pensado que si acá todos somos ladrones, en cualquier momento le puedo entrar a robar”.

Además del informe de una hora, se diseminaron luego varios segmentos referidos a Zavaleta, en los que Pastor invitaba a Guillermo Andino a conocer “un lugar que es poco menos que desafiar a la muerte”. Y a continuación, un videograph señalaba a un grupo de víctimas de la pasta base, como “muertos vivos”, antes de dar pie a las imágenes de niños o vecinos negociando drogas, para sustentar en el regreso al piso que “seguramente allí se ocultarán los que amenazaron de muerte al Padre Pepe”.

Neli consideró que “este Festival de la alegría fue un respiro de aire fresco, en la puerta de América TV, para exigir el respeto que nos merecemos”.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-125913-2009-06-01.html

  PREOCUPACION, PARANOIA Y ESCUELAS QUE ESTAN SIENDO DESINFECTADAS

Las dos escuelas cerradas en la Capital dejaron las calles del barrio más vacías y preocupadas. Las farmacias se quedaron sin barbijos y sin alcohol en gel. Los que se preocupan, los que “no damos pelota” y los médicos trajinados que tratan de calmar a la gente.

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Basta caminar y respirar, apenas una vuelta manzana, aspirando el aire de la atmósfera contaminada por el temor silencioso, que mantiene puertas adentro a muchas más familias que la propia influenza A, cuyo índice de mortalidad sigue siendo menor al uno por ciento. Tanta reclusión preventiva pintó el paisaje barrial con un aura de paz que ya afecta a los comerciantes, que vieron reducir sus ventas entre un 40 y un 60 por ciento. La excepción es la nueva vedette de Belgrano: la farmacia. “Entiendo que haya bajado el movimiento en los locales de la zona, porque es cierto que la gente sale menos a la calle desde que se confirmaron los casos de gripe, pero acá pasó todo lo contrario, porque con la permanente demanda de barbijos, Espadol en gel o jabón líquido, se incrementó el consumo en un 60 o 70 por ciento”, explica Carlos Bogado, de la Farmacia San Lucas, a dos cuadras del colegio Mamerto Esquiú, con 14 estudiantes afectados y dos semanas sin clase.

La confirmación del contagio en esa escuela, a partir de una chica que había viajado a los Estados Unidos, cerró el colegio por dos semanas, aisló a los chicos afectados y vació las calles 11 de Septiembre, Teodoro García, Aguilar y 3 de Febrero, alrededor del Esquiú. Lorena, mientras atiende el kiosco de la esquina del colegio, padece el cambio notorio de los últimos días: “La gente ahora se queda adentro y no sale a la calle, por precaución. Parece que estuviéramos en vacaciones de invierno por el poco movimiento que hay. Y en cuanto a los clientes, hoy entró el 50 por ciento menos que siempre”.

Con el cochecito de su beba y en familia, aparece Bárbara, conocida de Lorena y vecina de la cuadra. No hay barbijos a la vista. “No lo uso porque como tantos otros creo que eso nunca me va a pasar, pero a decir verdad no me sorprende esto, porque siempre creí que si seguíamos tratando así al planeta, algo iba a venir.” Y vino Claudia, a barrer un poco el frente del edificio donde trabaja de portera y a ratificar que “con el colegio cerrado y el tema de la gripe, se ve mucha menos gente por la calle”. Lo sabe bien Juan, que hoy puede tomarse un respiro en la caja del supermercado, en Aguilar y 3 de Febrero, “porque no hay nadie en el local, en un horario en el que solía haber cola”.

Desde la garita a la entrada al colegio, Angel enfoca en una obra en construcción, única imagen móvil. “El tema está complicado acá, y yo lo sé porque estoy hace diez años. Ya el último domingo, cuando vi que había reunión de padres en el colegio, imaginé que algo estaba pasando, pero acá nadie tomaba en serio la posibilidad de la gripe. Ahora, la cuestión es no caer en la locura y la paranoia, porque si bien trabajo al lado de donde se detectaron los casos también es una realidad que para llegar hasta acá tengo que viajar en trenes y colectivos que vienen llenos de gente, y no puedo quedarme encerrado.”

El empleado de mantenimiento que atiende el timbre del colegio asegura que la empresa contratada para la desinfección ya hizo una parte del trabajo. Se cuida con un barbijo, pero empezó hace poco en el trabajo y prefiere no hablar. Entonces, hablan ellos, los muchachos de enfrente, los de la construcción. “Yo no le doy mucha pelota –afirma Andrés–, porque en principio esto afecta a los que van a Estados Unidos, pero sé que no es tan así, porque ahora viene uno y enseguida contagia a todos. Por eso la gente está con miedo. Nuestra jefa venía todos los días a supervisar cómo marchaba todo, pero desde que se confirmaron los casos, sólo pasó un día, veinte minutos.” Su compañero Carmelo resalta que “nadie se imaginaba nada, porque no era ni un tema de discusión en el barrio, hasta que se empezó a comentar lo de la nena que había ido a Disney. Después, se dijo por ahí que en realidad son 19 los afectados, pero que intentaban que no se difundiera para cuidar la imagen de la escuela”.

Atrás del colegio, Laura Iparraguirre atiende la caja de Santos Sabores, una confitería que vio caer un 40 por ciento el ingreso de clientes, porque “al no estar el colegio, hay menos movimiento. Acá, de hecho, nos estábamos lavando las manos todo el día con alcohol, hasta que nuestra jefa nos trajo un higienizador de manos para que lo usemos permanentemente, porque estamos en contacto con los billetes. Y dijo que le costó conseguirlo porque en las farmacias no quedaba más”.

No quedaba más, ni entraría más. Mariel Santos, de la farmacia Portofino, a dos cuadras de la Escuela del Caminante, la otra cerrada por el virus, asegura que se hace difícil conseguir los insumos: “Desde que apareció la primera noticia de la gripe porcina en México, acá todos los días entra gente pidiendo alcohol en gel y barbijos. Ya se nos terminaron, pero nos resulta imposible reponerlos, porque trabajamos con 6 o 7 proveedores, pero ninguno tiene”. Y entonces, la prevención se pone en oferta, en la puerta de una cadena de farmacias, que propone sobre la avenida Cabildo, “Ganémosle a la gripe”. Y la educación se pone en alerta, en la puerta del Colegio El Arce, que invita a comunicarse “frente a cualquier situación, con el 0800 222 1002, línea gratuita del Ministerio de Salud de la Nación, para atender Gripe A H1N1”.

Osvaldo descansa contemplando la avenida Luis María Campos, con el hombro apoyado en la puerta de su edificio. Y a unos metros de la Escuela del Caminante, ajeno a tanta locura, se prende un cigarrillo. “No le doy bola –dice–, porque no dudo de que hubo muertes, pero no tantas como para que fuera considerada una pandemia, con semejante pavor. El punto es que la gente muchas veces compra lo que le venden y este miedo evidentemente les sirve a varios, pero a mí hay cosas que me parecen más graves, como la hambruna, que no tiene tanta prensa.”

Un mundo a puertas cerradas

A sólo dos cuadras de las farmacias, el poder del consumo está ganando la batalla al poder del pánico: “En el shopping no cambia nada, porque esto es otro mundo”, explica Bárbara, desde el mostrador de un local de ropa interior del Solar de la Abadía. Contratado para bregar por la seguridad de los clientes, Sebastián advierte que “acá nadie se entera de nada, por más que hayan cerrado un colegio a menos de una cuadra”. Y Evangelina, rodeada de brillos en la recepción de una joyería, lo confirma: “Yo me enteré de que habían cerrado el colegio de la esquina mirándolo por la tele. Ahí, enseguida se lo fui a contar a mi compañera, que tampoco estaba ni enterada”. Aislada de las noticias en sus horas de trabajo, y de casi todo lo demás, Ana Paola palpó la psicosis en la calle, camino al shopping, no bien comenzó a difundirse la expansión de la influenza A: “Un día me tomé el 132 para venir hasta acá, y muchos pasajeros viajaban con barbijo. Pero después entré acá y no me volví a cruzar a nadie hablando del tema, porque acá la gente deja a sus pibes jugando por allá y ya no les importa nada”.

Muchos vecinos corrieron a darse la vacuna contra la gripe, tantas veces subestimada y de vital importancia, aunque no incluye en el pool de virus a la influenza A. “Muchas familias de los edificios cercanos les exigieron a sus empleadas domésticas que se fueran a vacunar –comenta Florencia, mesera de un bar a la vuelta del Esquiú–. Supongo que será porque las niñeras andan mucho con los chicos del colegio, pero no me extrañaría que lo hicieran porque piensan que la peste viene del lado de los pobres.” Por una u otra, la concurrencia para vacunarse contra la gripe aumentó notablemente y Carlos Bogado, farmacéutico, confirma que “muchas empleadas de las casas cercanas vinieron a darse la vacuna en estos días, porque la preocupación de la gente es grande. En los últimos 3 días, la farmacia más cercana al colegio vendió 6 paquetes completos, de 50 barbijos”.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-125864-2009-05-31.html