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“A partir del lugar en el que se vive se desarrollan un montón de otras cuestiones, como la salud, la educación, el trabajo, el de-sarrollo –definió el referente de Fotivba–. Que la tierra esté mal distribuida revela la mala distribución de los recursos entre los ciudadanos.”

El acceso a un pedazo de suelo no es el único eje en relación con el derecho a un hábitat digno. La tenencia legal es otro punto importante. “Sobre los censos oficiales, calculamos que el déficit histórico en Argentina es de tres millones de viviendas. Pero los datos no son confiables ni precisos. Si a eso se le suma la cantidad de familias con tenencia irregular –falta de títulos–, el número crece exponencialmente”, adujo Rocha.

El rol activo que el anteproyecto exige al Estado también incluye el control sobre el traspaso de tierras y sobre la regularización de la situación dominial de las personas que tienen un techo al que accedieron a través de distintos métodos.

“A medida que pasa el tiempo, la posesión de la tierra se vuelve imposible de ordenar, generando un mercado paralelo al legal que hoy está generalizado, sobre todo en las villas y asentamientos. Esto responde a la desaparición del Estado en esta materia durante los años noventa, que dejó el rol de regulador en manos del sector privado. Hicieron estragos”, concluyó.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/subnotas/136097-43834-2009-11-28.html


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Uno de los escenarios pautados dentro del cronograma de filmación del documental en Chubut era el Museo Leleque, dedicado a mantener vivas las costumbres de los pueblos originarios de esa provincia y ubicado dentro de las enormes extensiones de tierra que el empresario Luciano Benetton posee. “La compañía Tierras del Sur, representantes de Benetton en Argentina, nos había concedido permiso para filmar en el museo –explicó Aiello–. Sin embargo, el hombre que nos recibió nos insultó y nos amenazó. ‘Tengo una arma y pienso utilizarla’, nos dijo. Tuvimos que irnos.” Luego de radicar una denuncia por amenazas ante el fiscal general de Esquel, la compañía envió una carta a Macanudo Films disculpándose por los sucesos y ofreciendo recursos para la producción de la película. No obstante, la amabilidad les duró poco. Un mes y medio después, el fiscal archivó el expediente “bajo el argumento de que no podía identificar a la persona que había hecho las amenazas. ¡Imposible, si nosotros le dimos hasta el nombre!”, se indignó la documentalista. No bien supo del archivo de la causa, Tierras del Sur negó todos los hechos.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/subnotas/133703-43143-2009-10-19.html


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Awka Liwen en español significa “rebelde amanecer”. Así se llama el documental y así también el movimiento dentro del que surgió la idea, un colectivo que el escritor conformó hace más de ocho años con el mismo espíritu que el audiovisual. La remoción del monumento a Roca que permanece en Perú y Diagonal Sur, en la ciudad de Buenos Aires, fue la primera intención del movimiento. “Es el más grande de la capital, el más cercano al gobierno, que mira a la Casa de Gobierno como diciendo ‘aquí estoy yo’, creado durante la Década Infame (el hijo de Roca era vicepresidente del gobierno de facto de Agustín Justo entre 1932 y 1938), me parece un insulto hacia la mayoría de los pueblos”, determinó Osvaldo Bayer. Durante los primeros tiempos, los integrantes de Awka Liwen dieron clases todos los jueves al pie de esa estatua. Presentaron ante la Legislatura un proyecto para reemplazar la figura por una en honor a “alguien que lo merece: la mujer de los pueblos originarios, ya que en su vientre se formó la estirpe criolla”, comentó el escritor. El proyecto fue rechazado “por el macrismo, que siempre usa los mismos argumentos de ‘mirar hacia adelante y olvidarse de lo pasado’”, continuó. Tuvieron más éxito con el rebautizo de calles a lo largo y ancho del país, a las que renombran “pueblos originarios”. A esos proyectos se sumará el documental.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/subnotas/133703-43144-2009-10-19.html

  LA EXPERIENCIA PREVIA AL MANUAL


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–¿Cómo encaran el trabajo en los barrios? ¿Tienen una mecánica que aplican a todos los casos por igual?

V. A.: –La manera de entrar al lugar, de generar confianza, sí es la misma, pero cada barrio tiene una realidad diferente y requiere de estrategias diferentes. Por lo general vamos una vez por semana, nos damos a conocer, vamos recabando información.

M. E.: –Tenemos que adecuarnos a la realidad de cada barrio. Eso costó porque tuvimos que dejar un poco de lado nuestras expectativas para dar lugar a lo que quiere cada grupo de vecinos y trabajar junto a ellos.

G. S.: –Las dinámicas internas de cada barrio van cambiando permanentemente. Por ahí hay momentos en que están enganchados todos a establecerse porque saben que es probable que los desalojen. Entonces hacen asambleas todo el tiempo y están todos movilizados. Y después de dos meses ya no pasa más nada y se estancan.

M. E.: –Eso rompe con todo esquema. A veces vamos con ideas de hacer determinada cosa y pasó algo imprevisto en el barrio que nos cambia todo. Hay que adecuarse a eso. Cada barrio tiene su propia vida.

–¿Es válido decir que no existe otra manera de llevar adelante una toma de tierras sin el apuntalamiento de punteros políticos, como suele pensar la mayoría de la gente?

V. A.: –No. Puede haber casos en que punteros políticos estén relacionados o se acoplen luego de la toma en sí. Pero que hay una realidad, hay una necesidad que no se puede negar. En la inmensa mayoría de los casos, las tomas son llevadas a cabo por gente de los barrios de alrededor cuyos hijos con sus respectivas familias no tienen una posibilidad de tener una vivienda propia y se instalan bajo el mismo techo. La imposibilidad de pagar un alquiler es otra realidad que empuja a la toma. Si se recorren las calles de la ciudad, se puede ver que hay un montón de gente viviendo a la intemperie. La problemática es real y existe. Y que haya personas que intentan beneficiarse con esa situación también lo es. Los terrenos de barrios que surgieron de tomas se venden y se revenden de manera ilegal; hay punteros que se creen dueños y dicen “vos sí, vos no”.

G. S.: –Las tomas y los asentamientos se producen en terrenos que son rechazados por el mercado. Ya sea porque son inundables, porque son basurales o porque están lejos de los centros urbanos. No obstante, cuando son ocupados, la lógica de mercado sigue y la gente termina enredada en ella, aunque en peores condiciones.

Juliana Giménez (Diseño Gráfico): –Las personas que toman siempre lo hacen con la finalidad de comprar la tierra. No apuntan a apropiarse. Porque comprar es una manera de romper con la visión que el resto de la sociedad tiene de ellos: “Estos quieren todo de arriba, regalado”.

–¿Cuál sería la solución?

V. A.: –Detrás de todo esto se esconde una insuficiente política de vivienda que cubra la verdadera necesidad. Existe una política, que hoy es superada por la demanda y con creces.

S. C.: –El primer paso es ponerse a pensar en el tema, reconocerlo como urgente.

M. E.: –La solución tiene que ir acompañada de otro tipo de políticas. Vos le das una vivienda a la gente, pero con eso no consigue trabajo.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/subnotas/131834-42473-2009-09-16.html

  LAS DESCARGAS PARA LEVANTAR LOS TERRENOS


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A toda hora, los siete días de la semana, camiones de basura y transportadores de contenedores ingresan al 17 de Noviembre para descargar allí lo que otras personas, en otros barrios, descartaron de sus casas. Es decir que los desechos de un sector de la población se convierten, de un momento a otro, en el suelo donde otro sector come y duerme; donde miles de niños y niñas juegan. Donde, en el caso del nuevo barrio de Lomas de Zamora, más de 3600 familias viven. Pero la distribución de los elementos que traen sin cesar esos camiones es también una fuente de subsistencia para otras personas que cobran dinero por separar las descargas de los camiones de chatarra y cartón –elementos que luego venden–, y desparramarla en los lotes.

“Mientras no tiren desechos tóxicos, que traigan lo que quieran. El problema aparece cuando tiran químicos. Ahí se pudre todo y nos tenemos que ir.” Juan tiene 26 años y trabaja en las “descargas” desde los 14. Antes de llegar al 17 de Noviembre pasó por los basurales del Mercado Central y el Ceamse, entre otros.

Forma parte de un grupo de cinco hombres que, como él, viven de la actividad. En cada día de trabajo generan como mínimo mil pesos, a repartir entre todos, sólo de la venta de las cosas que rescatan de entre los desechos. A eso, le suman entre “150 y 200 pesos que pagan los dueños de los lotes por rellenárselos”, apuntó tras remarcar: “No estaría acá si no hubiera plata. Ni loco”.

Su trabajo consiste en guiar a los camiones desde la entrada del barrio a los diferentes puntos de descarga que hay en el interior. En la actualidad, son seis pero “van cambiando todo el tiempo”, continuó Juan con la explicación. Es que las llamadas “descargas” son en realidad lotes de vecinos que le pagan a Juan y su grupo para levantar el nivel de sus terrenos. “Una vez que rellenamos el predio, la descarga se muda a otro lugar”, señaló.

De los camiones baja de todo: escombros, basura, chatarra y cualquier otra cosa que entre en la imaginación de los lectores –caminando el predio pueden encontrarse desde monitores de computadoras hasta gomaespuma, carteles de publicidades y rollos fílmicos–. Juan y su equipo se dividen en dos grupos. Quienes trabajan de noche tienen la tarea de separar lo que ellos pueden vender y “que no les sirve de nada a la gente de acá, porque lo que necesitan es tierra, piedra, y no cartón o chatarra”, y apilarlo a un costado de la descarga. Durante el día siguiente, Juan carga esa pila en un contenedor hasta llenarlo, cuando lo retira con un camión y lo vende.

“Les hacemos un doble favor porque limpiamos todo lo que llega de chatarra y cirujeadas, y les emprolijamos el terreno”, continúa Juan, luego de jurar que no tiene nada que ver con los punteros que se adueñaron del negocio del relleno en el barrio. “Yo laburo por la mía y arreglo con los vecinos”, sostuvo. Muchos habitantes del predio aseguran que son los punteros políticos los que dirigen hacia dónde tienen que ir a descargar los camiones “y encima, algunos te piden una colaboración para rellenarte tu zona. Si no les pagás a ellos se llevan el camión a otro lado. Acá nada es gratis. Todo se maneja de la misma manera”, concluyó Fernanda.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/subnotas/129321-41597-2009-08-03.html