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El ministro Alak sostiene que se debe avanzar con la Justicia en los crímenes de la dictadura para alcanzar la paz. La decana de Derecho, Mónica Pinto, destaca la importancia de la memoria. La legisladora Bisutti, ex detenida-desaparecida, sostiene que no puede haber olvido ni perdón.

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Opinión

Ni reconciliación, ni amnistía, ni perdón

Por Delia Bisutti *

En este nuevo aniversario del golpe de Estado que instaló en el poder a las Fuerzas Armadas y que dio inicio a la última y más feroz dictadura militar, me pregunto cuál es hoy el significado de esa fecha para los distintos sectores de nuestra comunidad.

Me reconozco entre quienes no bajamos los brazos y en la calle, codo a codo, nutrimos las enormes marchas pidiendo juicio y castigo y aparición con vida y junto a Madres, Abuelas y Familiares continuamos con las vueltas en la Plaza de Mayo; entre quienes nos opusimos a las leyes de obediencia debida y punto final y festejamos su derogación; quienes abrazamos los juicios por la verdad y la justicia en contra de la impunidad; entre quienes pedimos cárcel para los genocidas y nos emocionamos cada vez que se recupera un nieto o una nieta.

Al cumplirse los 20 años del golpe, multitudes colmamos la Plaza de Mayo. Los 30 años nos encontraron en la calle después de la crisis del 2001, que pese a la gravedad de esa situación no logró parangonar la profunda grieta producida en la historia de nuestro país a partir de ese 24 de marzo del ’76.

El Nunca Más sigue resonando fuerte en nuestros oídos y se instaló hondamente en nuestra sociedad y en nuestros jóvenes, a quienes debemos permanentemente aproximarlos a la búsqueda de la verdad, al rescate de la memoria y a no olvidar que la desaparición forzada de personas y la apropiación de niñas y niños efectuados durante el terrorismo de Estado constituyen el punto de inflexión de nuestra sociedad.

Resulta extraño, aunque en verdad no tanto, que hoy el significado de tan nefasta fecha, que para nosotros está unido al nunca más, al no a la impunidad, a la justicia y la memoria, para algunos esté unido a los conceptos de reconciliación y perdón; para otros al de reconciliación y oposición a la continuidad de los juicios por los crímenes de lesa humanidad y también surja en algunos sectores la idea de una ley de amnistía para ex represores y una vuelta de página.

Ellos quieren frenar, quieren retroceder, nosotros queremos avanzar. Unos van por la restauración conservadora. Otros vamos por las transformaciones profundas.

Indefectiblemente este 24 –Día Nacional de la Memoria, la Verdad y la Justicia– sigue siendo un día de reivindicación de nuestros familiares, amigos y compañeros desaparecidos o muertos por la dictadura militar y de clamor por Juicio y Castigo a los culpables. Y consecuentemente Ni olvido ni perdón-Justicia sigue siendo nuestro norte.

* Legisladora de la Ciudad. Ex detenida-desaparecida.


Opinión

Memoria y democracia

Por Mónica Pinto *

Prácticamente todas las civilizaciones han guardado registro de su evolución, de sus experiencias positivas y negativas. Si las primeras se registran con la finalidad pedagógica de resaltar los valores compartidos, las segundas apuntan a las lecciones aprendidas y, en general, se proponen el “Nunca Más”. La evocación regular de estos eventos y sus enseñanzas constituyen una parte de la memoria de los pueblos.

Los 24 de marzo, la Argentina, los argentinos y los habitantes en general de este país hacemos un alto en las actividades habituales para recordar la ruptura del orden constitucional en esa fecha de 1976 –y con ella, todas las anteriores– que facilitó la instalación de un gobierno de facto –una verdadera dictadura– que no sólo violó el derecho sino que, lo que es peor, actuó prescindiendo de él. Recordamos un momento en el que la clandestinidad tuvo señorío; un momento en el que se perdieron la dignidad y la libertad de muchas personas y de todo un pueblo.

Con el restablecimiento democrático del 10 de diciembre de 1983, Justicia, Verdad y Democracia dosificaron en distintas proporciones diversos momentos de la recuperación de la dignidad. Esta construcción de la verdad y la memoria que se inicia con la Conadep, que pasa por el Juicio a las Juntas y que se continúa en un camino aún sin cerrar en los juicios en trámite, es un elemento relevante para la salud de la vida democrática.

Los nietos recuperados son, probablemente, el ejemplo más notable de la importancia de la memoria, de su papel en la tríada que conforma con la justicia y la democracia. Ellos como ningún otro atestiguan que otra calidad de vida es posible cuando la verdad y la justicia juegan su papel en el escenario democrático.

Cada sociedad tiene “su pasado” y ese pasado juega un rol importante en el modo en que se enfrenta el futuro. Sin perjuicio de las alternativas que las políticas de los Estados hayan consagrado para el tratamiento de los distintos pasados, el conocimiento de lo sucedido siempre fue un elemento indispensable para adoptar la decisión de qué hacer con ese pasado.

América se dio una receta al consagrar en su sistema regional de derechos humanos el deber de investigar las violaciones a los derechos humanos, de procesar y sancionar conforme a derecho a los responsables de esas violaciones y de reparar a las víctimas. Poco más tarde, con la instalación de la Corte Penal Internacional, la mayoría de los países del mundo endosó la obligación de investigar y sancionar los más graves crímenes de trascendencia internacional, transformándola en un deber exigible para los Estados.

Con la democracia llegó la regularización institucional de las universidades públicas. Allí, los derechos humanos encontraron rápidamente un lugar. Todas las unidades académicas de la Universidad de Buenos Aires hicieron suya la tarea de derechos humanos desde distintos lugares, en la enseñanza, la investigación y la extensión. Si el plan de estudios 1985 para la carrera de Abogacía incorporó como asignatura obligatoria Derechos Humanos y Garantías, otras facultades fueron sumando a sus planes de estudio el conocimiento de los derechos humanos como materia. El 18 de marzo de 2008, el Consejo Superior de la UBA aprobó los contenidos básicos para que todos los estudiantes de todas las carreras adquieran una alfabetización en derechos humanos.

La vida democrática exige ciudadanía plena para todos, esto es la titularidad de todos los derechos para todas las mujeres, hombres y niños. Esa ciudadanía de derechos llama a la vigencia de los derechos civiles y políticos, del derecho a la vida, a la personalidad jurídica, a la integridad, a la protección contra la tortura y la desaparición forzada, a la jurisdicción, a las libertades fundamentales, y también a la salud, la alimentación, la educación y la vivienda.

La memoria de nuestro pasado signado de exclusiones llama a reflexionar sobre la relevancia para el conjunto y para cada uno de nosotros del respeto al otro, de la implementación de políticas de inclusión, que sumen y no resten en una sociedad que aún no acaba de velar a sus muertos.

* Decana de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires.


Opinión

Sin justicia, no habrá paz

Por Julio Alak *

A partir de 2003, la confluencia de la voluntad política del gobierno nacional y la lucha inclaudicable del movimiento de derechos humanos retomaron el impulso inicial de la democracia inaugurada en 1983, con los juicios a las juntas de comandantes.

La condena a los indultos y la derogación de las leyes de obediencia debida y punto final permitió inaugurar un proceso que permite avanzar en el juzgamiento de todos los militares y civiles responsables de crímenes de lesa humanidad. Argentina es hoy una Nación modelo en Latinoamérica y el mundo, que construye su futuro sobre la memoria, la verdad y la justicia.

Así, 1200 militares fueron imputados por represión y más de 100 ya fueron legalmente juzgados y condenados por su accionar durante la represión ilegal.

También se reconocieron 500 centros clandestinos de detención, exponentes de la sistemática violación de los derechos humanos, como la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), paradigmas del terror asimilables a los campos de exterminio nazis.

Con la lucha por la identidad como premisa, trabajamos con las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo en la búsqueda de hijos y nietos de detenidos/desaparecidos. Hoy ya son 101 los nietos recuperados y seguramente serán más.

Avanzar con la justicia afianza la democracia y sus instituciones como pilares de libertad. Libertad que jamás será total mientras las heridas sigan abiertas por la falta de verdad. Porque sin memoria jamás habrá verdad, sin verdad no habrá justicia, y sin justicia no habrá paz.

* Ministro de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-142626-2010-03-25.html

  OPINION


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Parido por el brutal “menosprecio de los derechos humanos” ejercido por el régimen genocida del nacional socialismo alemán, el Holocausto ha sido uno de esos “actos de barbarie ultrajantes para la conciencia de la humanidad” que la Declaración Universal de los Derechos Humanos condena en su preámbulo. Acaso haya sido el más atroz del siglo XX.

Seis millones de personas fueron torturadas y asesinadas por el odio racial y el delirio mesiánico de Adolf Hitler, autor de un plan de aniquilación que clavó un puñal en las entrañas de la historia moderna. El pueblo judío fue blanco de esa furia demencial.

En noviembre de 2005, la Asamblea General de las Naciones Unidas instituyó el 27 de enero como el Día Internacional de Conmemoración de las Víctimas del Holocausto, a propósito de la fecha en la que, en 1945, el ejército soviético liberó el campo de concentración y exterminio de Auschwitz-Birkenau, símbolo de la maquinaria de muerte construida por el nazismo.

La decisión de la Asamblea General es altamente simbólica y responde a los objetivos que llevaron a fundar la Organización de las Naciones Unidas, que, como sabemos, nació de las cenizas de la Segunda Guerra Mundial con el fin de “preservar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra” y de promover el respeto de los derechos humanos sin distinción alguna.

Lo que hace hoy el mundo es, en definitiva, recordar a las víctimas de aquella masacre. O, lo que es casi lo mismo pero aun mejor: lo que hacemos hoy es no olvidar, practicamos el necesario, imprescindible ejercicio de la Memoria.

Mientras tanto, en nuestro país escuchamos voces que se animan reclamar amnistías para los responsables del terrorismo de Estado que hizo desaparecer y asesinó a 30 mil compatriotas entre 1976 y 1983. Nos piden que dejemos de “mirar hacia atrás”, que olvidemos los crímenes del régimen que impuso en la Argentina la fuerza sobre la razón, la ilegalidad sobre el Derecho, la barbarie sobre la civilidad, el terror sobre la paz, la muerte sobre la vida. Pretenden que no encarcelemos a los cerebros y a los ejecutores del plan que arrasó, a sangre y fuego, con los derechos esenciales de los argentinos.

Que lo sepan bien: no hay marcha atrás en la decisión inclaudicable de buscar y alcanzar la Verdad y la Justicia. Porque estamos convencidos de que los pueblos que olvidan corren el riesgo de repetir sus errores y sus horrores. Sin Memoria no hay Justicia, no hay futuro y no hay Nunca Más.

Los juicios a los genocidas, alumbrados por la voluntad política de un gobierno decidido a saldar la deuda que el Estado mantiene con los detenidos-desaparecidos y con cada uno de los argentinos que abrazan la democracia, son un acto fenomenal de reparación histórica. Y son, también, una rotunda demostración de madurez: los genocidas, esos que pisotearon el Estado de Derecho, están siendo juzgados bajo las garantías constitucionales que les negaron a sus víctimas.

En aquellos años febriles de la Europa fascista, les dijo Miguel de Unamuno a los falangistas que –como los que hoy reclaman olvido y perdón– vivaban la muerte y pedían la derrota de la inteligencia: “Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta. Pero no convenceréis. Para convencer hay que persuadir. Y para persuadir necesitaréis algo que os falta: razón y derecho en la lucha”.

Hoy, mientras resuena en el mundo una voz muy parecida a nuestro Nunca Más, el gobierno argentino reafirma su compromiso con la inteligencia, con la razón y con el Derecho. Y con la lucha por un país y un mundo que garanticen “el respeto universal y efectivo a los derechos y libertades fundamentales del hombre”.

* Ministro de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-139124-2010-01-27.html