HOY CIERRA LA CUMBRE Y NO HAY ACUERDO RESPECTO DE QUE POSTURA TOMAR SOBRE LAS ELECCIONES EN EL PAIS CENTROAMERICANO

La primera en hacer mención a Honduras en la sesión fue Cristina Kirchner. Lula enseguida la acompañó. Pero Perú y Panamá se pronunciaron a favor del reconocimiento del nuevo presidente. No habría consenso para el documento.

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Desde Estoril

La disyuntiva sobre qué hacer ante las elecciones realizadas en Honduras se convirtió en el tópico más conflictivo del plenario de presidentes de la Cumbre Iberoamericana. Como hacían prever las declaraciones de los cancilleres que se fueron conociendo en los días previos, los mandatarios que participaron de la primera jornada de debate no pudieron ponerse de acuerdo. El primer discurso que hizo mención a este tema fue el de la presidenta Cristina Fernández. La mandataria usó conceptos fuertes, se valió de la coincidencia entre las elecciones en Uruguay y Honduras para hacer un contraste entre ambos comicios. “La mención de las elecciones democráticas en Uruguay torna insoslayable también el abordaje de otras pseudo elecciones realizadas en el continente y que tuvieron lugar, yo diría casi como un simulacro, en Honduras, si se me permite la adjetivación”, aseguró la Presidenta. Pero fue sólo su primera mención. Enseguida advirtió que a partir de lo acontecido en Honduras ella percibía que estaban apareciendo “nuevas formas de interrupción democrática en la región”. “Los podemos llamar golpes cívicos mediáticos”, subrayó la Presidenta, ante la mirada silenciosa de sus pares de América latina, España y Portugal.

La postura de la Argentina luego fue secundada con énfasis por el brasileño Luiz Inácio Lula da Silva. Brasil había asumido un fuerte riesgo al alojar al derrocado Manuel Zelaya en su embajada en Tegucigalpa. Una de las dudas que circulaba ayer por el Hotel Miragem, sede de la cumbre, era cuánta energía pondría la delegación brasileña en defender el tema Honduras. Una primera respuesta llegó a través del asesor preferido de Lula en política exterior, Marco Aurelio García. “La posición de Brasil –comenzó García ante una pregunta de Página/12– es no reconocer la legitimidad de estas elecciones y continuar reconociendo a Zelaya como el presidente legal de Honduras. Nosotros necesitamos una solución pacífica, pero hay que consultar al presidente Zelaya. Es él quien tiene conversaciones en este momento. Este tema debe ser tratado en el ámbito más adecuado, que es la OEA.”

–¿Cómo queda la posición de Brasil tras las elecciones en Honduras? –preguntó este diario.

–Nosotros no tenemos ningún problema. Zelaya se quedará ahí (en la embajada brasileña en Tegucigalpa) el tiempo que necesite. Lo que va a pasar en el futuro es la pregunta que todo el mundo se hace. Bueno, ahí veremos.

El rol de Washington

La postura conjunta de Argentina y Brasil ante la evolución de los acontecimientos en Honduras había sido acordada a través de los cancilleres. En los últimos días abundaron los contactos telefónicos y cara a cara entre los ministros de los países del continente. Todos querían tantear la opinión del resto para ir definiendo una posición colectiva. En esos contactos tuvo un protagonismo importante el Departamento de Estado estadounidense y quien lo encabeza, la secretaria de Estado, Hillary Clinton. La esposa de Bill se comunicó con el canciller Jorge Taiana, también con el gobierno español. Enseguida quedó clara cuál era su posición: las elecciones hondureñas organizadas por el gobierno de facto de Roberto Micheletti eran “un avance”, aunque ese adelanto debía ser acompañado por otras decisiones.

La influencia del Departamento de Estado no tardó en comprobarse en el plenario. Uno de los casos más comentados fue el del mandatario panameño, Ricardo Martinelli, de origen empresario, alineado con la centroderecha y debutante en estos encuentros. Para justificar la validez de un proceso eleccionario convocado por un gobierno ilegítimo, el panameño recordó el golpe de Estado contra Manuel Noriega y la invasión de los marines a su país. Tras definir ambos episodios como “sangrientos”, Martinelli aseguró que la incursión militar estadounidense había permitido recuperar la democracia en Panamá. Un argumento similar había surgido de la delegación peruana que viajó a Portugal: para los funcionarios que acompañaron a Alan García, los procesos de democratización de principios de los ’80 en varios casos surgieron de gobiernos autoritarios.

El argumento precedente llevaba a una posición que varios presidentes fueron deslizando a lo largo de la Cumbre: la teoría de que la convocatoria a las urnas bajo un gobierno de facto era un “mal menor” que permitiría descomprimir la situación en Honduras. Esa postura fue rechazada por la Argentina. El canciller Taiana incluso había advertido sobre la posibilidad de que se instaurara un nuevo tipo de golpes militares, los golpes del siglo XXI. Ayer, la propia CFK insistió con esa advertencia. “Ya no tienen el viejo concepto de la intervención militar que caracterizaba a la Doctrina de la Seguridad Nacional. Son realizados en un marco donde no intervienen los militares. Pero sí se desarrollan dentro de la propia sociedad y dentro de alguna de sus instituciones con violaciones al propio ordenamiento legal”, dijo la mandataria.

El criterio de los dos socios mayores del Mercosur también sumó el respaldo de Ecuador, Paraguay, Uruguay y Bolivia, que estuvo representado por su canciller David Choquehuanca (el domingo próximo se realizarán elecciones y Evo Morales está de campaña). También apoyaron Chile y España, aunque el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero se mostró bastante ambiguo a la hora de responder si Madrid terminará reconociendo a las autoridades electas el domingo. “España no reconoce, pero al mismo tiempo no ignora que hay un nuevo actor”, fue la fórmula elegida por el canciller Miguel Angel Moratinos.

Las reuniones de cancilleres y presidentes se sucedieron a lo largo de toda la jornada, pero hasta última hora no había podido consensuarse una declaración común. La alternativa que parecía ganar fuerza era que el documento sobre Honduras fuera firmado sólo por el presidente de la Cumbre Iberoamericana, el mandatario portugués Aníbal Cavaco Silva. Es una fórmula que suele utilizarse en la diplomacia cuando las posiciones no logran una síntesis unificadora.

Anoche, cuando ya había terminado el plenario, se había realizado la tradicional “foto de familia” con todos los mandatarios y también había agotado su agenda de reuniones bilaterales, la Presidenta ofreció una conferencia de prensa para los periodistas argentinos.

–¿Cuál es su opinión sobre la posición de Hillary Clinton y los dichos del portavoz del Departamento de Estado en relación con Honduras? –le preguntó este diario.

–No pienso comentar las declaraciones del Departamento de Estado porque tengo las mías. En todo caso pídale a Hillary Clinton que opine de mis declaraciones. Yo creo que, y es la posición que hemos sostenido muchísimos países y lo he dicho públicamente, como también lo he sostenido en la cuestión de Medio Oriente, el rol de Estados Unidos podría haber sido de mayor fuerza. Y eso no significa injerencia. Significa el peso específico de un país que sigue teniendo un liderazgo a nivel mundial indiscutible.


Nota Original: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-136255-2009-12-01.html

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